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miércoles, 8 de abril de 2020

CENTENARIO DE LA MUERTE DE GALLITO (6): ¿BELMONTE O GALLITO? ¿CUÁL DE LOS DOS TIENE MÁS VALOR?

¿Cómo podemos calibrar el valor de ambos para llegar a una conclusión? Vamos a utilizar la sencilla taxonomía de un gran aficionado mallorquín cuyos libros hemos recomendado muchas veces por aquí, don Guillermo Sureda Molina.


FOTO: Antoni Esplugas (ARXIU NACIONAL DE CATALUNYA,
Departament de Cultura de la Generalitat)

Aquí tienen tres, todos excelentes. Son de esos libros que se leen con el lápiz en la mano y que te obligan a pensar ya sea para dar la razón al autor o bien para discutir con él.




El juicio sobre el valor de un torero tendrá en cuenta tres variables:

- Su valor técnico
- Su valor estético
- Su valor histórico

Decía Sureda que estos tres valores podían ser independientes entre sí. Por ejemplo, un torero podía tener muy buena técnica pero ser antiestético (Lalanda). O tener mucha estética pero poca técnica. Esto tiene su miga porque si entendemos la técnica como la capacidad lidiadora, obtendrían una nota baja los toreros denominados artistas o esos toreros gitanos que despreciaban la técnica. Pero si el valor técnico también reside en aplicar toreo de pata negra al toro que se presta a ello, esos mismos artistas suben bastante la nota, ¿no les parece? 

Se puede, en fin, ser un torero excelente en la técnica y notable en la estética pero no gozar de valor histórico. ¿Sería éste el caso de Gallito?

Para aclarar la cuestión, diremos que el valor histórico de un torero lo mediremos por su influencia en el devenir de la fiesta, es decir, la trascendencia que haya tenido su forma de torear. Ese valor histórico se mide también por la cantidad de toreros que habrán deseado seguir el camino de quien haya significado algo memorable en la evolución de la Tauromaquia.



Supongamos una graduación del 1 al 10 para calificar ese valor histórico. Circunscribiéndonos al siglo XX, ¿qué toreros merecerían un 10 en ese valor? Recordemos que se trataría de evaluar cómo han cambiado la forma de torear, cosa que se deduce de la cantidad de imitadores que hayan tenido en el nuevo camino que han abierto.

En nuestra opinión, los dos únicos que merecen el 10 son estos dos de abajo: 




De los recientes, pondríamos un 9 tanto a José Tomás como a El Juli. Por supuesto que no se contempla en esta valoración el gusto personal. 

Además, en el valor histórico influirían muchas variables que desechamos de entrada porque cambian según la época. Serían tales como el tipo de toro, el tipo de público, los críticos taurinos coetáneos, el concepto estético del toreo, la capacidad de conmover del maestro, etc. Incluso algunos toreros han toreado diferente al principio y al final de su carrera. Estos aspectos no pueden entrar a la hora de valorar simplemente esa trascendencia histórica del torero a que nos referimos en ese tercer valor que planteaba Sureda.

Dicho lo cual, ¿a ustedes se les ocurre otro torero del siglo XX que se haga acreedor en valor histórico al 10 aparte de los dos citados?

Gallito, no. Él culminó la forma digamos 'antigua' de torear, fue su máxima expresión. Pero ese camino quedo barrado por el Nene de Gelves aunque de manera brillantísima, eso sí. Es algo similar a los puntillistas, que llevaron la pintura a un callejón sin salida del cual la sacarán tres genios como Munch, Cézanne y Van Gogh.

Por supuesto que en valor técnico Gallito obtendría... ¿el 10? Pues tampoco. En nuestra modesta opinión lo dejaremos en 9 por su deficiente modo de estoquear (y casi estaríamos por bajarle aún más la nota ya que mataba bastante mal). Es un tema que tenemos pendiente en esta serie que le estamos dedicando en nuestro modesto blog y que iniciábamos aquí.


Gallito el 9 de mayo de 1915 en Madrid

¿Y respecto al valor estético? ¿Qué nota pondrían ustedes a Belmonte y a Gallito? Aquí nos retiramos al callejón tras dejarles el toro en suerte. Cojan los tres valores que hemos apuntado más arriba, califiquen con un número del 1 al 10 a los dos maestros, dividen por tres y ahí tendrán la respuesta a la pregunta del titular.

