miércoles, 26 de febrero de 2025

MUERTE DE GITANILLO: 'BIEN QUE ME DIO EL LADRÓN...'

Son de sobras conocidas tanto la cogida de Gitanillo por aquel Fandanguero de Graciliano como la formidable agonía del diestro hasta que murió. Le dedicaremos esta entrada porque hemos leído las memorias de un diplomático que fue amigo suyo y que relata los hechos ya que estuvo presente desde el día de autos hasta el del entierro.



Nos referimos a Carlos Morla Lynch. Fue, como decimos, un diplomático chileno cuya carrera transcurrió entre París, Madrid, Berlín y Berna. En España entabló una gran amistad con Lorca. Solamente les diremos que el poeta leyó por primera vez su Llanto recién escrito ante un reducidísimo grupo de amigos entre los cuales estaba Morla. Este es el libro donde encontrarán esas pinceladas taurinas a que haremos referencia a continuación:



En los ambientes taurinos el chileno tuvo amistad con Cagancho, los tres gitanillos y Sánchez Mejías. En el libro hace una semblanza de cada uno.

De Curro Puya dice esto:

'Sus empresarios eligieron el nombre de Gitanillo de Triana, que se ha hecho popular y que tiene, sin duda, un salero de cantar sevillano. Refleja, asimismo, en forma sugestiva, la luminosidad y bondad cautivadora que irradiaba el diestro. Era un buen hijo, un buen hermano, un espléndido y buen amigo, amado con dilección por todos y era también, antes que nada, caritativo y piadoso, que es virtud gitana. Manos las suyas generosas y ampliamente abiertas, como un cesto de frutas'.

De Cagancho, quien le confiesa en un momento dado que tuvo su primer hijo con trece años, comenta esto:

'El torero gitano ha almorzado en casa con Federico, a quien le pidió que le leyera «La casada infiel» de su Romancero. Llegó, por cierto, el diestro con una hora de retraso: a las tres y media de la tarde. Elegancia impecable: terno gris, camisa de seda blanca, corbata azul, calcetines del mismo color y zapatos de gamuza. Su tez morena aún más tostada y sus ojos almendrados, también más verdes que nunca. En la muñeca de su mano de caoba, una fina cadena de oro, y en uno de sus dedos largos un anillo de platino con una espléndida esmeralda. Entra la dueña de la casa y se pone en pie, correcto, galante, educado. Un verdadero príncipe gitano'.



La verónica que han visto es suya. Además Morla estaba en el tendido cuando el célebre escándalo de Cagancho en Almagro. Habla también de Sánchez Mejías y expresa su dolor al enterarse del funesto desenlace con estas líneas preciosas:

'¡Muerto! Ese ser lleno de vida, de gallardía, magnífico siempre; que jugaba con «la intrusa» evitando su embestida a un centímetro de distancia; que se reía y se mofaba de la amenaza de sus garras esqueléticas, de su mirada cavernosa y de su rictus amargo; que se sentía inmunizado ante el peligro e invencible en la lucha. Pienso en los seres que lo han querido, que lo quieren más que a otros, que lo admiran: en Rafael Alberti, en Federico, en La Argentinita... Y todo el día, y toda la noche, me siento aprisionado en esa niebla oscura que me sigue, que avanza conmigo, que me envuelve adondequiera me dirija, y al final de la cual se yergue algo que brilla: un traje de luces ensangrentado, azul y oro. ¡El suyo! Y esa sombra que no me abandona es más fuerte que el sol, más intensa que el cielo, más profunda que el mar. ¡Pobre Ignacio!'

En la prensa de la época se habló del maleficio del mes de mayo por los percances que han sufrido tantos toreros. Precisamente durante la corrida de Graciliano que nos ocupa, en aquel 31 de mayo de 1931, fue herido en el primer toro un banderillero. Su nombre, Manuel Prieto Varé, primo hermano de Varelito (recuerden aquí nuestro homenaje a aquel magnífico estoqueador). El toro le arrancó la femoral del muslo derecho.



