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lunes, 10 de mayo de 2021

ARAÚZ EN CIFUENTES: OREJAS SIN FRONTERAS

Un buen amigo del blog nos decía que dudaba entre ver la corrida de Leganés o la de Cifuentes. Como nuestra política siempre ha sido mirar únicamente la ganadería anunciada, optamos claramente por Araúz de Robles en lugar de Cuvillo. 

Esto de Araúz ya saben que es casi un encaste propio aunque últimamente viene aderezado con sangre un tanto dulcificada. A pesar de ello, la corrida tuvo cierto interés porque nos salimos del previsible y plúmbeo carril de la mona bobalicona. 

Estuvieron muy aceptablemente presentados excepto el cuarto. Su comportamiento fue variado destacando el problemático segundo por el interés de su juego. César Jiménez dijo que era 'un toro no para torear sino para lidiar'. Esa expresión no la hubieran entendido ni Lagartijo ni Gallito. Habría mucho que discutir sobre qué es en el fondo torear, a ver si va a ser sólo estar bonito. 


 

La nota desagradable la dio el presidente regalando orejas sin criterio alguno y convirtiendo el festejo en una charcutería. Flaco favor hace tanto a los diestros como a la propia fiesta un hombre que se dedica a echar los pañuelos al viento de manera ridícula.

Nos conformábamos con ver toros que no fueran formales y que tuvieran algunas ideas. Con pensar al final que no habíamos perdido el tiempo, nos damos con un canto en los dientes. Destaquemos la buena voluntad de los toreros, que decidieron hacer el paseíllo a pesar del piso embarrado y del viento.



EL HOMBRE QUE MATÓ A CAZARRATA. Ya hemos dicho por aquí que así es como debería anunciarse Sánchez-Vara. Su primero era negro lombardo, aleonado, astigordo y corniapretado. Recibió un indignante puyazo en el espinazo. El toro tenía morrillo y culata, vean:



El maestro banderilleó vulgarmente pero el toro galopaba esperanzadoramente. Resultó que Pinceladas embistió queriendo coger la muleta aunque sin ser nada del otro mundo. Bueno, por lo menos no era la ternerita que va y viene y con eso ya nos damos por mínimamente satisfechos en los tiempos que corren. Sánchez-Vara estuvo muy correcto, sin hacer trampas y con oficio.

Lo mató de esta entera baja sin puntilla. El toro demostró en el embroque que tonto no era porque le puso los pitones en el pecho.



Dos orejas que no venían a cuento para dar inicio al festival de despojos del enloquecido presidente.

Su segundo también era enmorrillado. De carita, cornidelantero pero con poca leña y un pitón izquierdo aplatanado que no era de recibo. 



Sánchez Vara lo recibió con dos largas de rodillas en tablas. El maestro vio igual que nosotros que el toro venía picado del campo y por eso pidió el picotazo al picador. El problema fue que éste no se atrevió a levantar la vara mientras un monosabio se pasaba de listo por detrás azuzando al caballo. Así estuvo toda la tarde. 

Tres pares del maestro a toro muy pasado sin que en televisión ejercieran la labor didáctica de denunciarlo. Inicio de rodillas con posterior remate de trinchera que envío al animal al suelo. El torito era noble, repetidor y tenía la misma maldad que Blancanieves. Esto, para el hombre que mató a Cazarrata, era jarabe de frambuesa. Llegó incluso a ponerse pesado. 



Otra estocada baja sin puntilla pero perdiendo la muleta por culpa suya. No la lío bien y el toro se la pisó como se ve en la imagen:



Ya pueden suponer que el presidente le dio dos trofeos más, llevamos cuatro.

