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miércoles, 11 de febrero de 2026

BELMONTE: CORNADA Y RETIRADA

Probablemente fue la más grave de su carrera y quizá la que condicionó su segundo retiro, que decidió tras ese festejo en Barcelona quién sabe si obedeciendo al deseo de su esposa. Su primer retiro coincidió con el de Sánchez Mejías y su retorno dos años después también fue con él. Tras este segundo mutis en 1927 volverá en 1934 en Málaga pero solamente compartirán cartel los dos, salvo error, una vez, en La Coruña con albaserradas.

Ese año de 1927, que es cuando aconteció lo de la cornada, Belmonte ya había toreado en la ciudad condal los mismos toros de Sánchez Rico. Había sido en julio, mano a mano con Marcial. Su balance: ovación, ovación y dos orejas. Marcial se llevó el gato al agua con dos orejas, palmas y el rabo del sexto. En conjunto resultaría la mejor corrida de la temporada en Barcelona.



El trianero venía de salir en hombros de Madrid tres semanas antes en la del Montepío, vestido de verde botella y oro (no confundir con la del Montepío de 1917 que fue la que hizo que Corrochano perdiera su frialdad y su serenidad). Aquel día los toros fueron de Julián Fernández, procedentes de Martínez. Su primero fue un marmolillo. Se echó encima y lo obligó a embestir. Las crónicas dicen que fue 'una faena larga, de borrachera, realizada sobre los pitones del toro, hipnotizándolo...' Curioso a día de hoy que tras un gran pinchazo y una media le diesen las dos orejas.  Su segundo fue otro buey de carácter huidizo. Belmonte lo centró en la muleta y a pesar de ello la faena terminó en chiqueros. Cuatro pinchazos, estocada y descabello. Cayeron las orejas, las flores, los abanicos y los sombreros. El maestro no quería sufrir la paliza de la salida en hombros pero se lo llevaron a la fuerza entre gritos de '¡no te vayas!' ¿Les suena?

Esos gritos delatan que algo había en el ambiente que olía a posible retirada de Belmonte a final de año tras su previsto viaje a América. Pagés informó de que había firmado un contrato que suponía un récord hasta la fecha: 600.000 pesetas por seis corridas en México. Pero la cornada barcelonesa truncó todo y terminó de consolidar ese rumor que ya circulaba de su posible retirada.

Su temporada quizá había sido la más triunfal hasta la fecha. Se discute sobre si sus éxitos de Logroño, Málaga, Aranjuez o los citados de Barcelona y Madrid habían sido históricos. Sumó un total de 42 paseíllos y mató 83 toros. Este molinete es del día de su triunfo en Logroño. Hoy bostezamos con ese pase pero entonces se decía que 'su molinete crispa los nervios más tranquilos':



Se veía a un Belmonte distinto. Esto decía al respecto Uno al Sesgo:



Pero en el ABC Eduardo Palacio decía un mes antes que el espíritu del aficionado 'se acongojaba pensando en la posibilidad de que el diestro, millonario y borracho de gloria y popularidad, abandone la profesión que enalteció, dejando la grey taurina sin norte, sin guía y sin conductor'.

Belmonte actuó en Barcelona cuatro veces aquel año. La última fue la que nos ocupa, el 30 de octubre. En esta ocasión volvía a ser la misma ganadería de Sánchez Rico, divisa verde y blanca, procedentes de Ildefonso Sánchez Tabernero, quien era el abuelo de los Sánchez Rico. Lo que torearon aquel día venía de origen Contreras, toritos terciados aunque con cierto nervio.

Se acartelaban también Gitanillo y Vicente Barrera. Ambos estaban recién doctorados, en agosto y septiembre respectivamente. Habían sido los dos novilleros más celebrados. La imagen es de la alternativa de Gitanillo en El Puerto de Santa María:



A continuación pueden comparar sendas verónicas de Gitanillo y de Barrera. Observen la diferencia en el brazo izquierdo:




Esta corrida de Barcelona tendría que haberse celebrado el día 22 pero se había suspendido por amenaza de lluvia que a la postre no se confirmó. Las malas lenguas dicen que fue por taquilla floja, nada nuevo bajo el sol. Tras el aplazamiento no se pasaría de los tres cuartos de entrada. Presidió la reina Victoria Eugenia.

La supuesta corrida fue una novillada y mala. Escaso trapío y caritas inofensivas. Cuando salió el sexto el personal ya estaba de uñas y las protestas hicieron que viera el verde. El que salió de sobrero era de Pérez-Plata para unos y de Cruz del Castillo para otros, bastante más grande que los seis anteriores. Tampoco en esto hay nada nuevo bajo el sol.

Ojo porque luego sacaron casta y se movieron con nervio, dándonos un poco la razón cuando repetimos que nosotros preferimos casta a trapío si hay que escoger. Barrera cortaría la oreja al sexto y Gitanillo dos más en los cuatro que mató, los dos suyos y los dos de Belmonte. Lo hizo de dos medias en las agujas y dos enteras patas arriba (aunque en alguna crónica apuntan un descabello). En La Libertad dicen que Gitanillo cortó un rabo al cuarto (!). Nadie más lo comenta, son esas cosas de las crónicas antiguas que nos hacen poner en duda mucho de lo que ha trascendido en los libros. Abajo, otra verónica del trianero. Recuerden que en esta entrada hablábamos de su agonía y muerte.



