A requerimiento de algunos desocupados lectores hemos visto en diferido la corrida magallánica, que nos dijeron que se tilda por ahí como la del siglo.
El calificativo se nos antoja bastante exagerado aunque los toros fueron todos claramente desorejables. De hecho, se cortaron siete orejas y terminaron los tres diestros en hombros. Por casquería que no quede y si no se pincha, se podría haber añadido un par de orejas más como mínimo, imagínense.
Miura siempre sufrirá el doble sambenito: si salen que no tienen un pase, es que debería ir todo al matadero y si salen boyantes, o pastueños como estos, es que ya no es lo que era. Menos mal que las capas fueron variadas porque si llegan a venir todos cárdenos ya hubiesen menudeado los rumores sobre La Quinta o similares.
La vergüenza de la tarde la protagonizaron una vez más los de la banda del castoreño, que perpetraron seis cariocas. Con ese comportamiento tan noble de todos los toros, que no tuvieron ni una mala idea ni mansearon lo más mínimo, ¿a santo de qué tienen que dedicarse a carioquear y además con saña? Por cierto, aprovecharemos esta foto para decirles que donde deberían picar es justo detrás de la divisa:
Cubriremos todas las apuestas a que no hubo ni una sola propuesta de sanción por parte del delegado de la autoridad. Ya que estamos les diremos que en nuestro reciente viaje a Navarra indagamos y les podemos confirmar que en la pasada feria de Pamplona se redactaron dieciséis propuestas para sanción. Seguimos esperando que la Comunidad de Madrid haga públicas cuántas hubo en Madrid la temporada pasada porque lo llevan con un secretismo que no entendemos.
Toda la corrida estaba enfundada en la finca. Su juego fue el siguiente: primero, pronto y noble; segundo, rebrincadillo, flojo y noble; tercero, tardo y noble; cuarto, encelado en el peto y luego blandito y noble; quinto, bueno en el caballo, sin ser bravo del todo, y noble; sexto, codicioso y noble. Dio una media de 622 kilos.
CHACÓN. El primero pesaba 636 kilos y destrozó un trozo de la barrera de salida. Era negro mulato, listón y degollado:
Se enceló en el primer puyazo donde recibió esta vergonzosa carioca que ven abajo. Pero es que en el segundo acudió al trote y el de la banda del castoreño ¡le volvió a pegar otra! Y el diestro está allí al fondo, como si estuviese mirando la lavadora dando vueltas.
El animal había embestido incansable y pronto a todo lo que se movía. En la muleta siguió haciendo lo mismo con un pequeño rebrinque. Se vio a Chacón con ganas de colocarse bien, dando distancia al toro, dando también al pico pero sin acusar aparentemente su inactividad. El toro embistió hasta el final con una nobleza hojaldrada y sin abrir la boca.
Pinchazo aguantando, el toro que lo nota y se pone tonto, dos más sin soltar, media atravesada que queda suelta y estocada caída y trasera. Entró siempre no pegando el telonazo sino con el delantal, vean su mano izquierda. Pegar el telonazo quiere decir girar el estaquillador en el último momento pero entrar con el delantal implica venir con la muleta girada desde que arrancas, como si fuese un mandil:
El cuarto pesaba 599 y era cárdeno oscuro, bragado, meano corrido, axiblanco, degollado, largo y acapachado:
Recibe un duro castigo en un monopuyazo español de dos minutos, donde llegó a romanear como ven pero siempre con un solo pitón. A la salida se derrumbó. A Chacón el toro no le gustaba desde que se le había colado en el recibo (en plan Morante en El Puerto). Su subalterno y él arrastraron el capote para que viese el verde pero el presidente no quiso enseñarlo.
Octavio, nosotros te vimos el plumero aunque los televisivos se esforzaron en taparte diciendo que el toro te había gustado mucho. ¡A otro perro con ese hueso!
El diestro lo llevó a media altura y rematando los pases por arriba para acallar las protestas, que seguían en el tendido. El problema es que así el trasteo no tenía demasiada enjundia.
Le concederemos el mérito de haber conseguido que el toro no claudicase ni una vez y de lograr que en el tendido las lanzas se tornasen cañas. Se equivocó alargando la faena en exceso.
Rinconera ejecutada con lentitud pero observen esa mano izquierda, de nuevo entrando con el delantal. Dos orejas exageradas recogidas por el maestro entre lágrimas:
MORAL. Su primero pesaba 607 kilos y era un negro salpicado y listón porque ya saben que la palabra 'berrendo' está proscrita en Zahariche:
Tercera carioca repugnante de la tarde y encima recargando.
El toro iba rebrincado y meneaba la cabeza pero siempre fijo en la tela. Para el dicharachero esto era una embestida enclasada o sea que ya nos atarán ustedes esa mosca por el rabo. Vimos a Moral un punto perfilero de más, sin ganas de enseñar el muslo.
