En la entrada anterior Joaquín Vidal nos hablaba de la temporada en ciernes. Para acabar de diseccionar el estado de la afición en la que se suele denominar primera plaza del mundo, les apuntaremos algunas opiniones de abonados a la misma. Son aficionados que unen a su condición de paganos la de selectos lectores de nuestro insignificante cuadernillo.
Aquí tienen una muestra que hemos rescatado de comentarios que gentilmente nos han ido enviando. Sus diferentes autores seguro que recuerdan sus palabras. Los que no acudimos habitualmente a Madrid siempre agradecemos que nos cuenten estas situaciones vividas desde dentro:
- Sobre los aficionados de aluvión:
'Digamos que la progresiva desaparición, o al menos el adelgazamiento de la masa de aficionados, debida en parte a un cambio generacional, ha ido acompañada por que desde hace años, en Madrid, está de moda ir a los toros. Eso, en sí, es una buena noticia. Pero con ello aparece un sinfín de dificultades. Llegan a la plaza oleadas de espectadores que van por primera vez, sin llegar de la mano de nadie, ni de padres, ni de abuelos... Además, son urbanitas sin conexión alguna con el campo, para ellos todos los toros son iguales. Llevan a la plaza la euforia de otras aficiones y con ella la necesidad de ver cosas extraordinarias de manera inmediata. Tiene que haber triunfos, nadie quiere empates a cero. No están dispuestos a esperar pacientemente la revelación del toreo, la aparición de un Antoñete, por ejemplo. Son los que gritan enfervorizados cuando la espada se entierra en lo negro, aunque sea en el costillar. Esto no tendría importancia si no fueran tan numerosos, si la plaza estuviera más equilibrada'.
- Sobre el contagio:
'Mucho público del más asiduo y también mucho buen aficionado, sobre todo joven, se está contagiando de maneras un poco extrataurinas, si se puede decir así. Me explico: detecto en buenos aficionados el ansia de asistir a corridas históricas, como las que oyen relatar a sus mayores (que si Bienvenida, que si Camino, que si El Viti…). De ahí, por ejemplo, el empeño en convertir a Morante en un superhéroe sea como sea. Otros están obsesionados por la defensa de la fiesta, por asegurar que perdure, y prefieren verla desnaturalizada (cierran los ojos) a ver las plazas vaciarse. Así que bienvenido todo el que ocupe una localidad y dejemos que se diviertan'.
- Sobre el triunfalismo barato:
'El ambiente en Las Ventas es guerracivilista y cualquier cosa hace que se desate el manicomio. Suele verse el pedir orejas para fastidiar a un sector muy concreto de la plaza o también para acusarles de que un torero ha sido cogido por culpa de sus protestas. Se les acusa de tener dos varas de medir y de protestar de manera desaforada o cuando no toca.
'En fin, que así está la cosa y así el nivel de exigencia. Público clavelero y de aluvión contra un sector otrora crítico y docto, que ahora más bien parecen hooligans. Si a esto sumamos la llegada de jóvenes etílicos que deben de pensar que el Cossío es una marca de camisas de lino o de mocasines, el resultado es que la plaza se ha convertido en un frenopático. Da la sensación de que va a la deriva entre la lluvia de casquería y las broncas futboleras.
'Madrid siempre ha sido dura y muy exigente pero lo era de forma coherente y, sobre todo, entendida. Yo recuerdo de pequeño callar y escuchar, aprendiendo mucho en el proceso, porque de verdad había gente que sabía. Estos, o se han ido porque la vida pasa, o los han echado de la plaza. La deriva actual de triunfalismo barato, figuras de mazapán y toros borreguiles, tampoco ayuda'.
