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jueves, 21 de diciembre de 2023

EL PEOR MIURA DE LA HISTORIA

Ese miura tendrá que ser muy malvado para encabezar la larga lista de toros con mala idea de esta vacada. Si preguntáramos a Pepete de quién vamos a hablar, nos diría que de Jocinero. Si a Posadas, que de Agujeto. Si a Dominguín, que de Desertor. Si a El Espartero, que de Perdigón, recuerden aquí. Si a Manolete, lógicamente que de Islero, pulsen aquí. También podríamos preguntar a Pedro Carreño y nos diría que de Cabañero, el novillo que lo mató en 1930. Así nos sacaría de dudas ya que su nombre no supieron darlo en casa de Miura cuando años después se les preguntó.

En los tiempos recientes, y sin llegar a la tragedia, Rafaelillo nunca olvidará las malísimas intenciones de aquel Maquilero de Castellón que comentábamos aquí en el inicio de la singladura de nuestro modesto blog, hace ya diez años. Pesó 662 kilos y era un sardo cinqueño. Se quedó en la manga avanzando y retrocediendo. Asomaba el morro y se volvía. Así estuvo quince minutos mientras le echaban capotes sin que hiciera caso. Cuando por fin salió, lo hizo dando pasitos y husmeando el ruedo, ahí lo tienen:



Luego nos enteramos de que en la finca nunca comía con los demás y un día se llevaron un susto morrocotudo cuando lo encontraron junto a la pared del cortijo porque había saltado la cerca. Observen el arreón que pegó mientras Rafaelillo acertaba a meter el brazo:



Pues el peor no es ninguno de los miuras citados sino Gorrete, lidiado en Málaga el 31 de agosto de 1887. Fue el causante de siete cogidas aunque en algún sitio ponen ocho seguramente contando que envió a Badila a la enfermería. Atención porque estuvo a punto de matar en el mismo festejo a Lagartijo, a El Espartero y a don Luis, ahí es nada. No hay ningún miura con un historial como éste de tantas cogidas en tan poco tiempo y a toreros de tanta categoría. Gorrete fue el ejemplo máximo de las tres características básicas de lo miureño elevadas al cuadrado: desarrollo de sentido, ligereza de cuello y dureza de patas. El cóctel fue explosivo y no hubo forma de meterle mano.



La corrida conmemoraba en Málaga el aniversario de su reconquista por los Reyes Católicos:



Fueron toros de Miura para Lagartijo, El Espartero y Mazzantini. Los dos últimos cortaron sendas orejas a quinto y sexto. 

Gorrete era colorado ojo de perdiz y se lidió en cuarto lugar. Tuvo que corresponder al califa. Los picadores a quienes volteó de salida eran de máxima categoría: Badila y Agujetas. Ambos sumaron cincuenta y nueve años picando ¡y sin peto! Han sido de los más grandes, junto a Zurito, Camero y Calderón. 

En una reseña dicen que 'si cogió a Lagartijo es que sabía más que él'. No falta razón al revistero aunque anotaremos que al califa otro miura de nombre Bonito estuvo a punto de darle el pasaporte al otro barrio doce años antes en Madrid cuando lo cogió tres veces. 


Estos miuras están todavía en la finca de El Cuarto. La foto es de 1897

La cuestión es que, como decimos, salió Gorrete y arrolló a Agujetas enviándolo al suelo. Acto seguido se fue por Badila e hizo lo propio con él. Volvió con  Agujetas y lo volvió a descabalgar. De los dieciocho caballos que mataron los miuras en Málaga aquel día, Gorrete se cargó él solo a ocho. Agujetas resultó cogido en el suelo sin consecuencias pero Badila se llevó una fuerte conmoción por el porrazo y fue retirado a talleres.


Salvo error, el picador derribado es Badila y la del quite es la Chiquilla de Cádiz

En los quites El Espartero sufrió dos volteretas. Juan Molina, que es uno de los diestros que más ha sabido de toros en la historia de la tauromaquia cobró una cornada en un brazo (en otro sitio hablan de puntazo). Después fue su hermano Rafael quien fue volteado recibiendo un fuerte varetazo en el muslo aunque Gorrete no llegó a hacer carne. Sí la hizo en el brazo de Torerito ya que le atravesó la mano con un gañafón que fue igual que una puñalada (pulsen aquí para recordar algo parecido en Pamplona en la feria de 1960). Rafael Bejarano, Torerito estaba entonces en la cuadrilladeLagartijo y luego tomaría la alternativa pars demostrar buen oficio y una espada letal.

Paseó por la atmósfera al banderillero Manene. Era un buen banderillero que entró en la cuadrilla del cordobés porque era cuñado de su hermano Juan. Un año después de esta corrida lo mató un toro al hacer un quite al picador en Córdoba.  Finalmente Gorrete también pegó una voltereta sin consecuencias a don Luis.

