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viernes, 3 de julio de 2020

CENTENARIO DE LA MUERTE DE GALLITO (12): ES UNA PENA PERO NO SABÍA MATAR

No se enfade con nosotros el sector gallináceo porque la frase no es nuestra sino de un gallista de los más conspicuos, nada menos que don Gregorio Corrochano. No obstante, conste en acta que estamos totalmente de acuerdo con ella.

El bueno de José debe de estar viendo desde el cielo la serie de panegíricos que se le están dedicando con motivo de este aniversario y no dará crédito al comprobar que nadie se ocupa de su notable deficiencia como matador. Antiguamente se distinguía bien entre el torero y el matador de toros. Gallito puede que fuese el más grande entre los primeros pero no pasó de ser uno del montón entre los segundos.


Estocada a uno de Guadalest en 1913

Hasta sus más ínclitos admiradores se ven obligados a inclinar la cerviz y reconocer este gran lastre en su tauromaquia. Se podía alabar cualquier otra suerte por él practicada pero en la suprema tenían que callar. Otra cosa es que intentasen justificar lo injustificable o quedarse en el desiderátum de Corrochano: 'no sabe matar...¡si supiera!' El crítico del ABC lo comentaba en esta crónica del 14 de abril de 1916 con ocasión de la alternativa del pobre Florentino Ballesteros (recuerden aquí):



¿Qué pasaba con Gallito al entrar a matar? Pues que se dedicaba a mirar la cara del toro en lugar de olvidarse de los pitones. Otros giran la cara o cierran los ojos, todo con tal de no mirar al morrillo, que es lo que hay que hacer pero para lo que se necesita una sobredosis de valor. 

Alguno de ustedes se está llevando las manos a la cabeza porque da la impresión de que acusemos a José de tener el valor justito para entrar a matar, ¿verdad? Pues preguntemos al diestro: maestro, ¿cuándo pueden los toros cogerle a uno en la estocada?



En Barcelona tuvo un gran susto entrando a matar. Fue el 5 de julio de 1914 con uno de Pérez de la Concha llamado Coletero. Conservamos este dibujo del instante:



Era el segundo de la tarde cuando tras una aclamada faena, quiso hacer bien la suerte, dejándose ver. El toro lo empitonó con el izquierdo por el muslo derecho y luego lo pisoteó rompiéndole la clavícula izquierda. Punteret llegó al quite el primero y se llevó también lo suyo, un puntazo en el escroto. La herida del maestro fue de diez centímetros y por culpa del percance no pudo anunciarse en Pamplona. Es posible que esa cornada barcelonesa le pesase durante toda su vida taurina.



El bueno de Bombita, a quien los Gallos no podían ni ver y que fue humillado feamente por el propio Gallito el día de su despedida, acudió a verlo al hospital y, como quien no quiere la cosa, le cantó la verdad del barquero:

'Ojalá te repongas pronto, José, por tu bien y el de la fiesta... ¡Ah! Y no olvides que los toros cogen cuando les haces las cosas en su sitio y de verdad'

Machaquito pasaba la mano por la cara a Bombita con la espada al menos por su 'emocionante rectitud'. Por eso Bombita sabía mejor que nadie cómo hay que matar bien. Los toreros que se alivian y matan mal son quienes mejor saben cómo hay que hacer las cosas... aunque no las hagan.

Felipe Sassone, el amigo y vecino de Gallito de quien hablábamos aquí, no podía negar la evidencia. El maestro clavaba con la mano alta:



Decía que José hería 'a tenazón', que es lo que hoy denominaríamos 'a capón'. Maestros consumados del caponazo han sido el retirado Ojeda y, de la extensa lista de los actuales, Miguel Ángel Perera:



Gallito no vio a Guerrita pero sí habló de él con su padre y con sus hermanos. El califa mató unos 2.500 toros y sólo resultó cogido una vez al entrar a matar. Joselito estoqueó casi 1.600 y sólo consta esa cogida de Barcelona además del topetazo en el pecho que le pegó uno de Murube en Bilbao en agosto del mismo año de 1914 (tras pinchar dejó una estocada quedando prendido por la chaquetilla y resultando con un desgarro en el pectoral y una pequeña herida en la axila). Él sabía perfectamente por qué tuvo este otro percance:

'El toro era muy bravo y me cogió porque entré muy despacio a matar; quise recrearme porque quería matar ese animal como de verdad se merecía'

La amistad íntima de Sassone con el Nene de Gelves le hacía disculparlo de manera un tanto peregrina. Decía el crítico que era tan inteligente que no quería perder de vista los pitones, lean:


Hombre, donde pone arte podríamos poner trampa, artimaña o truco, ¿no les parece?

