Pocas cosas hay tan interesantes en una corrida de toros como fijarse en las piernas de los toreros. Eso era lo que siempre sostenía don Gregorio Corrochano. El problema es que como te empieces a fijar, en tardes como la de ayer te das un mal rato. Es lo que nos sucedió viendo el destoreo tanto de Urdiales como de Roca.
Urdiales se fue en hombros toreando hacia atrás, o sea, destoreando. En uno como él, que sabe torear, a eso no hay derecho. Pero esto es como el alumno que antes se esforzaba en recabar la información y redactar un texto coherente y bien escrito y ahora tira de la IA ¡y encima le ponen mejor nota! Pues el riojano hizo esto mismo, ni más ni menos.
Los juampedros vinieron correctamente presentados excepto primero y sexto. Todos bajitos de agujas, sin malas ideas, colaboradores con los diestros, animales posmodernos... de los que te provocan ganas de bajar al ruedo a pegarles un pase.
URDIALES. Su primero era este colorado oscuro, ojo de perdiz y bien encornado. Las fotos son del maestro Moore:
Tardea seguramente porque se temía la carioca, que es lo que recibió. En el segundo, puyazo traserísimo de Iturralde.
Se agradece en el quite que alguien toree por verónicas aunque a Urdiales se las hemos visto mucho mejores. Roca respondió de frente al costado y remató con la mejor media que le hemos visto, a cámara lenta:
El torito era de lujo para hacer el toreo bueno pero vimos a un Urdiales que se dedicó a aprovechar su viaje echando la pierna atrás. Esto que ven es lo mismo que hizo Adrián a quien los más exigentes negaron el pan y la sal:
En cambio al riojano lo aplaudían y por tanto, ¿para qué esforzarse? Apenas le vimos bien colocado y los naturales fueron abriendo la puerta. Qué muleta más descomunal, ¿no?
Lo mejor, esta buena estocada arriba tirándose con fe. Oreja:
El cuarto era negro azabache, muy bajito, veleto y astifino:
Empuje que empieza de bravo pero dimite enseguida. Blandeo de manos y picotazo.
El toro estaba hipnotizado con la muleta y se vino arriba. Temple sin retorcimientos pero volviendo a echar la pierna atrás. Qué pena... Ahí lo tienen, eso es de torero vulgar y él lo sabe perfectamente. Toreando hacia atrás, insistimos:
No nos gustó un pelo precisamente por ser vos quien sois, uno que sabe torear. Rinconera y oreja:
ROCA. Su primero era negro mate, listón, zarco y corniapretado:
Nos dio la impresión de que el maestro anda más fino con el capote que antes. Igual es de compartir tantos carteles con Morante.
Empuja de bravo y el premio que obtiene es una carioca de Quinta que fue silenciada por los paniaguados televisivos. Ellos ven exactamente lo mismo que nosotros porque no son tontos pero se callan vergonzosamente:
En el segundo notó la lanzada en el lomo y pegó una coz pero cuando volvió se llevó otra carioca. ¿Dónde está aquel peruano que se dejaba los toros crudos en el caballo? Muy mal, maestro.
Realizó un quite de frente por detrás que nos sabe mal decirlo pero fueron verdaderos mantazos.
Después hizo un inicio tomasista pero ya se veía que el toro acusaba el duro castigo en varas ordenado por el diestro. Después empezó a echar la pierna atrás y como no es de Arnedo escuchó pitos:
Ya han visto que las zapatillas apuntaban a Valdemoro pero es que fíjense abajo que ni en el primer pase enseñaba el muslo. Ya vale todo, como si estuviéramos en una plaza de talanqueras. Esa forma de citar hace daño a la vista:
Nada, pura farfolla indigna de un figurón que además ante toretes como este no nos interesa. Excelente estocada arriba, con los pies en el suelo pero con el toro cortándolo porque equivocó la suerte:
El quinto era un colorado oscuro, listón, acapachado, cornalón, chorreado en verdugo y con buena pelota:
Cumple en el primero y le señalan en el espinazo en el segundo.
El torillo iba y venía y de nuevo repetiremos que Roca no nos interesa con tan poco enemigo. Más pierna atrás y cites con la cadera totalmente de perfil, cosa que puede tener su explicación porque venía de ver cómo Urdiales iba a salir por la puerta grande habiendo hecho lo mismo.
La diferencia es únicamente de medio cuerpo para arriba, ya que el peruano se retuerce como un sacacorchos. ¿Ustedes creen que este toreo merece una oreja?
Pues no se equivocó porque tras un pinchazo y una contraria muy bien ejecutada y sin puntilla, se llevó una oreja tras petición justita. Vean cómo apunta con el palillo al morro sin pegar el telonazo y no alarga el brazo para pegar la puñalada. Es una tortura tener que aguantar faenas suyas como la que nos ocupa para poder ver sus magníficas estocadas:
ALOI. El de la confirmación era este castaño oscuro, bajo de agujas, con poco cuello y mucho morrillo pero con carita demasiado torera:
Mal Prieto clavando trasero pero bien al mantener el brazo fijo sin barrenar. El toro intentó mover el catafracto en ambos encuentros pero dimitió despegándose.
Empezó con el celeste imperio en el platillo pero el toro se trastabillaba de una forma extraña aunque tenía una notable fijeza.
Lo que parecían tropiezos se fueron transformando en claudicaciones pero sin dejar de ser una maquinita de embestir. En la tercera tanda ya iba en reserva, de manera que empezó a calamochear y la cosa se diluyó.
Pinchazo malo, mandoble nefasto por trasero y bajo, tres pinchazos y estocada contraria, siempre con telonazo y alargando mucho el brazo tal como seguramente le debió de enseñar Tomás Campuzano, aunque él no brincaba así:
El último era un castaño cornidelantero un poco justo de presencia:
Marronazo en el espinazo rompiendo la puya del hombre que mató a Cigarrero. En el segundo le zurró la badana en una carioca de la que se soltó. En la tercera entrada se vuelva a romper la puya cuando le había pinchado en la paletilla. Cuarta entrada y tercera puya rota pero ningún problema para el fornido jinete ni para el gran catafracto a pesar de no poder defenderse. Quinta entrada con picotazo atrás.
El torete no valía gran cosa, hasta el del callejón le decía: '¡no lo agobies!' Lagartijo hubiera preguntado: '¿qué me ha dicho ese?'
Ningún interés. Hondo arriba que escupe y esta entera, muy tendida y trasera:
Fin de fiesta con una corrida que parece triunfal por el orejismo pero que lo será para otros, nunca para nosotros. Vimos cuatro buenas estocadas, que no es moco de pavo, pero de toreo hondo, más bien poco.
Urdiales se ha tirado a lo fácil y le ha dado resultado. Es lo que decíamos antes: ¿para qué esforzarse en torear bien? No vale la pena, ya ni siquiera en Madrid...
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.











































