lunes, 19 de octubre de 2026

CARA Y CRUZ DE MORANTE

Los amigos del Club Taurino de Pamplona nos pidieron un artículo para su revista que como saben se publica cada año una semana antes de las fiestas.

El tema era Morante porque cuando se planteó, el maestro tendría que haber estado retirado definitivamente pero ya sabemos cómo derivaron las cosas posteriormente.

Les dejamos con nuestro texto y al final les facilitamos la manera de conseguir la revista completa para leer el resto de colaboraciones.


CARA Y CRUZ DE MORANTE

Morante ha sentado cátedra en tres suertes de la Tauromaquia según nuestra modesta opinión. Nos referimos a la verónica, las banderillas y la estocada.

Las banderillas no las comentaremos en este texto ya que se ha prodigado muy poco, a pesar de que cuando lo ha hecho ha estado a la altura de cualquiera de los mejores. 

Tengan en cuenta que la verónica y la estocada, junto al natural, son las tres suertes más difíciles del arte de torear. El problema es que en las dos primeras el maestro no ha sido regular y desafortunadamente nos ha mostrado siempre la cara y la cruz. 

Ha toreado a la verónica de manera excelente en unas ocasiones y bastante tramposa en otras. Ha ejecutado estocadas magistrales dignas de cualquier as de espadas pero a la vez ha castigado al tendido con sainetes a paso de banderillas que hubiera firmado cualquier miedoso pinchaúvas de tres al cuarto. Vamos a comentar ambas circunstancias.



En las verónicas se trata de ganar terreno al toro, no de llevarlo en línea. Los maestros antiguos, como Rafael Ortega, presumían de haber rematado una tanda de verónicas en la boca de riego después de haber comenzado en tablas. Así lo hizo el de San Fernando una tarde en Barcelona y dio la vuelta al ruedo antes de salir los picadores. 

La forma de ganarlo sería ir cargando la suerte con la pierna que corresponde al cuerno del toro por el cual se está ejecutando este lance. Con cuatro verónicas realizadas así, el torero habría ganado unos tres metros y medio al toro hacia afuera. Esto lo ha hecho Morante muchas veces, cuando se encontraba confiado y a gusto frente a su enemigo.



Lamentablemente en otras muchas lo que le hemos visto hacer es echar la pierna interna atrás. De esa manera se compone muy bien la figura para la foto pero no se gana ni un metro al toro. Se lancea así o porque el diestro no se confía ante un toro que le causa cierta preocupación o, simplemente, porque pretende arriesgar menos.

Lo pueden comprobar ustedes mismo si se ponen a torear de salón a la verónica. Se darán cuenta de que no hay comparación: una cosa es ponerse recto esperando el toro y echar atrás la pierna interna de manera tramposa justo antes del embroque; otra, muy diferente y muy meritoria, es mantener esa pierna interna quieta y dar hacia afuera un ligero paso con la externa. En ese momento enseñas el muslo al animal y ahí radica la clave. Si no tienes valor y confianza, esa pierna no se avanza para cargar la suerte invadiendo el camino por donde viene el toro. Es más socorrido echar la pierna atrás.

Echando la pierna atrás no se gana terreno sino que se lancea en línea. Si se gana es porque se dan pasitos hacia afuera cuando el toro se está dando la vuelta, no cuando debería ser, que es toreando.

Esta circunstancia de veroniquear echando la pierna atrás se repite en muchísimos toreros y habría que hablarlo con ellos enseñándoles un vídeo. La pregunta que les haríamos es si son conscientes de la coincidencia de que escondan la pierna derecha cuando la que tienen que enseñar es la izquierda y, en cambio, se les vea más confiados cuando la que enseñan es la derecha. Podría estar relacionado con que sean diestros y no zurdos. Un experto en lateralidad y su relación con los hemisferios cerebrales nos podría orientar. 




Desafortunadamente los aficionados no suelen mirar las piernas de los toreros, que es una de las cosas más interesantes en que fijarse durante una corrida, como decía Corrochano (recuerden esta crónica). El propio Morante sabe perfectamente de qué hablamos cuando le criticamos ese paso atrás al lancear.

En una demostración práctica ante unos amigos, él mismo lo censuraba, igual que nosotros. Decía: 

'Lo importante es que cuando se va a echar el vuelo del capote uno ya se quede colocado. Hay veces en que hacemos, yo incluso... cuando uno no se fía tanto (...) damos un paso hacia atrás y eso no está bien hecho'

Lo pueden recordar pulsando aquí y verán el vídeo. Han quedado claras la cara y la cruz de Morante cuando veroniquea, ¿verdad? Pues vamos con la estocada. 

