lunes, 26 de octubre de 2026

LA TAUROMAQUIA MODERNA

 FIRMA INVITADA: José Luis García García 

Decano de los Presidentes de Plazas de Toros de España 


LA TAUROMAQUIA MODERNA 

Este grandioso y sin par espectáculo que es el toreo, nacido del pueblo y para el pueblo, siempre fue superando cuantos trances se le fueron presentando, ya fueran las prohibiciones papales o el problema acuciante del afeitado aunque, lamentablemente, este no se erradicó nunca por completo y el espectáculo, por tanto, tampoco fue íntegro.

Pero hablemos del momento actual. A pesar de que se diga por activa y por pasiva que los toros gozan de buena salud, que ahora se torea mejor que nunca y que sale el toro más bravo de la historia, no estamos de acuerdo con ello por los motivos que a continuación expondremos. 

Qué gran verdad brotó de la voz del torero segoviano Víctor Barrio cuando dijo que “los toros no hay que defenderlos, sino que hay que enseñarlos”. Es que no es cierto el inveterado axioma de que los toros se defienden solos. 

En la actualidad los toros no tienen fuerza suficiente para defenderse solos, como hubiera podido suceder en otra época; son muchas las aves de rapiña que revolotean sobre ellos como para que se puedan defender por sí mismos. 



Lo que hay que hacer es enseñar, educar en la cultura taurina a estas nuevas generaciones que, a diferencia de las nuestras, las de los aficionados antiguos, no han tenido la suerte de recibir las enseñanzas de sus progenitores. En este momento se dice que está acudiendo en número muy importante de jóvenes a las plazas de toros. Es cierto pero hay que enseñarles lo que es la tauromaquia, lo que es el arte del toreo, cómo se realiza, dónde ha de colocarse el espada, la forma de ejecutar las suertes, dónde deben estar situados en el ruedo los protagonistas, cómo y por qué embiste el toro, cuál es su conformación zootécnica y, en fin, de qué manera el torero debe acoplarse a las condiciones del toro y a los cambios que vaya experimentado éste. 

Quienes se dedican a la comunicación desde los distintos medios deberían realizar una labor didáctica, no equivocando a los oyentes o lectores con comentarios erróneos. Un matador que no está en activo y es comentarista de una cadena de televisión dice que los banderilleros “tienen que hacer dos pasadas”, cuando lo que dice el reglamento es que “actuarán de dos en dos según orden de antigüedad, pero el que realizase tres salidas en falso, perderá el turno y será sustituido por el tercer compañero”. También ha afirmado que “durante el mes que las reses cumplen los años se podrán lidiar como toros o como novillos”, entre otras lindezas. ¡Que desconocimiento más supino de la normativa taurina! 

Hay que transmitir la realidad de lo que ocurre en el ruedo, cómo está ejecutando las suertes el torero, si en el sitio o fuera de él, si torea sin trazar un arco (toreo en línea), o trazando el mismo (toreo en redondo), si remata en el primer caso por delante de la cadera llevando al toro sometido o al final de la cadera en el segundo de los casos. Muchas veces en las corridas televisadas parece que el único que tiene la culpa de todo es el toro, que es el que no puede defenderse. 



Se dice también que los festejos gozan de buena salud porque acude la gente en masa y nada más lejos de la realidad. Al margen de cuatro grandes ferias, la de San Isidro y la de Otoño en Madrid y la de Abril y San Miguel en Sevilla, más la de Pamplona la afluencia de público no es para estar muy satisfechos. 

En el resto de ferias de capitales de provincia, dejando al margen la de Albacete, que aún continúa con buenas asistencias de público, las afluencias no son ilusionantes precisamente. Si vemos las retransmisiones que realizan tanto Canal Sur como el canal de Castilla-la Mancha, en muchas plazas de tercera categoría, e incluso de segunda, la cantidad de público que asiste a los festejos es irrisoria. 

Y en cuanto a que sale el toro más bravo de la historia, habría que matizar muchas cosas. En la actualidad sí sale el toro más borreguil de la historia, criado para aguantar infinidad de pases y no para realizar el toreo de verdad con él. Es de una nobleza bobalicona carente de riesgo. Aquel ganadero que dijo que él criaba el toro “artista” y con “toreabilidad” quizás se equivocó de palabra y tenía que haber dicho con “docilidad”. No obstante, tengamos siempre en cuenta que ponerse delante de una res de lidia entraña un riesgo (no olvidemos que don Antonio Bienvenida, denunciante en su momento del afeitado imperante en los años cincuenta, aunque él mismo entonara el mea culpa por haber toreado también toros afeitados, murió a consecuencia del golpe que le propinó una vaquilla). 



En el toreo ha de haber una emoción que llegue al tendido. En el ruedo tiene que haber un toro encastado y bravo, que con codicia se quiera comer los engaños persiguiéndolos por abajo, y que pelee hasta su muerte. Debe ser un toro que, como siempre se ha dicho, se crezca al castigo, no un toro acobardado que llegue a echarse antes de la hora de la suerte suprema por falta de casta. Y para que un toro tenga casta hay que buscarla en los tentaderos. 

Hoy los ganaderos, o al menos una inmensa mayoría de ellos, seleccionan sólo la nobleza, cualidad que en la realidad resulta borreguil. Es la de ese animal que persigue los engaños sin generar emoción. Porque el toro puede ser noble y bravo pero por encima de todo tiene que ser encastado y con fuerza. 

