jueves, 16 de abril de 2020

"LAS BANDERILLAS SON LA PROLONGACIÓN DE MI CORAZÓN"

Esa frase la dijo el que quizá sea el mejor banderillero que ha visto quien esto escribe, al final desvelaremos el misterio a ver si es el mismo que están pensando ustedes. Si son habituales de este modesto blog, nos habrán leído en más de una ocasión que, para nosotros, lo esencial de una corrida de toros son seis cosas: la visión del animal íntegro, la suerte de varas bien hecha, la verónica, un buen par de banderillas, el natural y una estocada a ley. Nada más. El resto, como decía aquél, son pamplinas.


Fernando Sánchez con uno de Raso de Portillo en Céret (2017)

No esperen un tratado técnico sobre el segundo tercio. Ustedes están al cabo de la calle de cómo hay que poner las banderillas. Nos entretendremos únicamente en aclarar algunos conceptos que suelen estar confusos entre los aficionados. Para abrir boca, aquí tienen a Carlos Arruza, sin saltar:



¿Se han fijado en que que los tres pares han quedado reunidos en el espacio de una moneda de un euro?

Más adelante iremos con nuestra propuesta con los mejores banderilleros de todos los tiempos donde son todos los que están. Por ejemplo, este otro, Pepe Bienvenida, de quien hablábamos en la entrada anterior. Sin saltar:




Ese par anterior es en Barcelona, tarde de no hay billetes con toros de Arturo Sánchez Cobaleda en 1946. Aquel día se picó con Arruza pero cuidado porque en aquella corrida se anunció un tercero en discordia que fue también excelente rehiletero, Morenito de Talavera. Miren, ¿qué me dicen?



Nuevo pique de Bienvenida y Arruza en Valencia en 1945. A la izquierda, Pepe y a la derecha, Carlos:



No dejamos al mexicano sin mostrarles esta foto de la corrida del Montepío de 1946 ante uno de Felipe Bartolomé:



Las banderillas se ponen de dos maneras básicas: al cuarteo o al quiebro. El quiebro debe denominarse así y no al cambio. Cambiar al toro es darle la salida por un lugar diferente del que se le marcó de inicio. En un quiebro el toro se desvía del cuerpo del diestro pero por el sitio donde le ha marcado éste. Todos ustedes recordarán que lo hacía muy bien Morenito de Maracay. En la foto queda claro que no hay tal cambio ya que el diestro indica al toro la salida por su izquierda y por allí se irá:



Hay dos variantes que no dejan de ser quiebros normales y corrientes: el que se realiza en una silla y el de Calafia en homenaje a la plaza de Mexicali donde El Pana lo popularizó (pulsen aquí). Sería más bonito denominarlo 'el par de la reina Calafia', que es de donde procede el nombre.

Hablando de quiebros, recordaremos que en Salamanca la tarde iba en barrena para Bomba y Machaco. El primero medio se congració con el respetable tras la lidia del quinto. Machaquito era quien iba a quedar bastante mal pero salió el sexto, que se movía más que los demás. El maestro aprovechó para ponerle tres pares al quiebro con los que se ganó sendas ovaciones. Sucedió que después de cada par, Bombita le pedía permiso para clavar también él pero por tres veces se lo negó el cordobés haciendo igual que san Pedro a la puerta del sanedrín. A raíz de esa negación, intentaron enemistarlos por diferentes medios pero no lo consiguieron. Éste es Bombita:


FOTO: ABC

Antiguamente se ponían banderillas a topacarnero, que era una especie de antecedente del quiebro porque se engañaba al toro con una inclinación del torso pero sin mover los pies del suelo. Paquiro decía que sólo debía hacerse 'si el toro es boyante y levantado porque es el non plus ultra de poner banderillas'. Nosotros no lo hemos visto nunca. Algunos como Amós Salvador dicen que a topacarnero es cuando vas andando al toro de frente como para topar con él. No estamos de acuerdo, eso sería un cuarteo de frente. En este dibujo se hacen una idea de lo que realmente sería a topacarnero:



