Mostrando entradas con la etiqueta Sao Torcato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sao Torcato. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de julio de 2018

CÉRET DE TOROS, 2018 (1): SAO TORCATO, LAS AMISTADES PELIGROSAS

Comenzó la feria de Céret con el experimento portugués de los Pinto Barreiros de Sao Torcato. Los que esperábamos una sorpresa en forma de fiereza, temperamento o casta quedamos defraudados. Ya dice su propietario, don Joaquim Alves, que 'es difícil criar un toro que ponga de acuerdo a todos, al torero, al público, al empresario, al ganadero...' Hombre, nosotros le diríamos que el toro encastado pone de acuerdo a todos menos al torero y a su apoderado.



El problema es que el señor Alves es íntimo amigo de El Juli, cuyo padre medió para que comprase la ganadería con hierro, divisa, libros y demás. Eso son amistades peligrosas y en los toros, donde las ecuaciones fallan muchas veces, en esta ocasión podría no fallar ésta:

JOAQUIM ALVES + EL JULI = SAMUEL FLORES + PONCE

Para nuestro gusto, corrida vareada y de correcta presentación destacando en trapío el más liviano, de 480 kilos, 'Canario', precioso de lámina:



Son toros que parecen más pesados de lo que son, de hecho la corrida dio una media de 505 kilos. El primero era castaño ojinegro: 



Se astilló nada más rematar en el burladero, igual que otros dos. No sabemos si habrá análisis de astas tras la polémica del año pasado que pueden recordar aquí:



El segundo era cornalón, gacho, cornidelantero y bizco del derecho:



El tercero era cornalón y acapachado:



El cuarto era el más armónico, como decíamos antes:



No sabemos qué significa esa P que se aprecia en el morrillo. El quinto, un colorado ojo de perdiz, bocidorado y ligeramente anteado (al del hierro se le ha ido la mano con los números):



Todos los aficionados coincidieron en que el sexto parecía de Samuel Flores:



Era chorreado en morcillo y no castaño. También se le nota la P. Aquí lo tienen cuando ya se había astillado ambos pitones:



Diecisiete veces acudieron al peto pero las peleas fueron discretas, nada memorable. Se dejaron torear sin problemas y la cosa transcurrió dentro de una habitual vulgaridad.

ROBLEÑO. Su primero renqueaba de los cuartos traseros y no fue el único. Nadie lo protestó. Buena brega de Puerto cuidándolo y un gran par de Jesús Romero, salvo  que andemos errados. El toro no era para Robleño porque era fijo, obediente al cite y suave en la embestida.



Era un toro para que Robleño 'se gustara' y cuando Robleño se gusta, no nos gusta a nosotros. Robleño tiene que ir a la pelea, a partirse la cara con toros revoltosos y broncos. Componer la figurita pasándose el toro lejos abusando del pico es lo que hizo y lo que le censuramos (nadie protestó el clamoroso arqueo de la muleta porque aquí el diestro es hijo predilecto):



En la estocada tuvimos que estar al quite para silbar rápida y sonoramente nada más ver el horroroso bajonazo que perpetró delante de nuestra localidad. Es que hubo un grito de alegría cuando enterró la espada, en eso Céret no se distingue de ninguna plaza española de pueblo o de capital. Ahí lo tienen:



Muy bien Cisé desoyendo la absurda petición de oreja.

Su segundo iba con la cara alta y en el caballo ya se quería quitar la puya. Si encima le picas tan trasero, el problema se agrava para el diestro, pero todo les da igual:



César del Puerto colocó este buen par:



El toro resultó revoltosillo pero sin maldad y Robleño tiene oficio de sobra para que un toro así no le saque los colores. Lo metió en la muleta y fue en mala hora porque se dedicó a pegar pases sin piedad para el espectador. 



Menuda tabarra nos dio. Terminó con una estocada sin puntilla pero caída y con degüello.

JAVIER CORTÉS. Lo tenemos calado: Cortés es de los que mata los toros en el caballo. Aquí tuvo dos colaboradores de lujo que pegan más duro que Tyson. La diferencia es que cuando pegaba Tyson el árbitro se interponía tras el tercer guantazo y paraba el combate. Aquí nadie paró a Majada y Réhabi. Pegaron sin piedad a los pobres animales con la anuencia culpable del maestro. 