No podemos olvidar, tampoco, la presentación del toro de lidia en la actualidad. De un tiempo a esta parte, se ha generalizado otra lacra, diríamos que casi  en la totalidad de las plazas, cual es la finalización del pitón en esas puntas redondeadas. Son las llamadas “bolitas”, que no dejan de ser una manipulación del cuerno en toda regla, prohibido tajantemente tanto en la Ley Taurina 10/1991 de potestades administrativas en materia de espectáculos taurinos, como en todos los reglamentos existentes. Solamente los presidentes podrían erradicarla demostrando exigencias rigurosas en los reconocimientos en vivo de las reses. 

En ocasiones, muchas más de las deseadas, se ven puntas de pitones en corridas de toros que parecen para festejos de rejones y eso en plazas importantes. Tampoco están exentos de responsabilidad los veterinarios, que han de realizar los reconocimientos ante mortem de los toros e informar de su resultado al presidente.



Un aspecto fundamental en la lidia es que impere el orden, del cual debe cuidar cada matador en sus toros como director de lidia que es de los mismos. A la salida de chiqueros deben estar situados en los burladeros de la primera y segunda suertes dos subalternos, uno en cada uno, y el espada con su peón de confianza en el burladero de matadores. Pues bien, esto no suele ser así y por sistema vemos cómo hay dos peones en un mismo burladero. 

Otro aspecto importante es el lugar donde se debe colocar el picador, y cómo se debe llevar el toro hasta el mismo para ser colocado en suerte. La forma de hacer la suerte de varas debiera ser uno de los parámetros esenciales para medir la bravura del toro. Pero, claro, es muy difícil con ese caballo mastodóntico. Resulta curioso que en un festejo de la pasada feria de San Isidro, en pantalla figuraba el peso del caballo, que era de “614 kilos” (recordemos que el máximo reglamentario es de 650 kilos). El toro que en esos momentos estaba en el ruedo pesaba “602 kilos”. Como vemos, la diferencia era mínima pero es que el toro debajo del caballo parecía una mona a su lado. Es un aspecto, este del peso de los caballos y los petos, que los Presidentes y Delegados gubernativos debieran vigilar concienzudamente, al igual que se hace con el peso de las reses, así como reglamentar una altura mínima del peto desde el piso de plaza. 

Importantísimo para el resultado de la lidia es que la suerte de varas se realice como debe ser, colocado el caballo en el lugar adecuado, yendo el picador hacia el toro por derecho y cuarteando cuando se arranca el mismo, echar la vara para cogerlo antes de que llegue al peto y marcar el puyazo para después no cometer fallos. No puede ser que administre un lanzazo, en muchas ocasiones trasero, caído o en el pico de la paletilla, con el daño tan horrible que ello ocasiona al animal y que tiene una incidencia muy negativa en la lidia. 



Lo mismo ocurre en el tercio de banderillas con esos pares que quedan clavados traseros o caídos, en los que a veces llegan los arpones a los pulmones de los toros. Después nos sorprendemos de que los animales se paren en el último tercio de la lidia. 

Respecto a que ahora se torea mejor que nunca, pienso que el toreo que se realiza actualmente es un toreo distinto, que va en función de las condiciones del toro actual. Voy a aceptar que hoy se toree con más técnica, aunque con menos verdad y pureza, pero que nadie dude de que aquella extensa baraja de toreros que hubo entre los años sesenta y ochenta hoy serían igualmente figuras del toreo.  

Cómo se puede decir que se torea ahora mejor que nunca, cuando vemos la realización de las suertes descargando la mayoría de las veces la misma; colocándose fuera de cacho los toreros por sistema; practicando un toreo perfilero, dejando la muleta retrasada y aliviándose con el pico; tirando líneas y echando el toro para fuera quedándose descolocados. El toreo es todo lo contrario, es trazar curvas y rematar el pase detrás de la cadera, liarse el toro atrás, pero, claro, esto entraña más peligro. Por eso vemos que a partir del primer pase de muleta la pierna de salida del torero está retrasada, con lo que se está realizando un toreo de mentira y menos peligroso. Pocos son los toreros que cargan la suerte y se embraguetan con el toro. 



Y no hablemos de la suerte suprema. Cómo se mata el toro en la actualidad, en multitud de veces de manera horrible, porque no se realiza la suerte acorde a los cánones; dónde se coloca el torero y cómo avanza hacia el toro, si en rectitud o yéndose de la suerte; si en vez de echarle la muleta a las pezuñas despliega la misma en horizontal a la altura de los ojos del toro; cómo muchas veces pegan un brinco para meter la espada yéndose de la suerte, con lo que también disminuye el peligro. Generalmente el resultado son estocadas defectuosas pero no importa nada porque el público pedirá las orejas igualmente. 



Que el toreo en la actualidad ha de evolucionar en su conjunto es indudable pero esa evolución debe ser a mejor, no a peor, y medios hay. Se han ideado por el veterinario y gran conocedor del toro de lidia Julio Fernández Sanz, juntamente con el matador de toros retirado Manolo Sales, unos útiles (divisas, puyas, banderillas, estoques y descabellos, entre otros) que algunos son mucho menos lacerantes y otros de efectividad más rápida. De todos ellos han tenido cumplida información en este blog (recuerden aquí). Estamos totalmente de acuerdo con la aseveración de que la fiesta de toros tiene que cambiar ya que ha cambiado la sociedad. Por ejemplo, podríamos comenzar por legalizar el afeitado pero que se haga constar así en los carteles, que se anuncien corridas de toros cuyas defensas estén mermadas, afeitadas o manipuladas, con los espadas que actúen. Y después ya podremos hablar de los cambios procedentes.

