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martes, 28 de abril de 2020

CENTENARIO DE LA MUERTE DE GALLITO (8): BELMONTE ESTABA JUGANDO AL PÓKER

Juan ha montado una partida de póker con tres amigos en su casa de la calle Lista, llamada desde 1955 de Ortega y Gasset.



A partir de 1940 y hasta 1962, Belmonte viviría en el 42 de Alfonso XII, donde pueden ver actualmente esta placa: 



Uno de los cuatro jugadores es su gran amigo Sebastián Miranda, a quien vemos a la izquierda de la foto, casi fuera del encuadre. El de gafas es Valle-Inclán, 'ese gran don Ramón de las barbas de chivo':




También se encuentra en la casa, aunque sin jugar, Ramón Pérez de Ayala, en primer término en la foto anterior. Dos mirones más son el doctor Serrano y Juan Corrales. Los otros que integran la timba a cuatro son Fernando Gillis y Luis de Tapia. Aquí tienen a ambos con el maestro en el Retiro cinco años antes: 



Es un domingo por la tarde del mes más torero del año. ¿Qué hace el Fenómeno jugando al póker en su casa cuando tendría que estar toreando? Efectivamente, aquella tarde de mayo figuraba anunciado en Madrid:



Pero estaba llegando una fuerte borrasca procedente de Portugal que descargó en Madrid antes del amanecer. La lluvia no cesó en todo el día e hizo que la corrida se suspendiese. Belmonte localizó a sus amigos y los citó en su casa para echar la tarde con las cartas.

A la caída del sol, Clarito está tomando un café en el Fornos, calle Virgen de los Peligros esquina Alcalá, cerca del actual metro de Sevilla, la zona de la foto:



De Fornos pasó a llamarse Gran Café y luego Fornos Palace. Era el café 'que no cerraba nunca'. Como Clarito se ha quedado sin corrida, ha ido a tomar algo primero al Colonial y después a éste. Mientras anochece, recibe un telegrama azul marcado como urgente. Su camarero de confianza se lo entrega. Con él en la mano se va a la calle Lista donde la partida de póker transcurre sin novedad.

Bueno, hay una novedad a la que nadie da importancia. Antoñito Conde interrumpe la partida para recibir un golpe con un cojín que le propina el maestro diciéndole que no venga con tonterías. El mozo de espadas se marcha y unos minutos después, Ramón Pérez de Ayala se levanta a abrir la puerta. Es Clarito. Entran los dos y Ramón dice:

- 'Lo que decía Antoñito es verdad, mirad lo que dice éste'

Antoñito había dicho: 'se ve que a Joselito lo ha cogido un toro y se está muriendo'. Tal como acabó la frase voló el cojín de Juan.

Cuando están Clarito y Ramón  de pie con la noticia, es Belmonte quien se queda mirándolos de hito en hito y pregunta:

- '¿Que le ha matado el toro...?



Clarito no respondió y de ese silencio Juan dedujo la verdad. Dejó las cartas sobre el tapete, se tapó la cara con las manos y se echó a llorar. 

'Fue acaso la única vez que he visto a Belmonte perder todo el dominio de sí y abandonarse sin freno a la emoción' dirá después el crítico. Hubo otra ocasión en que se derrumbó de manera parecida pero ya lo contaremos en otra entrada.

Cuando el maestro se repuso, Jalón se disculpó por haber traído la luctuosa noticia pero Juan le dijo:

- 'Ha hecho usted muy bien, no se preocupe. Ahora hay que enterarse bien. A ver, llamad a...

Pero en ese momento vuelve a entrar en la casa Antoñito sollozando y diciendo que Joselito está muerto, que lo ha confirmado, que ha sido el quinto toro, que no sabe nada más...




Quizá Juan se acordaba mientras lloraba de lo que dijo José en aquella taberna de la calle Jorge Juan. El amo, belmontista acérrimo, lo vio entrar acompañado por Clarito, que era cliente habitual. Rápidamente se volvió para descolgar una lámina enmarcada del triunfo de Belmonte la tarde del Montepío. El periodista, que iba con idea, le dijo '¿dónde has puesto el cuadro aquél que tenías aquí con aquella gran faena?'

El tabernero no sabía dónde meterse y menos cuando José dijo '¿un cuadro de toros? A ver, a ver...' Viéndose perdido se agachó y sacó la lámina de debajo del mostrador. Gallito la cogió, la observó en silencio y finalmente dijo:

'Aquella tarde Juan estuvo superior... Haga el favor de colgarla en su sitio'

Belmonte conocía a Clarito de la primera crítica que le hizo. Fue negativa y, cuando se la estaban leyendo al Pasmo mientras lo afeitaba su barbero Toribio, interrumpió al lector:

- Y este Cla... Clarito, ¿quién es?
- Le conozco -dijo Pérez de Ayala, que era el lector- es un muchacho, un periodista joven que vale mucho.
- Y... ¿cuánto vale?

En la biografía de Chaves Nogales, la partida de póker es interrumpida por Antoñito tal como hemos dicho pero no es Clarito quien confirma la noticia sino 'un conocido ganadero, persona de crédito'. Se fueron levantando todos los presentes y dejaron al maestro solo. Entonces fue cuando él recuerda haberse echado a llorar: 'lloré como no he llorado nunca en mi vida'.

