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jueves, 15 de noviembre de 2018

LAGARTIJO (2): EL CHICO DEL MATADERO

Seguimos divagando sobre la figura del torero cordobés sin mayor pretensión que echar un rato entretenido con sus andanzas.



Matamos dos pájaros de un tiro con el título de la entrada porque nos referiremos a cosas de su infancia, donde se mezclan el matadero y su apodo. Lagartijo era conocido como 'El Chico' desde que empezó en la cuadrilla infantil toreando becerradas. Así le llamaron en casa toda la vida, nada de Lagartijo. El apodo que lo hizo célebre vino después. Todo el mundo suele repetir lo que decía Neira, que se lo pusieron por su flexibilidad y ligereza ante el toro. Quizás habría que añadir que estaba muy flaco cuando empezó. Él mismo lo decía: 'estaba más seco que un higo'. Una mezcla de las dos cosas nos daría como resultado el recuerdo a la lagartija.

Esa viveza en el ruedo se recuerda cuando un toro hizo hilo con él y lo persiguió hasta la barrera en Zaragoza. El toro saltó la misma y los espectadores pensaron que había estampado al torero contra la madera. Resultó que cuando el toro cayó al callejón, Lagartijo se levantó tan tranquilo en el ruedo. Se había agachado justo cuando el toro lo alcanzaba y el animal había saltado por encima de él. Hay que tener mucha sangre fría para hacer eso si es que fue tal como lo cuentan. Recuerden que a Prestel en Madrid lo salvó que el toro lo empujó al tejadillo, si no, a estas horas estaríamos lamentando una desgracia gorda (recuerden aquí):



Rafael ya era por entonces de carácter reservado, melancólico. No hay constancia de que se dirigiera nunca de malas maneras al público en tardes aciagas. Dicen que cuando le pitaban, se mostraba abatido, mudo y triste, como Curro Romero. Quizá eso aumentaba el cariño que muchos sentían por él, de ahí que cayera mejor que Frascuelo. Si a esto añadimos su gracia natural y su generosidad en lo económico, tenemos algunas de las claves de que fuese tan querido.

Precisamente este bonito manto de color nazareno con bordado en oro lo regaló el maestro a la Hermandad de Jesús Caído de Córdoba, de la que fue Hermano Mayor, como antes lo fuera Pepete y luego Manolete. Queremos creer que sigue siendo el mismo salvo que algún aficionado cordobés nos rectifique:



Los asuntos económicos le trajeron un disgusto cuando una mujer a quien el diestro había demandado porque no le pagaba un dinero que le debía se presentó en su casa con una pistola. Abrió la puerta Lagartijo y se oyó un disparo. Resultó ileso el maestro a pesar de la cercanía de la agresora, que salió huyendo para esconderse en el Hospital de los Dolores donde fue detenida. Entró por la puerta de la derecha de la foto:



Un ejemplo de su generosidad lo cuenta Natalio Rivas. Había un joven modesto, simpático y muy respetuoso que asistía a las peñas taurinas donde aparecía Lagartijo. No hablaba nunca, sólo escuchaba porque su admiración por el torero era casi fanática. Como llevara varios días especialmente triste, el maestro quiso saber qué le preocupaba. Resultó que en el sorteo de quintas le había tocado cumplir al servicio militar y temía por su madre ya que podría tener que ir a Cuba a la guerra. 

Ya saben ustedes que hasta la reforma de Canalejas, podías pagar para librarte del ejército, de ahí que ese sistema de quintas estuviera tan mal visto por los más pobres. Lagartijo le preguntó que cuánto costaba librarlo. El muchacho contestó que su familia no disponía de las mil quinientas pesetas necesarias. Rafael sacó dos billetes de mil y le dijo 'toma, aquí tienes el remedio para que no llore tu madre'.

Hemos hecho cálculos: en aquella época, una barrera de sombra en plaza importante valía unas diez pesetas y Lagartijo le dio doscientas veces ese valor. Hoy, la misma entrada puede costar ciento cincuenta euros, con lo cual la donación equivaldría a unos 30.000 euros actuales. 

En temperamento, Frascuelo era todo lo contrario: extrovertido, sanguíneo, atrevido. Mientras Rafael era la humildad, Salvador era la soberbia. Los lagartijistas decían que Salvador era soberbio por envidioso. Una vez Frascuelo se encaró con los que le abroncaban y al llegar a la barrera Lagartijo le dijo 'tú te vas a perder por la boca'.