Ya que estamos divagando sobre lo técnico, lo estético y lo histórico, podemos entretenernos en hacer una clasificación de algunos toreros del siglo XX siguiendo esos tres ítems. 

Pensemos a vuelapluma en los siguientes: Gallito, Belmonte, Chicuelo, Lalanda, Domingo Ortega, Pepe Luis, Manolete, Luis Miguel, Rafael Ortega, Antonio Bienvenida, Antonio Ordóñez, Camino, El Viti, Ruiz Miguel, Curro Romero, Ponce, José Tomás, Morante y El Juli.



Por nuestra parte,  hemos hecho un cuadro con el nombre de cada torero más cuatro columnas, una con cada valor y la tercera con la media. No se preocupen que no vamos a aburrirles con el resultado de nuestros cálculos. No obstante, para que no nos acusen de que nos tapamos o nos aliviamos cuando hay que entrar a matar, apuntamos a continuación la clasificación que ha resultado de nuestra particular evaluación. Los toreros que figuran en el mismo grupo son los que han conseguido igual puntuación, o sea, que tendrían un valor equivalente en la historia de la tauromaquia combinando los tres factores valorados:

1. Belmonte y Manolete


Pasaporte de Manolete donde pueden ver su estatura 

2. Gallito 



3.  José Tomás
4. Pepe Luis, Ordóñez, Rafael Ortega


Ordóñez en 1966

5. Chicuelo, Antonio Bienvenida, Camino, El Viti, Curro Romero


Camino en 1974. Según él, la verónica tenía que ejecutarse
siempre sin levantar el pie de la pierna interna

6. Domingo Ortega, Luis Miguel, Ponce, Morante, El Juli


Domingo Ortega en Valencia yéndose al rabo como solía (1931)

7. Ruiz Miguel
8. Lalanda


Estocada de Ruiz Miguel a uno de Miura en 1974

¿Qué les parece el ránking que nos ha salido? Pues ya nos hemos entretenido con este divertimento a cuenta del centenario de la muerte de Gallito y de la lucha fratricida entre los partidarios de Maravilla y los de Cataclismo. No pretendíamos otra cosa. 

Aunque ustedes no hayan perdido su tiempo en puntuar todos los toreros de la lista, por lo menos lo habrán hecho con José y Juan, qué menos... ¿Quién les ha salido vencedor? No vale retorcer los datos para que resulte un empate, que conste.

Sabemos que la simplificación de lo comentado en esta entrada puede dar lugar a todo tipo de precisiones por su parte, para lo cual tienen a su disposición la sección de comentarios aquí abajo. Ha sido, como decíamos, un divertimento. 

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


domingo, 5 de abril de 2020

LAMENTACIONES DE TRES TOREROS

No son como las lamentaciones de Jeremías pero casi. Las recordaremos hoy aunque son de 1970. Han pasado cincuenta años y el planeta de los toros sigue con las mismas golferías que ellos denunciaban entonces.

El primer diestro es este hombre:



El aragonés Fermín Murillo. Hablábamos de él en nuestro modesto blog porque fue uno de los valientes que tomaron la alternativa con miuras (recuerden aquí). Se retiró en 1966 pero volvió un par de veces a pesar de tener la vida bien resuelta con su empresa de transportes, salvo que alguien mejor informado nos rectifique. 


En Barcelona en 1965

Cuando se marchó coincidió con la primera retirada de Antonio Bienvenida y se comentaba que a ver quién iba a matar los toros de Miura sin ellos dos en activo.

Estarán ustedes de acuerdo en que los grandes protagonistas de la corrida son el toro y el torero, ¿no? Pues Murillo decía esto:

'Ninguno de los dos manda ya en la fiesta. Sobre todo con nosotros, los toreros, juegan como quieren a pesar de lo que la gente crea'

¿Y eso por qué? Sigue el maestro:

'Nos dejamos mandar porque en la arena somos muy hombres pero en la calle  no lo somos lo suficiente. En la calle somos unos peleles'



Claro Fermín,  pero es que recordarán esta entrada donde Bernadó nos decía que 'si hablas, no vuelves a torear'. Murillo detectó claramente el cáncer:

'La fiesta está monopolizada, unos cuantos señores la dirigen y excluyen cualquier competencia lícita'

Recordemos que esto lo decía en 1970. 