Belmonte tuvo que aguantar al del pito, que dio la tabarra secundado por otros descontentos, probablemente pertenecientes al partido gallináceo. Lo de traerse un pito para hacerlo sonar mientras un torero muleteaba era bastante corriente (recuerden en esta entrada cómo se las gastaban en aquella época los públicos).

Ese primero que lo corneó se llamaba Temido y era negro bragado. Ya lo había avisado tirándole un gañafón al pecho en el inicio de faena pero Juan no se amilanó. Anotemos que inició su toreo con la izquierda soportando el grito intempestivo de un fulano acerca de la poca presencia del toro. En la imagen se intuye su mínimo trapío:



Precisamente quizás por su exceso de confianza o de rabia ante las protestas no contó con que el toro lo apretaría para adentro inesperadamente. Fue cuando intentaba igualarlo. Lo empujó contra la madera y lo corneó por la ingle izquierda en las tablas del 2. Si hubiese salido corriendo de allí no lo coge pero lo de salir huyendo no entraba en la cabeza del trianero. Intentó echarle la muleta a la cara y apartarle el testuz pero no pudo evitar el percance:



Tal como entró en la enfermería dijo: 'me ha calao'. En el parte del doctor Bartrina se confirmó que la cornada había sido más aparatosa que realmente grave. Era de seis centímetros.

Pagés y su mozo de espadas Antoñito lo acompañaron durante toda la noche. También estuvieron su peón Calderón y Natalio Rivas. Cuando recuperó el conocimiento les dijo: 'para ser la última, menuda bromita'. En esos momentos se refería a la última de la temporada española ya que tenía el citado contrato con México.

Preguntaron al maestro qué es lo que había pasado y dijo:

'el toro era muy nervioso y no me di cuenta de que me encontraba bastante encerrado en tablas; cuando pegó un derrote le puse la mano en el testuz y me di cuenta de que tenía la espalda pegada a las tablas; no tuve ni tiempo ni espacio para salir de allí...'



A las nueve de la mañana llegó Julia, su esposa. Venía acompañada por el doctor Serrano, el médico de confianza del diestro. La reina también se interesó por su estado. Se le hizo una segunda y dolorosa cura y el pronóstico pasó a ser reservado.

Estamos convencidos de que durante el viaje a Barcelona el doctor y Julia se conchabaron para insistir al maestro en que se retirase. Es que sabemos que empezó Serrano diciéndole: 'esta corrida tendría que ser la última, Juan, ¿por qué no te retiras?'

Y su mujer, sin dejarle responder nada, intervino para seguir echando leña al fuego:

'Es verdad, ¿por qué no te retiras? Yo ya acepté esto cuando nos casamos con todas sus tristes consecuencias pero debemos pensar en las niñas. No podemos condenarlas a estas incertidumbres y a estos dolores. La pequeña no pero Yola se da cuenta de todo y se ha quedado llorando'

Belmonte cortó el discurso diciendo:

'Esto son gajes del oficio. No apuraros que no me pasa nada. Yo no toreo para vivir y no sé vivir sin torear. Y no se hable más de esto'



El rumor y las dudas sobre su posible retirada parecían quedar desmentidos por el propio diestro aún convaleciente. ¿Qué pasaría después que le hizo cambiar de opinión? Eso no lo sabemos.

'Juan Belmonte es el mejor torero que he visto en mi vida' dijo Pepe Luis Vázquez, 'por su conocimiento de los terrenos, su colocación, su temple y su personalidad'. Sobre sus feligreses el propio Belmonte decía algo que podría aplicarse a los feligreses de algún que otro torero actual:

'Yo prefería a los gallistas que a mis propios partidarios porque un belmontista ciego es peor que un toro. El toro te coge una vez y te suelta pero un belmontista te coge... ¡y no te suelta nunca! Uno me tuvo una noche dos horas en la puerta del Palace explicándome ¡cómo daba yo mi pase natural!'

Nos vamos con dos acérrimos gallistas en sendas anécdotas que contaba el propio Juan.

La primera se refiere al párroco de una iglesia de Sevilla al que unos seguidores del maestro propusieron que algún día dejase entrar a Belmonte bajo palio en su iglesia. Contestó muy indignado: '¡qué sacrilegio...! Si por lo menos fuera a Joselito...'



La otra tuvo lugar en casa de Belmonte tras una corrida con José. Estaban Natalio Rivas y otros amigos, todos seguidores fanáticos suyos. Por cierto, Rivas iba a ser el destinatario del brindis del segundo toro del diestro en la corrida de Barcelona pero lógicamente no hubo tal. La cuestión es que lo alababan de manera tan ditirámbica que el pintor Julio Romero de Torres, también presente, no pudo por menos que romper una lanza a favor de Maravilla:

'Bueno, bueno, no será para tanto... José esta tarde no ha triunfado como otras veces pero ha estado bien y no se puede dejar de reconocer que es una gran figura...'