Se sobrepuso porque vio que su congoja se había contagiado a su mujer y al personal del servicio. Hizo como que no pasaba nada y ordenó que sirvieran la cena. 'Las hojas de lechuga se me agarraban al paladar como si fuesen esparto...'

La tormenta que suspendió la corrida de Madrid había descargado la noche anterior en Talavera. Por la mañana cayeron cuatro gotas pero avisaron a Joselito de que la corrida se iba a dar. El piso estaba bien aunque el cielo se mantuvo nuboso toda la tarde. El resto, ya lo conocen.

Lo que no sabemos es si Belmonte conocía el final de la anécdota de su lámina del Montepío. Cuando salieron de la taberna, Gallito lo dejó claro:

'Desde luego que esa faena de Juan será la más grande de la historia del toreo... ¡pero el mejor torero soy yo!'

En casa de Belmonte, los naipes y las fichas se quedaron sobre la mesa toda la noche. Mientras, José yacía de cuerpo presente.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

viernes, 24 de abril de 2020

CENTENARIO DE LA MUERTE DE GALLITO (7): EL 'POLLO POSTURAS'

Un fiel lector de nuestro modesto blog nos ponía sobre aviso respecto a este banderillero. Decía esto: 

"No he podido por menos de acordarme de alguna conversación con mi padre (bueno, ponencias donde escucho y aprendo) sobre este tema; consultado el oráculo "del otro Pepe Luis" me explica lo siguiente:
el matador de toros Casares, que tantas enseñanzas compartió con mi por entonces jovencísimo padre, cuando veían pasear por la calle Feria a un anciano torero apodado "El Pollo Posturas", Casares siempre le decía a mi padre: "Pepe Luis, si vieras cómo banderilleaba ese viejo al quiebro..."
Nos estamos remontando con ese torero a no menos que a la época de Blanquet o algo anterior."


Nosotros decíamos que podía tratarse del gitano Rafael Vargas Heredia pero no hay tal. Hemos investigado un poco y se trata de Manuel Álvarez Mestre:



Era trianero del número 12 de la calle Betis, nacido el 13 de enero de 1876. 



Actuó en las cuadrillas, entre otros, de Pepete, El Algabeño, Bienvenida, Martín Vázquez y los dos Gallos. Acompañó también como peón al aficionado y aristócrata asturiano Julián Cañedo, excelentísimo matador con la mano izquierda (dos orejas y rabo cortó en un festival maestrante a beneficio de la Asociación de la Caridad en 1909). 

Deducimos que Posturas fue haciendo el Guadiana entre novillero y banderillero. En esta novillada de 1899 los tres protagonistas resultaron cogidos y fue Morenito quien tuvo que sobreponerse a un puntazo en la cara para matar cuatro:



En el libro '100 toreros de Triana', Ángel Vela habla de su afición por el cante y de que tuvo una taberna después de retirarse. Era muy popular en Sevilla:



Con el tiempo, haría de asesor de la presidencia en la Maestranza. Pollo Posturas siempre sostuvo que fue él quien presentó a Pastora Imperio a El Gallo. El encuentro se ve que tuvo lugar en el café Novedades, que estaba ubicado en la plaza de la Campana:



Lo tenemos localizado en una corrida en Palma en 1903. Salvo error, iba en la cuadrilla de Guerrerito junto a Blanquet. Estaba previsto su debut como novillero al año siguiente en Barcelona. Su nombre se unía al de otros debutantes con apodos tan curiosos como el suyo:



En la revista Don Jacinto dicen con sorna que esos nombres más parecen de pelotaris que de toreros.

En la primavera de 1904 regresa el padre de Chicuelo de una buena campaña americana. Invita a una comida en el restaurante Montecarlo, sito en el hispalense paseo de las Delicias. 



Asisten, además de Manuel Jiménez Vera y de Minuto otros profesionales entre los cuales está el Pollo:



Recordemos que al padre de Chicuelo le echaron un pablorromero al corral el día de su alternativa. Era el 15 de septiembre de 1901, fue el sexto toro, Mulato de nombre. Se lió a pinchar y a los dieciocho minutos salieron los bueyes. Arrojó los trastos y se echó a llorar en el callejón. Nos recuerda a cuando Belmonte terminó con un toro y al llegar al callejón prorrumpió en un llanto incontenible, pero eso lo dejamos para otra entrada.  El pobre Chicuelo no sabía que tres años después de aquella comida en el Montecarlo moriría de tuberculosis.

En septiembre de ese año de 1904 tenemos a Posturas cruzando el puente de Triana para actuar de novillero en Sevilla:



Aquí está anunciado como sobresaliente en este cartel de Andújar:



En marzo de 1905 se organiza en Dos Hermanas un festival en honor de Minuto, que va a torear en Madrid dentro de poco. Aquí lo tienen aquel día junto a Pedro de la Borbolla y el ganadero Taviel de Andrade. Minuto brindó el toro que se lidió a de la Borbolla ('brindo a usted la muerte de este toro por el cariño que le profeso, que es el mismo que usted profesa a sus amigos'):



La familia de Taviel de Andrade había comprado reses de Vázquez pero terminarían vendiendo unas a Miura y otras a Concha y Sierra. En la primera corrida de la feria de Abril en 1847 se lidiaron ocho toros, seis de Taviel y dos del maestro Cúchares.