El otro maestro es éste a quien ven con un rabo que cortó de novillero en Valencia en 1965:



El salmantino Agapito Sánchez, Bejarano. Su apodo obedece a que nació en Colmenar de Montemayor, al lado de Béjar, donde su padre era mayoral de manso. No tiene nada que ver con Luis Fuentes Bejarano como no sea que ambos fueron estupendos estoqueadores.

Como escribimos desde Tarragona, les informaremos de que la primera vez que Agapito se puso ante una res brava fue en el pueblo de Santa Bárbara, al lado de Amposta. En el Cossío de bolsillo ponen mal la fecha de su alternativa: fue en 1967 pero no el 25 de mayo sino el 20, de manos de El Viti y con Tinín de testigo:



Esta foto de abajo es de su gran triunfo en San Sebastián con los pablorromeros en agosto de 1972:



Pegó dos estocadas excelentes, marca de la casa, pero en la de su segundo el toro lo prendió y lo hirió seriamente. Le llevaron las dos orejas a la enfermería:



Sánchez Bejarano tiene un récord difícil de batir. Se presentó en Madrid de novillero y cortó una oreja. Repitió a los dos meses y cortó dos y lo volvieron a anunciar días después y cortó tres. A ver quién iguala eso. Coincidían muchos en que iba para figura pero se quedó a medias. 

Esta foto de abajo es de una tarde histórica, la del 25 de mayo de 1967. Él era el tercero del cartel en que Rafael Ortega hizo una de las mejores faenas de su vida pero quedó eclipsada porque Curro Romero se negó a matar uno de los dos de Cortijoliva que completaban la corrida de Higuero. Acabó en el cuartelillo 'comiendo gambas' según decían las malas lenguas. El toro hizo cosas de manso y el faraón sostuvo que estaba toreado. Lo mismo sucedería veinte años después, el 12 de julio de 1987. Además aquel día Paula se dejó otro toro vivo y la corrida se saldó con seis broncas, Antoñete incluído:




¿Se han fijado en que ni Murillo ni Bejarano se retuercen al torear? Es que hoy muchos confunden la hondura con hacer el sacacorchos con el cuerpo y arrastrar la muleta. A Agapito lo apoderó don Manuel Escudero, ¿qué diría él de las grotescas posturas con que nos castigan hoy los diestros?

Sus lamentaciones comienzan cuando valora así la situación de la fiesta en 1970:

'La fiesta está en muy buena situación para El Cordobés, Ordóñez, Camino, Palomo y El Viti. Para los demás, muy mal'

Cambien esos cinco nombres por los cinco que están pensando. A la pregunta de qué pasa por dentro responde:

'Las oportunidades son para los cinco o seis de siempre. Las ferias se hacen en octubre sin tener en cuenta los méritos de cada uno. No hay justicia para los modestos' 

Moreno Silva contaba que en un viaje en avión iba sentado detrás de una de nuestras grandes figuras y su apoderado. Hablaban con toda libertad porque no se habían percatado de su presencia. Pues dice que él escuchó cómo estaban montando la temporada del año siguiente con corridas, ganaderías y compañeros de cartel. Y no le sorprendió nada que, al cabo del tiempo, la coincidencia resultaría casi total.



Como no hay dos sin tres, añadimos una última y breve lamentación de este hombre que exhibe una oreja cortada en Barcelona a uno de Tassara en 1963:



Vicente Fernández, El Caracol, alicantino de Almoradí. En muchos sitios dicen que era gitano pero no del todo, 'solamente en un 12%' como él mismo aclaraba:



Con 19 años se tiró de espontáneo en Alicante a un toro de Luis Miguel:



Torero con pellizco, no dejó indiferentes a los que tuvieron la oportunidad de verle. Prueba de ello es que lo apoderó un ex torero, el hijo de Gregorio Corrochano, Alfredo. Aquí ven a Corrochanito hablando y a la derecha a Vicente, escuchando:



No cumplió las expectativas que había generado por culpa de las cornadas (nueve en los primeros siete años de alternativa). Decía que era porque él toreaba toros, 'no becerros como otros'. La lamentación de El Caracol es sólo una frase, ésta:

'Han convertido el toreo en un oficio de albañiles en el que sólo interesa cortar orejas'

Ya me contarán si no tiene la misma actualidad que las quejas de los otros dos diestros. El Caracol escribió su autobiografía en colaboración con Blas de Peñas:



Esa foto tiene que ser de su presentación como novillero en Madrid con patasblancas de Barcial. Que sepamos, es el único de los tres toreros de nuestra entrada que sigue vivo a sus ochenta años.

