Digan ustedes a qué torero de los actuales soportarían ver matando seis toros seguidos. Morante, sí, pero esa sería una encerrona lanar. Con toros medio de verdad, se hace muy cuesta arriba que nos salga algún nombre con cara y ojos.
Ayer tuvimos a Borja Jiménez que, con sus notorias limitaciones, intentó dar todo lo que puede: ofreció con la capa sus medias verónicas, con la muleta su destoreo habitual y con la espada, malas ejecuciones y equivocaciones en la elección de suerte. Con este argumentario era difícil que la cosa saliese bien.
Sumen a ello que el veedor no se cubrió de gloria precisamente. Recordarán que desde aquí felicitábamos al que escogió los toros de De Justo en aquella encerrona que terminó siendo la de Álvaro de la Calle (pulsen aquí).
Jiménez despreció la suerte de varas haciendo bueno lo que seguro que había hablado en el hotel con su apoderado y es que ayer los aplausos tenían que ser solamente para él.
Se corrieron tres de Domingo Hernández y tres de Toros de Cortés. Dieron una media de 572 kilos. Muy desiguales de presentación, circunstancia agravada por los tres sobreros que salieron. Poca cosa en el caballo. Hubo un par que intentaron empujar con los riñones pero dimitiendo enseguida.
Su juego fue este: primero de Hernández, colaborador; segundo de Cortés, devuelto, salió un sobrero de Victoriano, lesionado; tercero, de Hernández, devuelto, salió un sobrero del mismo hierro que era una cabra sin respeto; cuarto de Cortés, repetidor, sobreponiéndose a su debilidad de manos; quinto de Hernández, devuelto, salió un sobrero de El Torero, tan noble como estúpido y sexto de Cortés, maltratado en varas con indignante desidia o anuencia del maestro y luego destruido en la muleta.
1. Domingo Hernández. Arriesgó yéndose a porta gayola en el primero. Tuvo que echar cuerpo a tierra y tomar el olivo, con quite providencial de Sandoval y su castoreño:
Era negro con chorreras muy tenues, bien encornado y de borlón peludo. Las fotos son del maestro Moore:
Primer puyazo y primera carioca ¡y además doble!, clavando en el espinazo como ven. En el segundo todavía le pinchó más atrás:
Fernando Sánchez, en su línea escaqueante de toda la feria. Su compañero Sierra hizo exactamente lo mismo:
Brindis a Guerra que un perspicaz lector del blog ha entendido que sonó a despedida... El toro era obediente y fijo. Jiménez se colocó de perfil y el público lo aguantó un rato hasta que empezaron a quejarse con razón:
Tras un desplante el toro se echó y entonces nos acordamos de que el primer par de banderillas de Sierra se había hundido cuatro dedos en el agujero de un puyazo. Recuerden esta entrada donde hablábamos del mal que pueden hacer las banderillas y no se le suele dar importancia.
Trasteo por debajo de la calidad del toro antes de una estocada tendida, trasera y con la mano por la andanada:
2. Cortés. Era negro, bragado, meano corrido, axiblanco, listón, chorreado en morcillo y muy bien armado:
Siempre estamos pendientes de las medias verónicas de este diestro que para nosotros es, con diferencia, lo mejor que tiene:
Bien Sandoval mayor dando el pecho del caballo pero mal clavando en la paletilla. El toro se soltó en ambos, con protestas por la desidia del diestro en la suerte. Pelea menos que vulgar y aparente lesión del animal, que se derrumbó teniendo que ser apuntillado en el ruedo.
Ojo porque el reglamento dice esto en el artículo 84.2:
Cuando una res se inutilizara durante su lidia y tuviera que ser apuntillada, no será sustituida por ninguna otra.
No se cumplió. A ver cómo nos explica esto el presidente González. Salió un sobrero de Victoriano y volvió a porta gayola:
Era negro zaíno, con cuello, un poco alto y bien encornado:
Bien Sandoval manteniendo el brazo quieto sin barrenar. En el segundo, un trámite, con pelea mediocre del toro yéndose suelto.
El animal se fue al suelo un par de veces por su propio impulso y enseguida empezó a caminar pisando huevos, descompuesto y rebrincado. Saltó a la vista que se había lesionado y que no podía desplazarse como debiera. Protestas del público y Guerra pidiendo que lo matase con urgencia, cosa que hizo de una estocada trasera y desprendida. Siete pinchazos en el hocico y un descabello.
3. Domingo Hernández. Era feo, negro listón, astinegro, badanudo, con poco cuello y encima salió sucio de corrales. Fue protestado:
Jiménez no quería más problemas y lo condujo con el capote por las nubes. Empuje en las dos varas sin mover la cabeza pero levantándole el palo. Se fue al suelo al salir y vio el verde.
El segundo sobrero era también de Hernández, negro listón, zancudo, cornidelantero, sin trapío, un choto:
La lidia siguió en medio del escándalo, con gritos de '¡toros, toros!' y '¡plaza 1, dimisión!' Con decirles que hasta Arnás estaba sorprendido de que esta cucaracha hubiese pasado el reconocimiento no hay más que añadir.
El diestro tendría que haber abreviado y no lo hizo. El torillo tenía un trote caprino y encima blandeaba de remos con lo cual el personal empezó encima con el recochineo.
A Jiménez le dio igual porque siguió dando la tabarra. Menos mal que el pobre animal se derrumbó y entonces decidió acabar la tragicomedia con una estocada trasera arriba. La imagen que ven está captada durante la faena, no es que el toro lleve una estocada:
Cómo nos extrañaba que un torero como él, que es bastante negado con la espada, hubiera hundido tres veces consecutivas el estoque. ¿Sería capaz de pasaportar seis toros de seis estocadas? Ya verán que no.
