martes, 13 de octubre de 2026

FERIA DE OTOÑO, 2026 (y 4). ANDE YO CALIENTE...

Lo primero que llamó la atención fue la división de opiniones en el tendido entre los que querían hacer salir a saludar a Morante y los que protestaban, seguramente por haber eclipsado a Robleño el año pasado. La cuestión es que el cigarrero se quedó en el callejón. Ahí lo tienen con esa sucia costumbre de morder el capote que repiten todos a pesar de las quejas de Antonio Bienvenida, Paco Frascuelo, Díaz-Cañabate, Joaquín Vidal y las nuestras, que plasmábamos aquí. Parece mentira en él tan preocupado por otras cosas de la liturgia taurina:



Trajín de toros arriba y abajo en la víspera. El encierro terminó dando una media de 566 kilos. Su juego fue el siguiente: los de Garcigrande, noble y repetidor el primero, sin vida el segundo e inválido y tontorrón el tercero; los de Cuvillo, noblón y bobalicón el primero, terciado y repetidor el segundo y sin sal y aburrido el tercero. Hubo lleno:




MORANTE. Vino vestido de un verde grisáceo y oro, el mismo terno que llevó Gallito en su célebre encerrona con los toros de Martínez. Su primero era de Garcigrande, negro listón, cornilevantado, sin cuello, bajo de agujas, gordo y con pelota:



En el saludo con la capa le pegó una media rodilla en tierra que para el toro fue como un puyazo porque debieron de crujirle todas las vértebras. 

El picador lo pinchó en el lomo y el animal se dedicó a cabecear suponemos que notando el dolor. En el segundo huyó al hierro. Lo puso una tercera vez de manera absurda porque lo dejó ahí debajo y Rivas le echó el caballo encima pasando la raya como ven, total para señalar:



Observen cómo arriesgó Amores sin que lo aplaudiese nadie ni los televisivos comentasen nada, ¡y eso que Encabo fue torero banderillero! Al final gustarán más las banderillas a toro pasado de los subalternos figurones que los pares asomándose al balcón:



El torete estaba asfixiado y se quedaba corto y parado. El gesto de Morante era de desagrado porque la faena se desarrollaba como si estuviésemos en un cementerio. Nada.



Por lo menos esperábamos una estocada marca de la casa dado que eso no depende del toro sino del maestro pero aquí lo que hizo fue alargar el brazo cruzando a paso de banderillas. Muy mal, un insulto para los aficionados:



El cuarto era de Cuvillo, este castaño, bociblanco, bragado, listón, muy albardado, bien encornado y que fue protestado justamente por su apariencia anovillada. Como nunca se cayó, los protestantes tuvieron que comérselo con patatas:



Puyazo trasero del piquero y musical del toro. En el segundo no quiere y cuando va se repucha, llevándose dos agujeros por el precio de uno.

El torete sacó buen tranco en el segundo tercio. No quiso quebrantarlo y le hizo un inicio por ayudados rematados altísimos. Luego se puso demasiado cerca y se notaba al toro ahogado y a él agobiado. Cuando le dio más sitio respondió mejor pero con el maestro siempre colocado en la pala del pitón.



De esa guisa sacó unos naturales muy templados a toro aplomado. Se oía la zaragata en los tendidos sin que les podamos aclarar qué estaba pasando. Nos dio la impresión de que los oles redoblaban su intensidad, incluso en pases enganchados, solamente para fastidiar a los descontentos:



Metisaca bajo, del que más de dos se alegraron, y esta media trasera, caída y atravesada saliéndose de la suerte con similar descaro que en su primero:




HÉCTOR GUTIÉRREZ. Su primero era de Cuvillo, este negro listón, zarco, un poco chorreado y con la encornadura que piden hoy los taurinos, o sea, con perfil, que abra pero que vaya cerrando hacia arriba. Parecía ir descoordinado de manos cuando embestía:



El hombre que mató a Cigarrero prefirió apretar lo mínimo y darle al túrmix lo cual, siendo una vergüenza, es de agradecer porque con la corpulencia que tiene es capaz de partir un toro por la mitad. En el segundo, picotazo.

