viernes, 20 de febrero de 2026

OPINIONES DE ALGUNOS ABONADOS SOBRE EL ESTADO DE SALUD DE LAS VENTAS

En la entrada anterior Joaquín Vidal nos hablaba de la temporada en ciernes. Para acabar de diseccionar el estado de la afición en la que se suele denominar primera plaza del mundo, les apuntaremos algunas opiniones de abonados a la misma. Son aficionados que unen a su condición de paganos la de selectos lectores de nuestro insignificante cuadernillo.

Aquí tienen una muestra que hemos rescatado de comentarios que gentilmente nos han ido enviando. Sus diferentes autores seguro que recuerdan sus palabras. Los que no acudimos habitualmente a Madrid siempre agradecemos que nos cuenten estas situaciones vividas desde dentro:


               


- Sobre los aficionados de aluvión:

'Digamos que la progresiva desaparición, o al menos el adelgazamiento de la masa de aficionados, debida en parte a un cambio generacional, ha ido acompañada por que desde hace años, en Madrid, está de moda ir a los toros. Eso, en sí, es una buena noticia. Pero con ello aparece un sinfín de dificultades. Llegan a la plaza oleadas de espectadores que van por primera vez, sin llegar de la mano de nadie, ni de padres, ni de abuelos... Además, son urbanitas sin conexión alguna con el campo, para ellos todos los toros son iguales. Llevan a la plaza la euforia de otras aficiones y con ella la necesidad de ver cosas extraordinarias de manera inmediata. Tiene que haber triunfos, nadie quiere empates a cero. No están dispuestos a esperar pacientemente la revelación del toreo, la aparición de un Antoñete, por ejemplo. Son los que gritan enfervorizados cuando la espada se entierra en lo negro, aunque sea en el costillar. Esto no tendría importancia si no fueran tan numerosos, si la plaza estuviera más equilibrada'.



- Sobre el contagio:

'Mucho público del más asiduo y también mucho buen aficionado, sobre todo joven, se está contagiando de maneras un poco extrataurinas, si se puede decir así. Me explico: detecto en buenos aficionados el ansia de asistir a corridas históricas, como las que oyen relatar a sus mayores (que si Bienvenida, que si Camino, que si El Viti…). De ahí, por ejemplo, el empeño en convertir a Morante en un superhéroe sea como sea. Otros están obsesionados por la defensa de la fiesta, por asegurar que perdure, y prefieren verla desnaturalizada (cierran los ojos) a ver las plazas vaciarse. Así que bienvenido todo el que ocupe una localidad y dejemos que se diviertan'. 



- Sobre el triunfalismo barato:

'El ambiente en Las Ventas es guerracivilista y cualquier cosa hace que se desate el manicomio. Suele verse el pedir orejas para fastidiar a un sector muy concreto de la plaza o también para acusarles de que un torero ha sido cogido por culpa de sus protestas. Se les acusa de tener dos varas de medir y de protestar de manera desaforada o cuando no toca.

'En fin, que así está la cosa y así el nivel de exigencia. Público clavelero y de aluvión contra un sector otrora crítico y docto, que ahora más bien parecen hooligans. Si a esto sumamos la llegada de jóvenes etílicos que deben de pensar que el Cossío es una marca de camisas de lino o de mocasines, el resultado es que la plaza se ha convertido en un frenopático. Da la sensación de que va a la deriva entre la lluvia de casquería y las broncas futboleras.

'Madrid siempre ha sido dura y muy exigente pero lo era de forma coherente y, sobre todo, entendida. Yo recuerdo de pequeño callar y escuchar, aprendiendo mucho en el proceso, porque de verdad había gente que sabía. Estos, o se han ido porque la vida pasa, o los han echado de la plaza. La deriva actual de triunfalismo barato, figuras de mazapán y toros borreguiles, tampoco ayuda'.



- Sobre los protestantes más jóvenes:

'Queda una afición cabal todavía numerosa repartida por los tendidos. Muchos están en el siete, claro, pero no únicamente. Ni siquiera el siete es uniforme ni está ya ocupado enteramente por la Asociación El Toro de Madrid. Una parte de la afición cabal reacciona con vehemencia a lo que ve, como siempre se ha hecho. Y dentro de esa afición, una parte pequeña, en general muy joven, está alteradísima y lo expresa con mucha vehemencia. Tienen razón a veces en el fondo pero la pierden en parte por las formas y por los momentos que eligen para protestar (tengo a muchos de ellos sentados detrás de mí). Son jóvenes y no siempre aciertan. Más de una vez he visto a buenos aficionados mayores de localidades cercanas que les piden silencio o calma. Hay además muchos otros pendientes de las barbaridades de lo que llamaríamos “nuevo público” (por no llamarlos forofos del gintonic). Y por contra, ese nuevo público forofo está obsesionado con lo que llaman el siete. Esto genera las injusticias, el “pues ahora pido la oreja para fastidiar a esos”, etc. Asistimos con frecuencia a reacciones ajenas a lo que pasa en el ruedo'.



