Luego entrará el doctor Pastor y algún otro médico madrileño que se ha desplazado a ver la corrida y ha bajado del tendido. Por esta puerta abierta irrumpen Blanquet y Cantimplas llevando en volandas a José.
Viene con los ojos cerrados por efecto del shock. Entran también El Cuco, Farnesio y el mozo de estoques, Paco Botas. Se ve que cuando el maestro se ha alejado un poco de la cara del toro para alisar la muleta, éste se ha arrancado por sorpresa, lo ha volteado y le ha clavado el pitón en el abdomen. Ha sido un derrote seco aprendido seguramente contra los caballos pues venía de matar cuatro.
Tumban a José en la camilla mientras Blanquet le sostiene con mimo la cabeza. Entran el farmacéutico, señor Congregado y los practicantes Morales y Cano. La apariencia del maestro es preocupante porque sólo mueve convulsamente ambos brazos. Al ver su estado, Almendro se ha quedado en el vestíbulo llorando.
Lleva dos cornadas. Una es en el muslo derecho, de cinco centímetros y pronóstico reservado, puede curar sin complicaciones en una semana. La del abdomen es una herida circular de nueve centímetros de diámetro en el lado derecho. Le ha partido el epiplón, ha lesionado el peritoneo y le ha sacado fuera parte del intestino. Llega a interesarle un poco la vejiga pero sin alcanzar a perforarla como se dirá después. Una laparotomía realizada en condiciones adecuadas y no en un estado preagónico podría determinar el alcance exacto de las lesiones internas pero no hay tiempo para ello.
El diestro está bajo los efectos de un fuerte shock traumático. Los médicos se reparten el trabajo. Unos van cortando desde arriba el vestido grana y oro con unas tijeras. Lo había estrenado en Lima. Rasgan la casaquilla y el chaleco desde los hombros y los arrancan.
Le quitan dos medallas que penden de una cadenita muy fina de oro. Una es de la Virgen de la Esperanza y la otra, de Nuestro Señor del Gran Poder. Además, como siempre, cuelga un minúsculo retrato de su madre ('menos mal que ya no vive la señora Gabriela...' dirá Vicente Pastor). No lleva la faja azul turquí porque se la rasgó el tercer toro y salió ante Bailador sin ella. Cortan cuidadosamente la taleguilla y el torero queda desnudo sobre esta camilla:
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El doctor Torroba se afana en limpiar la herida del vientre, sucia de arena y con riesgo de infección. Otros empiezan a aplicarle inyecciones. Hay que sujetarle bien los brazos. Uno de los doctores Sanguino, que es quien va a inyectar el suero con adrenalina, ordena:
'Que no mueva los brazos, ¡sujetadlo!'
Con el efecto de la inyección, José se reanima ligeramente, lo suficiente para quejarse:
'¡Suéltame! Que me ahogo...'
A continuación le inyectan suero antitetánico, aceite alcanforado y cafeína. Intentan estimularle para que no sucumba al shock nervioso. El doctor levanta la voz:
¡Sujetadle bien los brazos!
'José, ¡quieto! No muevas los brazos o te los parto'
Pero el pobre José no lo oye, se ahoga... en su cerebro el único pensamiento que entra es que le falta el aire:
'¡Blanquet, por tu madre...! ¡Mátame!... ¡Que me ahogo!'
Le dan aire con un sombrero mientras le taponan la herida y le van cosiendo.
Blanquet fue quien llegó primero tras la cogida. Ignacio quitó el toro y el buen subalterno levantó por las axilas a Gallito, que estaba arrodillado mirándose el vientre ('¡me ha sacado las tripas!'). Pedía que llamasen a Mascarell.
Ya han partido en su busca a bordo de un flamante De Dion Bouton el señor Concustell acompañado por Darío López y por el empresario de la corrida, Leandro Villar. Precisamente a éste último fue a quien Joselito se dirigió cuando cogía los trastos por última vez:
'El torito éste es el peor de todos. Vamos a ver quién puede más...'
De pronto se abre la puerta y traen conmocionado a Zurito Chico. Es el picador de Ignacio. El sexto toro lo ha derribado y quedó atrapado bajo el caballo. El presidente es el alcalde de Talavera, el señor González de la Rivera. Después de que Ignacio matase a Bailador, ha esperado a ver qué noticias había de la cogida. Alguien procedente de la enfermería le ha indicado por gestos que la cornada de Gallito no parecía grave y por eso ha continuado el festejo.