Volviendo a su infancia, cuando formaba parte de aquella cuadrilla infantil fue a Andújar a torear. Eso implicaba veinte horas andando desde Córdoba. Debía de tener once años e iba de prestado, con un vestido azul y negro y una montera 'que pesaba más que una maldición gitana'

Fue un éxito, 'le di diez o doce muletazos a mi manera y una estocada hasta las cintas, la gente se volvió loca de tocar palmas'. Recogió sus buenos dineros dando la vuelta al ruedo. Al regresar a Córdoba se le hizo de noche y 'me eché una siestecilla a la vera de un viñedo; cuando desperté me vi solo y desamparado...me habían quitado los dineros, el capote y el vestido'.

Siguió su largo camino hasta la capital 'llorando de hambre y de tristeza'. Al llegar a casa, su padre le esperaba con una rama de acebuche para pegarle unos azotes que el diestro recordaba con su típico gracejo (hoy, al 'Niño de Dios' le costarían una denuncia).

Lagartijo fue uno de los toreros que de chaval pasó muchas horas en el matadero. También lo fueron Paquiro, Lalanda, Pepe Luis, los tres Gorditos y Guerrita. Precisamente el padre de Guerrita era el portero del matadero de Córdoba. Más de una vez corrió a bofetadas a su hijo porque lo encontraba en el patio toreando algún animal antes de ser sacrificado. También toreaba Rafael Ortega en el matadero de Ceuta cuando estuvo más de tres años haciendo el servicio militar. Decía que 'allí las reses venían vivas y la mayoría de ellas embestían'

Vamos a lo que cuenta Lagartijo:

"Con diez u once años nos colábamos en el matadero saltando los pinchos de la verja o arañando la tierra para arrastrarnos por debajo del portalón. Allí, las noches de luna nos hartábamos de torear vacas y becerrotes. Algunas veces nos teníamos que tirar de cabeza a la fuente con agua helada o terminábamos revolcados en el estiércol caliente, todos apestosos. Luego mi padre me molía a palos..."

Igual que a Lalanda, cuando su padre le amenazó: 'como me entere de que has vuelto a torear te rompo una pierna' (recuerden aquí). Como lo de Rafael no fueron las letras, entró a trabajar precisamente en ese matadero pero duró poco. Tenía quince años cuando el alcalde de Córdoba envió esta notificación al jefe de la instalación, que tuvo como resultado la expulsión de nuestro protagonista:



Pero luego siempre será recibido calurosamente por los trabajadores, hasta el punto de que sufrió un accidente en el mismo siendo ya torero de alternativa, en mayo de 1870, vean:



Cuando volvía por allí, practicaba la suerte del descabello, en la que era un artista. Ahí lo tienen apuntillando 'de ballestilla'. Este alarde lo copió de Gordito, igual que lo de clavar al quiebro:



Siempre pedía permiso al público para apuntillar. Algunas veces lo hacía sentado en una silla. Los críticos más serios lo censuraban diciendo que 'eso, en el matadero y no en la plaza de Madrid porque un torero mata con la espada'. En algunas crónicas se dice con sorna que 'al final hizo de matarife'. Como es lógico, a los lagartijistas les parecía de perlas que realizase estos alardes. Lean:

"Bajaba el trapo rojo hasta el suelo llevando allí la vista del animal. Pedía la puntilla, que balanceaba en su mano derecha y, cuando la quietud del toro lo permitía, arrojaba en rápido semicírculo el cachete, que iba a clavarse entre las vértebras del animal, hiriéndole en la médula y echándolo al suelo agonizante, tiesas las patas. El público rompía en oles a Lagartijo y vivas a Córdoba..."

En aquella época la puntilla era cosa del peón destinado al efecto, que hacía su trabajo ataviado con unos manguitos negros (como el que se pone Fernando Sánchez cuando va a pegar el cachetazo, aunque en su caso es de plástico transparente). Precisamente Lagartijo llevó como puntillero en su cuadrilla  durante muchos años a su hermano mayor Francisco ('se viste de torero porque lo hacen sus hermanos pero sólo sirve de puntillero y gracias' decía Neira). En este cartel vemos anunciados a Juan como banderillero y a Francisco como cachetero:



Aquí ven otra imagen del diestro ante un ensabanado, capuchino, botinero y alunarado:



Los dos hermanos pequeños que acompañaban también a Rafael eran Manuel y Juan. Manuel llegó a tomar la alternativa de manos de Rafael en 1879. Estuvo siete años toreando a la sombra de su hermano, quien lo imponía en los carteles. Precisamente en algunas crónicas se referían a él como 'el hermano de su hermano'. Aquí no lo dejan muy bien, es 1885:



Juan, el gran peón de confianza, fue el padre de Rafaelito Molina Martínez, 'Lagartijo Chico'. Murió a los ochenta y un años:



Tuvo que sufrir la desgracia de ver la muerte por tuberculosis de su hijo Rafaelito en 1932, (de quien hemos leído que sus buenas cualidades podrían haberle llevado a entrar en la lista de califas). Ahí lo tienen el día de su alternativa en Madrid con su amigo y tocayo 'Machaquito':



Por cierto, la antigüedad de la alternativa entre los dos Rafaeles se resolvió con un sorteo porque la tomaron en esa misma corrida. Éste es el cartel y abajo de todo se ve el aviso al respecto:



La corrida enviada por el Duque fue muy criticada. Estos son los toros en los corrales, se habló de que eran chotos, cabritos...





Hacía mes y medio que había muerto el primer califa. El sobrino de Lagartijo tenía treinta años cuando falleció. Se había casado con Angustias Sánchez en esta iglesia de san Andrés de Córdoba siendo padrino Guerrita:



Al quedarse viuda, Angustias se casaría poco después con Manolete. Sólo hacía dos años de la muerte de su primer marido, por eso la novia iba de negro.

Observen aquí al sobrino homenajeando al tío con una media lagartijera:



Nos vamos de unas a otras en nuestras divagaciones sobre Lagartijo y corremos el riesgo de marearles. Lo dejamos aquí por hoy y nos despedimos con un cartel de la feria de Zaragoza. La empresa precisaba que el día 17 Chicorro substituía a Lagartijo. Precisamente en la cuadrilla de Chicorro estuvo varios años de banderillero Manuel, el hermano de Rafael.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa. 








lunes, 12 de noviembre de 2018

PINTAS DEL TORO DE LIDIA (10): ¿DE QUIÉN ES ESTE AÑOJO CARETO?

Además de careto, es cárdeno ojalado como pueden comprobar:


Con esos horribles neumáticos al fondo parece de la escudería Mercedes. Entre la chapa de fondo y esas ruedas que están en los primeros cercados que se encuentran al entrar en la finca, más de un lector ya habrá deducido a qué ganadería pertenece. Por si no es así, nos vamos a entretener poniendo algunas opiniones de su propietario, un ganadero que no suele tener pelos en la lengua aunque a veces la boca se le calienta más de lo reglamentario. Díganme si no están de acuerdo con estas afirmaciones que hace:

"Me encanta Francia por el respeto, por cómo te tratan, por las preguntas que te hacen donde ves que son aficionados de verdad, por la gente joven que hay en las plazas..." (Quizás no se refiere a Céret, donde la media de edad se nos antoja cada año más próxima a la de jubilación)

"Si la vaca en el caballo no me gusta, ya puede ser la Virgen María, que va al matadero" 

"No estoy en contra del encaste Domecq pero si al final es el 80% de las corridas, acaba aburriendo. Yo hace años que dejé mi abono en Sevilla"

"No es lo mismo ir a Madrid en san Isidro que en verano cuando sólo están los chinos y los del 7"

Volviendo a nuestro protagonista, aquí lo tienen de cuerpo entero para ir examinando su pinta:


Dejamos para el final nuestra opinión sobre la misma para seguir anotando opiniones de su criador. Es partidario de la bravura 'antigua', no de la que se ve en la muleta que, según los ganaderos comerciales, es donde más sufre el toro:

"El mérito de un toro indultado debería ser su bravura en el caballo; si en el primer tercio no le haces ni sangre, ya podrás decir luego que es bravo y todo lo que quieras pero eso no es"

A ver qué les parece esto que dice sobre el afeitado:

"Proporcionalmente, hoy se saca más punta que se afeita." (Va en consonancia con lo que decía Victorino hijo en un coloquio cuando sembraba la misma duda al decir: "hoy se cría el toro más astifino de la historia mientras que los ganaderos que no ponemos fundas estamos sacando los toros más astigordos en comparación")


Otra alabanza a nuestros vecinos:

"En Francia, si lo haces bien, repites; aquí, algunos pegan un petardo y al año siguiente repiten ¡con dos corridas!"

Es vox populi que muchos novilleros ponen dinero por torear (desde 100.000 euros para que les monten una temporada hasta lo que quieran ustedes subir). Vean lo que dice al respecto:

"De los novilleros ponedores, ninguno o casi ninguno sale adelante"

Sobre los reglamentos, incide en lo que hasta un ciego vería:

"Es una barbaridad demencial que haya tantos reglamentos diferentes" (y ¿no es una barbaridad que según qué autonomía sea haya diferencias a la hora de adoptar un niño, en el precio de los medicamentos, en el sueldo de personas que hacen el mismo trabajo, en los permisos de caza, etc.? Nadie en su sano juicio entiende este despropósito). 

