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martes, 22 de octubre de 2024

NÉSTOR LUJÁN Y SU 'HISTORIA DEL TOREO'

Siempre nos cayó bien. Nació en Mataró y escribió muy bien en catalán a pesar de que su lengua materna era el castellano. Sucede lo mismo con otros ínclitos personajes de la cultura catalana como Guimerà, los hermanos Soldevila o el padre Batllori.

Además de escritor fue experto en gastronomía, fumador de puros buenos, sibarita de categoría y con una una personalidad valiente oculta bajo su aspecto bonachón y risueño. Esa valentía le llevó a tener problemas durante el franquismo al no morderse ni la lengua ni la pluma. Otros caraduras se escondieron o directamente medraron para dárselas después de luchadores antifranquistas pero sólo cuando Franco estaba ya tres metros bajo tierra.



Y además de todo lo dicho era aficionado a los toros, como Sagarra, Dalí, Ramón Casas, Gómez Pin, Salvador Boix, Boadella, Gimferrer, Miró, Barceló, Rusiñol, el padre de Jordi Pujol o Albert Serra, el cineasta recientemente galardonado por la película Tardes de Soledad. La imagen que ven a continuación es de la biblioteca de Serra en Banyoles:



Luján tenía en su casa más de 15.000 libros:



Nuestro protagonista empezó su carrera como comentarista taurino en la revista Destino, cuando el editor Nadal vio que era necesaria una sección de toros coincidiendo con la época del auge de Manolete. Lo primero que escribió fue un artículo comentando el primer volumen del Cossío. El propio Luján cuenta que 'no me debió de quedar demasiado mal porque cuando años después conocí a José María de Cossío me dijo que le había gustado mucho'.

La primera vez que vio a Manolete fue en Barcelona, el 1 de octubre de 1939. Toreó en la plaza de las Arenas ya que la Monumental estaba todavía acondicionada cómo depósito de vehículos de la guerra. Fueron ocho toros de Atanasio para Chicuelo, Juanito Belmonte, Curro Caro y el califa, que cortó el rabo a su primero.

Aunque reconocía sin problemas su manoletismo, alababa también a Arruza:

'Tenía un secreto en la plaza que no se paga con dinero y era el prestigio de su presencia extraordinaria; ha habido toreros más valientes que él pero ninguno lo parecía tanto ni tan convincentemente como Carlos Arruza. Lo hacía todo como con una especie de descarga eléctrica, alegre y resplandeciente y eso es muy difícil de transmitir con palabras...'



Esta Historia del Toreo ha sido reeditada por los sevillanos de la editorial El Paseíllo. El precio es de 34 euros y ya les avisamos de que amortizarán el gasto gracias al buen rato que pasarán leyendo el libro. Su recorrido va desde los antiguos varilargueros hasta El Cordobés. La recomendación por nuestra parte es máxima y estamos convencidos de que cuando lo lean nos darán la razón. 



Entresacamos algunas opiniones de Luján para que se hagan una idea del contenido:

- Hay que distinguir entre un estoqueador excepcional como Malla o Celita y un excelente matador, como Curro Martín Vázquez.

- Vicente Pastor dominaba los toros para matarlos mientras que Domingo Ortega los dominaba por dominarlos, cayendo en un toreo científico.

- Sin toros menguados no se podrían satisfacer las apetencias estéticas del público actual.

- Gitanillo de Triana daba su verónica por pura intuición, con la capa dormida, lentísima, sostenido sobre un compás de piernas no natural, hincados los pies en el suelo, el cuerpo erguido y las manos bajas. Fue tan lenta que se la llamó la verónica del minuto de silencio.

- Bombita fue un muletero experto, con todos los recursos para torear toros huidos y recelosos, pero lo fue a costa de feroces jornadas. No exhibió un valor descalabrado como Machaquito sino una valentía constante, que no se afectaba por nada... fue un valiente sensato.

- Armillita ya era a los diecisiete años un torero completo: con la capa, con las banderillas, con la muleta y matando. Lo poseía todo, igual que Joselito, excepto aquella alegría que en José era algo impagable. Armillita era un torero de valor frío, insólito, que estuvo sujeto a períodos de desgana y a quien le faltó la capacidad de emocionar al público.

- En el toreo hubo dos líneas: la innovadora y la antigua. A la primera pertenecen Belmonte, Chicuelo, Garza y Manolete. A la segunda, Gallito, Lalanda, Armillita y Ordóñez.

Ya ven que hay opiniones que se prestarían a discusión. Insistimos en que este libro de Luján será de gran pasatiempo y no dejará indiferente al lector. Vean el contenido de la segunda parte:


Nos despedimos con una reflexión suya de principios de los sesenta que parece escrita pensando en ese toro comercial que sufrimos tantas tardes. Lean:

- Antes el sentido de la lidia consistía en castigar las fuerzas del toro y prepararlo para la estocada. Ahora se ha convertido en una minuciosa y solícita conservación de las fuerzas del toro. Brega y lidia eran antes elementos de castigo. Hoy van encaminados a no minar las fuerzas del toro...

Esperen porque nuestro amigo Eugenio Manzano nos pide el voto para los triunfadores de esta temporada 2024. No somos muy representativos para ello dado que sólo vemos las pocas corridas que nos interesan, excepción hecha del serial isidril, que nos lo tragamos entero para que tuvieran ustedes por aquí unas crónicas alternativas a las del taurineo. No obstante lo dicho, nuestros candidatos serían los siguientes:

MEJOR TORO: Santanero, de Baltasar Ibán lidiado por Alarcón en la feria de San Isidro.


