Ninguno de los que sospechan, o sospechamos, que Moreno Silva está echando agua al vino metiendo La Quinta o Buendía se acordó de ello. Todos los presentes pensaron sólo en Saltillo porque el ganadero debe saber que estos toros son los que queremos ver. Estábamos tan aburridos de esos saltillos chochones que menudeaban en su vacada que se nos antojaba un sueño imposible ver una corrida como ésta. Sin ser completa, hubo tres toros que nos reconciliaron con este hierro y dos más a los que los toreros ni vieron ni quisieron ver. Sólo uno fue soso, el cuarto. Ah, y empujaron en el caballo. Y esperen: protagonizaron más de quince desarmes, uno de ellos el quinto, que quitó la muleta a García con una bonita coz.
Todos en puntas y con trapío a pesar de que varios estaban pasados de romana. Tuvieron poder, se hicieron respetar, fueron listos, estaban pendientes de una mosca que volaba, derribaron tres veces y no permitieron tonterías.
Los tres primeros fueron ovacionados en el arrastre. El tercero fue exageradamente azuleado, que conste. Los tres últimos, silenciados aunque quinto y sexto pidieron el carnet y los diestros lo tenían caducado.
¿No queremos toros? Pues fue una corrida de toros, más interesante que el noventa por ciento de las del ciclo isidril y eso nos lo podrán corroborar todos los aficionados que se tragaron el serial madrileño. En los comentarios ya nos dirán si estamos exagerando o no.
Si ésta era la octava corrida de Sánchez-Vara imaginen cuántas llevarían sus dos colegas. Pues era la tercera de Tibo García y la primera de Cristóbal Reyes. Luego desgranaremos sus actuaciones. Hubo dos tercios de entrada y el presidente se equivocó regalando una segunda oreja a Reyes y azuleando al tal Cafetero.
SÁNCHEZ VARA. Su primero era este toraco cárdeno, playero, badanudo y pasado de kilos:
Buena prestación en el caballo, con este derribo incluido. Ya ven que el picador se refugió allí abajo igual que si estuviese en una trinchera de la primera guerra mundial.
Después Vara ordenó una paliza infecta cuyos efectos sanguinarios pueden constatar en la foto de más abajo:
No banderilleó y como su cuadrilla es más mala que la carne de pescuezo, dieron un sainete con indisimulable canguis. Cinco pasadas y cambio de tercio con tres palos. El diestro empezó el trasteo pidiendo tranquilidad.
Señores, aquí es donde queremos ver al de Guadalajara. No nos interesa nada ante el toro pastueño sino ante uno como éste, distraído mirando al de la Coca-Cola en el tendido, topón y resabiado. Empezó con decisión pero el toro le pudo.
No dejamos la cosa ni siquiera en tablas, es que terminó desarmándolo y obligándolo a tomar el olivo. Ya ven dónde habían caido las banderillas, ¡qué desastre!
Pinchazo, tendida arriba, dos desarmes más intentando descabellar, cuatro golpes y se echa.
Zapaterito estaba cerca y éste fue nuestro diálogo:
- Menuda cuadrilla mala lleva, ¿eh? Pobre maestro...
- La cuadrilla ha estado fenomenal, el problema ha sido el toro.
- La cuadrilla ha estado fatal.
- ¿Y el toro? ¿Sabes lo que merecía ese toro? ¡Pegarle un tiro!
Su segundo fue el único soso del encierro. Es curioso que era chato y bajo de agujas, no tenía nada que ver con los otros, observen:
Fue llamativo que el maestro lo puso en suerte al caballo, se colocó detrás del picador y cuando el toro se arrancó, al llegar al peto hizo un dribling y se fue a buscar a Vara... ¡que estaba detrás! Lo pagó caro porque después fue vilmente carioqueado.
El maestro ahora sí puso dos pares que fueron correctos sin más:
El toro era obediente y noble pero no tenía sal. Se echó la muleta a la izquierda y se lo fue pasando en ambiente de cementerio.
En la estocada sí se vio que en la cabeza tenía lo de Reta. Dio un sainete siempre aliviándose: bajonazo malo, tendida que escupe, estocada corta que también escupe, pinchazo, honda caída y dos descabellos.
