miércoles, 23 de junio de 2021

MIURA EN CUÉLLAR

 CINCO MIURAS DESOREJABLES

O, por lo menos, cuatro y medio. Pero entonces, ¿eran miuras o qué? Hombre, ya sabemos que hay que adaptarse a los tiempos, el propio Antonio Miura lo repite cada vez que comparece en público. Lejos queda aquella época en que salía una vaca casi imposible en un tentadero. Pepe Luis Vázquez se sorprendía de que don Eduardo la dejara para madre ante el estupor de todos. Luego el maestro le preguntaba que cómo había tomado esa decisión y el padre de los hermanos respondía que 'en nuestra ganadería tiene que seguir habiendo vacas como ésa'.



En Cuéllar salieron dos hermanos gemelos con el hierro abajo de Cabrera. Ambos cornialtos, negros zaínos y muy listos. El primero saltó al callejón y el otro cogió feamente a Herrero. O sea, que miuras con mala idea, haberlos, haylos. No eran dos asesinos en serie pero sí eran de esos animales que los toreros no quieren ver ni en pintura. Por eso seguimos a día de hoy con la aureola de esta ganadería.

Pero a pesar de lo dicho, cuatro de los seis fueron desorejables y eso seguro que decepcionaría a los que acudieron pensando que verían correr más a los toreros que a los toros.

Fueron diecisiete veces al peto, de las cuales, sólo los dos de Rafaelillo recibieron ¡nueve varas! Pero conocemos la política de este diestro en el primer tercio, ya no engaña a nadie. Se movieron y mansearon en distinto grado, muriendo en tablas o en toriles pero también es verdad que fueron alegres al peto e hicieron peleas más que aceptables sin ser ninguno bravo. No nos aburrimos y eso, en los tiempos que corren, es muy de agradecer.

Hubo un poco más de media entrada, con lo cual el fin de semana se ha saldado con una afluencia más que correcta. Y de nuevo estaban en el entendido los cabales que habían venido de Madrid, de Segovia, de Valencia y de otros rincones donde todavía se esconden algunos de los pocos aficionados a toros que quedan en España. Sólo sacan la cabeza en contadas ocasiones y lo de Cuéllar fue una de ellas.

Les presentamos los toros. El primero tenía estampa de toro antiguo como les decíamos:



Estaba loco por irse de allí, vean. ¿Cómo puede caber un toro por ahí?



El segundo estaba discapacitado, como se dice ahora. Las patitas eran de cristal y pasó por el caballo recibiendo 'una pajilla'. Disculpen la vulgaridad pero así es como denominan los piqueros ese picotazo que se administra a un toro que no puede con su alma:


El tercero llevaba, como el primero, el hierro abajo de Cabrera, fueron los dos únicos. Siempre se dijo que lo de José Rafael Cabrera desarrollaba enseguida mucho sentido. Parecía hermano gemelo, ya lo dijimos. Los dos eran de diciembre de 2016, aquel se llamaba Limosnero y éste, Arenero. Observen y compárenlo con el primero:



El cuarto era un bonito sardo claro al que Rafaelillo machacó vilmente en el caballo. Ahí lo ven por ambos lados:




El quinto tenía poca cara pero una caja de toro de plaza de primera. Se astilló ambos pitones al rematar en la madera:



El sexto sacó su dosis de casta, fue tres veces al caballo batallando muy dignamente y sin tardear. Es curioso que el día anterior había salido un resina de sobrero que parecía un miura y éste de Miura parecía un resina, ¿qué me dicen?



Llamaba la atención su prominente morrillo, raro en esta vacada. Aquí lo tienen en el instante en que se arrancaba por tercera vez al peto y luego desde atrás:




RAFAELILLO. Fue el doctor Jekyll y Mr. Hyde. Por un lado, el que mata sus toros en el caballo ordenando un castigo tan vergonzoso como inmisericorde. Por otro, se plantó ante el difícil primero y le robó una faena de mérito.

Era Limosnero, de estampa miureña y comportamiento díscolo. No paró de andar desde que salió, barbeaba las tablas y estaba deseando encontrar la puerta de salida. Hizo hilo con Mora en banderillas y por fin saltó al callejón:




Rafael dimitió como director de lidia y permitió que aquello se convirtiera en una capea de pueblo. Hasta seis veces toleró que fuera picado el toro, la última con el tercio cambiado. El toro tocaba la música y berreaba mientras el diestro seguía ausente:



Tras volver del callejón, el maestro tenía allí una patata caliente. Sumen a ello un viento molesto y el desarme en los pases de recibo. Cualquier otro torero le da dos mantazos y un bajonazo pero aquí salió el doctor Jekyll:



Seguramente el murciano se acordó de que prefería estar en el ruedo ante este pájaro que en el cementerio de Pamplona y le arrancó pases muy meritorios, todos por la derecha, cosa entendible dado el percal:



Un toro que barbeaba tablas y saltó al callejón será de suerte contraria ¿no? Pues por tres veces pinchó en la suerte natural. ¿Cómo es posible equivocarse de esa manera? Qué mal...



