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jueves, 14 de diciembre de 2023

LAS VERDADES DEL TOREO DE VERDAD (27): '¡ESO ES DE "CHALAOS"!'

Los lectores más fieles recordarán que dedicábamos dos capítulos de nuestra sección Verdades del Toreo a cómo coger tanto el capote -aquí- como la muleta -aquí-. 

La frase del titular está relacionada y la decía uno que fue director de Escuela Taurina en Madrid hace más de cien años: don Francisco Sánchez Povedano, esto es, Paco Frascuelo, el hermanísimo. Parece ser que no nació en 1843 como figura en el Cossío sino en 1841, con lo cual sería mayor que El Negro y además habría sido el primero en usar el apodo de Frascuelo.

Nosotros tenemos especial cariño al hermano de Salvador ya que fue quien inauguró junto a Lagartijo en 1883 la plaza de toros de Tarragona, a escasos veinte metros de donde escribimos estas líneas. Luego comentaremos algo al respecto pero antes hay que aclarar el titular, que se refiere a lo que ven en la siguiente foto:

Javier Arroyo


En la escuela madrileña de Paco aprendieron muchas cosas Gaona o El Papa Negro, por ejemplo.

Antes de seguir, aclaremos para los amigos que nos lean desde fuera de España que lo de 'chalao' es vocablo coloquial que equivale a loco, chiflado, maniático, atontado... La anécdota del título nos la cuenta otro de los discípulos de aquella escuela, Antonio Sánchez, de quien hablábamos aquí. 

Paco Frascuelo tenía fijación con la forma de coger el capote. A veces lo estiraba en el suelo y ordenaba a un pupilo que lo cogiese. Rápidamente intervenía a gritos: '¡Así no, hombre! ¡Que eso no es un felpudo, que es un capote de torear!' Censuraba muy agriamente esa costumbre realmente zafia de morder la esclavina del capote para plegarlo sobre el pecho. Es algo que nosotros aprendimos de pequeños cuando leímos un célebre artículo de Cañabate hablando de ello. Pero cedemos la palabra a Sánchez:

'Paco Frascuelo nos enseñaba de todo. La primera lección que me dio fue sobre cómo ha de cogerse el capote. Me tiró uno por el aire y lo cogí al vuelo de cualquier manera. Entonces me dijo: 'así, no; el capote se levanta siempre por la esclavina ¡y sobre todo, no lo sujetes nunca con los dientes! ¡Eso es de "chalaos"!


Raúl Doblado


Casi se nos saltaban las lágrimas al leer hace poco estas líneas porque desde muy tierna edad nos hemos quedado solos censurando esa atrabiliaria manía de comerse el capote. Lo hacen todos ya desde novilleros, nadie les avisa de que es una zafiedad. 

Lo peor es que dos toreros preocupados por la liturgia de la Tauromaquia y que nos consta que tienen muchos libros de historia del toreo en casa, muerden la esclavina como dos 'chalaos'. Nos referimos a Morante y a Octavio Chacón. Como ninguno de los dos leerá estas líneas, si alguno de ustedes los conoce, les hace llegar nuestra opinión. 


Marcelo del Pozo


Lo lógico si se quiere plegar el capote sería sujetarlo un momento con la barbilla, nunca mordiéndolo. Antonio Bienvenida era otro que luchaba contra molinos de viento contra esta costumbre. Se ve que hizo este pareado que suscribimos en todas sus letras:

'No muerdas más el capote / que eso es de sucio o de zote'

Lo de zote equivale a ignorante, patán o zafio. Lo de sucio está claro.

Recuerden que en esta crónica se lo censurábamos a Pablito Aguado:



Bah, todo esto es clamar en el desierto cuando actualmente la liturgia taurina es algo que todos desprecian. Se quitan las zapatillas para torear, tiran los avíos en desplantes grotescos, fuman en el callejón, brindan toros que son un insulto al respetable, piden el cambio de tercio sin desmonterarse, se colocan mal en el ruedo, van con el estoque simulado... Por cierto, pulsen aquí para recordar quién fue el primero en usarlo. Es que precisamente el citado Sánchez contaba que iba andando con otros torerillos desde su taberna de Mesón de Paredes hasta Puerta de Hierro sosteniendo durante todo el trayecto una barra de hierro más pesada que un estoque: 'lo hacíamos para coger fuerza en la muñeca porque entonces siempre se toreaba con la espada de verdad'. Ese recorrido son 8,5 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. ¿Qué dirían Sánchez o el director de su escuela si viesen la ridícula espadita de bambú del bueno de Robleño, que parece comprada en los chinos?



