sábado, 23 de mayo de 2026

FERIA DE SAN ISIDRO, 2026 (13). VICTORIANO: LA ENTREGA DE UN TORO

Por motivos laborales no tendrán nuestra crónica ni del festejo de ayer ni de la novillada de Aguadulce en Vic-Fezensac. Hemos recabado la desinteresada colaboración de nuestro selecto lector Joan para que les cuente según su óptica intransferible, lo acontecido en la corrida de Las Ventas. A ver qué les parece. Las fotos son del maestro Moore.  

Nosotros nos volveremos a encontrar con la crónica de los veraguas en Vic y les avisamos de que tampoco habrá comentario de lo de Alcurrucén.

FIRMA INVITADA:

JOAN ADELL

                     


LA ENTREGA DE UN TORO Y LA CAPACIDAD DE UN TORERO

En época de faenas y embestidas deconstruidas. De faenas de muletazos más que de tandas. La tarde fue para la entrega de Cantaor, el cuarto toro de la corrida, y la capacidad de un torero que estuvo a la altura.

El toro, embestidor, alegre en la arrancada tras el cite, galopador, noble y boyante en la muleta, pasó discretamente por el caballo: un puyazo en el primer encuentro, donde empujó con fijeza pese a que la puya de Manuel José Bernal cayó trasera, y un leve picotazo en el segundo.


Castella dio distancia en los pases cambiados de inicio y lo pasó por la derecha en dos tandas dándole sitio, sin retorcimientos, sin abrir exageradamente el compás, sin descargar groseramente la suerte, con la muleta siempre puesta, en series de seis muletazos y dos de pecho. Por la izquierda se elevó la faena; por ahí sí, llevándolo más largo. Siempre con la mano baja. Con un sometimiento producto más de la perfección de la ligazón que de la hondura del muletazo.

Tuvo mérito la faena porque la capacidad de Castella estuvo a la altura de la entrega y del buen gesto en la embestida del toro. No se retorció el francés ni fue superado por la acometividad y la velocidad del animal, que en la repetición siempre encontró la muleta de Castella, firme y elegante, quien, con aceptable colocación, lo cuajó sin discusión.


No fue una faena para poetas, tampoco tuvo la emoción de la épica, pero sí la de la noble y boyante entrega de un toro en la muleta y la capacidad técnica y rotunda de un torero dispuesto y capaz para cuajarlo. Una faena de Madrid, del gusto de Madrid. Elegante, sobria, medida, vertical y ligada. Tal vez la mejor faena de Castella en Las Ventas.

Un pinchazo en una incomprensible suerte contraria y siete descabellos le privaron probablemente de la Puerta Grande, quedándose en una vuelta al ruedo. También se le dio la vuelta al ruedo a Cantaor mientras los ganaderos corrían al patio del desolladero con la neverita para cortar los testículos al toro.

No fue un toro fiero. Pasó discretamente por el caballo, en un puyazo y un picotazo, aunque con buen estilo. Ahí quedará la duda de si merecía la vuelta al ruedo. Que cada uno opine lo que quiera respecto a dicha circunstancia, pero no les quepa duda de que a los ganaderos el toro les valía para padrear.

Por lo demás, la corrida de Victoriano fue desigual de presentación. Los tres primeros, escurridos de atrás, se tapaban por la cara:




Más rematados los tres últimos. Pasaron con discreción por el caballo y en general se escupieron en los engaños. Fueron mejores por la izquierda ante la inseguridad de De Justo y las ventajas de Rufo.




Castella, en el primero de su lote, estuvo firme y algo basto ante la mansedumbre sin entrega del Victoriano. Mató en la suerte contraria de estocada baja.


De Justo, acelerado, rebotando con los pies durante toda la tarde, eléctrico, quitaba la muleta con celeridad antes de acabar el muletazo para buscar nerviosamente la colocación entre pase y pase. Mecánico en el muletazo en ambos de su lote y desacoplado en su segundo, al que no le encontró nunca ni el sitio, ni la altura, ni la velocidad. Con la espada, telonazos y saltos.


Rufo se puso en su primero por la derecha con correcta colocación, reprimido en sus ventajas. Represión que fue más laxa por la izquierda, donde se retorció para vaciar al toro en línea recta. Algo parecido le pasó en su segundo, con el que por la izquierda estuvo visiblemente descolocado y descargando groseramente la suerte.


Poco que reseñar en la lidia, salvo una actuación algo exagerada del banderillero Viotti, que se gustó en exceso en lances periféricos sin obligar, y un par de José Chacón cuadrando en la cara al cuarto por el pitón izquierdo. Picó groseramente mal, caído, Rubén Sánchez, en dos puyazos que fueron cuatro o cinco agujeros barrenando.

