Absolutamente a nadie. La prueba es que Borja Jiménez salió en hombros de la que algunos califican como primera plaza del mundo tras cortar tres orejas habiendo matado de muy malas maneras. Bah, qué más da. Eso solamente interesa a los cuatro lectores de nuestro modesto blog, a quienes se les ha parado el corazón creyendo firmemente que un torero es, siempre y por encima de todo, un matador de toros.
Los más talluditos recordarán que Antonio Ordóñez tras ver torear a Curro decía aquello de ¡qué más da como ha matado después de cómo ha toreado! Pero es que con Jiménez tampoco fue el caso.
Los victorinos lucieron cárdenos y vareados excepto uno negro de 580 kilos. Dieron una media de 542 por 561 de la corrida de San Isidro. Todos armados hacia arriba, yendo de lo cornilevantado a lo veleto saliendo uno playero y otro cornivuelto.
Desde abril, nuestro miedo es que salgan victorinos patateros. En San Isidro no hubo ninguno y aquí tampoco pero excepto el segundo, tuvieron todos un comportamiento muy poco brillante.
El otro miedo era que los asesinasen en el caballo, como ocurrió en la de la prensa del año pasado. Ayer no fue necesario porque la verdad es que demostraron muy poco poder. Corrida, por tanto, bastante olvidable a pesar de que el ganadero diga que fue 'variada, encastada y emocionante, destacando segundo, tercero, cuarto y sexto'. Ni de broma, jefe.
ROMÁN. Su primero era basto de pezuñas y se frenaba ante los burladeros. Quiso reírse de Román con el capote pero el valenciano salió airoso retrocediendo:
Carnicería repugnante en el caballo donde quedó ya para el tinte. Como tenía las patitas de alabastro se recrudecieron las protestas.
Cuando en Madrid sucede eso el matador debería ordenar a los peones bajar los capotes y obligar al presidente a enseñar el verde. Lo que pasa es que todos los toreros prefieren torear un minusválido. Román se confió ante la poca fuerza del toro y cuando se le paró debajo, lo caló en el muslo derecho.
No quiso que lo retiraran y con un torniquete improvisado en la pierna entró a matar. Dejó una casi entera perpendicular, arriba y tirándose con mucha valentía:
BORJA JIMÉNEZ. Su primero fue protestado por escurrido:
Se afligió en el peto, donde no lo apretaron. Estaba colocado para el segundo y después de tardear se dio media vuelta y esprintó hasta chiqueros. Seguramente fue porque se temía la lanzada trasera que le pegó después Espartaco y de la que se soltó con urgencia. Comentamos con detalle su comportamiento en el primer tercio ya que en la que llaman primera plaza del mundo se lo despidió con aplausos en el arrastre.
En la muleta era tardo y pegajoso. No estaba para florituras de toreo posmoderno sino para que no perdiese la muleta de vista y conducirlo con dureza y sin contemplaciones. Jiménez consiguió arrancarle unos naturales que bajaron los humos al toro. Nos sobraron tanto su gesticulación teatrera a la hora de citar como sus retorcimientos imitando a Juli, a Perera, a Roca y a tutti quanti, observen:
Se perfiló demasiado lejos como acostumbra para venir a la carrera, fíjense:
Clavó una estocada entre media y honda, defectuosa por muy tendida. A pesar de ella cortó una oreja. Aplausos al toro en el arrastre como avanzábamos ya que el público se había olvidado totalmente de su juego en varas.
El segundo que mató era el de Román, el único negro, alto de agujas, cornivuelto y con cuello casi miureño:
Quiso empujar de bravo pero enseguida dimitió al ver que no había futuro ante el T-34. La segunda entrada fue un simulacro.
El toro era sosete y blandengue. Jiménez volvió a retorcerse y pareció más preocupado por forzar la figura que por torear bien. No nos gustaron ni el de cuatro patas ni el de dos y encima su faena fue interminable. Ahí lo tienen sacando la barriga:
Queda claro que no compartimos en absoluto ni las ovaciones ni los oles que se oyeron. De nuevo se armó lejísimos. Ostos decía que al perfilarse deberías poder tocar el morro del toro con la punta del palillo. Jiménez no sabe nada de todo eso ni parece tener intención de aprender:
Aunque tampoco se lo habrá explicado nadie. Total, ¿qué más da? Otra vez una media y otra vez tendida entrando a la carrera y de cualquier manera. Oreja barata.
