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domingo, 2 de agosto de 2026

DELIRIUM TREMENS

Nos daba una pereza enorme ver esta corrida dado el ganado anunciado. Lo que nos decidió fue la posibilidad de deleitarnos con seis buenas estocadas ya que se anunciaban tres excelentes estoqueadores. Tenemos claro que en la suerte suprema da igual que el toro que tengas delante sea un norit o que sea Jaquetón. Al final vimos una muy buena de Talavante y otra más que aceptable de Morante recibiendo.



Hubo casquería abundante, un toro azuleado, petición de indulto y público absolutamente enloquecido, aunque no tanto como los paniaguados televisivos de Canal Sur. 

Con este panorama cuando lean por ahí las crónicas de los portales vendidos quizá saquen una impresión equivocada de lo sucedido. O quizá se equivoquen haciéndonos caso a nosotros, vayan ustedes a saber. 

La corrida de Álvaro  Núñez fue en general impresentable, sin trapío y con ejemplares indignos hasta de una plaza de tercera. Poca cosa en el peto excepto el fanfarrón cuarto, al cual Morante ordenó matar en el caballo. Luego él mismo se sorprendió de que le viniesen ganas de estar delante cuando su idea inicial era no querer ni verlo.



El juego fue el siguiente: primero, un borrego inválido; segundo, muy noble aunque un poco protestón; tercero, bravucón en varas y áspero en la muleta; cuarto, con poder en el caballo y luego mirón; quinto, incansable embistiendo al paso con nobleza estúpida y sexto, soso y sin fuelle.




MORANTE. Su primero pesaba 500 kilos y era un castaño oscuro, anovillado y con las patitas de cristal:



Simulacro en una vara y capotes al cielo para evitar el derrumbe. Tres capotazos le pegaron en el segundo tercio, ni uno más porque igual se echaba.

Labor de enfermero del diestro, con la muleta a media altura y consiguiendo que el animal la siguiese empapado sin volverse a caer.



Pinchazo trasero al encuentro más esta estocada recibiendo, trasera, desprendida y perdiendo la muleta. Oreja bondadosa:



El cuarto era impresentable con sus 473 kilos y casi brocho:




En el primero descabalgó al piquero porque cogió al caballo por la grupa como ven. En el segundo, como era previsible en esta gente tan vengativa, Rivas le pegó una paliza acongojante con doble carioca. Morante no sólo oía llover sino que ordenó una tercera entrada y la consiguiente zurra. El pobre animal pagó muy caro el extraño que  había hecho con el capote al maestro. Reseñemos que a pesar de tanta sevicia, en el segundo puyazo el novillete sacó el caballo a los medios con un empuje de categoría.



Morante empezó deambulando por allí un tanto medroso y sin acabar de confiarse nunca. Los televisivos lo tapaban constantemente diciendo que estaba analizando al toro. Insistían sin sonrojo en que 'el toro está dudando' cuando quien dudaba claramente era el diestro.



Cuando por fin se quitó tantas precauciones de encima el de Núñez ya se había parado. ¿Qué pasó para que la cosa terminase en delirio? A nuestro entender, dos circunstancias: la primera, que el animal lo miraba alternativamente y él le aguantó varios parones; la segunda, que todo el mundo había pensado que se lo iba a quitar de en medio con dos mantazos y una puñalada y el propio maestro sorprendió a la concurrencia, incluido a sí mismo, cuando al final se atrevió a sacarle pases. Muchos resultaron sucios pero dio igual porque para entonces el público ya había enloquecido. Y los televisivos, ni les contamos.

Pinchazo más esta estocada contraria y ladeada, saliéndose de la suerte con descaro. Bien el presidente Vega sin plantearse la segunda oreja.



TALAVANTE. Su primero era negro mate, terciado, ensillado y corniapretado:



Empezó a cabecear y casi descabalga al picador como ven. Cuando se recolocó en la montura le perpetró una rencorosa carioca:



El cantante Ambel hizo una muy buena brega donde bordeó la verónica. 



El torillo ya sacó la lengua en el segundo tercio pero luego metía el testuz como si fuese un amigo de la infancia.



El toreo de Talavante tuvo el mérito de que neutralizó el meneo de cabeza mínimo del animalillo. Con otra mano ese mismo toro igual acaba subiéndose a las barbas. Estocada trasera hasta la gamuza y sin pegar el telonazo, ahí lo ven. Este diestro es de los que apunta con el palillo al morro, ¡rara avis!



El quinto era otro gnomo anovillado y de muy poco respeto:



Guante blanco en el caballo en un trámite ordenado por el diestro del que se fue suelto. Ambel puso un par aceptable y este otro pasándose de listo:



El torete era de Duracell y tenía esa nobleza atontada que permitió al diestro hacer el tiovivo a placer. Faena de sesenta pulsaciones a la que solo faltó el fandango.