A Gitanillo lo cogió ese Fandanguero que hizo tercero. Cuando entró en la enfermería, el doctor Segovia estaba pendiente de la femoral rota de Varé y el suelo estaba teñido de sangre. Imaginen la situación ahí dentro cuando trajeron en volandas a Gitanillo con sus dos cornadas en los muslos y esa otra terrorífica en la cadera, que le había roto el hueso sacro al empotrarlo el toro contra la madera. Este es el parte:



Así cuenta Morla Lynch la cogida:

'Al iniciar la faena de muleta —después de ejecutar un suave ayudado por alto— fue cogido por el muslo, lanzado al aire y luego recogido nuevamente por el toro, que lo arrolló bajo el estribo, recibiendo allí una tercera cornada en la cadera. Yo cerré los ojos para no presenciar el final de la tremenda embestida…'



Todo el mundo se acordó del pobre Granero al ver al diestro ahí debajo en el estribo. En esta ocasión no hay ninguna duda acerca de la diligencia de Lalanda en el quite. Se llevó una ovación de gala que coincidió cuando levantaban a Gitanillo del suelo. Continúa Morla:

'Al abrirlos de nuevo vi con estupor y admiración a Marcial Lalanda, que, metido entre los cuernos y la barrera, con una temeridad y nobleza para las cuales no hay términos de suficiente elocuencia, lograba llevarse al astado en medio del estruendo de una ovación que estremecía la plaza entera'.



Ya saben que a Marcial se le había criticado el no haber estado pendiente de Granero el día de Pocapena. El diestro siempre lo negó y lo achacaba a una campaña de los del semanario El Clarín, que le pidieron un aumento del sobre que ya pagaba y se negó. Lo contábamos aquí. Por cierto, el torero madrileño saldría en hombros aquella tarde mientras operaban a Gitanillo en la enfermería:



El silencio en aquella enfermería era de muerte mientras desde la calle llegaba el eco del jolgorio del triunfo de Lalanda. Anotemos que más tarde tanto él como Chicuelo volvían a la plaza y entraban en la enfermería para interesarse por su compañero.

Su mozo de espadas contaba que cuando lo llevaban por el callejón iba diciendo:

'Me ha desbaratao, esta cornada es mu fuerte, me ha destrosao...'



Pudiera ser que la cornada se la pegase por haberlo picado mal. Gitanillo lo había recibido con siete verónicas. Tras el segundo puyazo hizo un memorable quite con cuatro y una media que levantaron al público de los asientos. Ésta fue una:



Acudió el bravucón al caballo por tercera vez y aquí recibió una lanzada muy fea por baja y contraria, o sea, para entendernos, en su costado izquierdo. A partir de entonces, el animal se dolió, mostrándose incierto y receloso por ese lado, sin que el diestro quisiera ver ese defecto porque sólo pensaba en torear (sic en una crónica). Fue precisamente en un pase por ese cuerno cuando prendió al maestro en terrenos del 1.

Al día siguiente se daba cuenta de que lo que notaba en las piernas no era normal. De hecho, no quisieron decirle que si salvaba la vida iba a quedar inútil. Cedemos la palabra de nuevo al pobre diestro, quien se lamentaba mientras intentaban darle moral:

'¿Que no es nada? ¿Nada? Mira, me ha dao tres cornadas, una en cada muslo, y otra en la cadera... ¿Y qué me pasa en las piernas? He perdido la sensibilidad, parecen de trapo... La que no me deja vivir es ésta de la cadera. Bien que me dio el ladrón... Pero paciencia, tenía que ser así...'



El maestro morirá dos meses y medio después tras una penosa agonía y, lo que es peor, completamente consciente de todo. Los gritos que pegaba durante las curas se oían desde la calle. Tuvo muchos problemas urinarios por efecto de esa terrorífica cornada en el hueso de la cadera. Además se le declaró una meningitis y hubo que hacer varias transfusiones por complicaciones en un muslo. Si quieren un detalle de estos desagradables pormenores, vayan a la página 980 del tercer volumen del Cossío. El autor los incluyó contra lo que era su costumbre. 

Lo de las transfusiones es relatado también por Morla ya que estuvo a su vera durante todas esas semanas de sufrimiento. Son aquellas transfusiones primitivas, como las cinco de Manolete (pulsen aquí), la de Ostos (aquí), las de Gitanillo Chico (aquí) o la del citado Sánchez Mejías realizada con sangre de Pepe Bienvenida. Esto cuenta Morla:

Una transfusión de sangre se impone y el doctor Segovia solicita voluntarios que se presten a ella. No hay tiempo que perder. Me adelanto, sencillamente porque siento que debe ser así, y conmigo se ofrecen un picador de su cuadrilla, un banderillero de la misma y el chófer de taxi que siempre lo servía.

