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sábado, 6 de febrero de 2021

DE LOS GATOS MUERTOS AL PAPEL HIGIÉNICO

No cabe duda de que el pueblo español se ha civilizado. Como decía Ortega, es imprescindible conocer la historia de la Tauromaquia para entender la de España. Si nos fijamos en los objetos que se lanzaban a los ruedos para mostrar descontento, veremos que el camino civilizador ha sido recorrido por los españoles con resultado óptimo.

De hecho, la última vez que vimos lanzamiento de almohadillas fue con motivo de la fallida encerrona del pobre Fandiño (recuerden aquí nuestro comentario). Cayeron algunas, no muchas, aunque de ésas de Las Ventas que son verdaderos proyectiles.


FOTO: Javier Arroyo

A mediados de los cincuenta se puso de moda en Madrid arrojarlas como muestra de contento. Duró poco porque se criticó mucho. Vean a Gregorio Sánchez la primera vez que salió por la Puerta Grande de Madrid. Es la corrida de la Prensa de 1956. Las almohadillas son de alborozo, no de enfado:



A principios de los setenta la moda varió hacia los rollos de papel higiénico pero esta vez como descontento. Llovían especialmente contra el Faraón aunque también contra Paula. Salvo error, una de las primeras veces que se vieron fue en esta corrida de El Puerto en el verano de 1968:



Cuatro orejas y dos rabos para Manolo, dos orejas y rabo para Diego y dos broncas para Curro por matar a su primero de cinco pinchazos y dos medias a paso de banderillas y a su segundo de un alevoso bajonazo con degüello.


Protestas contra Curro en El Puerto, esta vez en 1975
(Alcalde, dos orejas; Paquirri, una y Curro, dos broncas)

En su querida Sevilla también cayeron rollos más de una vez. Curro se lo tomaba con aquella retranca suya diciendo que:

'Bien mirado, tiene mérito que cuando yo toreo haya uno que salga de su casa con los rollos de papel higiénico mientras su mujer lo mira preocupada. Luego recorre Sevilla en transporte público con todo ese papel, aguantando también las miradas de los demás hasta que llega a la plaza... Y si estoy bien, tiene que volver a atravesar Sevilla con el papel. No hay duda de que eso tiene mucho mérito'.

Más mérito tendrán los que salgan de casa con un orinal, como le tiraron en Las Ventas con ocasión de aquel petardo histórico en el mano a mano con Paula. 


FOTO: ABC

Fue en mayo de 1975 con toros de Fermín Bohórquez:



Pero cien años atrás, los adversarios de Cara-Ancha lo esperaban con material arrojadizo bastante más desagradable.

Al bueno de José Sánchez del Campo, Cara-Ancha, lo quisieron encumbrar como rival de Lagartijo, que era siete años mayor. En la corrida sevillana donde se enfrentaron el campeón contra el aspirante, el califa le pasó la mano por la cara y Cara tuvo que doblar la rodilla. Fue en mayo de 1879. A plaza llena se lidiaron murubes de la viuda que mataron veintiún caballos. Dicen que el califa estuvo superior en quites y fulminante con la espada.



Como el enemigo de mi enemigo es mi amigo, los frascuelistas hicieron causa común con él contra Rafael. A pesar de que Lagartijo le había confirmado la alternativa en 1875, siempre hubo entre los dos un pique que a punto estuvo de llegar a las manos con ocasión de un quite. Fue en Málaga en 1882.

Tras un batacazo, acudió Cara-Ancha presto al quite pero éste correspondía a Lagartijo. Llegó el de Córdoba y se encaró con el de Algeciras oyéndose palabras gruesas. Apareció Perico, el hermano de Cara, quien sujetó a Rafael. Cuando ya se iba a escapar alguna bofetada que hubiera caído en la mejilla de Lagartijo, se interpuso Juan Molina, que pegó cuatro gritos:

'A ver, ¡ustedes! ¡Dejarse de pamplinas!'