- Sobre los protestantes más jóvenes:
'Queda una afición cabal todavía numerosa repartida por los tendidos. Muchos están en el siete, claro, pero no únicamente. Ni siquiera el siete es uniforme ni está ya ocupado enteramente por la Asociación El Toro de Madrid. Una parte de la afición cabal reacciona con vehemencia a lo que ve, como siempre se ha hecho. Y dentro de esa afición, una parte pequeña, en general muy joven, está alteradísima y lo expresa con mucha vehemencia. Tienen razón a veces en el fondo pero la pierden en parte por las formas y por los momentos que eligen para protestar (tengo a muchos de ellos sentados detrás de mí). Son jóvenes y no siempre aciertan. Más de una vez he visto a buenos aficionados mayores de localidades cercanas que les piden silencio o calma. Hay además muchos otros pendientes de las barbaridades de lo que llamaríamos “nuevo público” (por no llamarlos forofos del gintonic). Y por contra, ese nuevo público forofo está obsesionado con lo que llaman el siete. Esto genera las injusticias, el “pues ahora pido la oreja para fastidiar a esos”, etc. Asistimos con frecuencia a reacciones ajenas a lo que pasa en el ruedo'.
- Sobre la poca exigencia:
'Los taurinos han optado por aprovechar a fondo las euforias de ese nuevo público que no sólo acepta y aplaude el toreo del paso atrás, las faenas a base de ventajas siempre que el toro se mueva como un tiovivo, la estafa del medio toro, la estafa del tercio de varas, las banderillas a toro pasado y los bajonazos, sino que los jalea, con tal de que triunfe su equipo. Esos triunfos exasperan al aficionado cabal, y los más jóvenes y vehementes lo exteriorizan de manera ruidosa. Hay un enfrentamiento en la plaza cada vez mayor. Para rematar las cosas, los taurinos llevan tiempo difundiendo la especie de que los toros hay que verlos en silencio, de que se aplauda sólo al final, de que no se puede molestar al artista y de que, en definitiva, una cogida como aquella de Roca fue culpa del público que protestaba. El objetivo final es que paguemos y traguemos con sus trucos sin fastidiarles el negocio, lo que incluye el afeitado generalizado. En este sentido, la afición de Madrid viene a ser algo así como los últimos de Filipinas, incluidos los más vehementes, pese a sus errores y a que a veces podamos censurarlos'.
- Sobre la creciente intransigencia de algunos:
'Desde mi punto de vista veo más intransigentes a los seguidores de Roca y cierta parte de la sombra, que se ponen en contra del siete simplemente por llevarles la contraria. Desde una perspectiva equidistante entre ambos grupos, lo que veo es que son los taurinos quienes cada vez son más intransigentes. A ellos no se les puede recriminar por aplaudir cosas sin sentido pero ellos sí pueden recriminar al siete o a otros sectores de la plaza que protesten por lo que ellos consideran destoreo o fraudes varios durante la lidia. En este caso no comparto las formas del siete pero sí el fondo de sus protestas. A Roca nunca se le protestó cuando no era nadie pero ahora es figura y tendrá que atenerse a lo que exigen los que pasan por taquilla. No es el primero ni será el último.
'Lo que sí veo en la legión de seguidores de Roca es una agresividad que no había visto en otras "hinchadas". Por ejemplo, Morante también lleva a la plaza una buena fanaticada pero son generalmente de otra manera, no sé cómo describirlo pero es así. No se ven enfrentamientos en los tendidos y eso que ha recibido numerosas broncas en Las Ventas. En el caso de Roca Rey, no sé si será porque ha suscitado mucho interés en el mundo de la prensa rosa o por la película premiada recientemente. El caso es que es un público más joven, más advenedizo y, en mi opinión, menos entendido y que lo defiende a muerte. De hecho, como ya hace mucha gente, estoy pensando en no asistir a la plaza cuando se acartele el peruano'.
- Sobre la pérdida de las formas:
'Aunque comparto el fondo de la mayor parte de las protestas, hay una gran parte de la plaza que está muy cansada de las formas de algunos del tendido siete y de las filias y fobias de algunos de sus popes, que tienen poco que ver con lo que pasa en la plaza.