Volviendo a aquel festival, se dio muerte al toro Listón, negro berrendo y aparejado de la citada ganadería (y no de López Plata como ponen en algún sitio porque ese toro no llegó a tiempo). Lo picó Céntimo y lo banderilleó Pollo Posturas aunque el maestro requirió un par para lucirse, éste que ven en la imagen:



Aquí ven al diestro Enrique Vargas, de limitada estatura, junto a la cuadrilla que se trajo. Son de izquierda a derecha Rodas, Gonzalito, Perdigón, Minuto, Pollo Posturas y Bizoqui:



Cuatro años después volvemos a localizar a Pollo Posturas como banderillero, con Francisco Martín Vázquez y con Quinito, lidiando miuras. Se le cita en la temporada como subalterno sobresaliente junto a otros nombres conocidos:



En octubre de 1909 torea en Madrid en la cuadrilla de Bienvenida:



En abril de 1912 se anuncian ocho toros de Santa Coloma para Bombita, Gallo, Bienvenida y Punteret. Estuvo presente nuestro protagonista junto a Blanquet en la cuadrilla de Rafael, con quien había debutado en 1910 y al que acompañó durante doce años. 

Resultará cogido a finales de mes en Sevilla por uno de Benjumea ('los de Benjumea, el diablo los vea'). Antes de la cogida le da tiempo a ver cómo suenan los tres avisos para El Gallo pero, cuando el toro se echa, sale rápidamente el cachetero para liquidarlo en medio de un escándalo monumental y con el peón detenido por las fuerzas del orden y llevado a comisaría:



Y repetirá un mes después en el fiasco de Concha y Sierra. Ese día la cuadrilla la componen Pinturas, Blanquet y el Pollo:



A finales de año viaja con los Gallos para un mano a mano en Cádiz con miuras:



Los dos Gallos coinciden en Madrid el 16 de mayo de 1914. Les acompañan Pastor, Gaona y ocho de Veragua. Están de peones Cantimplas, Magritas, Morenito de Valencia, Cuco y el Pollo. Esta foto es de José aquel día:



Decía Posturas que Rafael era más artista pero José mejor torero, con lo cual no parece que nos haya descubierto la sopa de ajo. 

En el invierno sevillano de 1918 se celebró un festival de lujo:



Ya retirado lo vemos de asesor de la presidencia en la bonita plaza de Osuna en 1933 y con frecuencia en el palco de la Maestranza, como decíamos al principio.

Solía ir a tomar café en compañía de otro trianero, Domingo Correa Montes, nacido en 1897, quien hizo su presentación de novillero en Madrid en 1921. Era un diestro muy fino y valiente, cosas que no suelen ir unidas. Esto decía de él La Lidia:



Aquí abajo lo ven cogido en Barcelona en marzo de 1924. Dos meses después, un novillo de Félix Suárez le pegó un cornalón en Sevilla que, salvo error, lo retiraría. 



Los que vieron su presentación de novillero en La Monumental aún recuerdan el lío que formó (pulsar aquí). Terminó trabajando de inspector de arbitrios municipales. Murió en La Pañoleta en 1959, dos años antes que Pollo Posturas.

Ambos toreros se sentaron muchas veces a echar un rato en esta barra. Es Casa Cuesta, en la calle Castilla de Triana:



Para Rafael nunca fue Pollo ni Posturas sino Manolo. Una vez el maestro salía entre almohadillas y naranjazos de una plaza. Cuando estaban ya a salvo de los proyectiles, mantuvieron este diálogo:

- Manolo, ¿cómo se llama este pueblo?
- Alicante
- ¿Alicante? Pues ya me han visto a mí en Alicante y no me van a volver a ver nunca más.



A Manolo lo enterraron el 22 de diciembre de 1961. Tenía 85 años.


 
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

martes, 21 de abril de 2020

BIENVENIDA (1): LA CRÓNICA DEL PAPA NEGRO (1ª parte)

Como la temporada no tiene pinta de comenzar si es que al final llega a hacerlo, nos entretendremos a cuenta de la dinastía Bienvenida. Iremos confeccionando una serie donde trataremos simplemente de divagar a cuenta de esta familia única. Para ello, empezamos con el segundo de la saga. Contaremos alguna cosa relacionada con su celebérrimo apodo de 'Papa Negro'. Antes de continuar, decirles que aquí encontrarán material para dar y tomar sobre ellos.



Les confesaremos una debilidad. Si a nosotros nos dijeran que nos metían en una habitación para viajar en el tiempo y que allí aparecería un torero, sólo uno, para echar una tarde hablando con él de toros, escogeríamos a Manuel Mejías Rapela, el que han visto arriba. Lo tenemos reputado por uno de los profesionales que más han sabido de tauromaquia en la historia. Alternó con Bombita, Machaquito, Gallo, Pastor, Cocherito, Fuentes, Gallito, Belmonte... Además vio torear a todos los de la edad de plata. Algo de esa hipotética tarde hablando con el maestro lo pueden encontrar aquí:



Pero es que encima acumula el conocimiento de su padre, que había sido banderillero de Gordito, Desperdicios, Bocanegra o Mazzantini y que había pisado el ruedo junto a Lagartijo, Frascuelo y Guerrita. Éste fue el fundador de la saga, Manuel Mejías Luján, casado con Teresa Rapela y originario del pueblo que usará para su apodo, Bienvenida I:



Tuvo dos hijos. El mayor fue Pepe, que se quedó en novillero pero que probablemente sabía de toros más que su hermano Manolo. Pepe será el tío a quien los sobrinos recurrirán cuando quieran solucionar cualquier problema taurómaco. Se casó con Rosa, una francesa de Chateaurenard, al lado de Aviñón.