Y como niños a quien riñe el maestro, ambos cogieron los capotes y se disolvieron. Luego celebrarían una cena de hermandad que se desarrolló en clima de cordialidad pero siempre quedó una brasa de resquemor en ambos corazones.



Los partidarios de Fernando, El Gallo, también sentían especial animadversión por Cara-Ancha y fueron quienes se presentaron en Sevilla con cencerros. Lo del ruido era habitual porque Lagartijo también tenía que tragar con los campanilleros, frascuelistas maleducados que hacían sonar la percusión durante los trasteos del califa que no eran de su agrado.

Pero aquel día, además de los cencerros y abundantes latas, llevaban un arsenal de gatos, ratas y murciélagos muertos. Todo con intención de montar el número lanzándolos al ruedo en caso de fiasco del diestro. No hubo tal. Cara-Ancha salió airoso a pesar de que hizo el paseíllo muy preocupado porque era consciente de la inmunda y gitanesca trama, como la calificaron sus partidarios. 



Al acabar hubo algunos palos en los aledaños entre partidarios y detractores del maestro pero los gamberros se volvieron a casa con la percusión y los cadáveres. No llevaban conejos muertos porque ésos iban a la cazuela pero no descarten que algunos de los gatos acabasen también en la olla. Aquí en España se han ingerido millones de gatos. Recuerden esta entrada cuando el mayoral histórico de Llen, nacido en 1932, contaba aquello de que:

'Se metía en la sartén cualquier cosa que se moviera: erizos, zorros, gatos, lagartos, ginetas... Se retorcían al freírlos como si estuvieran vivos.'

A pesar de la rivalidad entre los partidarios de El Gallo y los de Cara-Ancha, el otro hermano de éste, Manolo, fue banderillero de ambos. Probablemente ambos maestros ya habían coincidido antes como peones con Bocanegra y Gordito. Además El Gallo lo fue en ocasiones del propio Cara-Ancha. Hablando de banderillas, pulsen aquí para leer esta historia de nuestro protagonista con una banderilla.



Cara-Ancha había empezado como peón de Chicorro, Bocanegra y Gordito. Las cornadas le hicieron bastante daño por culpa de lo fornido de su cuerpo, como ven en las fotos. La primera la recibió en el perineo con diecisiete años en una capea en Sanlúcar y casi lo manda al otro barrio. Tiene una calle dedicada en Aznalcázar, otras en Sevilla y Málaga más ésta de abajo en su Algeciras natal:



Le dio la alternativa Manuel Domínguez, se mantuvo durante veinte años y le hizo un pasodoble Luis Aruedo. Al hilo de la polémica hace cuatro entradas con el peso de Cucharero, el bueno de Pepe reconocía haber matado toros que pesaron 450 kilos en canal. Esto quiere decir unos 780 kilos en vivo. 

Ya retirado fue alcalde de Aznalcázar, donde vivía en su finca de Las Nieves. Curiosamente su mujer se llamaba Mari Nieves. Ahí lo tienen a caballo por la marisma:



Antonio Machado tiene un poema donde retrata a un hombre del siglo XIX que empieza con una referencia al maestro:


'Este hombre del casino provinciano
que vio a Carancha recibir un día,
tiene mustia la tez, el pelo cano,
ojos velados por melancolía'


Y es que Cara quiso especializarse en la suerte de recibir, que había caído en desuso durante la rivalidad entre Lagartijo y Frascuelo.



Aquí lo cuenta:



Él confesaba que no veía la muerte recibiendo porque en cuanto se perfilaba, se arrancaba sin querer al volapié. Hasta que un día de 1881 se encontró frente a un toro de Aleas de nombre Calceto y lo fulminó en la suerte de recibir tras pinchar en la primera entrada:



Fíjense en cómo la prensa destaca con mayúsculas lo inusual de ejecutar esa suerte en aquel tiempo:




Esta lámina de abajo ilustra su cogida en Sevilla en 1891. El toro es Mariposo, de Anastasio Martín. Lo corneó en la tripa pero tras caer herido, se levantó, volvió a entrar y dejó media ¡contraria! Se retiró por su propio pie a la enfermería. Allí le diagnosticaron una cornada de veinte centímetros en el vientre que le hizo plantearse su retirada. Tenía cuarenta y tres años:



Ese comportamiento un tanto soez del lanzamiento de animales muertos ya ha quedado proscrito. Ciento cuarenta años han pasado y ya no se arrojan ni almohadillas. La gran rivalidad de los toreros, que les hacía no mirarse a la cara en el patio antes del paseíllo, ha devenido en besuquearse al llegar. Sólo falta que se den palmaditas en el trasero como algunos deportistas. 