Hubo un diestro que sí realizaba una especie de topacarnero obligado porque clavaba las banderillas con la boca. Era Juan Martín Marín, Platerito de Cádiz. Mordía una pieza de madera recubierta de plástico en la boca y así sujetaba las banderillas con los dientes. Lógicamente no podía cuartear y lo que hacía era ponerse en tablas desde donde llamaba al toro. Cuando se le venía, hacía un movimiento con el torso como en el topacarnero para clavar las banderillas con la boca y empujar el toro para darse impulso y salir de la suerte. No podía quebrar porque el toro se le iba demasiado lejos y con la boca no alcanzaba a consumar la suerte.



La cosa le costó más de un revolcón y la pérdida de bastantes piezas dentales. Lo bueno es que Platerito sólo ponía los garapullos o con la boca o al quiebro. Le preguntaron una vez y dijo 'es que no sé ponerlas de otra manera'. Ahí está:


FOTO: Espinosa

En una novillada del conde de la Maza en Utrera en 1975, el presidente no le concedió la segunda oreja en su primero. Pues ni corto ni perezoso Platerito subió al palco a pedir explicaciones de manera airada. No sabemos qué le dijo pero debió de ser muy convincente porque en su segundo cortó las dos y el rabo.

La otra variante básica es el cuarteo a no ser que estemos ante pares de recurso (que serían al relance, de sobaquillo, a la media vuelta o al sesgo). El cuarteo podrá ser al natural, de frente -donde se reduce el cuarteo al mínimo- o de poder a poder. Esta última modalidad suele dar lugar a equívocos incluso entre buenos aficionados. Antes de explicar en qué consiste, vean a Antonio Fuentes poniendo un par prácticamente de frente porque el toro no quiere hacer por él:



Y ahora observen este gran par de Maera, ¿es de poder a poder?



¿Y éste de Esplá?



¿Y éste de Gallito?



Pues no hay forma de saberlo, señores. Incluso El Cossío se equivoca en la página 957 de nuestra edición de 1981. Se ve a Joselito clavando y dice el pie de foto que es un par de poder a poder. No se puede saber si sólo nos enseñan el embroque. Éste otro de Maravilla, tampoco:



Para calificar un cuarteo de poder a poder tenemos que ver el inicio del movimiento. Sólo lo será si el toro arranca antes que el diestro y además embiste con brío, 'con gran velocidad', 'con fuerza' o, como decía Sassone, 'de repente':



Si el toro hace eso, se está adelantando al maestro y éste tiene que adaptarse sobre la marcha, lo cual supone un plus de peligrosidad y riesgo porque ya no es él quien lleva la iniciativa. En un cuarteo normal en que el banderillero provoca la embestida del toro, el hombre controla la situación. En un par de poder a poder tiene que controlarla obligado por la embestida del animal. Tiene mucho más valor que un cuarteo natural, por eso los habituales del blog habrán comprobado que cuando en una corrida lo vemos, siempre lo destacamos en nuestra crónica.

Luego se cuadrará en la cara o no, el par quedará más o menos reunido y el maestro saldrá más o menos airoso pero eso son cosas que no afectan al inicio del movimiento que es donde está la clave del poder a poder. Y, por supuesto, insistimos en que la arrancada del toro tiene que ser veloz, impetuosa, no sirve que dé dos o tres pasitos hacia el rehiletero porque eso no obliga al diestro a adaptarse a algo inesperado. Fíjense en este sensacional par que puso Raúl Cervantes a un guardiola de Santa Teresa en Tafalla, ¿es de poder a poder?


FOTO: Diario de Navarra

No. Pero no por la foto sino porque estuvimos presentes y vimos que fue un cuarteo natural. 

