Preguntaban a Víctor Hernández a la muerte de su primero por su fría y serena decisión toreando al natural. Se la había jugado sabiendo que el toro tenía en el pitón izquierdo una cuchilla de afeitar. Respondía: 'cuando uno está tieso...' A eso nos referimos con el titular. Pero es que hay muchos otros toreros que están igual de tiesos y ni de broma dan la cara como la dio él.
URDIALES. Su primero era un colorado ojo de perdiz de 606 kilos, chorreado en verdugo, con grueso borlón, degollado, montado, alto y cornilevantado. Iba descoordinado de remos de salida. Las fotos, del maestro Moore:
Puyazo musical a caballo atravesado con poco castigo más un segundo de trámite. En el inicio de faena confirmó que tenía las patas de cartón. Pases a media altura sin ningún interés poniéndose pesadito.
Pinchazo muy malo y estocada peor, por baja y haciendo guardia como ven, más dos descabellos. Todo con telonazo y saliéndose.
El cuarto era un colorado oscuro ojo de perdiz, astracanado, con trapío, no aparentaba sus casi 600 kilos. Por el izquierdo embestía raro:
Puyazo de Puchano de los que lesionan a los toros, vean abajo. En el segundo le clava en el espinazo acentuando con ello el manseo del tal Burriño. Todo ideal para el arte de Urdiales. Insistimos igual que ayer en que no estamos seguros de que la altura del peto sea la correcta:
Sólo faltaba el aire. Nada. Lo cazó con una estocada habilidosa arriba.
GALVÁN. Su primero era colorado oscuro ojo de perdiz, bien encornado, picado del campo:
Cabecea y se va las dos veces. Luego Rey se pasó de listo, como ya suele hacer habitualmente porque sabe que le van a aplaudir igual y en televisión no lo van a denunciar. Pero nosotros sí. Observen dónde están los cuernos para certificar su descarado alivio:
Toro pronto pero de embestida insípida aunque sin ser un norit. Galván anduvo perfilero y con gestos feos de futbolista pero fue muy aplaudido.
La manía de repintar cada día los cantos de los burladeros hace que todos los toros que rematan queden facados:
Estocada arriba pasada con dos avisos, jugando bien la mano derecha pero no la izquierda:
El quinto era otro colorado oscuro, albardado y astifinísimo:
Tenía cara de Reta pero vio el verde:
El sobrero era un cinqueño de Castillejo de Huebra, negro mulato, un poco silleto, acarnerado y muy bien encornado. Encaste Murube pero seguramente no puro por tener Núñez. Sus cinco años no se vieron por ningún sitio:
Cobra pero se va en los dos y se dedica a correr. En la muleta, mansinoble sin sal. El viento molestó y Galván no pudo expresar lo que lleva dentro. Solamente lo jaleó la cuadrilla. Se puso pesadísimo, algo habitual en él, con la excepción de aquella faena tan sorprendentemente corta del año pasado. Estocada trasera como ven, con inconcebible petición. Será que era sábado:
HERNÁNDEZ. Su primero era un castaño oscuro, albardado, con unos pitones afiladísimos:
De Pedro lo pinchó en el cuadril antes de rectificar. Empuja pero se aflige al poco. En el segundo le hizo tres agujeros y el toro se soltó de inmediato para no terminar como un colador. En el tercero lo pincha contrario. Qué desastre...
Se orientó en banderillas empezando a mostrar sus cinco años, el único al que se lo notamos.
Gazapeaba y por el izquierdo era un gato. Enseguida se dio cuenta de que había alguien ahí moviendo la tela. Hernández asentó los pies pero obligado a rectificar por las revueltas del toro. Al natural lo desarmó dos veces como era esperable pero tuvo mucho mérito que insistiera por ahí desafiando al borrascoso animal:
Afortunadamente tenía que entrar a matar por el pitón derecho. Al encuentro dejó una media lagartijera patas arriba en el tercio. Oreja que no discutimos. Tuvo más valor que las dos de Talavante. Fíjense en que descubrió la muerte con valentía, al estilo de Roca y todo lo contrario que Castaño:
El sexto era el único negro de El Pilar. Se tapaba por la tablilla con sus 610 kilos ya que no nos pareció que tuviera el trapío exigible:
Empujó muy bien en el primero, el único puyazo de bravo de la corrida, pero vio el verde al salir.
El presidente había hecho un favor a la empresa porque saltó al ruedo el sobrero de Villamarta, que había nacido en junio de 2019 y que tenía desde hace muchos meses una casa alquilada en El Batán. Era un castaño claro, ojinegro, bragado, meano, listón y ensillado:
Cara alta en el caballo. Para una vez que un picador no clava trasero se dedicó a barrenar. Qué mala suerte tenemos:
Fue vergonzoso cómo Yelco se quedó sin toro por dos veces de tanto aliviarse.
El toro escarbaba y embestía sucio pero Hernández volvió a atornillar las zapatillas con valor. Se lo pasó cerca en tandas cortas y sin abusar del derechismo.
Muy correcto todo excepto dos absurdas bernadinas. Tres pinchazos escupidos y sablazo bajo y trasero que asomaba por el brazuelo.
Del festejo únicamente salvamos la comentada decisión de Hernández con ese difícil castaño al que muchos no hubiesen querido ni ver y menos por el izquierdo. Es habitual que la legión de diestros ultraderechistas peguen dos mantazos con la izquierda para engañar al público como indicando que el toro es un marrajo por ese lado. Vuelven a montar la ayuda y siguen dándonos la tabarra con sus insufribles derechazos. Éste sí era marrajillo y a pesar de ello Víctor puso los arrestos suficientes para tragarle y salió airoso. Habrá muchas orejas que no valdrán ni la mitad que ésta que cortó. Por ejemplo, las dos de Talavante, idolatrado por la parroquia paniaguada y por el presidente Egea.
Nosotros siempre preferiremos el toreo de boca seca al de los toreros que salivan haciendo posturas.
Saludos cordiales desde Tarragona y muchas gracias a nuestro amigo lector de Tafalla por su aportación. Rafa.

























































