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lunes, 10 de abril de 2023

Y BELMONTE LLORÓ

Este viernes será su cumpleaños. El 14 de abril hará 131 años de su nacimiento. Para nosotros ese día no es el de los vítores a la Segunda República como nos bombardearán desde los medios de comunicación sino el del ¡Viva Belmonte! como contábamos en esta entrada.

Para felicitar a Terremoto hemos echado mano de la tarde de su mayor triunfo en Madrid. Fue el veinte de junio de 1920 apenas un mes después de la muerte de José. Su memorable éxito le granjeó esta portada de La Lidia:



Para titular la entrada podíamos escoger entre tres curiosidades que tuvieron lugar en el mismo festejo: los puñetazos que soltó el maestro al final a los que se acercaban a él entusiasmados, el rabo que cortó o las lágrimas que bañaron sus ojos en el callejón tras la vuelta al ruedo con los máximos trofeos.

Nos hemos decantado por lo lacrimógeno ya que dice mucho de Belmonte como persona. Y eso que no es la primera vez que sabemos que lloró, aunque sí en público (recuerden aquí, cuando estaba jugando a póker). Además su desconsuelo no es una leyenda urbana sino que esa emoción del diestro no pasó desapercibida para varios de los que comentaron la corrida al día siguiente, como veremos después.

Estamos en la antigua plaza de toros de la carretera de Aragón, ésta que ven aquí abajo. Se anuncian toros de don José Bueno, antiguo Albaserrada, para Curro Martín Vázquez, Juan Belmonte y Diego Mazquiarán Fortuna. Aunque Bueno compró oficialmente la ganadería a la viuda unos meses después, en la prensa de la época figuraban los toros ya a su nombre.



La historia de aquel tratante de cerdos que fue el señor Bueno y que empezó con toros veragüeños de Trespalacios la contábamos en esta entrada a cuenta del hierro que llevaría el primer toro que se lidió en la plaza de Céret. Nos planteábamos allí si pertenecería a su nueva ganadería con lo del Marqués o venía de lo que tenía anteriormente, ya lo leerán.



Corrochano estuvo en la finca donde el mayoral de Albaserrada tenía apartados los toros, cerca de Utrera. Estaba preocupado porque no sabía si pasarían todos el reconocimiento ya que consideraba que quizá en Madrid los verían con el trapío justo. El crítico lo tranquilizó y le dijo que eran todos tan parejos que o aceptaban toda la corrida o irían los seis para atrás. Llegaron a Madrid un mes antes. Aquí tienen a uno de ellos en un ayudado por alto del trianero:



Por cierto, cuando Corrochano contaba esa visita a la finca, aprovechaba para comentar algo que puede estar de actualidad aunque lo escribiera hace 103 años. Lean:

'A Madrid vienen los toros por sus arrobas y no por su nota; habría que pensar si sacrificamos algunas arrobas de carne que sólo pueden interesar al contratista a cambio de bravura. Esto no es elogiar el toro chico sino protestar contra el toro grande, pasado, preparado en exceso, que no es ágil y no resiste una lidia tan movida y complicada como esta lidia moderna. La edad es más importante que el peso. En el toro de lidia, lo sustancial es la edad y el tipo'

Hubo una buena entrada pero la plaza no se llenó. Los de Albaserrada reciben alabanzas de tirios y troyanos. En todas las publicaciones que hemos rastreado los ponen como bravos, bien presentados, con codicia, con poder y con temple. Todos negros, tomaron veintiséis varas, dieron quince caídas y mataron siete caballos. Dicen que fue la mejor corrida del año. Este es Jardinero en la muleta de Fortuna:



Merece una mención especial el picador Catalino, que se encargó del segundo toro de nombre Toronjito. Aquí tienen un dibujo de su actuación en la primera vara cuando fue derribado:



El primer toro noqueó a Curro Vázquez en la faena de ahí que Belmonte matase cuatro al final del festejo. Aquí se lo llevan con conmoción cerebral, erosiones en una pierna y un hombro magullado:



Destacaremos que el trianero mató los cuatro de tres estocadas y un pinchazo hondo. Precisamente ese pinchazo, que fue casi una corta, acabó con este primero de Vázquez ya que le acertó en una vértebra y lo descordó. Sabemos que Belmonte no está en la lista de grandes estoqueadores pero esa tarde pasaportó a los otros tres toros con gran eficacia: estocada contraria, otra baja (tras la que el diestro se dio públicamente una fuerte bofetada) y una media en las agujas que fulminó al que cortó el rabo. 

