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lunes, 30 de marzo de 2020

UN INDULTO DE CHICHINABO EN JEREZ (Y ORDÓÑEZ EN EL CALABOZO)

Les dejábamos en nuestra entrada anterior con la incógnita sobre cuál fue la plaza donde se pintaron por primera vez las dos rayas de picadores antes de que fuesen obligatorias. Les dábamos la pista de que había habido un indulto y nos despedíamos con una propaganda de la época donde dábamos la clave de la plaza.

Efectivamente, fue en la corrida concurso de ganaderías celebrada en Jerez el 14 de septiembre de 1958. Allí se ensayó esa doble raya de picadores antes de que obligase a ello la orden ministerial de abril de 1959. Al pintar la primera línea recordarán que se dijo que los toros no acometerían al no salir el picador a provocarlos y que eso haría que se fogueasen muchos cada tarde.
Pues curiosamente lo mismo vaticinaron algunos tras este experimento de Jerez pero refiriéndose a la cantidad de toros que acabarían a partir de entonces con banderillas negras. Los agoreros no tuvieron razón y la segunda línea se impuso siete meses después con la susodicha orden ministerial.

El toro indultado fue éste:



Pero más que un indulto fue un insulto, luego lo comentamos. Era la cuarta concurso en Jerez, una iniciativa que se le había ocurrido al entonces gerente de la plaza, don José Belmonte Fernández.  En la primera de 1955 ganó este Desteñido de Juan Pedro, del que hablábamos aquí.  También fue indultado pero sobrevivió de milagro:


En el segundo de los dos puyazos que recibió, falló la arandela y le entró un palmo de palo en el cuerpo. Se partió la vara y fue lidiado con esa puñalada dentro. Estuvo dos meses en los corrales de Jerez hasta que, contra todo pronóstico, se recuperó y en Navidad pudo volver al campo. Pesó 447 kilos y llevaba el número 6. Lo lidió César Girón. Su criador le dedicó un poema


En 1956 ganó Alcalareño, de Carlos Núñez, con cogida grave de Joselito Huertas. En 1957 fue Velero, de José Manuel Domecq Rivero. El cartel de 1958 era éste en principio:



Pero Sánchez fue sustituído por Juan Jiménez El Trianero, pasando Romero al segundo lugar. La plaza de Jerez es la tercera que tiene la ciudad. Antes se cerraba con carros la Plaza de las Angustias y se corrían los toros aquí:




La primera plaza se estrenó en 1840 con 8 toros de José Saavedra pero era de madera y se incendió 20 años más tarde. Se inauguró la segunda en 1872  con Gordito y Bocanegra. Curiosamente, casi otros veinte años después, un nuevo incendio la arrasó. La actual es de 1894, estrenada por Guerrita y Bonarillo con reses del marqués de Villamarta.


El torero que más veces hizo el paseíllo en esa concurso fue, salvo error, Rafael de Paula:


¿Se han fijado en un detalle de la foto anterior? Hoy no se ve ni en pintura. En la próxima entrada nos entretendremos a cuenta de ello. 

El segundo fue Ordóñez, con siete tardes que debieron ser ocho pero estaba en el calabozo. Resulta que en 1959 estaba anunciado en solitario para la concurso con Juan Pedro, Pablo Romero, Villamarta, Bohórquez, Atanasio y Núñez pero unos días antes fue detenido en Albacete. Ahí lo ven entrando en el cuartelillo:


Él y Miguelín acabaron en comisaría porque tenían sus picadores inhabilitados y Ordóñez se presentó sin ninguno y Miguelín con uno y además ‘sin intención de que ni los de Pepe Luis Vázquez ni el único de Miguelín picaran sus toros, en clara intención de alterar el orden público’ (eso decía la nota de la Dirección General de Seguridad). La empresa quiso que saliese Pepe Luis solo pero a sus treinta y siete años no se veía con facultades a pesar de que eran seis guirlaches



Se anunció la suspensión ya con los espectadores acomodados esperando el paseíllo y llovieron almohadillas sobre la arena. Les cayó una multa inicial de 25.000 pesetas por barba (en torno a 40.000 euros). Pasaron la noche en el calabozo durmiendo en el suelo con una manta.  Pero no quedó ahí la cosa, lean:



Resulta que el de Ronda ya había tenido la chulería de presentarse en festejos de agosto con los dos picadores que tenía inhabilitados y las corridas se celebraban para evitar alterar el orden público (incluso lo hizo dos días antes de Albacete, en Ronda). Lo de Albacete colmó el vaso, de ahí que se aumentara la multa y se añadiera la inhabilitación para ambos toreros y sus subalternos. Por eso no actuó en Jerez y lo sustituyeron Antonio Bienvenida, Rafael Ortega y Luis Segura (creemos que los espectadores salieron ganando con el cambio aunque eso es cuestión de gustos). 

Sepan ustedes que en los años cincuenta y sesenta cada temporada eran sancionados entre 40 y 50 picadores, con inhabilitaciones incluídas. Miren esta información de la feria de san Fermín de 1960 y piensen que esas 5.000 pesetas equivalen a unos 7.500 euros, que no son moco de pavo. En siete corridas, cuatro picadores multados. ¿Qué hay de eso hoy en día?



Volvamos a Jerez porque la concurso se saldó con vuelta al ruedo para dos toros e indulto para un tercero. Cañabate salía casi eufórico de la corrida porque las dos rayas pintadas habían hecho que se luciesen mínimamente los toros. Se lamentaba de esto al respecto:



A lo que comenta a continuación habría que decirle que en el siglo XXI hay muchos toros que salen ya dominados no del peto sino de la finca:



Antiguamente el quite era para salvar al picador y actualmente es para salvar al toro de la masacre. Sea como fuere, Cañabate insistía en que era una novedad salir de un festejo hablando de toros y no de toreros:



Vamos con el resumen de la corrida para que juzguen ustedes mismos.



1. Horquillero, número 72, negro zaíno, de Juan Pedro. Tomó dos varas recargando y derribó en la segunda tras romanear. En la tercera hizo un pequeño amago de quererse ir sin irse del todo. Dos vueltas al ruedo para el toro y sólo una para Ordóñez por su estocada baja con degüello.


    2. Era de Alipio y fue protestado de salida por excesivamente bizco del derecho, por huir de los capotes y quizás por no estar en plenitud tras golpearse duramente en chiqueros. Devuelto y substituído por un sobrero de Bohórquez. Vuelta para Romero.

    3. De Buendía, dos varas mal colocado y poca cosa en el último tercio. Silencio para El Trianero.

4. Llegamos al indultado. Era de Benítez Cubero como han visto y se llamaba Compuesto, negro bragado.  Atención a su cara:


Aquí lo ven de cuerpo entero y es para echarse a llorar:


En esos años, unos llevaban la fama pero todos los importantes, Ordóñez incluido, cardaban la lana.  Hacían buenos aquellos versos:

ANTES QUERÍAN LOS TOROS
UN BUEN VAQUERO
PERO HOY LO QUE BUSCAN
ES UN BUEN BARBERO

Resulta que encima sólo tomó dos varas porque el maestro pidió el cambio buscando su lucimiento y olvidando el concurso. 


Por si fuera poco, tras el primer par de banderillas de nuevo solicitó el cambio a la presidencia, que fue concedido. Luego leemos que realizó ‘la más monumental faena que ha visto la afición jerezana desde tiempo inmemorial’ (El Ruedo).


No pueden ocultar ni en ésa ni en otras crónicas que el torillo fue de ’gran bondad’, ‘docilidad extrema' y ‘gran suavidad’. Se lo llega a calificar de ‘perita en dulce’, o sea, una ternera tan penosa como bobalicona. Arrojó la banderilla para simular la estocada con la mano. 

Tras el indulto, un operario fue al desolladero para volver con toda la casquería que encontró: dos orejas, rabo y dos patas para el maestro, que debió de mirar espantado aquella carnicería. Dio dos vueltas, la primera acompañado por Benítez. 


El bichejo se quedó casi un mes y medio en los corrales mientras le aplicaban penicilina y estricnina bajo la vigilancia del veterinario Aurelio Agüero. Al final volvió a la finca de Marchena. Al ganadero le dieron este homenaje en Cabra dos meses después:


5. Se lidió un guardiolasoto llamado Corcito, número 10, negro bragado. Cabeceó en el peto pero fue tres veces más una cuarta de lejos con el regatón. 