Por cierto, nuestro Gitanillo estará obligado a reposar casi siempre tumbado bocabajo por culpa de los grandes dolores que le causaba esa cornada en la cadera que comentamos. Aquí lo tienen de cara a la cámara con algunos visitantes:



Como curiosidad les diremos que en el sanatorio de toreros coincidió con Martín Agüero, a quien iban a amputar un dedo y medio del pie izquierdo por un inicio de gangrena resultado de una cornada reciente.

Un día, a solas el torero con el diplomático, sucedía esto:

Me dijo esta otra frase infantil, que me quedará grabada mientras viva:
-Yo le diré a la Virgen lo bueno que has sido conmigo...-
Pobrecillo… No hay posición que lo alivie: los huesos han perforado su espalda; pero sonríe siempre y no se queja, ni se rebela, ni se exaspera. Sólo una vez lo he visto impacientarse algo: fue un día cuando la enfermera le decía cariñosamente que Dios enviaba sufrimiento a los buenos porque los quería. Curro —que sufría intensamente— se incorporó un poco, penosamente, y le respondió con una gitanería:
-Que no me quiera Dios tanto… que de tanto quererme se está poniendo pesao y mal amigo-.

A Gitanillo le había dado la alternativa otro torero intuitivo como él: El Gallo. Fue en agosto de 1927. Toreó en los años siguientes más de doscientas corridas. Esta foto está hecha en Sevilla, en la corrida homenaje a El Gallo por sus veinticinco años de alternativa. El de la izquierda es Chicuelo:



Lo de torero intuitivo no es de nuestra cosecha sino de la de un admirador del maestro, Tomás Orts Ramos, Uno al Sesgo

Los aficionados solemos distinguir entre toreros largos o cortos. Él hablaba de toreros con oficio o con intuición. El que tiene oficio sabe siempre lo que hace. El intuitivo no sabe que sabe lo que sabe. Ojo porque el trabalenguas es cosa suya. Transcribimos su reflexión porque pensamos que tendrá interés para ustedes:

'El torero de oficio, es decir, el que sabe lo que sabe, el que con una práctica más o menos larga ha llegado a dominar la técnica, puede tener lo bastante con esa técnica para salir airoso en la mayoría de los casos que se lo proponga; y en ellos sí que es la voluntad la que manda. Pero en el torero intuitivo, en el que lo que sabe no sabe que lo sabe, porque su arte no es consciente sino inconsciente, el revelarlo es obra de determinadas circunstancias, de un estado de ánimo, que no se crea con sólo quererlo, que aparece y desaparece por causas que escapan la mayoría de las veces al propio interesado, que lo exaltan o deprimen sin motivo aparente en ocasiones'.

Y sigue:

'El fenómeno que queda por examinar es el que de vez en cuando se observa en algún que otro torero de los que seguiremos llamando intuitivos provisionalmente. Así que van adelantando en el oficio y dominando la técnica, diríase que van aminorando su personalidad, o, para expresarme en el lenguaje taurino, van "perdiendo el sitio", con gran desencanto del aficionado. Éste ve diluirse en la vulgaridad un arte excepcional, que, aunque sólo se manifestase a rachas, era de tal calidad que compensaba con una tarde buena varias malas. ¿No será que con el predominio del oficio sobre la "inspiración" en aquellos toreros a quienes falta el valor, cuando se dan cuenta del riesgo que afrontan por un exceso de vigilancia del consciente, queda anulado el subconsciente?'

No entraremos ahora a discutir si toreros de arte como Juan Ortega o Morante encajarían verdaderamente en esa categoría de intuitivos. Gitanillo sí era de estos últimos, por supuesto. Tampoco insistiremos en los consabidos elogios a su verónica, la del minuto de silencio. Además, con los dos pies asentados en la arena, como decía Paco Camino que había que tenerlos en este lance:



Lo del minuto de silencio lo recordaban en este titular:



De su muerte, el catorce de agosto, setenta y cuatro días después de la cogida, Morla guarda este tierno recuerdo:

'El gitano ha muerto hoy. Tenía veintisiete años. En torno del féretro descubierto, la familia permanece muda. La madre, sin proferir una palabra, contempla a su hijo, y hay en su dolor silente una nobleza que infunde en los presentes admiración, respeto y arrobamiento. A medida que pasan las horas, en la desolación de la vigilia, la fisonomía del gitanillo se suaviza, adquiere serenidad y diríase que de nuevo sonríe: es la misma sonrisa peculiar suya, un poco melancólica, con que recibía las ovaciones de la plaza en delirio. Tan contento como estaba, parecía triste'.