Manuel Mejías Rapela, nuestro protagonista, se vistió por primera vez de luces a los doce años en Olivenza. Iba de celeste y oro con cabos negros. En nuestro país, la última fue en Bélmez el 9 de septiembre de 1924. 

Pepe y él van a becerradas por toda España y Francia. El mayor es Bienvenida y Manolo figura como Bienvenida chico. Es lo mismo que harán los hijos mayores de Manuel, Manolito y Pepe, hasta que en 1926 una disposición del gobierno prohíba el toreo a los niños y tengan que irse a México. Miren con doce años qué torería en la pose:



Tenía dieciséis cuando torea con su hermano mayor en Arles:



Manuel será torero completo con capa, muleta y banderillas aunque irregular a la hora de matar.



Ya de novillero se le ve como 'un torerito muy apañadito'. Ahí está en Linares perfilándose ante un novillo de Laffite con veinte años:



Abajo, en Madrid en 1905 ante un concha de los temibles, o sea, de Pérez de la Concha (los conchas más conchitas eran los de doña Celsa):



Es torero gracioso en el buen sentido, un poco como El Gallo, a quien entonces se denomina Gallito porque aún no ha aparecido José. Precisamente vemos aquí a Manolo galleando ante un aparejado de Esteban Hernández, ganadería que les presentábamos aquí:



Le falta un plus de valor. Tiene por entonces 'excesiva prudencia', según afirmaba Don Modesto, ya que este crítico nunca escribía la palabra miedo. Se aprecia esa prudencia en esta imagen donde le vemos ante un novillo que más bien es un toraco de Surga. El palillo lo coge por el extremo y no termina de verlo claro:



En esos años, los maestros permiten que los toros enganchen a los caballos como había pedido Guerrita y el olor de la sangre los vuelve especialmente fieros. Los ganaderos están encantados de que enganchen porque así calibran más la casta. Incluso aficionados de la época califican como repugnante el primer tercio:

'Desde que la suerte se plantea como la entrega del caballo, resulta cobarde, triste, monótona y repugnante. El jinete que sube al caballo (no monta) se desentiende del penco y su preocupación no es salvarlo sino caer cerca de la barrera para salvarse él. Son años turbios, la suerte de picar ha alcanzado un estado repugnantísimo'

La cita es de César Jalón. Además, a principios de siglo estamos en la edad del grano. Después de la dictadura del Guerra presionando para rebajar las caras de los toros ('si estoy un poco más, los dejo mochos...'), los ganaderos se toman la revancha. El bueno de Bombita, que ha pasado a la historia de manera injusta por el pleito de los miuras, decía que los ganaderos se vengaron de los años anteriores y 'nos echaron los toros más cuajados y duros de todas las épocas'. Y es que son enormes, fijense en éste de Miura en Sevilla que Mejías va a matar como pueda  (ojo porque es un novillo):



Muchas veces se aquerencian a mitad de faena como se ve en la siguiente foto con Manuel. Por eso Ángel Luis contaba que su padre les enseñó a matar con la izquierda ante la eventualidad de que un toro se refugiase en tablas como éste de Parladé pero enseñando sólo su costado izquierdo:



Manuel Mejías Rapela, Bienvenida, tomará la alternativa en Zaragoza vestido con este terno de la foto, carmín y oro. Tiene que pesar un quintal por la sobredosis de alamares:



Es el 14 de octubre de 1905. Se la da El Algabeño y le corresponde el toro número 28 de Benjumea, éste que ven abajo. Según la crónica era 'colorado, cornicorto y terciadito aunque gordo':



Inició la faena con un pase cambiado, el pase que un día lamentará. Luego dio veintitrés más culminando con pinchazo, estocada perpendicular arriba y descabello. Su segundo fue devuelto por cojo y salió de sobrero una sardina que se lidió en medio de un escándalo por lo que no pudo hacer nada.



Cortó una oreja, balance inferior al de su hijo Manolito veinticuatro años después en su alternativa en la misma plaza (dos y el rabo). Si Gallito fue el Mozart del toreo y Belmonte el Beethoven, Manolito fue Mendelssohn. ¿Hasta dónde habría llegado este niño prodigio si no muere con veinticinco años? En otro capítulo de la serie nos ocuparemos de él. Ahí está El Algabeño en la ceremonia con su padre:



El citado Don Modesto fue quien le sacó lo del Papa Negro. Se llamaba José de la Loma y Milego y era hijo de Eduardo, que firmaba como Don Éxito. Madrileño, sustituyó con treinta y cinco años al aragonés Sobaquillo en El Liberal. Tenia tuberculosis y a él lo sucedería el riojano Clarito. Cavia, que también era crítico teatral, le marcó el camino (cuando estaba sobrio). Nos referimos a que la crítica que hace sigue los pasos del zaragozano, dando la impresión de la corrida, sin entrar en detalles de caballos muertos o pinchazos del diestro. Ese estilo culminará con Joaquín Vidal. Cuando se aburría en una corrida, Vidal te hablaba al día siguiente de la vecina del tendido. 