Luego superó claramente a Romero. Pañuelo azul para el toro, que se llevó el premio del jurado. Se achacó a don Juan no haber solicitado el perdón para su pupilo. No se llevó el animal de vuelta al campo pero sí se llevó el premio. 


Aquel jurado estaba integrado por Juan Belmonte, Gregorio Corrochano, Álvaro Domecq y el alcalde de Jerez Tomás García Figueras, que fuera compañero de Franco en la guerra de África (ambos tenían la misma edad).



6. El de Bohórquez galopó de lejos y empujó pero de nuevo El Trianero estuvo por debajo del toro en la muleta. Mató mal de pinchazo, estocada y seis descabellos. Palmas.



Ésta fue la corrida con las dos rayas pintadas por primera vez, ¿qué les ha parecido lo del indulto? Señores, si tuviéramos un vídeo de la faena que el rondeño hizo a ese choto, a más de un idólatra de Ordóñez se le caían los palos del sombrajo.

La preocupación que nos invade es qué se dirá de aquí a sesenta años sobre los indultos igual de despreciables que sufrimos actualmente.

En fin, nos vemos por aquí en un par de días si es que no tienen nada mejor que leer. A ver si para entonces han caído en lo que tiene de particular la foto de Paula.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



viernes, 27 de marzo de 2020

¿CUÁNDO SE PINTARON POR PRIMERA VEZ LA PRIMERA Y LA SEGUNDA RAYA DE PICADORES?

Espere, no se precipite, que el titular tiene trampa. Usted sabe de sobras que se obligó a poner la primera en 1923 y la segunda en 1959. Pero no es ésa la pregunta. Nos referimos a si se llegaron a pintar en algún ruedo antes de la obligatoriedad. Como pueden suponer, la respuesta es que sí y ello nos da pie a entretenernos un rato a cuenta del recordatorio. 


Una lámina de Daniel Perea

La feria del Pilar de 1908 se presentaba con estos carteles:



Empezó con la polémica que se arrastraba entre ganaderos y picadores. Éstos querían picar con sus lanzas habituales y los primeros, con una puya menos dañina, la que denominaban 'corta'. Antes de comenzar la feria los de a caballo se plantaron y dijeron que no picarían si no era con sus condiciones y que estaban dispuestos a ir todos a la cárcel. Ese plante tenía lugar el día 13, justo mientras moría Hilario González, Serranito, tras una larga agonía después de su cogida en Astorga. El entierro lo pagarían el día siguiente Bombita y El Gallo.

El gobernador vio que no había otra que aceptar el chantaje y así se picaron los seis raquíticos ejemplares de Félix Gómez (sic en una crónica). Esa corrida la mataron mano a mano Bomba, a la izquierda perfilándose, y Machaco, a la derecha toreando sobre las piernas:



En la siguiente corrida se lidiaban toros de Pablo Romero repitiendo el mano a mano anterior con Machaquito, de tabaco y oro, y Bombita, de azul y oro. Ahí tienen a Rafael tragando en un par de banderillas:



Volvió la polémica pero esta vez hubo acuerdo in extremis: los picadores transigieron en utilizar las puyas de los ganaderos pero a condición de marcar una línea que no traspasarían. Echaron serrín y ahí quedó plasmada por primera vez la raya de picadores.



No se marcó porque los pablorromeros fueran pavorosos como se lee por ahí sino que formó parte del citado acuerdo. La prueba es que los toros fueron pequeños y la corrida acabó en escándalo público. Siempre se ha dicho que la raya era protección para los picadores pero se oculta que muchas veces el ganadero les pagaba bajo mano para que saliesen con el caballo a los medios a fin de provocar la embestida de sus toros y que así hicieran buen papel pareciendo más bravos.

Observen esta instantánea de Madrid ese mismo año. El picador ha salido bien lejos para intentar provocar la embestida de este toro de Antonio Campos que sigue mirando el caballo como a una pecera:



Por eso se entiende que los picadores aceptasen la puya de los ganaderos y, en contrapartida, no quisieran pasar de la raya. El propietario de los toros tenía muchos números para quedar en mal lugar. La medida soliviantó al personal porque, nos guste aceptarlo o no, la gran mayoría quería ver caballos muertos y entendieron que esa línea lo evitaría, como así ocurrió con los pablorromeros. 