¿Qué les parece? Recuerden ese nombre cuando se hable de Miura porque hay otros toros suyos más famosos pero ninguno que tenga un historial como el de este coloradico. Vayan ustedes a saber si llevaría la sangre navarra de aquel Murciélago. Recuerden que ocho años antes de esta corrida de MálagaLagartijo no quiso matarlo en Córdoba en medio de un escándalo contra ese indulto y se lo regaló a Antonio Miura Fernández. Hablamos de 1879. Murciélago llevaba el hierro de la P, de Pérez Laborda, a cuyos herederos había comprado las reses el carnicero zaragozano Joaquín del Val.

Decíamos al principio que Gorrete pudo ser un toro que pasase a la historia por haber matado en la misma corrida a tres toreros, entre ellos a Lagartijo. Se comentó que había sido el toro de más sentido que se había lidiado en muchos años y eso, en 1887, significaba bastante más peligro que hoy en día. En otra reseña ponen que Gorrete salió dispuesto a acabar con el mundo y casi lo consigue. Un último comentario dice: como salieran seis gorretes cada temporada, terminaban con los de a pie.

Nos despedimos aprovechando esta entrada para desear una feliz Navidad a nuestros selectos lectores, con la esperanza de seguir contando con su compañía al otro lado de la pantalla.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


viernes, 12 de noviembre de 2021

PALHA

Fue la ganadería más temida por Gallito seguramente junto a la de Florentino Sotomayor. Se hablaba de ella como de 'terribles pavos', eran 'o terror dos mares'. Decían que lo peor que le podía acontecer a un torero era tener que vérselas o con un miura que supiese latín o frente a un palha con pies.



Don José Pereira de Palha Branco contaba diecisiete años en 1871 cuando decidió seguir la aventura iniciada por su padre a mediados del siglo XIX. Tenía entonces unas quinientas vacas de la tierra procedentes de Estevao de Oliveira, del marqués de Belas y de Sousa Falcao. Las tentó tres veces y dejó ciento cincuenta. Luego les echó el semental Guitarrero de Concha y Sierra. Si lo echó en 1873 quiere esto decir que tentó las quinientas vacas esas tres veces en un periodo de dos años (?).

Se suele decir que el semental moriría de viejo a los veintiún años, precisamente el mismo día de la verdadera presentación de la vacada en Madrid. El animal fue enterrado en la finca. Lo de verdadera presentación de la divisa blanquiazul lo aclaramos después. El hierro del padre parece ser que era la P con un ocho encima. Más adelante quedó sólo la crucecita:



En 1884 empezó los tratos con Antonio Miura y le compró dos erales contrastados que padrearon junto a un toro de Veragua. Añadió más vacas que compraría a Lagartijo en 1893 con otras de Trespalacios para echar algo de agua al vino pero al poco volvió a Miura, quien le cedía toros que hacían de sementales y después volvían a su casa. Fue creando una mezcla bastante explosiva, como ven. Se comentaba que el terreno fangoso donde se criaban y el tener que caminar varios kilómetros para beber agua hacía que desarrollasen 'una gran dureza de patas y fuerza de canillas'. 


La finca de Palha en 1897

Que después saliesen bravos es otro cantar porque una cosa es llevar la fama y otra cardar la lana. Solían ser mansos -o menos bravos- y siempre con muchos pies. Eran toros atravesaos. Como decía un revistero de principios de siglo, 'de los que gustan a los aficionados amantes de las emociones fuertes aunque la mayoría de veces queden chasqueados'.

José Morales, Ostioncito, fue cogido por un palha en Carabanchel que lo retiró de la profesión. Ocurrió el 30 de marzo de 1919 y la cornada le afectó la femoral de la pierna izquierda. Toreros famosos heridos por palhas han sido Machaquito en 1904 y Luis Freg en dos ocasiones, más grave la de 1929 con una cornada de 20 cms. 

También El Algabeño padre fue corneado por uno de Palha en Madrid  el 21 de abril de 1904. Al dar un pase por alto el toro lo derribó y en el suelo lo volvió a levantar corneándolo. En aquella corrida la peor herida se la llevó él en el cuello pero Rafael Molina, el sobrino del tío, tampoco pudo seguir la lidia por otra en el glúteo al ser arrollado por el toro en la estocada. Estaba aún en la camilla Lagartijo Chico y ya traían a Algabeño con el cuello lleno de sangre. El sobresaliente Valerito, que tuvo que matar cuatro palhas, también terminó con la cara ensangrentada tras un puntazo en la barbilla al entrar a matar. Y un picador se fracturó un dedo tras un batacazo.