MEJOR GANADERÍA: Dolores Aguirre por las corridas lidiadas en 3Puyazos y en Vic-Fezensac.


MEJOR FAENA: la de Román al toro Oficial de Fuente Ymbro en San Isidro.


TORERO TRIUNFADOR: lo concedernos ex aequo a Plácido Sandoval por su tercio de varas al novillo Capanegra de Montealto en Villaseca de la Sagra...


... y a Sánchez-Vara por haber matado en tres días dos de Palha, dos de Saltillo y cinco de Reta.


NOVILLERO TRIUNFADOR: Íker Fernández, El Mene.



A ver si alguno de los otros votantes coincide con nosotros aunque sea en uno solo de los cinco ítems. Mucho nos tememos que nos volveremos a quedar solos en todos... ¡como cada año! Ustedes pueden anotar en los comentarios sus candidatos.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

miércoles, 29 de noviembre de 2023

¿25 CABALLOS MUERTOS?

¿En una sola corrida? ¿Seguro? De eso presumía uno de los matadores que se anunció, el señor Vicente, que es como llamaban al Niño de la Blusa sus vecinos de Embajadores. Se dice que fueron toros de cinco años cumplidos aunque la realidad es que sólo hubo dos de esa edad (alguno repite hoy que llegaron a tener siete años). Llevaban mucho tiempo en la dehesa que tenía alquilada en San Fernando del Jarama el empresario de Madrid, don Pedro Niembro, muy cerca de las reses del duque de Tovar. El problema para la empresa era que estábamos en septiembre y pasaban los meses sin que nadie quisiera matarlos.



El Ruedo se hacía eco de ello recordando cuarenta y cinco años después lo que había acontecido en la 13ª de abono de 1905 en Madrid e insistía en lo de los veinticinco jacos. Aquel 10 de septiembre de ese 1905 se lidiaron toros de don Luis Patricio, de Coruche (Portugal). Vean a uno de esa vacada enviando al piquero de cabeza. Es Sevilla en 1910:



El ganadero luso había debutado en Madrid con una novillada en marzo de 1903 para Calerito, que se llevó una cornada en el pecho que casi lo mata, Mazzantinito, tres avisos en su segundo, y Agualimpia. La lista de cornadas que pegaron estos toros es extensa, no sólo a diestros sino también a operarios como cuando uno de sus toros mató al carpintero de la plaza de Cartagena (en aquella corrida de 1907 también estaba Vicente Pastor). En 1908 en Zaragoza se suspendió la novillada de Coruche en el cuarto por estar cogidos todos los diestros.

Este coruche que ven abajo partió el esternón con ese gañafón a Moreno de Alcalá en Sevilla en 1910. Esa cornada es muy parecida a la peor sufrida por Rafael El Gallo, que fue en Algeciras, en los pitones del toro Cumbrero, de Moreno de Santamaría:



El hierro era éste que ven abajo, con las iniciales del ganadero. La divisa, celeste y blanca:



Rápidamente adquirieron fama de temibles. Cañabate hablaba de un Niño de La Alberca que presumía de que 'esos de Palha son corderitos...maté yo uno de Coruche...' Recuerden que Gallito y Belmonte rehuían los palhas como un gato escaldado el agua fría. Quedaban para que los matase el torero más valiente de todos los tiempos, a quien le daba igual ocho que ochenta, recuérdenlo aquí. Y sobre la ganadería de Palha, pulsen aquí.

Por cierto, tenemos que investigar lo que sucedió en Almagro, donde se dice que los palhas mataron seis caballos... ¡con el peto ya instaurado!

En las crónicas que hemos rastreado sobre los coruches se repiten calificativos como toros tenebrosos, el coco de nuestras figuras, fatídicos toros, temidos toros, de respeto, de imponente presentación, hermosas reses, duros y secos, de enorme poder...

Los criaba don Luis Patricio Correias Gómez en ese término de Coruche, un poco antes de llegar al estuario del Tajo viniendo de Elvas. Por allí también pastaban los toros del vizconde de Coruche y de las señoritas ganaderas Guillermina Roza da Veiga y María Monteiro Gómez. Era fama que los de don Luis estaban medio asilvestrados, un poco como el antiguo ganado de la tierra en la zona de Portillo. Eran muy grandes de caja y eso hacía que a primera vista ya fuesen temidos por los diestros. No obstante, hay muchos revisteros de principios de siglo que hablan de que salían bravos y con poder pero toreables, sin otro problema que superar el miedo. Como los maestros no conseguían esto último, las deficientes lidias hacían que muchas veces pareciesen peores de lo que eran.