Por eso decíamos que el camino civilizador del pueblo español ya discurre dócilmente por los cauces buenistas que impone la sociedad actual. ¿Cómo nos veremos dentro de otros cien años? ¿Cómo serán entonces las corridas?

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

jueves, 15 de noviembre de 2018

LAGARTIJO (2): EL CHICO DEL MATADERO

Seguimos divagando sobre la figura del torero cordobés sin mayor pretensión que echar un rato entretenido con sus andanzas.



Matamos dos pájaros de un tiro con el título de la entrada porque nos referiremos a cosas de su infancia, donde se mezclan el matadero y su apodo. Lagartijo era conocido como 'El Chico' desde que empezó en la cuadrilla infantil toreando becerradas. Así le llamaron en casa toda la vida, nada de Lagartijo. El apodo que lo hizo célebre vino después. Todo el mundo suele repetir lo que decía Neira, que se lo pusieron por su flexibilidad y ligereza ante el toro. Quizás habría que añadir que estaba muy flaco cuando empezó. Él mismo lo decía: 'estaba más seco que un higo'. Una mezcla de las dos cosas nos daría como resultado el recuerdo a la lagartija.

Esa viveza en el ruedo se recuerda cuando un toro hizo hilo con él y lo persiguió hasta la barrera en Zaragoza. El toro saltó la misma y los espectadores pensaron que había estampado al torero contra la madera. Resultó que cuando el toro cayó al callejón, Lagartijo se levantó tan tranquilo en el ruedo. Se había agachado justo cuando el toro lo alcanzaba y el animal había saltado por encima de él. Hay que tener mucha sangre fría para hacer eso si es que fue tal como lo cuentan. Recuerden que a Prestel en Madrid lo salvó que el toro lo empujó al tejadillo, si no, a estas horas estaríamos lamentando una desgracia gorda (recuerden aquí):



Rafael ya era por entonces de carácter reservado, melancólico. No hay constancia de que se dirigiera nunca de malas maneras al público en tardes aciagas. Dicen que cuando le pitaban, se mostraba abatido, mudo y triste, como Curro Romero. Quizá eso aumentaba el cariño que muchos sentían por él, de ahí que cayera mejor que Frascuelo. Si a esto añadimos su gracia natural y su generosidad en lo económico, tenemos algunas de las claves de que fuese tan querido.

Precisamente este bonito manto de color nazareno con bordado en oro lo regaló el maestro a la Hermandad de Jesús Caído de Córdoba, de la que fue Hermano Mayor, como antes lo fuera Pepete y luego Manolete. Queremos creer que sigue siendo el mismo salvo que algún aficionado cordobés nos rectifique:



Los asuntos económicos le trajeron un disgusto cuando una mujer a quien el diestro había demandado porque no le pagaba un dinero que le debía se presentó en su casa con una pistola. Abrió la puerta Lagartijo y se oyó un disparo. Resultó ileso el maestro a pesar de la cercanía de la agresora, que salió huyendo para esconderse en el Hospital de los Dolores donde fue detenida. Entró por la puerta de la derecha de la foto:



Un ejemplo de su generosidad lo cuenta Natalio Rivas. Había un joven modesto, simpático y muy respetuoso que asistía a las peñas taurinas donde aparecía Lagartijo. No hablaba nunca, sólo escuchaba porque su admiración por el torero era casi fanática. Como llevara varios días especialmente triste, el maestro quiso saber qué le preocupaba. Resultó que en el sorteo de quintas le había tocado cumplir al servicio militar y temía por su madre ya que podría tener que ir a Cuba a la guerra. 