El Algabeño frente a un berrendo de Palha

Como sucede con otras vacadas temidas, no es que haya causado percances gravísimos pero cuando se crea psicosis con un hierro, no hay manera de quitarla de la cabeza de los toreros. 

Otro herido grave fue el novillero catalán José Huguet, Mellaíto. Había empezado con Armengol en la cuadrilla de niños toreros barceloneses. Ese  berrendo que ven en los corrales de Barcelona, de nombre Escapulario, le pegó una cornada en el tórax que lo retiró de los toros. Fue en junio de 1889:



De hecho, Joao Folque afirmaba en un aperitivo con El Cid que sólo faltaba una cosa a su histórica ganadería para entrar en la leyenda y era matar a un torero. El de Salteras puso cara de póquer al escuchar la salida de pata de banco del portugués y no hizo ningún comentario.

Rectificaremos a medias a Folque porque sí hay dos diestros muertos aunque no por toros sino por novillos suyos. Eran toreros de alternativa que habían renunciado a ella. 

El primero fue Ignacio Donoso, Pelucho. Murió tras una cogida el 1 de septiembre de 1923. Fue un puntazo en el riñón que le pegó el novillo. No parecía muy grave pero murió el mismo día. Se comentó si la causa última no habría sido alguna complicación en el cerebro producto de una cornada terrible sufrida un año antes en la cabeza que le partió el hueso frontal. Los amigos que nos leen desde Pamplona deberán saber que esta cogida tan fea fue la que estrenó la enfermería de la plaza nueva de su ciudad en 1922. El toro era de Cándido Díaz y el diestro venía como banderillero de Lalanda.

El otro finado fue Félix Merino Obanos, quien murió también por cogida de un palha. Sucedió en Úbeda el 4 de octubre de 1927 cuando el novillo lo empitonó por el muslo al tomar el olivo. El diestro falleció inopinadamente cuatro días después en Madrid.  



Don José se presentó en la capital el cuatro de noviembre de 1883 y ésa es la fecha de la antigüedad que sigue constando en la Unión. Pero la verdad es que aquel día fue una corrida mixta en la que únicamente se lidiaron a pie tres. Además se saltaron la norma que regía entonces en Madrid de ofrecer sólo novilladas fuera de temporada. Hubo dos para los rejoneadores portugueses Alfredo Tinoco y Luis do Rego. Los otros tres más uno de Eduardo Shelly los mataron Bocanegra y Fernando El Gallo. José Ruiz, Joseíto, iba de sobresaliente y mató a estoque los dos de rejones.

Fueron 'de pocas libras y poco respeto, toros de mentirijillas'. Incluso alguno hizo la gracia de jugar con el apellido del propietario diciendo que habían resultado 'toros de paja'. La pinta, cuatro negros y uno retinto, ya se ve que no había aparecido todavía la sangre de Veragua.


Bocanegra tras dejar una estocada contraria y pescuecera


Hubo tres corridas en 1889 que son las que comenzaron a otorgar fama de terrorífica, que no de brava, a la ganadería.

La primera fue la verdadera presentación. La mataron los abuelos el 28 de abril. Así es como llamaban a un Lagartijo y un Frascuelo de casi cincuenta años. Pasaron las de Caín con los toros portugueses, que sacaron 'más pies que un ciempiés'. Toros 'ágiles y fuertes, de pies inacabables, enseñaron a los jóvenes lo que eran los antiguos toros de Colmenar o los castellanos viejos'. Frascuelo dijo que si no llega a ser por Juan Molina, se van vivos por lo menos cuatro. Esa corrida retiró a Salvador: 'me faltaban las piernas, me ahogaba...' Para Bleu, poco condescendiente habitualmente con los toreros, fue 'una corrida áspera, dura, difícil, fatigosísima y desesperante'.

Mataron quince caballos y tomaron cuarenta y nueve varas (en otros sitios, trece y cincuenta y dos, porque hemos comentado en nuestro blog muchas veces que no se aclaran en las crónicas antiguas ni con una cosa ni con la otra). Si nos quedamos a secas con esos datos, los aficionados que se dejan impresionar fácilmente por semejantes cifras lanzarán las campanas al vuelo pensando que aquello fue un dechado de bravura. Pues resultó que 'salieron despavoridos todos del hierro', con lo cual ya pueden suponer que no fueron varas sino picotazos. Pero es que el tercero saltó la barrera una vez, el segundo cuatro y el cuarto dos. Esperen, no se vayan: el quinto la saltó ocho veces (en un diario pone diez) y el sexto cuatro más. Diecinueve veces en total, ¿qué les parece? ¿En qué quedan esas decenas de varas y esos caballos muertos al lado de esto?


