lunes, 31 de agosto de 2026

FERIA DE CUÉLLAR, 2026 (1). SALTILLO: GÓMEZ DEL PILAR SIGUE EN EL POZO

Le tocaron dos saltillos desorejables y los desaprovechó tristemente. Lo vimos sin recursos, sin afición y quedando en evidencia ante sus dos compañeros, que cortaron una y dos orejas respectivamente. 

La corrida de Moreno, no sacando la mala idea que añoramos tanto en esta vacada, nos dejó relativamente satisfechos.

Cumplieron en el caballo a pesar de ser mal picados, murieron todos con la boca cerrada y fueron los seis aplaudidos en el arrastre. Hubo un total de trece entradas al caballo. Demostraron nobleza en la muleta pero sin ser tan chochones y aburridos como otras veces. Respecto a la presentación fue correcta para esta plaza en cuanto a que vinieron bien comidos. Respecto a los pitones, al final de la corrida unos decían que sí y otros que no tanto. Ya saben a qué nos referimos y podrán opinar ustedes cuando vean las fotos.



Protagonizaron cuatro desarmes. El problema es que el primero de ellos fue a Venegas en el recibo de capa al primero de la tarde y eso provocó la psicosis inevitable que produce el hierro de la rueda del marqués. Y aunque después no hagan ni un mal gesto como fue el caso de estos seis, es igual, los toreros tienen metido en su cerebro que lo de Saltillo les da miedo y quedan atrapados por esa psicosis. Sin ella, con otros diestros y en Cuéllar, hubiera sido un festejo de seis orejas como mínimo. 




VENEGAS. Era su segunda corrida del año. Su primero se llamaba Cazarrato y era un cárdeno oscuro, bragado, meano, cornidelantero, carifosco y extrañamente badanudo:



Lo puso dos veces al caballo donde cabeceó y salió suelto, además de llevarse una carioca. Vino con una muy buena cuadrilla. Parearon aseadamente Murillo, dando el pasito de más, y Tornay, mientras bregaba Otero:




El toro le pegó dos arreones de inicio pero Venegas no le giró la cara. Era noble pero no tonto y se ceñía aunque con el problema de que en cuanto veía los chiqueros se refugiaba allí. Era la primera vez que el maestro toreaba aquí y alguien debería haberle informado de la querencia que desarrollan en esta plaza con el encierro:



Dejaremos la cosa en tablas. Lo mató de una estocada entera, arriba, pasada, clavando a capón y saliendo con la taleguilla rasgada por ese pitón derecho que ven. Oreja de Cuéllar:



Su segundo era este cárdeno, cornicorto, alto de agujas y anovillado. Tenía también una badana sorprendente:



Protagonizó un buen empuje en el caballo a pesar de su poca presencia y Tossello estuvo bien, sin apretar aunque marrando en el segundo.

Con banderillas ahora anduvieron muy airosos Otero, también con el pasito, y de nuevo Tornay:




El torillo conservaba un buen brío a pesar de su desgaste en varas. Era de tres tandas buenas y a matar pero Venegas no se aclaró y encima volvió a ser incapaz de dominar la querencia del toro hacia los adentros:



Al final el animal acabó aburriéndose, igual que nosotros. Estocada honda muy defectuosa por tendida, caída y atravesada, que bastó:



GÓMEZ DEL PILAR. Su primero era este cárdeno oscuro, bragado, meano, axiblanco y carinevado. Tenía culata de hombre y a la vez cara de niño:



Sangüesa le pegó una buena zurra, siempre trasera, baja y contraria, barrenando muy a su sabor. Vean por dónde sangraba, casi por el costillar (o sin el casi):



En el segundo tercio esperaba por el pitón derecho como si fuese un toro de Guisando y eso lo vio el maestro, que salió con la faena hotelera, la que empieza siempre con derechazos, y por consiguiente se le vio lleno de precauciones. Como es habitual anduvo premioso, dejando pensar demasiado al toro.



A pesar de ello el de Saltillo era noble y tenía ganas de ser bien toreado. Se murió con ellas porque Gómez no hizo nada, como no fuese dudar constantemente.



