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miércoles, 14 de enero de 2026

VALLE-INCLÁN: 'SI NO HAY TRAGEDIA, NO HAY ARTE'

El gran don Ramón de las barbas de chivo, como lo denominaba Rubén Darío, se llamaba Ramón Valle Peña, nada de aquello tan rimbombante de don Ramón María del Valle-Inclán y Montenegro. Con su fervor por la estética no sorprende que le interesase la fiesta de toros. Ya saben que se identificaba como carlista 'por estética ya que el carlismo tiene el encanto de las catedrales góticas'.


                     

Fue amigo de Belmonte. Aquí tienen a ambos en una foto que ya vieron en esta entrada que dedicábamos al instante en que interrumpían su partida de póker para anunciarle la muerte de Gallito:


                                   

La partida se jugaba en esta mesa de su casa de Madrid:



En esa casa que han visto tenía el maestro una escultura de Valle-Inclán que había realizado su común amigo Sebastián Miranda. Es célebre la respuesta del diestro con lo de 'se hará lo que se pueda' a aquella boutade del escritor diciéndole que lo único que faltaba es que le matase un toro en la plaza. Pero aquí vamos a arrimar el ascua a la sardina de nuestro modesto blog con unas opiniones del gallego sobre lo que debería ser la tauromaquia así como de la consideración del torero como héroe.

Nos remitimos al número del 26 de abril de 1915 de la revista La Lidia. La portada es una foto coloreada de un lance de Juan recortando un toro de Santa Coloma en la primera de feria en Sevilla ese año. De fotos como ésa sacó Morante la inspiración para los suyos, comparen:




Hace cien años este recorte generaba mucha emoción en el tendido. Pasaba lo mismo con el molinete, hoy bastante desacreditado. Era porque por un instante el diestro perdía de vista la cara del toro cuando se daba la vuelta. Con aquellos animales,  mucho más vivos, más salvajes y con más pies que los actuales, la cosa sí que tenía cierta emoción. Es lo que ha sucedido en la siguiente imagen con Gallito realizando un recorte similar. Observen cómo se ha revuelto el toro. Lo mismo con Gaona recortando un miura rodilla en tierra. El tercero de abajo vuelve a ser el trianero:




                           

A lo que íbamos: preguntan en la entrevista a Valle-Inclán si hay arte en los toros. Antes de leer su respuesta no olviden que su opinión está fechada hace más de cien años. Dijo esto:

'Naturalmente que sí y mucho. La mayor manifestación del arte es la tragedia. El autor que escribe una tragedia crea un héroe y pide al público que lo ame. Y para que sea amado lo rodea de peligros, de amenazas, de presagios... Cuanto más cerca está de la muerte, más se ama al héroe porque el hombre quiere más a su semejante cuando lo ve en peligro'

Curiosamente la visión artística que nos explica el ilustre escritor sobre la tauromaquia no tiene nada que ver con el arte que nos venden en el siglo XXI. Sigue:

'En los toros la tragedia es real. Allí el torero es autor y actor, puede crear en esos momentos una tragedia, una comedia o una farsa. Cuanto mayor sea el peligro, mayor será la amenaza de tragedia y por tanto, mayor la manifestación de arte'

A continuación pone como ejemplo a su amigo:

'Hay toreros como Belmonte que crean la tragedia, la sienten, y cuando ejecutan las suertes del toreo se entregan al toro borrachos de arte. Cuando los cuernos rozan la seda y el oro de sus trajes, la tragedia se aproxima y el público, sin saberlo, se pone en pie, se emociona, se entusiasma... ¿Por qué? Por el arte'



La imagen anterior es de una estocada de Belmonte en Madrid en 1915. No sólo no ha pegado el telonazo sino que la muleta casi ha desaparecido de la foto. El maestro jamás entró a matar recibiendo: 'hay que traer el toro aquí, debajo de la tripa, y eso es demasiado temerario; además hay que marcarle la salida y entonces la espada tiene que entrar forzosamente atravesada... ¡Yo no sé cómo se las arreglaban los antiguos!'