Éste de aquí es Mazzantinito en 1904, todavía de novillero ante un coruche:



El sobrino de Luis Patricio fue Alberto Cunhal Patricio, que hizo tábula rasa de todo aquello y cambió encaste, divisa y hierro, quizá para olvidar aquella dinámica terrorífica de lo de don Luis. Lo de Cunhal en los años sesenta era de lo portugués más torerista mientras que las ganaderías realmente duras eran Coimbra y Ribeiro Telles. Ahí tienen a Alberto en un tentadero lanceando una jirona que se le queda debajo:



Observen a Pacomio Peribáñez paseado por la atmósfera por un coruche en 1908. Tras la costalada, sin consecuencias más allá del golpe, tuvo que matar cinco por ingreso en la enfermería de sus dos colegas:



Aquella tarde de 1905 que nos ocupa se anunciaron tres toreros desesperados ya que no había otros que quisieran enfrentarse a aquellos seis morlacos. Fueron Manuel Lara Jerezano, de morado y oro; Vicente Pastor, de verde y oro y José Pascual Valenciano, de marrón y oro. Observen que la corrida empezaba a las cuatro y media y duraría dos horas y treinta y cinco minutos, terminando de noche. ¡Y hablamos de faenas de diez pases como máximo!



Jerezano fue otro torero de matadero. Dio la alternativa a Gaona tres años después. Lo mató un toro en Veracruz en 1912 de una cornada en el abdomen parecida a la de Gallito.



Pastor atravesaba un mal momento por aquellas fechas, de ahí que se tuviese que apuntar a semejante festejo quizá contra su voluntad. Subía siempre los escalones de dos en dos para fortalecer las piernas.



Hacían este chiste sobre su presencia ante esos toros:



Valenciano confirmó en este festejo la alternativa de manos del Jerezano. Fue torero valiente pero muy tosco.



Los toros fueron estos que reseñamos:

1º. Surraya, negro listón, bragado y meano, grande como una catedral.
2º. Zambuyo o Zambullo, negro bragado, gigantesco y abundante de pitones.
3º. Desertor, cárdeno claro, enorme, de precioso tipo.
4º. Cabezudo, berrendo en negro, capirote y botinero, tremebundo, corniveleto, una basílica con pitones.
5º. Almendreiro, berrendo en cárdeno y lucero, largo y de gran alzada.
6º. Alperino, berrendo en cárdeno, de gran alzada y bien puesto.

El quinto saltó al ruedo cuando se acababa de ir el sol y el sexto se lidió a ciegas en noche cerrada. La corrida empezaba como decíamos antes a las cuatro y media y se suspendía a las siete y cinco. 

Al primero lo lidió Valenciano como confirmante. Se llevó 7 puyazos, con 3 caídas y 3 caballos muertos. En la segunda entrada a matar dejó una contraria hasta la tela pero resultó prendido y pasó a la enfermería por su propio pie. De allí no saldrá. Ahí tienen la ceremonia:


El segundo tomó 10 varas, dio 6 caídas y mató 6 caballos. Pastor lo liquidó de una corta, otra honda y una entera en la cruz. Ése es el maestro con el toro:



Estos fueron dos  de los tres caballos muertos por el tal Zambuyo:


El tercero se fue a los picadores antes de tomar el capote y cobró dos varas de inicio. En total fueron 9 por 2 caídas y 2 sardinas muertas. Jerezano pasó un quinario, con cuatro desarmes tras sendos gañafones del toro. Lo mató de tres pinchazos, un metisaca y una entera atravesada, con visibles muestras de agotamiento.

Es curioso que en la crónica de El Toreo anotan que el cuarto salió natural y no contrario hacia donde esperaban los caballos. Este Cabezudo fue calificado como de bandera y propuesto para indulto en comentarios a la corrida días después. Tomó 8 varas por 5 caídas y 5 cadáveres. Llevábamos 16 caballos muertos, con gran sentimiento de los de la cuadra de caballos (sic), cuyo representante se llamaba Jarete, a quien hay que enviar un recadito de atención por presentar caballuchos inadmisibles (sic también). Jerezano fue arrollado y pisoteado tras pinchar. Lo retiraron a la enfermería como ven. Allí se quedará:


Salió don Vicente y lo mató de dos pinchazos y estocada caída. 
Pascual Millán, en Sol y Sombra, decía que si los tendidos hubieran tenido aficionados entendidos como en los tiempos de Lagartijo y Frascuelo, ese Cabezudo vuelve a la dehesa a padrear.

El quinto también salió natural cuando se estaba haciendo de noche como decíamos antes. Se llevó 5 varas por una caída. Pastor lo mató de corta, pinchazo, con un tornillazo del toro que hace que sufra un corte en la mano, y entera sin puntilla.

Salía el sexto a las siete menos cuarto, tan de noche que apenas se divisaban los bultos (sic). Tomó 4 varas, dio 3 caídas y el presidente Juan Díaz ordenó finiquitar el festejo porque no se veía ni para jurar. El público dedujo que salían los mansos a llevarse el toro por el concierto de cencerros.

Sólo entonces cedió el Niño de la Blusa en su pundonor aceptando entrar en la enfermería a mirarse ese corte en la mano. ¿Han sumado bien? Los caballos muertos no pasaron de 16, muy lejos de los 25 que se sigue repitiendo hasta hoy. 

O las copitas de Veterano menudearon entre algunos revisteros o es incomprensible tanta diferencia. El propio Pastor repetiría durante años lo de los veinticinco. No obstante, el bueno de Vicente es el más disculpable. En nuestros días, uno como Cañaílla aún tiene la imaginación más desbocada (dice que salió en hombros de la plaza de Tarragona tras cortar un rabo a un veragua cuando se fue a pie tras matar tres con una simple oreja).


En Sol y Sombra hablan de 38 varas cuando fueron 43. Pero es que éstos apuntan 19 caballos muertos. Se acercan a los 16 pero también se les va la romana. La única duda es si algún revistero se quedó siendo ya de noche en la plaza para ver si fueron apuntillados jacos malheridos hasta llegar a la cifra de los 25.