- Sobre la poca exigencia:

'Los taurinos han optado por aprovechar a fondo las euforias de ese nuevo público que no sólo acepta y aplaude el toreo del paso atrás, las faenas a base de ventajas siempre que el toro se mueva como un tiovivo, la estafa del medio toro, la estafa del tercio de varas, las banderillas a toro pasado y los bajonazos, sino que los jalea, con tal de que triunfe su equipo. Esos triunfos exasperan al aficionado cabal, y los más jóvenes y vehementes lo exteriorizan de manera ruidosa. Hay un enfrentamiento en la plaza cada vez mayor. Para rematar las cosas, los taurinos llevan tiempo difundiendo la especie de que los toros hay que verlos en silencio, de que se aplauda sólo al final, de que no se puede molestar al artista y de que, en definitiva, una cogida como aquella de Roca fue culpa del público que protestaba. El objetivo final es que paguemos y traguemos con sus trucos sin fastidiarles el negocio, lo que incluye el afeitado generalizado. En este sentido, la afición de Madrid viene a ser algo así como los últimos de Filipinas, incluidos los más vehementes, pese a sus errores y a que a veces podamos censurarlos'.



- Sobre la creciente intransigencia de algunos:

'Desde mi punto de vista veo más intransigentes a los seguidores de Roca y cierta parte de la sombra, que se ponen en contra del siete simplemente por llevarles la contraria. Desde una perspectiva equidistante entre ambos grupos, lo que veo es que son los taurinos quienes cada vez son más intransigentes. A ellos no se les puede recriminar por aplaudir cosas sin sentido pero ellos sí pueden recriminar al siete o a otros sectores de la plaza que protesten por lo que ellos consideran destoreo o fraudes varios durante la lidia. En este caso no comparto las formas del siete pero sí el fondo de sus protestas. A Roca nunca se le protestó cuando no era nadie pero ahora es figura y tendrá que atenerse a lo que exigen los que pasan por taquilla. No es el primero ni será el último.

'Lo que sí veo en la legión de seguidores de Roca es una agresividad que no había visto en otras "hinchadas". Por ejemplo, Morante también lleva a la plaza una buena fanaticada pero son generalmente de otra manera, no sé cómo describirlo pero es así. No se ven enfrentamientos en los tendidos y eso que ha recibido numerosas broncas en Las Ventas. En el caso de Roca Rey, no sé si será porque ha suscitado mucho interés en el mundo de la prensa rosa o por la película premiada recientemente. El caso es que es un público más joven, más advenedizo y, en mi opinión, menos entendido y que lo defiende a muerte. De hecho, como ya hace mucha gente, estoy pensando en no asistir a la plaza cuando se acartele el peruano'. 



- Sobre la pérdida de las formas:

'Aunque comparto el fondo de la mayor parte de las protestas, hay una gran parte de la plaza que está muy cansada de las formas de algunos del tendido siete y de las filias y fobias de algunos de sus popes, que tienen poco que ver con lo que pasa en la plaza.

'En zonas de sombra de la plaza, ante alguna protesta cabal se puede escuchar cualquier tipo de barbaridad contra los protestantes. Se pretende instaurar el sevillaneo más rancio. En otras de sol son simplemente jóvenes al calor de la discoteca y la moda cayetana sin gran interés por el toreo. Cada zona de la plaza es un mundo pero está claro que sin el siete, Madrid estaría totalmente perdida'.



- Sobre el corte de orejas:

'Se ve en Madrid que el público en general como realmente se divierte es solicitando el corte de orejas por parte de los toreros actuantes, sin importarles para nada otras consideraciones primordiales e inherentes a la correcta lidia, como pudieran ser: la integridad de las astas del toro y su trapío, el toreo de capote, el tercio de varas, la colocación de la espada en la suerte suprema… Todo esto queda en el toreo actual relegado a un término secundario ante la importancia creciente del corte de orejas –a ser posible peludas-, que hace realmente a los asistentes felices, y así disfrutan como si de niños con zapatos nuevos se tratase'.



- Y un último comentario al respecto:

'Antes, las orejas en Madrid se ganaban por cinco o seis tandas de muletazos bastante pulcras y con cierta estética que eran mayoritariamente aplaudidas por toda la plaza con poca o ninguna protesta por parte del siete. Ahora las faenas se han alargado una enormidad y hace años que se dan orejas por colofones finales más o menos ajustados y vistosos y algún que otro adorno estético. Esa fue la faena de la oreja de De Justo. Nada de inicio, desacople total con ventajismos ante un toro que le estaba superando, para terminar la faena yendo a más y rubricándola con algún adorno ciertamente estético. Eso no se lo vamos a negar. Todos vimos cómo mató y el perdón del tercer aviso. Es lo que hay. Al público, o más bien al siete, no le molestó y tampoco le protestó'.


Estas opiniones no son de hace treinta años sino de hace cinco meses. Si las leyera el bueno de Joaquín Vidal no se llevaría las manos a la cabeza porque no se sorprendería. Lo que haría es agacharla un tanto avergonzado al comprobar que nadie ha tenido el más mínimo interés en hacer que las cosas cambien en favor de la integridad, la seriedad y la dignidad que merece la fiesta de toros, por lo menos en Madrid.

Y conforme más división noten en el tendido los taurinos, más se frotarán las manos, sobre todo cuando los críticos paniaguados dan la razón a los más verbeneros en lugar de a los más serios.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

lunes, 16 de febrero de 2026

HABLAMOS CON JOAQUÍN VIDAL SOBRE LA TEMPORADA QUE EMPIEZA

No asistirán a una sesión de espiritismo. Lamentablemente este crítico, que no era de los paniaguados, ya no está entre nosotros pero hemos pensado en hacerle una entrevista virtual hablando sobre el próximo inicio de temporada en Las Ventas. Las preguntas son cosa nuestra pero las respuestas son del propio Vidal. Las hemos entresacado de escritos suyos. A ver qué les parece. 