Había hecho testamento en favor de sus padres y dejó una cantidad aparte para que su adorado sobrino Currito pudiera estudiar una carrera.



El cadáver del trianero llegaba a Sevilla dos días después.  En la estación estaban, además de medio barrio de Triana, Juan Belmonte, Antonio Miura Hontoria, el Papa Negro, Vicente Pastor, Moreno Santamaría y, por supuesto, sus seis hermanos, su cuadrilla y su apoderado Domingo Ruiz. Salvo error, Pastor debe de ser el de la derecha:



Carlos Morla tiene dos libros más de memorias que les recomendamos. El primero está escrito en Madrid entre 1937 y 1939 y el segundo en Berlín, durante los años del nacionalsocialismo. En el que nos ha ocupado a cuenta del pobre Gitanillo verán desfilar, entre otros, a Eugenio d'Ors, Marañón, Ortega, Sáinz de la Maza, Unamuno, Azaña, Madariaga... y, por supuesto, a la generación del 27 en pleno.

Lorca y él asistieron juntos al último festejo celebrado en la plaza de la carretera de Aragón, con dos toros para el rejoneador Cañero y seis para Lalanda, Cagancho y Rafael, el hermano de nuestro protagonista. Ambos mostraban su desagrado ante la nueva plaza de Las Ventas:

'La «nuestra», la que abandonamos hoy para siempre y que será derruida en breve —tan íntima, tan campechana, tan integrada en la vida de Madrid—, tenía olor a sangre de toros y de toreros. La queríamos como algo propio y la lloramos como a una vieja abuela que se va. -La otra —dice Federico—, la gran plaza flamante, de ladrillos y azulejos resplandecientes, es una «monumental señora» engreída y antipática, con vuelos y encajes de «nueva rica»-'.



Un día un fulano llamó a Morla por teléfono. Tenía acento andaluz y decía que era un novillero amigo de Cagancho y que lo llamaba de parte del maestro para ver si aceptaba ir de mozo de espadas con él la temporada siguiente. Morla se quedó parado, empezó a balbucear... no sabía qué decir,  probablemente porque en el fondo quería aceptar. Sus dudas quedaron disipadas con la carcajada que se oyó al otro lado del hilo. Era Federico García Lorca, que le estaba gastando una broma...

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

20 comentarios:

  1. Es un placer seguir su blog por lo bien documentado, ameno, defensor de la sutenticidad y mejor escrito. Muchas gracias y enhorabuena desde Cadalso de los Vidrios (Madrid).

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    1. Muchas gracias por esos elogios seguramente exagerados. Sé que hay lectores sobre todo jóvenes que estas entradas de toreros antiguos no las leen pero afortunadamente la tauromaquia tiene muchas variables que pueden dejar contentos a unos y a otros. En nuestro modesto blog intento contemplarlas todas.

      Yo pienso que hay que estar siempre pendiente de los toreros antiguos fundamentalmente por cómo pensaban y lo que decían sobre la tauromaquia. Los actuales dicen pocas cosas aprovechables, la verdad.