No nos duele ninguna prenda en reconocer que Morante ha sido el torero de arte que mejor ha llevado a cabo la suerte suprema en la historia. Es que incluso ha sido mejor estoqueador que otros grandes maestros encuadrados en el ámbito de los lidiadores. Indiscutiblemente lo consideramos un matador muchísimo más puro que Gallito, Lalanda o El Viti y perfectamente a la altura de Rafael Ortega, Camino o, actualmente, Roca Rey.



Le hemos visto estocadas sensacionales donde ha cumplido a pedir de boca los aspectos esenciales de la suerte de la ley, como la denominaban en el siglo XIX. Son los siguientes,  aunque todo esto a sus partidarios les da igual:

- Perfilarse a la distancia adecuada, esto es, ni muy lejos ni muy cerca. ¿Para qué hay que perfilarse? Pues para salir limpio por el costillar. Todos esos que no cruzan y que se quedan en la cara podrían arrancar de frente. Ni que decir tiene que uno debe armarse entre ambos cuernos y no fuera de la suerte.

- Liar correctamente la muleta. Se hace para no arrastrar la tela al avanzar y evitar tropezar o que el toro te la pise. Está claro que los que pegan el telonazo no tendrían por qué liarla. Lo hacen por tradición ya que la llevan alta, con el palillo horizontal, solo preocupados por esconderse tras ella cuando inician la suerte.

- La mano de la espada debe estar debajo de la barbilla, encima del pecho. Paquiro decía 'delante del medio del pecho' y Ortega, 'encima de la tetilla izquierda'. No aceptaremos de ninguna manera estirar el brazo para pegar la puñalada como puso de moda Tomás Campuzano en su día y hoy imitan tantos.




- Descubrir la muerte con el brazo izquierdo apuntando con firmeza y valentía al morro del toro, poniendo el estaquillador vertical y haciendo que vaya la punta de la muleta entre las pezuñas. No puede ser girarlo en horizontal en el último momento para pegar el telonazo y dejar ciego al toro.

- Avanzar lo más lentamente posible, arrastrando los pies. Nada de entrar a la carrera.

- No estirar el brazo de la espada al ir a clavar sino mantenerlo flexionado y en la misma dirección que el torso. Estirarlo alejándolo del cuerpo es una trampa. Lo mismo que alargarlo para clavar antes del embroque. Que lo hiciera Gallito no exime de culpa a todos los que se alivian de esa manera, incluido él.

- En ese momento se hace la cruz con ambos brazos y tras clavar, se sale por el costillar. La mano izquierda 'te la debe coger el toro con la boca y llenártela de baba', como afirmaba Rafael Ortega.

- No saltar en el embroque. Un maestro en Tauromaquia no tiene que saltar nunca, bajo ninguna circunstancia, ya que estamos ante un torero y no un saltimbanqui.

Pinchar en buen sitio tras hacer la suerte cumpliendo las condiciones que hemos relatado no sólo no merece censura sino que debería aplaudirse. Habrán visto que no hemos hablado de igualar el toro, ¿verdad? Es que si el toro está bien toreado, se cuadra él solo ya que te pide la muerte. Recuerden que lo explicábamos aquí.

Pues ejecutando estos ocho puntos que acaban de leer nos ha deleitado muchas veces Morante regalándonos estocadas espléndidas. Un ejemplo fue la que recetó al segundo de Garcigrande en su presunta despedida madrileña del año pasado o la del juampedro en la corrida de la Prensa. También la del rabo de Sevilla. 



Todo esto que hemos relatado es la cara pero en no pocas ocasiones se ha dedicado a dar pena clavando a paso de banderillas de manera tan desvergonzada para el tendido como deshonrosa para un torero. Demostraba un miedo indisimulable que no cuadraba con el valor que siempre exhibió cuando estoqueaba bien.

Alguno de ustedes dirá que esos toros que para él eran malos no merecían que se los matase bien. Pues ya nos disculparán pero esa es una opinión de mal aficionado. El toro, y más aún ese aficionado que ha pagado su entrada, merece siempre que la suerte suprema se ejecute con pureza. Además es una suerte que está en la mano y en la voluntad del diestro, solamente depende de él. 

¿Por qué se ha escaqueado Morante tantas veces de su obligación como matador cuando lo ha sido magnífico? No nos entra en la cabeza y no se lo perdonaremos nunca.