Bueno, no nos engañemos, en realidad el toreo actual se limita a una de las fases del último tercio, la fase de muleta, en el que el toro sigue el engaño con nobleza bobalicona y borreguil, no como debiera ser, con codicia y bravura. Después son estoqueados de cualquier manera, sin hacerlo en los terrenos adecuados, sin ejecutar la  suerte más conveniente a las condiciones del animal, así como tampoco conforme a los cánones taurinos que de siempre han regido la misma. Poco les importa matarlos por arriba sino que se alivian casi siempre dejando espadazos desprendidos, cuando no caídos o bajonazos. Eso sí, con los profesionales siempre pendientes de que los presidentes les concedan los trofeos que, al fin y al cabo es lo único que les importa ya que a final de temporada es lo que cuenta. 

No podemos concluir nuestra opinión sin referirnos al indulto del toro, a esa indultitis generalizada que se ha apoderado de la fiesta en los momentos actuales. Como dato informativo diremos que desde 1992, año en el que se reglamentó y legalizó el indulto, hasta el final de la temporada 2025, se han indultado en las plazas de toros españolas de primera, segunda y tercera categoría, nada más y nada menos que quinientos sesenta y dos toros y novillos. Es una cifra a nuestro entender astronómica que hace pensar que la mayoría de ellos fueron indultos que particularmente conceptúo como publicitarios. Probablemente muchas de aquellas reses no quedaron para padrear en las ganaderías, no fueron indultos ajustados a la finalidad para la que fueron reglamentados. No olvidemos que el indulto no es ningún premio al ganadero, el premio al ganadero es la vuelta al ruedo de sus toros. La finalidad del indulto no es otra, como así se recoge en el artículo específico dedicado al mismo en los distintos reglamentos, que la de procrear, que queden como sementales en la ganadería. Los trofeos, saludos, vueltas al ruedo de los toreros, orejas, rabos y la vuelta al ruedo de las reses, están contenidos en otro artículo concreto y distinto. 



Lo que no hay es voluntad de que así sea. Si la hubiera la solución es factible. En mi época de presidente de la plaza de toros de Segovia, desde el susodicho año de 1992, antes de comenzar la corrida siempre hacía saber a los diestros lo siguiente: cuando exista petición de indulto, el torero también la solicite y el ganadero otorgue su consentimiento, el presidente paralizará el tiempo de muleta y hará salir nuevamente el picador con su caballo al ruedo. Con una vara con puya de tentar, si se dispone de ella, o si no con una vara reglamentaria de picar, el matador, sólo en el ruedo, colocará el toro en suerte a contraquerencia. El picador hará la suerte de picar comprobando que el toro haya acudido al caballo hasta en un mínimo de tres ocasiones, teniendo en cuenta las que lo hizo durante la realización de la suerte de varas. A la vista de lo que haya acontecido, el presidente decidirá si el toro será merecedor o no del indulto. 

Desde luego que todo se comunicaría a los espectadores a través de la megafonía de la plaza antes de que el picador saliera nuevamente al ruedo. 

Todo esto que antecede, lo relacionado con el trapío de los toros, la integridad de los cuernos, el peso de los caballos de picar y la forma de llevar la lidia en las suertes de varas y de banderillas, el presidente lo debería tener en cuenta para, llegado el momento, conceder los trofeos, en especial cuando se trate de la segunda oreja. Lo mismo vale para acceder o no a la petición del público, del torero y del ganadero en caso de indulto. 

Lamentablemente, en la actualidad vemos concesiones de orejas que no vienen a cuento, ya sean primeras o segundas, Ahí están los ejemplos de plazas como la de Sevilla, cuando con tres descabellos y, al parecer, sin petición mayoritaria, el presidente concedió una oreja a un matador que le abría la Puerta del Príncipe. Vemos otras negadas o concedidas sin motivo en Las Ventas. Ya no hablemos de aquellas nueve orejas y dos rabos otorgados en la plaza de Jaén o de aquel indulto acaecido en la plaza de Tarifa. Allí, por no reunir las condiciones necesarias en sus instalaciones al carecer de callejón o de corrales, tuvimos que asistir el penoso y nada agradable espectáculo de aguantar más de una hora en televisión y más de dos horas in situ hasta que el toro pudo ser reembarcado. 



Actualmente y por lo general, las presidencias dejan muy mucho que desear en sus actuaciones. Entre ellas destaquemos la aprobación de toros con falta de presencia o trapío en todas las plazas incluidas las más importantes; toros aprobados, en general, sin excepción, presentando en las puntas de los pitones las desdichadas “bolitas”, que constituyen una manipulación en toda regla; caballos de picar aparentemente pasados de peso cuando hoy existen básculas portátiles para poder hacer las comprobaciones; realización de los reconocimientos post mortem; envío de cuernos para análisis, etc. Según información publicada hace poco tiempo, en la presente temporada solamente habían enviado astas al laboratorio de Canillas las plazas de Valladolid y Guadalajara. De todo lo que hemos enumerado hay un único responsable: los presidentes de los festejos.

