Al salir de la plaza sorprendíamos a la señora Lipperheide felicitando con señorío al señor Gamazo. Cuando terminaban de hablar abordábamos a ambos. El resumen del diálogo con la hija de Doña Dolores es este:
- No la veo muy contenta...
- Nada, no estoy nada contenta. Me ha parecido fatal, ¡fatal!
- Hombre, el de Castaño no ha sido para nada un mal toro
- Bueno... puede ser... pero muy mal, todo muy mal...
Y de ahí no la sacábamos a pesar de recordarle el único toro de los tres suyos que medio resultó. Es este que ven:
Con Íñigo Gamazo íbamos hablando mientras nos interrumpían aficionados franceses y españoles para darle la enhorabuena:
- Parece que se va quitando la vitola de que El Raso sólo rinde en novilladas.
- Sí, menos mal porque todo el mundo repetía lo mismo. Aquí han salido tres toros buenos, que eran de oreja los tres.
- A mí el que más me ha gustado ha sido el cárdeno.
- Ese fue uno de los rechazados en la famosa novillada de Zaragoza.
- Ah, ¿si? El 33, no me acordaba (recuerden pulsando aquí aquella desagradable polémica).
- Sí... y me ha gustado mucho el de Montero. Para mí pudiera haber sido de pañuelo azul.
- Hombre, para mí no. Le ha faltado empujar más en el peto...
- Bueno, un poco, pero es que en todo lo demás ha sido muy completo, ¿eh? La verdad es que nos vamos muy satisfechos. Y me da la impresión de que si en lugar de salir los tres nuestros en primer lugar se alternan, puede que hubiera caído el pañuelo azul si ese segundo se lidia en quinto o sexto lugar.
El balance fue: aplausos para los tres de El Raso y aplausos, palmas y silencio para los de Aguirre. Los diestros estuvieron por debajo de los animales. El premio al mejor picador fue para Agudo, mayoral de El Raso.
El presidente estuvo impecable, haciendo oídos sordos a los que pedían casquería para el chiclanero. Además no cedió ante la tabarra que daban los toreros y les mandó los avisos correspondientes con gran puntualidad, así hasta un total de siete. Lo que antiguamente era un baldón para el maestro hoy se ha convertido en un deporte.
Por cierto, el señor Millán tiene a su disposición la sección de comentarios para aclararnos por qué las rayas se pintaron un poco más alejadas de la barrera tras la muerte del tercer toro de El Raso. Eso era hacer un favor a los tres que venían de Aguirre ya que permitiría a los picadores salir un poco más hacia afuera para llamar a los toros.
Hubo tres cuartos de entrada, con público muy festivo y especialmente cariñoso con Montero.
CASTAÑO. El primero de El Raso se llamaba Tafilete, que es un nombre de honor en la vacada, y era negro zaíno, gordo y astifino:
Pulsen aquí para ver su salida al ruedo y de paso comprobar las verónicas de paso claramente atrás de Castaño.
Muy mal el francés Aillet, cada día peor. Hizo varios agujeros diferentes, la mayoría traseros, con pelea vulgar del toro. Se dolió en banderillas y luego fue noble, con el viaje un poco rebrincado hasta que perdió fuelle. Lo mejor del maestro fue un par de naturales pero embarcando siempre con el pico y manteniéndose bastante despegado.
Estocada arriba, como pueden comprobar, perdiendo los avíos y con bella muerte del toro:
Su segundo era el de Aguirre, que se llamaba Cigarrero y era negro mate, bragado, meano, rabicano y con caja. Renqueó de la mano derecha desde que salió:
Buen galope de lejos en el primer tercio pero pelea discreta en el peto. Rubén Sánchez puso este buen par antes de capitanear una indignante rueda de peones al final:
El animal sacó casta en la muleta y Castaño decidió adecuadamente dejarlo respirar y darle distancia. A pesar de volver a pasárselo no muy cerca, el público estuvo con él aunque en conjunto nosotros lo vimos por debajo del toro.
Media muy atravesada por clavar casi a paso de banderillas más dos descabellos. Aquel Castaño que no sabía matar y que se tiraba inconscientemente encima del toro sigue sin saber matar pero ahora se alivia con un descaro indisimulado:
MONTERO. Se puso a diez metros de toriles para farolear de esta manera al toro recién salido. Era un negro zaíno de El Raso, bien encornado, astinegro, degollado y acarnerado. Observen en la primera imagen cómo se ha retorcido la columna vertebral del toro:
Juanan Agudo lo picó en buen sitio, sin barrenar pero dándole al túrmix en cuanto levantaba el palo. ¿Qué necesidad hay de perpetrar esa bajeza con un animal que has tenido en brazos cuando era un becerrillo? El toro medio empujó pero sólo en un puyazo.
