Frente a seis toros como los de Gallardo ayer. Fueron todos desorejables con la posible excepción del sobrero pero, ojo, había que ponerse, había que mandar, había que tener valor y había que demostrar oficio y técnica para que se pudiera hacer lo que para Belmonte era el toreo: obligar al toro a que vaya por donde no quiere ir.
Y ¿qué pasó? Pues que la tarde se saldó sin trofeos y, en conjunto, con victoria a los puntos para los toros. No fueron especialmente bonitos mas tuvieron presencia seria los siete. Peleas en el peto poco memorables pero siempre galopando aunque lamentablemente los ponían ahí debajo.
PERERA. Su primero era negro zaíno, con cara. Llevaban divisa negra en señal de luto por la reciente muerte del mayoral. Las fotos son del maestro Moore:
Se ceñía mucho por el izquierdo ya de salida. Empuja fijo y Perera ordena levantar. En el segundo tienen que silbarle para que lo ponga bien en suerte. Señal. Hubiese galopado desde lejos pero al extremeño la suerte de varas le importa un pimiento:
Se fue a la solanera con la muleta. Por el izquierdo confirmó esa condición de muy revoltoso que había mostrado en el capote.
Bajó mucho la mano derecha el diestro para obligarlo pero con la izquierda, desarme en el tercer pase. La verdad es que el toro no tragó y Perera fue desarbolado a pesar de su ínclita muñeca, esa tan poderosa según repiten sus partidarios. Victoria a los puntos del fuenteymbro.
Casi entera, trasera y desprendida, con telonazo y a capón como ven, más un descabello:
El cuarto era un castaño oscuro, llorón, bragado, listón, de 586 kilos, enmorrillado:
Cabecea y sale suelto en los dos, con carioca en el primero.
En el quite Perera había visto que el toro era franco y lo recibió con chicharrinas en los medios.
Oigan, ¿por qué cuando Perera destorea escondiendo la pierna, exactamente igual que Adrián, no hay tanta protesta en el tendido? Observen:
Es el doble rasero de esta plaza, tan difícil de soportar para nosotros y ya no digamos para muchos profesionales cuando lo sufren en sus carnes. Pero no olviden que toreando así entre los dos citados llevan diez puertas grandes en la que dicen primera plaza del mundo.
El toro no tenía la casta de sus hermanos y por eso el trasteo se siguió de manera somnolienta.
Pinchazo perdiendo los avíos y tomando el olivo, corta que escupe y sablazo feísimo, tendido y en el lomo. Triste final a su triste paso por la feria:
UREÑA. Su primero era este castaño oscuro, aleonado, listón, con buena pelota y con esos cuernos de diseño que consigue Gallardo en todos sus toros, o sea, con perfil, hacia arriba pero que no abran y que no sean cornidelanteros, como él mismo dice:
Salió Vivas a pararlo mientras Ureña no se fiaba un pelo. Va al relance al caballo y tras meter la grupa bien, sale suelto. En el segundo mansea claramente. Ya van comprobando lo que decíamos de esas peleas nada espectaculares.
Se fue enterando en banderillas y eso hizo que nos las prometiéramos felices.
Toro listo y mirón, que sacaba a pasear el cuello y ante el que Ureña no se arredró. Le bajó bien la mano derecha para castigarlo. Pero en la única tanda sin la ayuda, el toro fue a su aire. Dejaremos la cosa en tablas. Luego Ureña dijo que no veía bien.
El toro no lo deja pasar de listo como ven en la imagen pero a la segunda lo caza sin puntilla justo antes de que saltase al ruedo un espontáneo vegano:
El quinto era este negro listón, ensillado y cornalón, con pelos largos en el balano:
Zurra trasera de Quinta con su mano izquierda asesina que iba girando el cuello del caballo para encerrar ahí abajo al pobre toro, vean la desagradable imagen. En el segundo se suelta enseguida porque había aprendido la lección:
Vivas puso los dos pares seguramente más aseados de toda la tarde y escuchó unas pobres palmitas:
El toro se fijaba en la muleta con atención pero había que llevarlo bien conducido y sin dejar que tocase la tela. Ureña estuvo correcto en general en su colocación pero no tuvo mando en la muñeca, con lo que el animal se mostró cada vez más díscolo.
¿Tablas o derrota del murciano a los puntos? Escojan ustedes. Estocada muy deficiente por baja y atravesada, con este gañafón del toro por equivocar la suerte:
ADRIÁN. Su primero era este negro zaíno, bajo de agujas, basto y acarnerado:
Primera vara de bravo a pesar de ser trasera y con carioca. Vean su intento de romaneo. En el segundo, media carioca con cabeceo del toro:
Adrián lo había colocado en suerte de largo, el único de la tarde cosa que le agradecemos, pero si luego su asalariado se dedica a carioquear, pues para ese viaje no hacía falta alforjas.
¿Qué pensaría Otero del público venteño cuando escuchó una monumental ovación tras clavar estos dos pares a toro pasado?








