Fortuna sí que era un matador de muchos quilates y al sexto toro le pegó una estocada sensacional, de las suyas. Corrochano dijo que era de ésas que todavía mantienen, aunque con tibieza, la afición a la suerte de matar. Imaginen lo maltrecha que está esa afición a la estocada en la actualidad cuando ni los propios críticos paniaguados parecen tener otro interés que ver la espada enterrada en las carnes del pobre toro. Este es Fortuna, de quien hablábamos aquí explicando los cuatro tipos de matadores que hay. No salta y la cabeza está a la altura de la mano derecha porque está matando el toro con el pecho, como decía Jaime Ostos (recuerden aquí):



A Belmonte se lo criticaba por derechista. Se decía que desde que cortara una oreja en Madrid a un toro de Murube en la Beneficencia de 1915, la mano izquierda se la dejaba olvidada en casa. Quien más cargaba contra él con esta monserga era don Pío, el comandante del partido gallináceo.

Pues en esta corrida triunfal las crónicas coinciden en que toreó muy bien al natural. Se habló de que su muleta había sido un trapo milagroso.



En el tendido del 2 hubo bastantes que agitaban los bastones hacia el palco de don Pío, quien no terminó agredido de forma casi milagrosa. No obstante, no le dolieron prendas al escribir esto al día siguiente: 'aunque yo fuera el más obcecado antibelmontista, tras lo de esta tarde no tendría más remedio que sentirme preso por la admiración hacia Belmonte'.

La faena a ese quinto toro desató la locura. Se llamaba Flor de Jara, tomó cuatro varas y mató un caballo. Belmonte cortó dos orejas y rabo como decíamos antes y en la vuelta al ruedo arrojó los trofeos al tendido del 4.



Cuando terminó de recoger los aplausos y entró en el callejón no pudo resistir más y rompió a llorar con un nudo atravesado en la garganta. Corrochano dice que 'el público se ensañó tanto con él aplaudiendo que le hicieron llorar de emoción... vaya esto por las veces que la emoción de su toreo hizo llorar al público'. 

En El Imparcial, Barbadillo escribe esto:



Los de La Lidia también se dieron cuenta y esto escriben en su hebdomadario:



Y Clarito en El Liberal también lo vio:



Corrochano, a pesar de tener todavía vivo el recuerdo de Gallito, escribió:

'Como Belmonte no tiene rival -¡ay, Joselito!- y la rivalidad es la salsa de estos caracoles, se ha buscado un competidor en sí mismo. Sale un toro y queda bien pero en el siguiente va a mejorarse, a borrarse a sí mismo, sin tenerse compasión. Se ha transformado en un adversario terrible para él mismo'

Ya pueden suponer que los panegíricos al día siguiente hablaban de ídolo popular, árbitro del toreo, incomparable, inconmensurable, inenarrable maestro, Don Juan El Único, eclipse de los astros del cielo taurófilo, mago de la torería, Su Santidad Juan I, público ebrio de júbilo, aficionados borrachos de toreo...

Lagartijo, Guerrita, Bombita y Gallito lucían con el toro duro, bronco y difícil. Belmonte, no. Pero los de Bueno salieron pastueños, bravos, dóciles, nobles y dejándose torear y ahí es donde este diestro es único en su modo de estar y causa entusiasmo (sic en La Acción). El citado Don Pío dijo que le habían salido sus toros pero que 'los toros ideales son para los toreros ideales'.



Aquella tarde estuvieron muy bien Magritas y Maera a los que en el ABC se dedicó un artículo especial tres días después. Recuerden que hace poco hablábamos de las malas lidias que resabian a toros que causan pánico a las cuadrillas, como son especialmente los de Reta y los de Cuadri. Pues fíjense ustedes en la alabanza que hacía Corrochano a la lidia de Maera con el capote:

'Cuando sale ese toro difícil y peligroso al cual casi todos torean de pasada tirándole el capote, lo que hacen es aumentar las dificultades porque el toro se entera de que detrás del capote hay un hombre que huye. En esas situaciones, hemos visto numerosas veces a Maera llegar a un terreno donde el primer sorprendido es el toro pues no sospecha que alguien pueda llegar hasta allí. Y Maera le da con el capote en la cara, espera la acometida terrible, aguanta las cornadas y deja que el toro descargue su furia en la tela. Con ello no solamente corrige defectos del toro sino que va advirtiendo al matador de lo que hay que hacer'

Éste es el trianero Maera cuando quiso volar solo. Tomó la alternativa pero se malogró porque en tres años unas fiebres se lo llevaron por delante antes de poder demostrar que habría sido un grande:



Antes de irnos, digamos que lo de los puñetazos que comentábamos más arriba fue porque al finalizar el festejo, el maestro se zafó de malas maneras de los que querían sacarlo en hombros. Salió por su propio pie.