"Manoseamos excesivamente los toros: ponerles la chapa, vacunar de lengua azul, de brucelosis, quitarle la madre, otra vacuna...Al de Bruselas le diría que viniera él a manejar esto; nos complican mucho la vida"

Según esta afirmación deducirán que estamos ante uno que no pone fundas para no marear aún más ¿no? Pues antes era antifundas pero ya se ha convertido a 'la verdadera religión'. Sí que las pone (vayan a este vídeo cuando terminen de leer la entrada):

"No me gustan las fundas pero es verdad que evitan bajas aunque hay toros con heridas internas por peleas con fundas. Pero al que está en contra le diría si él vendrá a pagarme lo que valen los tres o cuatro toros que se me pueden matar en peleas sin fundas cada año. Además ¡siempre se matan los mejores!"

Respecto al futuro de las corridas dice que:

"Lo que hace falta es seriedad, afición, toros íntegros y gente joven en las plazas"

A todo esto hemos olvidado a nuestro pequeño protagonista que, mientras atendíamos a su dueño, se ha hecho mayor, ¿qué les parece? Con el hierro del marqués, se desvela el secreto:


Lo hemos colocado en nuestra sección de pintas porque da pie a ello. Lo de cárdeno, careto y ojalado estaba claro. Del resto diríamos que es salpicado, remendado, girón, coletero y rabicano. Teníamos la duda de calificarlo como aldiblanco pero, aunque podría ser, preferimos dejarlo en salpicado y girón. Alguno de ustedes pensará que era mucho más rápido decir que es cárdeno berrendo remendado pero con nuestra definición creemos que quien no estuviera viendo la foto se haría una idea más correcta de su pinta.

Todas las opiniones transcritas son del señor Moreno Silva quien, como decíamos, no se muerde la lengua. Él siempre dice que 'un toro mío hizo rico a Espartaco porque si no, acaba de banderillero'. Fue aquel 'Precioso' de Alonso Moreno el 15 de mayo de 1985, en tarde de frío y lluvia, cuando compartió cartel con Ruiz Miguel y Emilio Muñoz. Cortó dos orejas por una faena casi toda con la derecha. Ya saben ustedes que lo de Alonso Moreno acabó en el matadero hace seis años.

Sobre sus saltillos, siempre insiste en que:

"Si sale bueno, es el mejor pero si sale malo, el peor; el problema para el torero es que si sale bueno hay que estar a la altura porque todo el mundo lo ve"

A Moreno Silva le han indultado dos toros: 'Tinajero' en Cuenca y el célebre 'Ruidón' en Cáceres. Ahí lo tienen:

FOTO: https://toreart.wordpress.com/

Dice el ganadero que 'ese toro nos hizo la ganadería y él nos la j... porque transmitió la tuberculosis que nos obligó a matar el 40% de las vacas en un saneamiento'.

Dice que tiene un vídeo de la lidia de 'Ruidón' en Cáceres por Ruiz Miguel. Nosotros no lo hemos visto pero él cuenta que

"Ruiz Miguel brindó el toro a Victorino. Le pegó ciento treinta y dos pases y no podía ni irse de la cara del toro porque se le venía. 'Cañaílla' estaba hasta las pelotas del toro. Por aquel entonces mi relación con él no era la mejor pero en un momento que me miró yo le dije con un gesto que hiciera salir al caballo de nuevo. Ahí Ruiz Miguel debió de pensar 'ahora sí que te voy a j... vivo'. Llamó a Martín Toro y puso al toro en el platillo en un ruedo como el de Cáceres, que es de los más grandes. ¡Y el toro se arrancó al galope dos veces más!"

Lo de los ciento treinta y dos pases nos gustaría confirmarlo porque a veces a Moreno Silva le bailan los números. En Céret dijo que sus toros habían ido veinticuatro veces al caballo cuando nosotros contamos dieciocho. Hablando de números, nos ha recordado que el diámetro de la plaza de Tarragona, a veinte metros de donde les escribimos, es uno de los más grandes de España, superior al de la de Cáceres. Aquí, el único indulto que hemos tenido es a un toro de Sorando, 'Cotorrico'. Lo indultó Ferrera en 2002.

