Vaya por delante que los escolares no fueron alimañas. Al menos lo que entendemos por alimañas quienes hemos llegado a ver las genuinas del paleto, no las que ahora se califican como tales con gran alegría y notable desconocimiento.
A la alimaña no diremos que dé igual cómo la lidies pero sí que hasta para Bombita sería muy difícil meterla en cintura. En cambio, los escolares de ayer, que no eran tintoreras, sufrieron unas lidias tan lamentables que no dudamos de que los convirtieron en mucho peores de lo que eran.
Mención especialmente acre merecen todos los picadores excepto los dos de Gómez del Pilar, mire usted por dónde y ya veremos por qué. Los otros cuatro estuvieron nefastos. Viendo lo mal que se picaba y la torpeza al mover los caballos, ¿cuántos de ustedes se acordaron de Ferrera?, ¡digan la verdad! Pero es que además a los banderilleros se les notó el canguis. Entre unos y otros, la casa sin barrer.
A pesar de ello hubo dos o tres ejemplares perfectamente desorejables como apuntaremos. El quinto hizo sudar tinta a Castaño y el primero deshonró el hierro de Pichorrongo. Como ven, una variedad que dará pie a comentar bastantes cosas en la crónica, cosa que agradecemos. Conste que en las peleas en varas no hubo nada memorable, ni siquiera atisbos. Hace tiempo que esta ganadería no marca ninguna diferencia en el peto.
Mención aparte merece la sinvergonzonería de los maestros a la hora de descabellar. Hubo veinte golpes de verduguillo y los tres actuantes pincharon una y otra vez con muy mala fe los hocicos de los toros. Cuando vemos esto nos subimos por las paredes y estamos deseando que el toro le pegue un descomunal tornillazo al diestro y que... Bueno, vamos a dejarlo porque el final de la frase es una barbaridad.
Buena presentación, con una media de 553 kilos. Su juego fue como sigue: primero, flojucho; segundo, maltratado en varas y a la defensiva; tercero, desaprovechado; cuarto, desaprovechado; quinto, pésimamente lidiado y consiguientemente avisado y con genio y sexto, que pasó sin picar, listo y mirón.
MORAL. Su primero obedecía al memorable nombre de Capitán, recuerden esta entrada. Era cárdeno claro, botinero, muy bien encornado como ven abajo y no sobrado de fuelle. Las fotos de los toros son del maestro Moore:
Quiere pero no puede ante el equipánzer. En el segundo el piquero le echa el caballo encima y le zurra la badana viéndose claramente que había mirado al diestro antes. Más claro, agua.
En banderillas se fue apagando y cuando tuvo la muleta delante se dedicó a probar con un viaje cortísimo. Moral anduvo desconfiado por el aire y dando demasiado tiempo al toro para pensar. Y encima no acababa nunca...
A este diestro siempre lo tuvimos por un excelente estoqueador, recuerden aquí. Dejó esta entera, desprendida y un poco trasera, sin telonazo:
El cuarto era este cárdeno oscuro, ojalado, alto de agujas, un poco acarnerado y con mucha leña:
Primer puyazo trasero y caído en el que cabecea pero no se lo tendremos en cuenta porque nosotros haríamos lo mismo. En el segundo le hace otro agujero aún más caído y lógicamente se suelta.
Buena brega de Sierra, con Reyes demostrando que fue el mejor banderillero de toda la tarde, el único digno, a decir verdad:
La cabeza de Moral volvía a estar pendiente del aire. El toro intuyó las precauciones del diestro y empezó a ponerse farruco.
La buena embestida que se había visto en la capa de Sierra se tornó en una muy desabrida al tomar la muleta del diestro. No vimos que el de Los Palacios viniese a por todas, como hay que venir a Madrid cuando no tienes contratos.
Se equivoca en la suerte contraria y pincha porque el toro lo corta. Insiste contumaz y ahora deja una media ladeada perdiendo la muleta porque se la pisa el toro. Seis descabellos y el tal Cabestrero que se echa harto de todos:
CASTAÑO. Su primero era un cárdeno, listón, veleto y abierto de cuerna. Fue curioso observar que venía con bastante morrillo y bastante papada para ser de Albaserrada:
Se deja agujerear vilmente por el picador, primero en el espinazo y luego un palmo detrás del morrillo. Nuevo fiasco en la segunda entrada de la que se suelta para evitar que lo dejen como un colador. Y todavía lo pusieron una tercera vara pero ahí debajo, de cualquier manera. La sangre le caía por el inicio del costillar. Qué auténtica vergüenza...
Tras un par de pares a toro pasado de Sánchez salió Castaño. El toro punteaba la muleta con mal estilo y nos perdonarán pero estábamos deseando que se pusiese todavía más bronco por haber sido tan mal picado ante la despreocupación del salmantino.
El animal se quedaba debajo y buscaba el muñeco. El maestro anduvo por allí, estirando el brazo como ven en la imagen y con alas en los pies.
Como decíamos al comienzo, nunca sabremos si toros de estas ganaderías serían bastante menos ásperos si los picasen bien. Pero estos diestros, que llevan esos picadores tan nefastos, con su pan se lo coman.