Caída al descubierto del picador 'Veneno' en Madrid. Lo auxilia un monosabio (1908)

La polémica se zanjaría momentáneamente en 1917 con la puya de arandela, antecedente de la actual de cruceta. Es la de la derecha:



Con tiempo desapacible se inicio el paseíllo a las tres de la tarde del 16 de octubre de 1908. Vieron en los carteles que ésta de Pablo Romero estaba anunciada para el 14 pero había sido aplazada por lluvia. Como suponíamos antes, a la muerte del cuarto toro todavía no habían arrastrado ni un jaco. El más contento era el propietario de la cuadra, que se llamaba Zaldívar. Otros opinaban que se terminarían las banderillas de fuego porque con la maldita raya, los toros no iban a ir al caballo ni a la de tres. De hecho, en esta corrida se tostaron dos, segundo y quinto.


Bombita al quite para salvar a su picador 'Gordo'

Por cierto, eran pablorromeros de los de antes, con pelajes que conservaban lo antiguo de Laffite (recuerden lo explicado aquí). Hemos localizado estas fotos de esa tarde. Machaquito en un pase de pecho y Bombita retirándose airoso con el capote:




El primero era berrendo en negro y capirote; el segundo, un castaño bragado que tal como salió de chiqueros saltó al callejón; con el tercero, negro bragado, se desató el escándalo.

Llevaba tres cornadas aparatosas y fue sustituído por un feto (sic en otra crónica) o una cabra con pitones de Ripamilán (sic en una tercera). Hubo una bronca monumental con invasión del ruedo, lanzamiento de objetos y agitación de entradas mirando a la presidencia. 

Se convocó un cónclave para ver si se paraba la corrida pero, si llegan a hacerlo, queman la plaza:



A partir de ahí, el festejo fue en barrena, con el tendido cada vez más exasperado:



Pero sigamos con las pintas. El cuarto era cárdeno bragado y burriciego; el quinto, con trapío, berrendo en negro botinero, y en una cuarta crónica se anota que 'algún jinete tuvo que pasar la línea divisoria'. Por fin, el sexto, que fue el de más presencia de la lamentable corrida, negro bragado.

El respetable, soliviantado por la poca presencia de los toros, su mansedumbre, el alto precio pagado por las entradas y quién sabe si por los pocos caballos muertos, la tomó con los coletudos, a quienes querían agredir al finalizar el festejo. La Guardia Civil tuvo que llevarlos protegidos hasta la fonda porque si no, la corrida pasa a la historia porque hay una desgracia gorda y no por la historieta de la raya marcada con serrín.

Ya hemos dicho que a partir de 1923 se hizo obligatoria la línea. Será sólo una hasta que esta orden del 11 de abril de 1959 publicada en el BOE del 15 obligue a pintar la segunda. Se pretendía recuperar la suerte de varas, lo mismo que se repite hoy, ¡sesenta años después! Y es que el primer tercio era ya un desastre tal como en la misma disposición se cuenta:



Estaba firmada por el entonces ministro de Gobernación, Camilo Alonso Vega, Camulo para sus enemigos. La obligatoriedad de la segunda raya queda ordenada en el artículo 4º:



Y en el 5º hacen un brindis al sol, lean:



Las multas que se contemplaban iban desde los 350 euros a los 1.800 al cambio. Multas parecidas siguen hoy en vigor. 

El Reglamento, en su artículo 15, letra k, considera infracción grave 'la actuación manifiestamente contraria a las normas establecidas para la suerte de varas' (estipuladas en el artículo 72.4). El castigo va de lo económico hasta la posible inhabilitación por un máximo de dos años. Para que se hagan una idea, en Navarra, donde más multas se suelen poner, los importes oscilan entre 350 y 6.000 euros

No obstante, ¿alguno de ustedes nos puede decir cuántos picadores han sido sancionados en 2019 por alguna de las fechorías que perpetran cada tarde? ¿Cuántos han sido inhabilitados en los últimos veinte años?