A la hora de matar no podía armarse ya que el animal estaba sin torear y se le arrancaba cada vez. Al final, estocada caída con hemorragia:



El quinto era un  cárdeno, astracanado, con pelota y apretado de carnes:




El pobre animal cometió el error de irse al reserva, que era otra vez Sangüesa y allí cobró una carioca recargando. Luego el maestro lo puso dos veces más con Aguado no para lucirlo sino para que quedase bien cocido. En el cambio de tercio el pobre sangraba como un cochino por detrás del brazuelo.

Lidia nefasta de una cuadrilla muy deficiente. Salió Gómez andando hacia atrás y el toro se puso a gazapear. Una aficionada le gritó desde el tendido:  ¿vas a torear hoy o no? La respuesta fue que no y eso que miren cómo metía la cara el de Saltillo. De paso vean el agujero que le había hecho el picador navarro:



Es un milagro de la genética que embistiese así tras semejante maltrato aunque no sirviera para nada. Ya decíamos al comienzo que este diestro está sin sitio desde hace ya demasiado tiempo. Sablazo bajo y contrario en el costillar, que puso una adecuada rúbrica a su muy mala actuación. Da la lamentable impresión de que le acierta en el boquete del picador y el estoque entra como en mantequilla:



CASTILLA. Su primero era un cárdeno bragado, meano, axiblanco, rabicorto, silleto y bien armado, sin exageración:



Lo picaba Caballero, el hombre que mató a Cigarrero, pero esta vez dosificó el castigo aunque le dio al túrmix y clavó bien trasero. Cervantes hizo una brega excelente ganándose el sueldo porque el toro apretaba mucho para adentro. Fue lo mejor de la tarde:



El diestro brindó a los de 3Puyazos, quienes tienen a su disposición la sección de comentarios para confirmarnos si en su largo speech les pidió perdón por haber matado en el caballo al que probablemente haya sido el mejor toro de Dolores Aguirre lidiado este año. Era el Burgalés melocotón, recuérdenlo aquí.



Como decíamos, el toro quería madera pero cuando embestía lo hacía de dulce. Castilla anduvo despegado, siempre muy por debajo de la calidad del toro.



Pinchazo sin fe y estocada perpendicular y desprendida tirando la muleta. Siete cachetazos:



El último era un negro entrepelado y playero, que no parecía muy en tipo como pueden comprobar:



Recibió una carioca realmente asquerosa en la primera entrada, cuyo inicio ven abajo, más una señal en la segunda. La cuadra era de De Pedro:



Cervantes puso el mejor par del festejo:



En la muleta el toro era un carretón que no miraba más que la tela, para que luego digan los taurinos esa sandez de que con esos cuernos no caben en la muleta. Y hay aficionados que todavía se lo creen... 



Ahora Castilla pudo torear de salón... pero de su salón, que no es especialmente artístico. Observen en la imagen cómo se relame de gusto cayendo en el amaneramiento:



Se perfiló sorprendentemente lejos, como Esplá, pero fue para matar recibiendo. La espada no cayó mal, sólo un poco desprendida, y él apenas se movió en el embroque. Fue lo mejor que hizo en toda la tarde. Disculpen la mala calidad de la segunda foto pero es que nos cogió de improviso al recibir. Dos orejas de las que la segunda sobraba a pesar de lo que dijese el asesor, que no tendría que decir nada:





¿Sería este toro pastueño el que más gustaría al ganadero? Esperemos que no. Nosotros echamos en falta un poco de mala idea en el ganado. Decimos un poco y no un poco más porque no hubo ninguna. Puestos a que los toreros tengan tanta psicosis y vayan con tantas precauciones, mejor para el espectador que Moreno nos sirva la salsa condimentada con picante.

Saludos cordiales desde Carbonero El Mayor, donde El Juli de novillero recibió esa cornada de espejo que le han visto tantas veces en la cara. Fue poniendo un par de banderillas.







viernes, 28 de agosto de 2026

LA MANO IZQUIERDA HACE LA SUERTE

Un amigo lector nos avisó de que Roca entró ayer a matar sin muleta y no dábamos crédito. Lo primero que pensamos es que el toro sería más o menos playero y que quiso dar la nota sabiendo que difícilmente saldría con una herida grave. Pero no, ahora lo veremos. 

Antes de seguir ya saben los que sean lectores habituales de nuestro modesto blog que nunca justificaremos el entrar a matar de esta guisa porque es una muestra no de valentía sino de temeridad. Recuerden nuestra censura a Gonzalo Caballero aquí.


