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miércoles, 22 de mayo de 2019

FERIA DE SAN ISIDRO, 2019 (7). EL PILAR: SANGRE ESPESA

¿Se fijaron ustedes en la sangre tan espesa de los toros de El Pilar? ¿Se fijaron en la saña con que les pegaron los picadores desde el principio? Todo empezó con la tremenda paliza de Curro Sánchez al primero y culminó con la acongojante de Óscar Bernal al cuarto. ¿Se fijaron en que a pesar de esas varas terroríficas a los toros les costaba un mundo sangrar? ¿Se fijaron en los grumos que tenía la sangre que manchaba el vestido de Caballero?



¿Se fijaron en todo esto o sólo nos fijamos nosotros? A los lectores de nuestro blog no les resultará misteriosa esta introducción porque el verano pasado hablábamos de algo relacionado. Dicho lo cual, estuvimos ante una verdadera corrida de toros: toros serios, todos diferentes, con ideas, con peligro y con poder. Se siguió la corrida con interés y por instantes con preocupación, no hubo sopor en ningún momento.

Por si fuera poco, los tres toreros resultaron cogidos. Primero Del Álamo al quedar descubierto al natural, luego Garrido cuando el toro le regateó y arrolló y finalmente Caballero, que se llevó una dura cornada por su culpa, luego lo comentamos.



Los de El Pilar estaban locos por irse al caballo, igual que los que vimos en Sevilla. Hubo varios que ya se arrancaban desde lejos al relance. Empujaron muy decentemente mientras cobraban a duro por peseta. Pues aun así, dieron juego en la muleta y, mal que nos pese, nuestra impresión fue que ganaron la partida a los toreros quizás excepto el de Caballero, al que el diestro acobardó con una actitud casi suicida.

Esta corrida en Céret, bien puesta en el caballo y con sus problemas en la muleta, nos ofrece una tarde para el recuerdo a pesar de que allí tienen un odio africano por este encaste. Pueden deducir de lo dicho que la lista negra de ganaderías de las figuras se ha ampliado con el nombre de ésta. No la van a querer ver en años, al tiempo.



DEL ÁLAMO. Mató tres por la cogida de Caballero lo cual, con las características que hemos relatado de los toros, tuvo su mérito. El primero era acarnerado y de pezuñas gruesas. Sin venir a cuento vimos cómo Curro Sánchez le pegaba una paliza escalofriante en el caballo. A veces pasa eso a partir del segundo o del tercero cuando en el ruedo ven que sale una corrida con poder. Pero aquí fue la tarjeta de presentación de los picadores. Pareció que tenían decidido desde el patio de caballos que había que zurrar de salida...

El toro en la muleta tenía lo suyo: iba distraído y el calamocheo quizás era debido a la cera trasera que había recibido en el peto. Del Álamo se estaba dedicando a pegar pases cuando al natural quedó descubierto por el aire y el toro lo enganchó sin hacer carne:



Le pegó una voltereta completa para buscarlo en el suelo sin encontrarlo:




Volvió a la cara tras la paliza con orgullo torero pero se dedicó a destorear cuando el toro ya se había hecho el amo y era imposible reconducirlo. Cometió la locura de dar unas manoletinas a un animal que estaba sin torear. Trasera caída perdiendo la muleta y el toro que persiguió al matador hasta el burladero con intención de terminar la faena que había dejado pendiente. Fue sorprendente que luego el toro saliera andando a los medios a morir, ahí lo tienen:



Su segundo era largo y cariavacado como un miura. Es al que Peña le pegó como si le fuese la vida. El picador seguía picando enloquecido porque el toro no sangraba. Éste es el segundo puyazo, siempre tapando la salida y barrenando a base de bien:



En el tercer encuentro le tiró el caballo encima para terminar de triturarlo. No obstante, fíjense en la poca sangre que tiene el toro:



El tal 'Jacobero' cobró más que corridas enteras de chotos comerciales. Aun con todo, el toro iba con la cabeza por las nubes y tuvo muchísimo mérito el último par de Gómez Pascual:



En la muleta no tenía maldad y todavía embistió a pesar de ese primer tercio. Del Álamo estuvo decidido pero muy tosco. Insistimos en que se fijen en que la sangre no le llegaba a la pezuña tras la carnicería del primer tercio:



Al entrar a matar, el toro seguía con la cabeza en la troposfera y el diestro tuvo la habilidad de meter la mano para dejar una tendida caída tirando la muleta más descabello. Vean la cara del toro por las nubes:




Y aquí abajo, el arreón que le pega para dejarle claras las cosas:



El sexto era otro miura, en este caso colorado, alto, largo, agalgado y con dos leños. Aplaudieron a Curro Robles por clavar a toro pasado ¿qué debió de pensar cuando es uno que sabe perfectamente lo que está bien y lo que está mal?