Eso que decía antes el escritor de que la tragedia se aproximaba cuando toreaba Belmonte  cobra sentido si recordamos el aviso de Guerrita diciendo que a Belmonte había que darse prisa a verlo. Pero fíjense en que Valle-Inclán pone la clave del arte en la tragedia, que viene dada por el peligro que supone el toro. Llegaríamos a la conclusión de que si el toro no pone la emoción de su peligro, no habría arte. Pero eso hoy en día no sirve ya que nos han convencido de que es otra la definición del arte taurómaco según la cual el toro debe colaborar con el torero para que éste pueda construir.

Pulsen aquí para recordar cómo definía Luis Bollaín un toro encastado: 'es aquél que cuando lo ves, aunque tenga nobleza, sientes que en los cuernos lleva la muerte'. Se entiende que en los años diez se sintiese ese peligro mucho más que ahora. Ya saben que Pepe Luis decía que esa sensación había desaparecido con el peto ya que el público antes quedaba atemorizado intuyendo lo que un toro podía hacer con el diestro después de haber visto lo que había hecho con el caballo.



Relacionado con esto, nuestro escritor afirma lo siguiente, teniendo en cuenta que Bollaín contaba seis años a la sazón:

'Quitemos a los toros la facultad de matar y ya no hay fiesta. Entonces no habrá tragedia y si no hay tragedia, no hay arte. Supongamos que en diez años no muere un torero: se acabó el interés por las corridas de toros. Un torero que no tenga el peligro de ser cogido por el toro acabará por aburrir al público. Es lo que pasó con el Guerra'

Siendo Valle amigo de Belmonte y sosteniendo esta teoría, ya ven por dónde va a continuar, ¿verdad? No gustará a los selectos lectores que pertenecen al partido gallináceo:

'Es lo que pasa con Joselito. Él es quien tiene más conocimientos y más facultades físicas. Sin embargo, Joselito cansará a los públicos. Es el primer actor de la tauromaquia pero como en este arte autor y actor van juntos, el Joselito-autor no quiere crear tragedia porque no siente el arte de la tragedia. A pesar de sus faenas asombrosas, de sus facultades y de sus maravillas, el público nota que ahí falta algo, algo que no sabe lo que es pero que será la causa de que se aburra un día'



¿Qué les parece? ¿Se habían aburrido en Madrid de José especialmente cuando lo veían enfrentándose a toros sin respeto? Pueden entretenerse recordando aquí nuestra reseña sobre lo que sucedió la última tarde que Gallito toreó en la capital. Le tiraron dos o tres almohadillas en medio de un enfado general. Esto escribió Corrochano en su crónica, que va relacionado con la esencia de lo que pontifica el escritor acerca del peligro del toro y de la sensación de tragedia:



Si Valle-Inclán defiende a Belmonte porque se respira la tragedia ya pueden deducir que hará lo propio con otro maestro:

'Su hermano Rafael es otra cosa. Sabe menos que él y tiene menos facultades pero cuando sale un toro que lo inspira se transfigura como Belmonte y esa transfiguración es teología'



Insiste como estrambote en su teoría:

'Los toros, para ser tal como deben ser, precisan de la parte trágica: la muerte del toro, la del caballo y, de vez en cuando, la del torero. El torero que toreando se acerque más a la muerte será el mayor artista porque será quien mejor interprete la tragedia taurina aunque el otro, el que torea mejor que él, sea quien quede mejor más veces'

Por eso Gallito se lamentaba siempre diciendo que Belmonte solamente con que estuviese bien una vez, borraba las diez anteriores en que había estado bien él.

