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sábado, 5 de septiembre de 2020

CONDE DE MAYALDE EN VALDEPEÑAS: ¡TODOS FELICES!

La felicidad se derramó como un maná sobre la ciudad de Valdepeñas y todo gracias no a una corrida de toros sino a un espectáculo con medio-toros (o tercio-toros). Nosotros también llamamos a esto una corrida posmoderna. 

La corrida posmoderna ha de cumplir varias características que aquí se dieron todas: ausencia del primer tercio con picadores que se ganan el sueldo clavando trasero pero trabajando no más de cuarenta segundos, toretes que van y vienen propiciando un pegapasismo inmisericorde, diestros orejeados a base de bien, presidencia dadivosa que no quiere problemas y público que retorna a casa convencido de que ha visto algo histórico. Añádase a este cóctel la complacencia de la prensa taurina a la que suponemos eufórica ante lo visto (no hemos leído nada pero sí escuchamos los comentarios televisivos).



Respecto al pañuelito naranja, ¿quién lo había traído a una plaza de tercera? El presidente se saltó el reglamento dos veces: la primera porque no atendió al 'excelente comportamiento del toro en todas las fases de la lidia' y la segunda por la citada categoría del coso. De todas formas no abonará la multa alegando que tuvo que evitar una grave alteración del orden público. Ésa es la excusa que se utiliza en estos casos para no tener que pagar, según nos informó en su día otro presidente manchego (el mejor de ellos con diferencia, ya hemos hablado de él por aquí más de una vez).

Los torillos del Conde de Mayalde salieron bien presentados, con la única idea de ser obedientes a pesar de su edad. Recibieron un puyacito cada uno y mostraron una ciega disposición a colaborar. Fueron verdaderos amigos de los toreros, de hecho la expresión es la que usó Gómez del Pilar. Señores, cuando el toro de lidia se convierte en amigo del torero es que no ha habido corrida sino un triste espectáculo posmoderno. Pero es esa tristeza la que hace felices a todos... menos a nosotros.



Por cierto, algún aficionado de solvencia contrastada nos hacía hincapié en que no veía clara la punta de los pitones de estos toros. Vean las imágenes y nosotros nos tapamos porque no sabemos qué decir, la verdad, aunque ya saben que somos de condición muy ingenua:





EUGENIO DE MORA. Su primero era un cinqueño colorado, ojo de perdiz, anteado y albardado. Remató en el burladero metiendo los riñones al hacer presión con el pitón, que se le había enganchado. En la repetición Jiménez dijo 'está romaneando' (?).



De Mora vio, igual que nosotros, que al toro le habían pegado ya tres puyazos en el campo. Trámite en varas y trasteo de gran vulgaridad. Se equivoca poniéndolo dos veces en la suerte contraria donde el toro lógicamente no le ayuda y pincha. Se perfila fatal y fuera de la suerte como se ve abajo. Por fin lo pone en la natural y lógicamente ahora sí le permite dejar media pasada:



Recuerden lo que explicábamos aquí de la suerte natural y la contraria. A los toreros les da absolutamente igual.

Su segundo también tenía cinco años y era castaño albardado, listón, fino de cabos y cornalón. Sufrió una horripilante carioca con doble o triple agujero mientras el maestro se dedicaba a pasear:



Luego, el toro puso interés en seguir amistosamente la tela pero tenía las patitas de cristal y había que llevarlo a media altura. El problema es que interpretar el toreo a media altura con empaque y con enjundia es sólo para los elegidos, o sea, para el Faraón de Camas y su hijo (recuerden aquí). Lo de De Mora fue una tabarra de consideración.



Se perfila grotescamente y demasiado lejos como ven abajo pero toca pelo pegando una puñalada trasera y desprendida alargando el brazo con avaricia. Orejita pueblerina.



GÓMEZ DEL PILAR. Está en buen momento pero eso debería aprovecharlo contra el toro de combate y no para gustarse frente al choto de vaivén, como fue el caso.

Su primero era cinqueño, castaño carinegro y lucero en colorado. Larga de rodillas en tablas demostrando su predisposición. Se ve la cara lavada del torillo:



Aquí lo aprecian mejor. Ya saben que lo de lucero en colorado es un oxímoron para entendernos:



Fue curioso observar cómo el animal estaba loco por irse al caballo nada más verlo. Del Pilar suele lucirlos pero aquí despreció al público manchego y cortó el viaje del toro cuando éste se iba desde lejos al peto. Nos mordíamos los puños en casa cuando lo vimos. Pues eso supuso darle ¡seis capotazos más! hasta que lo dejó casi debajo.