Podría darse una segunda modalidad del poder a poder. Consiste en que el diestro espere a que embista el toro para empezar su carrera. En ese caso no se ve sorprendido por el toro porque él espera su reacción pero eso no quita la complicación que supone adaptarse a esa embestida aunque sea esperada. Por tanto, también sería de poder a poder. 

Un maestro en hacer eso que acabamos de describir es Fernando Sánchez. Cuando lo vean, fíjense en que casi nunca empieza a correr antes que el toro, siempre lo provoca andando con torería. En este vídeo el realizador es tan torpe y tan ignorante que enfoca la cara del diestro en lugar del conjunto, con lo cual nos quedamos sin confirmar que el par sea de poder a poder ya que no vemos el momento de la arrancada del animal.

Poner banderillas de poder a poder es sólo para diestros con muchas piernas y mucha vista. Amós decía que únicamente era 'para toreros verdaderos'. Esa improvisación o adaptación del hombre al toro en esta suerte equivaldría a lo que sería una estocada a un tiempo (no al encuentro).

Maestros de consumada facilidad como Esplá o El Fandi a veces ven cómo el toro se les arranca de improviso y prefieren recortarlo para volver a colocarse y tomar la iniciativa ellos en el cuarteo. Esplá hacía un fantástico recorte saltando en la cara del toro y dando una vuelta sobre sí mismo en el aire con los brazos levantados. El Fandi fue capaz de recortar a Zahareño cuando se le vino encima por sorpresa mientras brindaba al presidente. Si improvisó aquel sensacional recorte con la montera, la muleta y el estoque sin despeinarse, imaginen lo que puede ser capaz de hacer cuando tiene tiempo para preparar el embroque:



Hablando de recortes, El Cossío se refiere a un par de banderillas al recorte, que nosotros no recordamos haber visto nunca. Imaginen a uno de los grandes campeones de los concursos de recortadores que, justo tras el embroque, inclinase un poco el torso para dejar un par de sobaquillo. Ése sería un par de banderillas al recorte, como si el recortador de esta foto clavase las banderillas medio girándose hacia el toro: 



Dependiendo de dónde esté el toro, el cuarteo será por dentro, de dentro afuera, de fuera a adentro o al sesgo, el cual, como decíamos antes, en un recurso para toros aquerenciados en tablas.


Piensen que la suerte de banderillas sigue siendo, en esencia, la misma que en tiempos de Lagartijo o incluso antes. No sucede eso con ninguna otra excepto con la estocada. Ni la verónica es la misma, ni la suerte de varas, ni el natural… Tiene la ventaja de que es una suerte que se realiza en movimiento pero con el gran riesgo de que cualquier cornada suele ser grave. El citado Antonio Fuentes sufrió una tremenda cogida en la ingle en 1912 en Santander al salir del embroque. En cambio, a éste de abajo jamás lo rozó ningún toro al poner banderillas:

Pepe Dominguín en 1945

Para la familia Dominguín el segundo tercio no tuvo secretos pero el mejor de todos fue Pepe, a quien vemos de nuevo abajo clavando ante la mirada de Luis Miguel:



La foto pertenece a la corrida del 15 de mayo de 1948. El tercero del cartel era Rafael Ortega Gómez, Gallito, de quien tenemos pendiente hablar en nuestra serie sobre el centenario de la muerte de su tío. Había máxima expectación con alguno arriesgando la vida por las paredes:



La corrida terminó con salida a hombros de Luis Miguel a quien acompañó Pepe por las banderillas que puso, no por haber cortado orejas ya que mató mal. Aquel día Luis Miguel hizo un quite de frente por detrás que culminó poniendo la montera en el testuz del toro con la plaza dividida entre los que lo silbaban y los que lo ovacionaban. Éste fue el instante:



Volviendo al segundo tercio, el matador debe banderillear cuando entienda que puede lucirse y que va a  hacerlo mejor que sus subalternos. Y es que hay diestros que llevan en su cuadrilla banderilleros mejores que él. Lo que no puede ser es que el maestro salga obligado o a desgana con los palos y se dedique a clavar como quien va a la oficina un lunes. 