Se decía que Gallito echaba la carta al buzón en lugar de clavar como Dios manda. Se lo afeaba Clarito:

'Falsea la suerte de matar con un tranquillo feísimo, tirando la espada con la mano en alto como quien tira una carta al buzón'

Guste o no a sus seguidores, pegaba la puñalada, recuerden lo hablado aquí: 


Estocada a uno de Martínez en la encerrona

Se lo preguntaron una vez a riesgo de despertar su ira pero no perdió la tranquilidad para decir:

'Sí, mato con alivio, con tranquillo... ¿y qué? Igual que Lagartijo buscó su medicina, yo tengo la mía'

Sobre esa medicina, recuerden que la comentábamos aquí. En su época hay revisteros que no tienen piedad de él diciendo que ha aprendido bien la lección de su hermano Rafael al salirse de la suerte y entrar poco menos que a paso de banderillas:



'Joselito no desmerece a su hermano', se decía. Ahí tienen al mayor mirando y a Maravilla matando en una foto que él destruiría si pudiera: mano alta, brazo alargado, cuarteando y pegando el telonazo, ¿quién da más? En su descargo, decir que el toro no está muy por la labor:



Algunas sonrisitas del maestro cuando oye los pitos exacerban todavía más al respetable:



¿Quién pita hoy a los diestros que se alivian en la estocada? Nadie porque lo único que interesa es enterrar la espada en la carne. En un Palmas y Pitos de 1915 se quedan a gusto poniéndolo a caer de un burro:



Enrique Minguet, en su 'Arte de torear de Gallito', dice claramente esto:



Lo justifica diciendo que nunca los grandes lidiadores fueron grandes estoqueadores y pone los ejemplos de Lagartijo, Guerrita o Bombita. Como escribía esto en 1917, confiaba en que José terminaría matando bien 'en el hoyo de las agujas y sin cuartear porque la verdad es que flojea bastante con el acero'. Pues lo cierto es que se murió sin matar bien. ¿Por qué motivo? No dudamos de que fue porque no quiso ya que nos negamos a creer que no supo.


Matando uno de Contreras en 1914 con la mano por la estratosfera

Un matador que tomó la alternativa en 1893 fue Francisco González, Faíco. Él explicaba claramente el tranquillo que usaba Gallito al matar. Antes de leerlo, deben conocer que todo lo que sabia Faíco de toros lo aprendió de Fernando Gómez, El Gallo:

'Se deja la muleta muerta entre las patas del toro, se adelanta el brazo llevándolo suelto, con el antebrazo horizontal y colocando en un mismo plano la mano y el codo; se hiere un poquito delantero y otro poco tendido cuarteando sin necesidad de dejar enterrado el estoque y el toro sale rodao de los vuelos del trapo'

Imagínense al patriarca de los Gallos diciendo esto mismo a sus hijos ya que es exactamente lo que hacía José. En esta foto del 21 de agosto de 1912 se resume esa teoría. Observen que no tiene ninguna intención de cruzar:



Estaremos de acuerdo en que eso que recomienda Faíco no es matar bien, ¿verdad? No se guíen por lo que vemos actualmente porque eso es mucho peor. A lo dicho hay que añadir que hoy no se deja la muleta 'muerta entre las patas del toro' sino que se avanza con ella a guisa de delantar para cegar al pobre animal con un telonazo infamante. Y de los extravagantes saltos, mejor ni hablar.

En afortunada frase de Sassone que resume todo lo dicho, José 'mataba pronto y mal pero hería bien'. Esa habilidad la tenía también Curro Romero ¿lo recuerdan?

Hemos buscado algunas imágenes para comparar a José con otros contemporáneos que le daban un buen repaso a la hora de matar. 