Un derribo de uno de Palha en Madrid (1900)

Aun así, ese cuarto, de nombre Criminoso, que mató tres caballos y tomó diez varas (cuatro y once para otros), fue ovacionado en el arrastre y los aplausos se dirigieron al palco número 114, que era el del duque de Veragua, donde seguía el festejo el ganadero.

Dado que el personal quedó contento al ver cómo habían sudado tinta ambos maestros ante estos ejemplares, la empresa compró otra corrida para dos meses después.

Se dio el día de san Antonio y la mataron mano a mano Mazzantini y Guerrita. De poco sirvió a don Luis que Frascuelo le hubiera dado la alternativa y Lagartijo se la confirmase. Anduvo tan aperreado que no quiso volver a ver palhas en su vida, Ésa fue la razón de que se negase a matar un ejemplar de este hierro en la corrida concurso que comentábamos hace dos entradas.

Salieron toros de excelente lámina, berrendos, ensabanados, botineros y capirotes. Fueron tan bonitos que uno de los revisteros dio este consejo a don José: 'cúidese menos de la estética y procure que sean más bravos'. Los datos bajan un poco respecto a la corrida anterior: cuarenta y cinco varas y doce caballos muertos. Para que se hagan una idea de su bravura, fueron 'sosos y tan tardos que hubo que echarles encima los caballos'. Ya saben ustedes que los picadores tenían suculentas propinas de los ganaderos para hacer eso y evitar el fuego.


Mazzantini frente a un jabonero de Palha que fue criticado por cornicorto


La tercera corrida de ese mismo año que sembró el miedo fue en Ciudad Real el diecinueve de agosto. Resultaron heridos Hermosilla y dos banderilleros. Los toros mataron veintiocho caballos. El sexto saltó al callejón 'doce o catorce veces' (sic en una crónica, mientras que en otra escriben 'más de diez' ya que se cansaron de contar).

Ese sexto decidió no volver al ruedo tras una de las veces que saltó. Allí le clavaron las banderillas, 'llevaba palos por todo su cuerpo'. Y ahí tuvo que meterse Currito para intentar matarlo a base de pinchazos en cualquier sitio: 'uno de los peones le clavó un estoque por la barriga en dos ocasiones y Currito el suyo por los costillares', imagínense la escena. No consiguió matarlo y el de Palha volvió al corral donde un inspector de policía, el señor Moreno, lo liquidó al tercer disparo con su arma reglamentaria. 'Seis toros he matado a Palha ¡y ni uno más!' dijo el diestro al acabar.


Toro de Palha en el callejón de Madrid. Correspondía a Antonio Fuentes (1901)

Lo mismo había dicho Mazzantini y lo mismo dirá Gallito el último día de agosto de 1913. Belmonte, ni eso porque jamás mató ninguno. No es de extrañar que el trianero considerase a Larita como el torero más valiente de todos ya que llegó a encerrarse hasta tres veces con palhas más otra como novillero.

Hubo en Madrid una accidentada novillada de Palha el 13 de octubre de 1929. Actuaron seis novilleros que mataron sendos ejemplares de Palha, 'broncos, duros, difíciles y con poder'. Cuatro de los seis chavales resultaron cogidos, varios más de una vez, aunque afortunadamente sin consecuencias que lamentar.

Novillo de Palha en Madrid, Hace el quite
Manuel García Revertito (1900) 

El citado Matías Lara, Larita, fue quien más reses de Palha mató. Se despidió de novillero en Barcelona matando seis e hizo lo propio como torero anunciándose con otros tantos en Madrid. 

Recuerden esta memorable chulería suya tras volver de América cuando dijo al empresario de Madrid lo siguiente:

'vengo forrado de América, anúncieme con esos dos niños en Madrid pero no con cabras sino con toros alimentados con habas y que tengan árboles en el testuz... yo mato los míos sin cobrar'

Los dos niños eran Gallito y Belmonte...

Además de aquella despedida como novillero se encerró tres veces con palhas durante su carrera: en Madrid en 1916, en Barcelona en 1926 y en su despedida madrileña de 1933, aunque en esta última ocasión fueron cinco más uno de Aleas. Además cortó un rabo en la capital en 1921, el segundo de la historia, y a un palha que fue asado. Recuerden aquella entrada con sus memorables y divertidas andanzas pulsando aquí.


Larita ante un novillo de Palha en su encerrona de Barcelona

Los herederos de don José variarán el encaste a su muerte. Podemos decir que los últimos palhas genuinos que se lidiaron en Madrid murieron el 24 de mayo de 1936 en Vistalegre. Los mataron Manolo Martínez junto a Rayito y a Luis Morales, tres toreros de segundo nivel. Los toros salieron 'bien presentados, mal picados y peor toreados, todos reservones y avisados'. Martínez fue arrollado por el cuarto y tuvo que irse a la enfermería con una buena paliza a base de varetazos. Morales salió a hombros pero por los que buscaban la propina de los capitalistas, no porque hubiera motivo taurino de peso.