Lo vimos en la última corrida del 12 de octubre en Madrid cuando su primer toro no le gustó y lo asesinó escupiéndose con gran desfachatez:



Cara y cruz, como decíamos en el titular. Un maestro a la altura de los mejores de la historia de la Tauromaquia tanto en la ejecución de la verónica como de la estocada pero, a la vez, un diestro sin vergüenza a la hora de buscar ratimagos para dar gato por liebre a la afición.

Felipe Benítez Reyes, gran admirador de Paula, decía algo que puede aplicarse a Morante:

'sólo el genio tiene derecho a no serlo; sólo el genio puede ser la sombra patética de sí mismo sin dejar de ser quien es porque esa sombra patética es también protagonista principal de la trama'

Pues no tenemos más remedio que discrepar con el escritor gaditano. Un torero es sobre el papel algo muy grande y jamás debería convertirse en una sombra patética de sí mismo.

Eso es precisamente lo que ha hecho Morante en más de una ocasión especialmente a la hora de la estocada. Si veía oportunidad de triunfo mataba de forma excelente pero cuando el toro no le había gustado, daba la impresión de que quería castigarlo asesinándolo. Pedir al maestro que matase tan bien como sabía a todos los toros fue como mendigar en casa del pobre. Insistimos en que no se lo perdonamos por muy genio que sea.

Hasta aquí nuestro artículo al cual hemos añadido para ustedes estos últimos tres párrafos. 

Si desean leer la revista cuyo índice adjuntamos más abajo pueden enviar un mail a ctaupamplona@gmail.com y la recibirán gratuitamente en archivo pdf. Les recomendamos que mejor lo hagan por WhatsApp porque pesa bastante y así será más agil.  La piden de parte de Rafa escribiendo a este número: 636620244.

Por cierto, pensábamos que tratándose de Morante todos los artículos de la revista excepto el nuestro tendrían olor a incienso pero encontrarán otro que también se sale de la línea turiferaria. Es de un selecto seguidor de nuestro modesto blog y se titula 'La coartada del arte'. Excelente, ya verán. 

Los feligreses del diestro, mejor que se abstengan. Pero para que no se enfaden los podemos poner en contacto con otro amigo del blog a quien vimos hace poco ataviado con esta camiseta de abajo. Les podrá proporcionar otra de su talla y también gorras, llaveros, chapas e insignias:



Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa. 




martes, 13 de octubre de 2026

FERIA DE OTOÑO, 2026 (y 4). ANDE YO CALIENTE...

Lo primero que llamó la atención fue la división de opiniones en el tendido entre los que querían hacer salir a saludar a Morante y los que protestaban, seguramente por haber eclipsado a Robleño el año pasado. La cuestión es que el cigarrero se quedó en el callejón. Ahí lo tienen con esa sucia costumbre de morder el capote que repiten todos a pesar de las quejas de Antonio Bienvenida, Paco Frascuelo, Díaz-Cañabate, Joaquín Vidal y las nuestras, que plasmábamos aquí. Parece mentira en él tan preocupado por otras cosas de la liturgia taurina:



Trajín de toros arriba y abajo en la víspera. El encierro terminó dando una media de 566 kilos. Su juego fue el siguiente: los de Garcigrande, noble y repetidor el primero, sin vida el segundo e inválido y tontorrón el tercero; los de Cuvillo, noblón y bobalicón el primero, terciado y repetidor el segundo y sin sal y aburrido el tercero. Hubo lleno:




MORANTE. Vino vestido de un verde grisáceo y oro, el mismo terno que llevó Gallito en su célebre encerrona con los toros de Martínez. Su primero era de Garcigrande, negro listón, cornilevantado, sin cuello, bajo de agujas, gordo y con pelota:



En el saludo con la capa le pegó una media rodilla en tierra que para el toro fue como un puyazo porque debieron de crujirle todas las vértebras. 

El picador lo pinchó en el lomo y el animal se dedicó a cabecear suponemos que notando el dolor. En el segundo huyó al hierro. Lo puso una tercera vez de manera absurda porque lo dejó ahí debajo y Rivas le echó el caballo encima pasando la raya como ven, total para señalar:



Observen cómo arriesgó Amores sin que lo aplaudiese nadie ni los televisivos comentasen nada, ¡y eso que Encabo fue torero banderillero! Al final gustarán más las banderillas a toro pasado de los subalternos figurones que los pares asomándose al balcón:



El torete estaba asfixiado y se quedaba corto y parado. El gesto de Morante era de desagrado porque la faena se desarrollaba como si estuviésemos en un cementerio. Nada.