Ya saben ustedes que hasta la reforma de Canalejas, podías pagar para librarte del ejército, de ahí que ese sistema de quintas estuviera tan mal visto por los más pobres. Lagartijo le preguntó que cuánto costaba librarlo. El muchacho contestó que su familia no disponía de las mil quinientas pesetas necesarias. Rafael sacó dos billetes de mil y le dijo 'toma, aquí tienes el remedio para que no llore tu madre'.

Hemos hecho cálculos: en aquella época, una barrera de sombra en plaza importante valía unas diez pesetas y Lagartijo le dio doscientas veces ese valor. Hoy, la misma entrada puede costar ciento cincuenta euros, con lo cual la donación equivaldría a unos 30.000 euros actuales. 

En temperamento, Frascuelo era todo lo contrario: extrovertido, sanguíneo, atrevido. Mientras Rafael era la humildad, Salvador era la soberbia. Los lagartijistas decían que Salvador era soberbio por envidioso. Una vez Frascuelo se encaró con los que le abroncaban y al llegar a la barrera Lagartijo le dijo 'tú te vas a perder por la boca'.



Volviendo a su infancia, cuando formaba parte de aquella cuadrilla infantil fue a Andújar a torear. Eso implicaba veinte horas andando desde Córdoba. Debía de tener once años e iba de prestado, con un vestido azul y negro y una montera 'que pesaba más que una maldición gitana'

Fue un éxito, 'le di diez o doce muletazos a mi manera y una estocada hasta las cintas, la gente se volvió loca de tocar palmas'. Recogió sus buenos dineros dando la vuelta al ruedo. Al regresar a Córdoba se le hizo de noche y 'me eché una siestecilla a la vera de un viñedo; cuando desperté me vi solo y desamparado...me habían quitado los dineros, el capote y el vestido'.

Siguió su largo camino hasta la capital 'llorando de hambre y de tristeza'. Al llegar a casa, su padre le esperaba con una rama de acebuche para pegarle unos azotes que el diestro recordaba con su típico gracejo (hoy, al 'Niño de Dios' le costarían una denuncia).

Lagartijo fue uno de los toreros que de chaval pasó muchas horas en el matadero. También lo fueron Paquiro, Lalanda, Pepe Luis, los tres Gorditos y Guerrita. Precisamente el padre de Guerrita era el portero del matadero de Córdoba. Más de una vez corrió a bofetadas a su hijo porque lo encontraba en el patio toreando algún animal antes de ser sacrificado. También toreaba Rafael Ortega en el matadero de Ceuta cuando estuvo más de tres años haciendo el servicio militar. Decía que 'allí las reses venían vivas y la mayoría de ellas embestían'

Vamos a lo que cuenta Lagartijo:

"Con diez u once años nos colábamos en el matadero saltando los pinchos de la verja o arañando la tierra para arrastrarnos por debajo del portalón. Allí, las noches de luna nos hartábamos de torear vacas y becerrotes. Algunas veces nos teníamos que tirar de cabeza a la fuente con agua helada o terminábamos revolcados en el estiércol caliente, todos apestosos. Luego mi padre me molía a palos..."

Igual que a Lalanda, cuando su padre le amenazó: 'como me entere de que has vuelto a torear te rompo una pierna' (recuerden aquí). Como lo de Rafael no fueron las letras, entró a trabajar precisamente en ese matadero pero duró poco. Tenía quince años cuando el alcalde de Córdoba envió esta notificación al jefe de la instalación, que tuvo como resultado la expulsión de nuestro protagonista:



Pero luego siempre será recibido calurosamente por los trabajadores, hasta el punto de que sufrió un accidente en el mismo siendo ya torero de alternativa, en mayo de 1870, vean:



Cuando volvía por allí, practicaba la suerte del descabello, en la que era un artista. Ahí lo tienen apuntillando 'de ballestilla'. Este alarde lo copió de Gordito, igual que lo de clavar al quiebro:



Siempre pedía permiso al público para apuntillar. Algunas veces lo hacía sentado en una silla. Los críticos más serios lo censuraban diciendo que 'eso, en el matadero y no en la plaza de Madrid porque un torero mata con la espada'. En algunas crónicas se dice con sorna que 'al final hizo de matarife'. Como es lógico, a los lagartijistas les parecía de perlas que realizase estos alardes. Lean:

"Bajaba el trapo rojo hasta el suelo llevando allí la vista del animal. Pedía la puntilla, que balanceaba en su mano derecha y, cuando la quietud del toro lo permitía, arrojaba en rápido semicírculo el cachete, que iba a clavarse entre las vértebras del animal, hiriéndole en la médula y echándolo al suelo agonizante, tiesas las patas. El público rompía en oles a Lagartijo y vivas a Córdoba..."

En aquella época la puntilla era cosa del peón destinado al efecto, que hacía su trabajo ataviado con unos manguitos negros (como el que se pone Fernando Sánchez cuando va a pegar el cachetazo, aunque en su caso es de plástico transparente). Precisamente Lagartijo llevó como puntillero en su cuadrilla  durante muchos años a su hermano mayor Francisco ('se viste de torero porque lo hacen sus hermanos pero sólo sirve de puntillero y gracias' decía Neira). En este cartel vemos anunciados a Juan como banderillero y a Francisco como cachetero:



Aquí ven otra imagen del diestro ante un ensabanado, capuchino, botinero y alunarado:



Los dos hermanos pequeños que acompañaban también a Rafael eran Manuel y Juan. Manuel llegó a tomar la alternativa de manos de Rafael en 1879. Estuvo siete años toreando a la sombra de su hermano, quien lo imponía en los carteles. Precisamente en algunas crónicas se referían a él como 'el hermano de su hermano'. Aquí no lo dejan muy bien, es 1885:



Juan, el gran peón de confianza, fue el padre de Rafaelito Molina Martínez, 'Lagartijo Chico'. Murió a los ochenta y un años:



Tuvo que sufrir la desgracia de ver la muerte por tuberculosis de su hijo Rafaelito en 1932, (de quien hemos leído que sus buenas cualidades podrían haberle llevado a entrar en la lista de califas). Ahí lo tienen el día de su alternativa en Madrid con su amigo y tocayo 'Machaquito':



Por cierto, la antigüedad de la alternativa entre los dos Rafaeles se resolvió con un sorteo porque la tomaron en esa misma corrida. Éste es el cartel y abajo de todo se ve el aviso al respecto:



La corrida enviada por el Duque fue muy criticada. Estos son los toros en los corrales, se habló de que eran chotos, cabritos...





Hacía mes y medio que había muerto el primer califa. El sobrino de Lagartijo tenía treinta años cuando falleció. Se había casado con Angustias Sánchez en esta iglesia de san Andrés de Córdoba siendo padrino Guerrita:



Al quedarse viuda, Angustias se casaría poco después con Manolete. Sólo hacía dos años de la muerte de su primer marido, por eso la novia iba de negro.

Observen aquí al sobrino homenajeando al tío con una media lagartijera:



Nos vamos de unas a otras en nuestras divagaciones sobre Lagartijo y corremos el riesgo de marearles. Lo dejamos aquí por hoy y nos despedimos con un cartel de la feria de Zaragoza. La empresa precisaba que el día 17 Chicorro substituía a Lagartijo. Precisamente en la cuadrilla de Chicorro estuvo varios años de banderillero Manuel, el hermano de Rafael.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa. 








sábado, 3 de noviembre de 2018

LAGARTIJO (1): EL DÍA QUE LLORÓ PONIENDO BANDERILLAS

De Lagartijo está dicho todo o casi todo. A pesar de ello, y siguiendo la propuesta de un amigo del blog que debe de ser 'berrendo en lagartijista',  iniciamos aquí una serie sobre el diestro cordobés. En ella divagaremos sobre algunas cosas que ustedes ya sabrán aunque con la esperanza de sorprenderles con otras que ignoraban.