Éste es el mayoral de Victorino, Félix Majada, a quien sufrimos las tres tardes dando más cera que en un velatorio: de vergüenza. No obstante a su primero lo picó Moli que es quien lo citaba desde el lado del caballo para que acometiese. Ahí está picando contrario y tapando la salida:



Y el otro fue Gabino Réhabi, a quien recuerden que aquí ya le españolizábamos el nombre porque parece un vulgar picador 'typical spanish'. Véanlo picando en el lomo ¡Qué mal, Gabino! Los caballos de la cuadra de Sevilla, ¡pésimos!, con mención especial para este tordo resabiado y casi imposible de dominar, un verdadero desastre:



Los que sigan a Cortés hagan el favor de comprobar lo que hemos dicho cuando lo vean actuar. Neiro puso dos buenos pares y el toro se vino un tanto arriba en el segundo tercio. Parecía que íbamos a ver algo notable pero el problema fue que Cortés puso ganas y destoreo a partes iguales:



El diestro vivió fuera de cacho permanentemente y la cosa quedó diluida en un adocenamiento exasperante. Pinchazo recibiendo y esta estocada desprendida:



Bella muerte del toro, que propició el ambiente favorable para una oreja barata:



En su segundo Réhabi dio un recital de picar trasero, rectificar y barrenar. Al final hizo no menos de cuatro agujeros diferentes al pobre animal mirando ostentosamente a su jefe como indicando que cumplía órdenes (cosa que no dudamos). Mientras, Cortés se hacía el loco, por supuesto. Vean dónde está la sangre, debería caerle por el morrillo a la parte delantera del brazuelo y le cae toda por detrás:



Con tanto pincharle trasero el toro descompuso la cara y la llevaba por las nubes. A pesar de ello, Antonio Molina puso este buen par:



El maestro se picó con el Robleño del cuarto y pensó 'si éste es hijo predilecto aquí pegando pases, yo voy a pegar más que él a ver si me hacen hijo adoptivo'. Y se puso a picar piedra de manera inmisericorde en medio del aburrimiento general. 



Casi media atravesada y buena estocada arriba más dos descabellos. Fue la mejor de toda la feria, la única entera arriba:



Por resaltar otra cosa positiva de la labor de Cortés, decir que hizo lo único aseado que se vio con el capote en toda la tarde, al quinto:



JUAN LEAL. Destorea a gusto y no sabe matar. Ambas cosas las comprobamos en su primero. Ahí le ven fuera de cacho, retorcido y arrastrando la muleta:



Y aquí el saltito que pega antes de llegar a jurisdicción cuando entra a matar. Se queda en la cara aunque por lo menos no se alivia tapando la del toro, eso hay que reconocérselo. Observen la foto:



Nos van a permitir una autocita de cuando en marzo comentábamos los carteles de Céret:

"Hablando de estocadas, habrá que rezar para no asistir a una desgracia ya que el tercer espada es Juan Leal. Lo decimos porque tiene el problema grave de que se tira a matar a lo loco y sin cruzar. Suele salir trompicado y está cercano el día en que se llevará una cornada fea en esta suerte". 

Pues el percance sobrevino en el sexto. Antes, este par de Agustín de Espartinas que es quien lució más elegante con ese terno purísima y blanco: 



Ese sexto mereció más que los mantazos fuera de cacho que siguió recetando Leal. El toro estaba casi tan aburrido como nosotros y cuando el diestro inició el arrimón, lo arrolló sin consecuencias excepto los desgarros en el vestido. Los arrimones ridículos valen una oreja en Madrid cuando preside Gómez (recuerden aquí), pero en Céret se silban si lo que hay delante no tiene entidad.

Se levantó sin mirarse y tras un par de tandas más que no terminaron de calentar al público entró a matar a su manera atrabiliaria, que recuerda la de Cayetano que criticábamos aquí pero sin la habilidad del madrileño para salir casi siempre airoso:



El toro lo encunó y lo levantó por los aires afortunadamente sin consecuencias graves:



Y ahí acabó todo. Ya ven que la cosa fue para olvidar. 'Una más', nos decía con resignación un buen aficionado amigo nuestro al finalizar la corrida. Ya, sí, una más, pero es que no venimos a Céret con la idea de ver simplemente 'una más'...

No nos vamos sin anotar dos detalles. El primero, que las ventanas de los corrales estaban tapadas con chapas y no se pudieron ver los toros. El segundo, que no estaban puestas las fotos de los caballos de la cuadra de Sevilla como otros años ¿A qué viene todo este secretismo?

Lo de los caballos nos da igual porque son nefastos tanto en foto como en el ruedo. Absolutamente nada que ver con los de Bonijol, que se debe de reír  en su casa cuando ve las dificultades de los picadores para mover esos caballazos sevillanos. Pero lo de los corrales no nos parece bien y creemos que piensan lo mismo muchos más aficionados.


Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.