Don Modesto hacía lo mismo, hasta el punto de que lees crónicas suyas y tienes la mosca detrás de la oreja porque piensas 'este tío no ha estado en la corrida'. De hecho, las malas lenguas decían que muchas veces no iba y que consultaba a amigos suyos presentes antes de escribir (no se asombren porque algún crítico conocido de todos ustedes hacía algo parecido pero en lugar de preguntar a algún amigo fiable sobre la labor de un torero, llamaba... ¡a los de la cuadrilla!).



De la Loma era un exagerado y un provocador. Le gustaba soliviantar a los seguidores de un torero alabando al rival. Corrochano decía que Don Modesto fue El Gallo de los cronistas, ‘hombre artista y por ello, desigual, todo emoción y vehemencia’. Pero cuando se publicaba una crónica suya, el periódico doblaba las ventas. Tienen más información aquí.

Primero fue Guerrista, luego de Fuentes ("después de nadie...¡Fuentes!") y finalmente de Bombita. Decía que Bombita era el mejor torero pero Machaquito el mejor matador. Lo del Papa Negro para Mejías formó parte de su tendencia 'vaticana' a la hora de redactar sus crónicas. 

Afirmaba que la plaza de Madrid era 'la Capilla Sixtina del arte del toreo'. Luego salía con que 'cuando Belmonte se abre de capa es cosa de la Divina Providencia'. A Bombita lo proclamará 'Papa del toreo' mientras que Machaquito será su 'Secretario Cardenal', que es el cargo que en el Vaticano hace las veces de mano derecha del pontífice. Bienvenida será para él el general de los jesuitas, a quien se conocía como Papa Negro o papa en la sombra. 

A Gallito lo vería en la encerrona de julio de 1914 con los toros de Martínez, si es que asistió al festejo. Como los tres principales cargos vaticanos ya los había adjudicado, salió del paso con estas palabras: 



Pero nos estamos alargando más de la cuenta y aún no hemos contado qué decía de Bombita y Bienvenida en aquellas crónicas vaticanas don Modesto. Lo dejamos para el siguiente capítulo de nuestra serie sobre los Bienvenida.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.






jueves, 16 de abril de 2020

"LAS BANDERILLAS SON LA PROLONGACIÓN DE MI CORAZÓN"

Esa frase la dijo el que quizá sea el mejor banderillero que ha visto quien esto escribe, al final desvelaremos el misterio a ver si es el mismo que están pensando ustedes. Si son habituales de este modesto blog, nos habrán leído en más de una ocasión que, para nosotros, lo esencial de una corrida de toros son seis cosas: la visión del animal íntegro, la suerte de varas bien hecha, la verónica, un buen par de banderillas, el natural y una estocada a ley. Nada más. El resto, como decía aquél, son pamplinas.


Fernando Sánchez con uno de Raso de Portillo en Céret (2017)

No esperen un tratado técnico sobre el segundo tercio. Ustedes están al cabo de la calle de cómo hay que poner las banderillas. Nos entretendremos únicamente en aclarar algunos conceptos que suelen estar confusos entre los aficionados. Para abrir boca, aquí tienen a Carlos Arruza, sin saltar:



¿Se han fijado en que que los tres pares han quedado reunidos en el espacio de una moneda de un euro?

Más adelante iremos con nuestra propuesta con los mejores banderilleros de todos los tiempos donde son todos los que están. Por ejemplo, este otro, Pepe Bienvenida, de quien hablábamos en la entrada anterior. Sin saltar:




Ese par anterior es en Barcelona, tarde de no hay billetes con toros de Arturo Sánchez Cobaleda en 1946. Aquel día se picó con Arruza pero cuidado porque en aquella corrida se anunció un tercero en discordia que fue también excelente rehiletero, Morenito de Talavera. Miren, ¿qué me dicen?



Nuevo pique de Bienvenida y Arruza en Valencia en 1945. A la izquierda, Pepe y a la derecha, Carlos:



No dejamos al mexicano sin mostrarles esta foto de la corrida del Montepío de 1946 ante uno de Felipe Bartolomé:



Las banderillas se ponen de dos maneras básicas: al cuarteo o al quiebro. El quiebro debe denominarse así y no al cambio. Cambiar al toro es darle la salida por un lugar diferente del que se le marcó de inicio. En un quiebro el toro se desvía del cuerpo del diestro pero por el sitio donde le ha marcado éste. Todos ustedes recordarán que lo hacía muy bien Morenito de Maracay. En la foto queda claro que no hay tal cambio ya que el diestro indica al toro la salida por su izquierda y por allí se irá:



Hay dos variantes que no dejan de ser quiebros normales y corrientes: el que se realiza en una silla y el de Calafia en homenaje a la plaza de Mexicali donde El Pana lo popularizó (pulsen aquí). Sería más bonito denominarlo 'el par de la reina Calafia', que es de donde procede el nombre.