Buena brega de Gallego, de terciopelo, enseñando que el torito si duraba era de oreja. Vean cómo se venía:



El mexicano corrió la mano con pinturería pero movió los pies hacia el fuera de cacho. Eso que ven abajo lo hacen muchos y aunque corren la mano mucho peor que Gutiérrez, los ovacionan. En cambio su faena, sin enganchones, transcurrió sumergida en una indiferencia gélida.



Pegó el telonazo para dejar una estocada desprendida pero no trasera, como suele ser habitual en los que entran con la mano alta, recuerden lo que explicábamos aquí:



El quinto era de Garcigrande, este negro listón, feo por no tener cuello y por estar acochinado. Se llamaba Treinta y Tres y no creemos que fuese como aquel semental Treinta y Cuatro de Juan Pedro Domecq y Díez que se llamaba así porque su madre había tomado treinta y tres puyazos en la tienta de Parladé:



Se fue al relance al caballo pero tras el topetazo se soltó sin pelear y salió con el pitón derecho astillado contra el peto. Se habla de un problema de alimentación en lo de Hernández que provoca esos estropicios en las puntas. Segundo del que huye y clarines prácticamente sin picar.



Valladar antes tenía mucha más vergüenza torera pero recientemente se ha tirado a la vida fácil viendo que en la primera plaza del mundo lo que aplauden es clavar a toro pasado como este par que dejó él ayer. Puesto que el vulgo es necio, es justo clavar así para darle gusto:



A pesar del poco castigo en varas, si se le bajaba la mano se derrumbaba ya que probablemente no podía con su exceso de kilos. Poca cosa. Estocada caída.




AARÓN PALACIO. El de la confirmación era de Garcigrande, un negro mulato, listón, zarco, cornilevantado y muy bajito de agujas:



Tras unas verónicas todas de paso atrás tomó un puyazo extraño, metiendo el riñón de inicio pero luego cabeceando y yéndose. En el segundo Benítez lo pinchó en el lomo y salió claudicando.

En el único pase por bajo que pegó en la primera tanda el toro besó el suelo. Era de los garcigrandes repetidores a los que el diestro puede torear bastante relajado porque no tienen en la cabeza nada más que la tela.



Palacio picó bastante como se ve y se embarulló por momentos pero hizo algún tío vivo que firmaría cualquiera de las figuras del belén. El público estaba loco por aplaudir.



Se equivoca entrando en la suerte contraria y pincha; cambia a la natural y vuelve a pinchar por dos veces. Al final dejó una tendida pasada, pegando un saltito pero sin telonazo. Observen que el palillo está vertical y no horizontal:



El último era de Cuvillo, un negro listón, astiblanco, con pitones de diseño, regordío, llorón, acarnerado, con poco cuello y poco rabo. Lo recibió de rodillas en tablas con tres faroles en ambiente de velatorio:



Al relance metió el riñón y empujó con un pitón como ven mientras Quinta se volvía loco barrenando y carioqueando. Luego hablan de los picadores de dinastía, como si eso garantizase algo para el sufrido aficionado:



En el segundo el toro quiso empujar pero de nuevo este comandante de la banda del castoreño le tapó la salida y le zurró la badana. Qué asco...

El toro llevaba la boca cerrada, embestía pronto e incansable al principio pero le faltaba sal. Palacio pegó pases y aunque no nos parecieron peores que los que pegan otros con muchos más años de alternativa, escuchó pitos.



Estocada caída, con saltito pero sin telonazo. Lo que debiera ser normal se convierte en noticia y por eso tenemos que destacarlo. Posterior rueda de peones:



Seguramente Morante pensaría al acabar que erró al no dar por buena su despedida de justo hace un año. Recuerden aquí que nosotros titulábamos aquella crónica poniendo un adiós entre interrogantes porque lo veíamos venir.