ANDRÉS PALACIOS. Su primero era feo por cariavacado y mal encornado. Se llamaba Mensajero. Peleó bien en el único puyazo y cobró bastante duro. Ahí tienen al monosabio incordiando antirreglamentariamente, toda la tarde igual. El presidente no dijo ni mu porque lo que le gustaba era regalar orejas, no cumplir el reglamento:



Era un animal díscolo que obedecía a regañadientes. Tuvo mérito Palacios al mantenerse muy dignamente ante un toro que no regalaba nada. Se revolvía como los victorinos del abuelo. Fue entonces cuando César Jiménez dijo aquello de que era un toro no para torearlo sino para lidiarlo. Media muy atravesada tapando la cara y entera trasera. Oreja que no nos molesta.

El quinto era negro mulato y meano. Tenía trapío y ello sin exageraciones de cara, ni falta que hace:



Lo picó Iván García a quién rompió la vara en el topetazo. 




En la subsiguiente entrada se vengó perpetrando una asquerosa carioca. También echamos de menos entonces la labor didáctica de los comentaristas censurando el vil atropello. Se limitaron a decir que era un generoso puyazo. Dijeron generoso en lugar de vergonzoso por muy manchego que sea el picador. Están siempre tapando todas las perrerías, confabulados para hacer creer al espectador que vive en el mejor de los mundos. 

En banderillas no lo quisieron ni ver. El toro exhibía cierta castita a pesar del repugnante monopuyazo recibido. Nos dio la impresión de que Andrés Palacios no estuvo del todo a gusto, no terminaba de confiarse, observen:



El toro estaba loco por irse a tablas y allí, cuando ya iba con el depósito en reserva, Palacios se aprovechó y se estiró al natural. Comparen la imagen anterior con ésta:



El de Araúz acabó sus días tras media tendida y atravesada sin jugar bien la mano izquierda para descubrir la muerte. Mientras maneje así esa mano izquierda no va a matar nunca bien por mucho que entrene. Ah, y muy mal el diestro al marcharse del toro antes de que muriese, una falta de respeto total. Dos orejas demenciales de parte del presidente. Que no pare la música, llevamos siete. 

MIGUEL TENDERO. Su primero fue Carioca, asaltillado de lámina aunque no de cara por cornigacho:



El toro no peleó en el caballo, cosa que nos pareció muy bien porque fue una digna respuesta a la lanzada que recibió. Muy bien tanto El Ruso en la brega como Gómez Carpio en el par que puso. 

El toro quería pero no podía quizá por una lesión en la mano izquierda.  Puede ser que por ese motivo cabecease más de la cuenta pero la metía con bondad. Para los comentaristas tuvo 'mucha clase, mucho ritmo y mucha calidad', o sea, mucho aburrimiento. La imagen engaña un poco porque es de la primera tanda:



Duró tres porque se rajó escandalosamente. Tendero nos da la impresión de estar con mucho sitio y con ganas de salir adelante. No tendremos ningún inconveniente en seguir viéndole. Pinchazo correcto y entera perpendicular, desprendida y pasada que basta. Oreja de rebajas, la octava.

El último fue este colorado ojo de perdiz, listón y albardado:



Apretó a Tendero con el capote, cosa rarísima de ver hoy en día cuando los toros llegan tan formales del campo. Hizo una pelea muy vulgar en el caballo. 

Excelente inicio de faena por bajo como si estuviese toreando cada semana. Después anduvo con mucha soltura y facilidad sin dejarse influir por el aire, señal de la confianza que tiene. 



El toro era de los que podían subirse a las barbas si no ven quién manda. Pinchazo al encuentro, media sin soltar y casi entera trasera, caída y atravesada más descabello. Echó la culpa a la lesión que arrastra en la mano derecha. No dio crédito cuando vio que el turista del palco enseñaba un pañuelo. Diez orejas, menuda chirigota.

El padre de los Araúz dice que su ideal es criar un toro 'que no vaya de un lado para otro sin ton ni son y sin personalidad'. Su hijo homónimo quiere 'que no aburra ni tenga esa nobleza aborregada'.