Presidentes que por otro lado no vemos el motivo por el cual no están sometidos a un régimen sancionador administrativo, no económico, por supuesto, pero sí de inhabilitación. Con los medios electrónicos de que se dispone en estos momentos, se podría obligar a los presidentes a remitir a la autoridad competente un resumen de su actuación. Debería constar la razón de su negativa a conceder una primera oreja cuya petición hubiera sido unánime, el motivo fundamentado de por qué se concedieron dos orejas en un mismo toro, la razón objetiva y fundamentada reglamentariamente de un indulto otorgado o las propuestas de incoación de expediente sancionador por los motivos reglamentarios que procedan. Y, ¿por qué no?, todo esto darlo a conocer al finalizar el festejo a los medios de comunicación interesados. En este sentido, creo que ANPTE tendría una labor importante que hacer entre sus asociados, por el bien de la Fiesta. 

La labor del presidente es fundamental, no en vano es la autoridad que dirige el espectáculo según recogen los diferentes reglamentos, y tiene una carga de responsabilidad muy importante que, sin embargo, tarde sí y tarde también vemos que deja bastante que desear. Lejos quedan aquellos magníficos presidentes de los años 70, 80 y 90, de los que no voy a nombrar a ninguno, pues, además de ser un listado extenso, correría el peligro de dejarme alguno en el olvido.

El momento actual del espectáculo taurino no es bueno digan lo que digan, ni en integridad y presentación del toro, ni en el peso de los caballos de picar, ni en la ejecución de la suerte de varas, ni en el desarrollo de la lidia, ni en la colocación de los profesionales en el ruedo. De todo esto solamente los presidentes tienen en su mano las medidas para solucionarlo, aplicando el Reglamento de Espectáculos Taurinos, NO SU REGLAMENTO PERSONAL O PARTICULAR, que en ocasiones así parece que hacen.

Un buen presidente debe velar por dos cometidos fundamentales: la integridad del toro de lidia y la del espectáculo en general, que incluye la defensa de los espectadores.



Y cuanto hago constar anteriormente, no solo lo digo yo sino que también lo hacen otras voces autorizadas, autorizadísimas diríamos, por su categoría, profesionalidad y conocimientos del toro y el toreo. Veamos algunos ejemplos en los que se han pronunciado sobre alguno de los aspectos objeto de este análisis. 

Don Santiago Martín “El Viti”, nada más y nada menos, sentenció en su momento que “el toro debe ser auténtico y el día que no lo parezca, adiós Fiesta. Porque ésta es toro, toro y TORO y, luego, toreros, que se benefician de la res, pero siempre los últimos e indirectamente”.  (La Razón 10-05-2012). 

O que “el toro de entonces era más fuerte. Ahora se ha purificado el animal, se ha seleccionado el toro más bien para el torero y no para el público”. (ABC 08-10-2015).

Curro Vázquez, a quien no podemos olvidar cuando dijo: “No es verdad que ahora se toree mejor que nunca; hay más técnica, pero falta torería. Las faenas tan largas no tienen lógica. Todo tiene que tener su sentido. Hay momentos cuando la gente está contigo y el toro pidiendo la muerte… Personalmente, no me gustan nada las faenas largas. El toreo que llega y emociona a la gente tiene que tener tres cosas: la entrega, dar el pecho al toro y cargar la suerte”.  (Mundotoro 07-11-2025)

Emilio Muñoz decía que "hoy hay ciertas cosas que están salidas de los cánones establecidos por Belmonte. Viene a colación de esa frase hecha de que hoy se torea mejor que nunca. A mí, sinceramente, me molesta que haya quien diga, con todos mis respetos y mi admiración a todos los toreros que hay, que hoy se torea mejor que nunca, que hoy se le hacen al toro más cosas que nunca... por supuesto que sí, pero porque también el toro lo permite”.  (Sevilla Taurina 30-05-2012).

Desde luego ciertas pero a la vez curiosas manifestaciones del torero, que en su época de comentarista taurino en televisión hablaba de otra manera muy diferente. 

José Luis Lozano afirmaba que “sin toro no hay espectáculo y eso es un hecho real, no un tópico. El resto son tertulias de taberna en los despachos”. (Mundotoro 13-02-2014).

“El toreo tiene que evolucionar -el toro, el empresario y el torero-, aunque se deben mantener los cánones fundamentales. Se torea más bonito, aunque no más profundo, que es distinto. Y se parecen mucho todos los toreros”.  (El País 16-12-2022).

Juan Luis Fraile: “Ahora casi todo es Domecq y dicen que embisten más… Yo no lo niego, pero veo menos emoción. También dicen que los toreros torean mejor que nunca… pero hay menos sensación de seriedad y peligro”  (Tribuna de Salamanca 09-10-2010).

Pablo Lozano, expresaba que “el espectáculo taurino está muy mal en la actualidad. La Fiesta está en un declive muy grande y como no se tomen medidas fuertes e inmediatas, en cinco o seis años habrá una sorpresa desagradable muy grande”. 

Respecto al toro, su opinión es que “se mueve muy poco y este hecho resta mucha emoción a los espectadores. En la ganadería actual sólo existe un encaste único. El ochenta por ciento de las ganaderías son del mismo encaste y, unos más altos otros más bajos, se parecen todos. Es muy monótono el nivel ganadero. Si no hay variedad faltará emoción. Es lo que está ocurriendo lamentablemente, hecho que en un futuro también pagaremos”. (ambas declaraciones en Taurología, agosto 2022).