En resumen, para acabar con lo más noticiable, el toro Cantaor no fue de vuelta para el aficionado de Madrid pero sí de indulto para el ganadero.

viernes, 22 de mayo de 2026

FERIA DE SAN ISIDRO, 2026, (12). PUERTO Y VENTANA: TRES AVISOS PARA AGUADO EN MADRID

Hace cincuenta años a Aguado le buscarían las cosquillas sus compañeros en los patios de cuadrillas antes de los próximos paseíllos en plan: 'Pablo, en Madrid tres tararí, ¿eh?, jejeje...' Como ahora vivimos inmersos en el buenismo nadie le dirá ni mu a pesar de la monumental vergüenza que debería ser para un matador de toros no poder matar un toro. Y los críticos paniaguados serán los primeros que pasarán de puntillas sobre este sonrojante hecho. Recuerden que a Roca le sucedió lo mismo el año pasado y se lo criticamos convenientemente en esta entrada.



No solemos decirlo pero hoy les confesaremos que esta era una de las bastantes corridas que jamás hubiésemos visto si no es por ese compromiso autoimpuesto de dejarles por aquí las crónicas del culebrón isidril. Y eso que era de las de no hay billetes hace semanas...

Cuando acabó pudimos comprobar que acertamos de pleno porque el festejo fue una tortura digna de la Securitate rumana.

Tres de El Puerto y tres de La Ventana. ¿Cuál fue peor? Salvamos al colorado de La Ventana por su buena pelea en el caballo. El resto, infumable,  incluidos los dos sobreros. 



La corrida dio una media de 574 kilos. Su triste juego fue como sigue: primero, asfixiado; segundo, devuelto; el sobrero de José Vázquez, minusválido; tercero, rajado; cuarto, devuelto; el sobrero de El Freixo, vulgar; quinto, bravo en el caballo pero desfondado en la muleta y sexto, sin interés.




MANZANARES. Su primero era negro zaíno, con poco cuello y lo recibió veroniqueando con el pasito atrás. Las fotos son del maestro Moore:



Guante blanco en varas porque estaba para el tinte de salida. Irrelevante lo que vino después ante un animal que apenas podía mantenerse en pie, una tabarra.

Estocada arriba con ese telonazo que ven:



El cuarto era de La Ventana, negro listón, cornilevantado. Un inválido que fue para atrás:



El segundo sobrero era de El Juli, negro zaíno, alto, acapachado:



No era cornidelantero como dijo Encabo:



Recibió una paliza excesiva en dos varas tapándole alevosamente la salida como ven con esa mano izquierda asesina. Estamos convencidos de que todo esto fue orden de Manzanares seguramente porque el animal estaba muy astifino. Ahí lo tienen, mirando que su orden se cumpliera a rajatabla pero como si la cosa no fuera con él:



El toro era bastante tonto y encima Manzanares se dedicó a pegar pases fuera de cacho. Esto que les acabamos de apuntar, traducido al lenguaje de Arnás fue que no se terminan de entender toro y torero. Son los paños calientes habituales de los paniaguados para no molestar a los taurinos.

Insufrible e interminable trasteo. Casi entera, trasera, con telonazo y saliéndose de la suerte pero que basta.



ORTEGA. Su primero era este negro zaíno que vio el verde:



El sobrero era de José Vázquez, negro, bragado, astinegro, acapachado y cornilevantado:



Al relance, señal en el lomo y luego picotazo tras el que se derrumba. Tenía un trotecillo caprino. Ortega salió a hacer de enfermero poniendo caras de importancia:



Nada, una insistencia absurda. Por lo menos le pegó una excelente estocada, lo mejor de la tarde. De hecho, lo único bueno junto a la segunda vara del colorado quinto:



Fíjense en que en la siguiente foto del maestro Moore se ven ambos cuernos, señal de que no ha pegado el telonazo. Comparen con la primera estocada de Manzanares más arriba:



El quinto era un colorado, ojo de perdiz, chorreado en verdugo, badanudo y con cara:



Quiso meter los riñones pero enseguida se dio cuenta de que era imposible mover un caballo... ¡que nos dicen que pesaba casi lo mismo que él! Segundo puyazo de bravo que ven abajo. Lástima no ver un tercero pero eso, en la que llaman primera plaza del mundo, es un arcano:



El toro llevaba el morro por la arena pero pegaba un tornillazo al final del viaje. Agotó el depósito en la segunda tanda y la cosa se diluyó como un triste azucarillo. Estocada caída y fin de feria para el maestro tras un paso por ella más con pena que con gloria:




AGUADO. Su primero era negro, sucio, gordo, bien encornado y de 604 kilos:



Señala en el lomo y en el segundo parte la vara y se va suelto. Fue ridículo ponerlo en una tercera entrada ya que estaba amortizado. Por una vez que Aguado pide el cambio sin freír al toro en el caballo...