El toro repetía pero se asfixió en seguida. Del Álamo estuvo en su línea, tan voluntarioso como basto y liquidó al toro de un bajonazo.



GARRIDO. Su segundo era un negro zaíno muy serio. Le regateó con el capote y lo arrolló sin consecuencias:



Se llevó dos cariocas como parecía reglamentario esta tarde. El toro era topón e incierto a lo cual se sumaba el aire. Había que llevarlo con mando pero la cosa no era fácil. Garrido lo intentó con voluntad pero sin éxito aunque demostró que es un torero valiente (los tres anunciados lo son). Pinchazo sin soltar y tendida trasera.



El quinto era este castaño claro, cornalón, con gran trapío a pesar de sus bastas pezuñas y de sus 522 kilos. Recordemos que la corrida dio una media de 576. 



Muy bien Antonio Chacón con los palos, como siempre. El toro se comía la muleta, era pronto y se ceñía. Garrido no veía cómo meterle mano y se le terminó subiendo a las barbas. Exigía una lidia y un castigo en lugar del toreo posmoderno.



Así lo vieron los comentaristas televisivos, que dijeron que era 'un toro agrio, deslucido, con el que es difícil sentirse'. O sea, un toro con mucho interés. Tres pinchazos y estocada baja atravesada sin puntilla.

CABALLERO. El único que mató se llamó 'Medicino', de 589 kilos. Era aleonado, incluso un poco ensillado. Fue cuatro veces al caballo porque acudía al relance desde muy lejos pero salía huyendo. Se cambió el tercio con el toro entero. Llegó a poner en apuros mientras bregaba a Curro Robles, imagínense. Teníamos los ojos como platos ante el papelón que se le presentaba a Caballero.

Pues no se le ocurre otra cosa que ponerse de lejos por estatuarios. Pensábamos que lo iba a mandar a la andanada pero no. Caballero lo trataba a como a una ternera demostrando no sabemos si valor o inconsciencia, seguramente las dos cosas a partes iguales:



El toro seguía embistiendo serio y entero pero allí estaba Caballero asustando al miedo. Nos desconcertó totalmente y también desconcertó al toro, que fue tragando mientras se distraía. Los toreros han visto que en Madrid te aplauden las bernadinas a rabiar y todos las prodigan.

Cuando cuadraba para matar, tuvimos el presentimiento de que iba a tirarse sin muleta como ya hiciera en otra ocasión (recuerden nuestra crítica aquí a ese número circense). Pues resultó que fue todavía peor: si te tiras sin muleta buscas el testuz pero Caballero se tiró con la muleta pero encima del toro:



Sufrió una puñalada seca con el pitón derecho:



¿Se han fijado en que ha pinchado arriba? Pero se llevó 25 cms. de cornada que le llegó al fémur y al nervio ciático. Fue un error suyo porque entró de manera suicida. Deseamos que se recupere rápidamente pero sufrirá bastante por su inconsciencia ¿o su valor? Dejémoslo en temeridad, que es una cosa que en un torero no perdonamos porque eso está al alcance de cualquiera y la valentía auténtica, no. Por eso decíamos en la entrada que enlazábamos antes que Caballero no ha leído a Montaigne, para quien la temeridad está más cerca de la locura que de la inteligencia.

Del Álamo mató el toro con una apurada media y un descabello.

Ya lo han visto: toros de lidia, no de posturitas, es decir, toros y no terneras. Las figuras no los van a querer ver durante años. Se les pegó en el caballo sin piedad, dieron problemas a los tres diestros y fueron animales que vendieron cara su vida. Fueron toros de sangre espesa...