Hombre, aburrir, no nos aburrimos del todo en Cifuentes, podría haber sido mucho peor. Un poco más de poder a sus toros sí que les pediríamos. Nos consta que en su finca se sigue tentando otorgando importancia al caballo aunque si después saldamos las corridas con monopuyazos, no vamos a ningún sitio. 

No obstante, mejor que no vayan presumiendo por ahí de que se cortaron diez orejas a su corrida porque eso entra dentro de la locura de un presidente que confundió la seriedad del palco con una tómbola de pueblo.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




domingo, 20 de septiembre de 2020

MIURA PERDIÓ 3-0

Fue en Almoguera, provincia de Guadalajara. Suele ocurrir que los miuras se suban a las barbas de los que tienen delante pero aquí no pudieron. Los tres toreros estuvieron por encima de los toros, bien es verdad que ninguno de los que saltó a la arena resultó ser hijo de Barrabás. 




Corrida desigualmente presentada pero válida para plaza de primera excepto el feo quinto. El de más trapío resultó ser el llamado Amargoso, este cárdeno oscuro, caribello casi facado, ojalado, nevado, bragado, meano corrido, axiblanco, salpicado y jirón:


El último era este toraco de abajo que sobrepasaría los 600 kilos con seguridad:


No hubo ninguno manso de carreta pero las peleas en el peto no fueron memorables en las nueve entradas que protagonizaron. Nobles en general y con poco poder. Dieron algún susto a los diestros pero más por su poca fuerza que por mala intención.


Todos se astillaron los pitones pero no por nada sospechoso sino por los derrotes que pegarían en los corrales. 


Los empleados de la manga estuvieron torpes, especialmente el de la divisa, molestando a los toros al enseñársela desde arriba con los animales pendientes de estirar el cuello y darse la vuelta en el angosto cubículo. Añadan a eso derrotes continuos contra paredes y puertas. Las astillas fueron lo menos malo que les ocurrió porque alguno como el tercero perfectamente pudo romperse el pitón izquierdo por la cepa en la citada manga:




MIGUEL TENDERO. Nos causó buena impresión. A su primero le hizo un recibo chaconero antes de que le perpetraran una lanzada en el lomo. Obsérvenla detenidamente porque mientras se veía esta imagen, César Jiménez decía '¡qué bien se ha agarrado!':

A ver, maestro, ¿en qué consiste agarrarse bien?, ¿acaso en clavar la puya donde sea? Porque si es así, cualquiera puede ser picador ya que, al fin y al cabo, todo es toro. Se escucha este tipo de despropósitos en televisión y ya me dirán a qué altura queda la labor didáctica que se espera de los comentaristas.

Buena brega del Ruso con Tendero que inicia su faena ante el de Miura como si llevase cuarenta corridas este año. El toro no tenía poder pero tampoco aviesa intención, con lo que el albaceteño le pudo dar pases sin tragar demasiada saliva. Anduvo muy aseado, ésa es la verdad.

Sainete al matar ya que parecía que el toro era de metal: cinco pinchazos, algunos escupidos, y estocada desprendida hasta la tela. Se perfila demasiado lejos y tapa la cara, eso sí. 


Los televisivos se percataron enseguida de que la espada estaba desprendida. Nos felicitamos por ello pero es curioso lo que les cuesta decir que las estocadas de las figuras están un palmo atrás. Se ve que hay días que no llevan las gafas adecuadas.

Su segundo fue ese miura tan bonito, hondo y nada zancudo. En la manga sufrió lo indecible dándose la vuelta una y otra vez quebrantándose sin duda las vértebras, vean:


Dejó sin más que el picador le pegase con saña. El quite de Tendero por verónicas tuvo sabor antiguo por rematarlas con las manos altas:


La sorpresa vino cuando lo puso largo para que el miura se arrancase con alegría. Le señalaron en el lomo pero ¡algo es algo!