Es lo que hizo Paquito Esplá con uno del Conde de la Corte en Las Ventas en 1997. No quería clavar pero desde el tendido protestan y él, con visible disgusto, coge los palos. Mientras va hacia el toro hace un gesto de resignación dirigido al respetable abriendo los brazos y negando con la cabeza, vean:


Y luego pone tres pares muy deficientes, todos a toro pasado. Aquí ven una imagen que hemos capturado de uno de ellos:


Lo pueden comprobar en el minuto 6'46'' pulsando aquí. Ese tercio es  indigno de Esplá. Pero es que los grandes banderilleros tienen tanta habilidad que son capaces de escoger entre clavar en la cara, en la pala o a toro totalmente pasado. Como además saben que se les aplaude igual, no les da ninguna vergüenza el aliviarse. Pero en el vídeo comprobarán que cuando termina Esplá, se oyen palmas de tango de los aficionados a quienes no se la ha dado con queso (Antoñete dice 'están protestando...' pero no aclara por qué mientras Molés, que sí sabe la razón, hace como que no lo oye y calla como... bueno, dejémoslo).

Y de los saltos atrabiliarios al clavar banderillas, ¿qué me dicen ustedes? Todas las fotos que han visto hasta ahora las hemos seleccionado porque son pares excelentes. Aquí tienen alguno más donde se ve claramente que el diestro mantiene los pies en el suelo, como tiene que ser porque el torero no es un saltimbanqui sino un torero, que es algo muy serio:

Pepe Dominguín en Colmenar a uno del Marqués de Albayda (1949)

Podemos disculpar un saltito mínimo como éste de César Girón a un pablorromero en Valencia en 1954:



O este del mismo Pepe Dominguín a uno de Prieto de la Cal en Barcelona en 1951:



Despegan los pies, cosa que no deberían hacer, pero es menos de un palmo. En cambio éste a quien ven desde fuera de la plaza, ¿quién es?


Ferrera. ¿Y éste otro de abajo que tal baila?


El Fandi. Con todos los respetos, eso no puede ser, las acrobacias deben quedar para el circo, no al poner banderillas. 

Vamos con nuestro personal enumeración de los mejores banderilleros de la historia. Les damos la opción de que nos propongan añadir algún otro nombre a la lista pero con una condición: tendrán que indicarnos a quién quitamos para sustituirlo por su candidato. 

Dividiremos en cuatro épocas:

- Del siglo XIX ponemos a Juan León, Gordito, Lagartijo, Guerrita y Antonio Fuentes.

- Del XX antes de la guerra a Maera, Magritas, Joselito, Gaona, El papa negro, Sánchez Mejías, Manolito y Pepe Bienvenida y Rafael Ponce Rafaelillo. 

Éste de abajo es Luis Suárez, Magritas, que siempre entraba por el pitón izquierdo. Más de dos mil doscientas corridas en las cuadrillas de algunos de los más grandes, desde Gallito y Belmonte a Pepe Luis y Antonio Bienvenida pasando por Pastor, Domingo Ortega o Chicuelo:



Falta uno de esos años a quien ya han echado en falta algunos de ustedes, Enrique Berenguer, Blanquet. Le ponemos de comer aparte por la frase de El Gallo cuando le preguntaron por el segundo tercio: ‘para mí, en banderillas sólo existe Blanquet’. 




No podemos dejar de incluir el celebérrimo par de Gaona en Pamplona captado por Rodero. El diestro decía que el ángulo de la foto producía un efecto que no era real. Sucede algo parecido en la imagen que han visto antes de Raúl Cervantes en Tafalla.



- De después de la guerra, Pepe Bienvenida, Arruza, Pepe Dominguín, Miguelín y César Girón.