Hay una última circunstancia que no vamos a dejar pasar de largo. Viene al pelo por las tabarras que nos suelen dar hoy en día los toreros con sus faenas interminables.

¿Saben ustedes cuantos pases dio Belmonte en los cuatro toros que mató ese día de su mayor triunfo? ¡Sesenta en total! Y como estuvo muy certero con la espada tal como contábamos antes, liquidó los tres que lidió enteramente en catorce minutos.

En la Copa Chenel, sesenta pases los da el menos pintado en una sola faena. Esta corrida de Belmonte duró ochenta minutos. La última de la Chenel, dos horas y cuarenta. Nosotros creemos que Cataclismo se quedaría dormido con Telemadrid antes de la muerte del segundo toro, ¿no les parece?

Nuestra entrada por el cumpleaños del maestro ya ven que nos ha permitido divagar sobre diferentes cuestiones. Igual que Rafael dijo aquello de 'me falta el pobre Salvador, aquí a mi lado', Juan lloraba en el callejón porque le faltaba José. Las lágrimas eran por él.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

lunes, 23 de noviembre de 2020

BIENVENIDA (3): ANTONIO MATÓ UNA CORRIDA AFEITADA TRES VECES

Cuando vio su toro asomar por chiqueros, a Antonio Bienvenida le dio apuro salir al tercio. Se moría de vergüenza al verse no matador de toros sino matador de 'aquello'. Y estaba en Las Ventas, no en una plaza de pueblo. Habían afeitado tanto al toro que más que plátanos tenía rábanos. 




El pecado de Camará era algo instituído tácitamente. Así es como se denominaba la práctica del afeitado en la época en que era el apoderado de Manolete y eso a pesar de que Camará no había sido ni el primero ni el único en desmochar. 

Tras la denuncia de Bienvenida a finales de 1952, algunos fuleros defenderán la manipulación de las astas como una 'humanización' de la fiesta. Preguntaron a Belmonte al respecto y dijo esto:

'La fiesta se ha humanizado primero con el peto, luego con la falta de casta y ahora con el afeitado. Pero parece que el público tácitamente lo acepta a cambio del toreo bonito que se prodiga. En mi época no se afeitaban, al contrario, se sacaba punta al mogón. No se afeitaban ni para los festivales. Pero en fin, aunque se haya quitado peligro se compensa por lo cerca que se torea hoy... aunque hay quien dice que cuanto más cerca, menos peligro hay...'




Lalanda salió con la pata de banco de poco menos que justificar el afeitado. Bienvenida le respondió por alusiones en una agria polémica que les ahorramos pero de la cual dejamos el titular. Recordemos que Lalanda era entonces apoderado y no torero. En nuestro blog les contamos cómo en su día fue multado sin contemplaciones por darle al serrucho antes de torear en Valencia, recuerden aquí. Ésta fue la respuesta de Mejías:




Para que vean cómo estaba el patio, es memorable la anécdota de aquellos toros salmantinos que vio Camará antes de la corrida. Dijo que no podían salir con esos pitones y que había que arreglarlos. Le preguntaron si había que cortarles aún más de lo que ya habían cortado y repondió que no, que el problema era que se habían pasado. Al cabo de un rato volvió a que les sacasen punta.

Convendrán ustedes con nosotros en que está claro que si el ganadero con su mayoral se niegan a afeitar, no hay quien toque los pitones de los toros. Domingo Ortega, torero y ganadero, decía esto:

'Es que la postura del ganadero es muy comprometida porque está pendiente de los intereses del torero y del público. Está entre la espada y la pared. Si no corta los pitones, no vende los toros. Si los corta, la autoridad le multa aunque la cosa se haya hecho sin su conocimiento. No veo una solución fácil'

La autoridad lo tuvo claro tras la denuncia de Bienvenida. Multa de 10.000 pesetas al ganadero por cada toro arreglado. En caso de reincidencia donde se demostrara su consentimiento, inhabilitación durante un año sin perjuicio de más multa. Si el afeitado era a espaldas del ganadero, multa de 10.000 al torero y a la empresa. Además, inhabilitación al diestro durante seis meses y a la empresa durante un mes para organizar otros festejos.