Queda claro que no hay que fiarse de los lugares comunes que se repiten secularmente entre los aficionados. Pasan de unas generaciones a otras sin pararse a comprobar si fue para tanto. Recordábamos que algo parecido sucedió con el célebre Catalán de Miura, recuerden aquí

Con el número de varas pasa lo mismo y lo comprobábamos a cuenta del debut de los pablorromeros en Madrid, pulsen aquí. En aquella corrida de 1888 para Lagartijo, Hermosilla y Guerrita, la disparidad llega a sostener en un sitio que el tercero tomó 10 varas, dio 4 caídas y mató 3 caballos mientras que en otro afirman que fueron 7 varas, 2 caídas y 2 caballos muertos.

Y lo mismo acontece con el célebre indulto al navarro Murciélago, que fue cosa de Lagartijo para regalárselo a Miura... ¡con toda la plaza en contra! Sucedió en 1879 y hubo lanzamiento de botellas al ruedo como protesta. Lo contábamos aquí.

Uno esperaría que sumar caballos muertos no debería ser tan complicado como contar las varas cuando éstas pasan de treinta y te puedes despistar. Pero por lo visto parece que los revisteros antiguos no se aclaraban. La verdad es que la historia de los 25 caballos nos recuerda el final de El hombre que mató a Liberty Valance con lo de 'print the legend'


Pero hay algo en lo que estaremos de acuerdo los aficionados de ahora con los revisteros de hace cien años y no hay discusión que valga. Nos referimos a la queja que copiamos a cuenta de aquellos toros portugueses que no habían querido ver ni en pintura toreros de más postín que los tres comentados. El crítico de Sol y Sombra decía esto:

'Los aficionados tendrían que reclamar más coruches a la empresa de Madrid para que anunciase con ellos a las empingorotadas figuras. Y si alguna de ellas se negare a matarlos, que lo diga públicamente el empresario en los periódicos. Que se acabe de una vez tanta farsa y tantas complacencias estúpidas y a ver si vemos por una vez unas migajas de virilidad'

¿Verdad que eso no ha cambiado?

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

domingo, 3 de enero de 2021

'CATALÁN', DE MIURA: ¿FUE PARA TANTO?

'¡Cuánto daño me ha hecho ese toro!' Esto decía Bombita ya retirado a unos amigos suyos cuando le sacaban por enésima vez el nombre de aquel toro de Miura con el que se ganó una buena bronca en Madrid. Tiempo después de aquello vino su pleito con los miuras aunque recuerden las estadísticas que comentábamos aquí, donde Bombita resultaba ser quien más miuras mató en su carrera en porcentaje respecto al total de encastes . Pero ¿realmente fue para tanto ese Catalán y tan grande el enfado del público? Aquí tienen al protagonista:



La cabeza la compró el empresario de Madrid, Pedro Niembro, amigo personal de los Miura. Él la disecó y se la regaló a la familia. La corrida tuvo lugar el primer domingo de octubre de 1902, que caía en el día 5. Empezó a las cuatro de la tarde y el cartel era éste:



Se saldó con pitos para Quinito, dos broncas para Pastor y división y bronca para Bombita. Como se ve, los toros estuvieron por encima de los toreros pero cuenten con que la ruidosa incomodidad del público vino dada especialmente por el desacierto de los espadas al matar. Miren este titular:



Los toros fueron tres negros, dos cárdenos y uno colorado chorreado en verdugo. Entre cinco tomaron treinta y tres varas y mataron quince caballos. 


Es Chano picando el primero de la tarde. Se ve a Bombita a la izquierda de la imagen

Decimos entre cinco porque fue imposible picar al cuarto ni aun echándole encima los caballos. Fue un manso de carreta al que tostaron. Ojo porque con lo de las varas y los caballos muertos hay que ir con mucho cuidado. Veamos un ejemplo. 

En el caso de Catalán, unos dicen ocho varas, otros nueve, El Globo diez y El Liberal once (!). Cuarenta años después, en El Ruedo repiten lo de las once varas. Es curioso que en el opúsculo Toros Célebres de 1908 sólo le apuntan cinco. Creemos que lo correcto debieron de ser nueve varas y seis caballos muertos porque tres medios coinciden, no por otra cosa (aunque también se apunta cinco caballos y no seis). Y de la vuelta al ruedo ya hablaremos. Lo del indulto es una salida de pata de banco del crítico de Sol y Sombra.

Los tres picadores de Bombita que le hicieron frente fueron Arriero (retirado con un puntazo en el muslo después de la sexta vara), Gacha (retirado por fuerte contusión en el brazo tras la segunda que dio) y Pino (que se retiró por su propio pie porque sólo se llevó un batacazo sin males mayores). 