Hablando de quiebros, recordaremos que en Salamanca la tarde iba en barrena para Bomba y Machaco. El primero medio se congració con el respetable tras la lidia del quinto. Machaquito era quien iba a quedar bastante mal pero salió el sexto, que se movía más que los demás. El maestro aprovechó para ponerle tres pares al quiebro con los que se ganó sendas ovaciones. Sucedió que después de cada par, Bombita le pedía permiso para clavar también él pero por tres veces se lo negó el cordobés haciendo igual que san Pedro a la puerta del sanedrín. A raíz de esa negación, intentaron enemistarlos por diferentes medios pero no lo consiguieron. Éste es Bombita:


FOTO: ABC

Antiguamente se ponían banderillas a topacarnero, que era una especie de antecedente del quiebro porque se engañaba al toro con una inclinación del torso pero sin mover los pies del suelo. Paquiro decía que sólo debía hacerse 'si el toro es boyante y levantado porque es el non plus ultra de poner banderillas'. Nosotros no lo hemos visto nunca. Algunos como Amós Salvador dicen que a topacarnero es cuando vas andando al toro de frente como para topar con él. No estamos de acuerdo, eso sería un cuarteo de frente. En este dibujo se hacen una idea de lo que realmente sería a topacarnero:



Hubo un diestro que sí realizaba una especie de topacarnero obligado porque clavaba las banderillas con la boca. Era Juan Martín Marín, Platerito de Cádiz. Mordía una pieza de madera recubierta de plástico en la boca y así sujetaba las banderillas con los dientes. Lógicamente no podía cuartear y lo que hacía era ponerse en tablas desde donde llamaba al toro. Cuando se le venía, hacía un movimiento con el torso como en el topacarnero para clavar las banderillas con la boca y empujar el toro para darse impulso y salir de la suerte. No podía quebrar porque el toro se le iba demasiado lejos y con la boca no alcanzaba a consumar la suerte.



La cosa le costó más de un revolcón y la pérdida de bastantes piezas dentales. Lo bueno es que Platerito sólo ponía los garapullos o con la boca o al quiebro. Le preguntaron una vez y dijo 'es que no sé ponerlas de otra manera'. Ahí está:


FOTO: Espinosa

En una novillada del conde de la Maza en Utrera en 1975, el presidente no le concedió la segunda oreja en su primero. Pues ni corto ni perezoso Platerito subió al palco a pedir explicaciones de manera airada. No sabemos qué le dijo pero debió de ser muy convincente porque en su segundo cortó las dos y el rabo.

La otra variante básica es el cuarteo a no ser que estemos ante pares de recurso (que serían al relance, de sobaquillo, a la media vuelta o al sesgo). El cuarteo podrá ser al natural, de frente -donde se reduce el cuarteo al mínimo- o de poder a poder. Esta última modalidad suele dar lugar a equívocos incluso entre buenos aficionados. Antes de explicar en qué consiste, vean a Antonio Fuentes poniendo un par prácticamente de frente porque el toro no quiere hacer por él:



Y ahora observen este gran par de Maera, ¿es de poder a poder?



¿Y éste de Esplá?



¿Y éste de Gallito?



Pues no hay forma de saberlo, señores. Incluso El Cossío se equivoca en la página 957 de nuestra edición de 1981. Se ve a Joselito clavando y dice el pie de foto que es un par de poder a poder. No se puede saber si sólo nos enseñan el embroque. Éste otro de Maravilla, tampoco:



Para calificar un cuarteo de poder a poder tenemos que ver el inicio del movimiento. Sólo lo será si el toro arranca antes que el diestro y además embiste con brío, 'con gran velocidad', 'con fuerza' o, como decía Sassone, 'de repente':



Si el toro hace eso, se está adelantando al maestro y éste tiene que adaptarse sobre la marcha, lo cual supone un plus de peligrosidad y riesgo porque ya no es él quien lleva la iniciativa. En un cuarteo normal en que el banderillero provoca la embestida del toro, el hombre controla la situación. En un par de poder a poder tiene que controlarla obligado por la embestida del animal. Tiene mucho más valor que un cuarteo natural, por eso los habituales del blog habrán comprobado que cuando en una corrida lo vemos, siempre lo destacamos en nuestra crónica.

Luego se cuadrará en la cara o no, el par quedará más o menos reunido y el maestro saldrá más o menos airoso pero eso son cosas que no afectan al inicio del movimiento que es donde está la clave del poder a poder. Y, por supuesto, insistimos en que la arrancada del toro tiene que ser veloz, impetuosa, no sirve que dé dos o tres pasitos hacia el rehiletero porque eso no obliga al diestro a adaptarse a algo inesperado. Fíjense en este sensacional par que puso Raúl Cervantes a un guardiola de Santa Teresa en Tafalla, ¿es de poder a poder?


FOTO: Diario de Navarra

No. Pero no por la foto sino porque estuvimos presentes y vimos que fue un cuarteo natural. 

Podría darse una segunda modalidad del poder a poder. Consiste en que el diestro espere a que embista el toro para empezar su carrera. En ese caso no se ve sorprendido por el toro porque él espera su reacción pero eso no quita la complicación que supone adaptarse a esa embestida aunque sea esperada. Por tanto, también sería de poder a poder. 