Conforme vayan leyendo se darán cuenta del drama que supone lo que nos contará. Decimos esto porque sus respuestas pertenecen a textos que redactó hace treinta y cinco años. Incluso alguno es de 1978, con lo cual les embargará una sensación de enorme frustración ya que en nuestra fiesta de toros la vida sigue igual. Igual de mal, se entiende. 

- Siempre se dijo que los aficionados más entendidos y exigentes de Las Ventas eran los que se sentaban en la Andanada del 8.

Nadie inventó la andanada del 8 y no se formó en un día, ni siquiera en una temporada. Ni en muchas. Los aficionados que había en aquella localidad a principios de la década de los años setenta eran prácticamente los mismos que mediada la de los cincuenta, con algún refuerzo de nuevas generaciones. Su espíritu no había variado en absoluto. Eran aficionados a la fiesta, que disfrutaban con el toro limpio y auténtico y con la lidia bien hecha; que se entusiasmaban con la bravura de la res y con la técnica del torero, cuando aquélla era depurada; que con el arte enloquecían. Y, en sentido contrario, permanecían vigilantes en su guerra particular contra el fraude. Se encendían en indignadas intransigencias, las cuales quedaban ahogadas por el griterío de una masa que todo lo entendía al revés. Particularmente, en la década de los sesenta las Ventas estaba así.

- Lo que pasa es que tanto en la andanada como en el tendido del 7 vemos hoy algunos aficionados que no acaban de tener las cosas claras y que a veces vocean más de la cuenta. 

En estos últimos años todo ha ido muy rápido. El protagonismo brillante que la razón llegó a dar a la andanada del 8 la dotó de refuerzos, no todos con calidad de aficionados verdaderos. Como allí no está reservado el derecho de admisión, los vociferantes se sentaron junto a los andanadistas verdaderos y desde el resto de la plaza ya todos parecen uno. A otros aficionados ejemplares que hay en otras zonas del coso, no digamos a los de la propia andanada, se les llevan los demonios cuando se oyen gritos extemporáneos, unas veces desmedidos y otras equivocados. 


FOTO: EFE

- ¿Qué puede pasar con esta deriva cada vez más palpable en la plaza? 

Aquel foco de afición pura que tanto hizo por la restauración hacia la seriedad de la fiesta de toros en Madrid, tiene ahora el grave riesgo de perder sus valores originarios, con lo cual se desvirtuará y posiblemente se desintegrará. 

- Abundan cada vez más las discusiones subidas de tono en el tendido, incluso menudean los insultos. ¿Va a continuar esta dinámica? 

Es que no todo el público acepta el  timo, quedan individuos solitarios que padecen la funesta manía de pensar. Quedan facciones conocedoras de la tauromaquia y sus intríngulis y en cuanto comprueban de qué va la vaina, no se dejan timar. En cambio, la reacción del público timado es curiosísima: ni por lo más remoto recelan de que alguien les esté timando. Antes al contrario, la emprenden a insultos contra quienes denuncian el timo y así los taurinos se frotan las manos de gusto. Con estos timos los taurinos se forran. No todos, únicamente los que dominan los mercados ganadero, profesional y empresarial.



- ¿Ve usted alguna solución al problema de esas presidencias dadivosas y caprichosas que, salvo alguna honrada excepción, no parecen conscientes de que hay que salvaguardar el maltrecho prestigio del coso madrileño? 

El secreto está en que el reglamento se cumpla. Así de fácil. Y ésta es la responsabilidad que tienen los presidentes de las corridas como autoridad máxima en la plaza. Es cierto que, año a año, se ha podido apreciar un afán de superación en estos funcionarios, cuya tarea -hay que subrayarlo- no es grata, porque se encuentran en el vértice mismo de una confluencia de intereses, teniendo que soportar presiones muy fuertes tanto entre bastidores como del propio público. Precisamente el público venteño en ocasiones se vuelve con pasión, hasta con furia, hacia el palco para exigir lo que la presidencia no puede conceder porque taxativamente se lo prohíbe el reglamento. Pero la forma de no errar es, precisamente, cumplirlo, aunque pueda ser duro en determinadas circunstancias, ya que el presidente ha aceptado esa responsabilidad. 



- ¿Qué deberían hacer los presidentes esta temporada para hacerse respetar? 

Vigilar con más escrúpulo los aspectos fundamentales, como son el reconocimiento de las reses, la suerte de varas y la concesión de trofeos. La edad, la integridad de las astas, la carencia de defectos físicos y el trapío, son constantes ineludibles para todo toro que salte al ruedo en Las Ventas. Harían bien los presidentes en advertir a los directores de lidia para que impidan los puyazos interminables, las cariocas y otras corruptelas, con objeto de que el primer tercio pueda desarrollarse en toda su integridad; puesto que el público -y no digamos el aficionado- acude a la plaza a ver algo más, mucho más, que faenas de muleta. Acude a ver el toro y su comportamiento, la lidia integral, el espectáculo en conjunto, y los toreros no tienen derecho a mermarlo por sus particulares intereses. El palco tiene que estar ocupado por un presidente con lo que hay que tener, que es afición y honestidad, sin ir más lejos. Él debe ser la garantía de que no salgan novillos en lugar de toros, de que si son inválidos sean sustituidos, de que los picadores sufran multas o inhabilitación cuando zumben a los toros y de que los toreros no tomen el pelo al público pegando trapazos con unas ansias locas por cobrar.



