Recordarán que al comienzo de la feria la empresa decidió acallar las protestas sobre el peso de los caballos ofreciéndonos unos pesajes que no hay por dónde cogerlos. Si fuesen verdaderos, alguno de los pedrazas habría enviado algún caballo al tendido. El tonelaje de esos catafractos tiene que ser muy superior a la milonga que nos han contado.
Ayer vimos una corrida que dio una media de 603 kilos, eso quiere decir que hubo toros que pesarían lo mismo o más que algunos de los caballos según nos han dicho. Además todos los toros sin excepción metieron el riñón, por lo menos en el primer puyazo, pero se notaba que se afligían al cabo de un rato ya que notaban que no podían con los monstruos. Dejemos aparte al quinto con su sensacional derribo aunque también sirvió para comprobar que después los monosabios no podían levantar al caballo.
Proponemos desde aquí un nuevo pesaje pero con la presencia de un notario. Si no, no vale. Y que antes se certifique el funcionamiento de la báscula porque los taurinos se las saben todas y son capaces de embaucar al más pintado.
La corrida de Pedraza vino bien presentada, sin caras aparatosas, con esa romana habitual que ya hemos comentado y con un toro de nombre Dulce que nos gustó.
FONSECA. Su primero era negro, listón, chorreado en morcillo, bragado, badanudo, rabilargo y hondo, de pezuña gruesa y 618 kilos. Las fotos son del maestro Moore:
Vicente venía de picar horrorosamente en Francia. Aquí en el primero clavó casi en la penca del rabo. Rectificó donde ven en la imagen mientras el toro dimitía enseguida después de ese prometedor inicio ya que no podía mover el T-34. Y eso a pesar de que sus kilos eran prácticamente los mismos que los del caballo. ¡Menudo cuento! En el segundo el toro se termina soltando viendo que allí no había futuro:
Molina tuvo un susto en el quite cuando el toro lo derribó con el costillar:
García saludó, como cada día, tras dar ese pasito de más:
Al toro le faltaba casta para poder mover el tonelaje que arrastraba. Como pueden suponer estábamos deseando que Fonseca entrase a matar para que terminase aquello. Estocada hasta el pomo pero trasera y desprendida, entrando como siempre a la carrera, tapando la cara y con saltito. A pesar de todo ello se escuchó una ovación:
El cuarto era un colorado muy oscuro, ojo de perdiz y cornilevantado, con menos jamón por atrás que los otros:
Lorente marra y cuando se agarra lo hace trasero pero es curioso que no falla cuando se trata de carioquear. Observen en la imagen cómo está completando el remolino infernal. En el segundo escarba mientras lo distraen indignantemente moviendo los capotes pero cuando al final salta hacia el peto, huye al hierro:
Se llevó Fonseca un golpe tremendo cuando quiso hacer una chicharrina y el animal cambió el viaje:
Se aguantó el dolor y se puso de rodillas. Puede darse con un canto en los dientes porque si a la velocidad que venía el toro llega a calarlo, lo atraviesa. El colorado se lo pensaba más de la cuenta y cuando embestía lo hacía de forma sucia aunque sin peligro.
La cosa resultó deslucida a pesar de la voluntad del americano. Dos pinchazos sin soltar, otro escupido y estocada caída perfilándose con la espada de esta guisa, igual que Marcial Lalanda:
MOLINA. Su primero era este colorado oscuro, ojo de perdiz, listón y veleto:
Mete muy bien el riñón en el primero pero no tarda en afligirse. Desidia total del albaceteño en el segundo, al que va al relance sin castigo. Al paso, sufre una recargada trasera en una tercera entrada. No parece que a Molina le entusiasme la suerte de varas.
Brega con capotazos mínimos, como debe ser. El toro era de una nobleza tontuna. ¡Ponte de verdad!, le gritaron desde el callejón como si fuese aceptable ponerse de mentira (aunque sea algo habitual tal como todos los toreros saben).
Nada, encima con blandeo de manos, un aburrimiento total. Rinconera ejecutada muy deprisa y saltando:
El quinto era este negro lombardo, bragado, axiblanco, aleonado y con cuello, de 613 kilos. Tenía ese lunar que se aprecia:
Gran derribo tras romanear pero saliendo suelto cuando había hecho el trabajo. Eso es de bravucón:
Como los monosabios no podían levantar el caballo hubo que picar al toro en la puerta de chiqueros, donde su pelea fue muy mediocre a pesar de la querencia. Es lo que decíamos de su bravuconería.