Observen el primer par de Iván García. Sin comentarios: 



El segundo, aun sin cuadrar en la cara, fue mejor fundamentalmente porque era imposible que pudiera ser peor:



Enseguida vio Aguado que el torito no se comía a nadie aunque viajaba un poco rebrincado. Sin probaturas ensayó el tiovivo. Luego toreó una tanda y media de salón sin que el animal le tocase la muleta ni una sola vez. Pero estaba loco por rajarse y se rajó.



Media desprendida con saltito, dieciocho descabellos y tres avisos pero Aguado se retiró como si tal cosa, cuando antiguamente eso era un verdadero oprobio, ¡y en Madrid!



El sexto era un toro negro, salpicado, gargantillo, listón y zarco, que se tapaba por su bonita pinta:



Venía picado del campo y encima lo esperaba Espartaco a caballo. Menos mal que no apretó como otras veces. El toro salió suelto. Al pobre animal Aguado le pegó otro puyazo con dos medias verónicas consecutivas.

En el tercio de banderillas asistimos a lo que se veía venir y es que Sánchez Araujo puso un par en la arena al quedarse sin toro de tanto pasarse de listo. Es acongojante. 



El toro repetía pero tenía las patitas de alabastro y por ello claudicaba al tercer pase. Alargó la faena cuando ya llevábamos dos horas y cuarto de aburrimiento y sólo consiguió soliviantar al respetable. Pepe Luis Vázquez Silva siempre decía que le daba mucho coraje el simple hecho de pensar que podía estar aburriendo al público. A Aguado eso le importa una higa, incluso pareció que lo hacía para provocar.

Estocada corta sin fe y media atravesada. Fíjense en la mirada del toro, que es lo que suele inquietar más a los toreros. En el caso de este vienen ganas de acercarse a darle un beso en el testuz:



La corrida fue un castigo, perfecto para apuntillar nuestra ya maltrecha afición, que esperemos se venga un poco arriba en Vic-Fezensac. Tener que soportar en San Isidro otra corrida como esta es para que nos envíen al corral a nosotros.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa. 

jueves, 21 de mayo de 2026

FERIA DE SAN ISIDRO, 2026 (11). SALTILLO: UNA TERNA INOPERANTE

Conociendo a Moreno Silva tiene que llevar hoy un enfado monumental al ver cómo se desperdició una corrida suya más que toreable. Eso en privado, claro, porque en redes es probable que se la coja con papel de fumar.

El problema fue que sus toros se las vieron ante una terna absolutamente inoperante, que anduvo en muchos instantes a la deriva y que en ningún momento supo resolver las lidias que planteaban los toros. Y eso que no hubo ningún Barrabás.

Vimos cuatro de los toros que viajaron a Céret el año pasado y que no se pudieron lidiar por el aguacero. De entonces eran todos los de Madrid menos el segundo. Entró uno de Couto ya que dos de los saltillos aprobados se habían herido en corrales.



La corrida dio una media de 570 kilos. Todos murieron con la boca cerrada y ninguno dobló las manos. Su juego fue este: primero, se apagó; segundo, orientado y rajado pero sin peligro; tercero, galopador y con fijeza, Castilla ni lo vio; cuarto, con poder, se fue sin torear; quinto, de Couto de Fornilhos, manso rebrincado y sexto, boyante, también se fue sin torear. 



VENEGAS. Fue quien tuvo aquella polémica con el ganadero hace unos años. Su primero era cárdeno, bragado y gargantillo, bien encornado. Las fotos son del maestro Moore:



Barrenada trasera de Tossello indigna de él, muy mal. El toro se repucha en el segundo, con la sangre manando por detrás del brazuelo. ¿Qué pasa, Luc?, ¿quieres picar más en España o qué? Observen la carnicería:


 

Boca cerrada y mirada inquietante del toro, que pegaba arreones. Venegas lo toreó rematando atrás para quebrantarlo y debió de hacerlo porque en la tercera tanda el animal se quedó vacío.



No se le notó la inactividad. Fue la única medio faena medio aceptable de todo el festejo. Casi entera, pasada, perdiendo avíos por el gañafón:



El cuarto era cárdeno oscuro, bragado, meano, axiblanco y casi playero:



Primer puyazo sin castigo y segundo repuchándose como ven. Venegas pidió el cambio y el toro estaba crudo:



Fernando Sánchez, mal:



Iván García, bien en este segundo, con el toro apretando:



En la muleta el de Saltillo confirmó que estaba entero. Encima Venegas erró y no lo castigó de inicio como debería. La consecuencia de todo este despropósito de su lidia fue que el toro se hizo el amo sin que el diestro pudiese meterlo en cintura de ninguna manera. Cuando un toro de esta ganadería no se siente toreado, ya puedes llamar a Lagartijo.