      Saludos

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  2. Buenos días, D. Rafael y la compaña:
    Me ha encantado esta entrada, la cual he reenviado a familiar directo del difunto Puya, tocayo de quien le escribe.
    ¿Cree usted que el malogrado Puya hubiese corrido idéntica suerte si, en vez de aquellos encastadísimos (o eso dicen) toros de la Edad de Plata, hubiera toreado “el toro más bravo de la Historia”, el Domecq de hogaño?
    ¿Hasta qué provecta edad hubiera prolongado su carrera Curro Puya si, en su condición de figura rutilante, hubiera podido acariciar a la verónica, con “ese barrido desmayo, esa playa de desgana, ese gozo de tristeza, esa rítmica pereza”, a toda la camada del monoencaste de nuestros días? Yo me aventuro a predecir que Romero y Frascuelo no habrían abierto cartel con él.
    Lo del torero intuitivo” lo resumió en “romaní” paladino Rafael de Paula, con aquello de las bolitas que caen de arriba, a unos muchas y a otros pocas o ninguna.
    Cuando leo las apreciaciones de Morla Lynch, entre románticas, de “guiri” y de engatusado por el universo imaginario (pero bellísimo y sugestionador) de Lorca, me da una mezcla de ternura por su ingenuidad y de hastío por esa rama de la literatura fantástica que atribuye cualidades y defectos en función del ADN y otras pamemas que usted sufre bastante menos que yo, ya que es más de Krauss, Domingo, Callas.. que de Antonio Mairena, Agujetas de Jerez, etc.. tan geniales flamencos como endebilísimos “catedráticos de la teoría de las razas”.
    Me llama muchísimo la atención que, en una época en la que la sociedad tenía muchísima más desigualdad real que ahora, ideológica, de estratos sociales y económica, las personas que tenían bibliotecas en lugar de ideología confraternizaban sin atrincherarse en su estatus social, económico o político, aunque aquello tardó pocos años en saltar por los aires.
    Una delicia de entrada, le felicito.
    Saludos tanto a usted como a los escasos pero selectos lectores del blog.

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    1. Me alegro de que le haya gustado y me alegro también de verlo por aquí. No sabía que conocía a un familiar del maestro, espero que el texto también sea de su agrado.

      Sobre si con el toro de hoy Gitanillo hubiese durado más, nunca se sabe. Todos los toros pegan cornadas pero no hay duda de que psicológicamente es muy bueno para el torero estar convencido de que el toro no te va a apretar. ¿Por qué El Juli no quería ver ni en pintura lo de Dolores Aguirre? En cambio, ¿por qué una gran figura ha dicho que el toro de Domecq cuando te coge no te hace daño?

      En lo que comenta de las apreciaciones de Morla no va desencaminado. En un momento dado el chileno dice que si volviera a nacer le gustaría ser español y además... pues cuando yo pensaba que iba a escribir torero, resulta que pone 'gitano'. Creo que le da la razón.

      Aquí en Tarragona las pamemas que sufro no son taurinas ni del cante sino las de los politicastros de todo pelaje y no se crea que son fáciles de sobrellevar.

      Y lo de las trincheras actuales en nuestro país resulta ya nauseabundo. El otro día contaba a unos adolescentes la amistad entre Lorca y Rosales, gran escritor y falangista de camisa vieja y correaje. Les comparaba eso con lo que padecemos hoy en día y es para llorar.

      Saludos.

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    2. Bueno.. es que la imagen actual de un Lorca acaparado por sectarios del ala izquierda de la trinchera infinita, creo que es tan distante de la realidad como la idea de España que tenía el diplomático chileno.
      Vamos a dejarlo aquí, no sea que el Ministerio de la Verdad le clausure el blog por salirnos de la vereda

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  3. Enlazo esta entrada donde habla de la terrible cornada a Gitanillo con la anterior porque le recuerdo que Sánchez Vara tuvo una cogida en un festival con rotura de costillas de verdad. Al día siguiente mató una corrida de Partido de Resina y entró en la UVI con ENCHARCAMIENTO PULMONAR .Eso fue muy serio y estuvo a punto de costarle la vida..Y sin embargo no lo comentó...

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    1. Perfecta su información sobre Sánchez-Vara que yo desconocía. Es un rasgo más de su vergüenza torera sobre la arena. Estoy seguro de que si alguien le hubiera sacado este recuerdo en la tertulia, el maestro lo hubiera comentado sin darle mayor importancia.

      Saludos.

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  4. Sensacional entrada Rafa. Da gusto leer textos así, tan perfectamente documentados y amenos. Tu blog mantiene viva la afición de muchos de los de la plaza portátil, y es todo un legado para las generaciones venideras. Por mi parte, no dejo de compartirlos. Gracias.

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    1. Gracias a usted, que es una rara avis por ser aficionado joven a quien le gusta leer cosas de toreros antiguos.

      Por cierto, hace meses amenazó con no sacarse el abono isidril en 2025 y yo le dije que no se atrevería. ¿Ya lo ha pagado?