Arruza en Barcelona (1944)

- De los recientes, Esplá, Mendes, Paco Honrubia, El Formidable (pulsen aquí los más jóvenes), Sánchez, Cervantes, Juan Contreras, Chacón,  Raúl Martí, Otero... 



Al clavar hay que mostrar una imagen de fragilidad, como decía Esplá. El aficionado debe disfrutar con el contraste entre la fuerza bruta del animal en su ciega embestida y la debilidad de la figura del maestro, que burla esa fogosidad a cuerpo limpio cuando deja los palos. Por eso no son de nuestro gusto los banderilleros que clavan como si quisieran partir el toro por la mitad. Las banderillas hay que 'depositarlas' en el toro más que clavarlas. Ese contraste entre ímpetu ciego y gracilidad es el que transmite este par de Paco Honrubia (salvo error):



Afortunadamente, la cuadrilla de Castaño dignificó un segundo tercio que sumaba lustros en horas bajas porque los peones tenían miedo de hurtar aplausos a su jefe. Lo habían convertido en un insufrible trámite y a partir de entonces se reivindicó. Esperemos que algún día se dignifique también el tercio de varas, aunque no tiene pinta.

¿Y qué hacemos con El Fandi? ¿Lo incluimos en la lista de los mejores? Siempre que no salte al clavar y cuadre en la cara, sí, aunque el problema es que eso ocurre pocas veces. Cuando quiere, está claro que sabe hacerlo muy bien:


Ha clavado con los pies en el suelo, como tiene que ser. Igual que Juan Contreras aquí:



Falta uno de los recientes, ¿verdad? Efectivamente, es que se trata del autor de la frase del título, el mejor banderillero que ha visto quien esto firma, insistimos:


Don Manuel Montoliú, de quien hablábamos en nuestro blog a cuenta de aquellos dos atanasios que mataron a dos toreros como él y el hermano de Camino (pulsen aquí). 



Preguntaron a Montoliú cómo había que poner banderillas y dijo esto que nos sirve de colofón a la entrada:

"Debes empezar a sentir la suerte en cuanto tienes los palos en la mano. A partir de entonces hay que empezar a crear belleza. El sentimiento acaba cuando en la barrera vuelves a coger el capote. En medio hay que añadir la torería, el valor para dejarse ver sin excentricidades, el cuadrar en la cara con los pies juntos y sin saltar y el salir con garbo del embroque, a ser posible, andando"

Aquí lo pueden ver en acción. Él era quien decía que 'las banderillas son la prolongación de mi corazón'. Vuelvan a leer sus palabras con esas referencias a sentir la suerte, crear belleza y mostrar torería sin pasarse de rosca porque son las de un Torero que siente su profesión. Montoliú fue un hombre con afición, un Torero con mayúsculas, tal como hemos escrito las dos veces para que no haya lugar a dudas.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.






domingo, 12 de abril de 2020

LA CORRIDA DE LOS TRES PEPES

Tuvo lugar en la primera feria de san Isidro. Así se denominó la que lidiaron Pepe Bienvenida, Pepe Luis Vázquez y Pepín Martín Vázquez. Los toros fueron antepasados de éstos que ven en la imagen:



Aquella tarde se agotaron hasta los billetes de la reventa:



Los tres protagonistas esperan en el patio de cuadrillas. De izquierda a derecha, Pepe Luis, Pepín y Pepote:



Es curioso que los tres Pepes estaban relacionados entre sí por diferentes ceremonias. Bienvenida tomó la alternativa de manos de Nicanor con reses de Montalvo en 1931, que son las mismas con las que confirmó la alternativa Pepín de manos del propio Pepe en 1945. Ahí están:



Pero es que Pepe había dado la alternativa a Pepe Luis en 1940. Y Pepe Luis había sido testigo de la alternativa de Pepín en 1944. 