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




martes, 21 de mayo de 2019

FERIA DE SAN ISIDRO, 2019 (6). NOVILLOS DE MAYALDE: ¿ERAN DE MAYALDE O DE ZALDUENDO?

Seguro que al malogrado Fernando Domecq le habrían gustado. Fueron novillos cornidelanteros, de buena presencia y que llevaban las orejas colgando para que se las cortaran con relativa facilidad. Eran novillos de los que había que 'conducir', no 'acompañar', como decía el ganadero fallecido. 



Ha muerto bastante desanimado por la situación actual del mundo del toro. Decía esto sobre la venta de su ganadería:

«Lo que no quería era que la ganadería se dividiera en distintas partes y acabara en diferentes manos. No quería que se rompiera. Ahora el proyecto va a continuarlo una misma persona que, además de buen amigo, es un gran ganadero en México»

¿Cuánto le pagaría el multimillonario Bailleres por todo lo de Zalduendo? Volveremos con Fernando Domecq al final de nuestra crónica.

RAFAEL GONZÁLEZ. Nos cuesta no llamarlo 'Machaquito'. Él dice que no hay que imitar a nadie, que tienes que ser tú, pero le vimos hacer un recibo capotero copiado de Roca. Antes se había ido a porta gayola con el susto al no poder coger bien el capote cuando se levantó con el toro a favor de querencia:




En varas asistimos a un desaguisado a cuenta de Borja Lorente. Primer puyazo caído y en el lomo que el toro se quita. Segundo en que estaba a un metro del toro y aun así le vuelve a pegar en el lomo, el toro que se retuerce y lo embiste por el lado débil. ¿Cómo se puede pinchar en el lomo teniendo el toro parado ahí mismo?



Pero es que en el tercero clava trasero y el toro se le va al pecho y lo derriba:



El torito en la muleta era de lujo. González le dio distancia y vimos cómo en la primera tanda se colocaba bien, en la segunda regular y en la tercera mal. Nos demostró que puede hacer las cosas bien pero sólo cuando quiere. Vean que el toro se comía la muleta y lo que hiciera falta:


FOTO: Julián López

Se equivoca entrando en la contraria a un toro que era de suerte natural. Pinchazo malo y media trasera, caída y atravesada siempre alargando el brazo. 

A su segundo lo recibió con unas chicuelinas en el centro del ruedo porque el toro se iba abanto. Atención porque remató con una revolera espléndida, señores, una maravilla de suavidad, lentitud y estética. Esa suerte era de lo mejor que hacía Curro Vázquez. Hoy han caído en desuso porque quebrantan a los pobres toros pegándoles varias medias consecutivas:



Nuevamente imita a Roca con un inicio cambiado de rodillas por la espalda con riesgo grave de lesión en las piernas si te pisa el toro:



El novillo era noble y humillador, hasta dos veces clavó los pitones en la arena. González anduvo académico y, por tanto, frío. Imitó nuevamente a Roca echándose encima del toro por manoletinas. Cobró esta buena estocada pero alargando el brazo más de lo debido aunque sin tapar la cara. Se le premió con la oreja por la fulminante muerte del novillo:



MARCOS. Es hijo de Maximino y nieto de Domingo Hernández, o sea que se le abrirán muchas puertas a poco que haga. A su primero le hizo Plaza un valiente y muy lento quite tafallero:



Luego apareció Fernando Sánchez para poner un gran par aunque con su manía de tomar el olivo siempre, incluso sin necesidad. Pero está claro que en Madrid lo aplauden todo porque se llevó la misma ovación que cuando en el quinto clavó a toro pasado. Observen la diferencia entre ambos pares que en la plaza tampoco pasaría desapercibida para los aficionados cabales:




Pases cambiados en los medios que tienen mucho valor pero que el público acoge ya con aburrimiento. El toro era tontito y Marcos estuvo perfilero. Rinconera atravesada alargando el brazo.

En el quinto se fue a porta gayola e hizo dos lances más de rodillas en el tercio. 


FOTO: Julián López

El segundo fue un farol precisamente para poder levantarse con el capote bien cogido y que no le sorprendiera el toro como a González en el primero.