Domingo Ortega, metido a ganadero en los años cincuenta, insistía en la necesidad de esa segunda línea. Habían tenido mucha popularidad unos artículos suyos en Semana diciendo que los sementales se escogieran por sistema en las corridas de toros. 

La prensa recibió muy bien la medida de las líneas. Incluso hubo quien propuso pintar una tercera a metro y medio de la barrera donde estaría prohibido que se refugiara el picador. En El Ruedo aplauden al ministro:



Se refiere al domingo 19 de abril de 1959 en que oficialmente se vieron por primera vez ambas delimitaciones en Las Ventas. Se anunciaron cuatro toros de Sánchez y Sánchez y dos de Sánchez Fabrés para Marcos de Celis, Solanito y Abelardo Vergara, que confirmaba. 

De Celis dicen que ha sido quien mejor ha toreado de rodillas (aparte de tirarse a matar con un pañuelo o con la montera, véanlo aquí). 



Ramón Solano 'Solanito' mató seis de Palha en Madrid el 7 de julio de 1957. Como no tuvo suficiente, ¡repitió con otros seis el día 18!


Lo contábamos aquí. En la foto anterior lo vemos a la izquierda ese día de san Fermín acompañado por los dos sobresalientes, Morenito de Talavera y Vicente Alcalá. Sánchez-Vara quiso repetir la gesta hace cinco años en Guadalajara pero al final fueron cuatro de Palha y dos de Cantinuevo (recuerden esta entrada). Por cierto, descanse en paz Antonio González, el propietario de esta última ganadería, que falleció ayer.

Abelardo Vergara era albaceteño de adopción pero nacido en Sarrià de padres andaluces: 



Muy querido en Barcelona, contaba que el viejo Balañá sólo había arrojado su sombrero a un torero en dos ocasiones: una a Manolo González y otra a él. Tiene este azulejo en la plaza de Albacete:



Probablemente sea el único diestro que tras retirarse y estar un tiempo apoderando, se dedicó a la curiosa profesión de crupier. Es autor de una frase lapidaria: 'en el toreo hay dos cosas fundamentales: ganar dinero o no ganar dinero y si no se gana, no tiene sentido arriesgar la vida'. Indiscutible, ¿no les parece?

La corrida fue infame aunque medio salvada por el sexto, este 'Tontuelo' de Fabrés al que se dio la vuelta al ruedo. El picador de Vergara era Manuel Pérez, Lolo, y el toro lo derribó acto seguido mandándolo a la enfermería. Observen que la puya es aún la de arandela porque la de cruceta se impuso tres años después:



A todo esto nos hemos ido de unas a otras sin aclararles que ésta no fue la primera corrida con dos rayas en el albero. Hubo otra el año anterior en que, sin ser aún obligatorio, se probó el experimento. Como nos hemos alargado más de la cuenta, en la próxima entrada les contamos dónde fue. Y también el nombre del toro que se indultó en ella. Pero ya estamos dando demasiadas pistas...

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.





martes, 24 de marzo de 2020

LA CORRIDA DE LOS C...

El titular queda incompleto porque en nuestro modesto blog guardamos siempre las formas. No obstante, les diremos que la palabra que falta rima con trombones.

Esa corrida fue la de la Prensa en Sevilla el 19 de junio de 1924. A cuenta de ella divagaremos sobre un torero que murió también durante la guerra, como Saturio Torón. Por cierto, a ver si tenemos tanta suerte como en en la entrada anterior donde dos nietas del maestro se pusieron en contacto con nosotros gracias al reportaje (pulsen aquí y vayan a los comentarios). Será difícil encontrar descendientes de nuestro torero de hoy porque, salvo error, no tuvo hijos. Quiso adoptar uno poco antes de la guerra pero se lo denegaron.

