lunes, 17 de agosto de 2020

VICTORINO EN HERRERA DEL DUQUE: VAMOS A CONTRACORRIENTE

Resulta que los victorinos que nos gustan son los que no gustan a nadie. En cambio, los posmodernos dejan a todo el mundo encantado de la vida mientras a nosotros nos aburren soberanamente. Está claro que vamos a contracorriente, ¿verdad, Victorino?



En Herrera del Duque nos gustaron primero y segundo, que fueron los que derrotaron a los toreros. Nos dejaron indiferentes tercero, cuarto y sexto, convenientemente loados por los locutores televisivos. Y nos pareció de siesta permanente el quinto, al que el presidente premió con una absurda vuelta al ruedo.

La corrida fue desigual de presentación y de kilos (entre 480 y 590). Tuvo esa variedad a que nos hemos referido. En televisión decían que había sido exigente. Claro, todo lo que no sea la borrega al uso, resulta exigente. Teníamos interés en ver cómo se desempeñaban sobre la arena los llamados Platónico, por comprobar si era primo hermano de Platino, y Matemáticas, por confirmar si era familia directa del homónimo de Morante en Francia. No hubo suerte.

ESCRIBANO. Su primero era bajito y muy enmorrillado:



Fue estrellado de inicio dos veces contra la madera, una por Sierra y la otra por Robles. Ambos dejaron los capotes con alevosía para que el toro se chocara penosamente. Curro Robles dio toda la tarde una nefasta lección de peón resabiado y fullero, una pena y una vergüenza.

Peña, que tiene fama de buen picador, mostró la peor versión de sí mismo. Pegó un primer puyazo en el lomo, tapando la salida y recargando de manera nefasta, ahí lo tienen:



En el segundo lo puso bien en suerte Escribano, a quien se oyó cómo gritaba a Peña 'Juan, ¡trátalo bien!' Le faltó decir 'no repitas la carnicería de antes'. Acudió al paso y cobró trasero mientras el maestro le volvía a gritar que parase. ¿Se dan ustedes cuenta del desastre que es el primer tercio? Ya no sabemos a quién atribuir la culpa...

Banderillas a toro pasado como acostumbra este diestro aunque con un par quebrando al violín que tuvo algo más de mérito:



El toro era codicioso y correoso a pesar de la vileza con que lo había tratado Peña. Nos las prometíamos felices porque el animal pedía el carnet aunque no era una alimaña ni muchísimo menos. Escribano se echó la muleta a la izquierda pero se le vio desconfiado en todo momento:



En cada pase, entre él y el toro cabía un tráiler pero la culpa era lógicamente del toro, ¿qué se piensan? 'Le falta entrega y humillación', decía Cristina. A nosotros, los toros que se entregan nos dan pena excepto cuando la entrega es consecuencia del dominio del maestro. ¿Se han fijado ustedes en que para estos comentaristas si no sale la ternera, todo son defectos?

El toro seguía obedeciendo al cite a la primera, no como el tal Cobradiezmos, que dudaba, escarbaba y retrocedía. Pero con la derecha vimos las mismas precauciones en Escribano. No hubo tablas sino que el diestro quedó por debajo del toro a nuestro modesto entender. 

De postre pegó unos mantazos para cuadrar que soliviantaron al animal. Se perfila echando el brazo por delante para pegar la puñalada:



Media tendida, trasera y caída seguida de un pinchazo huyendo de la suerte. La cuadrilla le cierra el toro para que no tenga que entrar otra vez. Descabello y los de televisión que dijeron al final de la corrida que fue el toro que menos les gustó. A nosotros, el que más.

Su segundo podía ser familia de Platino o del Platónico de Illescas. Preferíamos que llevara la sangre del primero, recuerden lo comentado aquí. Pesó 500 kilos y era entrepelado, como los mejores toros de Victorino que hemos visto en los últimos años:



Primer puyazo vergonzoso de Sanlúcar con Escribano haciendo de autista. 



En el segundo lo pone bien en suerte, se arranca con alegría y empuja con fe. No hubo tercer puyazo, con lo que su bravura habrá que suponerla (recuerden aquí).