Y Belmonte intervino rápidamente:

'Hombre, gracias a Dios...ya somos dos gallistas en la habitación...'

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




miércoles, 26 de febrero de 2025

MUERTE DE GITANILLO: 'BIEN QUE ME DIO EL LADRÓN...'

Son de sobras conocidas tanto la cogida de Gitanillo por aquel Fandanguero de Graciliano como la formidable agonía del diestro hasta que murió. Le dedicaremos esta entrada porque hemos leído las memorias de un diplomático que fue amigo suyo y que relata los hechos ya que estuvo presente desde el día de autos hasta el del entierro.



Nos referimos a Carlos Morla Lynch. Fue, como decimos, un diplomático chileno cuya carrera transcurrió entre París, Madrid, Berlín y Berna. En España entabló una gran amistad con Lorca. Solamente les diremos que el poeta leyó por primera vez su Llanto recién escrito ante un reducidísimo grupo de amigos entre los cuales estaba Morla. Este es el libro donde encontrarán esas pinceladas taurinas a que haremos referencia a continuación:



En los ambientes taurinos el chileno tuvo amistad con Cagancho, los tres gitanillos y Sánchez Mejías. En el libro hace una semblanza de cada uno.

De Curro Puya dice esto:

'Sus empresarios eligieron el nombre de Gitanillo de Triana, que se ha hecho popular y que tiene, sin duda, un salero de cantar sevillano. Refleja, asimismo, en forma sugestiva, la luminosidad y bondad cautivadora que irradiaba el diestro. Era un buen hijo, un buen hermano, un espléndido y buen amigo, amado con dilección por todos y era también, antes que nada, caritativo y piadoso, que es virtud gitana. Manos las suyas generosas y ampliamente abiertas, como un cesto de frutas'.

De Cagancho, quien le confiesa en un momento dado que tuvo su primer hijo con trece años, comenta esto:

'El torero gitano ha almorzado en casa con Federico, a quien le pidió que le leyera «La casada infiel» de su Romancero. Llegó, por cierto, el diestro con una hora de retraso: a las tres y media de la tarde. Elegancia impecable: terno gris, camisa de seda blanca, corbata azul, calcetines del mismo color y zapatos de gamuza. Su tez morena aún más tostada y sus ojos almendrados, también más verdes que nunca. En la muñeca de su mano de caoba, una fina cadena de oro, y en uno de sus dedos largos un anillo de platino con una espléndida esmeralda. Entra la dueña de la casa y se pone en pie, correcto, galante, educado. Un verdadero príncipe gitano'.



La verónica que han visto es suya. Además Morla estaba en el tendido cuando el célebre escándalo de Cagancho en Almagro. Habla también de Sánchez Mejías y expresa su dolor al enterarse del funesto desenlace con estas líneas preciosas:

'¡Muerto! Ese ser lleno de vida, de gallardía, magnífico siempre; que jugaba con «la intrusa» evitando su embestida a un centímetro de distancia; que se reía y se mofaba de la amenaza de sus garras esqueléticas, de su mirada cavernosa y de su rictus amargo; que se sentía inmunizado ante el peligro e invencible en la lucha. Pienso en los seres que lo han querido, que lo quieren más que a otros, que lo admiran: en Rafael Alberti, en Federico, en La Argentinita... Y todo el día, y toda la noche, me siento aprisionado en esa niebla oscura que me sigue, que avanza conmigo, que me envuelve adondequiera me dirija, y al final de la cual se yergue algo que brilla: un traje de luces ensangrentado, azul y oro. ¡El suyo! Y esa sombra que no me abandona es más fuerte que el sol, más intensa que el cielo, más profunda que el mar. ¡Pobre Ignacio!'

En la prensa de la época se habló del maleficio del mes de mayo por los percances que han sufrido tantos toreros. Precisamente durante la corrida de Graciliano que nos ocupa, en aquel 31 de mayo de 1931, fue herido en el primer toro un banderillero. Su nombre, Manuel Prieto Varé, primo hermano de Varelito (recuerden aquí nuestro homenaje a aquel magnífico estoqueador). El toro le arrancó la femoral del muslo derecho.



A Gitanillo lo cogió ese Fandanguero que hizo tercero. Cuando entró en la enfermería, el doctor Segovia estaba pendiente de la femoral rota de Varé y el suelo estaba teñido de sangre. Imaginen la situación ahí dentro cuando trajeron en volandas a Gitanillo con sus dos cornadas en los muslos y esa otra terrorífica en la cadera, que le había roto el hueso sacro al empotrarlo el toro contra la madera. Este es el parte:



Así cuenta Morla Lynch la cogida:

'Al iniciar la faena de muleta —después de ejecutar un suave ayudado por alto— fue cogido por el muslo, lanzado al aire y luego recogido nuevamente por el toro, que lo arrolló bajo el estribo, recibiendo allí una tercera cornada en la cadera. Yo cerré los ojos para no presenciar el final de la tremenda embestida…'



Todo el mundo se acordó del pobre Granero al ver al diestro ahí debajo en el estribo. En esta ocasión no hay ninguna duda acerca de la diligencia de Lalanda en el quite. Se llevó una ovación de gala que coincidió cuando levantaban a Gitanillo del suelo. Continúa Morla:

'Al abrirlos de nuevo vi con estupor y admiración a Marcial Lalanda, que, metido entre los cuernos y la barrera, con una temeridad y nobleza para las cuales no hay términos de suficiente elocuencia, lograba llevarse al astado en medio del estruendo de una ovación que estremecía la plaza entera'.