Como nos estamos alargando más de lo reglamentario y no queremos cansarles, dejamos para otra ocasión la prestación de Gallito frente a estos toros en las tres únicas corridas que mató.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

sábado, 6 de febrero de 2021

DE LOS GATOS MUERTOS AL PAPEL HIGIÉNICO

No cabe duda de que el pueblo español se ha civilizado. Como decía Ortega, es imprescindible conocer la historia de la Tauromaquia para entender la de España. Si nos fijamos en los objetos que se lanzaban a los ruedos para mostrar descontento, veremos que el camino civilizador ha sido recorrido por los españoles con resultado óptimo.

De hecho, la última vez que vimos lanzamiento de almohadillas fue con motivo de la fallida encerrona del pobre Fandiño (recuerden aquí nuestro comentario). Cayeron algunas, no muchas, aunque de ésas de Las Ventas que son verdaderos proyectiles.


FOTO: Javier Arroyo

A mediados de los cincuenta se puso de moda en Madrid arrojarlas como muestra de contento. Duró poco porque se criticó mucho. Vean a Gregorio Sánchez la primera vez que salió por la Puerta Grande de Madrid. Es la corrida de la Prensa de 1956. Las almohadillas son de alborozo, no de enfado:



A principios de los setenta la moda varió hacia los rollos de papel higiénico pero esta vez como descontento. Llovían especialmente contra el Faraón aunque también contra Paula. Salvo error, una de las primeras veces que se vieron fue en esta corrida de El Puerto en el verano de 1968:



Cuatro orejas y dos rabos para Manolo, dos orejas y rabo para Diego y dos broncas para Curro por matar a su primero de cinco pinchazos y dos medias a paso de banderillas y a su segundo de un alevoso bajonazo con degüello.


Protestas contra Curro en El Puerto, esta vez en 1975
(Alcalde, dos orejas; Paquirri, una y Curro, dos broncas)

En su querida Sevilla también cayeron rollos más de una vez. Curro se lo tomaba con aquella retranca suya diciendo que:

'Bien mirado, tiene mérito que cuando yo toreo haya uno que salga de su casa con los rollos de papel higiénico mientras su mujer lo mira preocupada. Luego recorre Sevilla en transporte público con todo ese papel, aguantando también las miradas de los demás hasta que llega a la plaza... Y si estoy bien, tiene que volver a atravesar Sevilla con el papel. No hay duda de que eso tiene mucho mérito'.

Más mérito tendrán los que salgan de casa con un orinal, como le tiraron en Las Ventas con ocasión de aquel petardo histórico en el mano a mano con Paula. 


FOTO: ABC

Fue en mayo de 1975 con toros de Fermín Bohórquez:



Pero cien años atrás, los adversarios de Cara-Ancha lo esperaban con material arrojadizo bastante más desagradable.

Al bueno de José Sánchez del Campo, Cara-Ancha, lo quisieron encumbrar como rival de Lagartijo, que era siete años mayor. En la corrida sevillana donde se enfrentaron el campeón contra el aspirante, el califa le pasó la mano por la cara y Cara tuvo que doblar la rodilla. Fue en mayo de 1879. A plaza llena se lidiaron murubes de la viuda que mataron veintiún caballos. Dicen que el califa estuvo superior en quites y fulminante con la espada.



Como el enemigo de mi enemigo es mi amigo, los frascuelistas hicieron causa común con él contra Rafael. A pesar de que Lagartijo le había confirmado la alternativa en 1875, siempre hubo entre los dos un pique que a punto estuvo de llegar a las manos con ocasión de un quite. Fue en Málaga en 1882.

Tras un batacazo, acudió Cara-Ancha presto al quite pero éste correspondía a Lagartijo. Llegó el de Córdoba y se encaró con el de Algeciras oyéndose palabras gruesas. Apareció Perico, el hermano de Cara, quien sujetó a Rafael. Cuando ya se iba a escapar alguna bofetada que hubiera caído en la mejilla de Lagartijo, se interpuso Juan Molina, que pegó cuatro gritos:

'A ver, ¡ustedes! ¡Dejarse de pamplinas!'

Y como niños a quien riñe el maestro, ambos cogieron los capotes y se disolvieron. Luego celebrarían una cena de hermandad que se desarrolló en clima de cordialidad pero siempre quedó una brasa de resquemor en ambos corazones.



Los partidarios de Fernando, El Gallo, también sentían especial animadversión por Cara-Ancha y fueron quienes se presentaron en Sevilla con cencerros. Lo del ruido era habitual porque Lagartijo también tenía que tragar con los campanilleros, frascuelistas maleducados que hacían sonar la percusión durante los trasteos del califa que no eran de su agrado.