El pobre bicho no sabía que el jinete era Sangüesa porque si lo sabe, no va y opta por las banderillas negras. Lo pinchó donde ven ustedes. Entre el maestro y su asalariado, fue un primer tercio para meter a ambos en la mazmorra más húmeda del castillo:



Gran par de Rafa González, el mejor de la tarde junto al segundo de Macías en el quinto (junto a Cebadera forman una muy buena cuadrilla).



El animalillo perdía las manos porque no podía con el rabo pero mientras se aguantaba en pie, permitía que el diestro destorease a conciencia. 



Con un amigo lector discutíamos si los toreros del segundo escalón serían capaces de destorear como nuestras queridas figuras en caso de tener delante la mona. Nuestra respuesta era que sí y aquí tienen la prueba, que se repitió con Galdós en el sexto.



Incluso se permitió colocarse detrás de la oreja del toro para hacer el infame tiovivo, igual que las figuritas. Acabó como Ferrera, dando derechazos sin la ayuda y 'rompiéndome por dentro, abriendo mi alma', en frase del extremeño que viene al pelo para aplicarla a Gómez. 

Señores, a este maestro lo hemos ensalzado en nuestro modesto blog cuando ha plantado cara a algún pájaro de cuidado (Ruiseñor, por ejemplo, aquí). Ahí es donde este torero da lo mejor de sí mismo. En cambio, ante un gorrioncillo o un periquito, como fue el caso, no nos interesa lo más mínimo.

La banda corta el pasodoble pensando que iba a matar pero él indica al maestro que continúe trabajando. Así fue, siguió la música y siguió nuestro aburrimiento. Cuadra en la suerte contraria pero el toro se mueve y ahora cuadra en la natural. Le da igual ocho que ochenta, cosa que ya sabíamos porque él no se esconde y lo afirma  públicamente, recuerden aquí cuando decía esto:

'Cuando voy a matar, si le pego un muletazo y está cuadrado, ¿para qué mirar más?' 

Entera desprendida con Macías capitaneando una rápida rueda de peones. El torete nos sorprendió muriendo en los medios, cosa que siempre destacamos por inhabitual:



Dos orejas de pueblo y va el presidente y saca el azul por su cuenta y riesgo suponemos que para derramar felicidad sobre todos los presentes. En los atribulados tiempos que corren, quizás sea lo adecuado. Del Pilar calificó a esta babosa como 'más que un enemigo, un amigo'. Sobre estas amistades tan peligrosas, ya hablábamos antes, no vamos a insistir en el despropósito de la frase.



El quinto era castaño muy oscuro, badanudo, corniapretado y bizco del izquierdo. Vino picado del campo y encima el diestro le perpetró dos medias verónicas consecutivas de recibo para terminar de machacarlo a gusto, qué desastre.

Aguado le clavó en el lomo pero sin taparle la salida, algo es algo: 



Vean por dónde le caía la sangre al pobre, por detrás del brazuelo:



El toro se ceñía permanentemente por el izquierdo, como si no viese bien. Gran par de Macías:



Brindó a la banda de música, a quienes había obligado a trabajar en su toro anterior más de lo que tenían previsto (creemos que es la primera vez que vemos a un torero pidiendo música él). No nos gusta esa forma de coger la muleta como si fuese un albañil, recuerden lo comentado aquí:



El toro era otro amigo, pero de los de verdad, de los que no te piden dinero, y eso que tenía casi seis años, para que luego digan de los cinqueños. Era noble, fijo, empapado, con una embestida al paso. Otra vez Del Pilar volvió a sentirse y a expresar lo que lleva dentro, dejando el brazo que no torea caído de manera cursi, como Ponce o Ferrera.



Echó la pierna atrás a placer y no faltó el tiovivo en la oreja del bicho. Lo que nos gustó fueron los pases por alto con que remató las tandas. Obligaba al animalejo a viajar de un hombro a otro en semicírculo.

Entera muy defectuosa por caída, traserísima y atravesada. Como pueden suponer, con esa colocación necesitó dos descabellos. Menos mal que el presidente la vio igual que nosotros y sólo le concedió la oreja reclamada por el respetable. Si por una casualidad el toro llega a rodar sin puntilla, se lleva el rabo y la pata.