Victoria clara del saltillo por K.O. técnico. Casi entera, trasera, con telonazo y sin cruzar, más descabello. Por supuesto que no era una estocada corta, como se inventó Javier Vázquez, quien por cierto nos aburrió por televisión con su verborrea inane que no aporta nada:



LEAL. Su primero tenía menos presencia, muy degollado, con poco morrillo, se tapaba un poco por la cara:



Recibe una buena zurra empujando con la cara alta. En el segundo se suelta antes de que le hagan tres agujeros.



Se había orientado en banderillas pero Leal salió con la intención de tratarlo como si fuese un torillo comercial. Su inicio roquista tuvo valor porque el toro no era claro.

Luego se puso de perfil y toreó en línea pero el toro estaba pendiente de irse de naja y ese tipo de faena fue totalmente inadecuado. 



Estocada tendida, ejecutada a la carrera tras perfilarse en Rascafría.  Perdió la muleta y pegó su recurrente salto olímpico:



El quinto era el de Couto de Fornilhos, negro mate, sin cuello, abueyado, muy abanto, bien encornado:



Huye al hierro tres veces. El reserva le dio para el pelo mientras empujaba con un solo cuerno. El presidente no quiso cambiar un tanto absurdamente. Quinta entrada y se va al momento. ¿Para eso aguantó el tercio?

Buenos pares de Barrero, con mucho riesgo ambos pero acogidos gélidamente cuando debió saludar. Es el problema de no ser uno de los consentidos en esta plaza tan caprichosa:




El portugués era catedrático en calamocheo y desarmó al diestro con violencia a las primeras de cambio.



Se cansó pronto y empezó a topar de manera descastadilla. Nada, un trasteo que se nos hizo eterno. Estocada caída:



CASTILLA. Su primero era cárdeno, bragado, meano, axiblanco, lucero, caribello, nevado y veleto:



Empuje inicial pero dimisión rápida al notar lo mal que le estaba pinchando De Pedro. En el segundo, buen galope lejano para recibir una carioca trasera de la que se suelta. Lástima no haber visto otro galope todavía de más lejos pero estamos en Madrid y la verdad es que nadie lo reclamó. 



Muy buen primer par de Cervantes de lo mejor visto hasta ahora. En el segundo se alivió. 



Se puso de rodillas en el platillo en un inicio valiente pero inadecuado para estos toros ya que no van toreados. ¿Esto es lo que le recomendó Encabo?



El animal se venía de lejos pero cuando llegaba al engaño calamocheaba un poco. Castilla echó la pierna atrás y dio igual que torease de rodillas o de pie porque no lo llevó toreado en ningún momento. Estuvo muy por debajo del toro, que siempre embistió fijo en la muleta. Vean el hocico:



Una pena y un desperdicio pero todos conocemos las limitaciones del colombiano aunque nos quieran vender motos sin ruedas. Aburrió tanto al toro como a nosotros, a partes iguales. 

Entera habilidosa en buen sitio, con telonazo y perdiendo la muleta:



El sexto era otro cárdeno, el mejor rematado de la tarde para nuestro gusto. Se enteró enseguida de los capotes:



Lanzada en el lomo del hombre que mató a Cigarrero. El toro quiere pelear pero se encuentra con la barrera. Luego escarba, tardea, va, cabecea y vuelve a cobrar muy trasero. Esto fue un buen puyazo para el verborreico Vázquez:



Buena brega de Cervantes enseñando la gran humillación del toro, otro que llevaba el morro por la arena. Visto lo que pasó después, seguro que Encabo en la furgoneta le pegaría la bronca por haber dejado en evidencia al maestro.

Es que pasó lo que decíamos antes de las limitaciones de Castilla. No supo cómo meter mano al tal Meloso. Para los televisivos, la culpa era del toro, que se aburría según Vázquez. Que no, hombre, que no confundas a los espectadores tapando al diestro, ¡que fue él quien nos aburrió a nosotros!



Tras pegar cuarenta pases, pero ni uno bueno a un toro que era un saltillo de los muy potables, se perfiló para clavar una honda ladeada que escupió. Después: pinchazo, corta escupida, pinchazo sin soltar, otro malo y una honda caída con la que echó por fin el telón al sainete. 

Mal Castilla, sin paliativos a pesar de que los televisivos no pararon de taparlo a cuenta de su pasada lesión. Tiró a la basura dos toros de oreja y en Las Ventas. Pero mal también los otros del cartel, no salvamos a nadie de la quema. Bueno, salvamos a Cervantes por su brega y a Barrero por sus dos pares arriesgando el físico. 

Ya que cuatro de estos cinco saltillos tendrían que haberse lidiado el año pasado en Céret, ¿hubiera hecho algo más la terna anunciada en Francia? Recordemos: Solera, Damián Castaño y Cristóbal Reyes. 

Una cosa está clara: hacer menos que los tres de ayer en Madrid es prácticamente imposible.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.