      Saludos.

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    2. Gracias por lo de joven, pero hace algún año que ya ando por la cuarta planta. El jamón está dado la vuelta jajaja.

      Como bien vaticinabas, Nautalio y Casas tienen desde hace días el dinero de mis dos abonos a buen recaudo… Es alucinante, por no decir otra palabra, que esto pase en el mes de febrero. A tres meses vista de que empiece la Feria. Casi tanto o más, que el cerrar carteles a principios de año, sin tener en cuenta los méritos contraídos en el ruedo (Castellón, Valencia, Sevilla,…) como pasaba antes. En fin, es lo que hay me temo.

      Saludos desde Madrid,
      Rulan

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    3. El amigo Genaro comentaba esto en otra entrada y lo copio aquí porque viene al caso:

      "Yo estoy ahora con las angustias de la renovación del abono de las Ventas. Tengo dos. El cuerpo me pide ir 8 tardes, pero a precio de localidad general es como pagar mi abono casi. El aficionado es atracado sin piedad. La empresa es ya como hacienda, ¡¡desembolsar en febrero las entradas de mayo!!
      Un cordial saludo, Genaro"

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  5. Gran post y comentarios. Pero, suerte que entre tanto sobrio aristotélico, estoy yo para aportar la (mala) literatura. A ver, además del vínculo familiar (eran primos), ¿qué tenían en común Cagancho y Curro Puya? Pues que ambos eran gitanos, belmontistas y de Triana (valga la redundancia).

    1. Gitanos: Oiga, don Curro, que no lo digo yo, que lo dice Bergamín: "El toreo gitano se escucha con los ojos y se ve con los oídos". Y así lo reivindicaba el último gran torero gitano (Rafael de Paula, "torear es como si te llevara Dios por dentro") y lo tuvo siempre muy presente Curro Romero. Ahí está el libro de Antonio Burgos donde cuenta la admiración del Faraón por el magnetismo de ese "peazo" gitano de largas piernas, caderas estrechas y ojos verdes que fue Cagancho. Dice el tópico, y algo de verdad lleva, que la manera de torear de los gitanos es menos técnica y con más emoción o sentimiento.

    2. Belmontistas: Ambos son dos de los más distinguidos discípulos de Juan Belmonte. Porque ambos iban al pitón contrario, porque ambos buscaban la curva en sus lances y porque ambos toreaban despacio (Belmonte, al bajar las manos y quedarse quieto en el embroque, trajo una mayor "sujeción" en las embestidas). Ya saben aquello de Corrochano: "Dime, Curro Puya, ¿se te para el corazón cuando toreas?" de su magnífica crónica en ABC el 18 de mayo de 1930. Y además, ambos comparten una estética común (belmontista): la estética del dramatismo. Domingo Delgado de la Cámara, en su libro "Revisión del toreo", enfrenta la verónica de Cagancho y Gitanillo con la de Ordóñez y dice que la de los gitanos belmontistas es más monumental, más escultórica, más teatral, "con más luz de candilejas que de sol", pero menos natural y fluida que la de Ordóñez.

    3. De Triana: No vamos a decir nombres para que nadie mire el dedo y no la luna. Pero hablando del concepto del toreo de Triana con un matador de toros al que identifican y se identifica con tal concepto, me dijo: "El toreo de Triana tiene que ver mucho con el barrio. Triana era un barrio de gente humilde, trabajadora, con muchas fraguas... Y por eso su toreo es fatigoso y esforzado... (Y aquí viene lo mejor): Y en él, el torero prioriza su sentimiento por encima de todo, incluso de lo conveniente para la lidia".

    Y después de este rollo folclórico en el que Rafa se estará tirando de los pelos. Discúlpame Curro tú también, tú que vives en la Tartesia estarás harto de ello, pero yo que vivo en la "europea" Barcelona y que llevo una folclórica dentro, me he dejado llevar y ya echo el resto despidiéndome con una frase del gran flamencólogo Félix Grande que resume un poco lo dicho de Cagancho y de Gitanillo, aunque lo dijo refiriéndose a Rafael de Paula: "Tarda tantas plazas en pintar una faena inolvidable que estamos condenados a verlo de recuerdo".

    Saludos.