JOAQUÍN GALDÓS. Su primero era chorreado en morcillo y con una carita agradable, ya nos entendemos. Se repucha y se va de naja tras partir la puya con habilidad para aminorar el ya mínimo castigo. Torete sin fuelle, sin cuello, sin nervio y sin nada. 



Galdós anduvo por allí arrancando pases sin ningún interés para nadie. Estocada honda trasera.



El último fue el indultado para evitar el altercado de orden público, no por otro motivo en nuestra opinión. Se llamaba Chorlito, un cinqueño castaño albardado de poco cuello. No era de Contreras ni de Juan Pedro sino de Duracell porque no se cansó de ir y venir a la muleta de Galdós. Estos chotos de Duracell suelen tener muchas posibilidades de indulto. Sólo hace falta que un fulano grite el '¡no lo mates!' y la cosa viene rodada. Eso sucedió en Valdepeñas.

Primer tercio donde el toro vio al caballo y quiso ir de largo, como el primero de Gómez. Pues Galdós también le cortó el viaje ignorando una voz que le gritó '¡DÉJALO!' Con su nefasta actitud sólo consiguió que hubiera que darle siete capotazos para ponerlo a tres metros del peto.

Echa la cara arriba, cabecea y creemos que termina afligiéndose porque en cuanto ve por el rabillo el capote de Escorial, se va de ese peto contra el que no veía futuro. 



El toro tenía cinco años pero sus ideas eran las de un niño de dos, para que luego digan de los cinqueños, insistimos. Galdós toreó como las figuritas, ni más ni menos. Demostró lo que decíamos antes: toreros que no son figuras pueden y saben destorear igual que ellas si les sale la ternera adecuada.



Enseñó el muslo dos veces en los setenta pases que dio, con eso se hacen una idea de su tauromaquia, la misma que Manzanares, Castella, Juli, Simón, Perera y tutti quanti. Lo mejor que hizo fue cuadrarlo rodilla en tierra, ahí sí estuvo muy torero.

Pero fue entonces cuando empezó a gritar el fulano del PACMA y a Galdós la verdad es que se le veía loco por indultar. El presidente tragó y todos felices dispuestos a ir contando por ahí que habían asistido a una ¿corrida? histórica.

El ganadero reconoció que en el caballo, poca cosa pero que lo probaría como semental 'por su duración excepcional en la muleta'. Pues es en lo que estamos, en el toreo posmoderno. Añadió que 'es bueno para la fiesta que haya indultos'. Sobre eso, nuestra opinión la tienen aquí.



Lo dicho, felicidad máxima para el ganadero, el empresario, los toreros, el presidente, los comentaristas y el público en general. En Valdepeñas, al término de la corrida se oía a todos cantar aquello de:


'la gente en las calles
parece más buena,
todo es diferente
gracias al amor.
La felicidad, ja, ja, ja, ja,
en mi corazón, oh, oh, oh, oh...'

Como Palito Ortega, escuchen aquí la canción completa si están muy aburridos.

Destaquemos para terminar que la región manchega ha demostrado ser la más taurina de España. En estos tiempos críticos, ha quedado claro que Andalucía, Madrid o Castilla-León se han tapado. Y de bien nacidos es agradecer la colaboración de la televisión de Castilla-La Mancha a pesar de que estemos a años luz de su triunfalismo.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

lunes, 14 de octubre de 2019

12 DE OCTUBRE EN MADRID: CON CABALLERO SE REPITE SU HISTORIA DE SANGRE Y RABIA

La sangre fue la suya pero la rabia, la nuestra. La cornada y el dolor fueron para él,  la amargura y el desencanto,  para nosotros. Volvió a repetir su error de san Isidro y se llevó otra cornada grave. De nuevo fue culpa suya, lo cual no quiere decir que no lo lamentemos (a pesar de que pulula por aquí algún degenerado que piensa que deseamos que corneen a los toreros). Podríamos copiar lo que decíamos en nuestro blog el pasado 21 de mayo (recuerden aquí):

"Fue un error suyo porque entró de manera suicida. Deseamos que se recupere rápidamente pero sufrirá bastante por su inconsciencia ¿o su valor? Dejémoslo en temeridad, que es una cosa que en un torero no perdonamos porque eso está al alcance de cualquiera y la valentía auténtica, no. Por eso decíamos en esta entrada que Caballero no ha leído a Montaigne, para quien la temeridad está más cerca de la locura que de la inteligencia".