En aquellos años no había mueco y se torturaba a los toros ensogándolos antes del desmoche. A veces se les cortaba dos veces, como aquellos toros de Urquijo qué mató Arruza en Barcelona en 1952. Toreaba dos corridas y en la primera uno de los murubes hirió a Jumillano. Aquí lo ven antes de la cogida:




Decidieron, por tanto, pegar una segunda rasurada a la otra corrida para la que estaba anunciado el mexicano junto a Parrita y César Girón, que tomaba la alternativa. Arruza se adorna ante uno de los murubes de aquel día:




A una de Bienvenida en Madrid la afeitaron tres veces. Lo contaba él mismo:

'Es cuando más vergüenza he pasado como matador. Fue este año en Madrid (1952). Afeitaron los seis toros tres veces y a mí me tocó encima el más rasurado. No los arreglaron en la plaza sino durante el viaje. Pararon tres veces y en cada parada los tocaban'

¿De quién serían? Salvo que alguien nos rectifique, el maestro mató en Madrid ese año los siguientes toros: dos de Arranz, tres de Miura (por cogida de Rafael Llorente, en presencia de Franco y derribaron cinco veces), uno de Graciliano, otro de Alicio Tabernero, dos de Ignacio Vázquez de Pablo, dos de Albaserrada a nombre de Escudero Calvo y dos que seguro que estaban en puntas del Conde de la Corte. Siete orejas se cortaron a los condesos aquella tarde del 12 de octubre de 1952 y se dio la vuelta al ruedo a dos, Granillero y Gracioso.



 

Hemos investigado para ver si sacábamos algo en claro. El de Graciliano parece haber salido indemne de la barbería:




El de Arranz tampoco parece que tuviera hora en la peluquería:




De las otras pueden ver ustedes a continuación un sobrero de Mayalde que se lidió en la de Vázquez. No lo mató Antonio porque salió en sexto lugar pero viendo la carita ya pueden suponer cómo estarían los titulares:




Éste fue uno de los miuras:




Y éste de abajo es un sobrero de Albaserrada que salió el día anterior a la corrida que mataron Antonio, Pepe y el recientemente fallecido Pablo Lozano. Debió de viajar en el mismo camión. Por cierto, a ver si adivinan quién es el diestro que se dispone a hacer un quiebro al de Escudero Calvo:




Es Antonio Ordóñez. ¿Cuál de ésas corridas hizo un viaje tan largo que propició tres paradas para darle a la escofina? Aunque, bien mirado, se puede ir de Salou a Tarragona y parar tres veces.

Ese año de 1952 será cuando Bienvenida levante la liebre del fraude en Radio Madrid con Curro Meloja, el que se inventó lo de los guirlaches (aquí lo comentábamos hablando de Galache). Recordamos sucintamente los hechos según los relata Filiberto Mira en su biografía del maestro:

- Antonio Bienvenida triunfa en Madrid el citado 12 de octubre de 1952 con toros limpios del Conde de la Corte. La foto es de aquella tarde:




- Se celebra días después un banquete en homenaje a los tres toreros de ese día con Manolo Carmona y Silveti.

- Bienvenida denuncia la corrupción junto al ganadero Antonio Pérez, de los pocos que entona el mea culpa.




- La autoridad se hace eco y adopta resoluciones contra el fraude mientras un grupo de toreros boicoteará a Bienvenida.