- Y con las orejas, ¿qué hacemos? La puerta grande de Madrid se abre con una facilidad indignante y se ven orejas concedidas con bajonazos o tras hacer faenas de vulgares pegapases o de enfermeros... 

Un mayor rigor que hasta ahora en la concesión de trofeos, con especiales referencias a la lidia, al toreo de capa y a la estocada puede contribuir a que entre los diestros se produzca un afán de superación para conseguir el premio. Y será beneficiosa también una especial vigilancia hacia ciertos vicios que tanto se producen en el ruedo, como son el llevar el toro a derrotar al burladero, las ruedas de peones después de la estocada, etcétera.

- ¿Qué opina de los picadores? ¿Qué va a pasar en este 2026 con la suerte de varas en Madrid? 

Lo que hacen los picadores es despanzurrar toros. Los despanzurran a la medida. Si están inválidos, unos picotacitos valen; si son fuertes, les meten caña por el espinazo tapándoles la salida y no paran hasta verlos convertidos en albondiguillas. Tapar la salida es la estratagema que han hecho posible, de consuno, el percherón y el peto. A la arrancada del toro el picador le clava la puya donde caiga y mientras lo tiene enredado en el peto, se apalanca en la vara, hace girar el caballo alrededor del toro, lo deja encerrado entre esa muralla y las tablas y allí ya todo es coser y cantar, sacar y meter, de forma que consuma su pericia carnicera destrozando lomos y solomillos.



- ¿Vamos a seguir sufriendo este año ese toreo basado en pegar derechazos sin cuento? 

¿Quién ha dicho que eso es torear? ¿Quién ha dicho que torear consiste en ponerse a pegar derechazos a destajo? ¿Quién ha dicho que merezcan una oreja diez minutos largos de monserga desesperante, con el público callado a la espera de que llegue el pase de pecho para aplaudir? Para torear bien, tres o cuatro minutos de reloj son suficientes. Es suficiente dar docena y media de pases bien dados, con el público en pie, el toro sometido, la oreja ganada y el clamor en el graderío.

- Habrá visto los carteles de San Isidro, ¿no? ¿Cuántas dosis de triunfalismo barato vamos a tener que soportar? 

A la gente, en general, los toros parecen traerle absolutamente sin cuidado. Pero si los nombres del cartel suenan, acude y llena el coso. Y domina su transcurso mediante un talante desaforadamente triunfalista, que condona todo tipo de tropelías y corruptelas en aras del fin supremo: que aquello acabe en apoteosis para poder contarlo y presumir de que se ha asistido a un acontecimiento memorable. Y en Madrid la cosa no llega a más porque queda un reducto mínimo de aficionados que intentan mantener la cordura y la autenticidad del espectáculo aunque pocas veces con éxito, incluso las más con estrepitoso fracaso, pues los llaman derrotistas,  retrógrados, aguafiestas y maleducados e intentan echarlos de la plaza. 

- ¿Qué opina de la situación de la fiesta en general? 

La fiesta es ahora mismo un melonar sin amo. El primero que llega, roba un melón, lo raja, lo cata y se lo come o lo deja por ahí tirado, según le salga. La fiesta es un mangoneo donde cuatro caraduras que igual llegan a la docena revuelven por entre bastidores y así sale al redondel lo que ellos estiman conveniente. Luego, en vez de ver lo que debería ser una lidia con oficio, asistimos a una sucesión de trampas y de atropellos.




- Para acabar, ¿quiere añadir algo que nos deje un resquicio de optimismo de cara a esta temporada que va a comenzar? 

La afición de Madrid exige porque conoce el espectáculo y es consciente de que su plaza debería ser la primera del mundo, como lo fue durante medio siglo. Y sabe que sólo podrá recuperar su puesto preeminente si todo lo que ocurra en el ruedo lleva el sello de la autenticidad y de la seriedad.


¿Qué les ha parecido nuestra entrevista fantasma? Insistimos en que hemos improvisado las preguntas pero las respuestas han salido de textos del propio Vidal escritos entre 1978 y 1992. Han pasado más de treinta años y todas sus lamentaciones tienen plena vigencia. Ya es triste, ¿verdad? Puede que estemos ante el único espectáculo por el cual no pasa el tiempo en cuanto a trampas, tejemanejes, estafas y poca vergüenza de los que viven de él.

El crítico de El País es ninguneado hoy por muchos del mundillo, empezando por algunos de los ínclitos paniaguados, sosteniendo que no sabía de toros. Dicen que tampoco sabían Cañabate y Corrochano... Al final solamente sabrán de toros ellos. Cierto es que tenía sus manías, como las tenemos todos, y que algunas veces se pasó de rosca, por ejemplo en esta crónica de la encerrona de 1998 de Joselito Arroyo en Sevilla. 



El diestro ajustó cuentas con él en aquellas memorias que comentábamos aquí. Lo curioso es que desde que era becerrista lo había alabado casi sin medida mas en seco las cañas se tornaron lanzas y empezó a negarle el pan y la sal. Quizá el detonante fue lo que sucedió en casa del propio Joselito. Lo cuenta el torero sin posibilidad ya de que el crítico lo confirme o lo desmienta:

'Vino a hacerme un reportaje a la finca. Cuando terminamos la entrevista, se puso a explicarme su extraño concepto del toreo, prácticamente enseñándome a torear. Incluso se puso de pie para hacerlo de salón...que si la pata p'alante, que si la muleta así... Hasta que le dije que si hacía esas cosas tan raras delante del toro, me podía caer de culo. Debió de enfadarse el hombre' 

Nos llama la atención que uno como Vidal, que se enorgullecía de no mezclarse con los del mundillo ni en la plaza ni en los hoteles, tuviese ese grado de intimidad con un diestro.