El 'Ruidón' de Cáceres no tuvo nada que ver con el 'Ruidón' que en Tafalla hizo pasar las de Caín a Damián Castaño. Fue éste:



No se le fue vivo porque como no hizo faena el reloj no corrió (lo contábamos aquí). La estampa cuando entraba a matar es de corrida del siglo XIX. Había más gente en el ruedo que en el tendido:



José Joaquín Moreno Silva habla claro pero a veces más de la cuenta como decíamos. El año pasado por estas fechas presumía de tener una corrida para Céret y el rumor es que esa presunción molestó a la ADAC. Conclusión: no sabemos si iba a ir pero el caso es que no fue. Recuerden también cuando vacunó a 'Cazarrata' metiéndole pólvora en la sangre (pulsen aquí). El toro se volvió de la piel del diablo y luego el ganadero salió con esa excusa extrañísima de las inyecciones misteriosas. 

Estarán ustedes de acuerdo en que hay ocasiones en que es mejor estar callado ¿no creen?

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.






miércoles, 7 de noviembre de 2018

ESCRIBANO: HAGA LO QUE YO DIGO...

Y no lo que yo hago. Nos referimos a este vídeo donde el torero enseña a Cuesta cómo hay que matar un toro a ley.

Saben ustedes que nosotros consideramos a Escribano el torero con más valor de la actualidad (junto a Roca, aunque lo de éste último cae directamente en la temeridad). Siempre le hemos reconocido su loable actitud yéndose a porta gayola tantas veces que el respetable ya no le da importancia, recuerden lo dicho aquí. Ahí lo tienen en la temible puerta de chiqueros de la Maestranza con un miura perdonándole la vida:


FOTO: EFE

Sin embargo, también le hemos criticado su destoreo fuera de cacho aprovechándose de su enorme muleta, una de las más grandes del escalafón junto a la de Manzanares.

A la hora de matar, se alivia de forma patente cuando estira el brazo, clava a capón casi siempre trasero por ir con la mano alta (recuerden aquí) y tapa la cara del toro con alevosía (recuerden aquí).

A Cuesta, que en tauromaquia lo más redondo que ha visto es un edificio, lo engaña porque le dice algo que él luego no hace:

'Al toro hay que matarlo con todo el pecho'

Efectivamente, como decía Ostos, a los toros 'se los mata con el pecho' y no con el brazo (recuerden aquí). Asesinarlos con el brazo es lo que hacen Escribano, Perera, Manzanares, Cayetano, Ureña, El Juli, Castella y tutti quanti.

Aquí tienen a Escribano matando uno de Prieto de la Cal en Zaragoza con el brazo y no con el pecho. Lógicamente, la espada se va a ir trasera porque lleva la mano por encima de la cabeza de manera grotesca (como Ureña o López Simón):



Cuando enseña a Cuesta cómo perfilarse, ni por bien quedar pone la mano encima del pecho, bajo la barbilla, que es donde debería ir:



Lo decía Montes en su 'Tauromaquia':

'con la mano de la espada delante del medio del pecho'

Pero el titular de la entrada hace referencia a que, cuando simula la estocada con el carretón, fíjense en que NO TAPA LA CARA DEL TORO:



Nada que ver con lo que él hace habitualmente, observen cómo deja ciego a este toro de Miura en Sevilla. Y de nuevo con la mano alta para terminar clavando la espada trasera:



En el vídeo de Cuesta, se acerca al carretón y sigue apuntando con el estaquillador al morro del toro, como tiene que ser (y como hacía siempre el llorado Fandiño):



Pero en la plaza, Escribano no hace lo que predica. Vean la posición del estaquillador cuando mata a éste de Valdellán en Vic:



Nosotros criticaremos siempre ese telonazo al toro porque es un alivio tremendo con el que los toreros tramposos se dan una gran ventaja respecto a aquéllos más honrados que hacen bien la suerte concediendo alguna oportunidad a su oponente. Comparen aquí abajo a Escribano con uno de miura y a Fandiño con uno de Hernando. Al de Miura se le ha hecho de noche, el de Hernando ve al diestro:




El malogrado maestro de Orduña entraba con la mano alta y clavaba a capón, como se aprecia en la foto, por eso también se le iban muchas estocadas traseras. Pero nunca tuvo la desvergüenza de tapar la cara del toro.