Muy bien el Ruso asomándose con valor al balcón:


Tendero comenzó sin fiarse porque la embestida era probona y corta. Pero también era noble. Suponemos que el citado Ruso debió de cantarle desde la barrera que se echase encima del toro porque no se comía a nadie. Así lo hizo hasta el punto de dar con la cabeza al toro cuando, tras un remate, se quedó mirando las musarañas:





¿Cuántos toreros hay que hayan dado un cabezazo a un miura aunque no sea en el testuz? Tendida arriba pero un pelín pasada y oreja. Ya ven en la imagen que se descalzó sin venir a cuento, cosa que siempre censuramos porque atenta contra la liturgia:



ERNESTO JAVIER TAPIA, CALITA. Torero mexicano de dinastía. Su primero fue un cárdeno cornialto que de salida demostró su poco fuelle y su nula entrega. Por si acaso, De Pedro lo asesinó con un monopuyazo carioco de cárcel:


El toro peleó un poco al principio pero al notar la masacre se repuchó sin ambages. A pesar de que Mayoral clavó extraordinariamente, el presidente decidió cambiar el tercio antes de tiempo para hacer un favor a los banderilleros.

Un choto que no tenga recorrido te da problemas porque se te queda debajo. Pues un miura sin recorrido, ustedes mismos. La cosa era para machetear y castigarlo por bajo pero Calita quiso ponerse fino sin conseguir absolutamente nada como era esperable. El toro daba dos pasos y se revolvía:


Al final optó por el macheteo y tuvo que oírse pitos de algunos ignorantes. Dejó con habilidad una delantera muy atravesada porque se escupió de la suerte aunque bien es verdad que el toro se desentendió del engaño y fue al bulto:


El quinto era un miura playero, feo por degollado, zancudo, huesudo y cariavacado:


Perdía las manos y Calita lo picó poco mientras el toro tampoco peleaba brillantemente. Mayoral volvió a poner dos excelentes pares pero cayó en la cara en el segundo. Gómez Carpio estuvo atentísimo y ofició de ángel de la guarda haciéndole un quite divino, lo mejor de la tarde. Fueron obligados a saludar ambos:




El toro era pronto y humillaba pero soltaba un tornillazo al final para hacer honor al hierro aunque todo sin maldad. El mexicano le dio metros y le enseñó permanentemente la femoral (recuerden esto). No lo taparemos porque algunas veces se lo pasó despegado:


La verdad es que los tres toreros se colocaron bien toda la tarde. No vimos ni un atisbo de destoreo porque si a un miura, aunque sea de poco poder como éstos, lo citas con la cadera y la muleta retrasada, te pasea por el éter a la primera de cambio. No fue el caso de Calita, insistimos, que le echó valor viajando al pitón contrario:


Al final resultó que el toro se había tragado cuarenta pases gracias al mérito del diestro al esforzarse por no permitirle puntear la tela. Estocada baja y trasera que el toro no acusa y Calita tiene la vergüenza torera de volver a entrar cuando cualquier otro descabella y a otra cosa. Pinchazo, entera caída y dos descabellos.

GÓMEZ DEL PILAR. Dice el madrileño que quiere funcionar. Pues su funcionamiento vendrá dado por que se apunte a toros y no a terneras como las que mató del conde de Mayalde y que él mismo calificó como verdaderos amigos (recuerden aquí).


Su primero fue el único que ostentaba el hierro abajo. Se llamaba Aldeano y enloqueció contra las paredes de esa manga desastrosa a que nos referíamos al principio. Aún no entendemos cómo no se partió un pitón de cuajo. Cuando salió, Macías le hizo derrotar deliberadamente contra el burladero, el pan nuestro de cada día.

Peleó con feo estilo en el caballo pero ¿qué le vamos a pedir al pobre animal si recibió una lanzada casi en los riñones?