Sea como fuere, con sus crónicas consiguió el milagro de que personas que no eran aficionadas y a las que la fiesta les daba igual, cuando no les desagradaba, leyeran sus textos simplemente por el placer de leer. 

Aspirar a eso quizá sea lo máximo en un comentarista taurino. En cambio, aspirar a que todos estén de acuerdo con lo que escribes es imposible de toda imposibilidad, como decía Cervantes. Y estarán ustedes de acuerdo en que además eso no puede ser bueno.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



miércoles, 11 de febrero de 2026

BELMONTE: CORNADA Y RETIRADA

Probablemente fue la más grave de su carrera y quizá la que condicionó su segundo retiro, que decidió tras ese festejo en Barcelona quién sabe si obedeciendo al deseo de su esposa. Su primer retiro coincidió con el de Sánchez Mejías y su retorno dos años después también fue con él. Tras este segundo mutis en 1927 volverá en 1934 en Málaga pero solamente compartirán cartel los dos, salvo error, una vez, en La Coruña con albaserradas.

Ese año de 1927, que es cuando aconteció lo de la cornada, Belmonte ya había toreado en la ciudad condal los mismos toros de Sánchez Rico. Había sido en julio, mano a mano con Marcial. Su balance: ovación, ovación y dos orejas. Marcial se llevó el gato al agua con dos orejas, palmas y el rabo del sexto. En conjunto resultaría la mejor corrida de la temporada en Barcelona.



El trianero venía de salir en hombros de Madrid tres semanas antes en la del Montepío, vestido de verde botella y oro (no confundir con la del Montepío de 1917 que fue la que hizo que Corrochano perdiera su frialdad y su serenidad). Aquel día los toros fueron de Julián Fernández, procedentes de Martínez. Su primero fue un marmolillo. Se echó encima y lo obligó a embestir. Las crónicas dicen que fue 'una faena larga, de borrachera, realizada sobre los pitones del toro, hipnotizándolo...' Curioso a día de hoy que tras un gran pinchazo y una media le diesen las dos orejas.  Su segundo fue otro buey de carácter huidizo. Belmonte lo centró en la muleta y a pesar de ello la faena terminó en chiqueros. Cuatro pinchazos, estocada y descabello. Cayeron las orejas, las flores, los abanicos y los sombreros. El maestro no quería sufrir la paliza de la salida en hombros pero se lo llevaron a la fuerza entre gritos de '¡no te vayas!' ¿Les suena?

Esos gritos delatan que algo había en el ambiente que olía a posible retirada de Belmonte a final de año tras su previsto viaje a América. Pagés informó de que había firmado un contrato que suponía un récord hasta la fecha: 600.000 pesetas por seis corridas en México. Pero la cornada barcelonesa truncó todo y terminó de consolidar ese rumor que ya circulaba de su posible retirada.

Su temporada quizá había sido la más triunfal hasta la fecha. Se discute sobre si sus éxitos de Logroño, Málaga, Aranjuez o los citados de Barcelona y Madrid habían sido históricos. Sumó un total de 42 paseíllos y mató 83 toros. Este molinete es del día de su triunfo en Logroño. Hoy bostezamos con ese pase pero entonces se decía que 'su molinete crispa los nervios más tranquilos':



Se veía a un Belmonte distinto. Esto decía al respecto Uno al Sesgo:



Pero en el ABC Eduardo Palacio decía un mes antes que el espíritu del aficionado 'se acongojaba pensando en la posibilidad de que el diestro, millonario y borracho de gloria y popularidad, abandone la profesión que enalteció, dejando la grey taurina sin norte, sin guía y sin conductor'.

Belmonte actuó en Barcelona cuatro veces aquel año. La última fue la que nos ocupa, el 30 de octubre. En esta ocasión volvía a ser la misma ganadería de Sánchez Rico, divisa verde y blanca, procedentes de Ildefonso Sánchez Tabernero, quien era el abuelo de los Sánchez Rico. Lo que torearon aquel día venía de origen Contreras, toritos terciados aunque con cierto nervio.

Se acartelaban también Gitanillo y Vicente Barrera. Ambos estaban recién doctorados, en agosto y septiembre respectivamente. Habían sido los dos novilleros más celebrados. La imagen es de la alternativa de Gitanillo en El Puerto de Santa María:



A continuación pueden comparar sendas verónicas de Gitanillo y de Barrera. Observen la diferencia en el brazo izquierdo:




Esta corrida de Barcelona tendría que haberse celebrado el día 22 pero se había suspendido por amenaza de lluvia que a la postre no se confirmó. Las malas lenguas dicen que fue por taquilla floja, nada nuevo bajo el sol. Tras el aplazamiento no se pasaría de los tres cuartos de entrada. Presidió la reina Victoria Eugenia.

La supuesta corrida fue una novillada y mala. Escaso trapío y caritas inofensivas. Cuando salió el sexto el personal ya estaba de uñas y las protestas hicieron que viera el verde. El que salió de sobrero era de Pérez-Plata para unos y de Cruz del Castillo para otros, bastante más grande que los seis anteriores. Tampoco en esto hay nada nuevo bajo el sol.