Pues ya conocen nuestra teoría sobre morder el capote. Es la misma que la de Joaquín Vidal, quien también leyó a Cañabate. Decía que había que olvidar lo de cambiar la seda por el percal y decir cambiar la seda por la tela de mascar. Nosotros seguiremos insistiendo en ello aunque tengamos tan poco éxito en nuestra cruzada como el de Paco Frascuelo, Antonio Bienvenida, Vidal o Díaz Cañabate.

No nos vamos sin hacer un breve recordatorio a lo que sucedió aquel viernes, 21 de septiembre de 1883 cuando se inauguró la plaza de Tarragona aprovechando las fiestas de la patrona Santa Tecla. La capacidad era para unas 14.000 personas, bastantes más que la de la plaza de Madrid entonces, y ostentaba uno de los diámetros más largos de España. Tengan en cuenta que en aquel año la ciudad no pasaba de los 20.000 habitantes. A la derecha de esos árboles está nuestra casa, que es la suya:



Fueron toros de Antonio Hernández López para Lagartijo y Paco Frascuelo. Pastaban en la zona de Colmenar y venían de Vistahermosa con un refresco jijón, divisa morada y blanca. Mataron once caballos aquella tarde:



Paco estuvo bien a secas matando dos. Lagartijo triunfó en el quinto y le dieron el toro. El sexto lo mató el sobresaliente Valentín sin novedad.

Al día siguiente sábado se repitió el cartel pero con toros de Félix Gómez aunque la corrida resultó bastante más discreta.

¿Tendría Lagartijo la desagradable costumbre de morder su capote? Paco Frascuelo seguro que no. Y apostaríamos a que el califa tampoco.

Ninguno de los dos debió de ser el primero que mordió un capote. Como decía Cañabate, seguro que fue un torero hambriento... de ganas de torear.


FOTO: Paloma Aguilar

Nos despedimos enlazándoles las otras entradas de nuestra serie sobre Las verdades del toreo de verdad:

La naturalidad al torear.

El Cordobés: cómo romper un toro y cómo se torea al natural.

Marcial Lalanda: entrar a matar.

Antoñete y el toreo desmayado.

Esplá explica qué es el temple.

El medio pase y el toreo de perfil.

Las verdades de un mayoral.

Verdades de Paco Camino.

Cañabate y el público de toros.

Cañabate, las fundas y el toro comercial.

Las verdades del Duque de Veragua.

Las verdades de K-Hito.

La Tauromaquia de Amós Salvador.

Así remataba El Viti los pases.

Las verdades de Corrochano sobre el toro de lidia.

Roca Rey, el que mejor descubre la muerte.

Así se coge la muleta.

Qué es el empaque.

Habla el torero desconocido.

Si hablas, no vuelves a torear.

Curro y las gaoneras.

Cómo coger el capote.

La mano izquierda de Dios.

Cuadrar el toro no es una suerte.

Tauromagia.

El peligro del pase de pecho 

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa. 

viernes, 12 de noviembre de 2021

PALHA

Fue la ganadería más temida por Gallito seguramente junto a la de Florentino Sotomayor. Se hablaba de ella como de 'terribles pavos', eran 'o terror dos mares'. Decían que lo peor que le podía acontecer a un torero era tener que vérselas o con un miura que supiese latín o frente a un palha con pies.



Don José Pereira de Palha Branco contaba diecisiete años en 1871 cuando decidió seguir la aventura iniciada por su padre a mediados del siglo XIX. Tenía entonces unas quinientas vacas de la tierra procedentes de Estevao de Oliveira, del marqués de Belas y de Sousa Falcao. Las tentó tres veces y dejó ciento cincuenta. Luego les echó el semental Guitarrero de Concha y Sierra. Si lo echó en 1873 quiere esto decir que tentó las quinientas vacas esas tres veces en un periodo de dos años (?).

Se suele decir que el semental moriría de viejo a los veintiún años, precisamente el mismo día de la verdadera presentación de la vacada en Madrid. El animal fue enterrado en la finca. Lo de verdadera presentación de la divisa blanquiazul lo aclaramos después. El hierro del padre parece ser que era la P con un ocho encima. Más adelante quedó sólo la crucecita:



En 1884 empezó los tratos con Antonio Miura y le compró dos erales contrastados que padrearon junto a un toro de Veragua. Añadió más vacas que compraría a Lagartijo en 1893 con otras de Trespalacios para echar algo de agua al vino pero al poco volvió a Miura, quien le cedía toros que hacían de sementales y después volvían a su casa. Fue creando una mezcla bastante explosiva, como ven. Se comentaba que el terreno fangoso donde se criaban y el tener que caminar varios kilómetros para beber agua hacía que desarrollasen 'una gran dureza de patas y fuerza de canillas'. 


