...Y QUIÉN TE VE
Era esta una ganadería que los aficionados tenían en un pedestal. Los más veteranos recordarán su presentación en Madrid en 1963 y los menos talluditos la tendrán en su memoria por los años ochenta, cuando se llevó premios a la mejor corrida de San Isidro o de Pamplona.
En la capital recordaremos a Cumpridor, muerto por Palomar y azuleado en Las Ventas en 1988. También al Sacristán de 486 kilos que mató Justo Benítez también en Madrid el 6 de junio de 1984. Aquella corrida fueron cuatro de Pablo Romero y dos de Murteira, entre ellos el citado, 'un toro para firmar esa misma noche ochenta corridas de toros', según Zabala. En Pamplona, un Bilbaíno que se llevó el Carriquiri en 1985 lidiado por Roberto Bermejo. Pero a Joaquín Murteira le gustó mucho más el Chupamiel de 1987 que desorejó Tomás Campuzano también en San Fermín.
Llamaban la atención los morrillos de estos preciosos toros, de los más serios que se pueden ver en el campo:
| FOTO: Botán |
También en 1976 los animales salieron mansos, broncos y difíciles. No lo pasaron bien ni Fuentes, ni Santiago López ni Paco Bautista. Aquí tienen al de Linares matando ese día:
| FOTO: Botán |
Como curiosidad les diremos que, salvo error, Curro Romero mató en su dilatada carrera tres toros de Murteira: dos en El Puerto en 1971 (bronca y silencio) y uno en Madrid en 1975 (bronca). Antonio Bienvenida cortó dos orejas a otro en esta corrida madrileña de 1971 donde este toro luso derribó:
No creemos que haya ningún torero que haya matado más toros de esta ganadería que Francisco Ruiz Miguel. Hablamos de más de 100 en 50 corridas ya que recordemos que el año de su despedida se encerró con seis en la portátil de Puerto Real. Salieron algunos sospechosos de pitones, todo sea dicho, y no ha sido la única vez que la sombra del barbero ha acompañado a este hierro. Unos como éste se lidiaron en Tudela (recuerden esta entrada sobre el afeitado):
Dice el maestro que mató su primera de Murteira en Olivenza y que cortó un rabo. No lo hemos podido confirmar y por ello nos asalta la duda ya que la memoria de Paco falla como escopeta de feria pero siempre a su favor. Dijo en canal Sur que en Tarragona cortó un rabo a un toro de Prieto de la Cal y que salió a hombros junto a José Nelo. La verdad es que él salió andando tras cortar una oreja y Morenito salió protegido por la policía. No nos lo han contado porque estuvimos presentes aunque fuera a una tierna edad.
Aquí tienen al maestro tentando en la finca portuguesa:
Cuando Cañaílla habla de las corridas duras que lidió en su vida siempre salen, por este orden: Miura, Victorino, Pablo Romero y Murteira.
Pero parafraseando al gran Jorge Manrique podríamos decir aquello de:
¿Qué se hizo de Murteira?
¿Qué fue de tanto galán?
¿Qué fueron sino rocíos de los prados?
Las lamentaciones de Jorge Manrique sobre el tiempo pasado nos retrotraen a los sesenta, años en que los toros de Murteira causaron sensación en tierras españolas. Todo arrancó cuando lidiaron por primera vez en Madrid, en Vistalegre en el año 1963. Aquello era entonces una mezcla de Pinto Barreiros, Guardiola y Samuel, sin más. La corrida tuvo 'peso, fuerza, terror y pitones'. Destacó el tercero, 'Rosarito'. La mataron Cabañero, Manolo Villalba y el colombiano Curro Lara, que resultó cogido:
Fíjense en esta curiosa instantánea de esa corrida:
Sucedió que Villalba dejó media estocada que quedó tan incrustada en el toro que no había manera de extraerla. Solicitó permiso a la presidencia para entrar a matar de nuevo porque el toro no acusaba la herida. Se le concedió y de ahí esa foto insólita de un toro con dos estoques.
Dos años después regresó Murteira a Madrid para lidiar una novillada 'sensacional por temperamental, encastada y con fuerza, cosas que nos hacen pensar en que la bravura parece que emigra a Portugal'. Los novilleros fueron Tomás Parra, El Pepe y El Zorro de Toledo. Este cuarto, de nombre Piloto, tomó cuatro varas viniéndose de lejos, embistió con nobleza y con gas y vio el azul:
Murteira, junto a Infante da Cámara y Branco Nuncio, pasó a incluirse en el lote de ganaderías portuguesas que no eran cómodas y que las figuras no pedían pero que podía poner en circulación a un torero de la zona media del escalafón. Las verdaderamente toristas a finales de los sesenta eran Coimbra y Ribeiro Telles mientras que las de Cunhal y Palha se consideraban flojas y comerciales. Pero más adelante los murteiras entraron en la dinámica de toros duros y broncos y el sambenito los acompañó para siempre.
En Pamplona lidiará en los ochenta cuatro años seguidos pero el resultado de los dos últimos la envió al ostracismo. Algo parecido debió de suceder en Madrid tras la de 1996, que en una crónica titularon 'seis mulos de Murteira' y en otra 'infierno de mansedumbre'. El padre acababa de incorporar dos sementales de Juan Pedro pero ocho años después cedió los trastos a su hijo. Es entonces, a partir de 2002, cuando el propietario actual opta definitivamente por buscar una vía más toreable.