Recuerden lo que comentábamos aquí sobre la forma de entrar a matar. Al final, casi entera pasada y la oreja que tenía ganada a pesar del nefasto primer tercio que nos brindó, se diluyó como azucarillo. Pero conste que fue culpa suya por ese error garrafal al matar.

Su segundo fue el sardo claro que vimos antes y que aquí recordamos a lo largo. Se llamaba Alcachofero:



Puso en apuros a Rafaelillo con el capote y éste no lo perdonó. Se tomó cumplida venganza ofreciéndonos un espectáculo en el caballo de carnicería barata y sangrienta. Vuelvan a la foto anterior y observen la sangría trasera que ha sufrido. En la primera entrada lo dejó debajo, en la segunda recibió una infame lanzada trasera recargando y en la tercera, una carioca criminal suficiente para recluir al maestro y a su picador en Sing-Sing a pan y agua. ¡Qué inmensa vergüenza!



Salvo error, fue López quien puso un gran par. Cuando Rafaelillo cogió la muleta, nosotros éramos partidarios acérrimos del toro. Deseábamos que no permitiera ninguna faena al maestro tras la vileza que había sufrido durante su lidia:



Dios nos hizo caso y el miura se tomó la revancha. Pero este toro, bien lidiado, propicia el corte de oreja sin duda ninguna. Lo que no puede ser es matarlo en el caballo y después pedir uvas a la higuera. Así como hay toros que se arreglan en el caballo, a otros como éste los destrozas y luego aún te lamentas. No hay derecho.



Honda trasera y desprendida haciendo el arco iris y el toro que en un último ejemplo de honor, se negó a ser descabellado por el diestro que lo había humillado tratándolo como si fuese basura. 



Murió en toriles y nos hicimos daño en las manos al aplaudir su arrastre, más que nada para fastidiar a Rafaelillo.

Al final de la corrida, el murciano  se retiró entre una fuerte división de opiniones, donde los que más protestaban seguro que eran los más cabales. No le perdonaron lo que hizo en el primer tercio con sus dos toros y tenían toda la razón.


LÓPEZ CHAVES. Recibió a su primero con una larga de rodillas en tablas, señal de buena predisposición. Tanto él como nosotros nos apercibimos a la primera de la forma de humillar del toro recién salido, observen:



El problema fue que pronto dio señales de tener menos fuerza que Joe Biden. Lo del caballo fue una visita de cortesía y después tuvo que encargarse Chacón de hacer de enfermero con su oficio habitual:



El tal Luminario se dolió de las banderillas y berreó. Como las patas eran de cartón y hacía aire, nos temíamos que empezara a defenderse:



El papelón de Chaves era para nota: olvidarse del aire y torear a media altura con quietud para ver si el toro aguantaba unas tandas. Pues lo consiguió, incluso dándole distancia ya que el toro se venía sin problemas. Dio dos naturales lentísimos:



Insistimos en la blandura del enemigo. Ya han visto en la foto anterior que iba al paso y que el salmantino lo llevaba a media altura. Pinchazo bueno y estocada buena, ésta que ven. Ha sido la única estocada en su sitio de todo el fin de semana:



El toro se fue a buscar a Antonio antes de morir para agradecerle todos los años que estuvo echándole de comer. 



Bonita muerte pero en toriles. Oreja para el maestro e inconcebibles aplausos al toro en el arrastre:



Su segundo fue aquél de gran romana pero de pitones digamos que blandos. Además, renqueaba del pie izquierdo pero nadie protestó:



Muy plausible disposición de Chaves preocupándose de velar por un buen primer tercio. Contrastaba con la desidia y la nula afición de Rafaelillo demostrada en el toro anterior:



Vimos un notable tercio de varas de Bernal. En la primera entrada tuvo que luchar con el toro porque empujaba con fuerza y si no es por la barrera, derriba:





En el segundo Chaves lo puso largo, fue alegre y terminó cabeceando pero la ovación se oyó desde Olmedo. Muchos espectadores se pusieron en pie, todos pensando en la diferencia entre Chaves luciendo el toro y Rafaelillo antes asesinándolo. Queremos insistir en ello porque no hay que estafar a quien ha pasado por taquilla.