La finca de Palha en 1897

Que después saliesen bravos es otro cantar porque una cosa es llevar la fama y otra cardar la lana. Solían ser mansos -o menos bravos- y siempre con muchos pies. Eran toros atravesaos. Como decía un revistero de principios de siglo, 'de los que gustan a los aficionados amantes de las emociones fuertes aunque la mayoría de veces queden chasqueados'.

José Morales, Ostioncito, fue cogido por un palha en Carabanchel que lo retiró de la profesión. Ocurrió el 30 de marzo de 1919 y la cornada le afectó la femoral de la pierna izquierda. Toreros famosos heridos por palhas han sido Machaquito en 1904 y Luis Freg en dos ocasiones, más grave la de 1929 con una cornada de 20 cms. 

También El Algabeño padre fue corneado por uno de Palha en Madrid  el 21 de abril de 1904. Al dar un pase por alto el toro lo derribó y en el suelo lo volvió a levantar corneándolo. En aquella corrida la peor herida se la llevó él en el cuello pero Rafael Molina, el sobrino del tío, tampoco pudo seguir la lidia por otra en el glúteo al ser arrollado por el toro en la estocada. Estaba aún en la camilla Lagartijo Chico y ya traían a Algabeño con el cuello lleno de sangre. El sobresaliente Valerito, que tuvo que matar cuatro palhas, también terminó con la cara ensangrentada tras un puntazo en la barbilla al entrar a matar. Y un picador se fracturó un dedo tras un batacazo.


El Algabeño frente a un berrendo de Palha

Como sucede con otras vacadas temidas, no es que haya causado percances gravísimos pero cuando se crea psicosis con un hierro, no hay manera de quitarla de la cabeza de los toreros. 

Otro herido grave fue el novillero catalán José Huguet, Mellaíto. Había empezado con Armengol en la cuadrilla de niños toreros barceloneses. Ese  berrendo que ven en los corrales de Barcelona, de nombre Escapulario, le pegó una cornada en el tórax que lo retiró de los toros. Fue en junio de 1889:



De hecho, Joao Folque afirmaba en un aperitivo con El Cid que sólo faltaba una cosa a su histórica ganadería para entrar en la leyenda y era matar a un torero. El de Salteras puso cara de póquer al escuchar la salida de pata de banco del portugués y no hizo ningún comentario.

Rectificaremos a medias a Folque porque sí hay dos diestros muertos aunque no por toros sino por novillos suyos. Eran toreros de alternativa que habían renunciado a ella. 

El primero fue Ignacio Donoso, Pelucho. Murió tras una cogida el 1 de septiembre de 1923. Fue un puntazo en el riñón que le pegó el novillo. No parecía muy grave pero murió el mismo día. Se comentó si la causa última no habría sido alguna complicación en el cerebro producto de una cornada terrible sufrida un año antes en la cabeza que le partió el hueso frontal. Los amigos que nos leen desde Pamplona deberán saber que esta cogida tan fea fue la que estrenó la enfermería de la plaza nueva de su ciudad en 1922. El toro era de Cándido Díaz y el diestro venía como banderillero de Lalanda.

El otro finado fue Félix Merino Obanos, quien murió también por cogida de un palha. Sucedió en Úbeda el 4 de octubre de 1927 cuando el novillo lo empitonó por el muslo al tomar el olivo. El diestro falleció inopinadamente cuatro días después en Madrid.  



Don José se presentó en la capital el cuatro de noviembre de 1883 y ésa es la fecha de la antigüedad que sigue constando en la Unión. Pero la verdad es que aquel día fue una corrida mixta en la que únicamente se lidiaron a pie tres. Además se saltaron la norma que regía entonces en Madrid de ofrecer sólo novilladas fuera de temporada. Hubo dos para los rejoneadores portugueses Alfredo Tinoco y Luis do Rego. Los otros tres más uno de Eduardo Shelly los mataron Bocanegra y Fernando El Gallo. José Ruiz, Joseíto, iba de sobresaliente y mató a estoque los dos de rejones.

Fueron 'de pocas libras y poco respeto, toros de mentirijillas'. Incluso alguno hizo la gracia de jugar con el apellido del propietario diciendo que habían resultado 'toros de paja'. La pinta, cuatro negros y uno retinto, ya se ve que no había aparecido todavía la sangre de Veragua.


Bocanegra tras dejar una estocada contraria y pescuecera


Hubo tres corridas en 1889 que son las que comenzaron a otorgar fama de terrorífica, que no de brava, a la ganadería.