Pero Valle-Inclán no se va sin buscar la provocación, algo innato en él:



Y ustedes deben saber que, en contra de lo que piensan muchos, a Belmonte lo que le gustaba era el toro encastado. Cuando tuvo una ganadería, vacas suyas acabarán en las manos de Celestino Cuadri, quien quedó encantado con la bravura que tenían. Muchos dicen que eliminó todo lo que venía de Belmonte pero no es verdad. Contábamos aquí que aquellas vacas tenían un fondo de casta que hizo decir a Celestino esto en 1970:

"Hoy se ha impuesto en mi ganadería lo que trae origen de Belmonte; las reatas de esa procedencia van manteniendo la auténtica bravura y gran parte de mis toros que brillan en las plazas llevan sangre de Belmonte...aunque sólo por parte de madre. En la bravura de los toros que son hijos de un semental de Santa Coloma y de una vaca de Belmonte, predomina acusadamente el carácter de la madre"

Observen esta curiosa foto del maestro poniendo banderillas en una becerrada celebrada el 27 de abril de 1915 en Carabanchel. 'Yo sólo banderilleo en las encerronas porque para poner banderillas hay que correr y yo no corro', decía. Las encerronas en aquella época eran las capeas o las becerradas como ésta. Hoy se le da otro sentido:



Y ya que hemos dedicado esta entrada a lo que pensaba Valle-Inclán sobre la tauromaquia, recordemos a su vez la deriva que veía Belmonte en la fiesta cuando ya retirado decía esto a Chaves Nogales:

'Pueden llegar a hacer del toro una pobre bestia vencida sin ningún interés; por este camino la fiesta se convertirá fatalmente en un espectáculo de circo donde subsistirá la belleza pero sin el elemento dramático y emocionante. El toro ha ido evolucionando, ha aprendido a ser toreado, se fabrica el toro tal como los públicos lo demandan; no se le ha quitado bravura, sigue siendo una fiera potente y bien armada pero sí se le ha quitado nervio porque el público quiere ver el toro toreable'

¿Qué dirían Valle-Inclán y Belmonte viendo el  extremo de toreabilidad al cual hemos llegado en el siglo XXI con la selección de los ganaderos? ¿Se refugiarían como muchos seguidores de nuestro cuadernillo en las corridas duras intentando buscar el arte a través de la tragedia bien entendida? ¿Se apuntarían a las corridas de Reta? ¿Qué pensarían de toros tan bobalicones como muchos de los actuales,  que se dedican a husmear porque no saben dónde está el enemigo? Son toros con esa bondad imbécil de la cual hablaba Sureda y que los convierte en semitoros a los cuales se ha llegado no por selección sino por degeneración.


                        

                        

Como decía Néstor Luján,  'sin toros menguados no se podrían cumplir las apetencias estéticas del público actual'.

Muchos aficionados dirán que todo esto que comenta Valle-Inclán son teorías afortunadamente periclitadas que no tienen ninguna cabida en el toreo tal y como lo entendemos hoy en día. Puede ser pero eso no quita que cuando se respira aire de tragedia en la plaza porque el toro impone su ley, la emoción que embarga al tendido sea inefable. 

¿Será verdad que a más sensación de tragedia, más arte? 

Para el autor de las Comedias Bárbaras, sin duda. Y en lo que le otorgamos totalmente la razón es en lo de que conforme se respire menos aire de tragedia, hay más deriva de la tauromaquia hacia la comedia y la farsa. Cuando nuestro eximio escritor dijo eso dio en el clavo e hizo bueno aquello de que 'el que más vale no vale tanto como vale Valle'.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



lunes, 25 de mayo de 2020

CENTENARIO DE LA MUERTE DE GALLITO (10): ALMOHADILLAS EN MADRID

Fueron dos o tres, no una lluvia de almohadillas. Sin embargo, cayeron las suficientes para que sentaran como cien patadas en la tripa a uno tan orgulloso como Gallito. Luego iremos a la plaza a ver qué pasó exactamente. Pero antes contaremos que el propio maestro se había metido en un callejón sin salida. 