Buenos pares de Candelas y de Tornay:
Era un torito pronto y con aquella gran humillación que había mostrado ya de salida, observen la imagen. Montero anduvo premioso, caminando más lentamente que Rafael de Paula, como si quisiera echar ciencia infusa a la faena, pero pases realmente buenos no vimos ni uno. Estuvo muy por debajo de la bondad del de Santa Coloma:

A final el toro embestía peor que al principio porque se había aburrido de que lo toreasen mal. Se equivoca por tres veces entrando con contumacia en la suerte contraria y pincha siempre. En cuanto cambia a la natural deja esta media arriba, con dos avisos y dos descabellos:

El de Aguirre era un toraco negro, chorreado en morcillo, apretado de cuernos, al cual estrellaron tres veces en los burladeros con mención especial a Candelas.
Al final se destrozó el pitón izquierdo del que incluso parecía salirle sangre como ven:
En el caballo lo mejor fue el primer puyazo donde a pesar de empujar con la cara alta se llevó el caballo hasta tablas y llegó a derribar. El picador es Réhabi, con quien la ADAC está muy molesta por haber cumplido las órdenes viles de Ferrera matando el toro en la pasada feria. El piquero francés tiene que saber que se debe más a los ceretanos, que son quienes lo imponen, antes que al sanguinario maestro:
Tras brindar a los amigos de 3Puyazos, se vio al vuelo que el animal no podía mover su tonelaje. En la primera tanda Montero se confió y al presentarse ahí delante descubierto, el toro se le fue al pecho sin consecuencias. A partir de ese momento el tal Burgalés ya se dio cuenta de que allí había un muñeco que movía las telas. De eso a considerarlo una alimaña como nos dijo algún buen aficionado al final creemos que media un abismo:
Menos mal que el toro estaba completamente aplomado porque si no, creemos que lo hubiera terminado cogiendo. Ante esa tesitura Montero optó por el arrimón que han visto. Estocada caída y perpendicular ejecutada totalmente a capón, con bella muerte del toro y vuelta al ruedo del torero un poco por su cuenta. Con decir que oyó algunas protestas del bondadoso público orthézien, no hay que añadir nada más:
CRISTIAN PÉREZ. Su primero de El Raso era un cárdeno oscuro, bragado y bien comido. Recordemos que fue uno de los rechazados en aquella novillada de Zaragoza como decíamos al principio.
Aquí pueden ver la secuencia de su salida al ruedo:
Dio buen juego en la suerte de varas entrando cuatro veces, de las cuales se vino en dos de ellas al galope desde muy largo.
Fue reseñable que empujó el caballo hasta las tablas en el primer puyazo y volvió a hacerlo en el tercero tras darse un descanso en el segundo:
Al principio se vio que el toro quería coger la tela con codicia pero a partir de la segunda tanda acusó a partes iguales tanto el esfuerzo en varas como los toscos pases de Pérez, quien es un diestro que luce en la pelea y no en la estética.
Se equivoca entrando en la suerte contraria y pincha sin soltar. Después clavó esta tendida en el lomo que ven abajo y que el animal no acusó. Por fin, una estocada que cayó arriba como pueden ustedes comprobar también. Ah, y dos avisos:
El sexto de Aguirre era un negro, bragado, meano, chorreado en morcillo, listón, rabicano y playero:
En el primer puyazo protagonizó un empuje de bravo metiendo el riñón pero en los otros dos no hizo nada.
Fue el único de los seis que abrió la boca y sacó la lengua. En la muleta, topón y desangelado de forma que Pérez no pudo hacer nada.
Estocada contraria con telonazo más descabello:
Creemos que el festejo resultó entretenido. Si era un desafío, la victoria se la llevaron los Gamazo pero insistimos en que al menos uno de los de Aguirre, el de Castaño, estuvo a la altura.
Vimos aficionados españoles de muchos sitios pero la noticia es que había franceses de Vic-Fezensac, Burdeos, Toulouse, París, Céret... Lo decimos porque a cincuenta kilómetros de Orthez se lidiaba una corrida de Victorino en Mont-de-Marsan y los cabales prefirieron venir aquí.
Se acabó la suerte de varas por este año ya que en ninguno de los sitios que quedan se va a poder ver tres entradas al caballo ni por equivocación. No va a haber ninguna preocupación por el primer tercio ni en Bilbao, ni en Tafalla, ni en Cenicientos, ni en Calasparra, ni en Villaseca, ni en Peralta ni, por supuesto, en Madrid. Qué pena ¿y qué vergüenza?
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa. Y muchas gracias a Martín por su aportación.