Ya hemos dicho que el público terminó de uñas con los maestros. Quinito mató muy mal y fue pitado en ambos. Cuando dobló el segundo, una crítica pone con gracia 'ovación de pitos'. Piensen que Quinito le dio pases con todo el peonaje en círculo rodeando al toro y echándole capotes de vez en cuando. Al terminar el festejo se peleó con su apoderado, que era quien le había obligado a anunciarse en esta corrida. Una semana después se sacó la espina también con miuras en El Pilar. Esta foto es con el primer miura:



Vicente Pastor se presentaba por primera vez con su nombre en lugar de con el apelativo de Chico de la Blusa. Estuvo muy mal dando 'simulacros de pases'. Liquidó a sus dos oponentes con un total de cuatro bajonazos que soliviantaron al personal. Para hacer un poco de honor al diestro, ponemos esta bonita lámina a partir de una buena estocada suya sin saltar que no corresponde a aquella tarde sino a 1916:



Resaltamos lo de que no saltó porque ya saben que Pastor fue el inventor del julipié como explicábamos aquí. El día que nos ocupa estuvo tan mal que en una crítica le dedican estos versos con sorna:


- ¿Es El Chico de la Blusa?

- No, ahora es Vicente Pastor

- Pues Vicente, sin apodo...

- ...está quedando peor


Bombita tuvo división en su primero, de nombre Caserito, donde se destaca que le pasó la montera por la cara. Se confió y el toro lo enganchó por el pecho sin hacer carne. La estocada nunca fue la suerte favorita de Bombita. A éste su primero lo mató de un golletazo. Eso provocó la división entre los que valoraron la muleta y los que censuraron la espada.

Catalán salió después de que Lunario hubiera sembrado el pánico en el ruedo. Ponen unos que estaba bien colocado de defensas y otros que tenía poca cuerna. Vean de nuevo su imagen y compárenla con la del Carbonero de Concha y Sierra al que Pastor cortó la primera oreja que se concedió en Madrid. Por cierto, fíjense en que se cortaba la punta, nada que ver con hoy en día donde hay plazas como Pamplona en que el torero pasea algo que más parece el pellejo de una liebre muerta que la oreja de un toro:





Mató seis caballos y tomó las varas que ustedes quieran creer según lo dicho anteriormente. Así las cosas, Ricardo ofreció banderillas a sus dos compañeros pero éstos no las aceptaron. Esta situación, que solía ocurrir, es hoy impensable. Pareó por tanto junto a sus peones Barquero y Morenito. Pero cuando cogió la muleta se vio no sin sorpresa que el toro era noble. En una crónica pone 'nobilísimo' y en otra 'un borrego'. Ahí tienen a los dos:


 

O sea que tras su brava pelea en varas había quedado boyante para unos o pastueño para otros. El caso es que no nos aclaramos con lo que hizo Bombita Chico, que es como lo han visto anunciado ya que el Bombita a secas era su hermano Emilio. Para unos revisteros estuvo fatal, desconfiado y desacertado. En cambio hay otras crónicas como la de La Correspondencia de España donde dice que estuvo valiente y lucido, lean:



Dio veintiocho pases en seis minutos. En El País escriben 'faena excelente'. ¿A quién creemos? Pensamos que el público quedó decepcionado porque la inesperada bondad del toro estuvo por encima de la labor del maestro con la muleta. Esto que apunta El Día puede ser la clave: 



Si lo mata bien, la cosa se hubiera olvidado y es probable que Catalán no tuviera la fama que ha gozado después. El caso es que el de Tomares dio un sainete con un pinchazo atravesado y caído in soltar, dos más ('con pitorreo' según un crítico), media buena pero escupiéndose y un descabello. Oyó pitos abundantes con algunas palmas 'de los amigos'. Parece que la cosa está un poco lejos de 'la más grande bronca de su vida torera' como dice el Cossío.



Precisamente esta foto de abajo es de esa siguiente corrida con los veraguas, 'toros que sirven para aliviar a los diestros', según se decía entonces:



Toda la vida tuvo que leer y escuchar que había asesinado a ese miura. Se calmaron los ánimos mientras las mulillas arrastraban los cinco o seis jacos muertos. Cuando engancharon al toro, unos hablan de palmas, otros de grandes aplausos y otros de atronadora ovación. En unos sitios dicen que fue arrastrado con lentitud y en otros que se le dio una vuelta al ruedo, cosa entonces insólita:


Salvo error, no se repetirá en Madrid hasta seis años después con un cinqueño de Luis de Gama. 



En el Cossío mucho nos tememos que orinan fuera de tiesto poniendo que en medio de una estruendosa ovación le dieron tres vueltas al ruedo (!). En Sol y Sombra se descuelgan con que merecía el indulto, afirmación que nos parece un despropósito más digno de este siglo XXI que de hace ciento veinte años. Estos halagos de la misma publicación sí pueden ser más adecuados:



Después de haber consultado la prensa de la época, nuestra opinión es que la bronca a Bombita no fue para tanto y que la ovación al toro consistió en un agravio al diestro. Le quisieron pasar factura aplaudiendo a un toro que, si no es por lo explicado, se arrastra sin mayor novedad. Los aficionados de Madrid suelen protagonizar este tipo de humillaciones para molestar al torero, que pregunten entre otros a El Fundi.

Muchos años después, Corrochano quiso tapar el fiasco de Domingo Ortega con Tapabocas recordando que el mejor escribano echa un borrón como sucedió con Bombita y Catalán. La comparación quizás estaba un poco fuera de lugar por ser circunstancias y diestros diferentes.

Alguno de ustedes pensará que las varas y los caballos muertos en esta corrida de Miura es lo que hace que se hable tanto de ella. Pues no fue nada extraordinario. Hemos buscado al azar varias corridas de ese mismo año y los números son similares. En ésta hubo 33 varas y 15 caballos muertos. En la de Félix Gómez, 40 y 6. En la de Conradi, 41 y 15. En una de las de Veragua, 37 y 6. En la de Ibarra, 41 y 10. Sí reconoceremos que no era normal que un solo toro matase cinco o seis caballos como fue el caso de Catalán.

