Los amigos del Club Taurino de Pamplona nos pidieron un artículo para su revista que como saben se publica cada año una semana antes de las fiestas.
El tema era Morante porque cuando se planteó, el maestro tendría que haber estado retirado definitivamente pero ya sabemos cómo derivaron las cosas posteriormente.
Les dejamos con nuestro texto y al final les facilitamos la manera de conseguir la revista completa para leer el resto de colaboraciones.
CARA Y CRUZ DE MORANTE
Morante
ha sentado cátedra en tres suertes de la Tauromaquia según nuestra modesta
opinión. Nos referimos a la verónica, las banderillas y la estocada.
Las banderillas no las comentaremos en este texto ya que se ha prodigado muy poco, a pesar de que cuando lo ha hecho ha estado a la altura de cualquiera de los mejores.
Tengan
en cuenta que la verónica y la estocada, junto al natural, son las tres suertes
más difíciles del arte de torear. El problema es que en las dos primeras el
maestro no ha sido regular y desafortunadamente nos ha mostrado siempre la cara
y la cruz.
Ha toreado a la verónica de
manera excelente en unas ocasiones y bastante tramposa en otras. Ha ejecutado
estocadas magistrales dignas de cualquier as de espadas pero a la vez ha
castigado al tendido con sainetes a paso de banderillas que hubiera firmado
cualquier miedoso pinchaúvas de tres al cuarto. Vamos a comentar ambas
circunstancias.
En las verónicas se trata de
ganar terreno al toro, no de llevarlo en línea. Los maestros antiguos, como
Rafael Ortega, presumían de haber rematado una tanda de verónicas en la boca de
riego después de haber comenzado en tablas. Así lo hizo el de San Fernando una
tarde en Barcelona y dio la vuelta al ruedo antes de salir los picadores.
La forma de ganarlo sería ir
cargando la suerte con la pierna que corresponde al cuerno del toro por el cual
se está ejecutando este lance. Con cuatro verónicas realizadas así, el torero
habría ganado unos tres metros y medio al toro hacia afuera. Esto lo ha hecho
Morante muchas veces, cuando se encontraba confiado y a gusto frente a su
enemigo.
Lamentablemente en otras muchas
lo que le hemos visto hacer es echar la pierna interna atrás. De esa manera se
compone muy bien la figura para la foto pero no se gana ni un metro al toro. Se
lancea así o porque el diestro no se confía ante un toro que le causa cierta
preocupación o, simplemente, porque pretende arriesgar menos.
Lo pueden comprobar ustedes
mismo si se ponen a torear de salón a la verónica. Se darán cuenta de que no hay
comparación: una cosa es ponerse recto esperando el toro y echar atrás la
pierna interna de manera tramposa justo antes del embroque; otra, muy diferente
y muy meritoria, es mantener esa pierna interna quieta y dar hacia afuera un ligero
paso con la externa. En ese momento enseñas el muslo al animal y ahí radica la
clave. Si no tienes valor y confianza, esa pierna no se avanza para cargar la
suerte invadiendo el camino por donde viene el toro. Es más socorrido echar la
pierna atrás.
Echando la pierna atrás no se
gana terreno sino que se lancea en línea. Si se gana es porque se dan pasitos
hacia afuera cuando el toro se está dando la vuelta, no cuando debería ser, que
es toreando.
Esta circunstancia de
veroniquear echando la pierna atrás se repite en muchísimos toreros y habría
que hablarlo con ellos enseñándoles un vídeo. La pregunta que les haríamos es
si son conscientes de la coincidencia de que escondan la pierna derecha cuando
la que tienen que enseñar es la izquierda y, en cambio, se les vea más
confiados cuando la que enseñan es la derecha. Podría estar relacionado con que
sean diestros y no zurdos. Un experto en lateralidad y su relación con los
hemisferios cerebrales nos podría orientar.
Desafortunadamente los
aficionados no suelen mirar las piernas de los toreros, que es una de las cosas
más interesantes en que fijarse durante una corrida, como decía Corrochano (recuerden esta crónica). El
propio Morante sabe perfectamente de qué hablamos cuando le criticamos ese paso atrás al lancear.
En una demostración práctica ante unos amigos, él mismo lo censuraba, igual que nosotros. Decía:
'Lo importante es que cuando
se va a echar el vuelo del capote uno ya se quede colocado. Hay veces en que
hacemos, yo incluso... cuando uno no se fía tanto (...) damos un paso hacia
atrás y eso no está bien hecho'
Lo pueden recordar pulsando aquí y verán el vídeo. Han quedado claras la cara y la
cruz de Morante cuando veroniquea, ¿verdad? Pues vamos con la estocada.
No nos duele ninguna prenda en
reconocer que Morante ha sido el torero de arte que mejor ha llevado a cabo la
suerte suprema en la historia. Es que incluso ha sido mejor estoqueador que
otros grandes maestros encuadrados en el ámbito de los lidiadores.
Indiscutiblemente lo consideramos un matador muchísimo más puro que Gallito,
Lalanda o El Viti y perfectamente a la altura de Rafael Ortega, Camino o,
actualmente, Roca Rey.
Le hemos visto estocadas
sensacionales donde ha cumplido a pedir de boca los aspectos esenciales de la
suerte de la ley, como la denominaban en el siglo XIX. Son los siguientes, aunque todo esto a sus partidarios les da igual:
- Perfilarse a la distancia
adecuada, esto es, ni muy lejos ni muy cerca. ¿Para qué hay que
perfilarse? Pues para salir limpio por el costillar. Todos esos que no cruzan y
que se quedan en la cara podrían arrancar de frente. Ni que decir tiene que uno
debe armarse entre ambos cuernos y no fuera de la suerte.