Ya saben que a Marcial se le había criticado el no haber estado pendiente de Granero el día de Pocapena. El diestro siempre lo negó y lo achacaba a una campaña de los del semanario El Clarín, que le pidieron un aumento del sobre que ya pagaba y se negó. Lo contábamos aquí. Por cierto, el torero madrileño saldría en hombros aquella tarde mientras operaban a Gitanillo en la enfermería:



El silencio en aquella enfermería era de muerte mientras desde la calle llegaba el eco del jolgorio del triunfo de Lalanda. Anotemos que más tarde tanto él como Chicuelo volvían a la plaza y entraban en la enfermería para interesarse por su compañero.

Su mozo de espadas contaba que cuando lo llevaban por el callejón iba diciendo:

'Me ha desbaratao, esta cornada es mu fuerte, me ha destrosao...'



Pudiera ser que la cornada se la pegase por haberlo picado mal. Gitanillo lo había recibido con siete verónicas. Tras el segundo puyazo hizo un memorable quite con cuatro y una media que levantaron al público de los asientos. Ésta fue una:



Acudió el bravucón al caballo por tercera vez y aquí recibió una lanzada muy fea por baja y contraria, o sea, para entendernos, en su costado izquierdo. A partir de entonces, el animal se dolió, mostrándose incierto y receloso por ese lado, sin que el diestro quisiera ver ese defecto porque sólo pensaba en torear (sic en una crónica). Fue precisamente en un pase por ese cuerno cuando prendió al maestro en terrenos del 1.

Al día siguiente se daba cuenta de que lo que notaba en las piernas no era normal. De hecho, no quisieron decirle que si salvaba la vida iba a quedar inútil. Cedemos la palabra de nuevo al pobre diestro, quien se lamentaba mientras intentaban darle moral:

'¿Que no es nada? ¿Nada? Mira, me ha dao tres cornadas, una en cada muslo, y otra en la cadera... ¿Y qué me pasa en las piernas? He perdido la sensibilidad, parecen de trapo... La que no me deja vivir es ésta de la cadera. Bien que me dio el ladrón... Pero paciencia, tenía que ser así...'



El maestro morirá dos meses y medio después tras una penosa agonía y, lo que es peor, completamente consciente de todo. Los gritos que pegaba durante las curas se oían desde la calle. Tuvo muchos problemas urinarios por efecto de esa terrorífica cornada en el hueso de la cadera. Además se le declaró una meningitis y hubo que hacer varias transfusiones por complicaciones en un muslo. Si quieren un detalle de estos desagradables pormenores, vayan a la página 980 del tercer volumen del Cossío. El autor los incluyó contra lo que era su costumbre. 

Lo de las transfusiones es relatado también por Morla ya que estuvo a su vera durante todas esas semanas de sufrimiento. Son aquellas transfusiones primitivas, como las cinco de Manolete (pulsen aquí), la de Ostos (aquí), las de Gitanillo Chico (aquí) o la del citado Sánchez Mejías realizada con sangre de Pepe Bienvenida. Esto cuenta Morla:

Una transfusión de sangre se impone y el doctor Segovia solicita voluntarios que se presten a ella. No hay tiempo que perder. Me adelanto, sencillamente porque siento que debe ser así, y conmigo se ofrecen un picador de su cuadrilla, un banderillero de la misma y el chófer de taxi que siempre lo servía.

Por cierto, nuestro Gitanillo estará obligado a reposar casi siempre tumbado bocabajo por culpa de los grandes dolores que le causaba esa cornada en la cadera que comentamos. Aquí lo tienen de cara a la cámara con algunos visitantes:



Como curiosidad les diremos que en el sanatorio de toreros coincidió con Martín Agüero, a quien iban a amputar un dedo y medio del pie izquierdo por un inicio de gangrena resultado de una cornada reciente.

Un día, a solas el torero con el diplomático, sucedía esto:

Me dijo esta otra frase infantil, que me quedará grabada mientras viva:
-Yo le diré a la Virgen lo bueno que has sido conmigo...-
Pobrecillo… No hay posición que lo alivie: los huesos han perforado su espalda; pero sonríe siempre y no se queja, ni se rebela, ni se exaspera. Sólo una vez lo he visto impacientarse algo: fue un día cuando la enfermera le decía cariñosamente que Dios enviaba sufrimiento a los buenos porque los quería. Curro —que sufría intensamente— se incorporó un poco, penosamente, y le respondió con una gitanería:
-Que no me quiera Dios tanto… que de tanto quererme se está poniendo pesao y mal amigo-.