Óleo de Romero Ressendi. Lo tenía en el salón de su
 casa como comprobarán en la última foto

 

El maestro dirá después: 'no logré del todo ganar aquella batalla pero tampoco me atormentó el perderla; lo que siempre lamentaré es que quizás se perdió el prestigio de nuestra profesión y del toreo'

El primer festejo tras la polvareda invernal de la denuncia es una novillada de Morales hermanos, de Plasencia. Las autoridades están ya manos a la obra con los cuernos tras la muerte del sexto, ahí los tienen:




Pero se aprecia que son puñales, al menos los de la foto. Joaquín Vidal tenía entonces dieciséis años y lo recuerda así:




La orden gubernativa había sido clara. Exigía el precintado y examen de las astas afirmando que:

'Sin riesgo no se concibe este espectáculo y la sensación de peligro ennoblece la fiesta y es pieza clave de su prestigio y autenticidad'

Vidal olvida que alguno de los novillos de Morales fue detectado como arreglado y hubo multa para la ganadería. Y una semana después, el 15 de marzo de 1953 saltan al ruedo madrileño novillos de Pablo Romero con esta carita que ven:




La multa fue de 30.000 pesetas, 10.000 por cada uno de los tres novillos que se certificaron como afeitados (unos 3.000 euros por cada res en un cambio aproximado). 

En aquella primavera siguiente a la denuncia, se presenta Antonio en Madrid. Es el 3 de mayo de 1953, los toros son de Herederos de Montalvo y la ovación que le depara el público es de gala. 

El diablo, que todo lo embrolla, hará que a Antonio le salga un toro afeitado. Era un toro sobrante del año anterior que entró en el lote de Montalvo. Nos preguntábamos en una entrada anterior si es de lógica que salga sólo un toro afeitado de seis. Pues eso sucedió en aquella corrida. Clarito estuvo presente y cuenta en sus memorias que había visto el toro en el campo y recordaba su número por su encornadura playera. Cuando lo vio en la plaza se le cayó el alma a los pies viendo los pitones. Habló con un miembro de la Dirección General de Seguridad y le confirmó que habían propuesto la multa pertinente. És éste que hizo cuarto:




El propio Clarito siempre se caracterizó por pensar mal y acertar. Comenta que la denuncia de Bienvenida no fue por casualidad y apunta tres razones.

La primera, que los ganaderos con cartel querían restablecer el juego limpio ya que, como todo se afeitaba, muchas ganaderías vulgares y baratas eran preferidas a las caras y selectas. La segunda es que los toreros mejores se dieron cuenta de que el afeitado beneficiaba a cualquier recién llegado por lo que tenía de confianza psicológica. Por último, no se descarte el aparente declive que apuntaba Antonio en cuanto a contrataciones. Precisamente se puso en candelero con su denuncia. Los años 1950, 51 y 52 había toreado 10, 26 y 20 corridas respectivamente. Los tres siguientes subió a 31, 40 y 35. Observen que pasó de 56 a más del doble, 106.

Aquí ven al maestro banderilleando en Colmenar uno del Marqués de Albaida. Eso fue antes de la corrida del Conde del 12 de octubre en Madrid. Venía de torear patasblancas en Tafalla. Luego iría a matar toros de Algarra en Tarragona, donde dio la alternativa a Morenito de Caracas:




En la entrada sobre el toro de Miura afeitado en Madrid decíamos que en caso de manipulación, podrían tener el detalle de anunciar en los carteles que los toros habían pasado por el barbero y así el que quiera que compre la entrada. Pues cuidado porque sucedería seguramente lo mismo que pasó en Santander cuando el gobernador anunció que los toros estaban afeitados y se devolvería el importe de las entradas. Ni una fue devuelta porque toreaba Arruza. Cortó cuatro orejas, dos rabos y una pata y el público orejil quedó encantado de la vida.

No nos despedimos sin relatarles una última anécdota relacionada con el afeitado. Aconteció en una plaza hispanoamericana donde el protagonista fue un maestro que está vivo y cuyo nombre figura en las etiquetas de la derecha. Vio que la corrida estaba en puntas y habló con el ganadero para que tocase los pitones a lo que éste se negó en redondo. El toro más ofensivo salió buenísimo y a mitad de faena comenzaron los del PACMA americano con sus gritos de indulto. Tal como empezó a oír la algarabía, el maestro se fue a la barrera por el estoque de verdad, volvió a la cara del toro, se perfiló rápidamente y le pegó un mandoble que lo partió por la mitad. El público indultador se quedó de piedra y el propietario del toro se mordía los puños.

El ganadero fue a hablar con el maestro al finalizar el festejo y el diálogo fue el siguiente:

- Oiga, ha sido usted muy poco comprensivo con el público. Estaban pidiendo el indulto y debería haber esperado a ver qué decidía el presidente.

- Usted también fue muy poco comprensivo conmigo. Si lo hubiera sido, ahora tendría un semental de 30.000 dólares.