Lo de Escribano con Cuesta llama la atención porque nos reafirma en nuestra teoría de que los toreros saben perfectamente cómo hacer las cosas bien y, si no las hacen, es porque no quieren. En el vídeo también dice esto sobre los bajonazos:

'Hay que matar los toros por arriba: yo, si quiero, le pego un bajonazo, pero eso es inviable, no pasa por la cabeza nuestra, ni por la del ganadero, ni por la del que paga por ver una corrida'

Manolo, perla, todos los aficionados hemos visto infinidad de toreros que van a buscar los blandos deliberadamente. Vosotros sabéis perfectamente que hoy sólo interesa enterrar la espada en la carne y se cortan orejas con estocadas bajas o con auténticos bajonazos. Pero Cuesta no tiene ni idea de esto que estamos hablando. 

Nazaré es uno de los catedráticos del bajonazo, observen éste a uno de Raso de Portillo:



Cuesta le podría haber preguntado que, si los toreros respetan tanto al toro, por qué les tapan la cara al matarlos o les buscan los blandos o los estrellan contra los burladeros o permiten que en varas los masacren o les dan tres medias verónicas seguidas para destroncarlos o los afeitan... 

Pero el tal Frank Cuesta no tiene la obligación de saber nada de lo que ustedes y nosotros sufrimos en cada corrida con indignación. Y seguramente es mejor así porque los defensores de los toros que aparecen en el reportaje pasarían muchos apuros para explicárselo.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

sábado, 3 de noviembre de 2018

LAGARTIJO (1): EL DÍA QUE LLORÓ PONIENDO BANDERILLAS

De Lagartijo está dicho todo o casi todo. A pesar de ello, y siguiendo la propuesta de un amigo del blog que debe de ser 'berrendo en lagartijista',  iniciamos aquí una serie sobre el diestro cordobés. En ella divagaremos sobre algunas cosas que ustedes ya sabrán aunque con la esperanza de sorprenderles con otras que ignoraban.

El título de la entrada les habrá llamado la atención ¿a que sí? Y conste que aquella tarde Lagartijo no iba aperreado ya que precisamente tras ese tercio recibió una atronadora ovación. Antes de contar qué pasó aquel día de 1892, convendrán ustedes conmigo en que estamos ante el mejor banderillero del siglo XIX. Eso no lo vamos a discutir. De casta le viene al galgo ser rabilargo porque Lagartijo era hijo, sobrino y nieto de banderilleros (nos referimos a su padre, que se hacía llamar 'El Niño de Dios', y a su abuelo y su tío maternos, que llevaban el apodo familiar de 'Poleo').



Algún lector está pensando en Guerrita o Fuentes banderilleando pero nosotros los ubicamos por debajo de nuestro protagonista. Para banderillear bien son imprescindibles tres cualidades: facilidad, elegancia y valor. A sus colegas les faltaba esa elegancia que, en Lagartijo, era algo natural que ni él mismo sabía explicar. De hecho ¿cómo explicaríamos qué es la elegancia en el vestir, en el rodar en bici o en el torear?

La elegancia al banderillear implica dos cosas: andar sin prisas y clavar sin violencia, o sea, no correr como Zatopek ni clavar como si quisieras atravesar el toro. Las banderillas hay que dejarlas con suavidad, casi diríamos que hay que depositarlas. Por eso no nos gustó nunca la fuerza con que clavaba ese gran banderillero que fue Víctor Mendes (hoy vemos esa violencia en El Fandi, en Ferrera, en Chover... mucho valor y gran facilidad pero ninguna elegancia).



La foto que ven aquí encima es de la última vez que el maestro pisó un ruedo. Estamos en un festival en Madrid el 6 de julio de 1899, un año antes de su muerte. Se dispone a poner un par al sesgo como habrán deducido. Fíjense en cómo estaba la plaza. Lo que sucedió lo contaremos en otro capítulo de esta serie.

Los frascuelistas ya están pensando en que vamos a montar un panegírico a Su Majestad el Rey Rafael I, que es como empezó a denominarlo Cavia (luego se inventaría con más fortuna lo de Califa, quizás en un momento de sobriedad entre sus fenomenales borracheras):



Esos frascuelistas nos dirán: 'seguro que no va a hablar del paso atrás'. Pues como nos hemos propuesto divagar sobre el maestro, ahora mismo vamos a tratar lo de su tan criticado paso atrás en el momento de arrancarse para matar.  