- Liar correctamente la muleta. Se
hace para no arrastrar la tela al avanzar y evitar tropezar o que el toro te la
pise. Está claro que los que pegan el telonazo no tendrían por qué liarla. Lo
hacen por tradición ya que la llevan alta, con el palillo horizontal, solo preocupados por esconderse tras ella cuando inician la suerte.
- La mano de la espada debe estar
debajo de la barbilla, encima del pecho. Paquiro decía 'delante del
medio del pecho' y Ortega, 'encima de la tetilla izquierda'. No
aceptaremos de ninguna manera estirar el brazo para pegar la puñalada como puso
de moda Tomás Campuzano en su día y hoy imitan tantos.
- Descubrir la muerte con el brazo izquierdo apuntando con
firmeza y valentía al morro del toro, poniendo el estaquillador vertical y
haciendo que vaya la punta de la muleta entre las pezuñas. No puede ser girarlo
en horizontal en el último momento para pegar el telonazo y dejar ciego al
toro.
- Avanzar lo más lentamente posible,
arrastrando los pies. Nada de entrar a la carrera.
- No estirar el brazo de la espada al
ir a clavar sino mantenerlo flexionado y en la misma dirección que el torso.
Estirarlo alejándolo del cuerpo es una trampa. Lo mismo que alargarlo para
clavar antes del embroque. Que lo hiciera Gallito no exime de culpa a todos los
que se alivian de esa manera, incluido él.
- En ese momento se hace la cruz con
ambos brazos y tras clavar, se sale por el costillar. La mano izquierda 'te
la debe coger el toro con la boca y llenártela de baba', como afirmaba
Rafael Ortega.
- No saltar en el embroque. Un
maestro en Tauromaquia no tiene que saltar nunca, bajo ninguna circunstancia,
ya que estamos ante un torero y no un saltimbanqui.
Pinchar en buen sitio tras hacer la suerte
cumpliendo las condiciones que hemos relatado no sólo no merece censura sino
que debería aplaudirse. Habrán visto que no hemos hablado de igualar el
toro, ¿verdad? Es que si el toro está bien toreado, se cuadra él solo ya que te
pide la muerte. Recuerden que lo explicábamos aquí.
Pues ejecutando estos ocho puntos que acaban de leer nos ha deleitado muchas veces Morante regalándonos estocadas espléndidas. Un ejemplo fue la que recetó al segundo de Garcigrande en su presunta despedida madrileña del año pasado o la del juampedro en la corrida de la Prensa. También la del rabo de Sevilla.
Todo esto que hemos relatado es la cara
pero en no pocas ocasiones se ha dedicado a dar pena clavando a paso de
banderillas de manera tan desvergonzada para el tendido como deshonrosa para un
torero. Demostraba un miedo indisimulable que no cuadraba con el valor que
siempre exhibió cuando estoqueaba bien.
Alguno de ustedes dirá que esos toros que
para él eran malos no merecían que se los matase bien. Pues ya nos disculparán
pero esa es una opinión de mal aficionado. El toro, y más aún ese aficionado que
ha pagado su entrada, merece siempre que la suerte suprema se ejecute con
pureza. Además es una suerte que está en la mano y en la voluntad del diestro,
solamente depende de él.
¿Por qué se ha escaqueado Morante tantas veces de su obligación como matador cuando lo ha sido magnífico? No nos entra en la cabeza y no se lo perdonaremos nunca.
Lo vimos en la última corrida del 12 de octubre en Madrid cuando su primer toro no le gustó y lo asesinó escupiéndose con gran desfachatez:
Cara y cruz, como decíamos en el titular.
Un maestro a la altura de los mejores de la historia de la Tauromaquia tanto en
la ejecución de la verónica como de la estocada pero, a la vez, un diestro sin
vergüenza a la hora de buscar ratimagos para dar gato por liebre a la afición.
Felipe Benítez Reyes, gran admirador de Paula, decía algo que puede aplicarse a Morante:
'sólo el genio tiene derecho a no serlo; sólo el genio puede ser la sombra patética de sí mismo sin dejar de ser quien es porque esa sombra patética es también protagonista principal de la trama'
Pues no tenemos más remedio que discrepar con el escritor gaditano. Un torero es sobre el papel algo muy grande y jamás debería convertirse en una sombra patética de sí mismo.
Eso es precisamente lo que ha hecho Morante en más de una ocasión especialmente a la hora de la estocada. Si veía oportunidad de triunfo mataba de forma excelente pero cuando el toro no le había gustado, daba la impresión de que quería castigarlo asesinándolo. Pedir al maestro que matase tan bien como sabía a todos los toros fue como mendigar en casa del pobre. Insistimos en que no se lo perdonamos por muy genio que sea.
Hasta aquí nuestro artículo al cual hemos añadido para ustedes estos últimos tres párrafos.
Si desean leer la revista cuyo índice adjuntamos más abajo pueden enviar un mail a ctaupamplona@gmail.com y la recibirán gratuitamente en archivo pdf. Les recomendamos que mejor lo hagan por WhatsApp porque pesa bastante y así será más agil. La piden de parte de Rafa escribiendo a este número: 636620244.
Por cierto, pensábamos que tratándose de Morante todos los artículos de la revista excepto el nuestro tendrían olor a incienso pero encontrarán otro que también se sale de la línea turiferaria. Es de un selecto seguidor de nuestro modesto blog y se titula 'La coartada del arte'. Excelente, ya verán.
Los feligreses del diestro, mejor que se abstengan. Pero para que no se enfaden los podemos poner en contacto con otro amigo del blog a quien vimos hace poco ataviado con esta camiseta de abajo. Les podrá proporcionar otra de su talla y también gorras, llaveros, chapas e insignias:
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

































