Martínez fue enganchado porque no se pasó de listo al clavar. En el suelo el toro lo pisoteó:
Nuestras recurrentes críticas a los que clavan a toro pasado son por el gran respeto que sentimos hacia quienes se la juegan cuadrando en la cara.
Molina hizo un inicio absurdo por cuentos chinos con el toro parado y distraído. Después se dedicó a echar la pierna atrás y a poner esas caras tan raras que ponen los toreros manchegos. Y se alargó ridículamente, igual que ellos.
División de opiniones en el tendido durante la faena. Nosotros damos la razón a los protestantes. Por supuesto que a los televisivos les gustó el trasteo, ¿qué se creían?
Estocada corta y ladeada seguida de una entera pasada, saliéndose de la suerte y alargando el brazo para darse ventaja, tal como se aprecia en la imagen:
JAROCHO. Su primero era este colorado oscuro, ojo de perdiz, listón, bragado, axiblanco, un poco anteado y que pesaba 624 kilos:
Demos gracias al maestro porque puso al toro largo, algo a lo que no estamos acostumbrados en esta feria. El problema es que el animal no paraba de mirar a los capotes que se aprecian al fondo, con lo cual deducimos que se estarían moviendo sus propietarios. Tardeó lo indecible y escarbó pero al final se arrancó como ven para llevarse una carioca. En ambos puyazos quiso empujar bien:
Hubiera merecido un tercio de varas realizado con afición, en tres entradas y principalmente con todos tapados. Desastrosas banderillas, clavadas en el costillar y con pasadas en falso, todo en detrimento del diestro. Había más palos en el suelo que en el toro.
El de Pedraza era encastado y repetía buscando pelea. Jarocho quiso capear el temporal pero no era nada fácil porque ahí se necesitaba una muñeca de hierro.
El tal Dulce tenía brío y en ocasiones llegaba a tocar la muleta, con lo cual todavía se ponía más complicado. Su embestida nos gustó más que la del ínclito Brigadier.
La única esperanza para el diestro era que el toro se cansase pero cuando llegó ese momento se convirtió en revoltoso y lo terminó desarmando.
No obstante, buena actitud de Jarocho, que no quiso volver la cara en ningún momento pero que a la postre resultó derrotado a los puntos.
Pinchazo espantoso a capón, equivocándose en la suerte contraria, y estocada caída en la natural, clavando a la remanguillé como ven:
El sexto era un negro mulato, listón y un poco ensillado, alto de agujas y de 611 kilos:
Fue absolutamente demencial ver cómo el picador clavaba este puyazo trasero que ven abajo y luego le hacía dos cariocas mientras el público aplaudía con ganas y Arnás decía que había acertado arriba. En el segundo recarga con el metisaca y cuando intenta repetir la carioca el toro se suelta a mitad de vuelta. Pues pásmense porque Melgar ¡se retiró entre ovaciones! Nos pareció algo bochornoso en la que algunos denominan primera plaza del mundo. Pero ¿cómo se puede ovacionar esta carioca criminal?
En la muleta sacó la cabeza a pasear, sin humillar y mostrándose bastante desaborío pero como era flojo terminó andando por allí al trantrán.
Algún natural suelto fue muy jaleado con el toro yendo al paso. A nosotros la faena no nos pareció gran cosa dada la poca entidad de su enemigo, que por dos veces llegó a cocear la muleta.
Pinchazo perdiendo los avíos, otro más esta vez por culpa del toro y culmina perpetrando un bajonazo penoso.
La ganadería de Pedraza ha deparado tardes inolvidables a los aficionados franceses de Arles, Mont-de-Marsan y Vic-Fezensac por su juego en el primer tercio. Hablamos de toros que por su actitud en el caballo no eran muy diferentes de estos de ayer. El problema es hacer las cosas con afición o por puro trámite como en Madrid.
En Francia está la cuadra de Bonijol y suelen taparse todos durante la suerte de varas. En Madrid tenemos que sufrir a los equigarces y a los profesionales pateando los capotes y moviéndose cuando está el toro en suerte, como si quisieran distraerlo deliberadamente para deslucir el primer tercio.
Si los televisivos hiciesen una labor educativa, censurarían todo esto que hemos comentado en esta crónica empezando por el peso de los caballos. Pero ellos están al triunfalismo barato, a la muleta y al desprecio olímpico por la suerte de varas.
Por cierto, ayer presidía Sanjuán y nos gustaría saber cuántas propuestas para sanción hubo al final del festejo porque a nosotros nos salieron más de tres.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.










































