Un buen amigo del blog nos decía que dudaba entre ver la corrida de Leganés o la de Cifuentes. Como nuestra política siempre ha sido mirar únicamente la ganadería anunciada, optamos claramente por Araúz de Robles en lugar de Cuvillo.
Esto de Araúz ya saben que es casi un encaste propio aunque últimamente viene aderezado con sangre un tanto dulcificada. A pesar de ello, la corrida tuvo cierto interés porque nos salimos del previsible y plúmbeo carril de la mona bobalicona.
Estuvieron muy aceptablemente presentados excepto el cuarto. Su comportamiento fue variado destacando el problemático segundo por el interés de su juego. César Jiménez dijo que era 'un toro no para torear sino para lidiar'. Esa expresión no la hubieran entendido ni Lagartijo ni Gallito. Habría mucho que discutir sobre qué es en el fondo torear, a ver si va a ser sólo estar bonito.
La nota desagradable la dio el presidente regalando orejas sin criterio alguno y convirtiendo el festejo en una charcutería. Flaco favor hace tanto a los diestros como a la propia fiesta un hombre que se dedica a echar los pañuelos al viento de manera ridícula.
Nos conformábamos con ver toros que no fueran formales y que tuvieran algunas ideas. Con pensar al final que no habíamos perdido el tiempo, nos damos con un canto en los dientes. Destaquemos la buena voluntad de los toreros, que decidieron hacer el paseíllo a pesar del piso embarrado y del viento.
EL HOMBRE QUE MATÓ A CAZARRATA. Ya hemos dicho por aquí que así es como debería anunciarse Sánchez-Vara. Su primero era negro lombardo, aleonado, astigordo y corniapretado. Recibió un indignante puyazo en el espinazo. El toro tenía morrillo y culata, vean:
El maestro banderilleó vulgarmente pero el toro galopaba esperanzadoramente. Resultó que Pinceladas embistió queriendo coger la muleta aunque sin ser nada del otro mundo. Bueno, por lo menos no era la ternerita que va y viene y con eso ya nos damos por mínimamente satisfechos en los tiempos que corren. Sánchez-Vara estuvo muy correcto, sin hacer trampas y con oficio.
Lo mató de esta entera baja sin puntilla. El toro demostró en el embroque que tonto no era porque le puso los pitones en el pecho.
Dos orejas que no venían a cuento para dar inicio al festival de despojos del enloquecido presidente.
Su segundo también era enmorrillado. De carita, cornidelantero pero con poca leña y un pitón izquierdo aplatanado que no era de recibo.
Sánchez Vara lo recibió con dos largas de rodillas en tablas. El maestro vio igual que nosotros que el toro venía picado del campo y por eso pidió el picotazo al picador. El problema fue que éste no se atrevió a levantar la vara mientras un monosabio se pasaba de listo por detrás azuzando al caballo. Así estuvo toda la tarde.
Tres pares del maestro a toro muy pasado sin que en televisión ejercieran la labor didáctica de denunciarlo. Inicio de rodillas con posterior remate de trinchera que envío al animal al suelo. El torito era noble, repetidor y tenía la misma maldad que Blancanieves. Esto, para el hombre que mató a Cazarrata, era jarabe de frambuesa. Llegó incluso a ponerse pesado.
Otra estocada baja sin puntilla pero perdiendo la muleta por culpa suya. No la lío bien y el toro se la pisó como se ve en la imagen:
Ya pueden suponer que el presidente le dio dos trofeos más, llevamos cuatro.
ANDRÉS PALACIOS. Su primero era feo por cariavacado y mal encornado. Se llamaba Mensajero. Peleó bien en el único puyazo y cobró bastante duro. Ahí tienen al monosabio incordiando antirreglamentariamente, toda la tarde igual. El presidente no dijo ni mu porque lo que le gustaba era regalar orejas, no cumplir el reglamento:
Era un animal díscolo que obedecía a regañadientes. Tuvo mérito Palacios al mantenerse muy dignamente ante un toro que no regalaba nada. Se revolvía como los victorinos del abuelo. Fue entonces cuando César Jiménez dijo aquello de que era un toro no para torearlo sino para lidiarlo. Media muy atravesada tapando la cara y entera trasera. Oreja que no nos molesta.