La primera fue la verdadera presentación. La mataron los abuelos el 28 de abril. Así es como llamaban a un Lagartijo y un Frascuelo de casi cincuenta años. Pasaron las de Caín con los toros portugueses, que sacaron 'más pies que un ciempiés'. Toros 'ágiles y fuertes, de pies inacabables, enseñaron a los jóvenes lo que eran los antiguos toros de Colmenar o los castellanos viejos'. Frascuelo dijo que si no llega a ser por Juan Molina, se van vivos por lo menos cuatro. Esa corrida retiró a Salvador: 'me faltaban las piernas, me ahogaba...' Para Bleu, poco condescendiente habitualmente con los toreros, fue 'una corrida áspera, dura, difícil, fatigosísima y desesperante'.

Mataron quince caballos y tomaron cuarenta y nueve varas (en otros sitios, trece y cincuenta y dos, porque hemos comentado en nuestro blog muchas veces que no se aclaran en las crónicas antiguas ni con una cosa ni con la otra). Si nos quedamos a secas con esos datos, los aficionados que se dejan impresionar fácilmente por semejantes cifras lanzarán las campanas al vuelo pensando que aquello fue un dechado de bravura. Pues resultó que 'salieron despavoridos todos del hierro', con lo cual ya pueden suponer que no fueron varas sino picotazos. Pero es que el tercero saltó la barrera una vez, el segundo cuatro y el cuarto dos. Esperen, no se vayan: el quinto la saltó ocho veces (en un diario pone diez) y el sexto cuatro más. Diecinueve veces en total, ¿qué les parece? ¿En qué quedan esas decenas de varas y esos caballos muertos al lado de esto?


Un derribo de uno de Palha en Madrid (1900)

Aun así, ese cuarto, de nombre Criminoso, que mató tres caballos y tomó diez varas (cuatro y once para otros), fue ovacionado en el arrastre y los aplausos se dirigieron al palco número 114, que era el del duque de Veragua, donde seguía el festejo el ganadero.

Dado que el personal quedó contento al ver cómo habían sudado tinta ambos maestros ante estos ejemplares, la empresa compró otra corrida para dos meses después.

Se dio el día de san Antonio y la mataron mano a mano Mazzantini y Guerrita. De poco sirvió a don Luis que Frascuelo le hubiera dado la alternativa y Lagartijo se la confirmase. Anduvo tan aperreado que no quiso volver a ver palhas en su vida, Ésa fue la razón de que se negase a matar un ejemplar de este hierro en la corrida concurso que comentábamos hace dos entradas.

Salieron toros de excelente lámina, berrendos, ensabanados, botineros y capirotes. Fueron tan bonitos que uno de los revisteros dio este consejo a don José: 'cúidese menos de la estética y procure que sean más bravos'. Los datos bajan un poco respecto a la corrida anterior: cuarenta y cinco varas y doce caballos muertos. Para que se hagan una idea de su bravura, fueron 'sosos y tan tardos que hubo que echarles encima los caballos'. Ya saben ustedes que los picadores tenían suculentas propinas de los ganaderos para hacer eso y evitar el fuego.


Mazzantini frente a un jabonero de Palha que fue criticado por cornicorto


La tercera corrida de ese mismo año que sembró el miedo fue en Ciudad Real el diecinueve de agosto. Resultaron heridos Hermosilla y dos banderilleros. Los toros mataron veintiocho caballos. El sexto saltó al callejón 'doce o catorce veces' (sic en una crónica, mientras que en otra escriben 'más de diez' ya que se cansaron de contar).

Ese sexto decidió no volver al ruedo tras una de las veces que saltó. Allí le clavaron las banderillas, 'llevaba palos por todo su cuerpo'. Y ahí tuvo que meterse Currito para intentar matarlo a base de pinchazos en cualquier sitio: 'uno de los peones le clavó un estoque por la barriga en dos ocasiones y Currito el suyo por los costillares', imagínense la escena. No consiguió matarlo y el de Palha volvió al corral donde un inspector de policía, el señor Moreno, lo liquidó al tercer disparo con su arma reglamentaria. 'Seis toros he matado a Palha ¡y ni uno más!' dijo el diestro al acabar.


Toro de Palha en el callejón de Madrid. Correspondía a Antonio Fuentes (1901)

Lo mismo había dicho Mazzantini y lo mismo dirá Gallito el último día de agosto de 1913. Belmonte, ni eso porque jamás mató ninguno. No es de extrañar que el trianero considerase a Larita como el torero más valiente de todos ya que llegó a encerrarse hasta tres veces con palhas más otra como novillero.