A Gitanillo le había dado la alternativa otro torero intuitivo como él: El Gallo. Fue en agosto de 1927. Toreó en los años siguientes más de doscientas corridas. Esta foto está hecha en Sevilla, en la corrida homenaje a El Gallo por sus veinticinco años de alternativa. El de la izquierda es Chicuelo:



Lo de torero intuitivo no es de nuestra cosecha sino de la de un admirador del maestro, Tomás Orts Ramos, Uno al Sesgo

Los aficionados solemos distinguir entre toreros largos o cortos. Él hablaba de toreros con oficio o con intuición. El que tiene oficio sabe siempre lo que hace. El intuitivo no sabe que sabe lo que sabe. Ojo porque el trabalenguas es cosa suya. Transcribimos su reflexión porque pensamos que tendrá interés para ustedes:

'El torero de oficio, es decir, el que sabe lo que sabe, el que con una práctica más o menos larga ha llegado a dominar la técnica, puede tener lo bastante con esa técnica para salir airoso en la mayoría de los casos que se lo proponga; y en ellos sí que es la voluntad la que manda. Pero en el torero intuitivo, en el que lo que sabe no sabe que lo sabe, porque su arte no es consciente sino inconsciente, el revelarlo es obra de determinadas circunstancias, de un estado de ánimo, que no se crea con sólo quererlo, que aparece y desaparece por causas que escapan la mayoría de las veces al propio interesado, que lo exaltan o deprimen sin motivo aparente en ocasiones'.

Y sigue:

'El fenómeno que queda por examinar es el que de vez en cuando se observa en algún que otro torero de los que seguiremos llamando intuitivos provisionalmente. Así que van adelantando en el oficio y dominando la técnica, diríase que van aminorando su personalidad, o, para expresarme en el lenguaje taurino, van "perdiendo el sitio", con gran desencanto del aficionado. Éste ve diluirse en la vulgaridad un arte excepcional, que, aunque sólo se manifestase a rachas, era de tal calidad que compensaba con una tarde buena varias malas. ¿No será que con el predominio del oficio sobre la "inspiración" en aquellos toreros a quienes falta el valor, cuando se dan cuenta del riesgo que afrontan por un exceso de vigilancia del consciente, queda anulado el subconsciente?'

No entraremos ahora a discutir si toreros de arte como Juan Ortega o Morante encajarían verdaderamente en esa categoría de intuitivos. Gitanillo sí era de estos últimos, por supuesto. Tampoco insistiremos en los consabidos elogios a su verónica, la del minuto de silencio. Además, con los dos pies asentados en la arena, como decía Paco Camino que había que tenerlos en este lance:



Lo del minuto de silencio lo recordaban en este titular:



De su muerte, el catorce de agosto, setenta y cuatro días después de la cogida, Morla guarda este tierno recuerdo:

'El gitano ha muerto hoy. Tenía veintisiete años. En torno del féretro descubierto, la familia permanece muda. La madre, sin proferir una palabra, contempla a su hijo, y hay en su dolor silente una nobleza que infunde en los presentes admiración, respeto y arrobamiento. A medida que pasan las horas, en la desolación de la vigilia, la fisonomía del gitanillo se suaviza, adquiere serenidad y diríase que de nuevo sonríe: es la misma sonrisa peculiar suya, un poco melancólica, con que recibía las ovaciones de la plaza en delirio. Tan contento como estaba, parecía triste'.

Había hecho testamento en favor de sus padres y dejó una cantidad aparte para que su adorado sobrino Currito pudiera estudiar una carrera.



El cadáver del trianero llegaba a Sevilla dos días después.  En la estación estaban, además de medio barrio de Triana, Juan Belmonte, Antonio Miura Hontoria, el Papa Negro, Vicente Pastor, Moreno Santamaría y, por supuesto, sus seis hermanos, su cuadrilla y su apoderado Domingo Ruiz. Salvo error, Pastor debe de ser el de la derecha:



Carlos Morla tiene dos libros más de memorias que les recomendamos. El primero está escrito en Madrid entre 1937 y 1939 y el segundo en Berlín, durante los años del nacionalsocialismo. En el que nos ha ocupado a cuenta del pobre Gitanillo verán desfilar, entre otros, a Eugenio d'Ors, Marañón, Ortega, Sáinz de la Maza, Unamuno, Azaña, Madariaga... y, por supuesto, a la generación del 27 en pleno.

Lorca y él asistieron juntos al último festejo celebrado en la plaza de la carretera de Aragón, con dos toros para el rejoneador Cañero y seis para Lalanda, Cagancho y Rafael, el hermano de nuestro protagonista. Ambos mostraban su desagrado ante la nueva plaza de Las Ventas:

'La «nuestra», la que abandonamos hoy para siempre y que será derruida en breve —tan íntima, tan campechana, tan integrada en la vida de Madrid—, tenía olor a sangre de toros y de toreros. La queríamos como algo propio y la lloramos como a una vieja abuela que se va. -La otra —dice Federico—, la gran plaza flamante, de ladrillos y azulejos resplandecientes, es una «monumental señora» engreída y antipática, con vuelos y encajes de «nueva rica»-'.