El título de la entrada les habrá llamado la atención ¿a que sí? Y conste que aquella tarde Lagartijo no iba aperreado ya que precisamente tras ese tercio recibió una atronadora ovación. Antes de contar qué pasó aquel día de 1892, convendrán ustedes conmigo en que estamos ante el mejor banderillero del siglo XIX. Eso no lo vamos a discutir. De casta le viene al galgo ser rabilargo porque Lagartijo era hijo, sobrino y nieto de banderilleros (nos referimos a su padre, que se hacía llamar 'El Niño de Dios', y a su abuelo y su tío maternos, que llevaban el apodo familiar de 'Poleo').



Algún lector está pensando en Guerrita o Fuentes banderilleando pero nosotros los ubicamos por debajo de nuestro protagonista. Para banderillear bien son imprescindibles tres cualidades: facilidad, elegancia y valor. A sus colegas les faltaba esa elegancia que, en Lagartijo, era algo natural que ni él mismo sabía explicar. De hecho ¿cómo explicaríamos qué es la elegancia en el vestir, en el rodar en bici o en el torear?

La elegancia al banderillear implica dos cosas: andar sin prisas y clavar sin violencia, o sea, no correr como Zatopek ni clavar como si quisieras atravesar el toro. Las banderillas hay que dejarlas con suavidad, casi diríamos que hay que depositarlas. Por eso no nos gustó nunca la fuerza con que clavaba ese gran banderillero que fue Víctor Mendes (hoy vemos esa violencia en El Fandi, en Ferrera, en Chover... mucho valor y gran facilidad pero ninguna elegancia).



La foto que ven aquí encima es de la última vez que el maestro pisó un ruedo. Estamos en un festival en Madrid el 6 de julio de 1899, un año antes de su muerte. Se dispone a poner un par al sesgo como habrán deducido. Fíjense en cómo estaba la plaza. Lo que sucedió lo contaremos en otro capítulo de esta serie.

Los frascuelistas ya están pensando en que vamos a montar un panegírico a Su Majestad el Rey Rafael I, que es como empezó a denominarlo Cavia (luego se inventaría con más fortuna lo de Califa, quizás en un momento de sobriedad entre sus fenomenales borracheras):



Esos frascuelistas nos dirán: 'seguro que no va a hablar del paso atrás'. Pues como nos hemos propuesto divagar sobre el maestro, ahora mismo vamos a tratar lo de su tan criticado paso atrás en el momento de arrancarse para matar.  

Rafael empezó matando de una manera que llamaba la atención. Se tiraba entre los pitones, muchas veces no cruzaba y salía trompicado. Siempre lo hizo al volapié y dejaba estocadas hasta los gavilanes. Era alabado por tirios y troyanos. Se cuentan con los dedos de las manos las estocadas que Lagartijo realizó en la suerte de recibir (dos de ellas, en Bilbao). Frascuelo, en cambio, las recetaba cada tarde, algunos creen que para humillar al cordobés. Los lagartijistas le quitaban mérito y decían que no hacía bien la suerte porque se movía más de la cuenta y le salían estocadas aguantando. Tomás Orts, que antes de firmar 'Uno al Sesgo' lo hacía igual que el padre de Lagartijo ('El Niño de Dios') era de éstos. Fíjense en lo que decía de Frascuelo:

'Salvador ha inventado una nueva estocada, la estocada aguantando, que es hermana bastarda de la recibiendo. En su vida de matador, Frascuelo no habrá muerto en regla tres toros recibiendo; además, no sabe salir por el rabo, sale por la cabeza y eso es deslucir la estocada, lo saben hasta los niños de pecho'

¿Qué les parece? Por su parte, Neira dice esto de Lagartijo:

'Ni ha aprendido ni probablemente aprenderá a recibir toros, suerte principal del toreo, y no es torero perfecto quien la ignore. Aunque es posible que termine desapareciendo por no ejecutarla ni él ni otros muchos matadores'

Volviendo a Rafael, sus buenos volapiés duraron poco, concretamente los primeros ocho años de alternativa. Fue así porque, como él mismo reconocía, tenía una enfermedad y la curó con el paso atrás.