“Hoy se torea más bonito, no mejor. Torear es pegarle a un toro veinticinco pases bien pegados. Que a los veinticinco pases el toro esté dominado y en ese momento pegarle una estocada por el hoyo de las agujas. Eso es torear y ahora veo yo que los toreros escuchan muchos avisos. Ello demuestra que se puede poco con los toros. Si tú a un toro lo toreas bien de verdad, no hay toro que te aguante más de esos veinte o veinticinco pases. Ahora bien, si lo que haces es andar por allí… de esa manera le puedes pegar setenta, ochenta o los que quieras pero eso no es lo mismo”.  (Aplausos 30-10-2020).

Alfonso Navalón, con sus formas más o menos deseables, pero que de toros sabía como nadie, llegó a decir: “a los ganaderos nos han prohibido criar el toro 'de lidia', para torearlo. Nos obligan a criar un toro para darle pases. Ahora casi todos los toros admiten docenas de pases. Pero casi ninguno sirve para torearlo. Al toro bravo que embiste con entrega, cuando se lo torea en curva, adelantando la pierna y metiendo la cadera, a los treinta pases pide la muerte. 

“Al poner los toros de uniforme también los toreros se han contagiado de la monotonía y ahí tenemos a la mayoría de las figuras que para cuajar una faena necesitan sobrepasar el tiempo del aviso. Los avisos... El Guerra decidió retirarse el día que le tocaron el primer aviso de su vida en Madrid. Estaba en la plenitud de su poderío, pero pasó tanta vergüenza que decidió no volver a vestirse de luces en cuanto terminara esa temporada. 

“En las tientas se toreaba para el ganadero y en la plaza, para ganar dinero. No tenía nada que ver una cosa con la otra. Ahora se torea en el campo lo mismo que en las plazas. 

“En el campo pena da ver una vaca tras otra manseando en el caballo y luego dejándose pegar cientos de pases siguiendo la muleta como un perro. Para colmo ya no se torea en el campo. Los picadores hacen lo mismo que en la plaza. Agarran la vara muy atrás. Ya no saben echar el palo y reunirse. 

“El toro bravo y el torero auténtico, treinta pases”. 

En fin, será el devenir del tiempo el que dará o quitará la razón. Es el mejor juez. 

Segovia, 23 de Septiembre de 2026

lunes, 19 de octubre de 2026

CARA Y CRUZ DE MORANTE

Los amigos del Club Taurino de Pamplona nos pidieron un artículo para su revista que como saben se publica cada año una semana antes de las fiestas.

El tema era Morante porque cuando se planteó, el maestro tendría que haber estado retirado definitivamente pero ya sabemos cómo derivaron las cosas posteriormente.

Les dejamos con nuestro texto y al final les facilitamos la manera de conseguir la revista completa para leer el resto de colaboraciones.


CARA Y CRUZ DE MORANTE

Morante ha sentado cátedra en tres suertes de la Tauromaquia según nuestra modesta opinión. Nos referimos a la verónica, las banderillas y la estocada.

Las banderillas no las comentaremos en este texto ya que se ha prodigado muy poco, a pesar de que cuando lo ha hecho ha estado a la altura de cualquiera de los mejores. 

Tengan en cuenta que la verónica y la estocada, junto al natural, son las tres suertes más difíciles del arte de torear. El problema es que en las dos primeras el maestro no ha sido regular y desafortunadamente nos ha mostrado siempre la cara y la cruz. 

Ha toreado a la verónica de manera excelente en unas ocasiones y bastante tramposa en otras. Ha ejecutado estocadas magistrales dignas de cualquier as de espadas pero a la vez ha castigado al tendido con sainetes a paso de banderillas que hubiera firmado cualquier miedoso pinchaúvas de tres al cuarto. Vamos a comentar ambas circunstancias.



En las verónicas se trata de ganar terreno al toro, no de llevarlo en línea. Los maestros antiguos, como Rafael Ortega, presumían de haber rematado una tanda de verónicas en la boca de riego después de haber comenzado en tablas. Así lo hizo el de San Fernando una tarde en Barcelona y dio la vuelta al ruedo antes de salir los picadores. 

La forma de ganarlo sería ir cargando la suerte con la pierna que corresponde al cuerno del toro por el cual se está ejecutando este lance. Con cuatro verónicas realizadas así, el torero habría ganado unos tres metros y medio al toro hacia afuera. Esto lo ha hecho Morante muchas veces, cuando se encontraba confiado y a gusto frente a su enemigo.



Lamentablemente en otras muchas lo que le hemos visto hacer es echar la pierna interna atrás. De esa manera se compone muy bien la figura para la foto pero no se gana ni un metro al toro. Se lancea así o porque el diestro no se confía ante un toro que le causa cierta preocupación o, simplemente, porque pretende arriesgar menos.

Lo pueden comprobar ustedes mismo si se ponen a torear de salón a la verónica. Se darán cuenta de que no hay comparación: una cosa es ponerse recto esperando el toro y echar atrás la pierna interna de manera tramposa justo antes del embroque; otra, muy diferente y muy meritoria, es mantener esa pierna interna quieta y dar hacia afuera un ligero paso con la externa. En ese momento enseñas el muslo al animal y ahí radica la clave. Si no tienes valor y confianza, esa pierna no se avanza para cargar la suerte invadiendo el camino por donde viene el toro. Es más socorrido echar la pierna atrás.

Echando la pierna atrás no se gana terreno sino que se lancea en línea. Si se gana es porque se dan pasitos hacia afuera cuando el toro se está dando la vuelta, no cuando debería ser, que es toreando.