El protagonista de esta entrada es Victoriano Roger Serrano, Valencia II, torero de dinastía. Le llamaban también El Chato Valencia o Chatet. No confundir con un novillero valenciano coetáneo, Enrique Belenguer, ChatetEl apodo es por razones obvias:


Victoriano había nacido en Madrid, en la calle Gerona, un 18 de diciembre de 1898 (el mismo día y mes en que morirá asesinado). Cuando ganó dinero se mudó a esta casa que tiene la bandera en el balcón, en el número 14 de General Arrando:



Era hijo de José Roger Durán, El Valencia, banderillero que fue de El Espartero y de Emilio Torres, Bombita. Precisamente su padre había muerto en enero de ese mismo año de 1924. Tenía un hermano mayor también torero, Pepe, que se hacía llamar incorrectamente Valencia I cuando debería ser el segundo y nuestro protagonista el tercero.

Pepe era un maestro mucho más completo pero Victoriano era más valiente, tenía más personalidad y exhibía una excelente media verónica, ahí lo tienen:



Los dibujos suyos que hemos encontrado se centran en ese lance. Éste es de Roberto Domingo:



Y éste, precioso en sus cuatro líneas, del gran César Ruano. Se comentaba que en sus medias, el toro se tocaba el testuz con su propio rabo:



Sobre la media verónica, recuerden lo explicado en esta entrada. Acerca de su valentía, esto decía Pensamientos:



Se lo calificaba de derechista, que es como la prensa de la época denominaba a los toreros que abusaban de esa mano con la muleta (hoy lo serían todos). 



No era un estoqueador bueno, se le acusaba de querer matar demasiado rápido:



Roger tuvo un gran cartel de novillero. En La Fiesta Brava apostaban por él:



En La Lidia lo veían como el novillero del futuro:



En 1922 toreaba por san Miguel en Sevilla y su padre le deseaba que le embistiera algún toro. Respondió rápido: 'no se preocupe, padre, si no me embisten, ya embestiré yo'. Es la misma frase que dijo Montero el año pasado tras la novillada de Arnedo (pulsen aquí).

Los aficionados gaditanos recordarán que inauguró su plaza el 30 de junio de 1929, día del Corpus. Mató el primer toro, Milagroso, de Indalecio García Mateos.



La corrida de los c..., ésa sevillana que nos ocupa, fue un mano a mano con otro torero que tomó la alternativa el mismo año que él, Manuel García. Le llamaban Maera y había sido quizás el mejor peón que tuvo Belmonte. Además, era trianero, del número 16 de la calle Betis, como Chicuelo. Hemingway habla maravillas de él, quizás porque compartían vitalismo y afición a la bebida. Decidió volar solo y Cataclismo lo despreció diciéndole que fracasaría: 



Le dio la alternativa El Gallo en El Puerto, con el toro Barquillero de Gallardo González. Era el 21 de agosto de 1921. Observen en la foto de abajo que coge el palillo por el centro, echa la pierna adelante y con la tela de la muleta de Manzanares o Escribano, Maera se hace tres de las suyas:



El apodo le venía de que tenía madera de torero. Había juegos de palabras al respecto:



El pobre Maera moriría ese mismo año de 1924. Fue a Melilla a torear gratis el 16 de noviembre a beneficio del Tercio. Era otro mano a mano, esta vez con su gran rival Sánchez-Mejías. De allí salió con unas fiebres que lo llevaron a la tumba en menos de un mes. La familia recibió poco antes del entierro la Cruz al Mérito Militar para él. Su hijo fue un célebre cantaor, igual que su nieto, pero eso lo dejamos para los expertos en el flamenco.



A Valencia II le dio la alternativa Manolet Granero en Madrid el 17 de septiembre de 1921 con el toro Cigarrito, de Narciso Darnaude, que acababa de comprar ese mismo año lo de Gregorio Campos: dos pinchazos, media y vuelta al ruedo. Aquel día un toro hirió feamente a Granero en la frente. Confirmó en Madrid once días después con Belmonte.

Les sacamos de dudas sobre el titular. Hace referencia a que un revistero comentó tras aquella corrida en Sevilla: 'Valencia se pasó los toros por la barriga y Maera por los c...'. Efectivamente, fue un mano a mano con santacolomas de Félix Suárez. 



Al primero, Maera lo mató de pinchazo y estocada (oreja). A su segundo, de dos medias (ovación). A su tercero, de dos pinchazos y estocada (en La Voz ponen una oreja y en el Heraldo de Madrid y en La Libertad, dos). Saludos del ganadero a la muerte de este quinto toro, que había derribado cuatro veces y matado un caballo.