Puso dos pares sin cuadrar en la cara como éste:



Y uno mejor, que en Escribano siempre es el tercero, éste:



Sierra había enseñado al maestro que el toro llevaba las orejas en bandeja por el pitón izquierdo. Hizo caso y se puso de inicio al natural. El bicho embestía de ensueño:



Se rebozaba por el albero, observen en la imagen cómo hace saltar la arena con el morro:




Fue un victorino posmoderno, sin un atisbo de fiereza, con nobleza por arrobas y con 'gran calidad', según la terminología de los taurinos de televisión.




Escribano se encontró a gusto y relajado pero su forma de torear es la que es y no vamos a pedir uvas a la higuera. Media pasada tras perfilarse de manera grotesca:



Es el heredero de Padilla. Rueda de peones capitaneada por el ayer granujilla Robles. Dos descabellos y vuelta para Escribano.

GARRIDO. Su primero era Gargolito, de 515 kilos, el más en tipo Albaserrada de todos para nuestro gusto:



Buen recibo rodilla en tierra:



Primer puyazo trasero, bajo y contrario que el toro toma de bravo, empujando con avaricia:



Termina derribando. Observen en ambas fotos los riñones del toro y dónde había caído la puya:



Cuando levantaron el caballo, el toro se giró porque lo había detectado con el rabillo del ojo y estaba loco por ir de nuevo. Pero Garrido va a lo suyo y nos hurtó el espectáculo pidiendo el cambio. ¡Pepito, muy mal!

Lo mejor del segundo tercio fueron los tres quites excelentes que hizo Escribano en su cometido de director de lidia, ¡muy bien, Manuel!

El toro era pronto, noble, repetidor y escarbador (seis veces). Garrido decidió no echar la pierna adelante ni por equivocación. Se dedicó a vivir al hilo del pitón:



Nueva victoria para el toro, cuyas condiciones se nos antojaron mucho mejores que las que demostró el maestro. Es curioso que el toro parecía peor al final del trasteo que al principio, lo cual no dice nada bueno de Garrido. Por contra, en televisión afirmaban que 'ha entendido muy bien la embestida del toro'

Pinchazo atrás sin soltar, tendida trasera y desprendida más dos pinchazos posteriores que no le tenemos en cuenta porque no se escondió para descabellar como antes Escribano sino que quiso insistir en la estocada aunque con poca fortuna.

Su segundo fue este Planetario, protestado más por su bizquera que por sus 480 kilos:



Metió los riñones nada más llegar al peto pero se afligió en cuanto el caballo se apoyó en la barrera. Eso lo aprovechó el picador para pegarle sin piedad mientras Garrido ni estaba ni se le esperaba. El torete había blandeado de salida y encima el maestro autorizaba ese castigo denigrante.

De lo mejor de la tarde fue el tercio de banderillas que protagonizaron Valdeoro y Cebadera. Éste es el primero de ellos:



En la muleta el toro no podía con su alma. Ahora sí que echó la pierna adelante, el mundo al revés. Si hubiera cuidado su lidia, otro gallo le habría cantado. Bueno, de hecho, el gallo al final le cantó La Traviata porque la bella muerte del toro tras una media traserísima propició que el dadivoso palco le regalase dos orejas:



Y no sólo eso sino que el presidente sacó también el pañuelo azul por su cuenta y riesgo. Victorino no necesita estos regalos baratos que, en el fondo, no dejan de ser una humillación para él. En televisión dijeron que 'Garrido ha alcanzado cotas muy altas en este toro'. A nosotros Garrido nos transmitió la enfermedad del sueño. Escojan lo que deseen.

JUANITO. Era su novena corrida en catorce meses y la primera de Victorino. Su primero se fue al reserva. En un ruedo como éste, lo correcto sería que saliese sólo un caballo. El caso es que se encontró con Palomo que, para Cristina, le pegó 'un buen puyazo'. Pero Cristina, mi alma, ¿no te das cuenta de que lo estamos viendo? ¿A quién quieres engañar? Fíjense en dónde ha caído la puya y cómo tapa la salida al toro de manera abyecta:



El toro empezó a hacerse el amo y la lidia se convirtió en un herradero. Con el tercio cambiado, El Patilla le echó el caballo encima para pegarle un tercer pinchazo de postre. Ni tienen vergüenza ni la conocen.

El tal Gaditano recibió mil capotazos durante el susodicho herradero mientras hacía más kilómetros que Zatopek. El presidente cambió el tercio con buen criterio tras dos pares.