Nos fuimos a Madrid no porque tuviéramos muchas esperanzas en la corrida de Valdefresno sino porque se había anunciado buen tiempo en la sierra para ir en bici. Matamos dos pájaros de un tiro: hicimos deporte por la zona preciosa de Rascafría y nos acercamos hasta Las Ventas para llevarnos tres sorpresas. La primera fue con los dos tercios de entrada que hubo. La segunda consistió en ver al flamante director gerente del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid sin corbata por el callejón. Nos extrañó verle tan incorrectamente vestido para el cargo que ocupa pero es que fue a sentarse en medio del sector más protestante del tendido siete. ¿Lo localizan?



Al poco rato hizo mutis y desapareció de esa posición no sabemos por qué. Y la tercera sorpresa no fue tal sino que consistió en la confirmación de que la plaza de Madrid es el Palacio del Sentimentalismo, como tendremos ocasión de ir comentando con ustedes si nos siguen hasta el final.

El ganado estuvo bien presentado independientemente de que alguno fuese más feo como el primero o más hermoso como el burraco cuarto. Tuvimos el placer al final de la corrida de conocer al maestro Andrew Moore y le solicitamos que nos hiciera llegar una foto de cada uno de los ejemplares. Accedió con gentileza típicamente inglesa y son las que verán con su firma. Para abrir boca, aquí tienen al que hizo quinto, con más leña que el Santísima Trinidad en la batalla de Trafalgar:



Cumplieron sin más en el caballo siendo fatalmente picados como es habitual. Tuvieron tranco en banderillas y se prestaron al lucimiento en la muleta porque colaboraron bastante más de lo que esperábamos. No sacaron mucha casta pero hubieran servido para hacer algo más de lo que llevaron a cabo los diestros. 

Los pesos dieron una media de 535 kilos, la menor de las últimas corridas lidiadas por esta vacada en Madrid. Recordemos que en mayo fueron 564. No hemos querido ver ningún vídeo de la corrida ni tampoco hemos leído nada como es nuestra costumbre (sólo hemos buscado el parte médico, lógicamente). Lo que hemos escrito es a partir únicamente de nuestras notas e impresiones en la plaza.

EUGENIO DE MORA. Su primero era un toraco astracanado, cornalón y feo por acochinado, sin cuello y basto de pezuñas. En la foto de Moore no se aprecia porque se la hizo por su lado bueno:



Pero en la nuestra se confirma esa mala impresión global:



Desidia del maestro en el primer tercio, como es norma en él. Primer puyazo donde ven ustedes aunque por lo menos sin tapar la salida:



Luego se fue al reserva y Cañas, en lugar de quitarlo dándole un capotazo hacia su izquierda va y lo da hacia la derecha dejando al animal en el peto, ¡qué desastre! Las dos varas cayeron en el lomo y el toro se iba al suelo cada dos por tres provocando protestas. Encima, se distraía a la salida de cada pase, observen:



Muleta a media altura con De Mora luchando para que se quedase en la tela. El problema es que abusó del pico sin ninguna vergüenza al ver que ni una sola vez se oyó el grito de '¡picooo!' con el que hubieran crucificado a cualquier otro, vean:



Ignoramos por qué este diestro tiene bula en Madrid. En la suerte suprema se alivió considerablemente al alargar el brazo intentando clavar antes del embroque para salirse de la suerte. Ese alivio que le criticamos le salió perfecto, como se aprecia:



Dejó esa honda, atravesada por salirse y también caída, siempre con el brazo elástico.

Su segundo era este burraco veleto, una pintura a pesar de ser también basto de pezuñas, cosa propia del encaste por otro lado:



Puso muy mal al toro en el caballo y dejó que Rodríguez le pegase una paliza. Ya hemos dicho que es un diestro al que el primer tercio le importa muy poco por no decir absolutamente nada. El toro se presentó en la muleta con tanta franqueza como sosería. Iba igual por ambos pitones y ello sirvió para que De Mora nos diese otro recital de pico sin que nadie dijera ni mu. Primero por la derecha:



Y después por la izquierda:



En su descargo diremos que, como ven en las fotos, enseñó el muslo a pesar de que luego se arrimaba poco. Repitió la misma estocada que en su primero en cuanto a colocación y alivios. El toro tuvo una muerte tan bella como su lámina:



Mató el que hubiera sido segundo de Caballero. Observen que era un pavo astracanado y 'leñoso':



Fue sorprendente que se jalearan unas verónicas dando en todas un descarado paso atrás. En la faena siguió presentando mal la muleta sin ninguna protesta, insistimos porque a otros se les mira con lupa y eso no nos parece justo:



Pegó pases sin piedad y enfadó al personal cuando dio un sainete al matar: tres pinchazos saliéndose, estocada corta y tendida que escupe, dos pinchazos más, estocada honda atravesada en el lomo tirando la muleta y dos descabellos.