Pero aquel día, además de los cencerros y abundantes latas, llevaban un arsenal de gatos, ratas y murciélagos muertos. Todo con intención de montar el número lanzándolos al ruedo en caso de fiasco del diestro. No hubo tal. Cara-Ancha salió airoso a pesar de que hizo el paseíllo muy preocupado porque era consciente de la inmunda y gitanesca trama, como la calificaron sus partidarios. 



Al acabar hubo algunos palos en los aledaños entre partidarios y detractores del maestro pero los gamberros se volvieron a casa con la percusión y los cadáveres. No llevaban conejos muertos porque ésos iban a la cazuela pero no descarten que algunos de los gatos acabasen también en la olla. Aquí en España se han ingerido millones de gatos. Recuerden esta entrada cuando el mayoral histórico de Llen, nacido en 1932, contaba aquello de que:

'Se metía en la sartén cualquier cosa que se moviera: erizos, zorros, gatos, lagartos, ginetas... Se retorcían al freírlos como si estuvieran vivos.'

A pesar de la rivalidad entre los partidarios de El Gallo y los de Cara-Ancha, el otro hermano de éste, Manolo, fue banderillero de ambos. Probablemente ambos maestros ya habían coincidido antes como peones con Bocanegra y Gordito. Además El Gallo lo fue en ocasiones del propio Cara-Ancha. Hablando de banderillas, pulsen aquí para leer esta historia de nuestro protagonista con una banderilla.



Cara-Ancha había empezado como peón de Chicorro, Bocanegra y Gordito. Las cornadas le hicieron bastante daño por culpa de lo fornido de su cuerpo, como ven en las fotos. La primera la recibió en el perineo con diecisiete años en una capea en Sanlúcar y casi lo manda al otro barrio. Tiene una calle dedicada en Aznalcázar, otras en Sevilla y Málaga más ésta de abajo en su Algeciras natal:



Le dio la alternativa Manuel Domínguez, se mantuvo durante veinte años y le hizo un pasodoble Luis Aruedo. Al hilo de la polémica hace cuatro entradas con el peso de Cucharero, el bueno de Pepe reconocía haber matado toros que pesaron 450 kilos en canal. Esto quiere decir unos 780 kilos en vivo. 

Ya retirado fue alcalde de Aznalcázar, donde vivía en su finca de Las Nieves. Curiosamente su mujer se llamaba Mari Nieves. Ahí lo tienen a caballo por la marisma:



Antonio Machado tiene un poema donde retrata a un hombre del siglo XIX que empieza con una referencia al maestro:


'Este hombre del casino provinciano
que vio a Carancha recibir un día,
tiene mustia la tez, el pelo cano,
ojos velados por melancolía'


Y es que Cara quiso especializarse en la suerte de recibir, que había caído en desuso durante la rivalidad entre Lagartijo y Frascuelo.



Aquí lo cuenta:



Él confesaba que no veía la muerte recibiendo porque en cuanto se perfilaba, se arrancaba sin querer al volapié. Hasta que un día de 1881 se encontró frente a un toro de Aleas de nombre Calceto y lo fulminó en la suerte de recibir tras pinchar en la primera entrada:



Fíjense en cómo la prensa destaca con mayúsculas lo inusual de ejecutar esa suerte en aquel tiempo:




Esta lámina de abajo ilustra su cogida en Sevilla en 1891. El toro es Mariposo, de Anastasio Martín. Lo corneó en la tripa pero tras caer herido, se levantó, volvió a entrar y dejó media ¡contraria! Se retiró por su propio pie a la enfermería. Allí le diagnosticaron una cornada de veinte centímetros en el vientre que le hizo plantearse su retirada. Tenía cuarenta y tres años:



Ese comportamiento un tanto soez del lanzamiento de animales muertos ya ha quedado proscrito. Ciento cuarenta años han pasado y ya no se arrojan ni almohadillas. La gran rivalidad de los toreros, que les hacía no mirarse a la cara en el patio antes del paseíllo, ha devenido en besuquearse al llegar. Sólo falta que se den palmaditas en el trasero como algunos deportistas. 

Por eso decíamos que el camino civilizador del pueblo español ya discurre dócilmente por los cauces buenistas que impone la sociedad actual. ¿Cómo nos veremos dentro de otros cien años? ¿Cómo serán entonces las corridas?

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

jueves, 14 de enero de 2021

LAGARTIJO (5): MEDIA HORA LUCHANDO CONTRA 'CUCHARERO'

La ganadería de José Anastasio Martín la tenía atravesada el bueno de Lagartijo. Recuerden aquí que en el capítulo anterior de nuestra serie dedicada al gran maestro nos hacíamos eco de lo mal que lo pasó contra Sevillano en Madrid. Fue el 27 de junio de 1875 y la lidia se alargó hasta los treinta y cuatro minutos cuando lo normal eran menos de quince. El presidente estuvo muy condescendiente con el maestro.