Un maestro en hacer eso que acabamos de describir es Fernando Sánchez. Cuando lo vean, fíjense en que casi nunca empieza a correr antes que el toro, siempre lo provoca andando con torería. En este vídeo el realizador es tan torpe y tan ignorante que enfoca la cara del diestro en lugar del conjunto, con lo cual nos quedamos sin confirmar que el par sea de poder a poder ya que no vemos el momento de la arrancada del animal.

Poner banderillas de poder a poder es sólo para diestros con muchas piernas y mucha vista. Amós decía que únicamente era 'para toreros verdaderos'. Esa improvisación o adaptación del hombre al toro en esta suerte equivaldría a lo que sería una estocada a un tiempo (no al encuentro).

Maestros de consumada facilidad como Esplá o El Fandi a veces ven cómo el toro se les arranca de improviso y prefieren recortarlo para volver a colocarse y tomar la iniciativa ellos en el cuarteo. Esplá hacía un fantástico recorte saltando en la cara del toro y dando una vuelta sobre sí mismo en el aire con los brazos levantados. El Fandi fue capaz de recortar a Zahareño cuando se le vino encima por sorpresa mientras brindaba al presidente. Si improvisó aquel sensacional recorte con la montera, la muleta y el estoque sin despeinarse, imaginen lo que puede ser capaz de hacer cuando tiene tiempo para preparar el embroque:



Hablando de recortes, El Cossío se refiere a un par de banderillas al recorte, que nosotros no recordamos haber visto nunca. Imaginen a uno de los grandes campeones de los concursos de recortadores que, justo tras el embroque, inclinase un poco el torso para dejar un par de sobaquillo. Ése sería un par de banderillas al recorte, como si el recortador de esta foto clavase las banderillas medio girándose hacia el toro: 



Dependiendo de dónde esté el toro, el cuarteo será por dentro, de dentro afuera, de fuera a adentro o al sesgo, el cual, como decíamos antes, en un recurso para toros aquerenciados en tablas.


Piensen que la suerte de banderillas sigue siendo, en esencia, la misma que en tiempos de Lagartijo o incluso antes. No sucede eso con ninguna otra excepto con la estocada. Ni la verónica es la misma, ni la suerte de varas, ni el natural… Tiene la ventaja de que es una suerte que se realiza en movimiento pero con el gran riesgo de que cualquier cornada suele ser grave. El citado Antonio Fuentes sufrió una tremenda cogida en la ingle en 1912 en Santander al salir del embroque. En cambio, a éste de abajo jamás lo rozó ningún toro al poner banderillas:

Pepe Dominguín en 1945

Para la familia Dominguín el segundo tercio no tuvo secretos pero el mejor de todos fue Pepe, a quien vemos de nuevo abajo clavando ante la mirada de Luis Miguel:



La foto pertenece a la corrida del 15 de mayo de 1948. El tercero del cartel era Rafael Ortega Gómez, Gallito, de quien tenemos pendiente hablar en nuestra serie sobre el centenario de la muerte de su tío. Había máxima expectación con alguno arriesgando la vida por las paredes:



La corrida terminó con salida a hombros de Luis Miguel a quien acompañó Pepe por las banderillas que puso, no por haber cortado orejas ya que mató mal. Aquel día Luis Miguel hizo un quite de frente por detrás que culminó poniendo la montera en el testuz del toro con la plaza dividida entre los que lo silbaban y los que lo ovacionaban. Éste fue el instante:



Volviendo al segundo tercio, el matador debe banderillear cuando entienda que puede lucirse y que va a  hacerlo mejor que sus subalternos. Y es que hay diestros que llevan en su cuadrilla banderilleros mejores que él. Lo que no puede ser es que el maestro salga obligado o a desgana con los palos y se dedique a clavar como quien va a la oficina un lunes. 

Es lo que hizo Paquito Esplá con uno del Conde de la Corte en Las Ventas en 1997. No quería clavar pero desde el tendido protestan y él, con visible disgusto, coge los palos. Mientras va hacia el toro hace un gesto de resignación dirigido al respetable abriendo los brazos y negando con la cabeza, vean:


Y luego pone tres pares muy deficientes, todos a toro pasado. Aquí ven una imagen que hemos capturado de uno de ellos:


Lo pueden comprobar en el minuto 6'46'' pulsando aquí. Ese tercio es  indigno de Esplá. Pero es que los grandes banderilleros tienen tanta habilidad que son capaces de escoger entre clavar en la cara, en la pala o a toro totalmente pasado. Como además saben que se les aplaude igual, no les da ninguna vergüenza el aliviarse. Pero en el vídeo comprobarán que cuando termina Esplá, se oyen palmas de tango de los aficionados a quienes no se la ha dado con queso (Antoñete dice 'están protestando...' pero no aclara por qué mientras Molés, que sí sabe la razón, hace como que no lo oye y calla como... bueno, dejémoslo).