Hubo en Madrid una accidentada novillada de Palha el 13 de octubre de 1929. Actuaron seis novilleros que mataron sendos ejemplares de Palha, 'broncos, duros, difíciles y con poder'. Cuatro de los seis chavales resultaron cogidos, varios más de una vez, aunque afortunadamente sin consecuencias que lamentar.

Novillo de Palha en Madrid, Hace el quite
Manuel García Revertito (1900) 

El citado Matías Lara, Larita, fue quien más reses de Palha mató. Se despidió de novillero en Barcelona matando seis e hizo lo propio como torero anunciándose con otros tantos en Madrid. 

Recuerden esta memorable chulería suya tras volver de América cuando dijo al empresario de Madrid lo siguiente:

'vengo forrado de América, anúncieme con esos dos niños en Madrid pero no con cabras sino con toros alimentados con habas y que tengan árboles en el testuz... yo mato los míos sin cobrar'

Los dos niños eran Gallito y Belmonte...

Además de aquella despedida como novillero se encerró tres veces con palhas durante su carrera: en Madrid en 1916, en Barcelona en 1926 y en su despedida madrileña de 1933, aunque en esta última ocasión fueron cinco más uno de Aleas. Además cortó un rabo en la capital en 1921, el segundo de la historia, y a un palha que fue asado. Recuerden aquella entrada con sus memorables y divertidas andanzas pulsando aquí.


Larita ante un novillo de Palha en su encerrona de Barcelona

Los herederos de don José variarán el encaste a su muerte. Podemos decir que los últimos palhas genuinos que se lidiaron en Madrid murieron el 24 de mayo de 1936 en Vistalegre. Los mataron Manolo Martínez junto a Rayito y a Luis Morales, tres toreros de segundo nivel. Los toros salieron 'bien presentados, mal picados y peor toreados, todos reservones y avisados'. Martínez fue arrollado por el cuarto y tuvo que irse a la enfermería con una buena paliza a base de varetazos. Morales salió a hombros pero por los que buscaban la propina de los capitalistas, no porque hubiera motivo taurino de peso.

Como nos estamos alargando más de lo reglamentario y no queremos cansarles, dejamos para otra ocasión la prestación de Gallito frente a estos toros en las tres únicas corridas que mató.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

sábado, 6 de febrero de 2021

DE LOS GATOS MUERTOS AL PAPEL HIGIÉNICO

No cabe duda de que el pueblo español se ha civilizado. Como decía Ortega, es imprescindible conocer la historia de la Tauromaquia para entender la de España. Si nos fijamos en los objetos que se lanzaban a los ruedos para mostrar descontento, veremos que el camino civilizador ha sido recorrido por los españoles con resultado óptimo.

De hecho, la última vez que vimos lanzamiento de almohadillas fue con motivo de la fallida encerrona del pobre Fandiño (recuerden aquí nuestro comentario). Cayeron algunas, no muchas, aunque de ésas de Las Ventas que son verdaderos proyectiles.


FOTO: Javier Arroyo

A mediados de los cincuenta se puso de moda en Madrid arrojarlas como muestra de contento. Duró poco porque se criticó mucho. Vean a Gregorio Sánchez la primera vez que salió por la Puerta Grande de Madrid. Es la corrida de la Prensa de 1956. Las almohadillas son de alborozo, no de enfado:



A principios de los setenta la moda varió hacia los rollos de papel higiénico pero esta vez como descontento. Llovían especialmente contra el Faraón aunque también contra Paula. Salvo error, una de las primeras veces que se vieron fue en esta corrida de El Puerto en el verano de 1968:



Cuatro orejas y dos rabos para Manolo, dos orejas y rabo para Diego y dos broncas para Curro por matar a su primero de cinco pinchazos y dos medias a paso de banderillas y a su segundo de un alevoso bajonazo con degüello.


Protestas contra Curro en El Puerto, esta vez en 1975
(Alcalde, dos orejas; Paquirri, una y Curro, dos broncas)

En su querida Sevilla también cayeron rollos más de una vez. Curro se lo tomaba con aquella retranca suya diciendo que:

'Bien mirado, tiene mérito que cuando yo toreo haya uno que salga de su casa con los rollos de papel higiénico mientras su mujer lo mira preocupada. Luego recorre Sevilla en transporte público con todo ese papel, aguantando también las miradas de los demás hasta que llega a la plaza... Y si estoy bien, tiene que volver a atravesar Sevilla con el papel. No hay duda de que eso tiene mucho mérito'.

Más mérito tendrán los que salgan de casa con un orinal, como le tiraron en Las Ventas con ocasión de aquel petardo histórico en el mano a mano con Paula. 