Ojo porque luego sacaron casta y se movieron con nervio, dándonos un poco la razón cuando repetimos que nosotros preferimos casta a trapío si hay que escoger. Barrera cortaría la oreja al sexto y Gitanillo dos más en los cuatro que mató, los dos suyos y los dos de Belmonte. Lo hizo de dos medias en las agujas y dos enteras patas arriba (aunque en alguna crónica apuntan un descabello). En La Libertad dicen que Gitanillo cortó un rabo al cuarto (!). Nadie más lo comenta, son esas cosas de las crónicas antiguas que nos hacen poner en duda mucho de lo que ha trascendido en los libros. Abajo, otra verónica del trianero. Recuerden que en esta entrada hablábamos de su agonía y muerte.



Belmonte tuvo que aguantar al del pito, que dio la tabarra secundado por otros descontentos, probablemente pertenecientes al partido gallináceo. Lo de traerse un pito para hacerlo sonar mientras un torero muleteaba era bastante corriente (recuerden en esta entrada cómo se las gastaban en aquella época los públicos).

Ese primero que lo corneó se llamaba Temido y era negro bragado. Ya lo había avisado tirándole un gañafón al pecho en el inicio de faena pero Juan no se amilanó. Anotemos que inició su toreo con la izquierda soportando el grito intempestivo de un fulano acerca de la poca presencia del toro. En la imagen se intuye su mínimo trapío:



Precisamente quizás por su exceso de confianza o de rabia ante las protestas no contó con que el toro lo apretaría para adentro inesperadamente. Fue cuando intentaba igualarlo. Lo empujó contra la madera y lo corneó por la ingle izquierda en las tablas del 2. Si hubiese salido corriendo de allí no lo coge pero lo de salir huyendo no entraba en la cabeza del trianero. Intentó echarle la muleta a la cara y apartarle el testuz pero no pudo evitar el percance:



Tal como entró en la enfermería dijo: 'me ha calao'. En el parte del doctor Bartrina se confirmó que la cornada había sido más aparatosa que realmente grave. Era de seis centímetros.

Pagés y su mozo de espadas Antoñito lo acompañaron durante toda la noche. También estuvieron su peón Calderón y Natalio Rivas. Cuando recuperó el conocimiento les dijo: 'para ser la última, menuda bromita'. En esos momentos se refería a la última de la temporada española ya que tenía el citado contrato con México.

Preguntaron al maestro qué es lo que había pasado y dijo:

'el toro era muy nervioso y no me di cuenta de que me encontraba bastante encerrado en tablas; cuando pegó un derrote le puse la mano en el testuz y me di cuenta de que tenía la espalda pegada a las tablas; no tuve ni tiempo ni espacio para salir de allí...'



A las nueve de la mañana llegó Julia, su esposa. Venía acompañada por el doctor Serrano, el médico de confianza del diestro. La reina también se interesó por su estado. Se le hizo una segunda y dolorosa cura y el pronóstico pasó a ser reservado.

Estamos convencidos de que durante el viaje a Barcelona el doctor y Julia se conchabaron para insistir al maestro en que se retirase. Es que sabemos que empezó Serrano diciéndole: 'esta corrida tendría que ser la última, Juan, ¿por qué no te retiras?'

Y su mujer, sin dejarle responder nada, intervino para seguir echando leña al fuego:

'Es verdad, ¿por qué no te retiras? Yo ya acepté esto cuando nos casamos con todas sus tristes consecuencias pero debemos pensar en las niñas. No podemos condenarlas a estas incertidumbres y a estos dolores. La pequeña no pero Yola se da cuenta de todo y se ha quedado llorando'

Belmonte cortó el discurso diciendo:

'Esto son gajes del oficio. No apuraros que no me pasa nada. Yo no toreo para vivir y no sé vivir sin torear. Y no se hable más de esto'



El rumor y las dudas sobre su posible retirada parecían quedar desmentidos por el propio diestro aún convaleciente. ¿Qué pasaría después que le hizo cambiar de opinión? Eso no lo sabemos.

'Juan Belmonte es el mejor torero que he visto en mi vida' dijo Pepe Luis Vázquez, 'por su conocimiento de los terrenos, su colocación, su temple y su personalidad'. Sobre sus feligreses el propio Belmonte decía algo que podría aplicarse a los feligreses de algún que otro torero actual:

'Yo prefería a los gallistas que a mis propios partidarios porque un belmontista ciego es peor que un toro. El toro te coge una vez y te suelta pero un belmontista te coge... ¡y no te suelta nunca! Uno me tuvo una noche dos horas en la puerta del Palace explicándome ¡cómo daba yo mi pase natural!'

Nos vamos con dos acérrimos gallistas en sendas anécdotas que contaba el propio Juan.

La primera se refiere al párroco de una iglesia de Sevilla al que unos seguidores del maestro propusieron que algún día dejase entrar a Belmonte bajo palio en su iglesia. Contestó muy indignado: '¡qué sacrilegio...! Si por lo menos fuera a Joselito...'