4. Cortés. De nuevo se arrodilló a porta gayola ante este negro zaíno, bajito, enmorrillado y cornidelantero:
Empuja en los dos con un pitón y dobla manos al salir. Capote al cielo de Escorial. Duarte y Sánchez fueron ovacionados por poner pares a escandaloso toro pasado. Los peones han seguido burlándose de los aficionados hasta el final. El primero es Duarte y el segundo Sánchez:
Brindis al público intentando remontar la tarde y acto seguido, a torear de rodillas en los medios.
El toro se mantenía en pie a duras penas pero quería embestir y además lo hacía enroscándose en la cintura del maestro.
Jiménez nos ofreció su destoreo habitual, toreando hacia atrás y aprovechando el viaje del toro para componer la postura haciendo muecas. No nos gustó nada aunque los televisivos estaban encantados de la vida.
Las manoletinas finales fueron coreadas con oles igual que en una portátil. Media sin cruzar, trasera y tendida, arriba. Un pinchazo en el hocico, descabello y esprint al platillo para mendigar algún despojo. No hubo tal. Si los triunfalistas televisivos decían que la petición no era mayoritaria, no nos cabe ninguna duda.
5. Domingo Hernández. Pesaba 612 kilos y era negro listón, alto de agujas, astifino y cornilevantado:
Dos agujeros a cuál más trasero en la primera vara, con cabeceo del animal que no le tenemos en cuenta ante semejante carnicería. En el segundo repitió el cabeceo y blandeó al salir, menudeando las protestas, Otro verde al canto.
El tercer sobrero era de El Torero, negro lombardo, bragado, listón, rabicorto, veleto, astiblanco y astifino:
Quiere meter el riñón como ven pero acaba dimitiendo en ambos.
El animal iba y venía con la lengua afuera sin provocar ningún interés.
Jiménez le hizo varios tiovivos, de esos que gustan tanto a los isidros de toda España. Faena muy pueblerina en el peor sentido coronada además por un arrimón de los que dan pena en lugar de miedo (recuerden aquí nuestra teoría del arrimón).
Ante tanta vulgaridad nos llegaba un entusiasmo desde el tendido al que no dábamos crédito estando en la que denominan primera plaza del mundo.
Se equivoca totalmente entrando en la suerte contraria y pincha, con el toro cortándolo. Contumacia en la contraria y nuevo pinchazo, pero es que esta vez el toro casi le da un susto. Nueva contraria y dos pinchazos más. Al fin, media ladeada y desprendida más dos descabellos.
Observen la reacción del toro indicándole que se estaba equivocando gravemente. ¿Dónde estaba Guerra?
6. Cortés. Era negro, bragado, meano corrido, axiblanco, chorreado en morcillo, listón, cornialto y cornilevantado:
Lo de cornialto es por la inserción y lo de cornilevantado por la dirección de las puntas. Vean:
Asqueroso puyazo en el espinazo, echando el caballo encima del pobre animal y atravesándolo como ven abajo. Teniendo el toro ahí, parado a medio metro de la puya, le pinchó en la columna vertebral. Eso es totalmente deliberado, señores.
Miren la imagen, para que luego esta pandilla diga que los puyazos se les van traseros sin querer porque el toro viene en movimiento y es muy difícil acertar. ¡A otro perro con ese hueso!
En el segundo vuelve a clavar atrás y vuelve a barrenar. Si el animal había salido de chiqueros embistiendo de manera un poco extraña, con semejante trato ya se pueden imaginar. Pero esto a los toreros les da absolutamente igual.
Muy mal Raúl Ruiz clavando a toro pasado, otro que vive de los recuerdos. Mucho mejor que él Reyes y sin tener tanta fama. Lo de la fama en los banderilleros de este San isidro ha sido inversamente proporcional a su buena ejecución de los pares:
Como era previsible la embestida del toro era peor que desaboría pero ni Guerra, ni Jiménez, ni nadie de su entorno debió de pensar en que la nefasta suerte de varas algo podría haber influido.
Fin de fiesta muy desangelado, con el diestro moliéndonos el alma pegando pases sin piedad. Transcurridas las dos horas y media de plúmbeo festejo se perfiló para dejar una casi entera muy trasera y muy tendida. Comprueben de nuevo lo que decíamos antes de la encornadura:
Corrida para olvidar. ¿Cuantos pases buenos vimos? Un par de medias verónicas y un trincherazo al segundo, pare de contar. Estocadas medio decentes, ni una. Eso sí, toreo vulgar, demasiado para nuestro maniático gusto aunque fuera muy aplaudido.
Visto lo visto, a ver quién es el próximo que firma lo de matar otros seis toros en Las Ventas.
Señoras y señores, hasta aquí hemos llegado en nuestro maratón isidril. Se nos ha hecho largo, la verdad, porque nos falta afición. Menos mal que cada día quedaba compensado por la moral que nos daba la interlocución con los lectores en la sección de comentarios. Ha sido un placer.
Siempre terminamos diciendo que no lo haremos más pero nos pasa lo mismo que a los abonados de Las Ventas. Terminan la temporada diciendo que no renovarán su asiento y siempre vuelven a la taquilla.
Nuestro agradecimiento va también para el maestro Moore por su desinteresada colaboración con nuestro modesto blog.
Nos despedimos con esa foto de abajo de nuestro cuaderno, donde se aprecian las notas que vamos tomando para que luego ustedes echen un rato entretenido leyendo las crónicas. Ese ha sido nuestro principal propósito. Esperemos haberlo conseguido.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



















