FOTO: Emilio Méndez para ABC

Pero ojo porque lo de Roca en Bilbao no es una locura al uso y lo decimos por cómo ha realizado la suerte. Nos referimos especialmente a esa mano izquierda suya que es siempre letal, más que la derecha.

En el vídeo que pueden ver aquí tira la muleta a un lado y se perfila en la suerte contraria. No hemos visto nada de la faena pero es que si te tiras sin los avíos da igual la elección de suerte ya que el toro va a ir al bulto y el bulto eres tú:



Y aquí viene la clave de lo que queremos comentar porque puede servir de ejemplo a todos los diestros que entran a matar sin saber qué hacer con la mano izquierda, que son la mayoría. La tienen de adorno, no saben combinar su movimiento con el de la derecha y al final se limitan a girar el estaquillador para tapar la cara del toro y tener así la sensación de entrar más protegidos.

Uno que combinaba perfectamente el juego de ambos brazos era Jaime Ostos, faltaría más. Recuerden su teoría aquí y fíjense bien en esta imagen porque esto que ven es hacer la cruz:



Lo de pegar el telonazo para tapar la cara del toro es absurdo porque estarían más protegidos si descubrieran la muerte del toro jugando bien con esa mano izquierda, alargándola en dirección al morro y mirando después sólo al morrillo. Vean primero cómo lo hace Roca con la muleta:


                        

Y ahora cómo lo hizo en Bilbao solamente con la mano. El brazo completamente alargado y la mirada no en los pitones sino en el sitio donde ha de clavar:


                              

Preguntarán ustedes que si es tan fácil, ¿por qué no lo hacen todos? Pues la razón es que hace falta mucho valor para bajar la mano ahí sabiendo que te vas a llevar la tarascada del toro y encima sin poderla controlar porque teóricamente debes mirar el hoyo de las agujas.

En una retransmisión televisiva desde Pamplona a Dávila Miura, que sabe perfectamente de qué va todo esto, se le escapó: 'está pinchando porque mira los pitones y no el morrillo'. Eso nunca lo dice ningún otro comentarista técnico, ni de los que no se han puesto delante, para no molestar, ni de los que sí se han puesto, por su vomitivo corporativismo (léase López Chaves, Caballero o César Jiménez, por citar solamente tres). Seguro que a Dávila se le escapó.

Volviendo a Roca, no podemos esperar que el toro humille como cuando descubres la muerte con la muleta. Observen que aun con todo, el animal baja la cabeza un poco:


                           

Cuando clava el único alivio que han visto es que lleva la mano un poco alta ya que lógicamente ha de salvar esa cabeza que tiene ahí delante y no abajo. 

Ese gesto de la cabeza del toro que ven a continuación no es indicativo de un error en la elección de la suerte sino producto de ver el bulto, como decíamos antes. Si hubiera entrado en la suerte natural, el movimiento de cuello habría sido el mismo hacia el torero:

                          

La guinda es que la espada le queda arriba, un poco pasada pero, de cualquier modo, en mejor sitio que la mayoría de los que entran a matar con la muleta... sin saber qué hacer con ella:


                           

El as de espadas lo repetía siempre: 

'La mano izquierda es la que hace la suerte porque es la que manda en la embestida. Cuando arranca el toro, esa mano izquierda se viene hacia mí y la derecha sale hacia el toro de manera natural, sin adelantarla. Tienes que hacer que el toro venga a comerte tu mano izquierda, que te la coja con la boca y te la llene de babas. Si eso ocurre, seguro que lo matas'

La explicación de Rafael Ortega es impecable. El drama es que la gran mayoría de toreros se retirarán sin haber notado ni una sola gota de baba en esa mano izquierda que sólo usan para perpetrar el telonazo. Un ejemplo de ello fue Chacón el otro día matando un miura en Sanlúcar. Observen que no tiene ninguna preocupación por descubrir la muerte, entra a matar con el delantal y sólo quiere provocar que al toro se le haga de noche:


                     

Y ya que estamos, anoten también que el de la Isla dice que no hay que adelantar la mano derecha. Nos habrán leído infinidad de veces aquello que repetimos de que 'estiró el brazo para pegar la puñalada', 'entró alargando el brazo' o 'entró con el brazo elástico'. Son todo alivios que deben censurarse si se busca una suerte ejecutada a ley.