La vacada la formaron en 1834 con reses murubeñas de la misma sangre que las de doña Carmen de Federico. 



Con el tiempo, este hierro que han visto junto a la divisa verde y encarnada fueron a parar a la família Sánchez-Urbina quienes, a partir de 1965, herraron con él sus reses:



Dos años después, el 3 de junio de 1877, se anunciaban Lagartijo y Chicorro frente al mismo ganado en Málaga. Ambos iban de azul y oro, pero el de Algeciras, con los cabos negros. A plaza llena, Cucharero se lidió en tercer lugar. Siempre se recuerda esta anécdota:



En otros sitios dicen que las palabras fueron:

'A este pájaro lo va a matar su padre'

El toro era negro azabache, bragado y astracanado, bastante astifino y muy alto de agujas. Se ve que se acercó a la barrera y se rascó el morro en el filo de las tablas sin levantar la cabeza. Su peso en canal equivaldría como máximo a unos 530 kilos en vivo (aunque sobre el peso lean la polémica abajo en los comentarios).

Ese nombre fue típico en las ganaderías de Concha y Sierra, de Laffite, de Martínez, de Miura e incluso en algún jabonero del Duque. El que mató a José Falcón en Barcelona, de Hoyo de la Gitana, era Cuchareto y no Cucharero como se lee en algún sitio (recuerden que lo contábamos aquí). Hubo un banderillero que llevó ese apodo, el madrileño Emilio Pinar. Anduvo en la cuadrilla de Paco, el hermano de Frascuelo quien, junto al propio Lagartijo, inauguró en 1883 la plaza de toros de Tarragona, a veinte metros de donde escribimos estas líneas.


La plaza de Tarragona, llena hasta la andanada en 1925

Volviendo a Málaga, el toro iba barbeando las tablas haciendo amago de saltar nada más acceder al ruedo. El picador Julio Fernández, tuvo este diálogo con el banderillero Antón:

- Mariano, hasta luego.          

- ¿Dónde vas? 

- A la enfermería, allí nos veremos todos.

Fue el primero en hacer frente a Cucharero. Cuatro varas le puso de las que una no cuenta porque resbaló sobre la divisa. Tuvo dos caídas y la segunda lo llevó de cabeza al callejón 'y por poco no lo acompaña el caballo' según la crónica. 

Siguió José Calderón: tres varas más, dos caídas y dos caballos muertos.

Continuó Antonio Calderón: dos varas, dos batacazos y un caballo muerto. Cayó sobre el poste de la barrera y se rompió la clavícula izquierda.

Finalizó la sesión el reserva, José Pérez, con dos varas, dos caídas y los dos caballos muertos.



En total, diez varas, seis caídas y cinco caballos muertos pero el toro apenas sangraba. Resulta que pegaba el certero gañafón al caballo y salía de naja, nada que ver con un toro mínimamente bravo. Ya pueden deducir que las varas debieron de ser como los picotazos actuales. En una de las crónicas lo dejan claro:



Entre el tamaño del toro y su comportamiento en varas, la inquietud de Lagartijo iba en aumento. Se sentó en el estribo a ver cómo intentaban poner los palos sus banderilleros con el bicho aquerenciado en tablas. Tuvieron trabajo porque no podían al sesgo y era laborioso sacar al animal de la madera. Al final le pusieron dos pares de los cuales sólo quedó prendido uno muy bajo en el costado.

Cuando el maestro salió con la muleta lo hizo acompañado de toda la cuadrilla y de su colega Chicorro. Dicen que había un gran silencio en la plaza, mezcla de expectación y preocupación. A otro torero no lo hubieran respetado tanto.



Le pegó cinco pases de cualquier manera mostrando una desconfianza que no se esforzó en disimular. Los otros siete fueron ya para intentar cuadrar al díscolo Cucharero. A la hora de matar dio un sainete por no querer meterse en tablas para pegarle un mandoble en su querencia. No obstante, el cariñoso público malagueño siguió mostrándole su consideración:



Primero fue una estocada a paso de banderillas, el toro hizo hilo con él y fue su hermano Paco quien desde el callejón arrojó su sombrero cordobés y le hizo el quite oyendo una ovación. 

Juan capitaneó una semi-rueda de peones intentando ahondar el estoque, cosa que lograron, pero el toro no parecía acusarlo. Todo el mundo vio la prevención del diestro para no hacer la suerte en los adentros:



Con la espada clavada, entró Lagartijo de nuevo entre dos caballos muertos, donde el toro se había hecho fuerte, y pegó un metisaca. Nueva estocada que queda clavada a centímetros de la primera y golletazo final también a paso de banderillas.