Testigo de la alternativa que El Algabeño dio a Bombita fue Domingo del Campo, Dominguín. Otro miura lo había matado dos años antes en Barcelona al arrollarlo tras salir huyendo del hierro. El Algabeño se quedó sólo con las seis reses. Imagínense el trago sabiendo que su compañero se estaba muriendo en la enfermería con la safena destrozada. A pesar de ello, salió airoso y después pagó el entierro de su colega. El toro se llamaba Desertor en unos sitios y Receptor en algún otro. 



En 1910 salió en México un hermano de Catalán que se llamaba igual. Era esperado con expectación por la fama del de Bombita. Pues resultó un manso que huía hasta de su sombra. Lo mató Pepete pero el maestro ignoraba entonces que unos meses después dejaría su vida en los pitones de otro de Parladé en Murcia. Era el primero y le partió la femoral al hacerle un quite en la quinta vara. Fue Machaquito quien tuvo que matar toda la corrida.

Pepete no se había anunciado en esa plaza porque no llegó a un acuerdo económico con el empresario. Toreó aquella última tarde en sustitución precisamente de Bombita, herido en Málaga. 'Voy a disgusto a Murcia pero no quiero que Ricardo se queje de que le he desairado...' Esa cuadrilla de la imagen no era la suya, que estaba camino de San Sebastián para otra corrida del maestro, quien cambió los planes para bajar en solitario a Murcia por la sustitución:



No nos alargamos más pero para los que hayan tenido la inmensa paciencia de llegar hasta aquí en su lectura, les apuntamos los diestros que han usado como apodo el mismo que nuestro protagonista:

- Juan Fernández, Catalán, ilerdense criado en Sevilla. Empezó en la cuadrilla de Juan León y acabó sus días apuñalado en una riña por un fulano de Osuna.

- Juan Marimón, Catalán, de Falset, a cuarenta kilómetros de donde les escribimos. Actuó de peón con El Tato.

- Miguel Ballart, Catalán, barcelonés que toreó en los años setenta del siglo XIX con regular fortuna.

Con la historia de Bombita y Catalán habrán comprobado que son muchas las cosas que habría que revisar en la historia de la tauromaquia. Conforme pasa el tiempo, los aficionados repiten lo que oyen o leen pero las historias se van deformando adoptando siempre aires míticos. No se suele acudir a las fuentes y se termina haciendo buena la frase final de 'El hombre que mató a Liberty Valance'. Si la verdad estropea la leyenda, olvidemos la verdad y...

'PRINT THE LEGEND'

¿Qué leyendas se imprimirán sobre las gestas de nuestras actuales figuras?

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




sábado, 16 de mayo de 2020

CENTENARIO DE LA MUERTE DE GALLITO (9): '¡ME HASÉIS DAÑO!...HASERME POQUITO...QUE ME AHOGO...'

Son las 18:19. El doctor Luque atraviesa a paso ligero el patio de arrastre de la plaza de Talavera dejando a su derecha el desolladero. Abre la puerta de la enfermería, pasa por la primera dependencia, una especie de vestíbulo, y espera en la segunda, que tiene un amplio ventanal por donde entra la luz tenue de aquel día que amaneció nublado. Llegan también sus ayudantes, el doctor Ortega, los doctores hermanos Sanguino y el doctor Pajares, médico suplente. Están también el doctor Recasens y su ayudante, el doctor Torroba. 



Luego entrará el doctor Pastor y algún otro médico madrileño que se ha desplazado a ver la corrida y ha bajado del tendido. Por esta puerta abierta irrumpen Blanquet y Cantimplas llevando en volandas a José. 



Viene con los ojos cerrados por efecto del shock. Entran también El Cuco, Farnesio y el mozo de estoques, Paco Botas. Se ve que cuando el maestro se ha alejado un poco de la cara del toro para alisar la muleta, éste se ha arrancado por sorpresa, lo ha volteado y le ha clavado el pitón en el abdomen. Ha sido un derrote seco aprendido seguramente contra los caballos pues venía de matar cuatro.



Tumban a José en la camilla mientras Blanquet le sostiene con mimo la cabeza. Entran el farmacéutico, señor Congregado y los practicantes Morales y Cano. La apariencia del maestro es preocupante porque sólo mueve convulsamente ambos brazos. Al ver su estado, Almendro se ha quedado en el vestíbulo llorando.

Lleva dos cornadas. Una es en el muslo derecho, de cinco centímetros y pronóstico reservado, puede curar sin complicaciones en una semana. La del abdomen es una herida circular de nueve centímetros de diámetro en el lado derecho. Le ha partido el epiplón, ha lesionado el peritoneo y le ha sacado fuera parte del intestino. Llega a interesarle un poco la vejiga pero sin alcanzar a perforarla como se dirá después. Una laparotomía realizada en condiciones adecuadas y no en un estado preagónico podría determinar el alcance exacto de las lesiones internas pero no hay tiempo para ello.


El diestro está bajo los efectos de un fuerte shock traumático. Los médicos se reparten el trabajo. Unos van cortando desde arriba el vestido grana y oro con unas tijeras. Lo había estrenado en Lima. Rasgan la casaquilla y el chaleco desde los hombros y los arrancan. 

