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viernes, 16 de agosto de 2024

FERIA DE CENICIENTOS, 2024 (1). CONDE DE LA CORTE: ¿SE PUEDE LIDIAR PEOR?

Igual de mal, sí pero peor es muy difícil. Esta misma corrida de toros, bien lidiada, podría haber dejado una imagen totalmente diferente entre la afición. Lamentablemente, los profesionales que tuvieron que dar cuenta de ella no estuvieron a la altura, excepto Ángel Mayoral, como veremos.



Decíamos que Cenicientos merecía una segunda oportunidad tras la accidentada feria del año pasado y aquí que nos vinimos. El ganado iba estar bien presentado y confiábamos en que la presidencia no se mostrase tan dadivosa. Observen que las líneas de la suerte de varas estaban marcadas con los metros apuntados en cada una. No sirvió de nada ante la desidia de los matadores:



La corrida vino excelentemente presentada, duros a la hora de morir y todos en puntas. Este simple detalle hace que ya desde el hotel tengan decidido pegarle en el caballo a base de bien. 


La cuestión preocupante para el ganadero fue que todos apretaron para adentro. No fueron nada tontos, por eso había que hacerles las cosas bien y eso es precisamente lo que no sucedió. Los segundos tercios fueron herraderos y los primeros, carnicerías infectas. Como ejemplo de ello aquí tienen el boquete doble que abrieron al sexto. Y no fue el único. Corremos el riesgo de que los antitaurinos aprovechen esta imagen pero como da la casualidad de que los antitaurinos más peligrosos están dentro del mundillo, nos da igual:


Se las vieron ante tres diestros que no torean mucho, por no decir nada, y que anduvieron por allí como si no necesitasen el triunfo como agua de mayo. Solamente decir que no entraron a ningún quite, ¡pero ninguno de los tres! Hombre, por favor, un poco de buena disposición y de actitud. Si uno no torea tiene que querer que le vean, ¿no les parece? Pues que si quieres arroz, Catalina.


La presidencia no tuvo problemas como no fueran esas vacilaciones en que por dos veces negó el cambio de tercio tras el segundo puyazo y, al poco, lo concedió. Eso tiene que estar hablado antes en el patio para no dar una imagen de duda o de descoordinación. Aunque no descarten que se hubiese hablado de entrar tres veces cada toro y que los diestros después se pasasen de listos pidiendo el cambio. No sería la primera vez en que ponen en un brete al palco. Hubo tres cuartos de entrada:



SERAFÍN MARÍN. Su primero era negro zaíno, apretado de carnes, con morrillo pero flojillo ya de salida:




Nada en el caballo como no fuesen mil capotazos que aburrieron al toro, loco ya por irse a la madera, y a la concurrencia.

Después gazapeó el toro y gazapeó el maestro, que no supo qué hacer dentro de lo poco que había que hacer. Su taleguilla antibalas era llamativa:




Pinchazo malo y esta media perpendicular y caída siempre escupiéndose:



El cuarto era este negro listón, veleto y cornalón:




En el caballo fue masacrado por Marín, no por el piquero. Después, en banderillas, tuvo un buen tranco pero siempre con tendencia a la madera. Ese deseo lo confirmó cuando tuvo delante al maestro, que se limitó a deambular por allí. Fue incapaz de sujetarlo. ¿Recuerdan el vídeo mexicano que enlazábamos en la entrada de Paco Camino? Allí el camero sí encelaba un toro mucho más aquerenciado que éste.



Rubricó su nefasta tarde con este bajonazo cruzado digno del museo de los horrores. ¿Volverá el año que viene por tercero consecutivo? La lógica dice que no pero vaya usted a saber. En la imagen se aprecia claramente que no se le ha ido la mano sino que ha apuntado a los bajos pero bien abajo:




JAIRO MIGUEL. Su primero era este pavo cornalón:




Empujó pero con la  cara por las nubes y recibiendo no menos de cinco agujeros en total:



Muy bien Mayoral porque asomarse a ese balcón era cosa de mérito:



Miguel anduvo con soltura pero también con mucho pico y sin decidirse a dar el paso adelante. En la segunda imagen se nota su desconfianza. Maestro, si usted torea poco, hay que tener más decisión:




El toro era noblote aunque pegaba un tornillazo al final mas sin ganas de coger. Bajonazo recibiendo un golpe en el cuello y bella muerte del toro:




El quinto era el único que había llevado fundas. Se las pusieron no por pegón como pensábamos nosotros sino por su tendencia exagerada a escarbar en el suelo. El ganadero nos confirmó que lo durmieron y no lo metieron en el mueco. Era negro listón, badanudo, apretado de carnes, abanto y con pies. Además era zurdo de encornadura, como se aprecia mejor en la primera foto:




En el primer puyazo pegó un gran topetazo y luego metió los riñones pero con la cara alta. En el segundo el picador protagonizó esta masacrada abyecta en ambiente de motín. A ver si se fijan en algo de nuestra foto que les llame la atención:



¿Han visto que se había desprendido la puya? Está en el suelo entre las patas del caballo. Pero es que el asesino que lo monta ¡metió el palo por la herida que le había hecho! Con el monolisto pasándose de ídem ¡ y en la segunda raya! Por eso decíamos lo del ambiente de motín. Suponemos que el piquero matarife fue propuesto para sanción por la presidencia.

Tras semejante carnicería el toro se marchó a chiqueros con buen criterio. Nosotros hubiéramos hecho lo mismo. Entonces vimos lo mejor de la tarde. Con el toro aculado en toriles y todos incapaces de sacarlo de allí, Mayoral puso este par al sesgo con gran riesgo, ¡bravo!



Con el animal completamente rajado poco hubo que hacer. ¿Se rajó por tener gotas de mansedumbre en sus genes o por la vileza de ese primer tercio abyecto? Nunca lo sabremos.



Tres pinchazos sin fe, un descabello fallido y el toro se echa.




VENEGAS. Su primero fue el que más nos gustó por su comportamiento. Se llamaba Indiano y era negro, bragado y ensillado:




En el caballo protagonizó un empuje fenomenal durante los cincuenta segundos que duró el primer puyazo. En el segundo se vino de largo aunque al paso. No hubo tercero por esas vacilaciones del palco que comentábamos antes.



Otero fue obligado a saludar tras pasarse de listo clavando dos pares a escandaloso toro pasado. No nos lo inventamos y él lo sabe perfectamente. Vean:



El toro resultó berreón pero tenía ganas de embestir. El problema era que lo hacía con la cabeza desordenada. Como no hubo ningún mando en la muñeca de Venegas, el defecto en lugar de corregirse se acentuó y la casa quedó sin barrer:



Tres pinchazos con la mano izquierda de adorno y esta rinconera tirando la muleta:



El sexto en el sorteo se llamaba Velero y en el ruedo Veletero. Era este negro mate levemente salpicado:



Vio el caballo, se fue al relance como una centella y romaneó durante unos segundos:



En el segundo descabalgó al piquero pero se fue suelto sin aprovechar su ventaja. Posteriormente, dos heridas más saliendo también suelto y sangrando a borbotones por los agujeros negros que le habían hecho (recuerden la foto de la introducción).

El segundo tercio fue un lamentable herradero donde resabiaron al toro. Cinco pasadas para dejar cuatro palos, con especial mención para César del Puerto, chulesco, encarándose con el palco por no cambiar con tres palos y poniendo el último en la cerviz. Hubo que arrancar esa banderilla criminal porque el diestro no hubiera podido descabellar.

Venegas se esforzó con la izquierda pero sin ningún eco ya que el personal estaba cansado:



Culminó la tarde con un sablazo feísimo muy atrás y atravesado, alargando el brazo:




¿Fue una corrida desaprovechada? Hombre, como mínimo fue muy maltratada y en eso creemos que todos estaremos de acuerdo. Al final montamos nuestra habitual tertulia improvisada en los aledaños del coso, donde hubo opiniones encontradas. Departimos amigablemente con aficionados españoles, franceses, italianos e incluso con algún profesional como fue el caso de Miguel Andrades.



Estuvo también el ganadero, que no se dio coba y reconoció que no le había gustado la sosería del primero o la rajada del quinto en la muleta. Respecto a las malas lidias, no hace falta decir que compartía nuestra opinión, especialmente con lo mal que se picó.