Por lo menos esperábamos una estocada marca de la casa dado que eso no depende del toro sino del maestro pero aquí lo que hizo fue alargar el brazo cruzando a paso de banderillas. Muy mal, un insulto para los aficionados:



El cuarto era de Cuvillo, este castaño, bociblanco, bragado, listón, muy albardado, bien encornado y que fue protestado justamente por su apariencia anovillada. Como nunca se cayó, los protestantes tuvieron que comérselo con patatas:



Puyazo trasero del piquero y musical del toro. En el segundo no quiere y cuando va se repucha, llevándose dos agujeros por el precio de uno.

El torete sacó buen tranco en el segundo tercio. No quiso quebrantarlo y le hizo un inicio por ayudados rematados altísimos. Luego se puso demasiado cerca y se notaba al toro ahogado y a él agobiado. Cuando le dio más sitio respondió mejor pero con el maestro siempre colocado en la pala del pitón.



De esa guisa sacó unos naturales muy templados a toro aplomado. Se oía la zaragata en los tendidos sin que les podamos aclarar qué estaba pasando. Nos dio la impresión de que los oles redoblaban su intensidad, incluso en pases enganchados, solamente para fastidiar a los descontentos:



Metisaca bajo, del que más de dos se alegraron, y esta media trasera, caída y atravesada saliéndose de la suerte con similar descaro que en su primero:




HÉCTOR GUTIÉRREZ. Su primero era de Cuvillo, este negro listón, zarco, un poco chorreado y con la encornadura que piden hoy los taurinos, o sea, con perfil, que abra pero que vaya cerrando hacia arriba. Parecía ir descoordinado de manos cuando embestía:



El hombre que mató a Cigarrero prefirió apretar lo mínimo y darle al túrmix lo cual, siendo una vergüenza, es de agradecer porque con la corpulencia que tiene es capaz de partir un toro por la mitad. En el segundo, picotazo.

Buena brega de Gallego, de terciopelo, enseñando que el torito si duraba era de oreja. Vean cómo se venía:



El mexicano corrió la mano con pinturería pero movió los pies hacia el fuera de cacho. Eso que ven abajo lo hacen muchos y aunque corren la mano mucho peor que Gutiérrez, los ovacionan. En cambio su faena, sin enganchones, transcurrió sumergida en una indiferencia gélida.



Pegó el telonazo para dejar una estocada desprendida pero no trasera, como suele ser habitual en los que entran con la mano alta, recuerden lo que explicábamos aquí:



El quinto era de Garcigrande, este negro listón, feo por no tener cuello y por estar acochinado. Se llamaba Treinta y Tres y no creemos que fuese como aquel semental Treinta y Cuatro de Juan Pedro Domecq y Díez que se llamaba así porque su madre había tomado treinta y tres puyazos en la tienta de Parladé:



Se fue al relance al caballo pero tras el topetazo se soltó sin pelear y salió con el pitón derecho astillado contra el peto. Se habla de un problema de alimentación en lo de Hernández que provoca esos estropicios en las puntas. Segundo del que huye y clarines prácticamente sin picar.



Valladar antes tenía mucha más vergüenza torera pero recientemente se ha tirado a la vida fácil viendo que en la primera plaza del mundo lo que aplauden es clavar a toro pasado como este par que dejó él ayer. Puesto que el vulgo es necio, es justo clavar así para darle gusto:



A pesar del poco castigo en varas, si se le bajaba la mano se derrumbaba ya que probablemente no podía con su exceso de kilos. Poca cosa. Estocada caída.




AARÓN PALACIO. El de la confirmación era de Garcigrande, un negro mulato, listón, zarco, cornilevantado y muy bajito de agujas:



Tras unas verónicas todas de paso atrás tomó un puyazo extraño, metiendo el riñón de inicio pero luego cabeceando y yéndose. En el segundo Benítez lo pinchó en el lomo y salió claudicando.

En el único pase por bajo que pegó en la primera tanda el toro besó el suelo. Era de los garcigrandes repetidores a los que el diestro puede torear bastante relajado porque no tienen en la cabeza nada más que la tela.



Palacio picó bastante como se ve y se embarulló por momentos pero hizo algún tío vivo que firmaría cualquiera de las figuras del belén. El público estaba loco por aplaudir.