    P.D.: En la escuela taurina de Cataluña teníamos a un crío tataranieto (verdad y nada más que la verdad) de Curro Puya y no veas, siendo un moco de crío, con qué salero y con qué gracia (en el mejor de los sentidos) toreaba. Será leyenda eso del ADN, pero yo lo vi.

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    1. Verá usted, D. Joan, si yo no niego la mayor, que es que sean diferentes, para bien o para mal, en vivir, en socializar, en sentir, en crear.. todos los somos en mayor o menor medida, en contra de lo que dictan desde el Ministerio de Igual-dá pero que lo de atribuirlo al ADN y las razas creo sinceramente que es quimérico, lo piense un pintor fracasado austríaco, un carlista reconvertido en nacionalista vasco o un excelso cantaor de Mairena:
      No hay razones incorpóreas ni arte infuso vía sanguínea, ni se conocen casos de gitanos húngaros o rusos que canten por seguiriyas o soleares, ni un biznieto de Cagancho criado en Laponia por los samis arrancaría a pegarle verónicas a un reno, porque son condiciones adquiridas en función de la socialización, la pertenencia a grupos, la educación, el territorio, etc.. así como de las bolitas que te caigan.
      En Triana, antes de ser desmantelada y exiliados sus vecinos a las colmenas del extrarradio, históricamente había dos zonas: la "cava de los gitanos", más próxima a la salida hacia Huelva, con muchas fraguas, pero hacia lo que es el barrio actual de Los Remedios estaba la "cava de los civiles", donde habitaban mezclados en los corralones de vecinos gachós o castellanos con gitanos, todos de extracción humilde; pero si todos torean o cantan igual de bien o mal, o de distinto.. será por ADN, por extracto social..? Por cierto, "Maera", trianero de la calle Betis, era más parecido a un Escribano o un Ruiz Miguel que a un Paula, ¿sería cuestión de raza, de terruño, de que no se arrimaba a las fraguas pero sí a los morlacos..?
      Félix Grande era un buen poeta, pero a veces escribía alguna que otra chuminá sobre flamenco, imagino que sobre toros también soltaría alguna que otra perla cultivada.
      Saludos.
      P.S. Tenemos que exigirle a D. Rafael que abra la subsección flamenca del blog, pero de flamencoenjondo, nada de "flamenquito".
      En el próximo raid sureño de D. Rafael acompáñele, que iremos a ver toros de Cuadri, comeremos papas aliñás y discutiremos sobre lo jondo

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    2. Y podemos ir a echar una tarde con Pepe Luis Vargas, a quien yo no conozco pero que es amigo de Don Joan.

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    3. El otro día tuve el gusto de saludarlo, estaba desayunando muy cerca de casa

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    4. ¡Y lector del blog! Eso está hecho. Pero después de ver a Juan Ortega. ¡Más Jerez y menos Ceret! (me he venido arriba, de esta me cancelan).

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  6. Un placer la lectura de tu "modesto blog". No ya por la altura literaria que intenta explicar lo inefable, sino por las aportaciones que suscita. Eleva el espíritu o el duende...Dios... ¡ y que haya gente que afirme que la afición táurica no es cultura!
    Sigue en esta frecuencia. La juventud también necesita de la experiencia y la autoridad de los grandes maestros.

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    1. Muchas gracias. Ya conocerá mi teoría de que los jóvenes aficionados a toros nunca lo tuvieron tan fácil como ahora para aprender. Sólo hay que tener voluntad para ello.

      Saludos

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  7. Buenas Rafa,

    Puede ser la entrada de lo que va de año, enhorabuena!
    Quizás junto a Varelito los dos toreros que peor agonia tuvieron.

    Tirando para la tierra voy a añadir un nombre más a esos toreros intuitivos: Victoriano de la Serna. Puede que tengas alguna entrada de él. sino ahí te lo dejo.

    Un saludo,
    Ricardo Frías Alonso

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    1. Vaya, pues me sorprende eso que dice de la mejor entrada en lo que llevamos de año. Se me ocurrió leyendo el libro de Morla Lynch porque la historia de la muerte de Gitanillo era ya muy conocida. Me puse a leer la prensa de la época y al final salió esto.

      Por cierto, leí que con la agonía de Gitanillo se repitió la historia de la de Varelito, con la orden de no hacer ruido con los carros al pasar por debajo de su casa.

      Saludos

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