Es bien triste que esas lamentaciones parezcan escritas ayer por toreros en activo, ¿no les parece? Nada ha cambiado. El mundo de los toros sigue siendo donde más golfos hay por metro cuadrado. En proporción, más que en la política. Y se preguntarán ustedes qué papel hacemos los aficionados en este circo. Pues el mismo que en 1970, ni más ni menos. Lo explicaba entonces una chirigota gaditana que hemos recordado leyendo el libro que figura más abajo:


EL TOREO ES UNA FAMILIA:
EL ESPADA ES EL PADRE,
LOS HIJOS, LA CUADRILLA,
Y EL APODERAO, LA MADRE.

EL EMPRESARIO ES LA SUEGRA.
EL MOZO DE ESPADAS, EL TÍO,
Y QUE NADIE LO DUDE:
EL AFICIONAO ES EL PRIMO. 

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



jueves, 2 de abril de 2020

LAS VERDADES DEL TOREO DE VERDAD (22): ¿CÓMO HAY QUE COGER EL CAPOTE?

Alguno de ustedes dirá que como el maestro quiera, que para eso es quien se pone delante. Hombre, en ese caso no hay nada más que hablar. Pero es que en la Tauromaquia no deberían hacerse las cosas como uno quiere sino como Dios manda. Por esa razón uno no estoquea como le viene en gana sino que se somete a unas normas.

No obstante, la estocada es la suerte que exige mayor rigor en su ejecución. Lo de coger el capote no es tan rígido y aquí entra un componente de gusto personal pero también de riesgo y exposición al lancear como explicaremos al final.

En la entrada anterior poníamos una foto de Rafael de Paula y les decíamos que se fijaran en un detalle sin aclararles cuál. Se trataba de darse cuenta de lo bien que cogía el capote. Ésta era la imagen:



¿Cómo hay que cogerlo? Nosotros somos de la escuela de Romero. Él decía que 'la forma de cogerlo es un poquito así, lo más cerca de la esclavina y cortito'. Ahí lo tienen:



Ustedes nos preguntarán que cuál es exactamente la distancia correcta respecto a la esclavina. Pues se lo preguntaron a uno de los mejores veroniqueadores de posguerra y dio dos respuestas diferentes, de las cuales nos quedaremos con la que preferimos. Es éste que ven:



Manolo Escudero. En una ocasión dijo que había que coger el capote a una cuarta de la esclavina y en otra, que a dos. Esa medida es la cuarta parte de una vara y una vara son 83 cms. Por consiguiente, estamos hablando de 20 cms. en un caso o 40 en el otro. Nosotros nos quedamos con una cuarta, esto es, menos de un palmo. A eso se refiere Curro cuando dice cortito. Recordemos al faraón:



Cuando empezó no lo cogía así, con el tiempo fue juntando las manos. La siguiente foto no le hará mucha gracia si lee estas líneas pero la ponemos para que comprueben la diferencia. Pertenece a mayo de 1957, su presentación en la Maestranza:



En ésta de abajo, en cambio, se aprecia claramente lo de la cuarta al lado de la esclavina, menos de un palmo:



El maestro contaba a Antonio Burgos que: 

'Sivianes, uno de Camas, me dice que yo toreo cada vez con las manos más cerca de la esclavina y que me retiraré cuando llegue a torear con las manos completamente juntas cogiendo el capote'



El otro que cogía el capote de maravilla es el que daba pie a esta entrada, ahí lo tienen:



Ambos lo cogen como Dios manda, 'a la esclavina'. Y con todos los dedos, dejando por abajo sólo el pulgar, como tiene que ser (aunque Paula escondía el índice derecho en la primera imagen, no sabemos por qué). 



Qué pocos son los toreros que cogen bien el capote hoy en día. Abren los brazos y lo agarran casi a medio metro de la esclavina. Más que cortito es 'larguito'. Pero es que encima estamos cansados de ver esos capotes descomunales que usan, fabricados en los astilleros de Bazán. 