El tranquillo lo usaba perfilándose siempre muy cerca del toro. Daba el paso atrás antes de arrancar como si no tuviera más remedio por la cercanía del morro del toro. Tras ese impulso hacia atrás, no iba recto y por derecho sino que cuarteaba. Tenía la habilidad de dejar la estocada muchas veces en buen sitio aunque no enterrada del todo, como es lógico. 


De ahí viene lo de las medias lagartijeras, que no son otra cosa que medias estocadas letales. Se decía que Lagartijo sabía pescar peces sin mojarse el c... 



Lo de la enfermedad se lo contó el diestro a Peña y Goñi, que era donostiarra y frascuelista de nacimiento. Se encontraron de cara en el bulevar de San Sebastián cuando el maestro paseaba con Romero Robledo y seguido por una cohorte de admiradores. 


Peña y Goñi 

El político saludó al revistero y le dijo 'hombre, ahora es la ocasión de que usted, como frascuelista, hable de toros con Rafael'. Se pueden imaginar el papelón del director de La Lidia al tener que jugar ese partido en campo contrario. Estuvieron un par de horas departiendo. Lagartijo se mostró correctísimo y, en un momento dado y sin que nadie se lo pidiese, dijo 'y ahora voy a hablar del paso atrás'. Se hizo un silencio sepulcral. Es como si estás hablando con El Juli y de pronto dice 'y ahora voy a hablar del julipié', o Manzanares que diga 'y ahora voy a hablar de mi toreo fuera de cacho' o Talavante que te salga con 'y ahora voy a decir cuánto cobraba y cuánto quería cobrar'


El estoque de Lagartijo en una foto del ABC

Cedemos la palabra al maestro:

"El Tato me lo dijo una vez: 'chiquillo, cuando uno está enfermo tiene que tomar una medicina'. Pues ¡ahí tiene usted el paso atrás!"

En nuestra modesta opinión, a Lagartijo se le fue evaporando el valor que tenía en sus comienzos a la hora de matar. Por eso cuarteaba y de ahí que echase el pie atrás. Y por eso su cuadrilla quebrantaba los toros más de lo debido con recortes excesivos. Don Modesto decía que Juan Molina Sánchez, su hermano y peón de confianza durante toda su vida, "mataba más con el capote que Rafael con el estoque". Toda la soltura, la facilidad y el valor que exhibía el maestro con la muleta desaparecían cuando entraba a matar.



Ése es el motivo de que los frascuelistas lo despreciaran diciendo 'bah, ése no es un matador, sólo es un torero'. Aunque debe reconocerse que los frascuelistas siempre fueron más comprensivos con su rival que los lagartijistas con Frascuelo. Éstos eran más religiosos, les costaba reconocer los méritos del de Churriana y, cuando algún crítico ponía bien a Frascuelo, inevitablemente era que estaba comprado. Eran habituales aquellos gritos de '¡Viva Córdoba!' mientras toreaba el granadino. 



Volviendo a lo que nos ocupa, que es la habilidad de Lagartijo como banderillero, fue precisamente un par que puso en Madrid el 13 de septiembre de 1863 lo que le lanzó a la fama. El toro correspondía a Gordito y Rafael tenía veintiún años. Gordito pasa por ser el inventor del par al quiebro. La idea le vino de cuando vio en Portugal los recortes a toros embolados. El primer quiebro lo hizo en Sevilla, era abril de 1858. En Madrid lo repitió en 1861 y la novedad entusiasmó al tendido. Gordito se aprovecharía de ello para imponer en los carteles a sus dos hermanos, José y Manuel. Con ambos había ido de peón nuestro protagonista.