En castellano usamos la palabra malogrado para referirnos a la persona que ha muerto antes de tiempo y por ello no ha podido dar todo lo que se esperaba de ella. En el campo del arte se utiliza a menudo. Artistas malogrados serían Arriaga o Mendelssohn en la música, Rafael o Masaccio en la pintura, Ataúlfo Argenta o Guido Cantelli en la dirección de orquesta y Chéjov o Kafka en la literatura.

En los toros se lo podríamos aplicar a Manolet Granero, a Manolito Bienvenida o a El Yiyo. Guillermo Sureda argumentaba que no podía hablarse de Gallito como torero malogrado porque, si bien había muerto joven, en su oficio ya había dado de sí de forma magistral todo lo que llevaba dentro.


FOTO: Antoni Esplugas (ARXIU NACIONAL DE CATALUNYA,
Departament de Cultura de la Generalitat)

La forma de torear de Gallito culmina brillantemente la técnica del toreo sobre las piernas que había sido básica para dominar un toro fiero. Ahora Belmonte torea con los brazos y el dominio va pasando a segundo término. 


Inauguración de la Monumental de Sevilla. Toro de Contreras, 6 de junio de 1918.
La corrida dejó bastante que desear en presentación, aparte de que dos toros fueron tostados.

Recordemos lo que decía Felipe Sassone, el vecino del piso de arriba de José de quien hablábamos aquí. Al hilo de esto, comentaba lo que sigue:



No olvidemos que el entorno de Gallito, formado por los dos hermanos y Manuel Pineda Magrito, cuando querían fastidiar al jorobeta, obligaban al empresario a anunciarlo con toros que pusiesen en evidencia sus carencias lidiadoras. Así sucedió en una feria de Bilbao cuando la Junta Administrativa terminó harta de las presiones de Pineda porque no quería que los dos Gallos se anunciaran ni con Miura ni con Pablo Romero. Al final cedieron pero con la condición de que se incluyera a Belmonte en esos carteles (lo contábamos aquí).


Belmonte en la feria de Bilbao de 1917. Apuntillando por detrás, ¡como debe ser!

Pero José se daba cuenta de que iba perdiendo la partida. Se quejaba de que 'Juan tiene indulgencia plenaria en Madrid mientras a mí no me pasan ni una... Yo puedo estar diez veces bien pero con una sola que esté él, borra todas las mías'.
 No puede ser más amargo su lamento.

Cayó en la trampa y empezó a influir en la selección del toro para adaptarlo a los nuevos tiempos. No se dio cuenta de que se estaba pegando un tiro en el pie... o en la sien.



Gallito culminó el proceso que había iniciado Guerrita. Los ganaderos habían empezado a dulcificar el toro. 'Ya no hay águilas sino canarios', se decía. A Belmonte esta deriva le iba de cine: 'yo, lo que diga José'. 

Bleu escribe en la primavera de 1914 su famosa Carta abierta a don José Gómez Ortega, donde le dice esto:

'Su final de temporada anterior fue tan triunfal para usted como sospechoso para mí. Volvió usted tarumba a la afición valenciana matando siete toros de Guadalest que no fueron precisamente toros sino gatos, auténticos mininos (...) Su nombre empieza a andar mezclado en runrunes de componendas, tratos y vetos. Si es cierto que deja de lado ganaderías que no le sirven y que quiere toros hechos a medida, habrá que renunciar a toda esperanza y dejarle a usted por mentiroso, por imposible y por inaguantable (...) ¡Joven Joselito, prodigio de la excelsa estirpe de los Gallos! Conduzca a la tauromaquia por el camino de la gloria imperecedera y no se olvide: ¡monas, no!'