Rafael empezó matando de una manera que llamaba la atención. Se tiraba entre los pitones, muchas veces no cruzaba y salía trompicado. Siempre lo hizo al volapié y dejaba estocadas hasta los gavilanes. Era alabado por tirios y troyanos. Se cuentan con los dedos de las manos las estocadas que Lagartijo realizó en la suerte de recibir (dos de ellas, en Bilbao). Frascuelo, en cambio, las recetaba cada tarde, algunos creen que para humillar al cordobés. Los lagartijistas le quitaban mérito y decían que no hacía bien la suerte porque se movía más de la cuenta y le salían estocadas aguantando. Tomás Orts, que antes de firmar 'Uno al Sesgo' lo hacía igual que el padre de Lagartijo ('El Niño de Dios') era de éstos. Fíjense en lo que decía de Frascuelo:

'Salvador ha inventado una nueva estocada, la estocada aguantando, que es hermana bastarda de la recibiendo. En su vida de matador, Frascuelo no habrá muerto en regla tres toros recibiendo; además, no sabe salir por el rabo, sale por la cabeza y eso es deslucir la estocada, lo saben hasta los niños de pecho'

¿Qué les parece? Por su parte, Neira dice esto de Lagartijo:

'Ni ha aprendido ni probablemente aprenderá a recibir toros, suerte principal del toreo, y no es torero perfecto quien la ignore. Aunque es posible que termine desapareciendo por no ejecutarla ni él ni otros muchos matadores'

Volviendo a Rafael, sus buenos volapiés duraron poco, concretamente los primeros ocho años de alternativa. Fue así porque, como él mismo reconocía, tenía una enfermedad y la curó con el paso atrás.

El tranquillo lo usaba perfilándose siempre muy cerca del toro. Daba el paso atrás antes de arrancar como si no tuviera más remedio por la cercanía del morro del toro. Tras ese impulso hacia atrás, no iba recto y por derecho sino que cuarteaba. Tenía la habilidad de dejar la estocada muchas veces en buen sitio aunque no enterrada del todo, como es lógico. 


De ahí viene lo de las medias lagartijeras, que no son otra cosa que medias estocadas letales. Se decía que Lagartijo sabía pescar peces sin mojarse el c... 



Lo de la enfermedad se lo contó el diestro a Peña y Goñi, que era donostiarra y frascuelista de nacimiento. Se encontraron de cara en el bulevar de San Sebastián cuando el maestro paseaba con Romero Robledo y seguido por una cohorte de admiradores. 


Peña y Goñi 

El político saludó al revistero y le dijo 'hombre, ahora es la ocasión de que usted, como frascuelista, hable de toros con Rafael'. Se pueden imaginar el papelón del director de La Lidia al tener que jugar ese partido en campo contrario. Estuvieron un par de horas departiendo. Lagartijo se mostró correctísimo y, en un momento dado y sin que nadie se lo pidiese, dijo 'y ahora voy a hablar del paso atrás'. Se hizo un silencio sepulcral. Es como si estás hablando con El Juli y de pronto dice 'y ahora voy a hablar del julipié', o Manzanares que diga 'y ahora voy a hablar de mi toreo fuera de cacho' o Talavante que te salga con 'y ahora voy a decir cuánto cobraba y cuánto quería cobrar'


El estoque de Lagartijo en una foto del ABC

Cedemos la palabra al maestro:

"El Tato me lo dijo una vez: 'chiquillo, cuando uno está enfermo tiene que tomar una medicina'. Pues ¡ahí tiene usted el paso atrás!"

En nuestra modesta opinión, a Lagartijo se le fue evaporando el valor que tenía en sus comienzos a la hora de matar. Por eso cuarteaba y de ahí que echase el pie atrás. Y por eso su cuadrilla quebrantaba los toros más de lo debido con recortes excesivos. Don Modesto decía que Juan Molina Sánchez, su hermano y peón de confianza durante toda su vida, "mataba más con el capote que Rafael con el estoque". Toda la soltura, la facilidad y el valor que exhibía el maestro con la muleta desaparecían cuando entraba a matar.



Ése es el motivo de que los frascuelistas lo despreciaran diciendo 'bah, ése no es un matador, sólo es un torero'. Aunque debe reconocerse que los frascuelistas siempre fueron más comprensivos con su rival que los lagartijistas con Frascuelo. Éstos eran más religiosos, les costaba reconocer los méritos del de Churriana y, cuando algún crítico ponía bien a Frascuelo, inevitablemente era que estaba comprado. Eran habituales aquellos gritos de '¡Viva Córdoba!' mientras toreaba el granadino. 