Le quitan dos medallas que penden de una cadenita muy fina de oro. Una es de la Virgen de la Esperanza y la otra, de Nuestro Señor del Gran Poder. Además, como siempre, cuelga un minúsculo retrato de su madre ('menos mal que ya no vive la señora Gabriela...' dirá Vicente Pastor). No lleva la faja azul turquí porque se la rasgó el tercer toro y salió ante Bailador sin ella.  Cortan cuidadosamente la taleguilla y el torero queda desnudo sobre esta camilla:




El doctor Torroba se afana en limpiar la herida del vientre, sucia de arena y con riesgo de infección. Otros empiezan a aplicarle inyecciones. Hay que sujetarle bien los brazos. Uno de los doctores Sanguino, que es quien va a inyectar el suero con adrenalina, ordena:

'Que no mueva los brazos, ¡sujetadlo!'

Con el efecto de la inyección, José se reanima ligeramente, lo suficiente para quejarse: 

'¡Suéltame! Que me ahogo...'


A continuación le inyectan suero antitetánico, aceite alcanforado y cafeína. Intentan estimularle para que no sucumba al shock nervioso. El doctor levanta la voz:

¡Sujetadle bien los brazos!

Blanquet lo agarra con firmeza:

'José, ¡quieto! No muevas los brazos o te los parto'

Pero el pobre José no lo oye, se ahoga... en su cerebro el único pensamiento que entra es que le falta el aire:

'¡Blanquet, por tu madre...! ¡Mátame!... ¡Que me ahogo!'

Le dan aire con un sombrero mientras le taponan la herida y le van cosiendo.

Blanquet fue quien llegó primero tras la cogida. Ignacio quitó el toro y el buen subalterno levantó por las axilas a Gallito, que estaba arrodillado mirándose el vientre ('¡me ha sacado las tripas!'). Pedía que llamasen a Mascarell. 

Ya han partido en su busca a bordo de un flamante De Dion Bouton el señor Concustell  acompañado por Darío López y por el empresario de la corrida, Leandro Villar. Precisamente a éste último fue a quien Joselito se dirigió cuando cogía los trastos por última vez:

'El torito éste es el peor de todos. Vamos a ver quién puede más...'

De pronto se abre la puerta y traen conmocionado a Zurito Chico. Es el picador de Ignacio. El sexto toro lo ha derribado y quedó atrapado bajo el caballo. El presidente es el alcalde de Talavera, el señor González de la Rivera. Después de que Ignacio matase a Bailador, ha esperado a ver qué noticias había de la cogida. Alguien procedente de la enfermería le ha indicado por gestos que la cornada de Gallito no parecía grave y por eso ha continuado el festejo. 

El traje no está manchado, no hay sangre por ningún sitio. Quizá por eso en el ruedo Ignacio ha hecho gestos de tranquilidad al público mientras se llevaban a José. Probablemente hay una hemorragia interna pero por fuera, nada. El maestro se sigue quejando pero no se le entiende. Continúan inyectándole, hay momentos en que tiene hasta cuatro agujas clavadas:

'Dejarme... que me haséis daño... dejarme...'

Se intenta sin éxito la respiración artificial. El color lila del rostro de José anuncia lo peor. El pulso es muy débil, se nota que al maestro se le va la vida en un postrero hilo de voz:

 'Haserme poquito... que me ahogo...'

El sacerdote Felipe Vázquez, que se había mantenido en un rincón, se adelanta para darle la extrema unción. José ya no oye nada pero le caen dos lágrimas.


A las 18:45 comprueban que su pulso ha cesado. Han sido veinticinco minutos de agonía y no una hora como algunos dirán después. Se le ha escapado definitivamente la vida 'por entre los alamares'.

Justo en ese momento irrumpe su cuñado tras aliñar al sexto. Ignacio se queda parado al ver que los médicos permanecen inactivos. Se acerca a José, lo mira, le toca la cara y nota que está fría. Balbucea cosas incoherentes:

'José de mi alma... ¡Pobresito! Si pudieras ver dónde estás... ¡Cómo nos dejas a todos! ¿Por qué?' 


José con su sobrino, el hijo de Ignacio

Los que han ido a buscar a Mascarell ya son sabedores antes de llegar a la capital de que la tragedia se ha consumado. A la altura del aeródromo de Cuatrovientos, se cruzan con el automóvil que lleva a Rafael a Talavera junto con su amigo Pepe El Largo. Como El Gallo no tiene la certeza de que sea verdad la muerte de su hermano, deciden subirlo al de Villar para irle previniendo camino de Talavera.

Los doctores Luque y Ortega han redactado el parte médico:



José yace desnudo en la mesa de operaciones. Lo tapan con dos mantas e improvisan una sala de velatorio. Para ello retiran todo el instrumental médico, lo cual dará pie a las insidias que circularán más adelante diciendo que la enfermería estaba en precario. Los médicos madrileños que ofrecieron sus servicios serán testigos de que no hubo tal. 

