Decía don Eugenio d'Ors que toda situación desesperada era susceptible de empeorar. Eso sucedió ayer. Tras el fiasco de los resinas parecía imposible caer más bajo pero llegaron los vellosinos y si no querías caldo, taza y media.
Se rechazó lo de El Parralejo y vino en mala hora El Vellosino. La corrida dio una media de 561 kilos con diferencia de ochenta kilos entre algunos. Toros muy desiguales, con poco cuello, justos de presencia más de dos, distraídos, sosos y con horchata en las venas.
CASTELLA. ¿Recuerdan lo de su falsa retirada? Lo vimos al vuelo, pulsen aquí. A nosotros nunca nos engañó.
Su primero era este negro, levemente chorreado en morcillo, justo de presencia y blando de manos. Las fotos son del maestro Moore:
En el caballo quiere pero no puede y encima el francés autoriza la recargada. Después, capotes al cielo evitando el verde.
Viotti, otro que se ha tirado al alivio:
El choto no podía con su alma. Entonces, ¿por qué esa zurra en el peto, Sebastián? Después, ¿de qué te quejabas? Con tu pan te lo comas, hombre. Muchas veces le hemos visto hacer esto mismo y, a pesar de ello y matando como mata, ha salido un montón de veces en hombros de Madrid.
Casi media trasera más descabello.
El cuarto era este colorado oscuro, ojo de perdiz, sin cuello, veleto y rabicorto:
Barrenada cabeceando con un cuerno y señal trasera. En la muleta parecía un fantasma. Pasaba por allí como sin querer molestar. En cambio, Castella sí que nos molestó destoreando:
Aquello fue un velatorio de tercera que no acababa nunca. De hecho, el diestro se alargó lo indecible de forma deliberada para fastidiar a los protestantes. Hasta Naranjo se dio cuenta y lo comentó pero saltó raudo Encabo para decir que no, que estaba intentando que la faena remontase. Lleva toda la feria vendiéndonos mulas ciegas.
Pinchazo malo perdiendo avíos, vuelve a perderlos marrando en un rehilete y al fin deja una entera... ¡pero perdiendo la muleta por tercera vez! ¿Quién da más? Dos avisos y se echa:
LUQUE. Su primero era un negro azabache, listón, veleto, aleonado y de poco cuello. Venía picadito del campo:
Cocea pero vuelve para meter el riñón aunque Luque ordena levantar. Señal en el segundo. ¿Ustedes creen que este caballazo pesa solamente ochenta kilos más que el toro? Aquí alguien nos ha dado gato por liebre.
Contreras bregaba con dulzura pero el torillo se derrumbaba con las cuatro patas. En la muleta caminaba pisando huevos porque tenía las patitas de cartón pero aguantó sin claudicar.
Luque quiso darle una importancia que no tenía y se alargó insoportablemente. Estocada trasera y desprendida pero hasta la gamuza.
El quinto era este negro listón, con poco cuello, de 610 kilos, un camión de carne:
Romaneo bonito al relance, se encela y le levantan el palo. En el segundo no pelea. Este romaneo fue lo único bueno de la inaguantable corrida:
Embestida desangelada, al paso, como pidiendo perdón. Tiene más emoción torear de salón en casa citando a la mesa camilla.
Y por si acaso, el pico, como se aprecia. Nada, pero una nada que se hizo eterna, encima con arrimón de pueblo. Por fin se acabó la lata con una entera pasada y perpendicular. Exigua petición de algunos isidros.
DE MIRANDA. Su primero era un castaño, bragado, albardado, lavado de cara, alto y de poco respeto:
Verónicas de pasito atrás sin ganar ni un metro al toro. En el peto quiere meter el riñón pero se aflige al momento quizás por esta lanzada trasera que ven. En el segundo se lleva dos agujeros.
Desde su barbeo de salida había mostrado su deseo de vivir en tablas. Brindis absurdo justamente protestado.
El torete pasaba por allí insulsamente, siempre apretando hacia adentro. David, ese brindis puede valer para Palos pero en Madrid estás insultando al público.
Muy mal, maestro. Faena en ambiente funerario antes de esta rinconera alargando el brazo que basta:
El sexto era negro, chorreado en morcillo, corniapretado y levantado, listón, lustroso de piel, con el borlón muy poblado:
Cobra duro y caído y se va andando. En el segundo todavía van y le hacen una carioca porque al de Trigueros le gusta la carne bien pasada. Fíjense en ello siempre que lo vean anunciado, lo tenemos calado.
Oigan, ese equipánzer ¿cuánto medirá en la cruz?
Encimismo del diestro pegando pases sin piedad que afortunadamente terminó con una estocada baja.
Con los resinas algunos amigos del blog nos afeaban el haber sido demasiado críticos. ¿Dirán lo mismo de esta crónica tan amarga tratándose de El Vellosino o el rasero depende de la alcurnia? Es que para nosotros el aburrimiento fue parejo en ambos festejos. Lo que pasa es que los resinas siempre tienen corifeos dispuestos a justificar lo injustificable. En cambio, a los juampedros vellosinos, ¿quién saldrá a defenderlos?
Anteayer en la frente, ayer en el pecho y hoy, ¿dónde nos va a caer la pedrada?
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.







