Pinchazo escupido y estocada pasada despegándose, con muy bella muerte del toro en los medios que claramente propició la oreja. Observen la diferencia entre Moral y Chacón a la hora de orientar el palillo. El sevillano apunta al hocico y el gaditano apuntaba a su pueblo:
El quinto era un toro cárdeno oscuro, bragado, meano y cornidelantero, que pesaba 647 kilos:
Asquerosa carioca, quinta de la tarde, además barrenando trasero y con una sevicia nauseabunda. En el segundo se arrancó de largo y ahora Moral ordenó no pegarle. Lo puso una tercera vez, como si no estuviésemos en España, y el animal volvió a galopar pero ojo porque se soltó nada más impactar con el peto. Por eso decíamos antes que no fue bravo del todo.
Gómez Escorial estuvo sorprendentemente bien en sus dos pares. Al final cogerá afición a las banderillas. Aquí tienen el primero y el segundo, ¡bravo!
El toro punteaba un poco la tela pero embestía con la boca cerrada y empapado. El diestro se retorció más de la cuenta por lo a gusto que se encontraba ante este miura de guirlache.
Sabía que solamente con que hundiese el estoque en el toro iba a salir en hombros. Se equivoca totalmente entrando en la suerte contraria y a punto está de tener un susto como ven en la imagen pero alargó el brazo para dejar esta entera pasada. Dos orejas, de las cuales una no nos molesta por haber puesto el toro tres veces al caballo:
CRESPO. Su primero pesaba 590 y no era castaño como dijo el dicharachero sino colorado ojo de perdiz, listón, bocidorado, bragado, zancudo, acapachado, cornalón y con morrillo:
Cuarta carioca de la tarde como ven abajo, con el toro dejándose pegar. De largo en el segundo, galopa, cobra en el lomo y sale suelto rápidamente cuando el piquero ya empezaba otra rueda infernal. Lo de que los miuras son los más listos se vio en ese detalle. Nosotros hubiéramos hecho lo mismo:
Canguis en banderillas y el presidente que cambia con tres palos.
Salvo error Crespo se estrenaba con este hierro pero como había visto los dos primeros, que parecían juampedros, salió sin ninguna psicosis. Se cruzó y no toreó mal a este, que tardeaba pero sin ninguna mala idea.
Además hizo casi toda la faena con la izquierda, cosa de mérito. Telonazo monumental, media arriba más descabello y oreja:
El último pesaba 660 kilos y era negro mulato, listón, bragado, meano, axiblanco, muy largo y bien encornado. Al fondo se ve a Rafael, hijo del ya jubilado Manolo, que vino en labores de mayoral:
Acudió al galope de lejos y recibió una barrenada de cárcel a la que siguió esta carioca que ven dando al túrmix. Era la sexta de la corrida. En el segundo volvió a galopar para cobrar trasero. Pidió el cambio el diestro y se oyeron algunos pitos en el tendido, señal de que igual está cambiando algo y el personal desea ver la suerte de varas... ¡pero sin cariocas! La pregunta es si alguien se dio cuenta de las seis que se perpetraron porque los televisivos no dijeron ni mu.
A estas alturas de la corrida Crespo había visto que estos toros de Miura no sólo no se comían a nadie sino que colaboraban como su seguro servidor. Este último no constituyó una excepción. Fue el que más nos gustó en la muleta ya que tenía más codicia que sus hermanos, sin aquella nobleza tan pastueña que habían exhibido aquellos. Además era un poco mirón.
Corrió bien la mano el diestro sin que el toro le tocase la muleta y no se alargó. Descubrió con valentía la muerte y dejó una media en buen sitio sin pegar el telonazo como ven. Dos descabellos y oreja festiva:
Lo de corrida del siglo nos van a permitir que lo pongamos en cuarentena. Si lo fuese, también tendría que haberlo sido la magallánica de Victorino, recuerden aquí. Entonces fueron seis orejas y un indulto.
Sí que estaremos de acuerdo en que ha sido la corrida de Miura más noble del siglo... o desde la época de Juan Miura. A nosotros tanta nobleza nos empalaga un poco. Les cambiamos con los ojos cerrados estos seis de Sanlúcar por uno: el Granujito que mató Castaño el año pasado en Santander, recuerden aquí. Aquel día el salmantino terminó con sangre en la garganta porque quería tragar pero no tenía saliva en la boca.
Esto nos recuerda la siguiente anécdota. Una vez que estábamos en la finca de Zahariche nuestro diálogo fue el siguiente:
- ¿Sabes que Ponce está viniendo últimamente a tentar?
- Ah, ¿si? ¿Y qué tal?
- Muy bien, sale siempre muy contento de cómo embisten nuestras vacas
- Entonces ¿por qué luego no se apunta a las corridas?
- Hombre, porque con estos toros hay que tragar mucha saliva...
Pues con estos miuras magallánicos no sólo no se les secó la boca a los toreros sino que pudieron estar ante ellos con las pulsaciones bastante bajas.
Fueron miuras orejeros, como decíamos en el titular tomando prestada la expresión del palmero del dicharachero, el pobre Cañaílla, antaño plusmarquista mundial matando miuras y hogaño convertido en un comentarista tristemente paniaguado.
Miuras orejeros, miuras para Morante, miuras de dulce, miuras de sesenta pulsaciones, miuras con los que se te hace la boca agua... Pueden escoger ustedes cualquiera de estos titulares para la crónica.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.





