Unos guardias civiles están en la entrada para evitar que los curiosos accedan a las dependencias:



Por la noche llegan más periodistas y fotógrafos de Madrid. Roberto Domingo toma unos apuntes del cadáver del maestro. Desde el exterior, a través del ventanal, la vista es ésta:



Dentro, la cuadrilla llora en silencio. Ignacio ha pedido que corten la cabeza del toro. Antonio Moreno, Lagartijillo, que es el contratista de la carne de los toros lidiados, se la llevará a Madrid para disecarla: 



Hacia la una de la madrugada llega El Gallo, quien ya es consciente de la desgracia. Cambia de opinión y no se atreve a entrar en la enfermería. Sale Ignacio y ambos hablan. Rafael le pide la coleta de su hermano. Entra Ignacio y dice a Paco que la trence.


Paco Botas

Paco gira delicadamente la cabeza inerte del diestro para trenzarle la coleta. Casi no puede porque revientan las lágrimas en sus ojos y no ve bien:

'Ay, José...pobresillo...es la última vez que te trenzo el pelo...' 


Zurito Chico sostiene la cabeza y Farnesio, que había picado a Bailador, corta la coleta y se la entrega a Ignacio. 


Farnesio

Sale Ignacio con el mechón, se lo da a Rafael y éste vuelve en coche a Madrid. José queda de cuerpo presente en esa enfermería transformada en velatorio, cubierta con paños negros y festones dorados. Seis cirios rodean el cadáver ('maestro, estoy oliendo a cera...'). 

Los toreros que han venido desde la capital son el citado Lagartijillo, el alcarreño Saleri II, Limeño, compañero de Gallito en la cuadrilla de los niños sevillanos, y Regaterín (de los dos hermanos con ese apodo, Victoriano, seguro, quien por entonces iba de peon con Saleri). Ganaderos, salvo error, sólo uno, don Vicente Martínez. 

Las dos cuadrillas se reparten entre el vestíbulo de la enfermería y la sala adyacente para echar una cabezada. Ahí están los picadores Zurito Chico, Farnesio, Ceniza, Carriles, Camero... y los banderilleros Almendro, Blanquet, Bombita IV, Cantimplas, José Rodas y El Cuco, el otro cuñado de José. También está Antonio Parra Parrita, quien seguía a José allá donde toreaba. 

Cuando intentan dormir, los ojos les escuecen de tanto llorar. El único que no pega ojo en toda la noche es Ignacio. Se le ha olvidado el dolor del fuerte varetazo que ha recibido del sexto en la pierna izquierda. Habla con unos y con otros. Al final termina hablando solo:

'José, pobresito... ¿dónde has venido a morirte?' 

Al día siguiente, a las diez de la mañana, los doctores Sanguino son los encargados de embalsamar el cuerpo. Le inyectan formol y cloruro de zinc. Parece recuperar un poco el color en el rostro pero se le hincha el cuello y deciden vendárselo. Tras hora y cuarto de trabajo, lo visten con el traje corto negro que llevaba cuando llegó en tren la mañana del domingo. Lo han traído de esta habitación número 3 del Hotel Europa. Allí había vuelto Fernando, el hermano de José, a quien tranquilizaron en un principio diciendo que todo era un rasguño sin importancia. Un policía lo sacó de su engaño cuando volvía de paisano a la plaza y sufrió un desvanecimiento.



El deseo de todos hubiera sido amortajarlo con la túnica de la Hermandad de la Virgen de la Macarena pero lógicamente no hay tiempo de traerla desde Sevilla . Acabado el proceso, se permite que los talaveranos desfilen ante el cadáver hasta el momento de llevarlo a la estación. 

El ataúd es de caoba y plata. La cuadrilla lo saca en hombros para depositarlo en una carroza blanca:




'Abriendo surcos de flores
al rey de los matadores,
en hombros se lo llevaban'

El día no puede ser más luminoso. Dos guardias civiles a caballo abren paso entre la multitud. Caminan delante tres sacerdotes rezando un responso. Todo el mundo va descubierto acompañando el cortejo fúnebre hasta la estación.





'¿Joselito muerto por un toro? ¡Eso no puede ser verdad! A Belmonte, aún pero a Joselito... ¡no puede ser!'

Sí pudo ser. Sí, era verdad, aunque Rafael Alberti no daba crédito a los que se lo decían:


'Virgen de la Macarena,
mírame tú como vengo,
tan sin sangre que ya tengo
blanca mi color morena'

Virgen de Joselito


Hoy hace cien años que sucedió todo esto que hemos relatado. En un día tan señalado como éste hemos preferido meternos en la enfermería y acompañar al maestro en sus últimos momentos.  Seguiremos ocupándonos de Gallito en la serie que le estamos dedicando desde el uno de enero (recuerden aquí). 

Más de 1.500 toros muertos y casi 700 corridas en ocho años para terminar sus días expirando en la plaza que había inaugurado su padre en 1890. Se nos ponía un nudo en la garganta mientras describíamos su agonía porque nos imaginábamos al otrora invulnerable José desvalido como un niño chico. 

Se quedó sin poder torear el 17 en Madrid y los días 18 y 19 en Badajoz. 

Hemos reconstruido los hechos a partir de la prensa de la época, de los detalles que aporta en 'La última corrida de Joselito' Andrés Hernáiz y de diferentes testimonios en otros textos. Para los datos que resultaban contradictorios, nuestra opción ha sido escoger el que coincidía en más de un sitio. En otros casos hemos elegido simplemente el que nos ofrecía mayor confianza. Los versos son de Alberti. 

Bien entrada la noche habían traído un telegrama a la enfermería. Venía de Sevilla y estaba firmado por una de las hermanas de Gallito: 

'Pepe, ¿qué ha pasado? Dime la verdad'

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.