'En zonas de sombra de la plaza, ante alguna protesta cabal se puede escuchar cualquier tipo de barbaridad contra los protestantes. Se pretende instaurar el sevillaneo más rancio. En otras de sol son simplemente jóvenes al calor de la discoteca y la moda cayetana sin gran interés por el toreo. Cada zona de la plaza es un mundo pero está claro que sin el siete, Madrid estaría totalmente perdida'.
- Sobre el corte de orejas:
'Se ve en Madrid que el público en general como realmente se divierte es solicitando el corte de orejas por parte de los toreros actuantes, sin importarles para nada otras consideraciones primordiales e inherentes a la correcta lidia, como pudieran ser: la integridad de las astas del toro y su trapío, el toreo de capote, el tercio de varas, la colocación de la espada en la suerte suprema… Todo esto queda en el toreo actual relegado a un término secundario ante la importancia creciente del corte de orejas –a ser posible peludas-, que hace realmente a los asistentes felices, y así disfrutan como si de niños con zapatos nuevos se tratase'.
- Y un último comentario al respecto:
'Antes, las orejas en Madrid se ganaban por cinco o seis tandas de muletazos bastante pulcras y con cierta estética que eran mayoritariamente aplaudidas por toda la plaza con poca o ninguna protesta por parte del siete. Ahora las faenas se han alargado una enormidad y hace años que se dan orejas por colofones finales más o menos ajustados y vistosos y algún que otro adorno estético. Esa fue la faena de la oreja de De Justo. Nada de inicio, desacople total con ventajismos ante un toro que le estaba superando, para terminar la faena yendo a más y rubricándola con algún adorno ciertamente estético. Eso no se lo vamos a negar. Todos vimos cómo mató y el perdón del tercer aviso. Es lo que hay. Al público, o más bien al siete, no le molestó y tampoco le protestó'.
Estas opiniones no son de hace treinta años sino de hace cinco meses. Si las leyera el bueno de Joaquín Vidal no se llevaría las manos a la cabeza porque no se sorprendería. Lo que haría es agacharla un tanto avergonzado al comprobar que nadie ha tenido el más mínimo interés en hacer que las cosas cambien en favor de la integridad, la seriedad y la dignidad que merece la fiesta de toros, por lo menos en Madrid.
Y conforme más división noten en el tendido los taurinos, más se frotarán las manos, sobre todo cuando los críticos paniaguados dan la razón a los más verbeneros en lugar de a los más serios.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.








Muchas gracias por su nuevos post.
ResponderEliminarMe permito emborronar su sección de comentarios con la humilde perspectiva de quien castiga sus posaderas co el cemento del Tendido 3.
Asisto con escepticismo calmado a un anhelo de uniformidad cuartelera que algunos pretenden imponer en la plaza. Frente a la jerarquía de siglas cortas y humos largos, yo percibo un coso saludablemente diverso y libre, y una pluralidad que es, en sí misma, una categoría del espíritu.
Cierto es que el cuadro se empaña con el estrépito de las novilladas nocturnas o esos arrebatos de un patriotismo de garrafón de los del viva España, pero, más allá, da gusto acudir a los toros en Madrid.
Me resulta particularmente enternecedor el elitismo sobrevenido de quienes, careciendo de alcurnia real, pretenden dictar cátedra sobre asuntos opinables. Olvidan que la tauromaquia, como la vida, es un festín de sensibilidades, culturas y erudición. No hace falta pertenecer a ninguna secta de elegidos para ser un aficionado cabal; basta con entender que la plaza no es un sínodo, sino un reflejo de la gloriosa imperfección humana.
Sí pero también estará de acuerdo conmigo en que tiene que haber unos mínimos. No se puede rebajar la categoría de la plaza regalando orejas de chichinabo, aplaudiendo estocadas que son bajonazos o soportando la humillación cada tarde de una suerte de varas convertida en una carnicería asquerosa.
EliminarCada uno puede opinar lo que quiera, pero eso no quita que algunas opiniones estén basadas en el desconocimiento y contribuyan al desprestigio de la plaza. Y eso sin que la autoridad haga nada por remediarlo.