No fue el único que se apercibió de que los de Guadalest eran bichos sin respeto. Ésta fue la falla que le dedicaron seis meses después aunque no son gatos sino caracoles:

Aquellas Fallas en las que Joselito y Belmonte toreaban caracoles

El maestro ve que el toro del futuro es el que viene de Vistahermosa, con especial hincapié en lo derivado de Murube y Parladé. Por ahí iban sus consejos a los ganaderos en la selección. Hoy seguimos en el carril donde él nos puso a circular. La ganadería de la que huía era la de Palha, ya hablaremos de ello en otra ocasión. En los tentaderos marcaba la línea a seguir, exactamente lo mismo que hacen algunas figuras en la actualidad. 


José tentando una vacona en la finca del Duque de Tovar

Pero en el pecado llevó la penitencia porque ante ese nuevo toro, el toreo de dominio de Gallito languidece ya que el público quiere ver las verónicas sin enmendarse de Belmonte en lugar de una lidia sobre las piernas. José se dará cuenta de su error cuando ya no haya vuelta atrás, por eso se planteaba su retirada cuando Bailador lo mató.

¿Cuándo fue consciente de que había caído en la trampa? Posiblemente el 15 de mayo de 1920 en Madrid. Aquel día el público estuvo muy duro con él no por su insultante facilidad como se suele decir sino porque el ganado fue infame. Los toros salieron sin poder, sin fiereza y sin fuerza cuando no directamente inválidos. Ante esos enemigos que no necesitan ser dominados porque dan pena, Gallito es un torero que no interesa. '¡A ver si te atreves con ésta!' le grita aquella espectadora mientras arroja una almohadilla que le golpea en el brazo según unos y en la cara según otros.


Blanquet de matador y Gallito de subalterno en un festival en Valencia

¿Qué pasó aquel día?

Pues que salieron nada menos que nueve reses del toril aunque tendrían que haber salido doce según algún cronista. Los anunciados de Albaserrada se sustituyeron a última hora por murubes de Carmen de Federico. Las malas lenguas decían que el cambio era cosa de Belmonte. Otros, que era cosa de Joselito y él lo sabía porque se ve que pidió a la empresa lidiarla el día 17 ('la he pedido ya que dicen que no se lidia por mí porque los toros son grandes y así verán que no es verdad ni una cosa ni la otra'). Los espadas fueron recibidos con una sonora pitada a cuenta de este baile de corrales (una sana costumbre que ya ha desaparecido).

La incomodidad del público subió de tono cuando el primero se vino al suelo en el recibo capotero de Gallito. Luego lo picaron Serrano y Farnesio y ni siquiera derribó. En banderillas claudicó de nuevo y cuando el maestro cogía los trastos, una señora le gritó '¡toree usted toros!' Debió de escuchar esto claramente porque acto seguido dejó muleta y estoque en la barrera con visibles muestras de desagrado. Parece que algunos oyeron que decía 'yo no toreo eso'. El presidente sacó el verde pero el toro por tres veces se frenó en toriles sin querer seguir a los bueyes. Josele lo apuntilló en la plaza. El sobrero fue uno de Medina Garvey que salió sin divisa, cárdeno bragado, al que mató de una estocada. 


Descabellando sin cruceta

El segundo de Gallito también fue al corral, sustituido por uno de Salas que también salió sin divisa. Se llamó Cacharrero, berrendo en negro y botinero, el último que mataría en Madrid. Éste sí se empleó más en las varas de Carriles y Camero (mató dos caballos). Parearon Cuco y Cantimplas y acabó con él de pinchazo y estocada, mostrando bastante apatía en el trasteo. Él veía claramente que el público le había dado la espalda y no era cosa de un día. A ello se unía que se había caído del cartel del día siguiente para torear con su cuñado en Talavera.

El resto del festejo transcurrió en medio de la rechifla general por el poco poder de los toros. El primero de Belmonte no se sostenía en pie y el segundo fue al corral. Sánchez Mejías fue pitado en los dos por torear movido y matar fatal (no es novedad porque él mismo reconocía que no sabía matar, ya lo hablaremos en otra ocasión).


