Decíamos el otro día que el Victorino ganadero seguramente estará en el cielo pero el Victorino tratante estará en el infierno engañando al diablo. Donde sea que se encuentre, vería la corrida de Albacete y se daría perfecta cuenta de que sus dos verdades básicas en el mundo del toro han quedado en agua de borrajas dentro de su ganadería. Vamos con ellas.
- SI SE CAE EL TORO, SE CAE LA FIESTA. Lo repetía el paleto hasta la saciedad. Los ganaderos comerciales lo acusaban de que sus toros no se caían porque no se entregaban, o sea, manseaban, y él respondía que los de ellos se caían por falta de casta. Como el hijo es muy listo y ve lo que hay igual que nosotros, cambió la portada de su web. Durante muchos años desde su fundación esa frase que hemos puesto en mayúsculas era la que se leía en primer plano de manera fija.
Hace años que cambió y ahora hay que esperar a que salga esa frase pero ¡ojo!, resulta que el hijo ha tergiversado sibilinamente lo que decía su padre, vean:
Ahora es un impersonal 'si cae el toro...' como si se refiriera a que cae la tauromaquia. No, señores, el abuelo se refería a que el toro claudique y se vaya al suelo. Los victorinos de Albacete fueron al suelo un total de veinte veces, ¿qué les parece?
- AL PRIMER PUYAZO VA UNA VACA MANSA, DE ÉSAS DE LECHE. Se lo escuchábamos constantemente porque él era de los que pensaba que realmente la bravura del toro se veía en la tercera entrada, igual que cualquiera de los ganaderos serios que en el mundo han sido. Los seis victorinos de Albacete fueron seis veces al caballo, hagan la división.
Hubo una verdad de las suyas que sí se cumplió. Es cuando decía que 'la tablilla no sirve para nada, lo que importa es la edad y la seriedad en la cara'. Los victorinos de Albacete fueron todos muy serios de cara. Algunos no llegaban a los 500 kilos pero estaban a punto de cumplir los seis años.
Todos tuvieron trapío, fueron parejos de presentación, estuvieron en tipo y se mostraron flojos de remos. Desarrollaron peligro pero no por ser alimañas, no se engañen, sino por su poca fuerza.
Fenomenal disposición tanto de Pinar como de Serrano, jugándose la cornada sin ambages al insistir cuando nadie se lo pedía. Ambos salieron a hombros, cosa que en absoluto vamos a criticar dados los miles de veces que nuestras queridas figuras hacen lo mismo tras haber tenido delante chotos deleznables.
PINAR. Su primero estaba en tipo y con un trapío correcto, sin exageraciones, como muchos de los victorinos de los años ochenta que hoy para Las Ventas ni los embarcarían:
Pinar se fue de entrada a porta gayola, cosa que siempre loaremos:
Pero luego lo puso debajo del peto y autorizó, si no es que ordenó, una zurra trasera en forma de monopuyazo asesino que afligió al toro claramente. ¿Por qué no lo sacó rápidamente para ponerlo otra vez y así calibrar un poco su bravura? Pues porque el primer tercio le importa una higa:
En banderillas fue adquiriendo resabio a lo que había que sumar su flojedad de remos. De inicio nos pareció claramente que iba más largo por el izquierdo pero Pinar, que es diestro derechista, sacó la faena hotelera. ¿Dávila Miura tampoco vio ese pitón izquierdo más largo?
Tres tandas por el derecho con el toro que lo iba apurando y atosigando tal como a nosotros nos había dado la impresión que haría. Cuando se echó la mano a la izquierda, la poca fuerza del animal hizo que ya no pasase. Nos quedaremos siempre con la duda de qué hubiera pasado si empieza la faena con la izquierda.
Al quedarse debajo, el de Victorino veía unas piernas por allí y en la segunda tanda al natural terminó yéndose a por ellas:
Volvió Pinar a la cara sin mirarse, esta vez por la derecha para dos últimas tandas echándole mucho valor porque el toro ya se había enterado de todo.
Estocada pasada y desprendida sin puntilla y entregándose al clavar, de forma que recibió una cuchillada en la taleguilla. Oreja que no nos molesta.
En su segundo salió con unas discretas bermudas azules. Era cárdeno oscuro, corniabierto y casi seiseño:
Otro monopuyazo repugnante... de Pinar.
Chacón cuadró en la cara pero rompió una banderilla, éste es el instante:
El toro obedecía al cite pero iba al ralentí, era de una vulgaridad alarmante. Tan tontuelo se mostraba que se le quedó debajo en uno de pecho y se limitó a olerle la axila.
Nos asaltaba la duda de si llevaba sangre de Albaserrada o leche merengada. Pinar terminó por humillar al toro dejando que en el arrimón le rozase con los pitones los muslos como se hace con las borregas al uso.
En televisión decían: 'es un toro de Victorino, recordemos...' Lo afirmaba Martín de Blas queriendo otorgar mérito a ese arrimón pero nosotros nos lo tomábamos como un recordatorio de que aquello no era una oveja aunque lo parecía. Tuvo que ser el propio diestro quien en la entrevista les dejase claro que 'estaba muy bajito de raza', cosa que en ningún momento habían constatado los televisivos.