Se equivoca entrando en la suerte contraria y pincha; cambia a la natural y vuelve a pinchar por dos veces. Al final dejó una tendida pasada, pegando un saltito pero sin telonazo. Observen que el palillo está vertical y no horizontal:



El último era de Cuvillo, un negro listón, astiblanco, con pitones de diseño, regordío, llorón, acarnerado, con poco cuello y poco rabo. Lo recibió de rodillas en tablas con tres faroles en ambiente de velatorio:



Al relance metió el riñón y empujó con un pitón como ven mientras Quinta se volvía loco barrenando y carioqueando. Luego hablan de los picadores de dinastía, como si eso garantizase algo para el sufrido aficionado:



En el segundo el toro quiso empujar pero de nuevo este comandante de la banda del castoreño le tapó la salida y le zurró la badana. Qué asco...

El toro llevaba la boca cerrada, embestía pronto e incansable al principio pero le faltaba sal. Palacio pegó pases y aunque no nos parecieron peores que los que pegan otros con muchos más años de alternativa, escuchó pitos.



Estocada caída, con saltito pero sin telonazo. Lo que debiera ser normal se convierte en noticia y por eso tenemos que destacarlo. Posterior rueda de peones:



Seguramente Morante pensaría al acabar que erró al no dar por buena su despedida de justo hace un año. Recuerden aquí que nosotros titulábamos aquella crónica poniendo un adiós entre interrogantes porque lo veíamos venir.

Si después fue el portugués quien lo convenció es irrelevante pero la cuestión es que la tarde de ayer se saldó de manera gris para el maestro.

Nadie sabe qué hará el año que viene probablemente ni siquiera él mismo. No obstante, que se encuentre hoy con un mal sabor de boca queda compensado por todo el dinero que ha ingresado este año y por las alabanzas que ha ido recibiendo de tirios y troyanos, tanto merecidas como inmerecidas. 

Cuando ayer se estaba duchando en el hotel seguramente pensaría: ande yo caliente y ríase la gente o también ¡que me quiten lo bailao!

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


lunes, 12 de octubre de 2026

FERIA DE OTOÑO, 2026 (3). OREJISMO

La corrida nos reconcilió un poco con Adolfo Martín aunque no fuera ni de lejos como las que le otorgaron justa fama al principio. Dio una media de quinientos dieciocho kilos pero solo el segundo nos pareció justo de presencia aunque ya saben que la televisión engaña.

Destacó sobre todo el quinto que a pesar de la paliza que ordenó Ferrera en el caballo se vino arriba en el tercio de muerte. El segundo fue listo pero sin tener maldad y el cuarto enganchó a Román porque no se fijó bien en que el pitón derecho podía darle problemas como así fue. Terminó poniéndose farruco al no sentirse toreado. El sexto fue boyante, de triunfo gordo.



FERRERA. Su primero era un cárdeno oscuro, cornalón, cornivuelto y rabicorto, que vino picado del campo. Las fotos son del maestro Moore:



Nada reseñable en varas y capas al cielo porque se derrumbaba. Iván García clavó pasado, en su línea habitual siempre tan aplaudida:



Y el toro en la suya de rebrincarse con el viaje cortísimo por su poca fuerza. Ferrera se dedicó a dar cuatro o cinco pasos hacia atrás para quitarse de ahí ya que el toro se le quedaba debajo. Nada.

Pinchazo malo y estocada caída, todo con telonazo. Muerte del toro en el tercio saliéndose hacia fuera, lo único bueno que hizo.

Su segundo era un cárdeno oscuro, con morrillo y cuello además de cornipaso mas solo del cuerno izquierdo:



Se dejó pegar con sosería recibiendo una carioca y al segundo puyazo ya no quería ir.

Era un toro soso, que blandeaba e iba a regañadientes pegando unos pequeños arreones que hacían que Ferrera no se fiase del todo. Pero a base de insistir tuvo el premio de que el toro perdiera fuelle y se parase con lo cual le pudo sacar pases sin la ayuda, tanto con la derecha como con la izquierda, que fueron muy jaleados. Estamos seguros de que en provincias ni de broma insiste sino que se lo quita de en medio con celeridad.



Repitió aquella estocada al paso que había recetado a uno de Zalduendo en 2019 y que ensayó por primera vez en Olivenza como pueden recordar aquí. En este caso no culminó la caminata porque se le vino el toro y lo recibió sin que el estoque quedase en mal sitio. Oreja... discreta.




