Igual de mal, sí pero peor es muy difícil. Esta misma corrida de toros, bien lidiada, podría haber dejado una imagen totalmente diferente entre la afición. Lamentablemente, los profesionales que tuvieron que dar cuenta de ella no estuvieron a la altura, excepto Ángel Mayoral, como veremos.
Decíamos que Cenicientos merecía una segunda oportunidad tras la accidentada feria del año pasado y aquí que nos vinimos. El ganado iba estar bien presentado y confiábamos en que la presidencia no se mostrase tan dadivosa. Observen que las líneas de la suerte de varas estaban marcadas con los metros apuntados en cada una. No sirvió de nada ante la desidia de los matadores:
SERAFÍN MARÍN. Su primero era negro zaíno, apretado de carnes, con morrillo pero flojillo ya de salida:
Nada en el caballo como no fuesen mil capotazos que aburrieron al toro, loco ya por irse a la madera, y a la concurrencia.
Después gazapeó el toro y gazapeó el maestro, que no supo qué hacer dentro de lo poco que había que hacer. Su taleguilla antibalas era llamativa:
Pinchazo malo y esta media perpendicular y caída siempre escupiéndose:
El cuarto era este negro listón, veleto y cornalón:
En el caballo fue masacrado por Marín, no por el piquero. Después, en banderillas, tuvo un buen tranco pero siempre con tendencia a la madera. Ese deseo lo confirmó cuando tuvo delante al maestro, que se limitó a deambular por allí. Fue incapaz de sujetarlo. ¿Recuerdan el vídeo mexicano que enlazábamos en la entrada de Paco Camino? Allí el camero sí encelaba un toro mucho más aquerenciado que éste.
Rubricó su nefasta tarde con este bajonazo cruzado digno del museo de los horrores. ¿Volverá el año que viene por tercero consecutivo? La lógica dice que no pero vaya usted a saber. En la imagen se aprecia claramente que no se le ha ido la mano sino que ha apuntado a los bajos pero bien abajo:
JAIRO MIGUEL. Su primero era este pavo cornalón:
Empujó pero con la cara por las nubes y recibiendo no menos de cinco agujeros en total:
Muy bien Mayoral porque asomarse a ese balcón era cosa de mérito:
Miguel anduvo con soltura pero también con mucho pico y sin decidirse a dar el paso adelante. En la segunda imagen se nota su desconfianza. Maestro, si usted torea poco, hay que tener más decisión:
El toro era noblote aunque pegaba un tornillazo al final mas sin ganas de coger. Bajonazo recibiendo un golpe en el cuello y bella muerte del toro:
El quinto era el único que había llevado fundas. Se las pusieron no por pegón como pensábamos nosotros sino por su tendencia exagerada a escarbar en el suelo. El ganadero nos confirmó que lo durmieron y no lo metieron en el mueco. Era negro listón, badanudo, apretado de carnes, abanto y con pies. Además era zurdo de encornadura, como se aprecia mejor en la primera foto:
En el primer puyazo pegó un gran topetazo y luego metió los riñones pero con la cara alta. En el segundo el picador protagonizó esta masacrada abyecta en ambiente de motín. A ver si se fijan en algo de nuestra foto que les llame la atención:
¿Han visto que se había desprendido la puya? Está en el suelo entre las patas del caballo. Pero es que el asesino que lo monta ¡metió el palo por la herida que le había hecho! Con el monolisto pasándose de ídem ¡ y en la segunda raya! Por eso decíamos lo del ambiente de motín. Suponemos que el piquero matarife fue propuesto para sanción por la presidencia.
Tras semejante carnicería el toro se marchó a chiqueros con buen criterio. Nosotros hubiéramos hecho lo mismo. Entonces vimos lo mejor de la tarde. Con el toro aculado en toriles y todos incapaces de sacarlo de allí, Mayoral puso este par al sesgo con gran riesgo, ¡bravo!
Con el animal completamente rajado poco hubo que hacer. ¿Se rajó por tener gotas de mansedumbre en sus genes o por la vileza de ese primer tercio abyecto? Nunca lo sabremos.
Tres pinchazos sin fe, un descabello fallido y el toro se echa.
VENEGAS. Su primero fue el que más nos gustó por su comportamiento. Se llamaba Indiano y era negro, bragado y ensillado:
En el caballo protagonizó un empuje fenomenal durante los cincuenta segundos que duró el primer puyazo. En el segundo se vino de largo aunque al paso. No hubo tercero por esas vacilaciones del palco que comentábamos antes.
Otero fue obligado a saludar tras pasarse de listo clavando dos pares a escandaloso toro pasado. No nos lo inventamos y él lo sabe perfectamente. Vean:
El toro resultó berreón pero tenía ganas de embestir. El problema era que lo hacía con la cabeza desordenada. Como no hubo ningún mando en la muñeca de Venegas, el defecto en lugar de corregirse se acentuó y la casa quedó sin barrer:
Tres pinchazos con la mano izquierda de adorno y esta rinconera tirando la muleta:
El sexto en el sorteo se llamaba Velero y en el ruedo Veletero. Era este negro mate levemente salpicado:
Vio el caballo, se fue al relance como una centella y romaneó durante unos segundos:
En el segundo descabalgó al piquero pero se fue suelto sin aprovechar su ventaja. Posteriormente, dos heridas más saliendo también suelto y sangrando a borbotones por los agujeros negros que le habían hecho (recuerden la foto de la introducción).
El segundo tercio fue un lamentable herradero donde resabiaron al toro. Cinco pasadas para dejar cuatro palos, con especial mención para César del Puerto, chulesco, encarándose con el palco por no cambiar con tres palos y poniendo el último en la cerviz. Hubo que arrancar esa banderilla criminal porque el diestro no hubiera podido descabellar.
Venegas se esforzó con la izquierda pero sin ningún eco ya que el personal estaba cansado:
Culminó la tarde con un sablazo feísimo muy atrás y atravesado, alargando el brazo:
¿Fue una corrida desaprovechada? Hombre, como mínimo fue muy maltratada y en eso creemos que todos estaremos de acuerdo. Al final montamos nuestra habitual tertulia improvisada en los aledaños del coso, donde hubo opiniones encontradas. Departimos amigablemente con aficionados españoles, franceses, italianos e incluso con algún profesional como fue el caso de Miguel Andrades.
Estuvo también el ganadero, que no se dio coba y reconoció que no le había gustado la sosería del primero o la rajada del quinto en la muleta. Respecto a las malas lidias, no hace falta decir que compartía nuestra opinión, especialmente con lo mal que se picó.
Nos informó de que le queda el novillo de la concurso de Villaseca de La Sagra y que para el año que viene tendrá disponibles tres corridas de toros y una novillada. No nos importará apuntarnos para verlas aunque, si no es mucho pedir, que sea en mejores manos que las que sufrimos en Cenicientos.
Saludos cordiales desde San Martín de Valdeiglesias. Rafa.


