El traje no está manchado, no hay sangre por ningún sitio. Quizá por eso en el ruedo Ignacio ha hecho gestos de tranquilidad al público mientras se llevaban a José. Probablemente hay una hemorragia interna pero por fuera, nada. El maestro se sigue quejando pero no se le entiende. Continúan inyectándole, hay momentos en que tiene hasta cuatro agujas clavadas:
'Dejarme... que me haséis daño... dejarme...'
Se intenta sin éxito la respiración artificial. El color lila del rostro de José anuncia lo peor. El pulso es muy débil, se nota que al maestro se le va la vida en un postrero hilo de voz:
'Haserme poquito... que me ahogo...'
El sacerdote Felipe Vázquez, que se había mantenido en un rincón, se adelanta para darle la extrema unción. José ya no oye nada pero le caen dos lágrimas.
A las 18:45 comprueban que su pulso ha cesado. Han sido veinticinco minutos de agonía y no una hora como algunos dirán después. Se le ha escapado definitivamente la vida 'por entre los alamares'.
Justo en ese momento irrumpe su cuñado tras aliñar al sexto. Ignacio se queda parado al ver que los médicos permanecen inactivos. Se acerca a José, lo mira, le toca la cara y nota que está fría. Balbucea cosas incoherentes:
'José de mi alma... ¡Pobresito! Si pudieras ver dónde estás... ¡Cómo nos dejas a todos! ¿Por qué?'
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| José con su sobrino, el hijo de Ignacio |
Los que han ido a buscar a Mascarell ya son sabedores antes de llegar a la capital de que la tragedia se ha consumado. A la altura del aeródromo de Cuatrovientos, se cruzan con el automóvil que lleva a Rafael a Talavera junto con su amigo Pepe El Largo. Como El Gallo no tiene la certeza de que sea verdad la muerte de su hermano, deciden subirlo al de Villar para irle previniendo camino de Talavera.
Los doctores Luque y Ortega han redactado el parte médico:
José yace desnudo en la mesa de operaciones. Lo tapan con dos mantas e improvisan una sala de velatorio. Para ello retiran todo el instrumental médico, lo cual dará pie a las insidias que circularán más adelante diciendo que la enfermería estaba en precario. Los médicos madrileños que ofrecieron sus servicios serán testigos de que no hubo tal.
Unos guardias civiles están en la entrada para evitar que los curiosos accedan a las dependencias:
Por la noche llegan más periodistas y fotógrafos de Madrid. Roberto Domingo toma unos apuntes del cadáver del maestro. Desde el exterior, a través del ventanal, la vista es ésta:
Dentro, la cuadrilla llora en silencio. Ignacio ha pedido que corten la cabeza del toro. Antonio Moreno, Lagartijillo, que es el contratista de la carne de los toros lidiados, se la llevará a Madrid para disecarla:
Hacia la una de la madrugada llega El Gallo, quien ya es consciente de la desgracia. Cambia de opinión y no se atreve a entrar en la enfermería. Sale Ignacio y ambos hablan. Rafael le pide la coleta de su hermano. Entra Ignacio y dice a Paco que la trence.
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| Paco Botas |
Paco gira delicadamente la cabeza inerte del diestro para trenzarle la coleta. Casi no puede porque revientan las lágrimas en sus ojos y no ve bien:
'Ay, José...pobresillo...es la última vez que te trenzo el pelo...'
Zurito Chico sostiene la cabeza y Farnesio, que había picado a Bailador, corta la coleta y se la entrega a Ignacio.
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| Farnesio |
Sale Ignacio con el mechón, se lo da a Rafael y éste vuelve en coche a Madrid. José queda de cuerpo presente en esa enfermería transformada en velatorio, cubierta con paños negros y festones dorados. Seis cirios rodean el cadáver ('maestro, estoy oliendo a cera...').
Los toreros que han venido desde la capital son el citado Lagartijillo, el alcarreño Saleri II, Limeño, compañero de Gallito en la cuadrilla de los niños sevillanos, y Regaterín (de los dos hermanos con ese apodo, Victoriano, seguro, quien por entonces iba de peon con Saleri). Ganaderos, salvo error, sólo uno, don Vicente Martínez.
Las dos cuadrillas se reparten entre el vestíbulo de la enfermería y la sala adyacente para echar una cabezada. Ahí están los picadores Zurito Chico, Farnesio, Ceniza, Carriles, Camero... y los banderilleros Almendro, Blanquet, Bombita IV, Cantimplas, José Rodas y El Cuco, el otro cuñado de José. También está Antonio Parra Parrita, quien seguía a José allá donde toreaba.