FOTO: ABC

Fue en mayo de 1975 con toros de Fermín Bohórquez:



Pero cien años atrás, los adversarios de Cara-Ancha lo esperaban con material arrojadizo bastante más desagradable.

Al bueno de José Sánchez del Campo, Cara-Ancha, lo quisieron encumbrar como rival de Lagartijo, que era siete años mayor. En la corrida sevillana donde se enfrentaron el campeón contra el aspirante, el califa le pasó la mano por la cara y Cara tuvo que doblar la rodilla. Fue en mayo de 1879. A plaza llena se lidiaron murubes de la viuda que mataron veintiún caballos. Dicen que el califa estuvo superior en quites y fulminante con la espada.



Como el enemigo de mi enemigo es mi amigo, los frascuelistas hicieron causa común con él contra Rafael. A pesar de que Lagartijo le había confirmado la alternativa en 1875, siempre hubo entre los dos un pique que a punto estuvo de llegar a las manos con ocasión de un quite. Fue en Málaga en 1882.

Tras un batacazo, acudió Cara-Ancha presto al quite pero éste correspondía a Lagartijo. Llegó el de Córdoba y se encaró con el de Algeciras oyéndose palabras gruesas. Apareció Perico, el hermano de Cara, quien sujetó a Rafael. Cuando ya se iba a escapar alguna bofetada que hubiera caído en la mejilla de Lagartijo, se interpuso Juan Molina, que pegó cuatro gritos:

'A ver, ¡ustedes! ¡Dejarse de pamplinas!'

Y como niños a quien riñe el maestro, ambos cogieron los capotes y se disolvieron. Luego celebrarían una cena de hermandad que se desarrolló en clima de cordialidad pero siempre quedó una brasa de resquemor en ambos corazones.



Los partidarios de Fernando, El Gallo, también sentían especial animadversión por Cara-Ancha y fueron quienes se presentaron en Sevilla con cencerros. Lo del ruido era habitual porque Lagartijo también tenía que tragar con los campanilleros, frascuelistas maleducados que hacían sonar la percusión durante los trasteos del califa que no eran de su agrado.

Pero aquel día, además de los cencerros y abundantes latas, llevaban un arsenal de gatos, ratas y murciélagos muertos. Todo con intención de montar el número lanzándolos al ruedo en caso de fiasco del diestro. No hubo tal. Cara-Ancha salió airoso a pesar de que hizo el paseíllo muy preocupado porque era consciente de la inmunda y gitanesca trama, como la calificaron sus partidarios. 



Al acabar hubo algunos palos en los aledaños entre partidarios y detractores del maestro pero los gamberros se volvieron a casa con la percusión y los cadáveres. No llevaban conejos muertos porque ésos iban a la cazuela pero no descarten que algunos de los gatos acabasen también en la olla. Aquí en España se han ingerido millones de gatos. Recuerden esta entrada cuando el mayoral histórico de Llen, nacido en 1932, contaba aquello de que:

'Se metía en la sartén cualquier cosa que se moviera: erizos, zorros, gatos, lagartos, ginetas... Se retorcían al freírlos como si estuvieran vivos.'

A pesar de la rivalidad entre los partidarios de El Gallo y los de Cara-Ancha, el otro hermano de éste, Manolo, fue banderillero de ambos. Probablemente ambos maestros ya habían coincidido antes como peones con Bocanegra y Gordito. Además El Gallo lo fue en ocasiones del propio Cara-Ancha. Hablando de banderillas, pulsen aquí para leer esta historia de nuestro protagonista con una banderilla.



Cara-Ancha había empezado como peón de Chicorro, Bocanegra y Gordito. Las cornadas le hicieron bastante daño por culpa de lo fornido de su cuerpo, como ven en las fotos. La primera la recibió en el perineo con diecisiete años en una capea en Sanlúcar y casi lo manda al otro barrio. Tiene una calle dedicada en Aznalcázar, otras en Sevilla y Málaga más ésta de abajo en su Algeciras natal:



Le dio la alternativa Manuel Domínguez, se mantuvo durante veinte años y le hizo un pasodoble Luis Aruedo. Al hilo de la polémica hace cuatro entradas con el peso de Cucharero, el bueno de Pepe reconocía haber matado toros que pesaron 450 kilos en canal. Esto quiere decir unos 780 kilos en vivo. 

Ya retirado fue alcalde de Aznalcázar, donde vivía en su finca de Las Nieves. Curiosamente su mujer se llamaba Mari Nieves. Ahí lo tienen a caballo por la marisma:



Antonio Machado tiene un poema donde retrata a un hombre del siglo XIX que empieza con una referencia al maestro:


'Este hombre del casino provinciano
que vio a Carancha recibir un día,
tiene mustia la tez, el pelo cano,
ojos velados por melancolía'


Y es que Cara quiso especializarse en la suerte de recibir, que había caído en desuso durante la rivalidad entre Lagartijo y Frascuelo.



