Muchos leyentes del blog nos preguntaban si íbamos a hacer todas las crónicas de San Isidro. No era nuestra intención pero al final hemos decidido empezar, fundamentalmente por poder contar con los comentarios de los amigos que colaboran dándonos la oportunidad de mantener un coloquio con ellos. De hecho algún lector ha llegado a confesarnos que ya no leía nuestras crónicas: 'yo voy directo a los comentarios...'
Decimos que empezamos sin garantizarles que lleguemos al final del via crucis. Un amigo peruano nos escribía hace poco afirmando que entrar en este blog era como ir a un funeral. Hombre, ya será menos. Confiemos en que este larguísimo serial no sea una sucesión de velatorios. La clave será primero el toro (el que salga encastado y que venda cara su vida va a ser la excepción, no lo duden); después, la suerte de varas (una batalla perdida en Madrid, con la que intentaremos no hacernos mala sangre); en tercer lugar, los toreros (se decía que con El Juli retirado habría una cierta renovación y nada de eso); en cuarto lugar, el palco (¿habrá seriedad y unidad de criterio?) y, por último, el público, cuyo conocimiento y exigencia van en barrena en la que dicen que es la primera plaza del mundo.
O sea, que lo del funeral no dependerá estrictamente de nuestras manías, aunque no son pocas.
Comenzó la fiesta con una corrida de Alcurrucén desigual de presentación. No se protestó ninguno quizá por la buena romana, 560 kilos de media. Juego mediocre en varas donde fueron masacrados sin piedad con esas seis cariocas sanguinarias de las que tan sólo una estuvo justificada. No se limitaron a tapar la salida como hacen siempre sino que vimos giros de 360º con barrenadas asquerosas. Se enteraron todos en banderillas y las palizas en varas las acusaron en la muleta. Excepto el manso quinto, nunca sabremos cómo hubieran respondido si no se los maltrata con tanta crueldad.
MORANTE. Su primero era este chorreado en morcillo, zarco cornialto y bien encornado. Las fotos de los toros son del maestro Moore:
Al pobre toro lo carioquearon con desvergüenza tanto Cruz como Iturralde, además de recargar ambos con sevicia. Cruz recibió su castigo al caer en fea posicion:
Iturralde en cambio se fue de rositas tras esta infame carioca ordenada por el maestro. Fíjense dónde se encuentra porque estaba culminando una vuelta completa dando cera con ese brazo de Mazinger que tiene:
En un buen inicio Morante pegó este trincherazo, que fue el mejor pase que dio en toda la tarde:
Después se dedicó a abrirle la puerta y la faena no nos pareció toreo hondo aunque lo aplaudieran en el tendido y lo jalearan en televisión. Ah, y el toro embestía igual al principio que al final, lo cual va en desdoro del diestro:
Sainete sonrojante al matar: pinchazo medroso, otro con más miedo aún, medio metisaca huyendo, otro pinchazo sin soltar escupiéndose, dos más horribles, los de televisión echando la culpa al toro porque no se movía pero tapando al diestro, otro muy malo, metisaca sin soltar y segundo aviso.
Señores, si el toro no se mueve, para eso se invento el volapié pero con tanto miedo como demostró el maestro, no puedes matar ni una mosca. Decían los televisivos que no le dejaba pasar... ¡pero si era el diestro quien se escupía con descaro sin intención de cruzar! Descabello y bronca, quizá demasiado suave para lo que merecía.
Su segundo fue este colorado ojo de perdiz, estrellado, listón, anteado, bociblanco, silleto, lavado de pies y bien abrochado de pitones, con carita torera, como dicen ridículamente los taurinos:
Una carioca sanguinaria de Iturralde en el primero y otra en el segundo barrenando con maldad. Está claro que al maestro hay que pararle los toros en el caballo, pero... ¿pararle o matarle? Nadie protestó mientras Morante sufría un ataque de autismo. Ahí tienen tanto la primera carioca como la segunda, una vergüenza de tercio:
Muy bien Ferreira, evitando el feo salto que da otras veces:
Otro buen inicio obligando al toro por abajo. Pero al poco, en el pecado llevó la penitencia ya que por haberlo matado en el caballo se quedó sin enemigo. Con su pan se lo coma:
Para los televisivos toda la culpa era del toro, por tardo, por parado, por no tener nada dentro... ¡No! Morante lo mató en el caballo sin vergüenza aunque a este hombre sigan tapándole trapacerías como ésta tirios y troyanos.
Humilló al toro asesinándolo con esta puñalada baja y atravesada huyendo de la suerte con descaro. Los comentaristas miraron para otro lado:
URDIALES. Su primero era un negro mate, bragado y cornilevantado:
Carioca trasera recargando más señal que ordena el maestro. Luego, de tanto aliviarse a toro pasado, le clavaron un arpón en las costillas que tuvo que lesionarlo.
El toro era un bomboncillo con la fuerza justita. Urdiales sacó algún pase bueno con la derecha como éste pero al natural se escondió. Vean esa banderilla criminal que creemos que acusó:
Entera pasada con muerte en el tercio y vuelta al ruedo por su cuenta:
El quinto era negro listón, aleonado, muy en tipo y también cornilevantado:
Estuvo desagradable en la capa y después huyó al hierro tres veces. Estábamos ante la única vez en que se justificaba la carioca, que hizo correctamente Burgos cuando ya contábamos cinco injustificables. Los comentaristas demostraron que saben en qué consiste carioquear pero curiosamente no habían dicho ni mu en las cinco ocasiones anteriores.
El toro ya sabía sánscrito y se engallaba enseñando la lengua. Urdiales tendría que pelear con él pero añadan la tarascada permanente y las miradas a la taleguilla, con lo cual, poco que rascar.
Corta arriba dura más una casi entera delantera y a otra cosa.
GARCÍA PULIDO. Era su segunda corrida y se presentó con un terno precioso, purísima y plata con cabos blancos. Su primero era este negro bragado, meano, astifino, listón, con poco cuello y badanudo:
Dado que confirmaba, ésta fue la primera vara de la feria, en el espinazo y tapando la salida como ven, con pelea mediocre:
El toro resultó pronto y agradecía que se le bajase la mano. Pulido lo hizo y se le vio sereno pero también perfilero en exceso:
Se sigue armando lejísimos pero hundió la espada aunque muy caída. La petición de oreja que hubo en éste que fue el primer toro de la feria nos tememos que será el preludio del triunfalismo que nos espera. A no ser que vinieran autobuses de Toledo.
El sexto era un colorado ojo de perdiz, bocidorado y listón, de 585 kilos:
Primer puyazo de Santillana yéndose de naja y segundo donde se marcha sin pelear. Pide el cambio pero Oliver obliga absurdamente a un tercer picotazo.
Toro de viaje corto, soso y áspero, complicado de conducir. Pulido hizo honor a su segundo apellido y lo llevó con limpieza ignorando esas embestidas sucias pero sin poder sacar nada en claro:
Pinchazo y estocada caída siempre con telonazo como ven:
Primera corrida para olvidar. Nuestro amigo peruano tiene ya su primer funeral. Como es un aficionado que vela por la suerte de varas igual que este blog, debió de salir con el mismo hervor en la sangre que nosotros tras el festival inmundo de cariocas. Pero eso a todo el mundo le da igual. Al fin y al cabo, como siempre, la culpa es del toro. Los pobres no hablan...
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.












