Esta circunstancia de veroniquear echando la pierna atrás se repite en muchísimos toreros y habría que hablarlo con ellos enseñándoles un vídeo. La pregunta que les haríamos es si son conscientes de la coincidencia de que escondan la pierna derecha cuando la que tienen que enseñar es la izquierda y, en cambio, se les vea más confiados cuando la que enseñan es la derecha. Podría estar relacionado con que sean diestros y no zurdos. Un experto en lateralidad y su relación con los hemisferios cerebrales nos podría orientar. 




Desafortunadamente los aficionados no suelen mirar las piernas de los toreros, que es una de las cosas más interesantes en que fijarse durante una corrida, como decía Corrochano (recuerden esta crónica). El propio Morante sabe perfectamente de qué hablamos cuando le criticamos ese paso atrás al lancear.

En una demostración práctica ante unos amigos, él mismo lo censuraba, igual que nosotros. Decía: 

'Lo importante es que cuando se va a echar el vuelo del capote uno ya se quede colocado. Hay veces en que hacemos, yo incluso... cuando uno no se fía tanto (...) damos un paso hacia atrás y eso no está bien hecho'

Lo pueden recordar pulsando aquí y verán el vídeo. Han quedado claras la cara y la cruz de Morante cuando veroniquea, ¿verdad? Pues vamos con la estocada. 

No nos duele ninguna prenda en reconocer que Morante ha sido el torero de arte que mejor ha llevado a cabo la suerte suprema en la historia. Es que incluso ha sido mejor estoqueador que otros grandes maestros encuadrados en el ámbito de los lidiadores. Indiscutiblemente lo consideramos un matador muchísimo más puro que Gallito, Lalanda o El Viti y perfectamente a la altura de Rafael Ortega, Camino o, actualmente, Roca Rey.



Le hemos visto estocadas sensacionales donde ha cumplido a pedir de boca los aspectos esenciales de la suerte de la ley, como la denominaban en el siglo XIX. Son los siguientes,  aunque todo esto a sus partidarios les da igual:

- Perfilarse a la distancia adecuada, esto es, ni muy lejos ni muy cerca. ¿Para qué hay que perfilarse? Pues para salir limpio por el costillar. Todos esos que no cruzan y que se quedan en la cara podrían arrancar de frente. Ni que decir tiene que uno debe armarse entre ambos cuernos y no fuera de la suerte.

- Liar correctamente la muleta. Se hace para no arrastrar la tela al avanzar y evitar tropezar o que el toro te la pise. Está claro que los que pegan el telonazo no tendrían por qué liarla. Lo hacen por tradición ya que la llevan alta, con el palillo horizontal, solo preocupados por esconderse tras ella cuando inician la suerte.

- La mano de la espada debe estar debajo de la barbilla, encima del pecho. Paquiro decía 'delante del medio del pecho' y Ortega, 'encima de la tetilla izquierda'. No aceptaremos de ninguna manera estirar el brazo para pegar la puñalada como puso de moda Tomás Campuzano en su día y hoy imitan tantos.




- Descubrir la muerte con el brazo izquierdo apuntando con firmeza y valentía al morro del toro, poniendo el estaquillador vertical y haciendo que vaya la punta de la muleta entre las pezuñas. No puede ser girarlo en horizontal en el último momento para pegar el telonazo y dejar ciego al toro.

- Avanzar lo más lentamente posible, arrastrando los pies. Nada de entrar a la carrera.

- No estirar el brazo de la espada al ir a clavar sino mantenerlo flexionado y en la misma dirección que el torso. Estirarlo alejándolo del cuerpo es una trampa. Lo mismo que alargarlo para clavar antes del embroque. Que lo hiciera Gallito no exime de culpa a todos los que se alivian de esa manera, incluido él.

- En ese momento se hace la cruz con ambos brazos y tras clavar, se sale por el costillar. La mano izquierda 'te la debe coger el toro con la boca y llenártela de baba', como afirmaba Rafael Ortega.

- No saltar en el embroque. Un maestro en Tauromaquia no tiene que saltar nunca, bajo ninguna circunstancia, ya que estamos ante un torero y no un saltimbanqui.

Pinchar en buen sitio tras hacer la suerte cumpliendo las condiciones que hemos relatado no sólo no merece censura sino que debería aplaudirse. Habrán visto que no hemos hablado de igualar el toro, ¿verdad? Es que si el toro está bien toreado, se cuadra él solo ya que te pide la muerte. Recuerden que lo explicábamos aquí.

Pues ejecutando estos ocho puntos que acaban de leer nos ha deleitado muchas veces Morante regalándonos estocadas espléndidas. Un ejemplo fue la que recetó al segundo de Garcigrande en su presunta despedida madrileña del año pasado o la del juampedro en la corrida de la Prensa. También la del rabo de Sevilla. 



Todo esto que hemos relatado es la cara pero en no pocas ocasiones se ha dedicado a dar pena clavando a paso de banderillas de manera tan desvergonzada para el tendido como deshonrosa para un torero. Demostraba un miedo indisimulable que no cuadraba con el valor que siempre exhibió cuando estoqueaba bien.

Alguno de ustedes dirá que esos toros que para él eran malos no merecían que se los matase bien. Pues ya nos disculparán pero esa es una opinión de mal aficionado. El toro, y más aún ese aficionado que ha pagado su entrada, merece siempre que la suerte suprema se ejecute con pureza. Además es una suerte que está en la mano y en la voluntad del diestro, solamente depende de él. 