La otra tuvo lugar en casa de Belmonte tras una corrida con José. Estaban Natalio Rivas y otros amigos, todos seguidores fanáticos suyos. Por cierto, Rivas iba a ser el destinatario del brindis del segundo toro del diestro en la corrida de Barcelona pero lógicamente no hubo tal. La cuestión es que lo alababan de manera tan ditirámbica que el pintor Julio Romero de Torres, también presente, no pudo por menos que romper una lanza a favor de Maravilla:

'Bueno, bueno, no será para tanto... José esta tarde no ha triunfado como otras veces pero ha estado bien y no se puede dejar de reconocer que es una gran figura...'

Y Belmonte intervino rápidamente:

'Hombre, gracias a Dios...ya somos dos gallistas en la habitación...'

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




miércoles, 4 de febrero de 2026

LA BRAVURA (6): SOBRE ESA BRAVURA "ENCLASADA"

Continuamos la serie que dedicábamos a la bravura el año pasado.  Al final de la entrada les pondremos los enlaces a los cuatro capítulos anteriores por  si están aburridos y quieren leerlos. Así no pierden el tiempo buscándolos.

Vuelvan al titular para confirmar que nos referimos a bravura enclasada en lugar de encastada, no se equivoquen.

Lo de la clase nunca se utilizó en el lenguaje taurino hasta que los del mundillo pusieron de moda esta expresión que antes era puramente deportiva.

Siempre se habló de los futbolistas con clase y eso quería decir una mezcla de elegancia y facilidad a la hora de jugar. Ejemplos de ello fueron Manolo Velázquez en España, Tigana en Francia, Gaetano Scirea en Italia o Bernd Schuster en Alemania.

Aplicar ese término a un toro siempre nos ha parecido ridículo porque si en origen nos estamos refiriendo a la elegancia y a la facilidad, eso en un toro no tiene sentido. Quiere esto decir que cuando los taurinos se refieren a un toro enclasado están intentando darnos gato por liebre alabando un comportamiento que ellos dan por plausible pero que a nosotros nos tiene que poner las orejas tiesas. Por supuesto que entran dentro del mundillo de los taurinos todos los mayordomos de la crítica paniaguada que además utilizan ese adjetivo con profusión.



Ustedes habrán escuchado a muchos ganaderos decir que buscan en su selección eso de la bravura enclasada. Pues no vamos bien porque con la bravura pasa lo mismo que con la democracia: si le pones adjetivos, ni es bravura ni es democracia. Ya estamos cayendo en el tocomocho de los taurinos.

Este novillo de abajo fue de La Quinta, se lidió en Villaseca de La Sagra  y se llamó Perlas Negras. En los portales comerciales se habló de 'un superclase que embestía gateando'. Ya no se conforman con decir que un toro tuvo clase sino que estamos ante superclases. Acudió una vez al peto y luego embistió incansable para que Paseiro le administrase una sobredosis de toreo juliesco. Al final flameó un pañuelo azul barato, de esos que tanto abundan para que el personal vuelva a casa contento por haber amortizado la entrada:



La bravura debe ser bravura a secas y si no, no lo es. Pero ¿qué quieren decir los taurinos cuando hablan de bravura enclasada? En 2022 llegamos a leer en una crónica paniaguada que 'el toro de Juan Pedro tomó un puyazo y embistió con clase al peto'. Aquel perrillo, que no toro, se llamó Manzanillo y fue indultado en Huelva (recuerden que lo comentábamos aquí). El artista fue Luque. Ahí lo tienen, toreándolo hacia atrás:


                      

Pues nos van a perdonar pero, bajo nuestro punto de vista, hablar de bravura enclasada, en el fondo, es hablar de la colaboración del toro y un toro realmente bravo no colabora. La prueba es lo que repetía Fernández Salcedo. Hagan memoria ustedes de su vida como aficionados. Recuerden los toros bravos que han visto, que seguramente se podrán contar con los dedos de las dos manos y sobrarán algunos. Hablamos de toros bravos de verdad y no de bravitos, como decía Corrochano, o mansibravos, como suelen ser los actuales. La pregunta que hacía el sabio de Colmenar era: ¿cómo estuvo el torero ante esos pocos toros genuinamente bravos que ustedes recuerdan?

La respuesta es que siempre por debajo cuando no naufragando porque un toro bravo es lo más peligroso que puede salir a un torero ya que, aparte de que te siempre hay riesgo de cogida porque no es la babosa bobalicona, va a dejar al descubierto las carencias que tengas. Difícilmente podrás con él dado que 'con un toro verdaderamente bravo, no hay quien pueda'. La frase es de un profesional que se vio enfrente de las ganaderías más duras. Para él era un axioma de la tauromaquia y como tal, indiscutible.

Habría que preguntar al ganadero enclasado dónde está la bravura porque si la clase de su toro hay que verla después de que haya pasado de visita por el caballo ya nos dirán ustedes. El otro tipo de ganadero, digamos que el encastado, cuyo toro suele ser triturado con sevicia en el caballo, tiene todo el derecho a quejarse por el diferente rasero con el que se va a medir esa supuesta clase en el último tercio ¿no les parece? 


                    

Éste que ven encima fue un toro de Pallarés, Decantado de nombre. Derribó dos veces y luego perdonó la vida a Téllez en Málaga. Se quería comer el caballo:


                    

Recuerden aquí nuestro comentario. En el enlace que encontrarán todavía está disponible el vídeo de su lidia completa. Lo de que perdonó la vida al diestro no era una frase hecha sino que le pegó este meneo aunque sin hacerle sangre. Seguro que el bueno de Téllez, tristemente retirado de la circulación taurina, se acuerda perfectamente de ese animal:


                    

Algunos indocumentados echan la culpa a Belmonte de que el ganado de lidia se haya convertido en ganado enclasado o directamente lanar. Pues sería contra su voluntad porque estamos convencidos de que no le gustaba nada el norit. Un día tentaba no de torero sino de ganadero. Fueron catorce vacas suyas las probadas. Varias llegaron a recibir siete puyazos mientras el resto quedó entre cinco o seis. 