Martín banderilleó bien pero Sánchez mal, como hemos dicho. Este 'Joyero' clavó tres veces los pitones en la arena, se pueden imaginar. Sacó picante en las dos primeras tandas pero se caía, con lo cual era difícil cogerle el punto. Marcos estuvo discreto y siempre colocado en la pala. Dos pinchazos y espadazo trasero todo a la carrera, alguien debe decirle que a matar se entra lo más lento posible.


FOTO: Julián López

FERNANDO PLAZA. Lleva unos avíos coreanos, como Manzanares. Su primero manseó de inicio y pegó el previsible y espectacular arreón al caballo.

Plaza corre bien la mano pero se retuerce demasiado, cosa que con su altura resulta más cargante si cabe. El novillo no tenía sal y la cosa languideció. La noticia es que no estira el brazo al entrar a matar, rara avis quizás por consejo de El Fundi. Pinchazo hondo y el toro se echa.

El último era playero y cornidelantero, de los que no gustan a los toreros. Protagonizó un primer puyazo de bravo porque Prados le abría la salida y el toro no se iba sino que continuaba empujando. Estuvo un minuto y ha sido la mejor pelea en lo que llevamos de san Isidro:



Como a Plaza y a su padre les da todo igual, en el segundo lo dejaron debajo al relance. Mete el riñón pero sale suelto. Queríamos verlo en condiciones ante el caballo porque su comportamiento era digno de análisis. Pues nada: el tal 'Estafador' se fue al reserva y allí le señalaron a favor de querencia. ¡Qué pena de primer tercio y cuánta indignación vamos acumulando!

El toro era noble pero distraído y quería puntear la muleta. Plaza le aplicó el tiovivo posmoderno que a nosotros no nos gusta absolutamente nada. A Cristina Sánchez se ve que sí porque dijo 'qué pedazo de tanda, ha estado muy roto...¡y arrastrando la muleta por el suelo!' En la instantánea se ve ese retorcimiento que le criticamos:


FOTO: Julián López

Las palmitas de tango que se oyeron cuando se colocaba fuera de cacho a ver si también se las tocan a las figuras del Belén cuando hagan lo mismo. Lo mejor fue la gran estocada que dio. Vean que no alarga el brazo para darse ventaja como sus dos colegas:



No entró a la carrera ni tapó la cara del toro pegando el telonazo:



Lo hizo todo con fe y con rectitud y salió por el costillar dejando una desprendida contraria, muy bien:




Antes de despedirnos, volvemos con Fernando Domecq. Haremos nuestro pequeño homenaje al ganadero fallecido recordando algunas de sus frases sobre cómo veía él el toro y sus circunstancias. Su nombre completo era Fernando María de Domecq y Morenés Solís-Beaumont y Urquijo. Respecto a esos apellidos Solís-Beaumont , recordemos que la casa de Beaumont eran condes de Lerín y condestables de Navarra. Decía esto el ganadero:

"Yo siempre quise tener el hierro de Zalduendo porque es el más antiguo de Navarra y fue en Navarra donde empezó la crianza del toro bravo. Además, la familia de mi madre son navarros."


Le pidieron que definiera la bravura del toro:

"Un toro bravo es aquél que acomete y quiere coger. En la suerte de varas es importante cómo quiera coger el peto y no que se venga de largo. La cuestión no es de dónde viene el toro sino a dónde quiere ir".

Siempre insistía en que se habían sacado de madre las hechuras de los toros:

"El toro de lidia tiene que rondar los 500 kilos y estamos con el toro obeso. Eso no es bueno para la lidia porque el toro obeso es incapaz de luchar. La verdad es que nadie sabe por qué pero se ha ido identificando el trapío con la gordura"

Para él, así tenía que ser un toro:

"Un toro tiene que ser bajo, con el cuello largo, con las manos más cortas que las patas y estrecho de sienes, que quepa en la muleta para que el torero se lo pueda pasar cerca y ligar los pases"

FOTO: Arjona
Su ideal en hechuras y en comportamiento sería 'Jarabito', que era 'el mejor toro que yo he visto nunca':


Sobre la forma de torear:

"Al toro hay que llevarlo, es decir, conducirlo y no acompañarlo. Hay que tomarlo antes de que nazca su embestida y no acompañarla por fuera"

Y sobre el toro en el campo recordaba esto:

"Creo que fui el primero en correr los toros, luego vino mi tío Álvaro y después mi hermano Juan Pedro. Juan Pedro tuvo la idea de montar un corredero para ejercitarlos a favor de querencia"

Hombre, sobre esto último hay discusiones porque el también fallecido Domingo Hernández siempre decía que el tauródromo había sido una idea suya, que se la había contado a Juan Pedro y que éste la había popularizado apropiándosela. 