El sobrino de El Algabeño, Algabeño II, aprendió de su tío a matar bien (recuerden aquí). El toro le echa la cara arriba pero él no se arredra y consuma la suerte con valentía:



No se puede decir lo mismo de Maravilla en la misma tesitura frente al de Guadalest que veíamos al principio:



Comparen con Gaona en Toledo jugándosela a pesar del gañafón del toro:



Observen que Fuentes en 1908 lleva la mano derecha donde tiene que ser:



En cambio Gallito la lleva por las nubes para echar la carta al buzón:



El pobre Varelito deja esta extraordinaria estocada con todas las partes de la suerte recogidas en la cara del toro: la muleta, la mano derecha y su cabeza ahí mismo. El malogrado Manuel era de los que sólo miraban el morrillo:



Por contra, Gallito tiene prisa por salir de allí, ha alargado el brazo y no estamos seguros de dónde mira:



Martín Agüero mantiene su cara a un palmo de la mano que clava. Ésa es la demostración de no haberse aliviado alargando el brazo para pegar la puñalada:



La diferencia con Gallito está tan clara que preferimos no comentarla para no dejar en muy mal lugar a nuestro protagonista:



Creemos que ha quedado clara nuestra posición. Las alabanzas y los panegíricos a Gallito pueden lloverle por muchas de sus habilidades pero nunca por la de matador de toros estrictamente hablando. Los contemporáneos que lo vieron in situ seguramente estaban esperando que alguien lo dijese cien años después de su muerte. Entre esos contemporáneos se cuentan los espectadores a quienes no dio gato por liebre y sus colegas que sí hicieron bien la suerte y que merecen por ello nuestro máximo respeto.

Para terminar, vayan a este vídeo y comprueben todo lo explicado en las secuencias de los minutos 7'20'', 14'03'', 20'24'', 20'30'' y 22'25''. 

Ésta que ven a continuación es la última estocada que dio en Madrid y la antepenúltima de su vida. Fue la tarde del 15 de mayo de 1920. Pulsen aquí para recordar lo que sucedió en aquella infausta tarde madrileña.



Al bueno de José le diríamos lo mismo que le gritó un paisano en Barcelona momentos antes de aquella cogida al entrar a matar: 

'¡Si eres tan bueno, ¿por qué no matas bien?!'

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

martes, 28 de enero de 2020

TOROS EN LA MÁQUINA DEL TIEMPO (3). HERNÁNDEZ PLA, 1ª PARTE: "SENTÍA COMO SI HUBIERA ENGAÑADO AL PÚBLICO CUANDO MIS TOROS NO EMBESTÍAN"

¿Qué les parece la frase del titular? En la actualidad son muchos los ganaderos que se dan coba. José Antonio Hernández Tabernilla no sólo no se la daba sino que le embargaba ese sentimiento de haber faltado a su compromiso con el público si fallaban sus toros:

"Cuando de pronto los toros no te embestían después de haber puesto en ellos todo tu cariño y tu dinero, me llevaba la impresión de que había engañado al público y al empresario. Ese disgusto, esa amargura y esa sensación de haber engañado a alguien es algo tremendo. Si fallaba y ese fallo era en Madrid, me daba por pensar que no sabía nada de esto"


FOTO:  Josemi

Nos metemos en nuestra máquina del tiempo para recordar esta ganadería histórica. Ya saben que estuvo más de cien años en manos de la misma familia. Todo empezó con el abuelo de José Antonio, Esteban Hernández Martínez. La verdad es que de lo que hubo antes de 1969 no quedó nada entre la guerra primero y el matadero después. No obstante, haremos un recordatorio de los inicios cuando el viejo Hernández compró a Arroyo reses de Mazpule procedentes de Raso de Portillo.

Aquello no le acabó de convencer y añadió más de setecientos animales del conde de la Patilla comprándoselos a su viuda en 1893 (de esa ganadería había sido el famoso 'Tornillito'). Conservó la divisa blanca, roja y celeste y el hierro de la hache, que no tiene nada que ver con la inicial de su apellido sino que era un bocado procedente de los hermanos Pedro y Juan Zapata. 



Precisamente la antigüedad de 1882 de la ganadería vendría de lo del conde. Pero aquí hay algo que falla porque el conde de la Patilla lidió por primera vez a su nombre en Madrid el 8 de julio de 1883 con Gordito, Currito y Fernando El Gallo. Y Don Esteban con el suyo el 1 de abril de 1894, cuando Guerrita mató este gran 'Segoviano'. 