Esta divagación sobre el afeitado la culminaremos con una cita de las memorias del citado Jalón:

"se trata de desmochar los toretes de divisa suave favoritos de las primeras figuras (que no siempre son figuras de primera) y se deja intactos los toros serios destinados a toreros modestos o novilleros incipientes. Cuando el afeitado en honor del heroico cordobés llegue a su apogeo, veremos una Dirección General de Seguridad aburrida de decretar vigilancia y sanciones y una Dirección de Sanidad a la que llegaban astas de toros como si fuese el azote de una epidemia"

Por lo menos hace 50 años había vigilancia, análisis y sanciones. Hoy no queda nada de todo eso y los taurinos han llevado el ascua a su sardina. Nos han convencido de que el afeitado oficialmente no existe, de que el toro actual es el más bravo de la historia y de que se torea mejor que nunca. La Arcadia feliz...

Pueden ponerse ustedes una venda en los ojos y creer todas estas milongas. Nosotros, en cambio, nos despediremos ahora sí de verdad con lo que ya intuyó Clarito en 1928:

"El peto y la puya de tres filos han dado media estocada a las corridas. Las manipulaciones fraudulentas y la selección de casta a la inversa le darán la puntilla dentro de unos años. No habrá ni varas, ni quites, ni verdaderas estocadas. Ni siquiera quedará el recuerdo de lo que es el tuétano de la fiesta de toros: la emoción"

Un vidente. ¡Y lo dijo hace cien años!

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




 

lunes, 25 de mayo de 2020

CENTENARIO DE LA MUERTE DE GALLITO (10): ALMOHADILLAS EN MADRID

Fueron dos o tres, no una lluvia de almohadillas. Sin embargo, cayeron las suficientes para que sentaran como cien patadas en la tripa a uno tan orgulloso como Gallito. Luego iremos a la plaza a ver qué pasó exactamente. Pero antes contaremos que el propio maestro se había metido en un callejón sin salida. 

En castellano usamos la palabra malogrado para referirnos a la persona que ha muerto antes de tiempo y por ello no ha podido dar todo lo que se esperaba de ella. En el campo del arte se utiliza a menudo. Artistas malogrados serían Arriaga o Mendelssohn en la música, Rafael o Masaccio en la pintura, Ataúlfo Argenta o Guido Cantelli en la dirección de orquesta y Chéjov o Kafka en la literatura.

En los toros se lo podríamos aplicar a Manolet Granero, a Manolito Bienvenida o a El Yiyo. Guillermo Sureda argumentaba que no podía hablarse de Gallito como torero malogrado porque, si bien había muerto joven, en su oficio ya había dado de sí de forma magistral todo lo que llevaba dentro.


FOTO: Antoni Esplugas (ARXIU NACIONAL DE CATALUNYA,
Departament de Cultura de la Generalitat)

La forma de torear de Gallito culmina brillantemente la técnica del toreo sobre las piernas que había sido básica para dominar un toro fiero. Ahora Belmonte torea con los brazos y el dominio va pasando a segundo término. 


Inauguración de la Monumental de Sevilla. Toro de Contreras, 6 de junio de 1918.
La corrida dejó bastante que desear en presentación, aparte de que dos toros fueron tostados.

Recordemos lo que decía Felipe Sassone, el vecino del piso de arriba de José de quien hablábamos aquí. Al hilo de esto, comentaba lo que sigue:



No olvidemos que el entorno de Gallito, formado por los dos hermanos y Manuel Pineda Magrito, cuando querían fastidiar al jorobeta, obligaban al empresario a anunciarlo con toros que pusiesen en evidencia sus carencias lidiadoras. Así sucedió en una feria de Bilbao cuando la Junta Administrativa terminó harta de las presiones de Pineda porque no quería que los dos Gallos se anunciaran ni con Miura ni con Pablo Romero. Al final cedieron pero con la condición de que se incluyera a Belmonte en esos carteles (lo contábamos aquí).


Belmonte en la feria de Bilbao de 1917. Apuntillando por detrás, ¡como debe ser!

Pero José se daba cuenta de que iba perdiendo la partida. Se quejaba de que 'Juan tiene indulgencia plenaria en Madrid mientras a mí no me pasan ni una... Yo puedo estar diez veces bien pero con una sola que esté él, borra todas las mías'.
 No puede ser más amargo su lamento.