Esta estocada bilbaina de Roca es temeraria, sí, pero menos. Disculpen la autocita pero ahí radica la clave:

'Temerario es, en primer lugar, quien actúa ante el toro con un porcentaje de posibilidades de resultar cogido superior al 80% y, en segundo lugar, el que no piensa en salir ileso del trance sino que le da igual. En estos dos aspectos radica la diferencia entre el torero valiente y el temerario' 

Roca sabía que había un altísimo porcentaje de resultar cogido haciendo lo que hizo pero, dentro de lo que cabe, lo llevó a cabo con cabeza, intentando minimizar riesgos y siempre sin aliviarse.

Nuestra explicación la pueden encontrar pulsando aquí. El vídeo que adjuntamos es para que lo vean una y mil veces todos los que entran a matar pegando el telonazo o directamente con el delantal sin saber qué hacer con su mano izquierda. Por ejemplo: Castaño, Solera, Chacón, Curro Díaz, Castella, Ferrera, Perera, Manzanares cuando no recibe, Morante cuando tiene miedo, Escribano, Morenito de Aranda, Aguado... Paramos aquí porque la lista es larguísima. A ellos está dedicada esta entrada a ver si entienden de una vez lo que hemos puesto en el titular. 

Aunque, bien pensado, será mejor que la dediquemos a los novilleros, quienes ojalá algún día se sorprendan de tener la mano izquierda llena de babas mientras el toro rueda a sus pies. Los que hemos citado en el párrafo anterior ya no están en edad de aprender. Cuando el árbol ha crecido torcido...

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

lunes, 24 de agosto de 2026

LO QUE TIENE TOREAR TOROS EN PUNTAS

Y además sin fundas que les hagan perder la sensación de las distancias. Un toro no enfundado y en puntas, como te cale, va a herirte sin remisión. ¿Verdad que sí, Manuel?

Todos los profesionales son conocedores de esto que decimos pero hay un ignominioso velo de silencio con el cual ocultan esta cuestión. Hablábamos hace poco con un profesional que se había enfrentado a una corrida grotescamente afeitada y cuando se lo decíamos nos comentaba: 'sí, sí... yo no sabía que la habían tocado y me quedé acoj... viendo cómo estaban cuando salían al ruedo'.



Sin embargo, nadie del mundillo dirá nada, ni siquiera el propio Escribano, herido en Málaga, levantará la liebre en público ya que es muy probable que la próxima corrida que toree en cualquier plaza de por ahí esté aplatanada. Por supuesto que en los medios taurinos comprados todo esto que estamos comentando es tabú.

La corrida de Victorino en Málaga tuvo su interés. Nos alegró ver que no tardeó en el caballo como nos tenía acostumbrados últimamente. Además se cayeron menos de lo habitual, un total de doce veces 'solamente'. Ya saben que de las ganaderías punteras es la que más se caen los toros.



Vino muy bien presentada y nos llamó la atención la badana que tenían algunos, cosa muy rara en el encaste. Su comportamiento fue este: primero, humillador y listo; segundo, pegajoso; tercero, noble y suave; cuarto, bravito en el caballo pero con poco poder, se fue sin torear; quinto, blando, no se sintió toreado y se vino arriba y sexto, un minusválido escarbador. 

Los paniaguados televisivos volvieron a demostrar su amor por Escribano a quien pusieron por las nubes en todo momento. Suele ser algo recurrente en estos de Canal Sur pero es que en Málaga se superaron al llegar a gritarle en directo cuando pasaba cerca de su localidad: '¡bien Manuel!, ¡muy bien!, ¡cumbre!' Eso no sucede en ningún otro tipo de espectáculo retransmitido por televisión y a nosotros nos causa una sensación de gran vergüenza ajena. A este cuarteto cómico le da igual provocar el sonrojo del espectador.



ESCRIBANO. Recibió a su primero a porta gayola. Era un cárdeno muy oscuro, casi negro entrepelado, ojalado, bragado, meano, con llamativa papada y muy bien encornado. Con ese pitón derecho pincharía después al diestro en la pierna:




Lanzada trasera que hace dimitir al toro de su empuje inicial. Luego se fue al reserva para empujar sin conseguir mover un caballo que teóricamente pesaba solamente sesenta kilos más que él.