Atención al balance de la corrida, que se lidió con divisa azul y verde (?):



Digamos que Gabriel, el padre de José Antonio, cambió más adelante el hierro y la divisa, que pasó a ser blanquiverde durante muchos años. Vean el árbol de José de la Cal donde se aprecia cómo varió aquel hierro: 



En 1974, la familia retornaría al original y a la divisa tricolor. Por cierto, al califa Guerrita le gustó lo de Hernández y en esta carta al empresario de Murcia exigía que si querían que torease, los toros tenían que ser 'andaluces o del duque de Veragua o de Esteban Hernández, caso de que sean de Colmenar':



Ya ven que las exigencias de las figuras no son de hoy. El fundador de la ganadería murió en 1913 a causa de una caída del caballo mientras hacía labores de campo:



Su viuda, doña Luisa Pla Pané, se casó en segundas nupcias con Agustín Mascarell Jiménez, ¿les suena? Recuerden a Gallito en Talavera: '¡que llamen a Mascarell!' Don Esteban siempre estuvo considerado entre los más grandes:



Ése último que queda cortado es, como han adivinado perfectamente, don Manuel García-Aleas. En 1889 se celebraron unas corridas en la plaza del Bois de Boulogne de París y alguno de los toros fue de Hernández:



Cinco años después en Madrid, 'Caminero', colorado y astifino, lucha contra un león. Se acaban los billetes y la reventa multiplica hasta por siete los precios. Hubo una avalancha cuando abrieron las puertas y más de doscientas personas entraron gratis hasta que la Guardia Civil empezó a repartir sablazos y palos, llevándose varios detenidos. 



Doce minutos duró el espectáculo, que no la lucha, porque a las primeras de cambio el gato, de nombre Regadé, vio que aquél no era su día y que hubiera hecho bien en no salir nunca de su Gambia natal:



Siete años antes de morir, don Esteban tuvo la inmensa satisfacción de ver lidiar esta exitosa corrida suya en Madrid. Las pintas llaman la atención: un ensabanado, uno negro, dos sardos, un colorado y ese 'Cigarrito' de la izquierda, castaño salpicado:



La prensa fue unánime en agradecer a Hernández tanto la presentación como el juego de sus toros. Esto decía Don Jacinto:



Y esto, Sol y Sombra:



Dice la revista que los toros fueron 'martirizados' por maestros y cuadrillas. Ya ven que la prensa era inflexible y durísima con los de a pie, nada que ver con la crítica domesticada de hoy en día. Ahí tienen a Antonio de Dios, 'Conejito', frente al gran 'Cigarrito':



El Liberal también destaca el comportamiento de ese tercero:



Los seis tomaron 34 varas, dieron 14 caídas y mataron 8 caballos, casi triples figuras como ven. Ahí tienen a 'Cigarrito' romaneando:



Dos años después tomaba la alternativa el padre de Manolete de manos de Machaquito. El testigo fue Cocherito y el toro, 'Yegüerizo', de don Esteban. Es raro que repitiese la ganadería con la que se había presentado de novillero en Madrid con un notable fiasco en 1903. La cabeza del segundo toro de la alternativa, el cinqueño 'Botillero', adornó siempre la casa de la familia en Córdoba. No sabemos si el pequeño Manuel cogería miedo al verla allí colgada porque, salvo que alguien nos rectifique, el cuarto califa no mató ningún toro de esta ganadería en toda su carrera.

Con 17 años recién cumplidos lidió Gallito novillos de Esteban Hernández en Madrid pero eso lo dejamos para la serie que estamos dedicando al maestro.

En1928 un toro de Hernández retiró de los ruedos a Martín Agüero. Se llevó una cornada en el muslo y un puntazo en el pie que le mermó irreparablemente sus facultades. Ya saben que fue uno de los mejores estoqueadores de todos los tiempos:



No obstante, como decíamos, nada de todo este ganado tiene que ver con los de Hernández Pla que hemos conocido en los tiempos modernos. A la muerte de don Esteban, doña Luisa Pla compra casi toda su ganadería a Encinas en 1932 para suavizar la casta de lo que tenía. Se anunciarán como Esteban Hernández, antes Encinas. Corren tiempos en que todos quieren torear como Belmonte y con el toro de antes no puede ser. El propio Hernández Tabernilla lo explica:

"Con motivo de la suavización que se produjo en el toreo en la época de Belmonte, mi abuela, mi padre y mis tíos se vieron obligados a suavizar unos toros que eran muy duros y para ello compraron gran parte de su ganadería a Pepe Encinas"

Pero llega la guerra y la finca El Soto se encuentra en pleno frente de Madrid. Tras la batalla del Jarama, la ganadería prácticamente desaparece y la familia empezará casi de cero a partir de 1945. Nos referimos a los hijos de Esteban y Luisa: José María, Venancia, Esteban y Gabriel Hernández Pla. Para ello eligen reses del duque de Pinohermoso (suponemos que de lo que compró a Bernardo Escudero procedente de Albaserrada porque aparte tenía otros animales de Vicente Martínez). Añaden posteriormente vacas de Samuel Flores. Cañabate los animaba en 1948 a seguir la senda de su padre:



En 1951 este toro suyo corneó en el muslo derecho a Victoriano de la Serna en el primer pase ayudado por alto. Como era el primer toro de un mano a mano, Vicente Barrera tuvo que matar los seis:



A la muerte de José María, en 1955, se divide la ganadería entre los hermanos. A nosotros nos interesará la parte de Gabriel y sus hijos, que quitarán todo lo anterior. No nos extraña porque el propio Pinohermoso se enfadó tras una corrida suya en Badajoz en 1948, suspendió posteriores festejos que tenía contratados y rehízo su ganadería enviando al matadero una gran parte.

Nos despedimos con un novillero que en 1957 torea un animal de esta vacada. Es un delantal aunque ahora que está de moda ese lance para no quebrantar a los toros y de paso no arriesgar tanto las piernas, nos dicen los críticos paniaguados que son 'verónicas a pies juntos' (?):



Se trata de Curro Romero con veinticuatro años en Málaga. Tras la muerte de Gabriel, los hijos quitarán todo para comprar 90 vacas y dos sementales a Joaquín Buendía en 1969. 


FOTO: Juan Pelegrín

Hemos empezado con José Antonio Hernández pero el protagonismo se lo ha llevado su abuelo, uno de los grandes como dejábamos claro más arriba. En el próximo capítulo cederemos la palabra al nieto para que nos hable de las tientas, de la suerte de varas, de los cruces en la ganadería, de su opinión sobre el peculiar público de Las Ventas, sobre los veterinarios, etc. Todo de mucho interés, ya verán.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




miércoles, 25 de octubre de 2017

¿POR QUÉ TODAS LAS ESTOCADAS CAEN TRASERAS?

Ya saben que les escribimos desde Tarragona, o sea, desde el ojo del huracán. En estas semanas de zozobra y desasosiego no se nos ha ocurrido otra cosa que dedicarnos a reflexionar sobre por qué todas las estocadas, o casi todas, caen traseras hoy en día. Más que irresponsabilidad por nuestra parte es una manera terapéutica de huir de la agobiante y por momentos insoportable actualidad. 

Nos pasa lo que a Gregorio Corrochano. Lean esto que sigue porque lo compartimos de principio a fin:



'Histeria', 'rencor', ordinariez'... Parece escrito ayer, pero es de abril de 1936.

Vamos con las estocadas traseras. Si miramos el toro de forma longitudinal, las estocadas defectuosas serían, de delante a atrás: pescuecera, delantera, pasada, trasera y, en los tiempos que corren, traserísima.

En las crónicas antiguas destacaban como defectuosa la estocada delantera. Hoy, la mayoría se van atrás a veces de manera escandalosa. Miguel Ángel Perera salió a hombros hace unos días en Madrid después de perpetrar un par de estocadas muy defectuosas por traseras y mal ejecutadas. Aquí tienen la primera:




En la segunda, Muñoz pegó un berrido de alegría en televisión al ver que la espada estaba enterrada. Fueron los otros comentaristas quienes le hicieron notar que la estocada había caído perpendicular y un poco atravesada, pero no dijeron nada de que estaba muy atrás como pueden comprobar aquí:




La clave para que las estocadas caigan traseras es llevar la mano alta ¿Se han fijado en la mano de Perera? El maestro de las estocadas traseras es El Juli. Este año coincidió con Pepe Luis en Aranjuez, quien le dio una lección primero con la muleta y luego con el estoque. Con la muleta, ya lo comentamos aquí en su día. Con el estoque, lo pueden comprobar a continuación. Pepe Luis arranca con la mano donde tiene que ser:



Y su estocada honda no cae trasera, lógicamente:



El Juli tapa la cara del toro con alevosía y vean dónde lleva la mano:



La espada se le va atrás, lógicamente:



Esta foto suya matando al de Cuvillo en Bilbao es célebre. La mano que clava debería venir del pecho y no del cielo. Ya ven que clava casi en el lomo:



Hay que perfilarse con la mano encima del corazón. El dibujo corresponde a El Gallo en Valencia el año 1914:



La moda que impuso Tomás Campuzano fue estirar el brazo para pegar la puñalada antes de llegar a jurisdicción. Si se alarga el brazo al perfilarse, se tiende indefectiblemente a levantarlo. Miren a Ginés Marín en Zaragoza el día que salió a hombros. Se perfila alargando el brazo:



Se arranca con el brazo horriblemente estirado y levantando la mano para clavar a capón:



Ya ven dónde ha ido la espada (se llevó el premio a la mejor estocada de la feria con la que dio a su segundo...):



Volvamos a tiempos heroicos para ver cómo se arrancaba 'El rey del acero':



Es Luis Freg en 1918, con el brazo recogido hasta el momento de clavar y manteniéndolo a la altura del corazón. De igual manera ejecuta la suerte ese mismo año José Flores Camará:



No es de extrañar que Manolete, gran estoqueador, ejecutara la suerte con tanta pureza. Vean dónde lleva la mano:



Y comprueben dónde ha caído la espada:



En crónicas antiguas se leía a veces esta censura: 'estocada delantera por llevar la mano baja'. Hoy eso es inconcebible porque ¿cuántas estocadas recuerdan delanteras esta temporada? ¿Y cuántas traseras?

Insistimos en que el vicio de origen es perfilarse mal. Ahí tienen a Garrido:



Y el vicio se consuma al llevar la mano alta. López Simón la pone por encima de la cabeza. Aquí lo tienen el pasado otoño en Madrid:




Además, mata a la carrera cuando es una suerte que hay que realizar lo más lentamente posible, arrastrando los pies como hemos visto antes a Freg o a Manolete. Aquí tienen a López en san Isidro de este año matando uno de Victoriano del Río. Más de lo mismo y estocada trasera:




Manzanares, que es mucho mejor recibiendo que al volapié, cuando se arranca lo hace con el brazo alargado para clavar antes de llegar a jurisdicción y también se le va la espada trasera. Observen en la imagen que ha dado casi media estocada ¡y aún no ha llegado al toro!



Comprueben la diferencia con el sestaotarra Fortuna, uno de los mejores estoqueadores de todos los tiempos:



Vicente Pastor dejaba buenas estocadas llevando el brazo siempre recogido y a la altura del corazón aunque pegando un salto que comentábamos hace unos años aquí:



Lo de Cayetano al matar no tiene nombre, ya lo hemos dicho en nuestro blog más de una vez (pulsen aquí). Estocada en el lomo, a la carrera y sin cruzar:



Entre nuestras queridas figuras, hay dos que no se alivian tanto como los demás y que clavan trasero mucho menos de lo habitual. Roca Rey no suele estirar el brazo ni clava a capón. Tampoco tapa la cara del toro girando el estaquillador:




Talavante, lo mismo. Aquí mata notablemente este jabonero de Cuvillo en san Isidro. Se arranca sin alargar el brazo y manteniéndolo a la altura correcta:



Como era de esperar, la espada se podrá ir desprendida, caída, baja  o contraria pero es casi imposible que se vaya trasera. Ahí la tienen:



De hecho, en las estampas antiguas como ésta de 1865 jamás se ven esos brazos estirados tan escandalosos:



Que conste que Gallito se aliviaba en muchas ocasiones al entrar a matar. Vean cómo lleva el brazo en Valencia dispuesto a 'hacer el arco iris', como le criticaban:



Y fíjense dónde está la espada en este otro que mató esa misma tarde:



En nuestros días, cuando Pepe Moral ejecuta bien la suerte, no se le va trasera la espada:




Todo lo contrario que Ureña, ahí lo tienen con la mano alta dispuesto a pegar su puñalada bien atrás:



Creemos que está claro ¿no? El problema es que estamos viendo a los novilleros matar copiando todos los vicios que hemos comentado y sus estocadas se van igualmente traseras como no puede ser de otra manera.

En la forma de torear podremos discutir que si los tiempos han cambiado, que si el toro no es el mismo de antes, que si hay que rematar aquí o allá, que si se adelanta la pierna, que si el toreo de perfil... Pero en la estocada no hay discusión que valga. Es lo mismo desde hace doscientos años: un toro parado y un hombre delante armado con un estoque y con un trapo. No hay más.

A partir de aquí, las cosas se pueden hacer bien o mal. Bien significa asumir más riesgo. Es lo que explicábamos aquí y también aquí. Mal significa aliviarse y dar gato por liebre al aficionado. 

Como lo que importa hoy en día es enterrar la espada para que Emilio Muñoz pegue su grito de alegría en televisión ¿para qué vas a arriesgar haciendo las cosas bien si nadie le va a dar importancia?

Un poco triste ¿no creen?

Saludos cordiales desdeTarragona. Rafa.


Gran estocada del novillero bilbaíno José Agüero.
Su hermano Martín le enseñó a matar así. Es abril de 1930.