Nos informó de que le queda el novillo de la concurso de Villaseca de La Sagra y que para el año que viene tendrá disponibles tres corridas de toros y una novillada. No nos importará apuntarnos para verlas aunque, si no es mucho pedir, que sea en mejores manos que las que sufrimos en Cenicientos.

Saludos cordiales desde San Martín de Valdeiglesias. Rafa.

miércoles, 16 de agosto de 2023

FERIA DE CENICIENTOS, 2023 (y 2): PARTIDO DE RESINA: ¿SE ACABÓ CENICIENTOS?

Nos dio la impresión tras esta corrida de que Cenicientos se ha convertido en una plaza de pueblo más por la que no vale la pena hacer kilómetros. Iremos desgranando los detalles que nos hacen plantearnos la duda de si vamos a volver por allí.

La clave fue una presidencia festiva que permitió el monopuyazo español en los dos últimos toros y quizá marcó el camino a seguir en los próximos años. El tal García tiene la teoría de que si el diestro no pide el cambio, no se cambia pero si lo pide, pañuelo al canto. La tarde de los veraguas los tres maestros sabían que esto era Cenicientos y ni se les ocurrió pedir el cambio con un puyazo. Aquí Jairo abrió el fuego en el quinto y Reyes lo imitó en el sexto. Si están más espabilados, lo piden desde el primero pero se dieron cuenta tarde. Ya pueden suponer lo que pasará el año que viene si en el palco está el mismo personaje.


Aparte, regaló un pañuelo azul que solamente existió en su imaginación. El turista García lo concedió por su cuenta quizá para congraciarse con el nuevo ayuntamiento y vender esta feria como algo triunfal. Además se anunció el primer sobrero y salió el segundo, cosa que no atribuimos a un error de los torileros sino a dejadez de funciones del presidente. Si estamos equivocados, aquí abajo está la sección de comentarios donde nos puede aclarar qué pasó.

No se lidiaron seis pablorromeros sino cinco resinas y ¿quizá un Domecq? Precisamente fue el azuleado, cuyas hechuras... ya nos dirán ustedes si lo miran sin ver el hierro:


Todos fueron serios y bien presentados excepto el acochinado primero. El reportaje que había circulado en redes estaba hecho a la caída del sol y por eso parecían todos negros aunque luego no fue así como verán más abajo.

Las peleas en el peto fueron todas perfectamente olvidables excepto el primer puyazo de cuarto y quinto. En la muleta fueron todos sosos sin excepción, con el mirlo blanco del azuleado, que embistió con ciertas ganas pero no más que un cuvillo al uso. Por no tener no tuvieron ni las malas pulgas que sacaron los de Prieto de la Cal.


Los errores en los paneles anunciadores fueron constantes y se llegó al esperpento de arrodillarse Reyes a porta gayola y no le abrían el chiquero porque, con el maestro ya de hinojos, salió el hombre del cartel para mostrar una información equivocada una vez más... ¿esto es Cenicientos?

Aquí tienen a los panzer de picar, con los de la banda del castoreño que necesitan urgentemente una cura de adelgazamiento (y al más flamenco lo verán después). Los caballos no obedecían ni a la de tres, fue algo deleznable.



MARÍN. Su primero era Avioneta según el orden de lidia o Avioneto según el cartel y era negro bragado, enmorrillado, regordío y blandito como un flan de leche de burra:



Nada en el caballo, con el animal que estaba ya para el tinte antes de cambiar al segundo tercio. Por ahí anduvo después Marín, resultando un conjunto insoportable agravado por la radio macuto de Macías y sus ¡bieeeen! que no venían a cuento. Pesadísimo.


Dos pinchazos y esta estocada baja sin puntilla:


Su segundo era un cárdeno oscuro, bragado, meano, axiblanco, caribello y veleto:


Estuvo un poco violento en el capote de salida:


Fue el único que tomó un puyazo medio decente con este intento fugaz de romaneo y metida de riñones. 


El maestro se desentendió de la lidia y Macías fue el que lo colocó debajo del peto por segunda vez, donde cobró en el lomo sin pelear y cambio de tercio acto seguido. Nadie protestó, con lo cual estaba claro que el público no era el de otras veces, señal de ese posible finiquito de esta feria tal como llegó a ser los últimos años. Mientras, el artista Marín deambulaba por el ruedo como un convidado de piedra. 