FOTO: Arjona

Ya no están ninguno de los tres para aclarárnoslo: ni Domingo, ni Juan Pedro ni Fernando. Son ganaderos cuya visión del toro no coincide con la nuestra pero hay que reconocer que ellos tenían una idea clara de lo que querían y consiguieron hacerla realidad. Otros ganaderos no saben lo que quieren o, si lo saben, no han alcanzado su objetivo como sí lo lograron estos tres.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


domingo, 19 de mayo de 2019

FERIA DE SAN ISIDRO, 2019 (5). MONTALVO: CADA TORERO COMETIÓ SU ERROR

El error de Marín fue el que ya venimos denunciando en entradas anteriores. Estos toreros jóvenes desprecian el primer tercio. Marín ordenó que su padre matase su segundo toro en el caballo en lugar de cuidarlo para cortar otra oreja. Y decimos que lo ordenó porque no fue cosa del padre, quien miraba ostensiblemente a su hijo y aún daba más cera, o sea que la cosa está clara. El diestro demostró su poca ambición y se acomodó pensando que con un trofeo ya era suficiente. No quiso arriesgar, error grave.

El de Aguado no fue matar mal porque en nuestro blog hemos repetido desde que lo vimos de novillero que no sabe matar. Su equivocación fue no darse cuenta de que Ángel Gómez le estaba enseñando en la brega que el pitón izquierdo de ese 'Tapado' era de lujo. Empezó por la derecha con la faena traída del hotel y, cuando sacó la mano izquierda, el toro estaba muerto. Se equivocó porque era una faena de veinte naturales y estocada.

El error de Adame la verdad es que no fue suyo, sino del sorteo por haberle deparado un animal que era de dulce y oro para el toreo moderno y que el mexicano desaprovechó. Fue el tal 'Enviado', al que Adame envió al desolladero con las orejas puestas.

Corrida de Montalvo con cara y con kilos pero vulgar en el caballo excepto el empuje del sexto y el romaneo del segundo. Ese segundo fue el que destacó, un toro ideal en la línea posmoderna del toro que no da problemas y que tiene la casta comercial que permite cortar orejas y 'sentirse'



Esa casta comercial a que nos referimos se demuestra cuando termina una tanda y el toro se queda pensando en las avutardas en lugar de acometer, ahí lo tienen:



Al tercero lo devolvió Iván García echándole el capote abajo cuando arreciaban las protestas. Salió uno de Algarra con cinco años y medio que tenía dos cuernos como dos álamos del monasterio de Poblet. 



Precisamente esa cara exagerada fue la que salvó a Aguado de una cornada grave. Primero, el toro le enganchó la pierna de inicio, lo derribó y le torció la rodilla derecha, vean:



Pero durante la faena, quizás por culpa del aire, lo vio y lo volteó pero el diestro cayó entre los dos pitones y el toro no acertó a herirle. Estamos casi convencidos de que un toro con menos cara no lo perdona en esa cogida:



Por cierto, si el diestro sevillano ha venido para darnos un aire fresco de pureza en el viciado ambiente taurino, cosa que estamos deseando, tiene que evitar el feo gesto de morder el capote. Ya sabemos que eso lo hacen todos pero que lo hagan todos no quiere decir que sea algo digno de un torero. Debería cogerlo con la barbilla:



MARÍN. Su primero era feo por tener el lomo recto y blandito porque se fue al suelo hasta en tres ocasiones. En el segundo puyazo, Navarro protagonizó una nefasta carioca, salimos a dos o tres cada tarde sin que los toros lidiados hasta ahora se las merezcan.