El quinto era negro mulato y meano. Tenía trapío y ello sin exageraciones de cara, ni falta que hace:
Lo picó Iván García a quién rompió la vara en el topetazo.
En la subsiguiente entrada se vengó perpetrando una asquerosa carioca. También echamos de menos entonces la labor didáctica de los comentaristas censurando el vil atropello. Se limitaron a decir que era un generoso puyazo. Dijeron generoso en lugar de vergonzoso por muy manchego que sea el picador. Están siempre tapando todas las perrerías, confabulados para hacer creer al espectador que vive en el mejor de los mundos.
En banderillas no lo quisieron ni ver. El toro exhibía cierta castita a pesar del repugnante monopuyazo recibido. Nos dio la impresión de que Andrés Palacios no estuvo del todo a gusto, no terminaba de confiarse, observen:
El toro estaba loco por irse a tablas y allí, cuando ya iba con el depósito en reserva, Palacios se aprovechó y se estiró al natural. Comparen la imagen anterior con ésta:
El de Araúz acabó sus días tras media tendida y atravesada sin jugar bien la mano izquierda para descubrir la muerte. Mientras maneje así esa mano izquierda no va a matar nunca bien por mucho que entrene. Ah, y muy mal el diestro al marcharse del toro antes de que muriese, una falta de respeto total. Dos orejas demenciales de parte del presidente. Que no pare la música, llevamos siete.
MIGUEL TENDERO. Su primero fue Carioca, asaltillado de lámina aunque no de cara por cornigacho:
El toro no peleó en el caballo, cosa que nos pareció muy bien porque fue una digna respuesta a la lanzada que recibió. Muy bien tanto El Ruso en la brega como Gómez Carpio en el par que puso.
El toro quería pero no podía quizá por una lesión en la mano izquierda. Puede ser que por ese motivo cabecease más de la cuenta pero la metía con bondad. Para los comentaristas tuvo 'mucha clase, mucho ritmo y mucha calidad', o sea, mucho aburrimiento. La imagen engaña un poco porque es de la primera tanda:
Duró tres porque se rajó escandalosamente. Tendero nos da la impresión de estar con mucho sitio y con ganas de salir adelante. No tendremos ningún inconveniente en seguir viéndole. Pinchazo correcto y entera perpendicular, desprendida y pasada que basta. Oreja de rebajas, la octava.
El último fue este colorado ojo de perdiz, listón y albardado:
Apretó a Tendero con el capote, cosa rarísima de ver hoy en día cuando los toros llegan tan formales del campo. Hizo una pelea muy vulgar en el caballo.
Excelente inicio de faena por bajo como si estuviese toreando cada semana. Después anduvo con mucha soltura y facilidad sin dejarse influir por el aire, señal de la confianza que tiene.
El toro era de los que podían subirse a las barbas si no ven quién manda. Pinchazo al encuentro, media sin soltar y casi entera trasera, caída y atravesada más descabello. Echó la culpa a la lesión que arrastra en la mano derecha. No dio crédito cuando vio que el turista del palco enseñaba un pañuelo. Diez orejas, menuda chirigota.
El padre de los Araúz dice que su ideal es criar un toro 'que no vaya de un lado para otro sin ton ni son y sin personalidad'. Su hijo homónimo quiere 'que no aburra ni tenga esa nobleza aborregada'.
Hombre, aburrir, no nos aburrimos del todo en Cifuentes, podría haber sido mucho peor. Un poco más de poder a sus toros sí que les pediríamos. Nos consta que en su finca se sigue tentando otorgando importancia al caballo aunque si después saldamos las corridas con monopuyazos, no vamos a ningún sitio.
No obstante, mejor que no vayan presumiendo por ahí de que se cortaron diez orejas a su corrida porque eso entra dentro de la locura de un presidente que confundió la seriedad del palco con una tómbola de pueblo.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.





















