Un día un fulano llamó a Morla por teléfono. Tenía acento andaluz y decía que era un novillero amigo de Cagancho y que lo llamaba de parte del maestro para ver si aceptaba ir de mozo de espadas con él la temporada siguiente. Morla se quedó parado, empezó a balbucear... no sabía qué decir,  probablemente porque en el fondo quería aceptar. Sus dudas quedaron disipadas con la carcajada que se oyó al otro lado del hilo. Era Federico García Lorca, que le estaba gastando una broma...

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

domingo, 28 de enero de 2024

UN RABO DE IDA Y VUELTA

Todo aficionado se acuerda de la primera corrida de toros a la que asistió. Lalanda siempre recordaba que la suya fue la de la despedida de Bombita, cuando se lo llevaban en hombros agradeciéndole lo del Montepío.

El niño Rafael Vega fue a los toros por primera vez el día del Corpus de 1925, tenía diez años. El cartel lo tienen aquí abajo. Reaparecía Belmonte en Sevilla en medio de gran expectación, con casi lleno y ovación de gala al diestro al acceder al ruedo. Además daba la alternativa al Niño de la Palma:



A su primero, que fue lidiado en tercer lugar, le cortó el rabo. En el ABC titularon: 'Belmonte no tiene piernas', destacando la inmovilidad con que había trasteado al santacoloma de Félix Suárez, con divisa roja, blanca y celeste. Rafael nunca olvidará esa corrida y en esos momentos ni se imaginaba que algún día sería él quien cortase un rabo alternando con Terremoto. Éste es el momento de la alternativa del Niño aquella tarde. Lo del testigo es una moda posterior:



Rafaelito ya sabía lo que era torear porque sus hermanos Francisco y José se dedicaban. Minuto llevaba una escuela taurina y fue quien lo vio un día en un tentadero y pensó que el gitano estaba hecho de la misma madera que su hermano mayor en cuanto a arte pero del segundo en cuanto a valor. Adoptará idéntico apodo y por ese motivo en las crónicas de la época se refieren a él como Gitanillo III.



Será torero artista y medroso o, como escribía Carlos Abella, de ánimo frágil. Bastantes veces escuchó los tres avisos. Como todos los artistas, necesita que salga su toro pero ojo porque Antonio Bienvenida  lo pone entre sus favoritos junto a Armillita, Pepe Luis, Lalanda, Nicanor, Fernando Domínguez, Barrera y, por encima de todos, Domingo Ortega. 

Hay una cosa indiscutible: Rafael Vega de los Reyes no habrá sido el más valiente pero sí el mejor bailaor entre todos los toreros. Lo certifica el citado Bienvenida con ocasión de un viaje que hacían a América varios diestros en el mismo barco, el Cabo de Buena Esperanza. Gitanillo dio un recital secundado en el escenario por Cagancho mientras Pepe Luis y Rafael Ortega Gallito cantaban.



Ya retirado tuvo un célebre tablao flamenco en Madrid, El Duende, otro en Marbella y después también un bar en la capital, Gitanillo's. En el primer local fue donde cantó Antonio Mairena por primera vez en Madrid sin más compañía que la del guitarrista 'y sentado, como mandan los cánones',  decía. Pulsen aquí los aficionados a este arte.

Volvemos a los ruedos. Han pasado nueve años desde aquel rabo de Belmonte en Sevilla y el niño Rafael tiene ahora diecinueve. La única corrida de la feria de Vitoria anuncia seis toros nuevamente de doña Carmen. El cartel no puede ser más artístico y encima los toros colaboraron con sus embestidas, especialmente el tercero, Campanero:



El pobre Manolito sí fue un torero verdaderamente malogrado, no como Gallito. Belmonte había sido obligado a saludar tras el paseíllo. Aquí lo ven en una imagen de aquella tarde al natural, con las zapatillas apuntando al toro:



Aquel año de su reaparición Belmonte había firmado una exclusiva con Pagés donde se aseguraba un mínimo de 25.000 pesetas por corrida, cantidad que aumentaba considerablemente en función de la asistencia de público. Toreó diecinueve festejos, con lo que se iría al medio millón de pesetas de la época, tirando muy por lo bajo. 

1934 se recuerda por su triunfo en Madrid en la segunda inauguración de Las Ventas el 21 de octubre. Fueron otra vez murubes de Carmen de Federico, los mismos con los que había compartido cartel en la capital en aquella última corrida de Gallito en Madrid donde le arrojaron almohadillas y salió muy dolido (recuerden esta entrada). Aquí tienen al de la calle Feria en una estocada ese 21 de octubre. Llama la atención la posición del toro, como si se le hubiera echado encima en el último momento o el diestro no se hubiera perfilado correctamente (?):

Pero volviendo a Vitoria, aquella tarde será Gitanillo quien se lleve el gato al agua. Salió ese Campanero que decíamos antes y en la primera entrada mandó a caballo y caballero al callejón. Lo aseguran tanto la crónica del diario Ahora como la de Fiesta Brava, o sea que será verdad. Después se ve que Rafael le hizo una faena que se siguió en pie desde el tendido, con el respetable enloquecido. Lo había brindado a Belmonte y a tal señor, tal honor. 