Pero echó la pierna atrás permanentemente. El respetable, loco, eso sí, y ya con el no lo mates en la boca. Talavante montó el numerito de retrasar la muerte a ver si aparecía el naranja pero afortunadamente no hubo tal. Lo ponemos en el haber del señor Vega porque Alvarito decía que lo hubiera querido cubriendo. Eso sirvió para que viéramos una excelente estocada del maestro, lo mejor que hizo en toda la tarde:



Como el festivo público estaba enfadado por no volver a casa diciendo que había visto un indulto, abroncaron al presidente y forzaron las dos orejas y un azul de chichinabo.

ORTEGA. Su primero era un toro barroso claro, escarbador y con un pitón izquierdo con ese aspecto...




Buenas verónicas de recibo, sin echar el paso atrás como hace otras veces el maestro y por aquí se lo censuramos:



En el primero entró con todo y cuando estaba romaneando salió huyendo. En el segundo mete bien el riñón pero el piquero cumple la orden del maestro de recargar con vileza haciendo la carioca.



Lo castigó muy adecuadamente con unos doblones iniciales ya que el animal iba a su aire. Después no había que quitarle la muleta de la cara porque tenía tendencia a la huida.



Pero no fue el Ortega que nos gusta. Este escondió la pierna intentando el tiovivo y eso no es. Lo que pasó fue que el toro no tragó y el maestro no pudo con él. Estocada caída ejecutada con lentitud:

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Culminó la novillada con este castaño bociblanco, bastante indecente de cara, al que esta vez recibió con verónicas de paso atrás después de un farol de rodillas en tablas:



Empuja con un solo pitón y está muy bien Bernal aguantando el envite tras levantar la vara. Cambió el tercio Ortega y ahora sí pegó dos verónicas buenas. Perico dio el pasito de más para aliviarse:



Tal como estaba el ambiente por poco que hiciera iba a tocar pelo. Ya se vio de inicio cuando le jalearon unos ayudados rodilla en tierra. El problema era que el choto tenía muy poca fuerza y venía rebrincadillo y punteando la tela.



A pesar de las desmesuradas alabanzas de los televisivos la faena no cogió ningún vuelo. La verdad es que Ortega había tenido mala suerte en el sorteo comparado con sus colegas. Buen pinchazo, otro caído, otro a toro aplomado, otro chocando con una banderilla, estocada corta escupida y al cabo se echa.



Fin de fiesta con ambiente de euforia delirante. El personal salió radiante del festejo y los televisivos no cabían en sí de gozo dando rienda suelta a su triunfalismo tan barato como estomagante.

A estas alturas al presidente Vega lo habrán puesto a caldo pero sepa que por aquí lo defendemos porque en el tema del indulto si no se cumple el artículo 57.1.a del reglamento andaluz no hay más que hablar y ese fue el caso. No obstante, le criticamos haber enseñado un pañuelo azul de risa. El artículo 56.3 dice que ese azul será otorgado por la excepcional bravura durante toda la lidia y en ese quinto no hubo tal.

Les hemos contado cómo lo vimos nosotros. Si ustedes vieron la corrida, lo discutimos en los comentarios y si no, véanla en la web de Canal Sur y deciden a quién hacen caso, si a nosotros o a las redes y a los críticos paniaguados del pesebre.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


viernes, 22 de mayo de 2026

FERIA DE SAN ISIDRO, 2026, (12). PUERTO Y VENTANA: TRES AVISOS PARA AGUADO EN MADRID

Hace cincuenta años a Aguado le buscarían las cosquillas sus compañeros en los patios de cuadrillas antes de los próximos paseíllos en plan: 'Pablo, en Madrid tres tararí, ¿eh?, jejeje...' Como ahora vivimos inmersos en el buenismo nadie le dirá ni mu a pesar de la monumental vergüenza que debería ser para un matador de toros no poder matar un toro. Y los críticos paniaguados serán los primeros que pasarán de puntillas sobre este sonrojante hecho. Recuerden que a Roca le sucedió lo mismo el año pasado y se lo criticamos convenientemente en esta entrada.



No solemos decirlo pero hoy les confesaremos que esta era una de las bastantes corridas que jamás hubiésemos visto si no es por ese compromiso autoimpuesto de dejarles por aquí las crónicas del culebrón isidril. Y eso que era de las de no hay billetes hace semanas...

Cuando acabó pudimos comprobar que acertamos de pleno porque el festejo fue una tortura digna de la Securitate rumana.

Tres de El Puerto y tres de La Ventana. ¿Cuál fue peor? Salvamos al colorado de La Ventana por su buena pelea en el caballo. El resto, infumable,  incluidos los dos sobreros. 



La corrida dio una media de 574 kilos. Su triste juego fue como sigue: primero, asfixiado; segundo, devuelto; el sobrero de José Vázquez, minusválido; tercero, rajado; cuarto, devuelto; el sobrero de El Freixo, vulgar; quinto, bravo en el caballo pero desfondado en la muleta y sexto, sin interés.