El toro, sin ser muy listo, no permitía monerías sino que exigía una muñeca firme y estar pendiente. Nos perdonarán pero no compartimos la euforia del respetable durante la faena. Tuvimos la sensación de que fue el toro quien mandó aunque reconoceremos que vimos un natural bueno, largo y templado. Pero esa sensación a que nos referimos la comprobamos cuando, al final de la faena, se puso Marín a dar unas bernadinas (que no bernardinas). Observen por dónde llevaba la cabeza el tal 'Cumplidor':



Por cierto, esas bernadinas fueron saludadas con una ovación de plaza de pueblo. Estocada arriba tapando la cara como se aprecia en la foto de abajo y bella muerte del toro en la puerta de chiqueros. Oreja para el diestro y aplausos inconcebibles para el toro.



Su segundo se llamaba 'Pocapena', homenaje a aquél de Veragua que mató hace noventa y siete años a Manolet Granero. En el primero Marín lo deja debajo del toro, demostrando que le daba todo igual. Su padre lo coge por banda y lo mete en la batidora. Le pegó sin piedad pero levantando un par de veces la cabeza para ver qué decía su hijo. Tras cada mirada, aún le daba más duro, lo ven ustedes igual de claro que yo ¿verdad?



En el segundo le volvió a tapar la salida pero no castigó tanto porque si no, ahí mismo hay que apuntillar al toro ¿Dónde están tus ganas de triunfar, Ginesito? Se mostró como un torero de vuelta de todo, conformista, aburguesado, dispuesto a vivir en y del sistema, encantado de haberse conocido y con una desidia total.

Luego se dedicó a destorear a un animal que hubiera sido de oreja si no lo destruye en el caballo. Al entrar a matar, se perfila siempre en la pala y no en el testuz, fíjense. Pinchazo sin soltar, tendida contraria y este Marín conformista hasta la indignación se fue tan tranquilo a la barrera tras mostrar esa actitud penosa de torero joven de edad pero jubilado de ambición. Muy mal.

LUIS DAVID ADAME. Maneja mucho mejor el capote que la muleta, igual que su hermano. Lo mejor que hizo en toda la tarde fueron las verónicas de recibo a su primero, tuvieron temple y personalidad:



El toro tuvo la suerte de caer en las manos de Óscar Bernal, que aguantó perfectamente este romaneo abriendo el caballo y sin clavar trasero:



En el segundo lo puso largo porque el público lo pidió. El toro se arrancó y aquí Bernal señaló más trasero pero es el único picador que merece llevar la chaquetilla de oro. Los demás tendrían suficiente con una camisa de capador manchada de sangre.

Salió Aguado a quitar por verónicas y dio una excelente, la segunda. Fíjense en el empaque y en el tamaño del capote, con dos como ése hacemos uno para Manzanares:



Adame respondió por lopecinas y remató con una media muy buena:



El toro embestía de cine, con esa castita comercial a que nos referíamos al principio. Era, como dirían los taurinos, 'muy ordenado y formal'. Pero la muleta de Adame no es precisamente un prodigio de finura. Inicio de rodillas en los medios con valentía y luego vulgaridad y colocación fuera de cacho a partes iguales.



El toro era de veinticinco pases bien dados pero Adame dio cuarenta y ni uno bueno. Se incluyen aquí algunos por alto que fueron mantazos. Estocada desprendida perdiendo la muleta. Bien el presidente al no conceder la oreja y aplausos merecidos a este 'Enviado'. Hay toreros que se han retirado tras muchos años de alternativa esperando que les saliera un toro como ése en Madrid.

El penúltimo fue un colorado anteado de 650 kilos. Se le pica vilmente trasero como es habitual y luego se asombran de que lleve la cabeza descompuesta. 



Adame demostró valor olvidándose del aire que arreciaba pero toreó en línea. Entró a matar sin liar la muleta y lo que hizo fue apuñalar al toro estirando el brazo. La espada se fue trasera y caída.



AGUADO. Estábamos convencidos de que, por poco que hiciese, iba a triunfar. Lo decíamos en nuestro blog hace unos días, ustedes perdonen la autocita:

"Pablo Aguado triunfará, lo veo venir. Pasará algo parecido a cuando vinieron Ojeda y Espartaco de Sevilla a san Isidro: triunfalismo a lo grande. Recordemos que a Espartaco se le regalaron las dos orejas de 'Precioso' por una faena toda con la derecha. Pero no olvidemos que Aguado sabe destorear y habrá que ver si su triunfo es de pata negra o de cartón piedra dado que al público madrileño le da igual que torees o que destorees (y al palco, ni le cuento)"

Su primero ya dijimos que fue devuelto por la pericia de Iván García. Salió ese sobrero de Luis Algarra con casi seis años y dos leños en la cabeza. Se dejó pegar contra ese caballazo monstruoso de la lista blanca en la cara.