Volviendo a lo que nos ocupa, que es la habilidad de Lagartijo como banderillero, fue precisamente un par que puso en Madrid el 13 de septiembre de 1863 lo que le lanzó a la fama. El toro correspondía a Gordito y Rafael tenía veintiún años. Gordito pasa por ser el inventor del par al quiebro. La idea le vino de cuando vio en Portugal los recortes a toros embolados. El primer quiebro lo hizo en Sevilla, era abril de 1858. En Madrid lo repitió en 1861 y la novedad entusiasmó al tendido. Gordito se aprovecharía de ello para imponer en los carteles a sus dos hermanos, José y Manuel. Con ambos había ido de peón nuestro protagonista.



Precisamente había sido uno de ellos, José, quien avisó a Antonio de que había visto a Rafael con 18 años poner un par al quiebro en Algeciras. La tarde de 1863 en Madrid Lagartijo actuó gratis por deferencia de la empresa, que era quien montaba las cuadrillas y éstas ya estaban completas. El toro era de Antonio Miura. unos dicen que era el segundo y otros el tercero. Se llamaba 'Tejón' y venia de matar tres caballos en quince varas.

El caso es que Lagartijo lo quebró 'con precisión, serenidad y gallardía', como dijo la crónica. Ese mismo año probó la misma suerte Frascuelo en Chinchón y se llevó una cornada en el muslo que lo mantuvo tres meses en cama.

Rafael repitió la suerte muchas veces como torero de alternativa. Solía colocar un pañuelo en el piso para hacer el quiebro detrás de él y volver a ponerse encima cuando había pasado el toro. A veces ponía la montera, como vemos en esta estampa de Gaona también al quiebro:



El día que lloró no clavó al quiebro sino cuarteando al uso. Han pasado casi treinta años, estamos en Madrid el 5 de junio de 1892. Se anuncian los diestros Lagartijo, Espartero y Lagartijillo (nada que ver éste con nuestro protagonista ya que era un torero granadino protegido por Frascuelo). Los toros son... ¡de Lagartijo! 

Efectivamente, en la finca Cercada de Rabanales pastaba la ganadería que el diestro criaba procedente de las ciento cincuenta vacas que compró a Cunha en Portugal (a Paulinho y no a Rafael José como se pone en muchos sitios, ya que había muerto tiempo antes de la compra). Éste era el hierro:



Las primeras retientas las hizo con Frascuelo. Aquello era Vázquez procedente de lo de Fernando VII. Quiso comprar un semental al duque de Veragua pero éste se negó a vender y fue Miura quien le regaló uno. Junto a otro de Laffite hicieron de sementales. Se presentó en Madrid el 15 de junio de 1884. El maestro quería anunciarse como Cunha pero la empresa no quiso y puso  como reclamo su nombre completo así: Toros de la ganadería de Don Rafael Molina (Lagartijo). La cosa no fue muy brillante que digamos aunque los toros que le salían eran de bonita lámina:



La tarde en que lloró, sus toros fueron bueyes que huían de todas las maneras posibles. El tercero, de nombre 'Coral', fue fogueado. Rafael tenía que oírse las burlas del respetable. El gesto del torero mostraba una gran desmoralización  aunque contenida porque su carácter no era como el de Frascuelo. La puntilla llegó con el sexto, 'Barrilero'. Cuando la corrida podría haber terminado con pena y sin gloria resultó condenado también a fuego. Lagartijo cogió los palos y, tras poner el primer par, las crónicas dicen que 'el público se olvidó del ganadero en ridículo para aplaudir al maestro banderillero'.

Con lágrimas de rabia y amargura en los ojos, puso un primer par excelente, un segundo bueno y un tercero colosal, ¡los tres por el pitón derecho! Ese tercer par fue citando con la voz, dejándose ver y clavando 'con dulcísima facilidad'.



Aurelio Ramírez cuenta que

'el ídolo fue festejado, reverenciado; aquel par pasaría a la historia como la venganza sublime de un torero' 

Mientras Rafael iba hacia la barrera se mezclaba la gran ovación con sus lágrimas porque esa corrida rubricaba sin remisión su fracaso como ganadero. 

Era su segunda gran amargura puesto que la primera, y gorda, había tenido lugar el 26 de diciembre de 1888 en un festival en su Córdoba natal. El peón Manuel Martínez 'Manene', que llevaba en su cuadrilla, resultó corneado por uno de los novillos de su ganadería y murió a consecuencia de las heridas.  El maestro quedó muy afectado.



Cuatro años después, la corrida de Madrid había certificado su desastre como ganadero a la vez que su gloria como banderillero...¡fogueando un toro que él había criado!

Vendió algunos ejemplares a Trespalacios y el resto lo envió al matadero. Pasará a engrosar la larga lista de toreros que han fracasado cuando se metieron a ganaderos.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.