Con los tres estoques clavados, el toro dobló pero aún se levantó tras el primer cachetazo fallido de Paco Molina. El reglamento prohibiría con el tiempo que se entrase a matar con un estoque clavado en el cuerpo del animal.

Se dice que Lagartijo tardó treinta minutos en acabar con Cucharero. Deducimos que hablan de toda la lidia y no de la faena de muleta. El público orejil aplaudió pero los aficionados no perdonaron a Rafael:



El califa ordenó cortar la cabeza del toro y se la llevó a su casa. Se suele leer que pesaba 101 kilos pero no se dice que ese peso incluía el cajón donde iba metida. Y debía de ser un cajón muy pesado porque en aquella época las cabezas se disecaban sin el cuello, no como ahora.

También leerán ustedes que el diestro la emprendía a bastonazos con ella muchos años después cuando estaba enfadado. Pocos meses antes de morir, la regaló a la Asociación de la Prensa de Madrid.

La cara alegre de aquella corrida para él fue el toro Cigarrero, que tomó dieciocho varas, en una de las cuales la garrocha le penetró medio metro. Lagartijo clavó banderillas cortas junto a Chicorro y después de cuatro pases lo pasaportó de un buen volapié. Pueden suponer que fue muy ovacionado por el bondadoso coso malagueño. 

La corrida se saldó con sesenta y ocho varas, diecisiete batacazos y veintiún caballos muertos.


En Málaga, pasados 11 años, con toros de Arribas

Dos meses después se anunció el maestro en Cartagena junto a Cara-Ancha. Los toros eran otra vez de Anastasio Martín y entre ellos había otro Cucharero hermano del de Málaga. Como pueden suponer, Lagartijo no quería ver más cucharas ni en pintura y lo mató Cara-Ancha. Salió en cuarto lugar, tomó once varas, con nueve caídas y dos caballos muertos. Tras diez pases y una toma de olivo, Cara-Ancha lo liquidó de media delantera, pinchazo y estocada. Tuvo suerte porque el toro se fue resabiando con el paso de los minutos:



Lagartijo había confirmado la alternativa de Cara-Ancha en 1875, la tarde en que uno de Miura mató al valenciano Mariano Canet, Llusío. La cornada fue en la yugular a la salida de un par.

Ya que estamos, el compañero de Lagartijo aquella tarde malagueña de Cucharero fue este hombre, José Lara, Chicorro, también de Algeciras, como Cara-Ancha: 



Aprovechando su presencia, recordaremos su excelente prestación en Madrid un año antes ante Mediasnegras, un berrendo en negro botinero de Benjumea. Iba de esmeralda y oro y fue el 29 de octubre de 1876. Hizo el salto de la garrocha y recortó al toro a cuerpo limpio arrancándole la divisa para subir al palco real a ofrecérsela a Alfonso XII:



Luego puso tres pares de banderillas y entusiasmó a todos con la muleta:



Mató de pinchazo y entera sin puntilla. Entonces sucedió esto:



Lo del manicomio de Las Ventas pudo aplicarse perfectamente a lo que se vivió, de manera que se regaló el toro muerto al diestro. Éste se acercó con la puntilla, le cortó una porción de la oreja y la paseó en triunfo. Fue la primera vez en la capital que sucedía algo de ese género pero no llovió a gusto de todos:



Pues ya nos hemos entretenido a cuenta del mal rato que pasó el bueno de Rafael ante el manso Cucharero. Han podido comprobar que la fama de que goza el animal no es por sus propios méritos. Se la debe a quien tuvo delante y no a su comportamiento, alejado totalmente de lo que cualquiera entiende por bravura. Esas diez varas y los cinco caballos muertos son un espejismo total, como en muchos otros toros de antaño. Cucharero fue un buey, ni más ni menos. 

Si les apetece echar otro rato con algunas andanzas del gran maestro califal, pulsen en cada capítulo y así acceden sin tener que buscar en las etiquetas:


-  EL DÍA QUE LLORÓ PONIENDO BANDERILLAS                    

-  EL CHICO DEL MATADERO                                                          

-  ¿QUIÉN CALENTÓ A FRASCUELO EN GRANADA?                

-  EL DÍA QUE OYÓ TRES AVISOS EN MADRID...LOS    MISMOS QUE FRASCUELO EN SEVILLA


Para despedirnos, dos fotos de otro Cucharero bastante más dócil que el de Lagartijo:



Era un contreras de los hermanos Peralta. Le daban de comer en la mano y deambulaba por la finca con total libertad sin hacer ni un mal gesto, fisgando por todas partes con esa curiosidad que muestran las imágenes.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa


Lea Vicens aprendió a rejonear en casa de los Peralta
con un pariente de Cucharero del mismo nombre