Maera banderilleó todos los astados entre ovaciones y además entraron ambos toreros en quites con gran competencia.

Valencia II mató a su manseante primero sin puntilla (oreja de un toro que derribó tres veces y mató un caballo). Su segundo fue el mejor de la corrida según dicen, bravo y poderoso. Brillante con la capa y al natural. Estocada buena y descabello (oreja). Al sexto lo finiquitó de pinchazo y estocada tras un nuevo tercio de quites que puso a todos en pie (dos orejas aunque en algún sitio hemos leído que rabo también). En esta foto está esperando que doble ese sexto:



Total, seis o siete orejas. Salieron a hombros los dos y a Maera se lo llevaron por el puente de Triana hasta su casa. Esto decía Españita en El Liberal de Sevilla:



Al bueno de Victoriano le debían de bailar los trofeos porque decía esto tiempo después en una entrevista:



Ese año 1924 torearía veintinueve corridas. No fue el mayor triunfo en la carrera de Valencia II porque él recordaba con cariño una encerrona en Lima en Navidad donde cortó seis orejas y dos rabos. Algún amigo lector del Perú quizás tenga constancia.



Ya que estamos divagando para echar el rato hablando de toros, digamos que esta corrida tendría que haber sido la del retorno de Belmonte. Se cuenta que le ofrecían 25.000 pesetas por ella (eso son más de 300.000 euros actuales). No debió de haber acuerdo porque el trianero actuó once días antes pero rejoneando dos de Rincón. Fue una corrida a beneficio de la Hermandad del Cachorro. Obtuvo palmas en el primero. En el segundo, el público pedía a gritos que echase pie a tierra, cosa a la que accedió tras el primer rejón. Dos pinchazos, media y vuelta al ruedo a hombros de un monosabio.  

Volviendo a Victoriano había empezado como albañil y luego carpintero. Su padre, como el de Lalanda, no quería verlo de luces ni en pintura pero el gusanillo le entró cuando estuvo desde los 12 hasta los 20 años haciendo de monosabio en Madrid. Con 17 toreó por primera vez en Carabanchel junto a otro malogrado de la guerra, Juan Luis de la Rosa, asesinado también pero en Barcelona.



Valencia no escondía sus simpatías derechistas y militó en Falange. Los de izquierdas decían que era 'un señorito chulo y fascista'. Hombre, lo segundo está claro y lo primero quizás también si recordamos lo que le pasó con su hermano Pepe. Tenía 18 años y acompañó a su hermano mayor a matar dos novillos en dos días en las fiestas de un pueblo de Cáceres. Victoriano hacía de sobresaliente y el primer día estuvo atenazado por el miedo teniendo que soportar la rechifla del tendido. 



En el hotel bajó a cenar y cuando Pepe lo vio le dijo: 'aquí sólo cenan los toreros, tú ya te puedes volver a la habitación'. Al día siguiente, picado en su amor propio, se reivindicó y al regresar al hotel no apareció por el comedor. Uno de la cuadrilla subió a decirle que podía bajar a cenar con ellos a lo que Victoriano respondió: 'no, sólo bajaré si sube mi hermano a pedírmelo'.

Toreó unas treinta y pico corridas por temporada, con sesenta como récord. En el Cossío dice que se retiró y que luego volvió achacándolo a su voluble carácter. La verdad es que sufrió una cogida grave en la cara en Albacete. No sabemos si relacionado con ella tuvo que pasar por el quirófano en operación muy delicada con riesgo de su vida. Estuvo parado en 1932 y volvió en 1933 pero ya nunca fue el mismo. A partir de ahí hizo el Guadiana hasta la última corrida que toreó en Madrid que fue, si nadie nos rectifica, el 10 de mayo de 1936, siete meses antes de que lo mataran.

Vamos con su asesinato aunque no está nada claro. La situación social y política en España era muy tensa en la primavera del 36. Vean esta noticia:



Eran las obras de esta plaza, la de la carretera de Aragón, pero no dice que esas muertes fueron la venganza porque unos días antes habían asesinado los de Falange a dos obreros socialistas en el mismo sitio:



El 12 de abril de ese año, Domingo de Resurrección, se inauguraba la temporada en Madrid en tarde desapacible. Fueron ocho toros de Pallarés para Valencia II que reaparecía, Pepe Amorós, Pepe Gallardo y Ricardo Torres, que tomaba la alternativa. Valencia mató tres por cornada de Gallardo. 