Belmonte, esa tarde forzando la embestida

En El Imparcial, Barbadillo dice que menos mal que el público se tomó la corrida a cuchufleta porque podría haber habido un motín. Se negó a hacer la crónica como avisó en su titular:



Luego fue durísimo, nada que ver con los paños calientes de los críticos paniaguados que leemos hoy en día:



Llovía sobre mojado con los toros. Incluso Corrochano, que contemporiza bastante con José en su crónica porque estaba reconciliándose con él tras el Pacto de la Estrecha, dice esto en el ABC:



Todas las crónicas inciden en que el problema residía en la bondad que se estaba buscando en los toros por 'instinto de conservación e instinto industrial de ganar dinero' de los maestros. Clarito titula así:



Los toros están sometidos a los toreros, lo ve tan claro como su propio nombre indica:



El enfado con Maravilla se recuerda en aquellos gritos que oyó de '¡que se vaya!' El diario El País tituló así:



En la crónica se avisa a Joselito de que no se vaya, que se quede pero que se arrime y deje de anunciarse con esos toros de chichinabo 'que torea porque quiere, porque los pide y porque los impone, sin darse cuenta de que son los que más disgustos le traen'. 

Claro, es que Gallito no era torero para toros sin poder. Se había metido él solo en un callejón sin salida del que no podía escapar. Los que sí encontraron la salida fueron Belmonte y Manolete y lo hicieron toreando diferente. José había dado todo lo que sabía, que era mucho, según su forma de entender la tauromaquia. Antes de morir tuvo la deferencia de dejar para la posteridad un toro nuevo para que otros hicieran un toreo nuevo que ya no era el suyo. Lo resumió Clarito en esta frase:



Se acabó el toreo de dominio y entramos en el toreo manierista, el de las posturas, ése que hoy ha degenerado en los retorcimientos grotescos y extravagantes con que nos atosigan el alma cada tarde nuestras queridas figuras.

El toro va a ser a partir de entonces 'una pobre bestia vencida sin ningún interés; por este camino la fiesta se convertirá fatalmente en un espectáculo de circo donde subsistirá la belleza pero sin el elemento dramático y emocionante'. 

¿Saben quién dijo eso años después? Pues don Juan Belmonte. Y esperen, que sigue: 

'El toro ha ido evolucionando, ha aprendido a ser toreado, se fabrica el toro tal como los públicos lo demandan; no se le ha quitado bravura, sigue siendo una fiera potente y bien armada pero sí se le ha quitado nervio porque el público quiere ver el toro toreable'.

Recuerden esta entrada donde citábamos a Bollaín: 'de tanto querer afilar la bravura, el toro ha quedado romo de casta; el actual es medio toro porque lleva dentro media casta'.

Gallito quiso orientar la fiesta hacia el toro toreable. Con ese animal, él no tenía nada que hacer. Por eso no fue un torero malogrado. Se murió justo a tiempo, a tiempo de dejar su leyenda, que se vio inmediatamente engrandecida por la mala conciencia y el remordimiento de los muchos aficionados que le habían vuelto la espalda.

Ya lo avisó el gran sabio Montaigne, de quien hablábamos aquí: "en la vida, todo es acalorarse y en la muerte, todo es amor y cortesía".

El amor y la cortesía que faltaron en muchos momentos en vida de Gallito dieron paso a los constantes panegíricos que se le han dedicado desde hace cien años hasta hoy. Y eso ha sido gracias en buena parte a Bailador.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

miércoles, 10 de abril de 2019

A LOS TOROS LES METEN ESTRICNINA

No se alarmen porque no estamos ante la exclusiva de una golfería más en el mundo de los toros. Recuerden que en esta entrada ya hablábamos más de la cuenta sobre un tema tabú. Lo de la estricnina es una comparación que hizo Luis Bollaín cuando explicaba cómo se empezaba a seleccionar hace más de sesenta años un toro más suave.