Salvo error fue Prieto quien puso dos pares que se aplaudieron igual pero la diferencia entre uno y otro está clarísima:



El toro era un sosainas de narices mientras Marín echaba ciencia y teatro a un trasteo inaguantable. Quizás el único pase medio bueno que dio en toda la tarde fue éste:


Lo que el toro no sabía es que luego lo iba a convertir en un colador con una honda atravesada que no acusa, dos pinchazos sin soltar, un metisaca bajo, otro pinchazo feo y media en las agujas alargando su largo brazo como se aprecia, para aliviarse, claro. 


Muy mal Marín, a quien vimos sin ganas, sin afición y que tuvo que escucharse el grito de '¡vete a Barcelona!' (no fuimos nosotros, que conste).

JAIRO MIGUEL. Su primero era un cárdeno veleto, caribello, muy bonito, pero que fue al corral porque no se aguantaba en pie:


Alguien se quedaría esa cabeza:


Se anunció en el cartel el primer sobrero, de Prieto de la Cal. Se llamaba Aguardentero aunque el panel estaba equivocado una vez más ya que ponía Aguardentino. Pero la sorpresa fue que salió el segundo sobrero, este resina de nombre Fragata, cárdeno oscuro:


Insistimos en que nos explique el presidente qué sucedió no vaya a ser que haya vulnerado el reglamento. Se astilló los dos pitones en el primer remate al burladero, fue el único, esa es la verdad. 



No hizo nada en el caballo y después Otero volvió a saludar tras dos pares. 


El toro tomaba la muleta con resignación aunque con la cara alta y a arreones mientras Jairo se pasaba el animal lejos. A Marín y a Miguel se les notaba a la legua el refuerzo en las taleguillas, observen:


No paró de hacer muecas absurdas  como queriendo dar importancia a la faena. Entre él y Rufo podrían ganar un concurso de mohínes. El otro día escuchábamos al bueno de Pepe Luis hijo decir que 'yo no entiendo por qué al torear ponen esas caras tan raras...'


Rinconera con degüello y bella muerte del toro. 



Petición minoritaria pero el palco de pega concedió una orejita de pueblo, con inconcebibles aplausos en el arrastre.

Su segundo era ese resina de Domecq o de Guardiola dado que su encornadura se parecía a la de los de Félix Hernández. En la imagen, suerte que se le ve el hierro:


Sólo tomó un puyazo porque el diestro pidió el cambio a pesar de estar en Cenicientos. Por lo menos el toro empujó con fe recibiendo una buena paliza. Ya ven que íbamos entrando en el monopuyazo español:


Jairo ofreció banderillas a sus dos peones, lo cual era arriesgado porque estaba claro que iban a dejar el listón muy alto, como así fue. El primero es Otero y el segundo, Mejías:



Pero el maestro estuvo a la altura a pesar de que el toro le quiso quitar las legañas: 


El resina se vino arriba demostrando nobleza y un poco de gas. Jairo lo toreó a placer reiterando las muecas:


Encima se descalzó, cosa siempre censurable. Aunque abusó del pico y de despegarse dejó contento al público orejil con sus formas teatrales que bordearon el ridículo. Lo decimos porque llegó a pegar un cabezazo en el lomo del toro en un circular, como si estuviésemos en una plaza de talanqueras, aunque insistimos en que es posible que ésta de Cenicientos lleve camino de serlo.


Se equivocó de manera contumaz entrando a matar en la suerte contraria: un pinchazo espantoso seguido de dos malos. Cuando cambió a la natural dejó una corta más dos descabellos. 


El turista se unió a la fiesta de manera patética regalando un azul al tal Nervioso, que recordemos que sólo había acudido una vez al caballo. Muy mal este Manuel García de quien nos aseguraremos el año que viene de que no preside más porque si es así, mejor será no venir. No hay foto de la vuelta al ruedo del toro porque no las mereció, ni una ni la otra.

REYES. Se presentó con dos peones. Su primero era un negro entrepelado, astiblanco y astifino. No parece muy chato, ¿verdad?