Juanito tenía delante una prenda pero salió airoso a pesar de que al pobre lo marean siempre desde la barrera radiándole la faena.



Sacó el toro al platillo para evitar que se refugiara en tablas y apechugó con sus distracciones, vean:




A pesar de todo, le arrancó pases siempre con esa misma embestida descastada aunque para Cristina eran 'unas embestidas con temple y largura'. Nuevamente elijan lo que prefieran creer. Esta imagen es del final de la faena, para que observen que su descastamiento se mantuvo incólume:



Mientras cambiaba el estoque, Alfonso Gómez fue arrollado. Como le hicieron el quite fatal, el toro volvió sobre él y lo hirió en el glúteo. Estocada honda, trasera y con telonazo y después otra tendida, también trasera y además caída tirando la muleta. Tres descabellos tras un aviso.

Esperábamos el último como agua de mayo porque se llamaba Matemáticas, igual que aquel gran victorino de Morante en Dax. El de La Puebla lo masacró en el caballo y todavía tuvo que sudar sangre con él en la muleta (recuerden aquí). Vean primero al de ayer y abajo al de Morante:




El picador Palomo no hizo honor a su nombre y de nuevo se comportó como un zopilote carroñero. Le pegó una carioca infame dando tres vueltas sobre sí mismo en el primero, haciéndole dos agujeros en la segunda entrada con total impunidad. Claro, sabía que no pasaría la noche donde debería, que era en el cuartelillo tras pagar una multa de 300 euros como mínimo.

El toro no tenía ninguna malicia en la muleta pero el portugués no lo terminó de ver claro, no sabemos por qué. La cosa anduvo desangelada y aburrida mientras el toro le preguntaba: 'pero Juanito, ¿qué quieres que haga?'



El sitio y la decisión que había demostrado en su primero se diluyeron como un azucarillo. Media arriba más dos descabellos. Perdió la muleta porque entra a matar sin liarla y así es lógico que eso ocurra, fíjense:


Ya lo han visto, un espectáculo variado que tuvo bastantes cosas a comentar. Hubo cosas buenas de algunos toros y muchas otras que por parte de los diestros, y en nuestra modesta opinión, no fueron nada positivas a pesar de lo que leerán por ahí. Los picadores oscilaron entre lo pésimo y lo directamente repugnante, en la línea lamentablemente habitual.

Esta misma corrida, con los toros bien lidiados y bien tratados en el peto, cambia completamente para mejor. Pero nos roban cada tarde el primer tercio y no pasa nada. Si en un menú escamoteasen el primer plato, el cliente pediría la hoja de reclamaciones. Si en el cine quitasen veinte minutos de película se reclamaría la devolución de la entrada. Si en el fútbol hurtasen quince minutos de cada partido, habría una revolución.

En los toros nos vienen robando el primer tercio por sistema entre unos (los maestros con sus picadores) y otros (los de la prensa taurina a quienes lo único que les preocupa es seguir viviendo del cuento). Y no pasa nada. Nunca pasa nada ni pasará.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.






martes, 11 de agosto de 2020

ZALDUENDO EN EL ESPINAR PARA DOS ESTOQUEADORES MUY MALOS

No veíamos una corrida desde la última que comentábamos para ustedes en Valdemorillo. Aquella vez pusimos un titular del que nos hemos arrepentido mil veces, recuérdenlo aquí para nuestra vergüenza. Como atenuante, decir que aquello fue el 9 de febrero y nosotros no disponíamos de la información que sí tenía entonces el Gobierno.

La corrida de El Espinar quedó en mano a mano entre Ureña y Toñete por la lesión de Ponce en El Puerto. Nos las tuvimos que ver con dos estoqueadores nefastos, de los peores que nos ha deparado el siglo XXI. 



Ustedes recordarán la fábula de Samaniego en que un burro sopla una flauta y queda encantando del sonido pensándose que es James Galway:


¡Oh!, dijo el borrico,
¡qué bien sé tocar!
Y sonó la flauta 
por casualidad

En esta corrida podríamos cambiar esos versos por los que siguen:


¡Oh! Dicen estos dos,
¡qué bien sé matar!
Y la espada había entrado
por casualidad

Los toritos fueron escarbadores, con poco poder, con poca casta y con poca cara, culminando con este quinto, último de Ureña, que nos recordó a Fígaro, el barbero sevillano:



Fueron maltratados todos en el caballo sin excepción. En cuanto a presentación, nada que ver con el excelente trapío que lucieron aquéllos de Madrid (recordar aquí). Éstos salieron uno de su padre y otro de su madre. Estamos convencidos de que en esta vacada no habrá ido ningún ejemplar al matadero porque si los de El Espinar, anovillados y con caras impresentables, se han lidiado, señal de que todos sus hermanos seguirán paciendo en el campo tan ricamente.