Recordemos que Pepote se la había dado también a sus dos hermanos: a Ángel Luis en 1944 y a Antonio en 1942, a éste último mano a mano con miuras como recordábamos aquí.

La excusa de la corrida de los tres Pepes nos servirá para divagar sobre estos tres maestros, quienes, por unas cosas u otras, no dieron de sí todo lo que habría deseado la afición.

Los miuras llamaron la atención por su peso en unos años en que lo de los kilos se llevaba de aquella manera, no olviden que estamos tres meses antes de la muerte de Manolete. Los toros dieron 30 arrobas en canal, o sea, una media de 530 kilos. Fue la corrida de más peso en toda la temporada 1947. Sólo por comparar, las dos últimas corridas de Miura lidiadas en san Isidro han dado 553 y 567 y la de Pamplona del año pasado, 599. 




PEPE BIENVENIDA. Aquella tarde era el viejo león con sus dieciséis años de alternativa frente dos recién llegados, en comparación. Pepe es el Bienvenida quinto de los nueve toreros. Quizás estemos ante el más completo de toda la dinastía: torero largo, macizo y gran lidiador por su conocimiento exhaustivo de la tauromaquia. Salvo que alguien nos rectifique, nunca un toro le hirió más allá de simples rasguños. Son muy pocos quienes pueden decir eso.  

Además estamos ante un excelente matador. Recibía a menudo, cosa entonces olvidada, y lo hacía a toda ley. Era de los que tras citar adelantando la pierna, la volvía a su sitio (recuerden lo explicado aquí). Al final de la faena solía dirigirse al tendido diciendo: 'lo voy a matar recibiendo'.

Por si lo dicho fuera poco, estamos ante uno de los mejores banderilleros de la historia del toreo, sin que haya lugar a la más mínima duda. Ahí lo tienen esa tarde:



Y aquí, en otro par sensacional, ¡sin saltar!:




Junto a  Gallito, los dos mejores del siglo XX sin discusión. Un día Arruza se picó con él y al finalizar el tercio le dijo: 'yo tiro la toalla, con usted no puedo". 



Y Arruza era éste de abajo a quien vemos pareando en la plaza de toros de Tarragona en 1944 (también con los pies en el suelo porque un torero no debe saltar nunca ni con las banderillas ni con nada):


Retornamos con los miuras. Vean una verónica a su primero, que salió con los dos pitones 'como la punta de un puro mordido por un epiléptico' (sic en una crónica):



Miren esta chicuelina porque es marca de la casa, su hermano Antonio también bajaba la mano así (recuerden esta entrada):



El dibujante Casero hizo esta lámina la tarde que nos ocupa. Siempre se dijo aquello de que 'quien no ha visto banderillear a Pepe Bienvenida no sabe lo que es poner banderillas':



En su primero puso al público en pie con los palos para cosechar luego palmas. En su segundo, pitos.

Atención a esta foto de los dos hermanos porque quizás sea la última del bueno de Pepote:



Estamos en Acho y ambos acudieron a un festival benéfico. Tras su actuación se sintió mal y mientras toreaba Antonio se fue disimuladamente a la enfermería. Rápidamente lo trasladaron al hospital y un infarto de miocardio lo dejó en el sitio. Tenía 54 años. Aquí lo ven con la hijita que tuvo en 1945 de la actriz Pastora Peña:



Era muy aficionado al fútbol. En el equipo de toreros que se enfrentó a los periodistas de Marca en 1946 actuó como delantero centro:



Pepe Bienvenida se había vestido de luces por primera vez con once años. Fue en Valencia al lado de su hermano Manolito e iba de verde y oro. Tenían previsto los dos niños toreros montar una becerrada en el Madison Square Garden aunque a última hora el viaje se truncó parece que por presiones de los animalistas estadounidenses. En España una disposición gubernamental prohibió poco después que los niños toreasen. 