Aquí lo cuenta:



Él confesaba que no veía la muerte recibiendo porque en cuanto se perfilaba, se arrancaba sin querer al volapié. Hasta que un día de 1881 se encontró frente a un toro de Aleas de nombre Calceto y lo fulminó en la suerte de recibir tras pinchar en la primera entrada:



Fíjense en cómo la prensa destaca con mayúsculas lo inusual de ejecutar esa suerte en aquel tiempo:




Esta lámina de abajo ilustra su cogida en Sevilla en 1891. El toro es Mariposo, de Anastasio Martín. Lo corneó en la tripa pero tras caer herido, se levantó, volvió a entrar y dejó media ¡contraria! Se retiró por su propio pie a la enfermería. Allí le diagnosticaron una cornada de veinte centímetros en el vientre que le hizo plantearse su retirada. Tenía cuarenta y tres años:



Ese comportamiento un tanto soez del lanzamiento de animales muertos ya ha quedado proscrito. Ciento cuarenta años han pasado y ya no se arrojan ni almohadillas. La gran rivalidad de los toreros, que les hacía no mirarse a la cara en el patio antes del paseíllo, ha devenido en besuquearse al llegar. Sólo falta que se den palmaditas en el trasero como algunos deportistas. 

Por eso decíamos que el camino civilizador del pueblo español ya discurre dócilmente por los cauces buenistas que impone la sociedad actual. ¿Cómo nos veremos dentro de otros cien años? ¿Cómo serán entonces las corridas?

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

jueves, 2 de abril de 2020

LAS VERDADES DEL TOREO DE VERDAD (22): ¿CÓMO HAY QUE COGER EL CAPOTE?

Alguno de ustedes dirá que como el maestro quiera, que para eso es quien se pone delante. Hombre, en ese caso no hay nada más que hablar. Pero es que en la Tauromaquia no deberían hacerse las cosas como uno quiere sino como Dios manda. Por esa razón uno no estoquea como le viene en gana sino que se somete a unas normas.

No obstante, la estocada es la suerte que exige mayor rigor en su ejecución. Lo de coger el capote no es tan rígido y aquí entra un componente de gusto personal pero también de riesgo y exposición al lancear como explicaremos al final.

En la entrada anterior poníamos una foto de Rafael de Paula y les decíamos que se fijaran en un detalle sin aclararles cuál. Se trataba de darse cuenta de lo bien que cogía el capote. Ésta era la imagen:



¿Cómo hay que cogerlo? Nosotros somos de la escuela de Romero. Él decía que 'la forma de cogerlo es un poquito así, lo más cerca de la esclavina y cortito'. Ahí lo tienen:



Ustedes nos preguntarán que cuál es exactamente la distancia correcta respecto a la esclavina. Pues se lo preguntaron a uno de los mejores veroniqueadores de posguerra y dio dos respuestas diferentes, de las cuales nos quedaremos con la que preferimos. Es éste que ven:



Manolo Escudero. En una ocasión dijo que había que coger el capote a una cuarta de la esclavina y en otra, que a dos. Esa medida es la cuarta parte de una vara y una vara son 83 cms. Por consiguiente, estamos hablando de 20 cms. en un caso o 40 en el otro. Nosotros nos quedamos con una cuarta, esto es, menos de un palmo. A eso se refiere Curro cuando dice cortito. Recordemos al faraón:



Cuando empezó no lo cogía así, con el tiempo fue juntando las manos. La siguiente foto no le hará mucha gracia si lee estas líneas pero la ponemos para que comprueben la diferencia. Pertenece a mayo de 1957, su presentación en la Maestranza:



En ésta de abajo, en cambio, se aprecia claramente lo de la cuarta al lado de la esclavina, menos de un palmo:



El maestro contaba a Antonio Burgos que: 

'Sivianes, uno de Camas, me dice que yo toreo cada vez con las manos más cerca de la esclavina y que me retiraré cuando llegue a torear con las manos completamente juntas cogiendo el capote'



El otro que cogía el capote de maravilla es el que daba pie a esta entrada, ahí lo tienen:



Ambos lo cogen como Dios manda, 'a la esclavina'. Y con todos los dedos, dejando por abajo sólo el pulgar, como tiene que ser (aunque Paula escondía el índice derecho en la primera imagen, no sabemos por qué). 