Un momento, antes de seguir: ¿qué ganadero pega hoy siete puyazos a alguna vaca en un tentadero? Parladé ordenaba que las pusieran por octava vez y entonces decía: 'ahora es cuando vamos a verla'. Si a alguna se le ocurría escarbar en algún momento durante la prueba le daban puerta.  Pues aquel día Belmonte envió trece de las catorce al matadero. Preguntado por la única que había perdonado respondió: 'es la que se ha arrancado al caballo con mejor estilo'. Celestino Cuadri estaba muy agradecido a aquellas vacas de Belmonte que padrearon en su vacada proviniendo de lo de Lancha. Lo contábamos en esta entrada.

Si el trianero escuchara cómo define Zacarías Moreno la clase pensaría que le están hablando en chino. A ver si ustedes nos traducen esto que copiamos literalmente:

'La clase es un criterio que engloba parámetros como la fijeza, la elasticidad para aplastar por abajo la embestida, la duración y la capacidad de reducción de la embestida'

Seguramente aquella única madre que perdonó Belmonte no parió hijos enclasados que aplastasen por abajo la embestida... 

A Moya lo comprendería un poco mejor pero mucho nos tememos que no estaría de acuerdo con ese toro posmoderno que sufrimos hogaño y que es el que defendía el difunto ganadero en Aracena:

"Que el toro se coma la muleta por abajo, sin molestar al torero y obedeciéndole siempre"


               

Otros ganaderos hablan del ritmo, de la armonía, del descolgar, del no embestir amontonado, del hacerlo con estilo y despacio, del seguir empapado los vuelos de la muleta con la cabeza baja, de la durabilidad... La duda es si puede haber un toro enclasado que a la vez sea encastado. O, para entendernos, si puede transmitir emoción un toro enclasado.

Juan Pedro Domecq Solís huía del toro encastado como gato escaldado. Él no se escondía cuando decía que prefería la fiereza a la casta. Decía poco antes de morir que él quería decantarse hacia buscar un toro con más fiereza porque veía que lo demandaba el público. Pero hablaba de conservar la profundidad, otra de las palabras que repiten los taurinos cuando hablan del toro enclasado.

Él lo tenía claro cuando Viard le preguntaba al respecto:

'Desde hace setenta años se busca un toro que embista mejor a la muleta y es mucho más sencillo encontrar eso buscando la clase que la fiereza. Yo estoy buscando animales que tengan un nivel superior de fiereza pero sin perder lo que la vacada ha adquirido, es decir, el embestir hasta el final humillando, con fijeza, sin pararse, repitiendo y transmitiendo emoción. El error de muchos aficionados es creer que antes todo era mejor'



Todas estas características que enumera conforman lo que el fallecido ganadero calificaba como la bravura moderna. Ya estamos: otro adjetivo colocado la palabra bravura que sirve para encubrir la célebre toreabilidad que buscan los ganaderos comerciales. El problema es que mucho nos tememos que el adjetivar tanto la bravura no es más que echar agua al vino. La consecuencia de todo esto es el norit, por eso Solís se murió pensando que no podía seguir por ese camino y que al guiso de la clase tenía que echarle la pimienta de la fiereza.

Se resume todo en que con ese toro enclasado, sumiso hasta límites lacayunos, se cae inevitablemente en el borreguismo. Así el torero puede 'sentirse muy profundo' o también 'abrir su alma y abandonar el cuerpo mientras se torea' (ambas cursiladas no son nuestras sino de sendos maestros en activo). Desengáñense: ante un toro bravo a secas tienes que estar con los cinco sentidos porque si te ve el alma, te la va a partir.

Y no hay más. Esta es nuestra modesta opinión: la bravura, sin adjetivos y la clase, para los futbolistas. La tragedia es que, entre unos y otros, ganaderos comerciales y críticos paniaguados, nos abocan a la clase del norit. Han convertido el toro de lidia en esa pobre bestia vencida de que hablaba Belmonte. Ante ese animal con tanta clase y tanta docilidad, quizá subsista la belleza estética del pase pero falta la emoción que provoca la sensación de peligro.

De esa epidemia de borreguismo ¿tuvo la culpa El Viti? No se solivianten los lectores helmánticos. Tengan paciencia porque lo discutiremos en otra entrada y allí cargan si quieren contra quien afirmaba que sí. Y no era usted maestro, sino que le colgaron el sambenito.


                                

De momento les dejamos como decíamos arriba con los enlaces al resto de capítulos que hemos dedicado en nuestro modesto blog al manido tema de la bravura. Esperemos que echen un rato entretenido leyéndolos o releyéndolos. Y no se olviden de mirar los comentarios:

LA BRAVURA (1): No hay que darle tantas vueltas. 

LA BRAVURA (2): Nueve preguntas con respuesta. 

LA BRAVURA (3): Seis preguntas más.

LA BRAVURA (4): 'Hoy, la bravura es un delito'.

LA BRAVURA (5): Toros de casta y toros con casta.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.