Aquí tienen a uno que exhibe uno de los más grandes de la historia (Manzanares):




Otro que tal baila aquí, abajo. Con su capote torearía Polifemo en la isla de los Cíclopes. Las manos, a una vara de la esclavina (El Juli):



Morante, largo también. Recuerden que Paula lo acusaba de no saber coger el capote y dice que fue él quien se lo explicó, naturalmente:



No vamos a aburrirles con la larga lista de toreros actuales del mismo corte pero de ella quitamos a uno que no merece figurar, ahí lo ven:



Es Jiménez Fortes con el capote bien cogido. De los pocos hogaño... ¿o quizá el único?

Además estos capotes modernos 'parecen hechos de lona', como también decía Curro. Nada que ver su forma de volar con la de los antiguos, cuyo recuerdo nos invadió fugazmente viendo lancear a Frascuelo en Céret. Observen que su capote se desplegaba sedoso:



Como curiosidad, decirles que en un festival en Tarifa el año 1972 con Ordóñez y Paula, Romero fue desarmado al entrar a matar y cuando vinieron a hacerle el quite, arrebató el capote a su peón y entró a matar con él. 

Se nos dirá que grandes maestros de otro tiempo también cogían el capote muy largo. Hay verdad en eso, ahí tienen a Pepe Luis Vázquez, que se caracterizaba por ello:



Observen aquí a su hermano, bastante más recogido, a dos cuartas:



Cogiéndolo más largo, si en el momento del embroque se bajan las manos y se juntan más o menos los brazos, el resultado puede ser una verónica plena de empaque, como ésta suya que vemos:



Chicuelo también largando mucha tela:



Manolete, lo mismo:



Y Antonio Bienvenida:




Se preguntarán por qué casi nadie coge el capote recortadito como Romero o Paula. Pues sencillamente porque hace falta mucho valor para cogerlo así. No, no es broma. Si nos permiten, nos explicamos.

El toreo de capa es el más difícil. Hay que jugar con las dos manos y no con una, además de hacerlo ante un toro que conserva toda su pujanza. Cedemos de nuevo la palabra al que sabe de esto, que es Romero:

'El capote tiene más exposición que la muleta, con ella tiene uno más defensa pero con el capote no puedes pegar estirones ni toques para dejar el toro ahí quieto'

Cogerlo cortito implica largar menos tela. Estás más expuesto al toro y en esa situación, como decía Curro, 'hay que torear más con las muñecas y con la cintura, de cadera a cadera'

¿De quién aprendería a coger el capote así? Pues de este hombre:




Curro Puya, Gitanillo de Triana, el mago del capote: 'ese capote recogido mío, como cogido con dos deditos, lo cogí de fotografías de Curro Puya...es que luego además se dormía con él...' 

Añadiremos de nuestra cosecha que a Gitanillo lo protegía Belmonte cuando empezó. Tan es así que se presentó en la Maestranza de novillero con un vestido prestado por Terremoto, a quien brindó un novillo. Como la cosa se le dio bien, al dar la vuelta al ruedo se paró ante la localidad de Juan y agarrándose la chaquetilla le gritó '¡Pa mí!' Y nunca se lo devolvió.

Los diestros de hogaño no demuestran tanto valor como Paula o Romero para enseñar menos tela y exponerse ante ese toro que tiene todavía todo su poder. Aunque los que lidian nuestras figuras acostumbran a venir picados del campo como ustedes saben de sobra. De nuevo el faraón decía sobre esto que 'como hoy el toro tiene menos casta, puedes salir a pegarle lances en seguida antes de ver cómo es ni lo que va a hacer'



Efectivamente, señores, recuerden a Manzanares con Dalia de Victoriano en la Beneficencia de 2017. Lo lanceó de salida con su monstruoso capote mientras el toro embestía pastueño, como si ya llevara dos puyazos. No les engañamos, pulsen aquí y comprueban eso y de paso se fijan en cómo coge la capa.

Lo que abunda hoy son capotes descomunales manejados por brazos abiertos como los del gigante Briareo. Personalmente, no nos gusta y además lo consideramos un alivio. 

Si a pesar de todo lo dicho siguen creyendo ustedes que únicamente es cuestión de gustos, nuestro gusto es el capote de pequeñas dimensiones, no almidonado y cogido a una cuarta de la esclavina o menos.

Pero esas tres condiciones sólo son para toreros valientes.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.