Qué pocos son los toreros que cogen bien el capote hoy en día. Abren los brazos y lo agarran casi a medio metro de la esclavina. Más que cortito es 'larguito'. Pero es que encima estamos cansados de ver esos capotes descomunales que usan, fabricados en los astilleros de Bazán. 

Aquí tienen a uno que exhibe uno de los más grandes de la historia (Manzanares):




Otro que tal baila aquí, abajo. Con su capote torearía Polifemo en la isla de los Cíclopes. Las manos, a una vara de la esclavina (El Juli):



Morante, largo también. Recuerden que Paula lo acusaba de no saber coger el capote y dice que fue él quien se lo explicó, naturalmente:



No vamos a aburrirles con la larga lista de toreros actuales del mismo corte pero de ella quitamos a uno que no merece figurar, ahí lo ven:



Es Jiménez Fortes con el capote bien cogido. De los pocos hogaño... ¿o quizá el único?

Además estos capotes modernos 'parecen hechos de lona', como también decía Curro. Nada que ver su forma de volar con la de los antiguos, cuyo recuerdo nos invadió fugazmente viendo lancear a Frascuelo en Céret. Observen que su capote se desplegaba sedoso:



Como curiosidad, decirles que en un festival en Tarifa el año 1972 con Ordóñez y Paula, Romero fue desarmado al entrar a matar y cuando vinieron a hacerle el quite, arrebató el capote a su peón y entró a matar con él. 

Se nos dirá que grandes maestros de otro tiempo también cogían el capote muy largo. Hay verdad en eso, ahí tienen a Pepe Luis Vázquez, que se caracterizaba por ello:



Observen aquí a su hermano, bastante más recogido, a dos cuartas:



Cogiéndolo más largo, si en el momento del embroque se bajan las manos y se juntan más o menos los brazos, el resultado puede ser una verónica plena de empaque, como ésta suya que vemos:



Chicuelo también largando mucha tela:



Manolete, lo mismo:



Y Antonio Bienvenida:




Se preguntarán por qué casi nadie coge el capote recortadito como Romero o Paula. Pues sencillamente porque hace falta mucho valor para cogerlo así. No, no es broma. Si nos permiten, nos explicamos.

El toreo de capa es el más difícil. Hay que jugar con las dos manos y no con una, además de hacerlo ante un toro que conserva toda su pujanza. Cedemos de nuevo la palabra al que sabe de esto, que es Romero:

'El capote tiene más exposición que la muleta, con ella tiene uno más defensa pero con el capote no puedes pegar estirones ni toques para dejar el toro ahí quieto'

Cogerlo cortito implica largar menos tela. Estás más expuesto al toro y en esa situación, como decía Curro, 'hay que torear más con las muñecas y con la cintura, de cadera a cadera'. 

¿De quién aprendería a coger el capote así? Pues de este hombre:




Curro Puya, Gitanillo de Triana, el mago del capote: 'ese capote recogido mío, como cogido con dos deditos, lo cogí de fotografías de Curro Puya...es que luego además se dormía con él...' 

Añadiremos de nuestra cosecha que a Gitanillo lo protegía Belmonte cuando empezó. Tan es así que se presentó en la Maestranza de novillero con un vestido prestado por Terremoto, a quien brindó un novillo. Como la cosa se le dio bien, al dar la vuelta al ruedo se paró ante la localidad de Juan y agarrándose la chaquetilla le gritó '¡Pa mí!' Y nunca se lo devolvió.

Los diestros de hogaño no demuestran tanto valor como Paula o Romero para enseñar menos tela y exponerse ante ese toro que tiene todavía todo su poder. Aunque los que lidian nuestras figuras acostumbran a venir picados del campo como ustedes saben de sobra. De nuevo el faraón decía sobre esto que 'como hoy el toro tiene menos casta, puedes salir a pegarle lances en seguida antes de ver cómo es ni lo que va a hacer'. 



Efectivamente, señores, recuerden a Manzanares con Dalia de Victoriano en la Beneficencia de 2017. Lo lanceó de salida con su monstruoso capote mientras el toro embestía pastueño, como si ya llevara dos puyazos. No les engañamos, pulsen aquí y comprueban eso y de paso se fijan en cómo coge la capa.

Lo que abunda hoy son capotes descomunales manejados por brazos abiertos como los del gigante Briareo. Personalmente, no nos gusta y además lo consideramos un alivio. 

Si a pesar de todo lo dicho siguen creyendo ustedes que únicamente es cuestión de gustos, nuestro gusto es el capote de pequeñas dimensiones, no almidonado y cogido a una cuarta de la esclavina o menos.

Pero esas tres condiciones sólo son para toreros valientes.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.