El quinto era un cárdeno nevado, bragado, meano, axiblanco, badanudo y muy bien encornado:



Cobró duro en el primer puyazo aunque no trasero pero se veía que el pobre animal no podía mover el equipánzer. Más cera en el segundo ya que no olviden que quien manda aquí es Ferrera. Por supuesto que montó su numerito de gesticular al piquero cuando ya había cumplido sus sangrientas órdenes. Por lo menos lo puso una tercera vez de largo:



Bien Otero aunque lo hayamos visto mucho mejor otras veces. No obstante, pasó la mano por la cara tanto a Iván García como a Fernando Sánchez y eso ellos lo saben. Bah, le dirán que es tonto al arriesgar para hacer las cosas bien cuando los isidros lo aplauden todo:



El toro a pesar de la zurra en el caballo se había venido arriba en banderillas. Tenía fuelle, no era un adolfo degenerado y podía subirse a las barbas de cualquiera.



En un calco de la faena anterior dejó de andar para atrás y cuando se paró el toro fue tragando, aunque nunca se fio de echar la pierna adelante ya que le hubiese podido pinchar. Y cogiendo siempre el palillo por el extremo, que conste.



Tan calco fue que repitió la estocada al paso. Lo bueno es que el toro no le dejó porque se vino como un cohete y el extremeño lo recibió sin moverse dejando una estocada contraria. Tuvo mucho valor a nuestro entender porque hay que estar ahí para aguantar que se te venga ese toro desde tan lejos, con tanta fuerza y que no le pegues un sartenazo de cualquier manera saliéndote. Esplá era partidario de recibir a una distancia de cinco o seis metros pero nunca a quince como hizo Ferrera. Oreja y en hombros.




ROMÁN. Su primero era un cárdeno oscuro, blando de manos, que se tapaba por la cara:



Poca cosa en el caballo porque quería pero no podía. Se dejó el pitón izquierdo como una alcachofa y seguro que más de uno de ustedes se acordó de Justo Hernández:



Muy mal Escorial con los palos antes de que viésemos que el toro metía muy bien la cabeza pero miraba y sabía siempre dónde estaba el muñeco.

Tenía un cierto peligro cuando recortaba el viaje pero Román insistió y aguantó las coladas viendo que era un toro ideal para él en Madrid.



Entró con fe a matar pero la estocada se fue al lomo y hubo de conformarse con dar una vuelta al ruedo que muchos protestaron.

Su segundo era un cárdeno oscuro, acapachado y acarnerado, con ese lunar que ven:



Sufrió un enloquecido metisaca trasero en las dos entradas. En el segundo tercio empezó a apretar para adentro. A Fernando Sánchez le pegaron una ovación por este par. Pongamos que hablo de Madrid:



Había que bajarle la mano porque si no él subía los humos y a pesar de que por el derecho hizo un extraño, Román sacó la faena hotelera.

En el callejón Escorial intentaba quitar hierro para que estuviese sereno porque el toro tenía cierta guasa. El maestro mantuvo la mano baja y eso fue castigando al de Adolfo.



Como era previsible terminó echándole mano por el pitón derecho, cosa que quizás hubiese evitado si se hubiera olvidado del hotel. Ya ven por dónde le caía la sangre que le hizo el de la banda del castoreño:



Se puso al natural pero a esas alturas el toro rebañaba dado que tenía el viaje ya muy cortito, se repuchaba y escarbaba. Además por ese lado no iba nada toreado y se vino arriba.

El valenciano conoce muy bien esta plaza y sabe que una cogida te puede llevar a la enfermería o a poner de tu parte a un público tan sentimental, de manera que insistió viendo que podía cortar la oreja.

El toro había apretado para adentro siempre y a pesar de ello se perfiló en la suerte natural. Vean la reacción del animal. Estocada honda, caída y atravesada y oreja:




El sexto era un cárdeno rabicorto, cornialto y cornilevantado, con unas leves salpicaduras:



Esta vez no cometió el error hotelero sino que se echó la muleta a la izquierda pero también echó la pierna atrás y fue justamente recriminado con pitos. Este que ven es un primer muletazo y ahí sí que enseñaba el muslo pero luego venía lo de la imagen siguiente:




La embestida no tenía pimienta y era de esa nobleza boyante que saca lo de Albaserrada en las grandes ocasiones. Román estuvo claramente por debajo de la calidad del de Adolfo.  



Casi entera muy trasera y pegando ese saltito que ha cogido como vicio y que antes no pegaba. Descabello, oreja barata para nuestro gusto y en hombros:



Oiga, y tras ver esos dos adolfos que sacaron casta y pidieron carnets, ¿que vamos a esperar de lo de hoy? Eso sí, casquería puede que haya la misma o más.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.