Fíjense hasta qué punto llegó la locura que lo mató de 'excelente pinchazo, estocada atravesada y cuatro descabellos' y, a pesar de ello, ¡le dieron el rabo!

Esto sería inconcebible hoy en día incluso en una plaza de pueblo. Sirva para desmitificar algunos de los triunfos que se magnifican con el paso del tiempo y que hoy nos llaman bastante la atención. Lo mismo sucede con las varas que tomaban los toros antiguos, como hemos comentado por aquí muchas veces.

Probablemente la de Vitoria fue la mejor actuación de Gitanillo de Triana en toda su carrera y por ende lo hizo ante Belmonte a quien, de manera figurada, devolvía aquel rabo que siendo un niño había visto cómo cortaba el maestro.



Cuando se iba Belmonte, Rafael lo abordó para pedirle que hablase con Pagés y que lo anunciase en alguna corrida. Juan le contestó: 'si haces muchas veces lo de esta tarde, no necesitarás ninguna recomendación'.

Ya saben que Rafael abrió el ínclito cartel de Linares dado que era muy amigo de Manolete, quien en muchas ocasiones lo imponía para abrir plaza. Años después confirmaba que el maestro acertó entrando en la suerte contraria para matar a Islero.

Ese mismo año de 1947 toreó Gitanillo en Sevilla la de Miura y brindó un toro suyo al califa, que estaba presente de espectador con gafas oscuras. Sepan que durante la breve ceremonia la plaza se dividió entre aplausos y pitos al cordobés. Minutos después ese mismo toro enviaba al gitano a la enfermería. La foto es de la cogida, con cornada en el muslo izquierdo, a pesar de la cual permaneció en el ruedo hasta matar el toro:




Unos días después de la tragedia de Linares, inauguraba nuestro protagonista la plaza de toros de Melilla, especialmente querida por un buen amigo del blog (pulsen aquí). Tenía que haber estado Manolo pero lógicamente no pudo ser. También causó baja Pepín por su cornalón en Valdepeñas (recuerden aquí, hablando de la corrida de los tres pepes). Al final, el cartel de ocho toros de Buendía lo completaron Luis Miguel, Domingo Ortega y Parrita.

Ortega cortó una pata y Luis Miguel un rabo antes de ser corneado de gravedad en el muslo izquierdo por el séptimo toro.



En esta bonita foto de abajo coincide toda la gitanería en la alternativa del que ven en el centro: son Gitanillo, Albaicín y Cagancho. Los toros, de Trespalacios:



El triste final de la historia de Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, nacido en la trianera calle Pagés del Corro, número 120, ya lo conocen ustedes:



Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



jueves, 2 de abril de 2020

LAS VERDADES DEL TOREO DE VERDAD (22): ¿CÓMO HAY QUE COGER EL CAPOTE?

Alguno de ustedes dirá que como el maestro quiera, que para eso es quien se pone delante. Hombre, en ese caso no hay nada más que hablar. Pero es que en la Tauromaquia no deberían hacerse las cosas como uno quiere sino como Dios manda. Por esa razón uno no estoquea como le viene en gana sino que se somete a unas normas.

No obstante, la estocada es la suerte que exige mayor rigor en su ejecución. Lo de coger el capote no es tan rígido y aquí entra un componente de gusto personal pero también de riesgo y exposición al lancear como explicaremos al final.

En la entrada anterior poníamos una foto de Rafael de Paula y les decíamos que se fijaran en un detalle sin aclararles cuál. Se trataba de darse cuenta de lo bien que cogía el capote. Ésta era la imagen:



¿Cómo hay que cogerlo? Nosotros somos de la escuela de Romero. Él decía que 'la forma de cogerlo es un poquito así, lo más cerca de la esclavina y cortito'. Ahí lo tienen:



Ustedes nos preguntarán que cuál es exactamente la distancia correcta respecto a la esclavina. Pues se lo preguntaron a uno de los mejores veroniqueadores de posguerra y dio dos respuestas diferentes, de las cuales nos quedaremos con la que preferimos. Es éste que ven:



Manolo Escudero. En una ocasión dijo que había que coger el capote a una cuarta de la esclavina y en otra, que a dos. Esa medida es la cuarta parte de una vara y una vara son 83 cms. Por consiguiente, estamos hablando de 20 cms. en un caso o 40 en el otro. Nosotros nos quedamos con una cuarta, esto es, menos de un palmo. A eso se refiere Curro cuando dice cortito. Recordemos al faraón:



Cuando empezó no lo cogía así, con el tiempo fue juntando las manos. La siguiente foto no le hará mucha gracia si lee estas líneas pero la ponemos para que comprueben la diferencia. Pertenece a mayo de 1957, su presentación en la Maestranza:



En ésta de abajo, en cambio, se aprecia claramente lo de la cuarta al lado de la esclavina, menos de un palmo:



El maestro contaba a Antonio Burgos que: 

'Sivianes, uno de Camas, me dice que yo toreo cada vez con las manos más cerca de la esclavina y que me retiraré cuando llegue a torear con las manos completamente juntas cogiendo el capote'



El otro que cogía el capote de maravilla es el que daba pie a esta entrada, ahí lo tienen:



Ambos lo cogen como Dios manda, 'a la esclavina'. Y con todos los dedos, dejando por abajo sólo el pulgar, como tiene que ser (aunque Paula escondía el índice derecho en la primera imagen, no sabemos por qué). 



