Nos pusimos a ver el festejo con la esperanza de que no saliese ningún Patatero. Uno estuvo a punto de emularlo pero el resto resultó variado aunque muy desigual de presentación. Y eso siendo generosos ya que hubo dos ejemplares impresentables. Parece ser que Florito está por ahí dentro asesorando a la nueva empresa. Este hace como Morante, se retira pero no se retira. Quizá él tenga la explicación a la clamorosa falta de trapío de varios de los seis de ayer. Si alguno de ustedes lo conoce, se lo pregunta.
Corrida con una media de 548 kilos y blanda. Catorce veces doblaron las manos, algo que no sucede con las ganaderías más comerciales pero sí con Victorino hijo. Los medios tapan este detalle que al padre sacaría de quicio. Nosotros hace años que tenemos la sana o malvada costumbre de contar las caídas de sus toros y acostumbran a superar siempre el doble dígito en cada festejo.
Hubo dos romaneos dedicados a los que siguen repitiendo que lo de Albaserrada no empuja en el caballo.
Su juego fue el siguiente: primero, muy blando de manos pero con genio; segundo, humillador, de triunfo claro pero desaprovechado; tercero, muy tardo pero con temperamento; cuarto, blando y suavón; quinto, un choto impresentable y sexto, bravo en dos entradas al caballo aunque luego asfixiado.
Fue un mano a mano entre dos diestros estajanovistas. Ya saben que Aleksei Stajanov fue un minero soviético que picaba piedra como ninguno y que era capaz de extraer toneladas de mineral él solito en cada jornada. Pues con lo de estajanovistas ya nos entendemos.
Presidió Luque Teruel, quien estuvo más duro que cuando coincide que el de abajo es santo de su devoción.
ESCRIBANO. El primero era un cárdeno oscuro, veleto y sin hocico de rata porque era acarnerado:
Se deja pegar saliendo suelto, nada. Este público maestrante tan facilón y nada exigente aplaudió igual el buen tercer par que este segundo:
El toro plantó cara de inicio pero parecía con ganas de rajarse. Cuando le bajaba la mano se iba al suelo pero si se la levantaba, protestaba.
Era pronto y un poco bronco. Escribano no dudó y cuando el animal se cansó tiró bien de él pero siempre ubicado al hilo, sin fiarse.
Es de los pocos que sabe distinguir entre natural y contraria pero pegó un sablazo malo por trasero y caído más dos descabellos:
El tercero era cárdeno, astiblanco y meleno. Lo recibió a porta gayola con desprecio inicial:
Tardea lo indecible en el primer tercio aunque al final empuja. En el segundo puyazo tampoco quiere pero no se irá sin llevarse un total de tres agujeros diferentes de Peña.
Tres pares vulgares con un tercero donde, como siempre cuando va por dentro, le echaron el capote desde el callejón. Qué feo... Volveremos a hablar de este detalle en la próxima entrada cuando comentemos lo de Morante y la silla. Ya pueden ir calando bayonetas los de la parroquia morantista:
Muy tardo al cite, lo cual ni de broma es de toro bravo, pero encastado y fijo cuando se decidía a embestir. Pierna atrás de Escribano pero mano baja obligando:
Agotó rápidamente el depósito y recortó drásticamente el viaje repuchándose. Insistencia pesada del maestro antes de una entera trasera y desprendida sin cerrar los ojos. Para Cañaílla, 'en todo lo alto':
El quinto era un Mirandés negro y cariavacado, indigno de plaza de primera, que volvió a saludar a porta gayola en el peor portón de España para ello. Cuatro minutos esperó arrodillado:
Se suelta en los dos entre protestas por su aspecto asardinado. No comprendemos cómo su cuadrilla lo reservó para el quinto lugar. Casi se queda sin toro de tanto verlo pasar antes de clavar:
En la muleta buscaba con su viaje corto y soso, escuchando voces de los que habían venido de Madrid, que pedían que lo matase. Los televisivos decían no entender esa reacción del público 'que no es la habitual en esta plaza'. Toma, claro, porque estos sevillanos de hogaño son muy conformistas y ayer habían bajado algunos aficionados venteños que animaron el cotarro protestando con toda justicia. Comprueben el inexistente trapío de la cucaracha:
Puñalada trasera y baja tan indigna como el novillete pero sin puntilla:
JIMÉNEZ. Su primero era el más pesado, con 575 kilos, un cárdeno silleto, anovillado, con cuello, que no se tapaba por la cara. Se escobilló enseguida, observen:
Se aflige al momento y se va suelto, como si conociera a Espartaco. Se llevó una ovación inconcebible por tapar la salida y clavar trasero y caído. Lo de este público tiene tela:
No hizo hilo en banderillas sino que se quedaba quieto tras el embroque. Después humilló incansable con el hocico por el albero:
Bien Jiménez al darle distancia pero mal al dedicarse a pegar pases siempre fuera de cacho. Con la izquierda, vulgar, por debajo del toro, que seguía haciendo surcos esperando a ver si sonaba la flauta y le pegaban algún pase bueno:
La flauta no sonó a pesar de que Cañaílla pontificó que Jiménez 'ha estado cumbre' (?). Se equivoca en la contraria pero alarga la mano a capón agarrando esta estocada caída con telonazo. Bella muerte antes de asistir a una sorprendente dureza de Luque negando la oreja. Si fuese Morante, que es su hijo putativo...
El cuarto era un negro entrepelado, bizco del izquierdo, que ya anunciaba poquita fuerza cuando tomó el capote:
Buen empuje con este romaneo en el primero pero en el segundo se va de naja:
Cambio de tercio con dos palos. Confirmó el poco fuelle que le vimos de salida. Jiménez no pegó pases sino trallazos con su muleta XXL, picando y retorciéndose grotescamente:
No obstante fue muy aplaudido, o sea que no nos hagan mucho caso. Para Cañaílla, '¡esto es el toreo, qué faena, Dios mío!' Se vuelve a equivocar entrando dos veces en la contraria: media tendida, media arriba y un muy buen descabello:
El último era un cárdeno claro, asaltillado y justo de trapío:
Romaneo de bravo en el primero y alegría sin tardeo en el segundo aunque sin recibir castigo. Era toro de un tercer puyazo y puesto bien de largo porque hubiese galopado pero estamos en España:
Iván García es tan bueno que sabe pegar ese pasito de más para aliviarse mientras se la da con queso al público de aluvión. Observen dónde está el cuerno y dónde su muslo. Cuando el toro pegue el cabezazo él ya estará fuera de la suerte:
Confirmó el toro con la embestida su condición de asaltillado pero blandeaba de manos y se apagó en la segunda tanda. Poca cosa.
Tres pinchazos espantosos y una media en las agujas, entrando siempre desde muy lejos y a la carrera. Este invierno ha estado con Morante y no ha aprendido nada. Nos referimos a la suerte suprema, disciplina en la que debería y podría aprender del de La Puebla:
Variedad en los toros, siendo una corrida grisácea, y vulgaridad en ambos diestros, de ahí nuestro soviético titular que, por otro lado, podríamos aplicar a tantos y tantos diestros del actual escalafón. Pero no se puede pedir uvas a la higuera.
Lo asombroso es que al terminar Jiménez se lamentaba de que si llega a matar bien, hubiera podido abrir la puerta del Príncipe. Y tristemente tenía razón.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.









