En el segundo tercio el maestro nos castigó con su exasperante exhibición de pares a toro pasadísimo:



Se equivocó cambiando por la espalda de inicio, como si estuviese ante un torillo comercial al uso. Lo único que consiguió fue que al resolverse el animal se enterara rápidamente de dónde estaba el muñeco. Toreó con la izquierda comprobando la buena humillación del toro hasta que en la segunda tanda se le acabó la gasolina:



Pero ya dijimos que se equivocó en aquel inicio y el toro, que nos era tonto, en un momento dado le echó mano y le dejó una cornada de cinco centímetros en la espinilla.

Es muy probable que un toro enfundado que ha perdido las distancias no acierte a clavar el pitón tan certeramente en la pierna del torero. Y si le han quitado el veneno en el mueco no lo cala, eso ténganlo por seguro.



A la hora de cuadrar el victorino le demostró que no estaba toreado. Estocada trasera y caidilla, con agonía muy bonita, caminando hacia los medios y tragándose la muerte:



Pidió que su segundo toro saliese a continuación ya que si entraba en la enfermería veía que no podría salir (de hecho, sería operado con anestesia total). Probablemente habría hablado con Victorino en el sorteo y sabía que el padre de su segundo era Cobradiezmos. Era cárdeno, bragado, meano, axiblanco, nevado y con una cara corniabierta que no tenía nada que ver con la de su padre. Recuérdenlo aquí cuando lo visitábamos en la finca:



No tardea y empuja fijo pero le levantan al instante. En el segundo cobra trasero e intenta el romaneo de un caballo que teóricamente pesaba lo mismo que él, qué risa...



El maestro no pudo banderillear y estaba nervioso viendo que había exceso de capotazos con un toro que no parecía tener muy lleno el depósito.

El animal se parecía a su padre en su condición de escarbador pero a eso dicen que ya no hay que dar ninguna importancia. Resultó ser bastante bondadoso y Escribano... pues dejémoslo en que pegó pases fuera de cacho. Como estaba mermado físicamente no haremos sangre:



El toro terminó yendo a su aire porque en ningún momento se sintió toreado. El diestro arrojó al final con violencia el estoque de mentira porque veía exactamente esto mismo que acabamos de escribir. Entera pasada alargando el brazo y tapando la cara pero entrando con mucha fe:



Oreja sentimental. Observen que Escribano es de los toreros valientes, de los que no cierran los ojos en el momento de clavar la espada. Eso, contrariamente a lo que podrían ustedes suponer, es la excepción:



DE JUSTO. Su primero pesaba 586 kilos y era cárdeno, bragado, meano, con rizos, cornivuelto, rabicorto y un poco ensillado:



Estuvo bien el maestro con la capa encelando un toro que salió con la codicia de los victorinos de toda la vida. 

El caballo pesaba según los de Equigarce 570 kilos, dieciséis menos que el toro. Carioca vergonzosa ordenada por el maestro, barrenando y recargando, mientras el pobre toro quería pero no podía mover semejante mole. En el segundo le volvieron a zurrar cuando el pobre ya estaba totalmente afligido. Vean esa mano izquierda asesina tapando la salida. Comparen en la imagen el peso del toro, que nos lo creemos,  y el absolutamente increíble del equipánzer de nombre Juli. ¡Cómo nos la dan con queso!



Ya nos perdonarán pero estábamos deseando que el toro se le subiese a las barbas por el vil maltrato que había ordenado en ese primer tercio. Al pobre animal le caía la sangre por el costillar.

Buen inicio doblándose rodilla en tierra. Cuando nos daba la impresión de que el toro se quedaba mucho más corto por el pitón derecho, el extremeño sacó la faena hotelera:



Se colocó de perfil, presentó la muleta retrasada, anduvo bastante despegado y le dio al pico. No enseñó el muslo ni por equivocación. Por el izquierdo también tenía el viaje cortito pero era noble y miraba siempre la tela aunque sabía lo que dejaba atrás.