Cayó en la trampa y empezó a influir en la selección del toro para adaptarlo a los nuevos tiempos. No se dio cuenta de que se estaba pegando un tiro en el pie... o en la sien.



Gallito culminó el proceso que había iniciado Guerrita. Los ganaderos habían empezado a dulcificar el toro. 'Ya no hay águilas sino canarios', se decía. A Belmonte esta deriva le iba de cine: 'yo, lo que diga José'. 

Bleu escribe en la primavera de 1914 su famosa Carta abierta a don José Gómez Ortega, donde le dice esto:

'Su final de temporada anterior fue tan triunfal para usted como sospechoso para mí. Volvió usted tarumba a la afición valenciana matando siete toros de Guadalest que no fueron precisamente toros sino gatos, auténticos mininos (...) Su nombre empieza a andar mezclado en runrunes de componendas, tratos y vetos. Si es cierto que deja de lado ganaderías que no le sirven y que quiere toros hechos a medida, habrá que renunciar a toda esperanza y dejarle a usted por mentiroso, por imposible y por inaguantable (...) ¡Joven Joselito, prodigio de la excelsa estirpe de los Gallos! Conduzca a la tauromaquia por el camino de la gloria imperecedera y no se olvide: ¡monas, no!'

No fue el único que se apercibió de que los de Guadalest eran bichos sin respeto. Ésta fue la falla que le dedicaron seis meses después aunque no son gatos sino caracoles:

Aquellas Fallas en las que Joselito y Belmonte toreaban caracoles

El maestro ve que el toro del futuro es el que viene de Vistahermosa, con especial hincapié en lo derivado de Murube y Parladé. Por ahí iban sus consejos a los ganaderos en la selección. Hoy seguimos en el carril donde él nos puso a circular. La ganadería de la que huía era la de Palha, ya hablaremos de ello en otra ocasión. En los tentaderos marcaba la línea a seguir, exactamente lo mismo que hacen algunas figuras en la actualidad. 


José tentando una vacona en la finca del Duque de Tovar

Pero en el pecado llevó la penitencia porque ante ese nuevo toro, el toreo de dominio de Gallito languidece ya que el público quiere ver las verónicas sin enmendarse de Belmonte en lugar de una lidia sobre las piernas. José se dará cuenta de su error cuando ya no haya vuelta atrás, por eso se planteaba su retirada cuando Bailador lo mató.

¿Cuándo fue consciente de que había caído en la trampa? Posiblemente el 15 de mayo de 1920 en Madrid. Aquel día el público estuvo muy duro con él no por su insultante facilidad como se suele decir sino porque el ganado fue infame. Los toros salieron sin poder, sin fiereza y sin fuerza cuando no directamente inválidos. Ante esos enemigos que no necesitan ser dominados porque dan pena, Gallito es un torero que no interesa. '¡A ver si te atreves con ésta!' le grita aquella espectadora mientras arroja una almohadilla que le golpea en el brazo según unos y en la cara según otros.


Blanquet de matador y Gallito de subalterno en un festival en Valencia

¿Qué pasó aquel día?

Pues que salieron nada menos que nueve reses del toril aunque tendrían que haber salido doce según algún cronista. Los anunciados de Albaserrada se sustituyeron a última hora por murubes de Carmen de Federico. Las malas lenguas decían que el cambio era cosa de Belmonte. Otros, que era cosa de Joselito y él lo sabía porque se ve que pidió a la empresa lidiarla el día 17 ('la he pedido ya que dicen que no se lidia por mí porque los toros son grandes y así verán que no es verdad ni una cosa ni la otra'). Los espadas fueron recibidos con una sonora pitada a cuenta de este baile de corrales (una sana costumbre que ya ha desaparecido).

La incomodidad del público subió de tono cuando el primero se vino al suelo en el recibo capotero de Gallito. Luego lo picaron Serrano y Farnesio y ni siquiera derribó. En banderillas claudicó de nuevo y cuando el maestro cogía los trastos, una señora le gritó '¡toree usted toros!' Debió de escuchar esto claramente porque acto seguido dejó muleta y estoque en la barrera con visibles muestras de desagrado. Parece que algunos oyeron que decía 'yo no toreo eso'. El presidente sacó el verde pero el toro por tres veces se frenó en toriles sin querer seguir a los bueyes. Josele lo apuntilló en la plaza. El sobrero fue uno de Medina Garvey que salió sin divisa, cárdeno bragado, al que mató de una estocada. 