Saludos
Está lejos de mi ánimo criticar el celo por la pureza, y lo respeto como se respeta una fe antigua. Sin embargo, y hablando del estado de salud venteña, esas decadencias que hoy se lamentan no son catarro estacional, sino tisis crónica.
ResponderEliminarLas carnicerías varilargueras, no exclusivas de Las Ventas ¡ni mucho menos!, no son sino los frutos maduros de un árbol que ya no es posible talar.
Las orejas de poco fuste, cuando las ha habido, son mero alimento para el debate, y no flagrante hurto al espectador. El poso que le queda a este aficionado tras una corrida es independiente de los trofeos que se corten, la verdad sea dicha.
Si para trasponer el umbral de Las Ventas se exigiera un examen de suficiencia o el aval de un mentor purista, el templo quedaría reducido a un desierto de mortero y piedra.
Es más, nos llevaríamos la mayúscula sorpresa de ver cómo alguno se quedaría a la puerta por confundir el gregarismo con el conocimiento. Lo lamento profundamente, pero balar al dictado del pastoreo no suma puntos en la calificación final. Tampoco el volumen ni el timbre de la voz.
El que ambiciona que la plaza sea un cenáculo de elegidos también tiene su sitio, y excepcional además, se puede disfrutar de esa vana ilusión sin necesidad de ir muy lejos: a finales de abril en la Sierra.
Estamos más de acuerdo de lo que parece. Dios me libre de exigir un examen de ingreso para entrar a las plazas de toros. Me conformaría simplemente con que los comentaristas televisivos y medios taurinos hiciesen una mínima labor didáctica.
EliminarCon eso el aficionado de aluvión se podría replantear algunas cosas. Pero que no deje de acudir a las plazas porque son quienes mantienen el tinglado.
Saludos
Buenas noches, lo único que se necesita para entrar y estar en cualquier espectáculo es un mínimo de educación y sobre todo respeto a los que no aplaudimos todo y sacamos el pañuelo detrás de cada cubata bebido pidiendo despojos para sacar la foto por las redes.
ResponderEliminarRespeto a lo que usted comenta de la prensa, en vez de enseñar lo qué han fomentado con sus comentarios salidos de lugar es acusar a un sector de la plaza de todo lo que ahora aplaude un público engañado por ellos mismos.
La plaza de las Ventas siempre ha sido muy singular pero a la vez muyyy especial porque acoje cada tarde a personas de distintas ciudades, pueblos grandes y pequeños, escuchando distintas opiniones y aprendiendo de nuestros mayores.
Se ha llegado a un punto qué hay tardes que no respetan el estarse quietos en su sitio mientras está el toro vivo en el ruedo.
¿Cuándo los señores de las puertas han consentido que se moviera alguien por el tendido o si salías al baño entraras mientras el toro estuviera vivo?
Nunca .Solo desde hace un tiempo con ésta nueva moda de aficionados que son los que interesan a la empresa y a los que quieren seguir llenándose los bolsillos, mientras cada día ésto va de mal a peor y les importa un comino .
Saludos.
Las pocas veces que voy a Madrid me doy cuenta de que el movimiento de espectadores con el toro en el ruedo va a más. Respecto a lo demás, estamos de acuerdo, especialmente con su segundo párrafo. Lo que pasa es que los récords de espectadores, los números de la empresa y el triunfalismo galopante lo tapan todo.
EliminarSaludos
Un palco serio y la prohibición radical de vender/consumir alcohol dentro del recinto. Igual así cambiaban algo las cosas e igual también nos quedábamos cuatro gatos. El negocio es el negocio, y este no se sostiene sin discoteca móvil, botellón dentro de la plaza y casquería barata. Es lo que hay. Siempre nos quedarán las corridas fuera de feria acompañados de público nipón, y la sempiterna carnicería a caballo tarde tras tarde... Un día más en la oficina.
ResponderEliminarPues menudo panorama...
EliminarEs complicado que mejore la cosa. Y como decía aquel, todo es susceptible de seguir empeorando...
ResponderEliminarDon Eugenio d'Ors
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