Aquí tienen la alegría con que va el torito por tercera vez a recibir castigo:



Chacón estuvo perfecto en el primer par pero con problemas en el segundo:




En la muleta el toro acusó su minusvalía trasera y por ese motivo no pasaba. Chaves porfió porque quería salir a hombros en su debut en este coso:



Pero mató mal de pinchazo y corta que escupe más esta casi entera trasera y caída:



No obtuvo premio pero dejó un buen sabor de boca por sus ganas de agradar y de hacer las cosas con afición. Eso debería ser lo normal cada tarde en todos los diestros pero lamentablemente es la excepción.


JAVIER HERRERO. Los aficionados navarros recordarán al cuellarano porque en Peralta se cortó los tendones de la mano al entrar a matar un novillo de Aguirre.

Quiso estirarse en sus dos toros con el capote. Su primero era aquel hermano gemelo del que había saltado al callejón. 



Rafa Agudo estuvo mal dando cera trasera en el primero y marrando en el segundo. La sangre le manaba a Arenero por detrás del brazuelo, penoso. Las banderillas no se clavaban a pesar de la fina piel que tienen los miuras. Hubo que pasar cuatro veces para dejar sendos palos y el animal se resabiaba por momentos.

En la primera tanda se le vino rebrincado y soltando la cara en todas direcciones: 



La segunda la empezó aquí cruzándose:



Pero de forma sorpresiva el toro se le vino encima y lo levantó del suelo sin hacer carne:



Luego lo paseó por la atmósfera:



Y cuando cayó al suelo no pudo taparse y quedó en una postura fatal, a merced del toro:



Se repuso tras ser atendido pero el animal se había crecido y ya no permitía que le viniesen con monsergas. Herrero no maneja bien la mano izquierda y por eso tiene problemas con la estocada. Pinchazo caído sin cruzar y tendida trasera. No obstante, en lugar de descabellar como hubiera hecho el noventa por cien del escalafón, sacó una vergüenza más torera que nunca y volvió a entrar. Dejó otro pinchazo y esta entera caída:



El último es el que parecía de Partido de Resina más que de Miura, a ver si no:



Salió contrario, como los toros buenos, éste es el momento:



Luego lo demostró en tres varas tomadas con alegría y sin tardear aunque cabeceando más de lo reglamentario:



Salvo error, fue Javier Herrero quien puso el mejor par de la tarde, de poder a poder. El toro tenía su dosis de casta tras ofrecernos ese primer tercio de notable alto. Exigía mano firme y no dudar:



Herrero estuvo muy digno, se echó encima de Palillero arrimándose con mérito. Los más exigentes dirán que se podría haber sacado más partido. No lo discutiremos pero ¿cuántos meses llevaba el de Cuéllar sin torear?



La cosa tuvo su dosis de emoción porque el toro ya hemos dicho que era encastado. Que se fuera sin torear no se lo tendremos en cuenta, si nos lo permiten.

Dos pinchazos al seguir sin jugar bien la mano izquierda, lo que agravaba la tendencia del miura a levantar la cabeza. Al final, trasera tendida y desprendida con la cara del toro por las nubes, como pueden apreciar:



Morante tiene que animarse ante ese compromiso con Miura que tiene pendiente en Sevilla. Si le sale uno como el primero, lo mata a como dé lugar y nadie le dirá nada. Ese tercero a él no lo coge nunca. Y a cualquiera de los otros, si viene con buena disposición y mata como él sabe, les corta la oreja seguro.

Además, en Zahariche conocen perfectamente las reatas y seguro que no le van a embarcar ninguno que pertenezca a la familia de esos dos hermanos gemelos negros zaínos de Cabrera.

Fin de semana muy entretenido en Cuéllar. Dimos el viaje por bien empleado si tenemos en cuenta que pudimos saludar a algunos amigos del blog y también recrearnos con un cordero al horno en Segovia digno de un capitán general.

Vimos dos corridas con interés y con variedad aunque con algunos pitones más romos de lo que Dios manda. Anotamos un total de treinta entradas al caballo, con algunos toreros más predispuestos a contentar al aficionado y con otros que hacen que nos hierva la sangre en las venas.

¿Hubiera habido mayor asistencia de público en caso de anunciar una corrida con terneras y tres figuritas del Belén? No lo sabemos pero si Cuéllar insiste en este modelo de miniferia, no nos dará ninguna pereza volver.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.