Luis Bollaín Rozalem fue un muy buen aficionado colmenareño que se ganó la vida como ilustre notario. Era hermano de Adolfo, en este caso registrador de la propiedad, autor de aquel célebre opúsculo titulado 'Hoy se torea peor que nunca' (recuerden aquí). También era de Colmenar Luis Fernández Salcedo. Los tres se quedaron con las ganas de ser ganaderos de reses bravas por lo que se dedicaron a escribir bastante sobre la cría y selección del ganado de lidia. Eso es fácil hacerlo sobre el papel pero resulta bastante más complicado en el campo.

Bollaín se hizo sevillano de adopción. Allí murió en 1989. Suponemos que los cuatro hijos que tuvo con Conchita gozarán de buena salud. Fue belmontista acérrimo aunque gozó de la amistad del partido gallináceo por su condición de 'afisionado' cabal:



Recordarán los seguidores del blog que aquí hablábamos del toro encastado cuando hacía honor a su casta, o sea, a su linaje. Como se supone que el ganadero busca la pelea, es decir, que el toro tenga temperamento, ése sería el encastado. Bollaín tenía su particular definición al respecto:

"Un toro es encastado cuando, aunque tenga nobleza, el que lo ve siente que en los cuernos lleva la muerte".

Él decía que no le interesaba tanto ver que un toro era bravo cuanto 'percibir' que lo era, o sea, notar ese peligro. A nuestros amigos del blog no hay que convencerlos de ello porque pertenecen a la minoría que mira el toro antes que al torero. Ustedes lectores, igual que nosotros, son de los que se fijan primero en la ganadería y después en quién torea (en nuestro caso particular, somos aún más radicales porque sólo miramos de quién son los toros).

Se dice que hoy los toros cogen más que nunca. Seguramente hay verdad en ello pero este hecho lamentable es causa de la confianza con que trastean los diestros ante toros que colaboran más de lo que sería reglamentario. Bollaín lo decía ya en 1959 cuando comentaba esto:

"Lo más triste es que la mayor parte de las veces no entra en el ánimo del espectador la idea de que el toro que se está lidiando pueda herir. Y todo porque al percance trágico no le precede la psicosis de tragedia"


Roca ante un juampedro en Castellón (2016).
Cuando el toro husmea en lugar de embestir...

Se viene repitiendo desde distintos ambientes, menos en el de las figuras, que hay que recuperar la emoción en el ruedo, que los toros son demasiado nobles, que las faenas son todas iguales y que el tendido se aburre. No estamos seguros de ello. Roca triunfó en Valencia ante un torete de Victoriano que pasó sin picar. Se repitió lo mismo en Castellón cuando el peruano 'se impuso' a un torillo de Juan Pedro que tuvo 'mucha calidad y clase'. En ambos casos, los asistentes aplaudieron a rabiar.

Ya saben que esa cursilada de la 'clase' no es más que 'el toro tonto', como dice Gallardo, porque 'al toro realmente bravo hay que poderle'. No obstante, el jefe de Fuente Ymbro añade una cosa curiosa, a ver si ustedes entienden la segunda parte:

"El toro bravo se entrega cuando el torero le puede; en cambio, el toro simplemente encastado protesta o rehuye la pelea cuando se siente podido"


Novillo de María Cascón en Aire-sur-l'Adour   (FOTO: Christophe Moratello)

La sensación de riesgo de que hablaba Bollaín brilló por su ausencia en las faenas de Roca en las ferias de Valencia y Castellón pero, a pesar de ello, el público vibró. Y al día siguiente, los críticos que viven de esto se deshacían en elogios. Pero esa sensación de riesgo es justamente la que 'da tono trágico al trágico arte del toreo'. Si no es así, la cosa se reduce a posturas pretendidamente estéticas mientras el choto va y viene de manera bobalicona. Bollaín añadía:

"Siendo el toreo un arte trágico por la presencia de la muerte, sólo podrán ser toros de lidia aquéllos que por su temperamento metan en el aficionado la psicosis de tragedia"

Alertaba sobre los aficionados chapados a la antigua que vivían 'de tópicos y añoranzas trasnochadas'. Decía que

'entre el toro de anteayer con tantos caballos muertos y el suavón y poco encastado, estaba el "Bravío" de Santa Coloma'


El caballo no lleva tapado ningún ojo. FOTO: Vandel

El propio Álvaro Domecq, sobre quien volveremos en otra entrada, veía con preocupación que la suavidad excesiva terminaría debilitando la bravura. Iba por el mismo camino Juan Pedro Domecq padre, cuando alertaba de que 'el borreguismo puede degenerar en mansedumbre' (lo contábamos aquí).

Al buscar la colaboración del toro se ha caído en el borrego. Bollaín lo comparaba con afilar un lápiz:

"De tanto querer afilar la bravura del toro, se ha roto la punta de la bravura y el toro ha quedado romo de casta. El toro actual es medio toro porque dentro lleva media casta"

Lo de la estricnina del titular era otra comparación didáctica de nuestro notario:



Las figuras quieren regularidad en las ganaderías pero con una condición: tiene que ser regularidad en la suavidad o, como dicen hoy, en la 'toreabilidad'. A una ganadería con regularidad se le perdona que un día salga un toro encastado o con cierto picante, ello se considera un accidente. Como el accidente se repita más de la cuenta, entra en la lista negra. Todos los ganaderos van locos en busca de esa regularidad que les permita gozar del favor de los taurinos que mandan (y decimos todos con idea ya que metemos también en el lote a los que tienen fama de toristas).

La citada 'toreabilidad' consistía para Juan Pedro hijo en una suma de movilidad, bravura, nobleza y ritmo. Quiten ustedes lo de la bravura y pongan 'clase', ese vocablo abyecto de los taurinos. La bravura se te puede subir a las barbas y dejarte en evidencia mientras que la movilidad con nobleza y clase, permite el corte de orejas sin mayores problemas. El propio Juan Pedro no se tapaba cuando decía que la sensación de riesgo iba en contra de la toreabilidad y que esa sensación la daba la fiereza y/o la casta. Está clara la solución para él del silogismo ¿no?

Victoriano del Río riza el rizo cuando afirma que quiere que sus toros "humillen con una toreabilidad profunda...". De aquel 'Dalía'  de la Beneficencia de 2016 con Manzanares se habló de su 'insuperable toreabilidad'. El animal embestía de salida con una dulzura empalagosa, como si ya llevase dos puyazos:


FOTO: www.gaceta.es

Por eso, no es de extrañar que otro de los ganaderos actuales, José Moya, de El Parralejo, diga con claridad lo que busca:

"Que el toro se coma la muleta por abajo, sin molestar y obedeciendo siempre al torero"

Pues eso, la toreabilidad, es decir, que el torero pegue pases a sesenta pulsaciones sin que se le seque nunca la boca. Ése es el espectáculo que quiere el público. Como dice Moya, 'eso es el toreo moderno, otra cosa es lo que quiera una minoría'. Y tiene toda la razón porque esa minoría, donde se incluye a todos los amigos de nuestro modesto blog, no llena ni una portátil.


López Simón con uno de 'El Parralejo' en San Sebastián (2108)

Bollaín remaba en dirección contraria, como nosotros. Pedía regularidad, sí, pero en la casta. Él quería que volviera el toro de lidia al que hay que dominar y lo demandaba a finales de los años cincuenta... Era, según él, 'la única manera de recuperar la atmósfera de tragedia y restaurar en toda su verdad la sublime barbarie de la Fiesta Española'. 

Qué bonita frase para terminar, ¿no les parece? 'Sublime barbarie'... ¡qué políticamente incorrecto en los tiempos que corren! Y qué diferente del 'sublime ballet' que sufrimos tantas tardes.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.