Si después fue el portugués quien lo convenció es irrelevante pero la cuestión es que la tarde de ayer se saldó de manera gris para el maestro.

Nadie sabe qué hará el año que viene probablemente ni siquiera él mismo. No obstante, que se encuentre hoy con un mal sabor de boca queda compensado por todo el dinero que ha ingresado este año y por las alabanzas que ha ido recibiendo de tirios y troyanos, tanto merecidas como inmerecidas. 

Cuando ayer se estaba duchando en el hotel seguramente pensaría: ande yo caliente y ríase la gente o también ¡que me quiten lo bailao!

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


lunes, 12 de octubre de 2026

FERIA DE OTOÑO, 2026 (3). OREJISMO

La corrida nos reconcilió un poco con Adolfo Martín aunque no fuera ni de lejos como las que le otorgaron justa fama al principio. Dio una media de quinientos dieciocho kilos pero solo el segundo nos pareció justo de presencia aunque ya saben que la televisión engaña.

Destacó sobre todo el quinto que a pesar de la paliza que ordenó Ferrera en el caballo se vino arriba en el tercio de muerte. El segundo fue listo pero sin tener maldad y el cuarto enganchó a Román porque no se fijó bien en que el pitón derecho podía darle problemas como así fue. Terminó poniéndose farruco al no sentirse toreado. El sexto fue boyante, de triunfo gordo.



FERRERA. Su primero era un cárdeno oscuro, cornalón, cornivuelto y rabicorto, que vino picado del campo. Las fotos son del maestro Moore:



Nada reseñable en varas y capas al cielo porque se derrumbaba. Iván García clavó pasado, en su línea habitual siempre tan aplaudida:



Y el toro en la suya de rebrincarse con el viaje cortísimo por su poca fuerza. Ferrera se dedicó a dar cuatro o cinco pasos hacia atrás para quitarse de ahí ya que el toro se le quedaba debajo. Nada.

Pinchazo malo y estocada caída, todo con telonazo. Muerte del toro en el tercio saliéndose hacia fuera, lo único bueno que hizo.

Su segundo era un cárdeno oscuro, con morrillo y cuello además de cornipaso mas solo del cuerno izquierdo:



Se dejó pegar con sosería recibiendo una carioca y al segundo puyazo ya no quería ir.

Era un toro soso, que blandeaba e iba a regañadientes pegando unos pequeños arreones que hacían que Ferrera no se fiase del todo. Pero a base de insistir tuvo el premio de que el toro perdiera fuelle y se parase con lo cual le pudo sacar pases sin la ayuda, tanto con la derecha como con la izquierda, que fueron muy jaleados. Estamos seguros de que en provincias ni de broma insiste sino que se lo quita de en medio con celeridad.



Repitió aquella estocada al paso que había recetado a uno de Zalduendo en 2019 y que ensayó por primera vez en Olivenza como pueden recordar aquí. En este caso no culminó la caminata porque se le vino el toro y lo recibió sin que el estoque quedase en mal sitio. Oreja... discreta.




El quinto era un cárdeno nevado, bragado, meano, axiblanco, badanudo y muy bien encornado:



Cobró duro en el primer puyazo aunque no trasero pero se veía que el pobre animal no podía mover el equipánzer. Más cera en el segundo ya que no olviden que quien manda aquí es Ferrera. Por supuesto que montó su numerito de gesticular al piquero cuando ya había cumplido sus sangrientas órdenes. Por lo menos lo puso una tercera vez de largo:



Bien Otero aunque lo hayamos visto mucho mejor otras veces. No obstante, pasó la mano por la cara tanto a Iván García como a Fernando Sánchez y eso ellos lo saben. Bah, le dirán que es tonto al arriesgar para hacer las cosas bien cuando los isidros lo aplauden todo:



El toro a pesar de la zurra en el caballo se había venido arriba en banderillas. Tenía fuelle, no era un adolfo degenerado y podía subirse a las barbas de cualquiera.