Corta escupida, pinchazo hondo sin cruzar y saliéndose y estocada trasera y atravesada, por volverse a salir, más descabello. Aquel Castaño que al matar se tiraba encima del toro y nos ponía el corazón en un puño ha desaparecido definitivamente. Ahora se dedica a salirse de la suerte con un descaro total:
El quinto era otro cárdeno, esta vez corniabierto, con menos trapío:
Recibe una carioca trasera en el primero y se suelta en el segundo, cuando ya había sufrido media vuelta dándole al metisaca. Lo pone en una tercera vara de largo y, a caballo atravesado, todavía le pincha más cerca de la penca del rabo, saliendo suelto otra vez. Castaño, ¡qué ruina de picadores!
Rubén Sánchez tuvo un percance en la brega cuando el toro lo regateó y tras voltearlo sufrió una fea caída a plomo golpeándose la nariz y el tórax. Sumen una cornada que le afectó el nervio ciático:
La psicosis hizo que el segundo tercio se convirtiese en un herradero. ¿Descompuso eso al toro? Pues probablemente ya que llovía sobre mojado tras las lanzadas traseras del primer tercio... Después el animal llevaba la cara a media altura y la sacaba a pasear contra la tela.
Era difícil lucirse pero Castaño venía con el buen recuerdo del de Miura en Vic-Fezensac y quiso plantarle cara. Por su buena voluntad y por su corazón, que debió de ponerse a 180 pulsaciones, dejaríamos la cosa en tablas pero la verdad es que el toro ganó la dura pelea.
Pinchazo sin cruzar saliendo perseguido y cayéndose en la cara. Se libró de una buena como ven abajo. Luego, estocada habilidosa, o milagrosa, casi entera, delantera y desprendida más descabello:
GÓMEZ DEL PILAR. Su primero era este cárdeno, bragado, meano, axiblanco, listón, veleto y un poco ensillado. Tomó la capa de salida con el genio de un verdadero albaserrada:
Esa codicia de salida nos gusta porque nos recuerda para qué servía la capa en el siglo XIX. Saltó la sorpresa cuando por orden del diestro recibió un picotazo mínimo. En el segundo lo puso muy largo. Tardeó lo indecible, distraído como cada tarde por los capotes, y al final, señal trasera sin taparle la salida. En conjunto, un simulacro:
Toro pronto, con ganas de coger el engaño y soltando su pequeño gañafón al final del viaje. Esto para nosotros es una embestida muy interesante en un toro al cual no había que dejar pensar.
Pero Gómez anduvo siempre premioso, permitiendo que el toro pensase más de la cuenta en lugar de pegar el zapatillazo y echarse encima de él.
Aceptaremos la atenuante del aire pero no podíamos dejar de pensar en que Ruiz Miguel, Manili o hasta el propio Capea cortaron orejas a toros como este montándose encima de ellos. Es que en casos así cabe la posibilidad de que el toro se acobarde y trague.
Se equivoca entrando en la contraria y pincha porque el toro pierde las manos. Cambia a la natural y deja dos cortas arriba más diez descabellos y dos avisos:
El último era este cárdeno claro, acapachado, caribello, que nos recordó a los toritos de Hernández Pla. Además, tampoco es que tuviese ningún hocico de rata:
De nuevo ordenó el maestro simplemente señalar en las dos entradas. A dos picadores tan duros como Sangüesa y Aguado habría que preguntarles si alguna vez habían saldado sus actuaciones en un mismo festejo con dos picotazos cada uno. De hecho, hemos visto decenas de corridas de Escolar y ayer fue la primera vez en que un diestro se dejó sus dos toros crudos.
Candelas estuvo penoso, se le notó la jindama desde la M-40. En los dos pares hizo esto mismo. Y la vergüenza torera, ¿dónde está? Bah, ande yo caliente...
Ojo porque el animal se rebozaba el hocico por la arena de inicio. Este fue el tercer pase:
Pero enseguida empezó a darse cuenta de que la muleta era una filfa y se dedicó a mirar alternativamente la tela roja y la taleguilla azul. Sólo faltó que se levantase aire para que Buenacara se hiciese el amo del cotarro al oler las precauciones del maestro:
Gómez siguió pegando pases, más confiado sólo cuando el toro ya estaba cansado. Se alargó interminablemente escuchando un aviso pero fue como si oyese llover dado que continuó pegando pases. Esta actitud la ve un torero de hace cincuenta años y no da crédito.
Medio sablazo, trasero y atravesado, más dos descabellos rondando el segundo aviso:
¿Qué nos dicen de lo que hemos comentado acerca de esas lidias tan deficientes? Tercero y cuarto, de oreja; segundo y quinto, seguramente también si se los hubiera lidiado más decorosamente. No obstante, de Escolar siempre esperamos más y hay que exigirle como al primero de la clase. Eso no quita que la corrida tuviera muchas cosas que comentar, como han visto. Y es algo de agradecer tras tantas tardes insulsas.
Se habrán fijado en que no hemos hecho ninguna referencia a los comentarios de los paniaguados televisivos ni al sonido ambiente. Es porque decidimos ver la retransmisión sin volumen. La verdad es que fue un descanso.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.
















































