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domingo, 1 de noviembre de 2015

LAS VERDADES DEL TOREO DE VERDAD (3)

MARCIAL LALANDA: ENTRAR A MATAR

"Como me entere de que has vuelto a torear te rompo una pierna". Eso dijo Marcial padre a Marcialín cuando supo que con diez años había matado un becerro. Con el tiempo, acabaría matando casi 2.300 toros.


Quizás su mayor triunfo lo obtuvo aquí en Cataluña cuando el 19 de octubre de 1930 mató seis toros de Coquilla en Barcelona y regaló el sobrero de Terrones. Cortó 12 orejas y 6 rabos. Este natural es de aquella tarde:


Lalanda se casaría once días después. El ABC se hizo eco de aquel triunfo y conservamos estas fotos:


Fue el año que toreó más corridas, 87. El diestro madrileño recordaba con orgullo que aquella tarde realizó veinte quites diferentes. No faltó el de la mariposa. Lo inventó improvisando en un tentadero cuando iba a dar a una vaca un lance de frente por detrás y se le vino encima mientras se preparaba. Esta foto también es de aquel día en Barcelona:


Este que ven aquí de paisano es el mismo ganadero de Coquilla tras triunfar en la corrida del Montepío en 1926 (Marcial es el del capote plegado):


Y este es el hierro histórico de Coquilla, a ver si les suena:


Efectivamente, lo compró Daniel Ruiz en 1976 y, antes de tener jandillas, empezó con reses de la familia Galache. Algo les avanzábamos aquí ¿recuerdan?

Quienes lean de vez en cuando lo que escribimos en nuestro blog deducirán que Lalanda tiene que ser forzosamente santo de nuestra devoción por su forma de entender la profesión, igual que Domingo Ortega.

Primero hay que dominar el toro y luego vendrá la preocupación estética, si la hubiere. Lalanda decía que podía ser muy emocionante y hasta estético el simple hecho de dominar un toro fiero. Esa es exactamente nuestra idea de lo que debería ser antes que nada una corrida de toros.

Viene todo esto a cuento de que quizá se acuerden del consejo que dábamos a un inexistente novillero hace muchos meses: 'entra  a matar todo lo despacio que puedas' (recuerden aquí).

En su Tauromaquia, Lalanda dice:

"Antes, se intentaba matar despacio, por ello se producían tantas cornadas en esta suerte".

Observen cómo Lalanda no echa el brazo por delante al perfilarse:

Es Valencia, 1923. Tuvo que matar 5 miuras por cogidas de sus compañeros de terna (Maera y Olmos). Ese año mató un total de catorce miuras

Aquí no se ha perfilado como solía, esto es, señalando con el estoque hacia el tendido y no en paralelo al toro. Es una costumbre que vemos en láminas antiguas y que en absoluto nos parece censurable porque no supone ninguna ventaja para el diestro. Corrochano decía que Marcial Lalanda mataba 'en parábola'.

En algunos de nuestros comentarios repetimos que en una buena estocada hay que entrar 'dejándose ver', lo cual es lo mismo que ir despacio.

Vean una estocada de nuestro diestro -con los pies en el suelo, como debe ser-:


Insiste don Marcial:

"Hoy, lo normal , cuando se dice que se mata bien, es colocarse en la pala del pitón y entrar a todo correr, con tranquillo. Debido a eso hay tantas estocadas caídas".

Cuando habla de tranquillo se refiere a trampas. En los últimos años, nosotros recordamos haber visto entrar a matar despacio y sin tranquillos a Fundi, Uceda Leal o Rafaelillo.

Estocada 'a un tiempo' de Uceda Leal a un cuadri en Céret

No nos olvidamos de Pepe Moral, que recetó la mejor estocada de San Isidro como alabábamos aquí. Pasó desapercibida para casi todo el mundo porque fue en la primera de feria:


A nuestro modesto entender, el torero debería mentalizarse de que la suerte de matar tendría que hacerla a cámara lenta. Reconocemos que eso es muy complicado en un momento tan peliagudo, pero así es como entraron a matar los grandes estoqueadores de la historia. Y que conste que Lalanda no figura entre ellos.

Para acabar, Marcial opinaba que igualar el toro antes de entrar a matar es una estupidez...

"Igualar al toro es un mito sin ninguna eficacia técnica porque es una mentira en cuanto a necesidad para la ejecución de la suerte (...) El público advierte al torero cuando el toro no está igualado creyendo que no le va a poder matar, que la suerte saldrá mal si el toro no junta las manos, existe la creencia de que pinchará en hueso.

"Pero el toro, al arrancarse, da unos pasos, se desiguala y, por tanto, la espada entra si se acierta. Si no se acierta, no entra".

Efectivamente, a nosotros nos resulta ridícula la ciencia que le echan algunos toreros a esto de igualar el toro, mirando las patas como si buscasen algo que se les ha caído. Y eso lo hacen tras haber dejado pasar la ocasión de matar el toro cuando este les pedía la muerte. Entonces se van de excursión a coger el estoque de verdad y a la vuelta nos aburren con ese sainete absurdo de buscar la cuadratura de las patas del animal. Recuerden lo que le pasó a Paulita aquí.


Ya que escribimos desde Tarragona, les diremos que Lalanda sólo toreó una vez en nuestra bonita plaza. Fue un mano a mano con Vicente Barrera el 23 de septiembre de 1929. Los toros eran, salvo error, de Juan Manuel Puente (una de las tres partes en que dividieron lo de Vicente Martínez sus nietos).

A Puente lo asesinaron unos milicianos republicanos en Colmenar siete años justos después de esa corrida. Sus toros debieron de ser destinados a carne durante la guerra porque la ganadería desapareció.

Dos meses después corría la misma suerte en Paracuellos Adolfo Martín Miguel, padre de Victorino Martín Andrés.

Volveremos con Marcial Lalanda en alguna otra ocasión ya que sus opiniones sobre el toreo de verdad confirman muchas de las cosas que decimos por aquí, lo cual nos resulta muy reconfortante, para qué les vamos a engañar.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

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