Hace cincuenta años a Aguado le buscarían las cosquillas sus compañeros en los patios de cuadrillas antes de los próximos paseíllos en plan: 'Pablo, en Madrid tres tararí, ¿eh?, jejeje...' Como ahora vivimos inmersos en el buenismo nadie le dirá ni mu a pesar de la monumental vergüenza que debería ser para un matador de toros no poder matar un toro. Y los críticos paniaguados serán los primeros que pasarán de puntillas sobre este sonrojante hecho. Recuerden que a Roca le sucedió lo mismo el año pasado y se lo criticamos convenientemente en esta entrada.
No solemos decirlo pero hoy les confesaremos que esta era una de las bastantes corridas que jamás hubiésemos visto si no es por ese compromiso autoimpuesto de dejarles por aquí las crónicas del culebrón isidril. Y eso que era de las de no hay billetes hace semanas...
Cuando acabó pudimos comprobar que acertamos de pleno porque el festejo fue una tortura digna de la Securitate rumana.
Tres de El Puerto y tres de La Ventana. ¿Cuál fue peor? Salvamos al colorado de La Ventana por su buena pelea en el caballo. El resto, infumable, incluidos los dos sobreros.
La corrida dio una media de 574 kilos. Su triste juego fue como sigue: primero, asfixiado; segundo, devuelto; el sobrero de José Vázquez, minusválido; tercero, rajado; cuarto, devuelto; el sobrero de El Freixo, vulgar; quinto, bravo en el caballo pero desfondado en la muleta y sexto, sin interés.
MANZANARES. Su primero era negro zaíno, con poco cuello y lo recibió veroniqueando con el pasito atrás. Las fotos son del maestro Moore:
Guante blanco en varas porque estaba para el tinte de salida. Irrelevante lo que vino después ante un animal que apenas podía mantenerse en pie, una tabarra.
Estocada arriba con ese telonazo que ven:
El cuarto era de La Ventana, negro listón, cornilevantado. Un inválido que fue para atrás:
El segundo sobrero era de El Juli, negro zaíno, alto, acapachado:
No era cornidelantero como dijo Encabo:
Recibió una paliza excesiva en dos varas tapándole alevosamente la salida como ven con esa mano izquierda asesina. Estamos convencidos de que todo esto fue orden de Manzanares seguramente porque el animal estaba muy astifino. Ahí lo tienen, mirando que su orden se cumpliera a rajatabla pero como si la cosa no fuera con él:
El toro era bastante tonto y encima Manzanares se dedicó a pegar pases fuera de cacho. Esto que les acabamos de apuntar, traducido al lenguaje de Arnás fue que no se terminan de entender toro y torero. Son los paños calientes habituales de los paniaguados para no molestar a los taurinos.
Insufrible e interminable trasteo. Casi entera, trasera, con telonazo y saliéndose de la suerte pero que basta.
ORTEGA. Su primero era este negro zaíno que vio el verde:
El sobrero era de José Vázquez, negro, bragado, astinegro, acapachado y cornilevantado:
Al relance, señal en el lomo y luego picotazo tras el que se derrumba. Tenía un trotecillo caprino. Ortega salió a hacer de enfermero poniendo caras de importancia:
Nada, una insistencia absurda. Por lo menos le pegó una excelente estocada, lo mejor de la tarde. De hecho, lo único bueno junto a la segunda vara del colorado quinto:
Fíjense en que en la siguiente foto del maestro Moore se ven ambos cuernos, señal de que no ha pegado el telonazo. Comparen con la primera estocada de Manzanares más arriba:
El quinto era un colorado, ojo de perdiz, chorreado en verdugo, badanudo y con cara:
Quiso meter los riñones pero enseguida se dio cuenta de que era imposible mover un caballo... ¡que nos dicen que pesaba casi lo mismo que él! Segundo puyazo de bravo que ven abajo. Lástima no ver un tercero pero eso, en la que llaman primera plaza del mundo, es un arcano:
El toro llevaba el morro por la arena pero pegaba un tornillazo al final del viaje. Agotó el depósito en la segunda tanda y la cosa se diluyó como un triste azucarillo. Estocada caída y fin de feria para el maestro tras un paso por ella más con pena que con gloria:
AGUADO. Su primero era negro, sucio, gordo, bien encornado y de 604 kilos:
Señala en el lomo y en el segundo parte la vara y se va suelto. Fue ridículo ponerlo en una tercera entrada ya que estaba amortizado. Por una vez que Aguado pide el cambio sin freír al toro en el caballo...
Observen el primer par de Iván García. Sin comentarios:
El segundo, aun sin cuadrar en la cara, fue mejor fundamentalmente porque era imposible que pudiera ser peor:
Enseguida vio Aguado que el torito no se comía a nadie aunque viajaba un poco rebrincado. Sin probaturas ensayó el tiovivo. Luego toreó una tanda y media de salón sin que el animal le tocase la muleta ni una sola vez. Pero estaba loco por rajarse y se rajó.
Media desprendida con saltito, dieciocho descabellos y tres avisos pero Aguado se retiró como si tal cosa, cuando antiguamente eso era un verdadero oprobio, ¡y en Madrid!
El sexto era un toro negro, salpicado, gargantillo, listón y zarco, que se tapaba por su bonita pinta:
Venía picado del campo y encima lo esperaba Espartaco a caballo. Menos mal que no apretó como otras veces. El toro salió suelto. Al pobre animal Aguado le pegó otro puyazo con dos medias verónicas consecutivas.
En el tercio de banderillas asistimos a lo que se veía venir y es que Sánchez Araujo puso un par en la arena al quedarse sin toro de tanto pasarse de listo. Es acongojante.
El toro repetía pero tenía las patitas de alabastro y por ello claudicaba al tercer pase. Alargó la faena cuando ya llevábamos dos horas y cuarto de aburrimiento y sólo consiguió soliviantar al respetable. Pepe Luis Vázquez Silva siempre decía que le daba mucho coraje el simple hecho de pensar que podía estar aburriendo al público. A Aguado eso le importa una higa, incluso pareció que lo hacía para provocar.
Estocada corta sin fe y media atravesada. Fíjense en la mirada del toro, que es lo que suele inquietar más a los toreros. En el caso de este vienen ganas de acercarse a darle un beso en el testuz:
La corrida fue un castigo, perfecto para apuntillar nuestra ya maltrecha afición, que esperemos se venga un poco arriba en Vic-Fezensac. Tener que soportar en San Isidro otra corrida como esta es para que nos envíen al corral a nosotros.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.