Descabellando sin cruceta

El segundo de Gallito también fue al corral, sustituido por uno de Salas que también salió sin divisa. Se llamó Cacharrero, berrendo en negro y botinero, el último que mataría en Madrid. Éste sí se empleó más en las varas de Carriles y Camero (mató dos caballos). Parearon Cuco y Cantimplas y acabó con él de pinchazo y estocada, mostrando bastante apatía en el trasteo. Él veía claramente que el público le había dado la espalda y no era cosa de un día. A ello se unía que se había caído del cartel del día siguiente para torear con su cuñado en Talavera.

El resto del festejo transcurrió en medio de la rechifla general por el poco poder de los toros. El primero de Belmonte no se sostenía en pie y el segundo fue al corral. Sánchez Mejías fue pitado en los dos por torear movido y matar fatal (no es novedad porque él mismo reconocía que no sabía matar, ya lo hablaremos en otra ocasión).


Belmonte, esa tarde forzando la embestida

En El Imparcial, Barbadillo dice que menos mal que el público se tomó la corrida a cuchufleta porque podría haber habido un motín. Se negó a hacer la crónica como avisó en su titular:



Luego fue durísimo, nada que ver con los paños calientes de los críticos paniaguados que leemos hoy en día:



Llovía sobre mojado con los toros. Incluso Corrochano, que contemporiza bastante con José en su crónica porque estaba reconciliándose con él tras el Pacto de la Estrecha, dice esto en el ABC:



Todas las crónicas inciden en que el problema residía en la bondad que se estaba buscando en los toros por 'instinto de conservación e instinto industrial de ganar dinero' de los maestros. Clarito titula así:



Los toros están sometidos a los toreros, lo ve tan claro como su propio nombre indica:



El enfado con Maravilla se recuerda en aquellos gritos que oyó de '¡que se vaya!' El diario El País tituló así:



En la crónica se avisa a Joselito de que no se vaya, que se quede pero que se arrime y deje de anunciarse con esos toros de chichinabo 'que torea porque quiere, porque los pide y porque los impone, sin darse cuenta de que son los que más disgustos le traen'. 

Claro, es que Gallito no era torero para toros sin poder. Se había metido él solo en un callejón sin salida del que no podía escapar. Los que sí encontraron la salida fueron Belmonte y Manolete y lo hicieron toreando diferente. José había dado todo lo que sabía, que era mucho, según su forma de entender la tauromaquia. Antes de morir tuvo la deferencia de dejar para la posteridad un toro nuevo para que otros hicieran un toreo nuevo que ya no era el suyo. Lo resumió Clarito en esta frase:



Se acabó el toreo de dominio y entramos en el toreo manierista, el de las posturas, ése que hoy ha degenerado en los retorcimientos grotescos y extravagantes con que nos atosigan el alma cada tarde nuestras queridas figuras.

El toro va a ser a partir de entonces 'una pobre bestia vencida sin ningún interés; por este camino la fiesta se convertirá fatalmente en un espectáculo de circo donde subsistirá la belleza pero sin el elemento dramático y emocionante'. 

¿Saben quién dijo eso años después? Pues don Juan Belmonte. Y esperen, que sigue: 

'El toro ha ido evolucionando, ha aprendido a ser toreado, se fabrica el toro tal como los públicos lo demandan; no se le ha quitado bravura, sigue siendo una fiera potente y bien armada pero sí se le ha quitado nervio porque el público quiere ver el toro toreable'.

Recuerden esta entrada donde citábamos a Bollaín: 'de tanto querer afilar la bravura, el toro ha quedado romo de casta; el actual es medio toro porque lleva dentro media casta'.

Gallito quiso orientar la fiesta hacia el toro toreable. Con ese animal, él no tenía nada que hacer. Por eso no fue un torero malogrado. Se murió justo a tiempo, a tiempo de dejar su leyenda, que se vio inmediatamente engrandecida por la mala conciencia y el remordimiento de los muchos aficionados que le habían vuelto la espalda.

Ya lo avisó el gran sabio Montaigne, de quien hablábamos aquí: "en la vida, todo es acalorarse y en la muerte, todo es amor y cortesía".

El amor y la cortesía que faltaron en muchos momentos en vida de Gallito dieron paso a los constantes panegíricos que se le han dedicado desde hace cien años hasta hoy. Y eso ha sido gracias en buena parte a Bailador.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.