Precisamente había sido uno de ellos, José, quien avisó a Antonio de que había visto a Rafael con 18 años poner un par al quiebro en Algeciras. La tarde de 1863 en Madrid Lagartijo actuó gratis por deferencia de la empresa, que era quien montaba las cuadrillas y éstas ya estaban completas. El toro era de Antonio Miura. unos dicen que era el segundo y otros el tercero. Se llamaba 'Tejón' y venia de matar tres caballos en quince varas.

El caso es que Lagartijo lo quebró 'con precisión, serenidad y gallardía', como dijo la crónica. Ese mismo año probó la misma suerte Frascuelo en Chinchón y se llevó una cornada en el muslo que lo mantuvo tres meses en cama.

Rafael repitió la suerte muchas veces como torero de alternativa. Solía colocar un pañuelo en el piso para hacer el quiebro detrás de él y volver a ponerse encima cuando había pasado el toro. A veces ponía la montera, como vemos en esta estampa de Gaona también al quiebro:



El día que lloró no clavó al quiebro sino cuarteando al uso. Han pasado casi treinta años, estamos en Madrid el 5 de junio de 1892. Se anuncian los diestros Lagartijo, Espartero y Lagartijillo (nada que ver éste con nuestro protagonista ya que era un torero granadino protegido por Frascuelo). Los toros son... ¡de Lagartijo! 

Efectivamente, en la finca Cercada de Rabanales pastaba la ganadería que el diestro criaba procedente de las ciento cincuenta vacas que compró a Cunha en Portugal (a Paulinho y no a Rafael José como se pone en muchos sitios, ya que había muerto tiempo antes de la compra). Éste era el hierro:



Las primeras retientas las hizo con Frascuelo. Aquello era Vázquez procedente de lo de Fernando VII. Quiso comprar un semental al duque de Veragua pero éste se negó a vender y fue Miura quien le regaló uno. Junto a otro de Laffite hicieron de sementales. Se presentó en Madrid el 15 de junio de 1884. El maestro quería anunciarse como Cunha pero la empresa no quiso y puso  como reclamo su nombre completo así: Toros de la ganadería de Don Rafael Molina (Lagartijo). La cosa no fue muy brillante que digamos aunque los toros que le salían eran de bonita lámina:



La tarde en que lloró, sus toros fueron bueyes que huían de todas las maneras posibles. El tercero, de nombre 'Coral', fue fogueado. Rafael tenía que oírse las burlas del respetable. El gesto del torero mostraba una gran desmoralización  aunque contenida porque su carácter no era como el de Frascuelo. La puntilla llegó con el sexto, 'Barrilero'. Cuando la corrida podría haber terminado con pena y sin gloria resultó condenado también a fuego. Lagartijo cogió los palos y, tras poner el primer par, las crónicas dicen que 'el público se olvidó del ganadero en ridículo para aplaudir al maestro banderillero'.

Con lágrimas de rabia y amargura en los ojos, puso un primer par excelente, un segundo bueno y un tercero colosal, ¡los tres por el pitón derecho! Ese tercer par fue citando con la voz, dejándose ver y clavando 'con dulcísima facilidad'.



Aurelio Ramírez cuenta que

'el ídolo fue festejado, reverenciado; aquel par pasaría a la historia como la venganza sublime de un torero' 

Mientras Rafael iba hacia la barrera se mezclaba la gran ovación con sus lágrimas porque esa corrida rubricaba sin remisión su fracaso como ganadero. 

Era su segunda gran amargura puesto que la primera, y gorda, había tenido lugar el 26 de diciembre de 1888 en un festival en su Córdoba natal. El peón Manuel Martínez 'Manene', que llevaba en su cuadrilla, resultó corneado por uno de los novillos de su ganadería y murió a consecuencia de las heridas.  El maestro quedó muy afectado.



Cuatro años después, la corrida de Madrid había certificado su desastre como ganadero a la vez que su gloria como banderillero...¡fogueando un toro que él había criado!

Vendió algunos ejemplares a Trespalacios y el resto lo envió al matadero. Pasará a engrosar la larga lista de toreros que han fracasado cuando se metieron a ganaderos.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.