Bueno, pues se dice que en esa corrida se esperaba a Valencia porque los taxistas decían que había agredido a un compañero y se congregaron muchos en el tendido para abuchearle. Hemos llegado a leer que aquella tarde se negaron a llevar pasajeros que fuesen a la plaza. Se dice que esa chulería que caracterizaba a Victoriano hizo que a la muerte de uno de sus toros se dirigiese a los protestantes llevándose una mano a salva sea la parte.

López Cansinos en Ahora no dice nada como no sea recordar al diestro que su tiempo ha pasado:



Corrochano tampoco dice absolutamente nada de ello en su crónica.



Juan Ferragut en Mundo Gráfico destaca su pundonor pero nada dice sobre el mal gesto:



En el semanario Torerías tampoco existe. Esta foto es de aquel festejo y puede que sea la última suya en que le vemos de luces:



El caso es que Victoriano repetirá en Madrid un mes después. Ese día 10 de mayo se anunciaron con él Domingo Ortega y Curro Caro para matar cinco murubes de Carmen de Federico y un sobrero de Lorenzo Rodríguez. Al toledano se le esperaba de uñas en la plaza. Resulta que el diario El Socialista lo había acusado de donar 5.000 pesetas a la CEDA para la campaña electoral de febrero del 36. Eso serían unos 60.000 euros de hoy. El maestro lo negó y escribió esta carta al periódico que, con una gallardía que hoy está ausente en nuestra prensa, la publicó:



Ortega hizo acallar los abucheos con la faena a su primero (petición y dos vueltas). En su segundo las lanzas se tornaron definitivamente cañas: cortó una oreja dice Corrochano en una crónica donde el pie del dibujo pone 'oreja y rabo' (?). Ahí lo tienen en el cortejo fúnebre al cuarto:




Valencia II estuvo gris, pasó desapercibido en medio del triunfo de Ortega y también del buen toreo de Curro Caro. Corrochano simplemente anota esto:



O sea que ese feo gesto en Madrid en 1936 no lo hemos encontrado por ningún sitio.

Cuando estalló la guerra, el torero sabía que irían a buscarlo y se escondió. Lo descubrieron en diciembre, quizás por su mismo carácter que le hizo hartarse de permanecer oculto o quizás por la denuncia de su amante. El caso es que el mismo día de su cumpleaños lo mataron cerca de Hortaleza los de la Brigada o Patrulla del Amanecer, uno de cuyos siniestros capitanes fue Agapito García (juzgado y ejecutado tras la guerra pero no por fusilamiento sino ahorcado).

Se lee por ahí que se ensañaron vilmente con él antes de matarlo. No lo podemos confirmar pero sí que el cuerpo presentaba multitud de balazos.

Con treinta y ocho años ése fue el final de Valencia II, muy parecido al del jerezano Juan Luis de la Rosa como decíamos antes. De la Rosa estaba liado en Barcelona con una mujer que era amiga de un comisario republicano quien, según parece, los mató a los dos por celos cuando ella confesó su amistad con el diestro. 

Si es verdad que a Victoriano lo delató su amante, ahí queda el paralelismo en la muerte de los dos maestros. ¿Quién se lo iba a decir a ambos aquel 15 de mayo en Carabanchel cuando hacían el paseíllo juntos? Juan Luis tenía quince años y Victoriano diecisiete.

Confiamos en que se hayan entretenido con la vida del Chato Valencia. Como consuelo para estos días de encierro cuyo fin ya no verá Borja Domecq (qepd), lean lo que decía Camilo José Cela en un libro que llevábamos esta mañana entre manos:

'La libertad que se pierde para salvar la vida es, quizás, la más bella de todas las libertades. Y también la más amarga, la más lúcida, la más doliente y la más preocupante'

Si esto no les consuela de nada, siempre pueden volver al título de la entrada y, donde pone la corrida de los c..., pongan ustedes el virus, o este gobierno, o el experto o incluso el blog éste del toreoenredhondo.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.