Relacionado con toros que sorprendentemente no terminan este año en el matadero, pulsen aquí para leer una historia truculenta.

UREÑA. Su primero era un novillete que recibió un único puyazo, como todos excepto los dos del capacho segundo. Luego se dedicó a escarbar pero esta circunstancia no hay que tenerla en cuenta después del recital escarbador que dio el tal Cobradiezmos (recuerden aquí una vez más).

Azuquita quiso hacer las cosas bien en banderillas cuadrando en la cara y el toro casi le arranca los genitales de cuajo. Al final salió bien librado para lo que podría haber sufrido:




Ureña se puso de perfil para que el choto le durase lo máximo posible:


Pinchazo sin cruzar y media trasera y caída que ni de broma era de muerte a pesar de que el diestro gritaba '¡está muerto!'  Se engañó a sí mismo y engañó también a los de televisión, que dijeron 'media en la yema'. Lógicamente tuvo que descabellar.

Su segundo era otro novillo corniapretado. El pobre tuvo la mala suerte de que quiso meter los riñones en el peto pero se encontró con Iturralde, quien le tapó la salida, le pegó durísimo como acostumbra y cuando levantó el palo siguió barrenando con el turmix. De vergüenza. Ureña se despreocupó totalmente del primer tercio como también es costumbre en él.

El torillo sacó geniecillo en los primeros pases pero se acobardó ante el aplomo y el sitio que demostró el murciano. A muchos otros este torete se les sube a las barbas si no se muestran serios desde el principio. El problema es que Ureña se puso pesadísimo cuando el toro ya no daba para más. 



Casi entera desprendida que basta. Fue una estocada marca de la casa, pegando el salto en la cara, alargando el brazo, sin cruzar y saliendo trompicado. Oreja.



Su tercero y último fue aquel cornimaquillado que veían antes, un verdadero ultraje para todos los que habían pasado por taquilla. El bichejo se dejó pegar una infame carioca. Fíjense dónde ha dejado en suerte al toro el gran maestro:



Acto seguido comienza el festival asesino de Melgar mientras Ureña pasea por allí:



Sigue la carioca porque el criminal picador dio cinco vueltas sobre sí mismo en casi un minuto recargando mientras el maestro seguía pendiente de las musarañas:



No nos extraña porque sabemos de primera mano que Ureña es uno que en privado reconoce con total insolencia que el primer tercio le importa una higa. A la salida del caballo, el animal se pegó una voltereta y el diestro dijo después que el toro se había acabado por ese golpe. No, Paquito, nosotros no tragamos. No compares el terrorífico quebranto de ese tercio de varas carnicero que tú amparaste con la voltereta del pobre bicho. 

Si lo hubiera cuidado sale a hombros pero en el pecado llevó la penitencia. El animal volvió a clavar los pitones en la arena de tanto que humillaba pero Melgar lo había crucificado. Bueno, Melgar no: Ureña, porque hay que llamar a las cosas por su nombre.



Ningún interés con la muleta en una faena que terminó aburriendo a las ovejas. Estocada baja protestada y cinco descabellos. Ureña, te quedaste sin toro y sin oreja por tu poca vergüenza, cosa de la que nos alegramos. Con tu pan te lo comas.

TOÑETE. Su primero no era cornigacho sino capacho, ahí lo tienen:



Por eso decíamos que si éste no ha ido al matadero, es que el millonario mexicano no ha condenado a ninguno. Mansea en dos entradas, tocando música y saliendo suelto. Gran segundo par de Gómez Escorial.

El chivo era distraído y gazapón. Toñete vino con la faena del hotel y no consiguió meterlo en la muleta cosa que tampoco era fácil. Horrible media atravesada perfilándose lejos, tapando la cara y pegando la puñalada con el brazo adelantado. En resumen, un despropósito colosal.