Intentó templarlo toreando erguido pero era revoltoso y el aire lo descomponía todo. En una racha quedó al descubierto, el toro lo levantó del suelo y lo enganchó después sin hacer carne. Los cornicortos son los certeros, éstos cornalones no aciertan:



Aguado no se acobardó pero hasta la cuarta tanda no se dio cuenta de que este toro no era como el jandillita de Sevilla. Y es que, como era revoltoso, había que perderle algún paso, cosa que hizo pero ya al final. ¿Hemos dicho ya que no sabe matar? Pinchazo bajo atravesado y horrible bajonazo trasero con el toro muriendo en el tercio.

Al último le pegó en el lomo por dos veces Juan Bernal y además apretó más de la cuenta mientras el maestro se desentendía. No hay quién comprenda esta actitud en los toreros jóvenes y menos en San Isidro.

A García lo aplauden siempre en banderillas, incluso cuando clava a toro pasado como hizo en el primer par. Ángel Gómez enseñó a todos los presentes que el pitón izquierdo del toro era para guardarlo en formol. Salió Aguado con el público predispuesto al triunfo y se lo sacó con dos pases a la raya. Allí se cambió la muleta a la izquierda y se nos iluminó la cara pensando que el maestro había visto lo mismo que nosotros:



Tras ese cambio de mano, dio este natural con el que rugió la plaza. Estábamos convencidos de que Gómez le había dicho que todo con la izquierda, como los toreros buenos:



Pero no. Aguado venía con la faena hecha del hotel y se puso a dar derechazos, ¡qué equivocación! El toro era de quince naturales hondos y, si matas bien, dos orejas (lo de matar bien en Aguado será siempre una lotería). Resultó que cuando se echó la mano a la izquierda, el toro ya no podía con su alma y rodaba por el suelo. Pablito, ¿te acordaste entonces de tu picador al que permitiste que le zurrara a base de bien? Pues ahora no te lamentes.



La plaza se volvió loca al ver torear sin retorcimientos, con naturalidad, con mucho temple y rematando los pases atrás. Pero es la misma plaza que se vuelve loca con Perera haciendo todo lo contrario. Al final, nos vuelven locos a nosotros. 

Ojo porque Aguado siguió poniéndose al hilo del pitón, sin dar ese medio pasito de más hacia el pitón contrario que nos ponga de acuerdo a todos:



Al final se puso de frente y dio este muletazo extraordinario. Se cruzó, embarcó bien al toro y remató atrás, ¡qué bien!





No sé si hemos dicho que no sabe matar. Arranca mal, tapa la cara, estira el brazo, pega un saltito, no termina de cruzar... Cobró así una atravesada que asomaba un palmo y dos pinchazos con los que se echa el toro. En Sevilla ya comentábamos que se tiró mal y enterró la espada porque se le apareció la Macarena. En Madrid no se le apareció nadie.



El sentimental público madrileño, el más sentimental de España, estaba deseando encumbrar a Aguado y se quedó con las ganas. Por supuesto que no estamos de acuerdo con Muñoz cuando dijo al final:

"Se rompen esas historias que dicen que los toreros que triunfan en Sevilla no se ven con buenos ojos en Madrid"

Eso lo dirá por él ya que los casos de Ojeda y Espartaco en su día desmienten radicalmente tal afirmación. Ojeda triunfó con su trasteo encimista frente al típico choto derrengado y Espartaco salió por la puerta grande con una faena hecha sólo con la derecha. Queda demostrado que el público de Las Ventas siempre desea ponerse a la altura del de la Maestranza.

Por lo menos, Aguado está marcando un camino: torear sin retorcerse, rematar el pase atrás y no pegar la insoportable paliza de una faena de sesenta pases. Su temple y su empaque son cosas más genéticas pero las tres anteriores están al alcance de cualquier torero que quiera hacer las cosas bien. 

Aunque no se olviden ustedes de que un torero es, por encima de todo, matador de toros y Aguado no sabe matar.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.