Fue un buen gesto que se fuese a porta gayola en su tercer toro cuando no tenía ninguna necesidad. Pueden ver encima del mayoral al maestro Moore, a quien agradecemos su colaboración durante esta feria de otoño:
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| FOTO: Sánchez Olmedo |
El toro era playero y rabicorto:
No podemos valorar el juego en el caballo porque la retransmisión se había cortado y tuvimos que tragarnos una ridícula entrevista a Talavante en Valencia (donde pegó dos estocadas muy buenas, que conste ya que estamos).
El toro era otro que arrastraba el hocico por la arena pero blandeaba más de lo reglamentario. Poco recordaba a los victorinos encastados diga lo que diga su criador. La nobleza, por arrobas, eso sí. Era el tercer toro de esta vacada que mataba Jiménez en su vida y demostró con su firmeza que puede acartelarse perfectamente con ella en las grandes ferias.
No obstante, nos dio la impresión de que ahogó un poco al toro aunque no descarten que sea una más de nuestras manías. No faltó tampoco la exageración grotesca con sus posturas extravagantes:
Volvió a perfilarse desde Alcorcón para volver a alargar el brazo y volver a dejar su tercera media estocada, muy defectuosa por tendida, atravesada y trasera. Cortó otra oreja por... bueno, no sabemos muy bien por qué.
VALADEZ. Su primero era bajo pero justo de cuello y con las patas de papel:
En el caballo estuvieron igual de mediocres tanto el toro como Sandoval mayor, un piquero en horas bajas desde hace ya demasiado tiempo.
En el quite Jiménez hizo un homenaje a Antoñete con una media igual de barroca y casi en el mismo sitio que la famosa de Chenel a un toro del Conde de la Corte en la feria de San Isidro de 1983. Comparen:
Nos ha costado un buen rato encontrar en nuestro archivo en papel esa foto del madrileño que pocos aficionados tienen. La hizo Leo para el diario Pueblo. Fue un pique con Julio Robles. Resulta que el salmantino había rematado con una media de rodillas un quite al cuarto, que era toro de Antoñete, y ésta fue su respuesta en el sexto condeso, que era de Robles. Toda la plaza se levantó como un resorte estallando en una ovación memorable.
Volviendo a Valadez, había que cuadrar el círculo aprovechando la buena humillación del toro pero sin bajarle la mano mucho porque se derrumbaba. Nosotros le hubiéramos aconsejado que bajase la mano sin compasión y si el toro se plegaba, las reclamaciones al ganadero.
Al final la cosa quedó muy desangelada. Lo mató de una casi entera caída.
A su segundo lo recibió a porta gayola, un cárdeno claro con menos cara que sus hermanos:
El toro se dejó pegar sosamente en el caballo y Sandoval pequeño no le tapó la salida, cosa que debería ser la norma cada tarde y en cambio es la noticia.
El toro confirmó en la muleta esa sosería porque topaba y se quedaba debajo como negándose a embestir.
Poco pudo hacer el diestro antes de pinchar arriba y... no sabemos qué hizo después porque las imágenes pasaron a Valencia de forma estúpida. Estuvimos buscando durante todo el festejo la posibilidad de quedarnos en Madrid evitando el ridículo carrusel montado por los turistas de onetoro pero al menos en nuestro ordenador fue imposible.
Cuando vimos a Borja Jiménez en la Copa Chenel recordarán nuestros selectos lectores que afirmábamos que estaba a años luz de todos los demás toreros del certamen. También dijimos que mataba muy mal y a día de hoy creemos que en ambas cosas acertábamos. En lo segundo continúa en la misma línea pero eso da igual en la que algunos dicen que es la primera plaza del mundo.
Estando en el callejón tras pasear la segunda oreja, incluso Guerra le dijo que le quedaba otro toro y que a ése había que matarlo por arriba. En la plaza el diestro asintió sin decir nada aunque le guardó la respuesta para el hotel: 'pero, ¿para qué, Julián?, si no hace falta matar bien los toros, hombre, ni siquiera en Madrid'.
Al público venteño, cada día más festivo, la suerte suprema se la trae al pairo y a la crítica paniaguada, todavía más.
¿Qué pensarían los grandes estoqueadores que en el siglo XX han sido viendo esta salida en hombros?
Sin comentarios.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.









































