Y puerta grande para Talavante. Ya lleva más que Lalanda, Luis Miguel o Antonio Ordóñez, ¡qué cosas! Empezamos bien la feria, con el presidente Fernández Egea vulnerando el reglamento al regalar tanta casquería al diestro.
Hay un póquer de ganaderías que ven con agrado tanto los de la religión torista como los de la torerista. Son Fuente Ymbro, La Palmosilla, Santiago Domecq y ésta de Victoriano. Nos ha deparado toros como el Duplicado de De la Calle, recuérdenlo aquí, o aquel Cóndor al que Roca convirtió en un jilguero, recuerden aquí.
La corrida salió con exceso de carne, 585 kilos de media. El juego fue variado dentro de un manseo general, destacando el genio del primero. Lo anotamos a continuación y a ver si aciertan con los dos que más gustaron a los ganaderos. Primero, con genio, como decíamos; al segundo lo mató vilmente Talavante en el caballo; tercero, sin gas; cuarto, tonto; quinto, sin torear por Ortega y sexto, mansurrón con peligro.
Efectivamente, tercero y cuarto fueron según los propietarios 'de grandísimo nivel para nosotros'. Pues no hay más preguntas, señores.
TALAVANTE. Su primero era un negro mate, chorreado en morcillo, levantado y ofensivo de pitones, regordío con sus casi 600 kilos. Las fotos de los toros son del maestro Moore:
Carioca asquerosa... ¡de dos vueltas! Los comentaristas no dijeron ni mu. En el segundo, otra vuelta más y recargando con sevicia. Todo este descaro fue cosa de Talavante, no lo duden. Había visto el primero de la confirmación, con su genio más la aparatosa cogida de Clemente y ordenó matar a éste. Ahí tienen al carnicero a caballo completando la primera de las tres vueltas y recargando donde ven:
Tras ese primer tercio tan rastrero, ya podría torear como Belmonte que jamás pediríamos la oreja para él. Pero es que no hizo nada dado que había conseguido su objetivo: el pobre animal estaba frito. ¡Qué poca vergüenza!
Estocada baja saliéndose y sorprendente silencio cuando merecía una buena bronca.
Su segundo tenía dos velas pero estaba acochinado:
Empuja con el costillar y se va. En el segundo, nada. En la muleta el toro iba y venía como de visita. Ahora Talavante sí estuvo en su salsa dedicándose a pinturerías, con muecas, cambios de mano, sacando la tripa y enseñando bastante pico. A nosotros nos dejó fríos seguramente por la poca entidad del toro pero nos temíamos lo que podía suceder.
Espadazo muy trasero, aunque estaba en todo lo alto para los televisivos. O ellos o nosotros pero alguien necesita gafas:
Dos orejas de chichinabo. Además, una pregunta para el presidente: ¿a qué viene pensar tanto rato antes de sacar el segundo pañuelo? O se cumplen las cinco condiciones del artículo 82.2 o no se cumplen. En este caso únicamente se cumplía una, la petición popular. Muy mal Egea poniendo el listón bajísimo desde el primer día. No debería volver a subir al palco en lo que queda de temporada, no de feria.
ORTEGA. Su primero era un negro mate, zaíno, aleonado y con un gran morrillo:
Empuja de bravo pero se termina soltando. En el segundo también se suelta pero ahora sin pelear, ésa va a ser la tónica de la feria, ya verán. El presidente debería aclararnos quién revisó la altura del peto porque observen:
Mal empleadas chicuelinas cuando lo que queremos ver de Ortega son verónicas. Por lo menos con la media hizo un bonito homenaje a Antoñete. Esto fue lo mejor de toda la tarde:
Al cuarto pase el toro se notaba cansado y se quedaba debajo. Se apagó a pesar de que delante estaba Ortega llevándolo con gran finura. Ojo porque por momentos nos dio la preocupante impresión de que el maestro estaba más pendiente de componer la figura que de torear, no sabemos si nos explicamos bien...
Pinchazo bueno y rinconera muy bien ejecutada, sin telonazo, sin alargar el brazo y entrando con lentitud, dejándose ver:
El quinto era un burraco de 640 kilos pero bien repartidos y con una cara de las que no inquieta a los toreros:
Dos señales en el lomo a caballo atravesado. Parece que el diestro ha hecho caso a lo que le sugeríamos en nuestra crónica del domingo de Resurrección.
Es que había saltado al ruedo sin combustible o sin el suficiente para mover su excesivo tonelaje. Ya estaba paradete en el segundo tercio. Ortega anduvo premioso y no llevaba toreado al animal con tanto pase suelto. Mal, maestro, porque el toro embestía bastante peor al final, lo cual es señal del deficiente trasteo. Seis pinchazos sin fe, tapando la cara como no acostumbra a hacer y encima escupiéndose como ven, más dos descabellos y pitos. Tarde muy gris para él. Como lo consideramos un hombre responsable, estamos seguros de que esta noche no habrá dormido bien:
CLEMENTE. El de la confirmación era un negro listón, veleto, gordo, no bajito:
Primer puyazo en el lomo y el segundo, aún más atrás. Telemadrid enfocaba la cara del piquero sin que viésemos cómo se arrancaba el toro. ¡Gran inicio de feria! El toro, con la cara alta.
El toro se ceñía con genio pero el francés estuvo tranquilo. Lo que hizo fue acompañar la embestida, que no fue poco, pero el toro anduvo igual de desordenado al principio que al final de faena. Nunca sabremos qué porcentaje de culpa tuvo en ello lo mal que lo habían picado.
La prueba fue que se iba enterando y al final le echó mano en uno de los gañafones que llevaba repitiendo de inicio. Le perdonó la vida zarandeándolo como un pelele entre los cuernos:
Con la cara por las nubes le pegó una especie de golletazo trasero que daba miedo verlo. Después, un bajonazo entrando con el delantal, horroroso todo. Miren cómo el toro le decía con esa cabeza alta que no se sentía toreado:
El sexto era un pavo, pasado de romana, sin cuello y cornalón:
Carioca de la que huye y después mansea a gusto. Le hicieron mucha sangre:
Pegó arreones y empezó a escarbar. Clemente se dobló por abajo porque era consciente de su mala suerte en el sorteo. Por lo menos consiguió bajarle un poco los humos y que se dedicase a embestir, aunque a media altura y sin regalar nada.
Se siguió la faena en ambiente de velatorio. Por cierto, éste era un toro que tenía mucho más peligro si te quedabas al hilo que si te cruzabas, con lo cual los que le pitaban para que se cruzase le hacían un favor.
Lo dejaremos en tablas. Media trasera perdiendo la muleta, imposible que hiciese daño estando tan atrás como se ve, más cinco descabellos:
Mal empezamos: puerta grande baratísima con un presidente que se salta el reglamento. No hacemos mención al recital de pares a toro pasado que vimos y tampoco insistiremos en esos tercios de varas que producen asco (cuatro cariocas en seis toros). Sumen a ello un público muy orejil y, last but not least, un Ortega abúlico o equivocado en las formas. El resultado final se mueve entre lo indignante y lo desolador.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.