Qué pocos son los toreros que cogen bien el capote hoy en día. Abren los brazos y lo agarran casi a medio metro de la esclavina. Más que cortito es 'larguito'. Pero es que encima estamos cansados de ver esos capotes descomunales que usan, fabricados en los astilleros de Bazán. 

Aquí tienen a uno que exhibe uno de los más grandes de la historia (Manzanares):




Otro que tal baila aquí, abajo. Con su capote torearía Polifemo en la isla de los Cíclopes. Las manos, a una vara de la esclavina (El Juli):



Morante, largo también. Recuerden que Paula lo acusaba de no saber coger el capote y dice que fue él quien se lo explicó, naturalmente:



No vamos a aburrirles con la larga lista de toreros actuales del mismo corte pero de ella quitamos a uno que no merece figurar, ahí lo ven:



Es Jiménez Fortes con el capote bien cogido. De los pocos hogaño... ¿o quizá el único?

Además estos capotes modernos 'parecen hechos de lona', como también decía Curro. Nada que ver su forma de volar con la de los antiguos, cuyo recuerdo nos invadió fugazmente viendo lancear a Frascuelo en Céret. Observen que su capote se desplegaba sedoso:



Como curiosidad, decirles que en un festival en Tarifa el año 1972 con Ordóñez y Paula, Romero fue desarmado al entrar a matar y cuando vinieron a hacerle el quite, arrebató el capote a su peón y entró a matar con él. 

Se nos dirá que grandes maestros de otro tiempo también cogían el capote muy largo. Hay verdad en eso, ahí tienen a Pepe Luis Vázquez, que se caracterizaba por ello:



Observen aquí a su hermano, bastante más recogido, a dos cuartas:



Cogiéndolo más largo, si en el momento del embroque se bajan las manos y se juntan más o menos los brazos, el resultado puede ser una verónica plena de empaque, como ésta suya que vemos:



Chicuelo también largando mucha tela:



Manolete, lo mismo:



Y Antonio Bienvenida:




Se preguntarán por qué casi nadie coge el capote recortadito como Romero o Paula. Pues sencillamente porque hace falta mucho valor para cogerlo así. No, no es broma. Si nos permiten, nos explicamos.

El toreo de capa es el más difícil. Hay que jugar con las dos manos y no con una, además de hacerlo ante un toro que conserva toda su pujanza. Cedemos de nuevo la palabra al que sabe de esto, que es Romero:

'El capote tiene más exposición que la muleta, con ella tiene uno más defensa pero con el capote no puedes pegar estirones ni toques para dejar el toro ahí quieto'

Cogerlo cortito implica largar menos tela. Estás más expuesto al toro y en esa situación, como decía Curro, 'hay que torear más con las muñecas y con la cintura, de cadera a cadera'

¿De quién aprendería a coger el capote así? Pues de este hombre:




Curro Puya, Gitanillo de Triana, el mago del capote: 'ese capote recogido mío, como cogido con dos deditos, lo cogí de fotografías de Curro Puya...es que luego además se dormía con él...' 

Añadiremos de nuestra cosecha que a Gitanillo lo protegía Belmonte cuando empezó. Tan es así que se presentó en la Maestranza de novillero con un vestido prestado por Terremoto, a quien brindó un novillo. Como la cosa se le dio bien, al dar la vuelta al ruedo se paró ante la localidad de Juan y agarrándose la chaquetilla le gritó '¡Pa mí!' Y nunca se lo devolvió.

Los diestros de hogaño no demuestran tanto valor como Paula o Romero para enseñar menos tela y exponerse ante ese toro que tiene todavía todo su poder. Aunque los que lidian nuestras figuras acostumbran a venir picados del campo como ustedes saben de sobra. De nuevo el faraón decía sobre esto que 'como hoy el toro tiene menos casta, puedes salir a pegarle lances en seguida antes de ver cómo es ni lo que va a hacer'



Efectivamente, señores, recuerden a Manzanares con Dalia de Victoriano en la Beneficencia de 2017. Lo lanceó de salida con su monstruoso capote mientras el toro embestía pastueño, como si ya llevara dos puyazos. No les engañamos, pulsen aquí y comprueban eso y de paso se fijan en cómo coge la capa.

Lo que abunda hoy son capotes descomunales manejados por brazos abiertos como los del gigante Briareo. Personalmente, no nos gusta y además lo consideramos un alivio. 

Si a pesar de todo lo dicho siguen creyendo ustedes que únicamente es cuestión de gustos, nuestro gusto es el capote de pequeñas dimensiones, no almidonado y cogido a una cuarta de la esclavina o menos.

Pero esas tres condiciones sólo son para toreros valientes.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.