Su segundo sólo era capacho del izquierdo porque del derecho se quedaba en cornigacho. En Toñete lo mejor es que lleva un capote de dimensiones normales y sin almidonar, que lo coge mejor que la mayoría y que luego corre los brazos con cierto gusto. Del resto de su tauromaquia, lo que decía Hamlet, the rest is silence

Con un puyazo de nada, el choto quedó para el tinte. Escarbó como sus hermanos y sólo duró siete pases. 



Toñete se dedicó a retorcer la figura y hacer muecas que no venían a cuento.



Dos pinchazos horripilantes y media tendida con la mano por encima de la cabeza de forma absolutamente grotesca tras perfilarse fatal. ¿No ha sido Gómez Escorial su mentor? Pues no comprendemos cómo el maestro tolera semejante akelarre de su pupilo a la hora de matar.


Por fin le salió el último que ya sólo era cornigacho del izquierdo. El que hizo los lotes le puso las caritas acapachadas a Toñete y las de pitiminí a Ureña. Ahí lo tienen, ¿qué me dicen?



Escuchamos una incomprensible ovación a Vicente tras una nefasta carioca al toro acompañada por una barrenada de cárcel. César Jiménez nos intentaba vender una mula ciega diciendo '¡qué gran puyazo!' Observen esa mano izquierda, que es la que pica, tapando alevosamente la salida al pobre animal mientras recarga vilmente con la puya:



Consuma la carioca sin que Toñete se dé por aludido, todo esto no va con él, es un puro trámite:



El animalillo sacó carboncillo y Toñete lo recibió con un inicio de faena rodilla en tierra muy correcto. Pero enseguida se vio que el torete estaba loco por irse a tablas y el carboncillo se convirtió en cenizas rápidamente. Fin del festejo con media trasera que basta pero tras una ejecución nuevamente digna del museo de los horrores.

Menudo par de matadores de toros en el sentido estricto de la palabra. Las estocadas que perpetran son un ejemplo de todo lo que NO hay que hacer al entrar a matar. Para la suerte suprema que ambos ejecutan valen las últimas palabras de Kurtz: 'el horror...el horror...'



Quizás podríamos haber sido más benevolentes con lo visto en El Espinar dado el esfuerzo que hicieron sus gentes en organizar el festejo y la televisión de Castilla-La Mancha en retransmitirlo. Pero una cosa no quita la otra y cuando decidimos ponernos a contarles lo que estábamos viendo, optamos por no ir con paños calientes a pesar de la dramática situación que atraviesa la fiesta. No sabemos a ciencia cierta si es lo correcto por nuestra parte pero lo escrito, escrito está.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

sábado, 8 de agosto de 2020

¿LA SALVACIÓN ES EL TORISMO?

Muy seguro de ello está Laurent Giner. Es el presidente de los aficionados de Beaucaire, quienes hicieron el admirable esfuerzo de montar hace unos días el desafío entre los novillos del Conde de la Corte y de Dolores Aguirre.

Ya sabemos que hay aficionados que reniegan de la división entre toristas y toreristas pero es innegable que algunos van a la plaza mirando quién torea y otros acuden mirando de quién son los toros. Ese simple hecho hace que podamos dividir los espectadores en dos grupos: los que han pagado su entrada pendientes del toro y los que miran por encima de todo a los toreros.



Hace ciento diez años ya era así. Bleu escribía que sólo había dos castas de aficionados:

'El antiguo y el moderno o, de modo más claro, el aficionado a toros y el aficionado a toreros. Así quedan deslindados los dos campos, con los ejércitos frente a frente'

Preguntado Giner por el futuro de la tauromaquia, que se prevé negro como la boca de lobo, afirma que la solución es el torismo aunque eso lleve su tiempo. No está seguro de que sea lo que el público quiere ver pero no ve otra opción:

'No se puede mentir a la gente. Un toro bravo tiene que ser un toro de combate. Puede estar bien vender el arte pero si no hay delante un toro, no vale nada'



Estarán ustedes de acuerdo en que lo que vemos habitualmente en las corridas que nos alaban como triunfales los críticos paniaguados es el medio toro, o sea, la media casta, cuando no directamente la ternera. Se trata de ese animal que puedes torear desahogadamente mientras cantas un fandango como Talavante o incansablemente durante miles de temporadas como Ponce. En cualquier caso, es un animal que te permite estar delante a cuarenta pulsaciones por minuto sin regresar jamás al hotel con la sensación de estar vacío. Para que la emoción aumente las pulsaciones del aficionado en el tendido, las del torero tienen que estar por encima de las 170 en el ruedo (recuerden aquí). Para Giner, 