Y de los saltos atrabiliarios al clavar banderillas, ¿qué me dicen ustedes? Todas las fotos que han visto hasta ahora las hemos seleccionado porque son pares excelentes. Aquí tienen alguno más donde se ve claramente que el diestro mantiene los pies en el suelo, como tiene que ser porque el torero no es un saltimbanqui sino un torero, que es algo muy serio:

Pepe Dominguín en Colmenar a uno del Marqués de Albayda (1949)

Podemos disculpar un saltito mínimo como éste de César Girón a un pablorromero en Valencia en 1954:



O este del mismo Pepe Dominguín a uno de Prieto de la Cal en Barcelona en 1951:



Despegan los pies, cosa que no deberían hacer, pero es menos de un palmo. En cambio éste a quien ven desde fuera de la plaza, ¿quién es?


Ferrera. ¿Y éste otro de abajo que tal baila?


El Fandi. Con todos los respetos, eso no puede ser, las acrobacias deben quedar para el circo, no al poner banderillas. 

Vamos con nuestro personal enumeración de los mejores banderilleros de la historia. Les damos la opción de que nos propongan añadir algún otro nombre a la lista pero con una condición: tendrán que indicarnos a quién quitamos para sustituirlo por su candidato. 

Dividiremos en cuatro épocas:

Del siglo XIX ponemos a Juan León, Gordito, Lagartijo, Guerrita y Antonio Fuentes.

- Del XX antes de la guerra a Maera, Magritas, Joselito, Gaona, El papa negro, Sánchez Mejías, Manolito y Pepe Bienvenida y Rafael Ponce Rafaelillo. 

Éste de abajo es Luis Suárez, Magritas, que siempre entraba por el pitón izquierdo. Más de dos mil doscientas corridas en las cuadrillas de algunos de los más grandes, desde Gallito y Belmonte a Pepe Luis y Antonio Bienvenida pasando por Pastor, Domingo Ortega o Chicuelo:



Falta uno de esos años a quien ya han echado en falta algunos de ustedes, Enrique Berenguer, Blanquet. Le ponemos de comer aparte por la frase de El Gallo cuando le preguntaron por el segundo tercio: ‘para mí, en banderillas sólo existe Blanquet’




No podemos dejar de incluir el celebérrimo par de Gaona en Pamplona captado por Rodero. El diestro decía que el ángulo de la foto producía un efecto que no era real. Sucede algo parecido en la imagen que han visto antes de Raúl Cervantes en Tafalla.



- De después de la guerra, Pepe Bienvenida, Arruza, Pepe Dominguín, Miguelín y César Girón.

Arruza en Barcelona (1944)

- De los recientes, Esplá, Mendes, Paco Honrubia, El Formidable (pulsen aquí los más jóvenes), Sánchez, Cervantes, Juan Contreras, Chacón,  Raúl Martí, Otero... 



Al clavar hay que mostrar una imagen de fragilidad, como decía Esplá. El aficionado debe disfrutar con el contraste entre la fuerza bruta del animal en su ciega embestida y la debilidad de la figura del maestro, que burla esa fogosidad a cuerpo limpio cuando deja los palos. Por eso no son de nuestro gusto los banderilleros que clavan como si quisieran partir el toro por la mitad. Las banderillas hay que 'depositarlas' en el toro más que clavarlas. Ese contraste entre ímpetu ciego y gracilidad es el que transmite este par de Paco Honrubia (salvo error):



Afortunadamente, la cuadrilla de Castaño dignificó un segundo tercio que sumaba lustros en horas bajas porque los peones tenían miedo de hurtar aplausos a su jefe. Lo habían convertido en un insufrible trámite y a partir de entonces se reivindicó. Esperemos que algún día se dignifique también el tercio de varas, aunque no tiene pinta.

¿Y qué hacemos con El Fandi? ¿Lo incluimos en la lista de los mejores? Siempre que no salte al clavar y cuadre en la cara, sí, aunque el problema es que eso ocurre pocas veces. Cuando quiere, está claro que sabe hacerlo muy bien:


Ha clavado con los pies en el suelo, como tiene que ser. Igual que Juan Contreras aquí:



Falta uno de los recientes, ¿verdad? Efectivamente, es que se trata del autor de la frase del título, el mejor banderillero que ha visto quien esto firma, insistimos:


Don Manuel Montoliú, de quien hablábamos en nuestro blog a cuenta de aquellos dos atanasios que mataron a dos toreros como él y el hermano de Camino (pulsen aquí). 



Preguntaron a Montoliú cómo había que poner banderillas y dijo esto que nos sirve de colofón a la entrada:

"Debes empezar a sentir la suerte en cuanto tienes los palos en la mano. A partir de entonces hay que empezar a crear belleza. El sentimiento acaba cuando en la barrera vuelves a coger el capote. En medio hay que añadir la torería, el valor para dejarse ver sin excentricidades, el cuadrar en la cara con los pies juntos y sin saltar y el salir con garbo del embroque, a ser posible, andando"

Aquí lo pueden ver en acción. Él era quien decía que 'las banderillas son la prolongación de mi corazón'. Vuelvan a leer sus palabras con esas referencias a sentir la suerte, crear belleza y mostrar torería sin pasarse de rosca porque son las de un Torero que siente su profesión. Montoliú fue un hombre con afición, un Torero con mayúsculas, tal como hemos escrito las dos veces para que no haya lugar a dudas.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.