TIBO GARCÍA. Su primero era este cárdeno oscuro, veleto y muy serio:
Derriba en el primero y hace una buena pelea en el segundo recibiendo la sangría correspondiente:
Reyes demostró su disposición entrando al quite, el único de la feria:
Muy bien el nimeño Thomas Úbeda con los palitroques:
Al tercer pase de muleta se le fue al cuerpo. Había que ir bien tapado, con la muleta por delante y sin las veleidades destoreadoras que el torete terneril sí te permite. Éste no admitía bromitas:
Eso sí, el toro era malaje, topón, mirón, reservón, una prenda. Bueno, un saltillo de los que nos gustan, para qué les vamos a engañar. García anduvo por ahí a merced del toro:
Estocada honda pescuecera y el toro que por dos veces se echó de listo para levantarse en cuanto Mellinas marró.
Qué estupidez lo de apuntillar por delante cuando en tiempos de Gallito y Belmonte se iba siempre por detrás, que es por donde hay que ir.
El quinto era este cárdeno veleto de mirada especialmente viva:
Protagonizó en el primero un bonito romaneo pero después recibió las caricias de Majada, que son capaces de matar un búfalo cafre:
Se mostró codicioso pero blando de remos aunque rápidamente notó que el diestro iba a la deriva. Entonces el de Saltillo se olvidó de blandear y se hizo el amo ante el naufragio del francés, quien desaprovechó una buena oportunidad ante la abundante parroquia gala que se dio cita en Cenicientos:
Se equivoca en la suerte contraria y ya ven la reacción del toro. No obstante, tiene un brazo largo y lo aprovechó para dejar una media trasera con muerte del toro en los medios, que conste:
CRISTÓBAL REYES. Como decíamos, era su primera corrida este año y se le vio muy bien dispuesto desde el principio, con afición y decisión. El tercer toro fue el azuleado. Era este cárdeno degollado:
Reyes se esforzó con el capote, cosa que es de agradecer en los tiempos que corren:
Derribó en el primero al coger el caballo por el pecho y acudió de largo en el segundo donde cumplió cobrando trasero. No hubo tercero. Bien Pérez toda la tarde:
Ordenó Reyes que no tocaran más al toro evitando esa absurda y ridícula manía que tienen todos de cerrarlos para que topen contra el burladero. Se le veía como si torease cada día.
Mantuvo firmes los pies, se colocó en el sitio donde el toro embestía y encima demostró gusto al natural:
Faena corta culminada con este puñetazo quedando la espada en el rincón y perdiendo la muleta. Esto debería invalidar la segunda oreja pero el presidente sacó toda la ropa al tendedor. La primera oreja fue de ley, eso que quede clarísimo. Íbamos a aplaudir el arrastre del toro como habíamos hecho con los dos primeros pero decidimos no hacerlo para mostrar nuestra disconformidad con ese azulete de regalo.
El sexto fue este cárdeno bragado, meano, rabicano y cariavacado:
Se llevó cuatro varas con sendas barrenadas. Al maestro ya todo le daba igual porque el presidente le había regalado la salida a hombros. A Lipi también le dio por reírse del personal demostrando esta poca vergüenza:
En cambio Víctor Pérez culminó su buena tarde jugándosela en este par, ¡bravo!
Al segundo pase desarmó al diestro. El propio Pérez le gritó desde el burladero: ¡Firme! ¡Hay que poderle! No hizo caso y se dedicó a pegar unos mantazos de cárcel taurina que soliviantaron al toro.
Como el subalterno estaba cerca le gritamos: ¡Víctor, tus consejos eran buenos pero no te ha hecho ni caso! Se giró y nos dijo: hombre, es su primera corrida este año... No nos callamos: ¡otro gallo hubiera cantado si necesitase esta oreja para salir en hombros...! Ahí él se calló.
Horrorosa lanzada que asomaba un palmo más esta casi entera arriba cruzada. Miren el muslo:
Pero el toro estaba entero, se fue a tablas y sonaron dos avisos. Reyes lo pinchó vilmente en el morro ensangrentándoselo, fue desarmado dos veces al intentar descabellar y al tercer intento salvó el tercer aviso. Mal maestro, emborronó su buena actuación anterior.
¿Qué les ha parecido? ¿Firmaríamos todas las corridas como ésta o no? Vimos cinco toros, toros de verdad. A ver si el ganadero se da cuenta de que el saltillo en plan La Quinta no interesa al aficionado que acude a sus corridas. Y a los de arriba del escalafón, tampoco. Olvídese de intentar contentar a quienes no van a estar contentos nunca e intente contentar a los de la portátil, hombre. Nosotros salimos bien contentos de esta corrida, creemos que ha quedado demostrado.
Saludos cordiales desde San Martín de Valdeiglesias. Rafa.

