Seguro que alguno de ustedes piensa que hemos exagerado calificándolo como el Bienvenida más completo. Pues cedemos la palabra a Rafael El Gallo. Le preguntaron a mediados de los cincuenta por el mejor torero de los modernos. Lean:



No hay nada más que decir.

PEPE LUIS VÁZQUEZ. Se apuntó a matar miuras en aquel recién estrenado san Isidro. En su primero estuvo muy bien con el capote, aquí tienen una media a pies juntos muy garbosa:



Al natural ayudado, enseñando el muslo:



Y de vuelta, el de pecho:



Lo de su muslo tiene doble mérito: primero por enseñar algo que hoy se esconde y segundo por hacerlo con esa muletilla que ven abajo, nada que ver con las monstruosas de Manzanares, Escribano, El Juli y tutti quanti:



¡Y cogiendo el palillo por el centro! Por si fuera poco, a ver quién hace hoy en día a un miura el cartuchito del pescado. Tenemos el testimonio de aquella tarde ante el quinto en el dibujo de Casero. El dibujante destacó el momento porque el toro se le quedó delante sin arrancarse y Pepe Luis tragó con la muleta plegada hasta que se le vino:



En su primero, vuelta tras petición. En su segundo, silencio.

Como del Pepe Luis torero hemos hablado en otras ocasiones, divagaremos sobre su faceta como ganadero. Compró guardiolas en 1951 a Manuel, el hijo de Juan Guardiola Soto. Con ellos iba el histórico hierro de la Y. Había tres y griegas que habían sido de Gamero a partir de Ybarra: una está hoy en Santa Teresa, lo que fue de Félix Hernández; otra, en Castilblanco y la tercera es hoy de Victoriano del Río. Ésa del círculo era la de Pepe Luis:





El hierro de Yerbabuena no cuenta porque lo dibujaron en 1995. El maestro rubio del matadero mezcló esos guardiolas con santacolomas y le dio un resultado bastante picante. Se anunciaba como José Luis Vázquez Garcés. Ahí lo tienen asistiendo a una novillada suya en 1960. Salvo error, el diestro es Emilio Redondo:



Esa novillada también la mató un Viti de 22 años, pleno de una naturalidad que hoy no vemos ni en pintura:




Solían ser toros duros pero se apuntaron a matarlos su hermano Manolo, Ordóñez y hasta El Cordobés en Marbella:



El canto del cisne será una cuajada y poderosa corrida en la feria de Málaga de 1973. Ese mismo año pasará a anunciarse como Vázquez Silva Hermanos sin que la cosa levante cabeza. En nueve años la venderán junto con el hierro a Leandra Díaz y ésta hará lo propio a Victoriano del Río, que eliminará todo pero seguirá luciendo el histórico hierro de la Y.

¿Conocen ustedes algún torero metido a labores ganaderas que haya buscado toros encastados en lugar de pastueños? Sí, dos: Pepe Luis y Fuentes Bejarano.

PEPÍN MARTÍN VÁZQUEZ. Fue el que saldó la tarde con mayor lucimiento. Ahí lo tienen en un pase de pecho al tercer miura:



Y aquí abajo en un afarolado de rodillas también a ese tercero. De nuevo deben fijarse en que lleva una muleta normal, no ciclópea:



Su labor en ese toro se quedó en vuelta al ruedo por matar de pinchazo, estocada y descabello. Aplausos en el sexto, un manso ojo de perdiz.

Pepín era torero finísimo tanto con el capote como con la muleta. Un veterano y muy buen aficionado seguidor del blog nos dijo que Aguado el día de Sevilla le había recordado por momentos a Pepín. Vean este dibujo:



Estamos en el año 1947, el que fue de gloria y tragedia para el maestro. En ese primer san Isidro en que no se anunció Manolete fue el único torero en hacer dos paseillos, lo cual tiene su mérito porque el serial consistió en cuatro corridas y una novillada. Dio una vuelta al ruedo la primera tarde con alipios, otra con los miuras en el festejo que nos ocupa y cortó una oreja siete días después a uno de Arturo Sánchez Cobaleda.