Cuando intentan dormir, los ojos les escuecen de tanto llorar. El único que no pega ojo en toda la noche es Ignacio. Se le ha olvidado el dolor del fuerte varetazo que ha recibido del sexto en la pierna izquierda. Habla con unos y con otros. Al final termina hablando solo:
'José, pobresito... ¿dónde has venido a morirte?'
Al día siguiente, a las diez de la mañana, los doctores Sanguino son los encargados de embalsamar el cuerpo. Le inyectan formol y cloruro de zinc. Parece recuperar un poco el color en el rostro pero se le hincha el cuello y deciden vendárselo. Tras hora y cuarto de trabajo, lo visten con el traje corto negro que llevaba cuando llegó en tren la mañana del domingo. Lo han traído de esta habitación número 3 del Hotel Europa. Allí había vuelto Fernando, el hermano de José, a quien tranquilizaron en un principio diciendo que todo era un rasguño sin importancia. Un policía lo sacó de su engaño cuando volvía de paisano a la plaza y sufrió un desvanecimiento.
El deseo de todos hubiera sido amortajarlo con la túnica de la Hermandad de la Virgen de la Macarena pero lógicamente no hay tiempo de traerla desde Sevilla . Acabado el proceso, se permite que los talaveranos desfilen ante el cadáver hasta el momento de llevarlo a la estación.
El ataúd es de caoba y plata. La cuadrilla lo saca en hombros para depositarlo en una carroza blanca:
'Abriendo surcos de flores
al rey de los matadores,
en hombros se lo llevaban'
El día no puede ser más luminoso. Dos guardias civiles a caballo abren paso entre la multitud. Caminan delante tres sacerdotes rezando un responso. Todo el mundo va descubierto acompañando el cortejo fúnebre hasta la estación.
'¿Joselito muerto por un toro? ¡Eso no puede ser verdad! A Belmonte, aún pero a Joselito... ¡no puede ser!'
Sí pudo ser. Sí, era verdad, aunque Rafael Alberti no daba crédito a los que se lo decían:
'Virgen de la Macarena,
mírame tú como vengo,
tan sin sangre que ya tengo
blanca mi color morena'
mírame tú como vengo,
tan sin sangre que ya tengo
blanca mi color morena'
Hoy hace cien años que sucedió todo esto que hemos relatado. En un día tan señalado como éste hemos preferido meternos en la enfermería y acompañar al maestro en sus últimos momentos. Seguiremos ocupándonos de Gallito en la serie que le estamos dedicando desde el uno de enero (recuerden aquí).
Más de 1.500 toros muertos y casi 700 corridas en ocho años para terminar sus días expirando en la plaza que había inaugurado su padre en 1890. Se nos ponía un nudo en la garganta mientras describíamos su agonía porque nos imaginábamos al otrora invulnerable José desvalido como un niño chico.
Se quedó sin poder torear el 17 en Madrid y los días 18 y 19 en Badajoz.
Hemos reconstruido los hechos a partir de la prensa de la época, de los detalles que aporta en 'La última corrida de Joselito' Andrés Hernáiz y de diferentes testimonios en otros textos. Para los datos que resultaban contradictorios, nuestra opción ha sido escoger el que coincidía en más de un sitio. En otros casos hemos elegido simplemente el que nos ofrecía mayor confianza. Los versos son de Alberti.
Bien entrada la noche habían traído un telegrama a la enfermería. Venía de Sevilla y estaba firmado por una de las hermanas de Gallito:
'Pepe, ¿qué ha pasado? Dime la verdad'
Hemos reconstruido los hechos a partir de la prensa de la época, de los detalles que aporta en 'La última corrida de Joselito' Andrés Hernáiz y de diferentes testimonios en otros textos. Para los datos que resultaban contradictorios, nuestra opción ha sido escoger el que coincidía en más de un sitio. En otros casos hemos elegido simplemente el que nos ofrecía mayor confianza. Los versos son de Alberti.
Bien entrada la noche habían traído un telegrama a la enfermería. Venía de Sevilla y estaba firmado por una de las hermanas de Gallito:
'Pepe, ¿qué ha pasado? Dime la verdad'
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.






















