CABALLERO. Los del siete lo obligaron a salir a saludar en recuerdo de la dura cornada del 21 de mayo pasado. El único toro que mató fue éste, protestado porque en la tablilla se leía el número 505. ¿A ustedes les parece que le falta trapío para Madrid? A nosotros, tampoco:



Renqueaba del pie izquierdo de salida pero se sobrepuso durante la lidia. El bueno de Gonzalo no es supersticioso y quizás debería serlo. Lo decimos porque se presentó con el mismo terno que cuando sufrió aquella fea cornada en san Isidro, comparen el del 21 de mayo y el del 12 de octubre:




Muy bien Raúl Ruiz con los palos, ahí tienen sus dos pares:




Hizo el mismo inicio de faena que en san Isidro, el celeste imperio rematado con este natural:



La historia se iba repitiendo excepto en el toro porque éste de Valdefresno era mucho menos malaje que el de El Pilar en san Isidro. Había brindado al doctor García sin sospechar que volvería a estar en sus manos diez minutos después. 

El toro tenía de bueno que era pronto pero de malo, que no embestía sino que pasaba por allí. Caballero puso voluntad pero la sosería del oponente echaba por tierra sus deseos: 



También abusó del pico sin escuchar ninguna queja:



Optó por el arrimón y algún circular de espaldas, que es un pase que nosotros prohibiríamos:



Se perfiló equivocándose al ponerse en la suerte contraria donde el toro iba a hacer por él. No obstante, el problema no fue ese error sino el entrar a cámara lenta sin intención de salir por el costillar. Se quedó en la cara, más que en la cara, en el cuerno, igual que en san Isidro:



Comparen ambas ocasiones, con el de El Pilar y con el de Valdefresno:




Entonces fueron 25 cms afectándole el fémur y el nervio ciático y esta vez, dos trayectorias de 30 y 25, la segunda de las cuales seccionó la femoral. Observen que el maestro ha recibido ya la puñalada pero no ha soltado la empuñadura de la espada, que quedó enterrada y mató al toro:



Terroríficos ambos partes que deberían hacerle reflexionar porque en los dos casos fue culpa suya. El toro está criado para embestir y cornear pero el diestro tiene que estar preparado para salvar esa contingencia. Caballero se tira encima del toro cuando mata y así no puede seguir. Mientras se lo llevaban en volandas, el toro doblaba con esa estocada atravesada y caída que llevaba. El sentimentalismo de la plaza provocó la concesión de la oreja que la cuadrilla llevó a la enfermería.



COLOMBO. Su primero era el único corniapretado pero muy astifino:



Sufrió una lidia horrorosa durante el primer tercio con más de mil capotazos para terminar poniéndolo mal en suerte y luego recibiendo esta lanzada asesina de Martos, salvo error:



¿Han visto cómo le tapa la salida? De vergüenza. El diestro cogió los palos y se oyó algún pito (?). Puso este primer par tras el que fue silbado por muchos (?). Se alivia un poquillo pero no es para tanto:



Puso luego este segundo cuadrando en la cara y sin saltar aunque se le va un poco caído. Los pitos arreciaban (?):



El tercero fue por el izquierdo en el platillo, bastante correcto:



Pues los pitos ya rozaban la bronca por parte de los más 'exigentes'. ¿Saben ustedes qué estaba sucediendo? Pues que en la cuadrilla del venezolano venía Fernando Sánchez y preferían ver a éste que al maestro. Ni más, ni menos.

