¡Que no pare la música! Otra puerta grande aunque con mucha controversia en el tendido. Para nosotros, una puerta muy barata, ya se lo adelantamos.
La corrida de El Torero fue variada y tuvo más de un toro de oreja, especialmente este berrendo, que fue de triunfo gordo. Por cierto, muy bien picado por Iturralde. A ver si los diestros se van dando cuenta de que picar bien un toro redunda después en que su embestida sea propicia en la muleta.
URDIALES. Su primero era negro zaíno, rabicorto y se tapaba un poco por la cara. Las fotos son del maestro Moore:
Ovación a Quinta por clavar caído, tapar la salida y darle al metisaca, mientras Urdiales se hacía el loco deliberadamente. En el segundo, dos agujeros con esta carioca que se aprecia perfectamente en plano cenital. Las flechas marcan el recorrido del piquero manteniendo al pobre animal en ese remolino mortal:
Con esa paliza quedaron claras las intenciones del riojano ya que no le había gustado el toro con la capa. Con la muleta anduvo por ahí, escaqueándose bastante y viniéndole de perillas la excusa del aire.
En televisión lo taparon, todo era culpa del animal, como siempre. El de Domecq chuleó al de Arnedo ganándole la partida. Estocada caída, con telonazo y alargando el brazo.
El cuarto era este castaño muy oscuro, tanto que casi parecía negro lombardo, listón y cornilevantado:
Quiere pero se suelta porque ve que no había futuro ante el monstruo blanco. En el segundo se va automáticamente de aquella trampa, tan sorprendido como nosotros de que ese Moby Dick pese menos de 650 kilos:
Con la muleta no vimos a Urdiales muy a gusto, no se confiaba del todo. Pegó pases sueltos pero ninguno con la enjundia del Urdiales de verdad. El toro embistió peor al final que al principio de la faena. Creemos que este detalle justifica esa impresión nuestra de que el diestro no acabó de estar.
Estocada contraria metiendo el brazo con fe:
FORTES. Su primero era castaño carinegro, con leña astiblanca:
En el caballo el toro quiere pero no puede aunque el equino pesaba sólo 30 kg más que él. El diestro sufrió una voltereta recibiendo una herida en el ojo derecho.
No quiso retirarse y salió a torear con ese ojo a la funerala. El toro era pronto y fijo aunque blandeaba de manos. Por el derecho lo volvió a derribar, lo pinchó en la pierna y luego el cuerno le rozó el cuello como ven:
Quiso seguir en los medios pero el animal ya sabía a estas alturas dónde estaba el muñeco, de manera que Fortes no quiso tentar al destino y se perfiló para dejar una entera desprendida patas arriba. El toro se despidió de él con este postrer tornillazo:
Salió de la enfermería para matar el quinto, que era este negro mate, con gran morrillo, cornidelantero. Venía picado del campo:
Se enceló con un cuerno pero el picador de Sanlúcar obedeció a Fortes y no apretó. El diestro ya había visto que su enemigo era un torillo de mazapán. En el segundo galopa pero se suelta.
Fue un animalico noble que iba al ralentí. Fortes pegó al principio este buen natural:
Aunque después abusó del pico como ven y además el toro se desfondó, fíjense en su gran codicia... No nos entusiasmó tanto como a los televisivos, que dieron rienda suelta a su triunfalismo barato.
Pero ya saben que estamos en la plaza más sentimental del mundo y tras los percances del maestro y su cara desfigurada, con esta estocada caída, pegando un telonazo y patas arriba, cortó una oreja:
ADRIÁN. Su primero era este berrendo en cárdeno, aparejado, alunarado y botinero. Era capuchino y no capirote:
Lances de paso atrás muy aplaudidos. Desastroso Adrián sin saber poner el toro en suerte pero afortunadamente Iturralde no apretó con su brazo de hierro y además abrió el caballo, ¡muy bien! En el segundo, una varita trasera sin hacer fuerza:
En el quite de Urdiales ya se vio que el toro embestía de dulce:
Acudía a todo lo que se movía, como los toros bravos. Hubo este correcto par de Valladar, clavando en una perra gorda y no atrás:
Una vez más la suerte había sonreído a Adrián en el sorteo. Tenía un tranco excelente, ideal para que el maestro se dedicase a echar la pierna atrás destoreando muy a su sabor:
Afortunadamente no engañó a todos ya que se escuchaban pitos y discusiones en el tendido. A nosotros nos indignó ver a ese buen toro tan destoreado, una pena... Y esas grotescas muecas como de estreñimiento no faltaron:
Una bernadina al final fue valerosa porque aguantó el parón del toro ahí mismo. Lo humilla entrando en la suerte contraria pero hunde el estoque hasta el arriaz pegando el telonazo de rigor. Cayó un poco contrario y pasado, por eso tenía poca muerte. Descabello, ovación en el arrastre y oreja con protestas:
El sexto era este negro zaíno, veleto, más que cuello lo que tenía era sólo morrillo:
Le pegó un susto con la capa porque tras levantarle los pies como ven, lo mantuvo prendido en el aire sin consecuencias. En una situación similar pero de espaldas Burlero mató a Yiyo:
Romaneo con derribo en el primero pero al segundo ya va al paso, cobra trasero, cabecea y se suelta:
A Curro Javier se le apareció la Virgen porque sufrió tres cogidas en una y solamente recibió unos leves puntazos:
Probablemente si este mismo animal en lugar de tener esas velas es cornicorto, envía a Adrián y Javier al hospital con sendas cornadas graves.
El toro era pronto y Adrián lo aprovechó para echar de nuevo la pierna atrás y retorcerse tal como ven en la imagen, encima presentando la muleta de esa guisa:
Por televisión llegaban los ecos de una gran zaragata en el tendido. Arrimón del diestro con las discusiones que subían de tono. La verdad es que al final de su faena nos costaba recordar si había dado algún pase bueno.
Estocada tendida y trasera estirando el brazo. Penosa la actitud del diestro abandonando al toro antes de su muerte para mendigar ovaciones. Eso es una gran falta de respeto que a nosotros nos saca de quicio pero nadie repara en estos detalles. Oreja y cuarta puerta grande para Adrián. ¡Cosas veredes!
Euforia en los paniaguados televisivos, en la empresa, en el público isidril (de isidros) y seguro que hoy también en los diferentes medios informativos taurinos de los que no leemos ni escuchamos nada desde que se inició la feria.
La cosa se resume en nuestro titular, que corresponde a aquellos versos de Lope de Vega cuando le decían que sus comedias eran de una gran vulgaridad. Respondió:
Escribo por el arte que inventaron
los que el vulgar aplauso pretendieron
porque, como las paga el vulgo,
es justo hablarle en necio para darle gusto
Pues eso. Cambien 'hablarle' por 'torearle' y es lo que vivimos ayer.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




