La afición estaba como loca con él. Tan es así que lo premiaron con su anuncio en el cartel de la Beneficencia. Aquí sí vino el califa:



Por curiosidad les diremos que esos murubes de Bohórquez dieron en la báscula una media de 483 kilos. Salió un sobrero de Vicente Charro, éste que ven con Manolete al natural:



Por cierto, el segundo del cordobés le pegó un navajazo seco sin llegar a derribarlo. Curiosamente, como Manolete se ponía de perfil, el toro le engancha la pierna izquierda cuando no está toreando al natural:



Siguió con la faena mientras la sangre le teñía la taleguilla izquierda hasta la zapatilla. Mató el toro de una gran estocada como solía y cayó en brazos de sus peones porque ya no se sostenía en pie. Le trajeron las dos orejas a la enfermería. 

En Madrid se habían hartado primero del Guerra, después de Gallito y ahora estaban ya bastante cansados de Manolete. Le preguntaron después de la cogida por el apasionamiento del público madrileño con respecto a él y respondió esto un mes antes de morir:

'El público de Madrid continúa duro y exigente con muchos toreros, entre ellos yo. La fiesta de toros es de por sí apasionada pero quizás es demasiada pasión conmigo aquélla que sólo se calma cuando voy camino de la enfermería...'

Gitanillo se fue de vacío pero Pepín se llevó el gato al agua cortando tres orejas y saliendo a hombros. Véanlo aquella tarde, otro prodigio de naturalidad y también con el estaquillador por el centro:



Cuando iba camino de consagrarse como gran figura, se volvió a anunciar un mes más tarde con Manolete en Valdepeñas y pasó esto:



Al enseñar el muslo, el toro lo ve y lo prende. Toreando al natural, lo hiere en la pierna izquierda, lógicamente al no estar de perfil. El animal era de Concha y Sierra, nada aparatoso de cara, como se comprueba abajo. El maestro ha visto al vuelo el agujero en su carne. Tuvo que meterse casi el puño en la herida porque se le iba la sangre a borbotones:



Estuvo tres días en situación de extrema gravedad. Al principio se temió por su vida pero luego pareció que la cosa se iba a saldar con la amputación de esa pierna izquierda. La cornada era de 25 cms. con tres trayectorias que destrozaban la femoral y tocaban el hueso.

Al final el bueno de Pepín salvó la pierna pero tardó casi un año en reaparecer. Pues al mes de su reaparición, uno de Buendía lo mandaba de vuelta al hospital. 



Menos suerte tuvo Manolete, que moriría veintiún días después de aquella corrida de Valdepeñas. 

Pepe Luis fue una figura pero no dio de sí todo lo que podría haber dado, que era muchísimo. Ya saben que Manolete siempre decía: '¿Pepe Luis? Porque no quiere, que si quisiera...' Nunca terminaba la frase pero la acabaremos nosotros por él: 'si quisiera nos pondría a todos a llevarle las maletas'. 

Pepe Bienvenida debió a su afabilísimo carácter y a su don de gentes una vida social muy ocupada que le apartaba el toro de su cabeza por momentos. Ángel Luis sostenía que su figura recia o incluso rechoncha no le ayudó. Quizás también le afectó que su concepto lidiador iba quedando anticuado en favor de las florituras. Vaya usted a saber... Pero se cuentan con los dedos de una mano los que en el siglo XX hayan sabido de toros tanto como él. 

Y Pepín ya lo han visto, a base de cornadas se fue truncando el que fuera la gran esperanza blanca. 

Nos disculparán porque a cuenta de la corrida de los tres Pepes nos hemos ido de unas a otras, aunque la cosa es disculpable en estos tiempos de cuarentena. Esperemos no haberles aburrido más de lo reglamentario.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.