¿Por qué se ha escaqueado Morante tantas veces de su obligación como matador cuando lo ha sido magnífico? No nos entra en la cabeza y no se lo perdonaremos nunca.



Lo vimos en la última corrida del 12 de octubre en Madrid cuando su primer toro no le gustó y lo asesinó escupiéndose con gran desfachatez:



Cara y cruz, como decíamos en el titular. Un maestro a la altura de los mejores de la historia de la Tauromaquia tanto en la ejecución de la verónica como de la estocada pero, a la vez, un diestro sin vergüenza a la hora de buscar ratimagos para dar gato por liebre a la afición.

Felipe Benítez Reyes, gran admirador de Paula, decía algo que puede aplicarse a Morante:

'sólo el genio tiene derecho a no serlo; sólo el genio puede ser la sombra patética de sí mismo sin dejar de ser quien es porque esa sombra patética es también protagonista principal de la trama'

Pues no tenemos más remedio que discrepar con el escritor gaditano. Un torero es sobre el papel algo muy grande y jamás debería convertirse en una sombra patética de sí mismo.

Eso es precisamente lo que ha hecho Morante en más de una ocasión especialmente a la hora de la estocada. Si veía oportunidad de triunfo mataba de forma excelente pero cuando el toro no le había gustado, daba la impresión de que quería castigarlo asesinándolo. Pedir al maestro que matase tan bien como sabía a todos los toros fue como mendigar en casa del pobre. Insistimos en que no se lo perdonamos por muy genio que sea.

Hasta aquí nuestro artículo al cual hemos añadido para ustedes estos últimos tres párrafos. 

Si desean leer la revista cuyo índice adjuntamos más abajo pueden enviar un mail a ctaupamplona@gmail.com y la recibirán gratuitamente en archivo pdf. Les recomendamos que mejor lo hagan por WhatsApp porque pesa bastante y así será más agil.  La piden de parte de Rafa escribiendo a este número: 636620244.

Por cierto, pensábamos que tratándose de Morante todos los artículos de la revista excepto el nuestro tendrían olor a incienso pero encontrarán otro que también se sale de la línea turiferaria. Es de un selecto seguidor de nuestro modesto blog y se titula 'La coartada del arte'. Excelente, ya verán. 

Los feligreses del diestro, mejor que se abstengan. Pero para que no se enfaden los podemos poner en contacto con otro amigo del blog a quien vimos hace poco ataviado con esta camiseta de abajo. Les podrá proporcionar otra de su talla y también gorras, llaveros, chapas e insignias:



Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa. 




martes, 13 de octubre de 2026

FERIA DE OTOÑO, 2026 (y 4). ANDE YO CALIENTE...

Lo primero que llamó la atención fue la división de opiniones en el tendido entre los que querían hacer salir a saludar a Morante y los que protestaban, seguramente por haber eclipsado a Robleño el año pasado. La cuestión es que el cigarrero se quedó en el callejón. Ahí lo tienen con esa sucia costumbre de morder el capote que repiten todos a pesar de las quejas de Antonio Bienvenida, Paco Frascuelo, Díaz-Cañabate, Joaquín Vidal y las nuestras, que plasmábamos aquí. Parece mentira en él tan preocupado por otras cosas de la liturgia taurina:



Trajín de toros arriba y abajo en la víspera. El encierro terminó dando una media de 566 kilos. Su juego fue el siguiente: los de Garcigrande, noble y repetidor el primero, sin vida el segundo e inválido y tontorrón el tercero; los de Cuvillo, noblón y bobalicón el primero, terciado y repetidor el segundo y sin sal y aburrido el tercero. Hubo lleno:




MORANTE. Vino vestido de un verde grisáceo y oro, el mismo terno que llevó Gallito en su célebre encerrona con los toros de Martínez. Su primero era de Garcigrande, negro listón, cornilevantado, sin cuello, bajo de agujas, gordo y con pelota:



En el saludo con la capa le pegó una media rodilla en tierra que para el toro fue como un puyazo porque debieron de crujirle todas las vértebras. 

El picador lo pinchó en el lomo y el animal se dedicó a cabecear suponemos que notando el dolor. En el segundo huyó al hierro. Lo puso una tercera vez de manera absurda porque lo dejó ahí debajo y Rivas le echó el caballo encima pasando la raya como ven, total para señalar:



Observen cómo arriesgó Amores sin que lo aplaudiese nadie ni los televisivos comentasen nada, ¡y eso que Encabo fue torero banderillero! Al final gustarán más las banderillas a toro pasado de los subalternos figurones que los pares asomándose al balcón:



El torete estaba asfixiado y se quedaba corto y parado. El gesto de Morante era de desagrado porque la faena se desarrollaba como si estuviésemos en un cementerio. Nada.



Por lo menos esperábamos una estocada marca de la casa dado que eso no depende del toro sino del maestro pero aquí lo que hizo fue alargar el brazo cruzando a paso de banderillas. Muy mal, un insulto para los aficionados:



El cuarto era de Cuvillo, este castaño, bociblanco, bragado, listón, muy albardado, bien encornado y que fue protestado justamente por su apariencia anovillada. Como nunca se cayó, los protestantes tuvieron que comérselo con patatas:



Puyazo trasero del piquero y musical del toro. En el segundo no quiere y cuando va se repucha, llevándose dos agujeros por el precio de uno.

El torete sacó buen tranco en el segundo tercio. No quiso quebrantarlo y le hizo un inicio por ayudados rematados altísimos. Luego se puso demasiado cerca y se notaba al toro ahogado y a él agobiado. Cuando le dio más sitio respondió mejor pero con el maestro siempre colocado en la pala del pitón.