En un calco de la faena anterior dejó de andar para atrás y cuando se paró el toro fue tragando, aunque nunca se fio de echar la pierna adelante ya que le hubiese podido pinchar. Y cogiendo siempre el palillo por el extremo, que conste.



Tan calco fue que repitió la estocada al paso. Lo bueno es que el toro no le dejó porque se vino como un cohete y el extremeño lo recibió sin moverse dejando una estocada contraria. Tuvo mucho valor a nuestro entender porque hay que estar ahí para aguantar que se te venga ese toro desde tan lejos, con tanta fuerza y que no le pegues un sartenazo de cualquier manera saliéndote. Esplá era partidario de recibir a una distancia de cinco o seis metros pero nunca a quince como hizo Ferrera. Oreja y en hombros.




ROMÁN. Su primero era un cárdeno oscuro, blando de manos, que se tapaba por la cara:



Poca cosa en el caballo porque quería pero no podía. Se dejó el pitón izquierdo como una alcachofa y seguro que más de uno de ustedes se acordó de Justo Hernández:



Muy mal Escorial con los palos antes de que viésemos que el toro metía muy bien la cabeza pero miraba y sabía siempre dónde estaba el muñeco.

Tenía un cierto peligro cuando recortaba el viaje pero Román insistió y aguantó las coladas viendo que era un toro ideal para él en Madrid.



Entró con fe a matar pero la estocada se fue al lomo y hubo de conformarse con dar una vuelta al ruedo que muchos protestaron.

Su segundo era un cárdeno oscuro, acapachado y acarnerado, con ese lunar que ven:



Sufrió un enloquecido metisaca trasero en las dos entradas. En el segundo tercio empezó a apretar para adentro. A Fernando Sánchez le pegaron una ovación por este par. Pongamos que hablo de Madrid:



Había que bajarle la mano porque si no él subía los humos y a pesar de que por el derecho hizo un extraño, Román sacó la faena hotelera.

En el callejón Escorial intentaba quitar hierro para que estuviese sereno porque el toro tenía cierta guasa. El maestro mantuvo la mano baja y eso fue castigando al de Adolfo.



Como era previsible terminó echándole mano por el pitón derecho, cosa que quizás hubiese evitado si se hubiera olvidado del hotel. Ya ven por dónde le caía la sangre que le hizo el de la banda del castoreño:



Se puso al natural pero a esas alturas el toro rebañaba dado que tenía el viaje ya muy cortito, se repuchaba y escarbaba. Además por ese lado no iba nada toreado y se vino arriba.

El valenciano conoce muy bien esta plaza y sabe que una cogida te puede llevar a la enfermería o a poner de tu parte a un público tan sentimental, de manera que insistió viendo que podía cortar la oreja.

El toro había apretado para adentro siempre y a pesar de ello se perfiló en la suerte natural. Vean la reacción del animal. Estocada honda, caída y atravesada y oreja:




El sexto era un cárdeno rabicorto, cornialto y cornilevantado, con unas leves salpicaduras:



Esta vez no cometió el error hotelero sino que se echó la muleta a la izquierda pero también echó la pierna atrás y fue justamente recriminado con pitos. Este que ven es un primer muletazo y ahí sí que enseñaba el muslo pero luego venía lo de la imagen siguiente:




La embestida no tenía pimienta y era de esa nobleza boyante que saca lo de Albaserrada en las grandes ocasiones. Román estuvo claramente por debajo de la calidad del de Adolfo.  



Casi entera muy trasera y pegando ese saltito que ha cogido como vicio y que antes no pegaba. Descabello, oreja barata para nuestro gusto y en hombros:



Oiga, y tras ver esos dos adolfos que sacaron casta y pidieron carnets, ¿que vamos a esperar de lo de hoy? Eso sí, casquería puede que haya la misma o más.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.