No hemos seguido nada de la feria de Fallas porque no nos interesa y menos celebrándose en la plaza de primera más desprestigiada de España. Pero resulta que hoy nos manda por privado un amigo del blog el monumental enfado de Marcos Pérez a cuenta de la negación de orejas a Rufo el otro día.
No se confundan con Marco Pérez. Este otro Pérez es hijo de Maximino y nieto de Domingo Hernández. Se retiró del toreo cuando acababa de empezar y se dedicó a ser veedor de Fernando Adrián. A día de hoy tiene el dinero por castigo y tal como se deduce de su genealogía, es un taurino de pata negra a pesar de su juventud. De hecho, cuando estaba en la escuela taurina se hacía llamar Marcos Patanegra. Precisamente ese apodo viene de su otro abuelo, el tío Mino, a quien los aficionados al ciclismo recordarán puesto que ganó aquella vuelta a España de 1990 con Giovanetti siendo él su director deportivo del equipo SEUR.
No podemos valorar la actuación de la presidencia que motivó su amarga queja porque ya les decimos que de Rufo no hemos visto ni sus faenas, ni sus estocadas, ni nada, ni de él ni de nadie en Valencia. Dicho lo cual, nuestra opinión es clara: si el personal pide una oreja de chichinabo por mayoría, hay que darla aunque sea enseñando el pañuelo con un visible desprecio por ese público chicuelino. Pero ojo porque siempre hemos entendido que la petición debe hacerse con el flamear de pañuelos, no silbando o gritando, aunque el reglamento nacional no lo diga expresamente (sí lo dice el andaluz en su artículo 56, que reza: 'a petición notoria del público mediante la tradicional exhibición de pañuelos blancos o elementos similares').
Dejemos aparte la cuestión de si el palco acertó o no y vayamos a lo que nos llama la atención de Pérez. Aparte de esa recurrente sandez de que se está jugando con el pan que come, lo llamativo viene cuando dice eso de que 'igual que se sanciona a picadores, banderilleros, toreros e incluso ganaderos, hay que sancionar a los presidentes porque no hay derecho a que una persona del palco le haya quitado tres orejas a un torero; nadie dice nada pero yo me pongo en contra... esto a quien más perjudica es a la afición'.
Pueden escucharlo pulsando aquí, donde comprobarán que el adulador del micrófono no sólo le da totalmente la razón sino que echa más leña al fuego contra el palco. Pues ya que estamos, tras escuchar al ganadero le agradeceríamos que nos informara de cuántas sanciones se pusieron en la temporada anterior en la plaza de Valencia a alguno de los colectivos que cita. Las presuntas sanciones de Madrid, siendo la primera plaza del mundo según dicen, no las hemos encontrado por ningún sitio y eso que nos hemos dirigido varias veces al portal de transparencia que tiene habilitada la Comunidad en internet. Siempre nos han despreciado dando la callada por respuesta.
Por cierto, hablando de sanciones a ganaderos, vean esta imagen de uno de sus toros en la corrida de marras:
Estamos de acuerdo con Pérez en que se sancione a las presidencias, sí, ¡pero a las verbeneras! Que se inhabilite a los que regalan indultos, conceden segundas orejas con bajonazos, cierran los ojos durante el primer tercio y suben ahí arriba solamente para figurar. Cuando eso sucede, que es muy frecuentemente, ninguno de los taurinos de guardia dice ni mu.
No arrendamos la ganancia a los presidentes esta temporada. La legión de taurinos, comandada por los centuriones paniaguados de la prensa, los van a presionar de manera inmisericorde este año. Sea por el complejo que les causan los antitaurinos, sea por seguir ordeñando la vaca, la consigna va a ser triunfalismo a cualquier precio, ciscándose en la seriedad y en la integridad del espectáculo.
¿Aguantarán el pulso los presidentes en las plazas importantes? Ay... qué difícil lo van a tener. ¿Saben cómo acabará esto? Igual que en esa Francia teóricamente íntegra pero cuyos presidentes aceptan que la petición de oreja pueda hacerse sin pañuelos al viento, simplemente metiendo ruido. Ya verán qué pronto copiaremos lo malo de los galos en lugar de fijarnos en lo bueno.
El año pasado discutíamos con un presidente en Céret la concesión de una oreja por su parte ya que ni de broma se había visto una mayoría de pañuelos. Nos dio la razón pero se escudó en lo de los gritos y el follón según la nueva norma vigente en el país vecino. Nos hizo callar porque, si ya es difícil contar pañuelos para decidir si se sobrepasa el 51%, imaginen cómo habría que valorar los decibelios de una algarabía. No obstante, le dejamos claro que si había oído silbidos, eran los nuestros... ¡pero para que no concediese nada! Vaya usted a saber cómo los interpretó.
Marcos Pérez ha abierto la veda de despotricar contra el palco exigiendo que rueden cabezas. Ya verán cuántos seguirán con desfachatez esa senda. Y por supuesto ninguno de los críticos paniaguados abrirá la boca para poner un poco de sensatez en todo este despropósito. Tienen que defender sus lentejas a cualquier precio y eso pasa por alinearse, o más bien arrodillarse, ante los taurinos.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.