De esa guisa sacó unos naturales muy templados a toro aplomado. Se oía la zaragata en los tendidos sin que les podamos aclarar qué estaba pasando. Nos dio la impresión de que los oles redoblaban su intensidad, incluso en pases enganchados, solamente para fastidiar a los descontentos:



Metisaca bajo, del que más de dos se alegraron, y esta media trasera, caída y atravesada saliéndose de la suerte con similar descaro que en su primero:




HÉCTOR GUTIÉRREZ. Su primero era de Cuvillo, este negro listón, zarco, un poco chorreado y con la encornadura que piden hoy los taurinos, o sea, con perfil, que abra pero que vaya cerrando hacia arriba. Parecía ir descoordinado de manos cuando embestía:



El hombre que mató a Cigarrero prefirió apretar lo mínimo y darle al túrmix lo cual, siendo una vergüenza, es de agradecer porque con la corpulencia que tiene es capaz de partir un toro por la mitad. En el segundo, picotazo.

Buena brega de Gallego, de terciopelo, enseñando que el torito si duraba era de oreja. Vean cómo se venía:



El mexicano corrió la mano con pinturería pero movió los pies hacia el fuera de cacho. Eso que ven abajo lo hacen muchos y aunque corren la mano mucho peor que Gutiérrez, los ovacionan. En cambio su faena, sin enganchones, transcurrió sumergida en una indiferencia gélida.



Pegó el telonazo para dejar una estocada desprendida pero no trasera, como suele ser habitual en los que entran con la mano alta, recuerden lo que explicábamos aquí:



El quinto era de Garcigrande, este negro listón, feo por no tener cuello y por estar acochinado. Se llamaba Treinta y Tres y no creemos que fuese como aquel semental Treinta y Cuatro de Juan Pedro Domecq y Díez que se llamaba así porque su madre había tomado treinta y tres puyazos en la tienta de Parladé:



Se fue al relance al caballo pero tras el topetazo se soltó sin pelear y salió con el pitón derecho astillado contra el peto. Se habla de un problema de alimentación en lo de Hernández que provoca esos estropicios en las puntas. Segundo del que huye y clarines prácticamente sin picar.



Valladar antes tenía mucha más vergüenza torera pero recientemente se ha tirado a la vida fácil viendo que en la primera plaza del mundo lo que aplauden es clavar a toro pasado como este par que dejó él ayer. Puesto que el vulgo es necio, es justo clavar así para darle gusto:



A pesar del poco castigo en varas, si se le bajaba la mano se derrumbaba ya que probablemente no podía con su exceso de kilos. Poca cosa. Estocada caída.




AARÓN PALACIO. El de la confirmación era de Garcigrande, un negro mulato, listón, zarco, cornilevantado y muy bajito de agujas:



Tras unas verónicas todas de paso atrás tomó un puyazo extraño, metiendo el riñón de inicio pero luego cabeceando y yéndose. En el segundo Benítez lo pinchó en el lomo y salió claudicando.

En el único pase por bajo que pegó en la primera tanda el toro besó el suelo. Era de los garcigrandes repetidores a los que el diestro puede torear bastante relajado porque no tienen en la cabeza nada más que la tela.



Palacio picó bastante como se ve y se embarulló por momentos pero hizo algún tío vivo que firmaría cualquiera de las figuras del belén. El público estaba loco por aplaudir.



Se equivoca entrando en la suerte contraria y pincha; cambia a la natural y vuelve a pinchar por dos veces. Al final dejó una tendida pasada, pegando un saltito pero sin telonazo. Observen que el palillo está vertical y no horizontal:



El último era de Cuvillo, un negro listón, astiblanco, con pitones de diseño, regordío, llorón, acarnerado, con poco cuello y poco rabo. Lo recibió de rodillas en tablas con tres faroles en ambiente de velatorio:



Al relance metió el riñón y empujó con un pitón como ven mientras Quinta se volvía loco barrenando y carioqueando. Luego hablan de los picadores de dinastía, como si eso garantizase algo para el sufrido aficionado:



En el segundo el toro quiso empujar pero de nuevo este comandante de la banda del castoreño le tapó la salida y le zurró la badana. Qué asco...

El toro llevaba la boca cerrada, embestía pronto e incansable al principio pero le faltaba sal. Palacio pegó pases y aunque no nos parecieron peores que los que pegan otros con muchos más años de alternativa, escuchó pitos.



Estocada caída, con saltito pero sin telonazo. Lo que debiera ser normal se convierte en noticia y por eso tenemos que destacarlo. Posterior rueda de peones:



Seguramente Morante pensaría al acabar que erró al no dar por buena su despedida de justo hace un año. Recuerden aquí que nosotros titulábamos aquella crónica poniendo un adiós entre interrogantes porque lo veíamos venir.

Si después fue el portugués quien lo convenció es irrelevante pero la cuestión es que la tarde de ayer se saldó de manera gris para el maestro.

Nadie sabe qué hará el año que viene probablemente ni siquiera él mismo. No obstante, que se encuentre hoy con un mal sabor de boca queda compensado por todo el dinero que ha ingresado este año y por las alabanzas que ha ido recibiendo de tirios y troyanos, tanto merecidas como inmerecidas. 

Cuando ayer se estaba duchando en el hotel seguramente pensaría: ande yo caliente y ríase la gente o también ¡que me quiten lo bailao!

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.