'el toro tiene que ser salvaje, íntegro. Si ahí abajo no hay un toro con casta, no podemos defender las corridas'

Insiste en el problema de siempre, la sensación en el espectador de que lo de la arena es una vulgaridad que podría hacer cualquiera:

'Un toro siempre puede matar, por supuesto, pero mal andamos si el que está arriba piensa que podría hacer lo mismo que el de abajo. En las corridas de las figuras, el público lo ve fácil porque el torero lo hace fácil y el toro pasa y pasa...'


De hecho, ninguna de nuestras queridas figuras llena una plaza a día de hoy. ¿Será por lo que dice aquí Luis Parra Jerezano?

'Ahora las figuras se unen para hacer el paseíllo porque no tienen fuerza, porque nadie les quiere ver, apestan. Antes se anunciaban figuras y se llenaba la plaza porque había emoción. El toro se ha puesto de tal forma que cualquiera con un poco de idea se puede poner delante de un toro y darle cuatro o cinco pases. Sufro mucho al ver lo que está pasando, me duele que todo esto se vaya a pique...'





Estamos de acuerdo con lo que dicen ambos pero que el futuro pase por el torismo es, con todos los respetos, un brindis al sol. No porque no sea la salida adecuada sino porque es imposible desandar lo andado y que los medios taurinos inicien una labor de reeducación de la afición como hacen en los campos de concentración norcoreanos.

Son tantos años dando gato por liebre que ahora no se puede echar marcha atrás y desasnar al público general, dicho sea sin ofender. Él es quien mantiene el negocio y no los aficionados, que éstos no necesitan ser desasnados aunque tampoco llenarían una portátil.

Volviendo a Laurent Giner, comenta que él recuerda perfectamente cuando en plazas francesas se pitaba a los picadores tal como asomaban por el callejón:

'Tengo cincuenta años y eso lo vi. Ahora no pasa porque se ha trabajado en ello con Céret a la cabeza. Ellos fueron los primeros y luego vinieron Vic-Fezensac, Parentis, Saint Sever, Roquefort...'



¿Pasaría lo mismo aquí en España? ¿En qué plazas empezaríamos a trabajar eso? ¿En Azpeitia con su monopuyazo español tan arraigado? ¿En Tafalla con los forales reglamentistas poniendo palos en la rueda del primer tercio? ¿En Pamplona, convertida desde hace años en una plaza casi de talanqueras? ¿En Valencia o Sevilla donde sobreviven algunos de los aficionados más serios de España? Da pena pensar en lo que fueron otrora estas dos plazas y su situación actual. Podríamos empezar por Madrid pero estamos ante una plaza desnortada donde se regalan orejas por arrimones penosos (aquí), donde la presidencia desconcierta a todo el mundo (aquí) o donde buena parte del 7 aplaude a un torero después de que suenen los tres avisos (aquí).

En fin, si buscásemos el espectáculo en la prestación del toro por encima de todo, ¿conseguiríamos evitar que la tauromaquia siga en barrena mientras los cuatro de siempre se llevan todo el dinero?



A aquella mayoría de público a la que los críticos sobrecogedores han engañado durante tantos años, ¿quién se encarga ahora de decirle que todo eso no valía nada y que si seguimos por ese camino vamos al pozo?



Pueden leer toda la entrevista aquí. El voluntarismo del presidente de Beaucaire es encomiable pero mucho nos tememos que el torismo como solución para el futuro de la tauromaquia no es viable a estas alturas en España. 

El citado Bleu sí estaba de su parte hace cien años:

'Los aficionados a toros somos los menos en comparación con los aficionados a toreros pero la razón está de nuestra parte y quizás sea para nosotros la victoria. Si es así, lo sentiré por los fenómenos y lo celebraré por la fiesta nacional, de nuevo triunfante'

No habrá tal victoria, ténganlo por seguro. Es posible que no haya ni siquiera una derrota honrosa. Los pocos aficionados a toros seguirán peregrinando a sus escasos reductos como una secta que va a celebrar sus misas negras.



Nos preguntarán entonces que cuál es la solución, ¿verdad? 

Ya... el problema es que no hay solución. Otra pregunta.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.