Entera contraria con telonazo y oreja.
El quinto era cornivuelto, también cárdeno oscuro:
Venía picado del campo. Peña le clavó la puya casi en la penca del rabo y el animal se molestó y lo derribó.
Con tan poco castigo, Pinar pidió el cambio para que Víctor Martínez pusiera el mejor par de la tarde:
El toro embestía dando sólo tres pasos, ni uno más. Lógicamente se quedaba ahí debajo y empezaba a buscar. Dijimos antes que no eran alimañas sino toros sin fuelle que se defendían porque no podían. Éste Portezuelo fue el ejemplo palmario.
Como a cada tercer paso veía al torero cuando se paraba, se fue poniendo bronco y debe reconocerse que Pinar porfió con mucho valor y con piernas de bronce para zafarse en cada intento de pase. Estuvo muy digno, la verdad.
Estocada corta arriba que basta y ovación muy merecida.
SERRANO. Se fue a porta gayola en su primero y, cuando luego se le puso abanto, salió a los medios a buscarlo en lugar de esperar en tablas a que volviese (¿lo vería Morante?).
Tuvo la mala suerte de trompicarse y caer en la cara pero nos quedamos boquiabiertos cuando el toro lo husmeó sin hacer el menor gesto de cornearlo. El instante de la imagen es previo a que el victorino se quede quieto mirando:
Le pega Tito Sandoval, el que menos trasero clavó, y el toro se dejó. Se fue al suelo dos veces en las chicuelinas. Sumen tres más posteriormente. Perea lo cuidó con mimo en una excelente brega.
Embestía con el morro por la arena, noble y empapado. Temíamos que si le bajaba la mano se derrumbaría pero seguramente se acordó de su linaje y soportó que Serrano se la bajara recreándose especialmente al natural:
Muy buena faena con el inconveniente de no haber llevado el estoque de verdad para aprovechar este instante que ven en que el toro le pedía la muerte en los medios mientras él volvía de su larga excursión:
A pesar de ello, rinconera sin tapar la cara, arrancando por derecho y con lentitud, muy bien. Dos orejas de las que quizás sobraría una por lo del artículo 82.2 donde dice que se valorará la calidad de la res lidiada. Hombre, si por calidad entendemos lo mismo que los taurinos, la tuvo por arrobas. Daremos la razón al maestro cuando después dijo que 'ha sido un toro con clase y calidad', o sea, un garcía que además se arrodilló cinco veces (las mismas que el tal Cobradiezmos cuyos hijos veremos dentro de poco, recuerden aquí).
El cuarto tenía casi seis años, pesaba 490 kilos pero exhibía un buen trapío a pesar de ser rabicorto:
Se fue Serrano a porta gayola y estuvo en peligro de muerte cuando el toro hizo un amago de gambeteo como si fuera Garrincha. Si no se tira cuerpo a tierra, le pesa:
Su actitud en el caballo fue calcada a los otros: empieza empujando pero ante el atroz castigo en el lomo, se aflige y se queda ahí dejándose pegar, qué pena.
Fue otro de los que la flojedad de remos -cinco caídas- y su poco fuelle hacían que se quedase debajo. Serrano lo dejaba respirar con buen criterio pero lo que necesitaba era respiración asistida.
No obstante, nos fijamos en que esta vez el diestro no adelantó la pierna ni una sola vez sino que se colocó en la pala. ¿Fue por no quebrantar más al toro o por tener ya las dos orejas? Queremos creer que lo primero porque lo segundo no casa con haberse ido a porta gayola.
Estocada perpendicular y pasada girando el palillo que basta. Oreja.
El último era otro toro serio a pesar de sus 448 kilos, veleto y de mirada muy viva:
Nuevo afligimiento en el peto y se duele de los palos. Se derrumbó nada más empezar la faena y hubo que llevar la muleta a media altura. '¡Suave, acariciando...!', le decían desde el callejón.
El toro no tenía ninguna mala idea pero la sensación de peligro llegaba una vez más porque no podía con el rabo y no completaba el viaje. Serrano insistió con mucho coraje, más de lo que el tal Plantista merecía.
Pinchazo sin soltar y otro con accidente cuando el toro tropieza y caen ambos:
Al final, estocada honda caída. Vean en la imagen que, efectivamente, es honda como decimos y no corta como aseguraban en televisión. La diferencia es clarísima pero también a Emilio Muñoz le hemos escuchado confundir ambas:
En Albacete los dos toreros estuvieron muy por encima de los toros. Al final, Serrano decía que 'la afición necesita que haya tíos que se jueguen la vida y que haya mucha verdad'. Las dos cosas acontecieron en La Chata aunque la lástima es que fue ante unos animales flojos cuyo peligro, insistimos, provino de su propia endeblez.
La afición, puestos a pedir, necesitaría menos monopuyazos toricidas, más poder en los toros y que los victorinos no se caigan tanto porque SI SE CAE EL TORO, SE CAE LA FIESTA.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.







































