El toro había mostrado un tranco destacable en el segundo tercio y parecía olvidada su flojera inicial. Brindó a la enfermería donde en esos momentos estaban operando a Caballero. El detalle provocó una ovación de gala porque estamos en la plaza más sentimental del mundo. Tuvo la buena idea de aprovechar el mencionado tranco para citarlo de lejos:



Pero nuestro gozo cayó al pozo cuando vimos su alevosa forma de destorear por ambos pitones:




A pesar de eso que ven, las ovaciones menudeaban. También en el tendido del siete hubo su polémica cuando se oyó el típico -y en esta ocasión adecuado- '¡se va sin torear!' y uno de la zona baja se giró para encararse gritando '¡Cómo que sin torear! Pero ¿qué es lo que queréis? ¿Eh?'. La sangre no llegó al río y menos cuando Colombo enterró la espada volcándose y dejándola un poco desprendida:



Oreja con petición mayoritaria pero producto del sentimentalismo más sentimental.

El quinto era aquél que veíamos al principio y que recordamos aquí. Era acarnerado, cornalón y de poco cuello:



Manseó en varas tras las cuales se recrudecieron las protestas cuando el diestro volvió a coger los palos. ¿Qué era eso de no ver banderillear a don Fernando? Por cierto, el banderillero patilludo llevaba un capote donde en la vuelta ponía Diego Sánchez. 

Puso este primer par tras el que fue de nuevo pitado (?). Vamos a ver, ¿ustedes creen que este par es para ser silbado? Hemos dejado la foto en blanco y negro porque podría ser Pepe Bienvenida, ¡y con los dos pies en el suelo!



En el tercer par se fue a los medios para citar al toro con los palos en una mano y hacerle un recorte. Se lió y el toro lo vio y lo levantó por el aire:



Luego lo buscó sin encontrarlo:



Pero al girarse le pateó la cabeza con los cuartos traseros. Con las pezuñas un toro te puede arrancar una oreja, algún corredor de encierros sabe de qué estamos hablando:



Se levantó totalmente groggy y cayó al suelo:



Fue atendido en el callejón pero quiso volver a salir aunque visiblemente conmocionado y cojeando porque parecía herido en el muslo. La ovación fue atronadora y los oles eran ensordecedores ya en la primera tanda. Como ven, sentimentalismo a flor de piel. Pero su valentía o su inconsciencia no escondían que el destoreo era evidente:



Siguió un arrimón también jaleado:



El venezolano veía entreabierta la puerta grande y más cuando aumentó la locura con unas bernadinas atropelladas:



Se perfiló para matar en la suerte natural a pesar de que el toro había manseado clarísimamente. Pero es que encima tiró la muleta:



Y observen que no se echó sobre el testuz ¡sino sobre el pitón derecho del toro! Como si llevara la muleta... Es indudable que en ese momento le daba igual entregar su vida ahí mismo porque el despropósito fue atroz:



Pinchó tras salir milagrosamente indemne. A la segunda, ya con muleta, dejó una entera delantera arriba perdiendo la muleta y saliendo perseguido hasta la boca de riego:



Allí el toro se paró en seco porque estaba herido de muerte y rodó sin puntilla:



Se desbordaron los sentimientos y la petición era totalmente mayoritaria pero el presidente Magán incumplió el reglamento y negó el trofeo para evitar que saliese por la puerta grande. No comprendemos de ninguna de las maneras que los sectores más exigentes aplaudieran después a un presidente que se había pasado el reglamento por salva sea la parte.

Señores, si la primera oreja es potestad del público y éste la pide claramente como fue el caso, hay que concederla pese a quien pese. Esos mismos que aplaudían a Magán no podrán criticar a otro presidente cuando se salte el reglamento al revés y conceda una oreja con petición minoritaria, ¿no les parece? Aunque sólo sea por coherencia...

Vuelta al ruedo triunfal de Colombo con gestos negativos en bastantes sectores del tendido que son los que ovacionaron indebidamente al palco acto seguido.

Así acabó la temporada de corridas en Madrid. Se repitió la triste historia de Caballero, se repitió el sentimentalismo de esta plaza y se repitieron las lanzadas traseras de los montados. Por último, pero no menos importante, se repitió la incoherencia y el doble rasero de los más irreductibles (en los aplausos a Magán lo primero y en lo de las críticas al pico lo segundo). Y también la injusticia de este sector al silbar las banderillas de Colombo sin más razón aparente que la que ya hemos apuntado.

Que la historia trágica de la lidia y muerte de toros también se repita dejando un reguero de sangre humana es el riesgo que asumen los intervinientes en este rito, espectáculo o fiesta, como ustedes prefieran. Pero debe reconocerse que ese reguero sangriento ha sido especialmente duro con Caballero, de la Viña y Perera, todo en el intervalo de unas pocas horas.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.