¿Lo que hizo fue cuajar el toro? No lo sabemos pero su toreo no nos gustó un pelo, ya han visto la imagen anterior. Lo mejor fue una excelente estocada, entrando con lentitud aunque se le fuese muy trasera y muy tendida. Pero fíjense en que apunta con el palillo al morro sin pegar el telonazo. Bien el presidente aguantando sin conceder la oreja, de lo que luego se lamentó Victorino:



El quinto era un cárdeno, bien encornado, bajo de agujas, con hocico de rata y en tipo si no fuese por una badana muy patente:



Esta vez el maestro paró la paliza del piquero pero el animal se llevó tres agujeros diferentes. Antonio Chacón puso el mejor par de la tarde:



Necesitaba mano firme y hacérselo todo por abajo. De Justo se volvió a colocar al hilo del pitón sin fiarse nada y picando a base de bien. Es el De Justo de después del accidente de 2022 en Madrid,  quien además se da cuenta de que el público lo aplaude igual y los televisivos lo jalean sin parar. Entonces, ¿para qué arriesgar?



De nuevo no adelantó el muslo ni una sola vez y el de Victorino se murió sin saber donde está la femoral de un torero. Terminó embistiendo peor que al principio, o sea que ustedes mismos. Observen qué forma de torear:



Estocada trasera y desprendida haciendo el arco iris y pegando ese saltito que ha cogido de vicio hace dos o tres años. Un par de orejas festivas:




FORTES. Su primero era hijo de un toro indultado vergonzosamente por Pinar y del que les hablábamos aquí. El titular lo decía todo. Este era cárdeno oscuro, nevado y veleto y pesaba 587 kilos:



El caballo pesaba 580, ¡chúpate esa! Fortes ordenó no pegarle porque había visto su flojera. Se soltó al notar mucho dolor en el espinazo por sendas lanzadas criminales.

Hizo hilo en banderillas, lo cual es siempre una buena señal. De primeras ya transportaba arena en el hocico y encima no parecía tan listo como sus hermanos. Tan era así que Fortes se permitió echar la pierna atrás como si estuviese ante un torete comercial al uso. Eso es lo que fue este Borracho, un victorino ful que recordó mucho a su padre. 



Los paniaguados televisivos se relamían de gusto y no paraban de dar la tabarra con sus ridículos '¡bieeen!' en lugar de óle. Estocada caída y pasada, a capón y perdiendo la muleta. El presidente sacó toda la ropa al tendedor. A nosotros nos sobraron como mínimo dos de los tres pañuelos, empezando por el azul:



El sexto era un cárdeno cornilevantado, alto, que llegó picado del campo y blandeando de remos. Arrastraba el morro por la arena como un oso hormiguero:



Simulacro en varas del que se repucha. Hizo un leve intento de romaneo pero sin que el hijo del recientemente fallecido Manolo Muñoz lo apretase, como pueden comprobar. Es que si lo hace, se echa ahí mismo y Fortes se queda sin enemigo:



Había protestas en el tendido por la manifiesta flojera del animal y su descoordinación de remos. Los televisivos lo tapaban sin parar de insistir en que el toro gateaba, utilizando ese insufrible vocabulario de los taurinos. El dicharachero tampoco perdía la ocasión de meterse bastantes veces con el público protestante, mientras ocultaba con su incontinente verborrea tanto la invalidez del toro como la inoperancia del maestro, que no se aclaró y encima se puso pesadísimo.


 

Pinchazo sin soltar, otro que escupe y esta casi entera, muy defectuosa por trasera y tan atravesada como ven ya que siempre entró a matar saliéndose de la suerte. Dos descabellos:



Si trabajáramos para un portal comercial y nos pidiesen la reseña de la corrida les enviaríamos esto:

'En plaza de primera, un azul de chichinabo y casquería a cascoporro. De Justo anduvo medrosillo, Fortes está sobrevalorado y Escribano demostró vergüenza torera a la vez que un toreo insuficiente. El ganado estuvo bien presentado y mostró un comportamiento variado dejando a su criador encantado de la vida'

Nos hizo gracia escuchar que Victorino habla de que ahora tiene un semental que lo da todo dulce. Si su padre escuchase esto mandaba sacrificar al semental dulzón y después obligaba a su hijo a beber aceite de ricino por meter merengue.

El cuarteto cómico de Canal Sur estuvo más cómico que nunca. Es mejor tomarlos a risa aunque viendo al pobre Ruiz Miguel ahí en medio la cosa sea para llorar.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.