Como el tal Aldeano se acordaba de las trapacerías de Macías, intentó quitarle la chaquetilla cuando lo tuvo delante:


Aquí se aprecia mejor, con el pitón muy cerca de la zona que costó la vida al bueno de Montoliú:


Nos temíamos una embestida descompuesta por la infame labor del picador Aguado pero hubo dos cosas que enmendaron la situación. La primera, que el toro se desplazaba al ralentí. La segunda, que Gómez del Pilar le dejaba la muleta y enlazaba los pases sin dejar pensar al toro, que es un vicio que le hemos advertido en muchas ocasiones. Él suele enfrentarse a toros que se orientan y no hay que dejarles pensar. Nos alegramos de que vaya puliendo este peligroso defecto.


Estuvo muy correcto y muy valiente, con sitio y con afición. Sólo se equivocó echándose la muleta a la izquierda cuando por ahí el miura no pasaba ni por el pienso. No se lo tenemos en cuenta si lo hizo por pundonor. Ah, y todo echando siempre la pierna adelante, sin destorear tramposamente como ante las borregas de Mayalde. Algún pequeño apuro como éste no le hizo ninguna mella:


Si mata bien se lleva una o dos orejas pero pinchó tres veces con el toro haciendo hilo para terminar finiquitándolo con una entera pasada hasta los gavilanes y sin puntilla.

El último era ese toraco que veíamos antes, negro lombardo, largo, badanudo y acarnerado. 


Sufrió en la manga, nervioso viendo al torpe de la divisa pero sin poder girarse por lo grande que era:


Fue el que más apretó en el peto, al menos en la primera entrada. Lástima que se encontró con otra lanzada trasera, esta vez de Sangüesa:


Volvió una segunda vez por su cuenta pero sin pelear y el maestro decidió dar gusto a la afición poniéndolo de largo. Se arrancó alegre y sin tardear pero tampoco ahora peleó yéndose suelto:


Empezó a bravuconear en banderillas dándoselas de listo (anotemos que le faltaban dos meses para cumplir seis años). González se amilanó pero Cebadera no:



Nos las prometíamos muy felices pensando en lo que haría el diestro ante este torazo que chuleaba más de lo reglamentario. Gómez del Pilar salió serio y con aplomo porque había visto lo mismo que nosotros en ese segundo tercio. Pues el gozo se trocó en lloro porque el camión de la carne se paró. El miura estaba agotado y no hubo combate, ¡qué pena! Nosotros apostábamos doble o nada por el maestro pero no rodó la ruleta.

Ahí tienen al diestro solicitando a la banda que deje de tocar porque no hay faena (lo contrario que con los de Mayalde, cuando pidió él la música):


Casi entera caída y atravesada. Al final asistimos a una estupidez del madrileño que repiten casi todos los toreros. Consiste en que van a descabellar enfadados porque el toro no dobla y le pinchan con el estoque en el morro en lugar de tocarle suavemente para que se destape. Éste es el momento:


Y ésta fue la reacción del toro, que estuvo a punto de arrancarle la cabeza por esa tontería:


Lo lógico sería rozarlo un poco con la punta del palillo aunque para eso hay que acercarse mucho. En cualquier caso, esos pinchazos desagradables y extemporáneos traerán algún día un disgusto gordo. Y lo hacen todos, ya se fijarán.

Hemos visto este año dos corridas de Miura y ambas muy toreables. Han acudido sin tardear al caballo pero no ha habido peleas genuinamente bravas. En la muleta han ofrecido embestidas alejadas del choto domesticado pero sin el terror que se atribuye a este hierro. En Almoguera, consideramos que los tres toreros se mantuvieron en todo momento por encima de ellos.

Y es que estamos en lo de siempre, lo que decía Eduardo Miura abuelo:

"En las corridas de Miura, el público está de parte del torero y, si consigue el éxito, tiene mucha mayor resonancia que con toros de otras ganaderías. Y el fracaso es más difícil porque, cuando sale nuestro toro malo, el público tiende a disculpar al maestro"

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.