Las generaciones jóvenes de aficionados han crecido ignorando el aura que tenía la palabra Murteira para los más mayores. Cuando Joaquim Manuel de Vasconcellos tomó las riendas de la ganadería, se tiró hacia lo comercial poniendo a padrear sementales de Jandilla (dos), de Daniel Ruiz (otros dos) más Torrealta, Zalduendo, Cuvillo y también sendos de Guateles y Flor de Jara.
Nos da la impresión de que la filosofía que tiene el nieto dista bastante tanto de la del abuelo como de la del padre. Mucho nos tememos que de aquellos murteiras fieros solo queda ese hierro tan elegante y esa finca tan bonita, además de la estampa de algunos de esos ejemplares suyos que todavía presentan reminiscencias de la seriedad indiscutible de los antiguos guardiolasotos. Observen ese hocico chato con los ojos vivos y saltones:
Fíjense en esos arcos superciliares tan marcados que denotan un rictus de no tolerar bromas:
| FOTO: http://www.murteiragrave.com.pt |
El hierro tan elegante se lo compraron a Sánchez Ibargüen y era el que fue del bueno y romántico de Fernando Villalón, aquel aristócrata que se mezclaba con gitanos, mayorales y caballerizos y que terminó arruinado por sus negocios poéticos.
La finca es La Galeana y difícilmente encontrarán ustedes otra que la supere en primavera, un auténtico festival para los sentidos.
| FOTO: http://www.murteiragrave.com.pt |
Fue propiedad de doña Casimira Fernández, la viuda de Soler. Lidió sus toros antes de la guerra herrados con la S de su marido que, salvo que alguien nos rectifique, hoy es la S de Sobral tras haber pasado por los herederos de Diego Passanha.
Esa salida hacia lo comercial que comentábamos antes quizá era la única posible para el nieto después de ver cómo sus toros acusaban cierto descaste. Cuando el vino está agriado habrá que decidir si meter más alcohol, con el riesgo de que aquello se convierta en matarratas, o echar agua para que por lo menos se pueda beber.
La línea que ha marcado el amo en estos últimos veinte años la dejaba clara hablando con Viard:
'Yo busco el toro que ponga a todos de acuerdo, ni tan fácil como el de Domecq ni tan difícil como los gameros. Quiero que repita, que sea noble, que obedezca, que humille... pero con carbón. Ése es el toro bueno para todos: para el torero, el ganadero, el empresario y el público'
Recuerden que El Gallo aconsejaba a los ganaderos que 'se dejen de historias y críen toros que no meneen la cabeza en el capote', por eso Vasconcellos añade lo que sigue:
'Quiero que mis toros embistan recto, con clase y con motor'
Vemos a don Joaquim loco por que las figuras se apunten a su ganadería. De hecho, la terminología que utiliza es la que emplearía el ganadero más comercial del mundo. Aquí pueden leer algo más. Entresacamos esto:
'El toro que me gusta es aquel que galopa, que tiene ritmo, que vence las inercias, que una vez que no haya inercia, tenga que iniciarlo todo'
Doctores tiene la Iglesia torerista que nos explicarán en qué consiste ese arcano de las inercias a que se refiere Vasconcellos. Nosotros no lo sabemos. Sigue:
'El torismo para mí no vale, no quiero alimentarlo. Yo defiendo el toreo bueno. Para mí la bravura no se ve en el caballo, así de claro. Se ve en la muleta'
Lo justifica de la siguiente manera:
'En el caballo el toro embiste y tiene el premio de que nota que lucha contra el peto. En la muleta no tiene ningún premio. La persigue treinta o cuarenta veces y, a pesar de no cogerla, sigue embistiendo. Eso es un milagro zootécnico y en eso consiste la entrega que yo pido a mis toros'
Añade una cosa curiosa:
'Ahora que en los tentaderos doy mucha menos importancia al picador, me salen más bravos los toros en el caballo cuando van a la plaza'
Los seguidores de nuestro modesto cuaderno sabrán que nos llama la atención cómo meten los riñones algunos juampedros o garcigrandes en el primer y único puyazo que reciben. Muchos picadores afirman que empujan más que muchas ganaderías de las consideradas duras. ¿Pasará con Murteira esto mismo? La cuestión es si nos quedaremos sólo con el monopuyazo, o con el monopicotazo, porque nos da la preocupante impresión de que el ganadero portugués firmaría. Por eso decíamos más arriba que difícilmente su padre y su abuelo habrían comulgado con estas ideas.
Son ideas perfectas para que se apunten a sus toros nuestras queridas figuras. Ése es su sueño pero le pesa como una losa el nombre de su ganadería y el hierro que la representa. Si variase el diseño, cambiase los colores de la divisa y en lugar de Murteira se llamase 'Toros de Joaquim Manuel' o 'Ganadería La Galeana', vaya usted a saber si las figuritas del Belén se dignarían pedir sus animales.
Mientras siga llamándose Murteira llevará sobre los hombros la fama que le dio nombre, la de aquellos toros que vendían muy cara su vida. Por eso presumía tanto Cañaílla de haberse enfrentado a ellos. En la tauromaquia del siglo XXI, que el toro venda cara su vida sólo interesa a cuatro aficionados a quienes se les ha parado el corazón. Como a los selectos seguidores de nuestro modesto blog.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.