MANZANARES. Su primero era negro zaíno, con poco cuello y lo recibió veroniqueando con el pasito atrás. Las fotos son del maestro Moore:



Guante blanco en varas porque estaba para el tinte de salida. Irrelevante lo que vino después ante un animal que apenas podía mantenerse en pie, una tabarra.

Estocada arriba con ese telonazo que ven:



El cuarto era de La Ventana, negro listón, cornilevantado. Un inválido que fue para atrás:



El segundo sobrero era de El Juli, negro zaíno, alto, acapachado:



No era cornidelantero como dijo Encabo:



Recibió una paliza excesiva en dos varas tapándole alevosamente la salida como ven con esa mano izquierda asesina. Estamos convencidos de que todo esto fue orden de Manzanares seguramente porque el animal estaba muy astifino. Ahí lo tienen, mirando que su orden se cumpliera a rajatabla pero como si la cosa no fuera con él:



El toro era bastante tonto y encima Manzanares se dedicó a pegar pases fuera de cacho. Esto que les acabamos de apuntar, traducido al lenguaje de Arnás fue que no se terminan de entender toro y torero. Son los paños calientes habituales de los paniaguados para no molestar a los taurinos.

Insufrible e interminable trasteo. Casi entera, trasera, con telonazo y saliéndose de la suerte pero que basta.



ORTEGA. Su primero era este negro zaíno que vio el verde:



El sobrero era de José Vázquez, negro, bragado, astinegro, acapachado y cornilevantado:



Al relance, señal en el lomo y luego picotazo tras el que se derrumba. Tenía un trotecillo caprino. Ortega salió a hacer de enfermero poniendo caras de importancia:



Nada, una insistencia absurda. Por lo menos le pegó una excelente estocada, lo mejor de la tarde. De hecho, lo único bueno junto a la segunda vara del colorado quinto:



Fíjense en que en la siguiente foto del maestro Moore se ven ambos cuernos, señal de que no ha pegado el telonazo. Comparen con la primera estocada de Manzanares más arriba:



El quinto era un colorado, ojo de perdiz, chorreado en verdugo, badanudo y con cara:



Quiso meter los riñones pero enseguida se dio cuenta de que era imposible mover un caballo... ¡que nos dicen que pesaba casi lo mismo que él! Segundo puyazo de bravo que ven abajo. Lástima no ver un tercero pero eso, en la que llaman primera plaza del mundo, es un arcano:



El toro llevaba el morro por la arena pero pegaba un tornillazo al final del viaje. Agotó el depósito en la segunda tanda y la cosa se diluyó como un triste azucarillo. Estocada caída y fin de feria para el maestro tras un paso por ella más con pena que con gloria:




AGUADO. Su primero era negro, sucio, gordo, bien encornado y de 604 kilos:



Señala en el lomo y en el segundo parte la vara y se va suelto. Fue ridículo ponerlo en una tercera entrada ya que estaba amortizado. Por una vez que Aguado pide el cambio sin freír al toro en el caballo...

Observen el primer par de Iván García. Sin comentarios: 



El segundo, aun sin cuadrar en la cara, fue mejor fundamentalmente porque era imposible que pudiera ser peor:



Enseguida vio Aguado que el torito no se comía a nadie aunque viajaba un poco rebrincado. Sin probaturas ensayó el tiovivo. Luego toreó una tanda y media de salón sin que el animal le tocase la muleta ni una sola vez. Pero estaba loco por rajarse y se rajó.



Media desprendida con saltito, dieciocho descabellos y tres avisos pero Aguado se retiró como si tal cosa, cuando antiguamente eso era un verdadero oprobio, ¡y en Madrid!



El sexto era un toro negro, salpicado, gargantillo, listón y zarco, que se tapaba por su bonita pinta:



Venía picado del campo y encima lo esperaba Espartaco a caballo. Menos mal que no apretó como otras veces. El toro salió suelto. Al pobre animal Aguado le pegó otro puyazo con dos medias verónicas consecutivas.

En el tercio de banderillas asistimos a lo que se veía venir y es que Sánchez Araujo puso un par en la arena al quedarse sin toro de tanto pasarse de listo. Es acongojante. 



El toro repetía pero tenía las patitas de alabastro y por ello claudicaba al tercer pase. Alargó la faena cuando ya llevábamos dos horas y cuarto de aburrimiento y sólo consiguió soliviantar al respetable. Pepe Luis Vázquez Silva siempre decía que le daba mucho coraje el simple hecho de pensar que podía estar aburriendo al público. A Aguado eso le importa una higa, incluso pareció que lo hacía para provocar.

Estocada corta sin fe y media atravesada. Fíjense en la mirada del toro, que es lo que suele inquietar más a los toreros. En el caso de este vienen ganas de acercarse a darle un beso en el testuz:



La corrida fue un castigo, perfecto para apuntillar nuestra ya maltrecha afición, que esperemos se venga un poco arriba en Vic-Fezensac. Tener que soportar en San Isidro otra corrida como esta es para que nos envíen al corral a nosotros.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.