Se fue a porta gayola siendo aplaudido en su caminar por una persona, quien esto firma. Se aplauden memeces en las plazas y no se aplaude a un hombre que va a hacer la máxima demostración de valor de un torero (pulsen aquí). Recordemos que fue entonces cuando asistimos a la charlotada de que saliese el del cartel con los datos equivocados mientras Reyes estaba ya mirando a chiqueros de rodillas. 

El problema fue que el toro cuando irrumpió lo ignoró. Vean que se ha ido a su derecha y de pronto se acaba de fijar en el maestro y se está girando hacia él:


Lo arrolló tal como ven con el peligro de que Reyes se levantó sin el capote:


El toro hizo hilo y a punto estuvo de ensartarlo contra la madera, vean:



Finalmente sólo lo golpeó cuando tomaba el olivo sin que ninguno de los tres capotes que había cerca hubieran conseguido quitárselo de encima:


Pelea totalmente olvidable en el peto mientras el de la banda del castoreño lo dejaba como un colador a base de marrar una y otra vez volviendo a clavar sin meter las cuerdas. Si amplían la foto verán dos agujeros más el tercero que aún no penetra. Un desastre... uno más (recuerden nuestras propuestas sobre la suerte de varas pulsando aquí):


En el segundo tercio se vio que el toro estaba loco por irse a vivir a la madera. Reyes se dio cuenta y lo sacó a los medios pero allí no embestía intentando emular a sus hermanos de Guisando, que se encuentran a veinte kilómetros de allí:


La cosa quedó en nada. Terminó con un arrimón mientras Lancho no paraba de marearlo desde el callejón. Se perfiló bien, a la distancia correcta aunque no tan cerca como recomendaba Ostos. A ver si ven esta foto y aprenden la lección los que se perfilan a tres metros como Borja Jiménez y tantos otros:


Eso no garantiza una gran estocada porque luego pegó un pinchazo, una corta que escupe, otro pinchazo bajo y un bajonazo infame como fin del sainete.


El último era este cárdeno oscuro, bragado, meano, serio, largo, enmorrillado y bien encornado. 


Y salió el mariscal de la banda del castoreño para dar un recital tapando la salida y masacrando al pobre toro mientras Reyes dejaba hacer. Entre el tonelaje del jinete y el del caballo seguro que rondaban los mil kilos. Él solo hubiera ganado la batalla de Kursk. Ah, y el monosabio se volvía a pasar de listo igual que la tarde anterior (si lee estas líneas intervendrá para decirnos que tuvo que hacer eso porque el picador era más malo que la carne de pescuezo y le daremos la razón aunque no justificaremos por ello su actuación). Ya ven en qué ha quedado Cenicientos:


Como el diestro había visto que el palco era de pega, pidió también el cambio al turista y con sólo ese puyazo el de la corbata enseñó el pañuelo. Cuatro palmas de tango aisladas de cuatro aficionados serios y a otra cosa.

Se paró el animal en seco durante el segundo tercio. En cinco pasadas le pusieron tres palos, todos en el morrillo.

En la muleta tenía bondad pero le faltaba oxígeno, con lo cual el trasteo fue insoportable. Es vergonzoso que docenas de espectadores abandonaran el ruedo durante la faena, entre ellos un profesional que obedece a las siglas AC.


Dos pinchazos y bajonazo como fin de fiesta cuando se cumplían las tres horas del festejo.



Hemos visto dos corridas malas pero por lo menos la de los veraguas sacó mala idea. Los resinas, ni eso. Del azuleado, olvídense y eso suponiendo que realmente fuera un resina.

El público, muy conformista. El palco, para condenar al presidente a pan y agua hasta Navidad. Las cuadrillas, mal excepto Otero, Andrés y Mejías. Los picadores, de auténtica vergüenza, para ponerlos a comer las migas que deje el presidente. A los toreros no los criticaremos demasiado porque quizá entre los seis sumarían seis corridas... ¿en los últimos dos años?

Señoras y señores, da la impresión de que en Cenicientos se ha cerrado un ciclo y empieza otro que no nos interesa nada si se confirma lo apuntado este año. Lo del Céret español ha pasado a ser otra bromita. Céret no hay más que uno y el intento corucho de ponerse a la altura de festejos serios donde el toro está por encima de todo parece que ha tocado a su fin. Al tiempo...

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.