Los leyentes más fieles de nuestro modesto blog recordarán aquella anécdota que un día contábamos de Joselito Arroyo. Decía que ahora de ganadero le gustaba mucho que lucieran sus toros pero que cuando era torero no tenía ningún interés en hacerlo porque los aplausos tenían que ser para mí, no para el toro, ¡para mí! y lo recalcaba dos veces.
Viene esto a cuento de Luis Miguel Encabo. Suponemos que quedó muy satisfecho del juego de sus toros en la gran corrida de Vic de este año aunque es posible que ya haya entrado en la lista negra de los toreros, para quienes la casta, cuanto más lejos, mejor.
Recordarán ustedes que criticábamos en aquel festejo al presidente Amestoy porque tras la tercera entrada al caballo de Provechito y su demostración tanto de poder como de bravura enseñó el pañuelo. Hubo una bronca unánime al palco y tuvo que ser Colombo el que girando el dedo índice le pidiese permiso para ponerlo una vez más.
Accedió y de esa manera tuvimos ocasión de que se nos pusiera la piel de gallina como decíamos en la crónica que pueden recordar aquí. El toro se arrancó sin tardear y al galope desde la otra punta y encima peleó de bravo. Todo para vergüenza y oprobio del presidente, a quien se le debería de haber caído la cara de vergüenza.
Se preguntarán ustedes qué tiene que ver todo esto con Luis Miguel Encabo. Es que ahora él es ganadero mientras que antes fue torero. Actualmente está encantado con que luzcan sus toros en el caballo pero antes...
Resulta que hace diecisiete años se lidió en esta misma plaza gascona un encierro de Charro de Llen con atanasios y no con lo de Daniel Ruiz que compraron después. El quinto se llamaba Velonero y lo habíamos retratado en el campo un mes antes del festejo, cuando visitábamos ganaderías por afición y para nuestra colección de fotos. Aquí lo tienen:
Estos otros también estaban apartados y ya que hemos ido a buscar en nuestro archivo, se los enseñamos. Uno presenta la pinta de melocotón que todavía sigue saliendo de vez en cuando en Dolores Aguirre:
Velonero había acudido tres veces al caballo entre ovaciones, cada vez de más largo. El diestro reclamó entonces el cambio de tercio al presidente con la mano. Nos hemos puesto en contacto con este último y nos aclara lo siguiente:
Encabo me solicitó con el dedo el gesto de cambiar el tercio tras la tercera vara y yo desde el palco le hice otro con los brazos como diciendo '¡no, por favor!, ¡vamos a ponerlo otra vez!' Aquella fue una situación totalmente contraria a lo sucedido entre Amestoy y Colombo. Luis Miguel Encabo accedió a mi petición y recuerdo que esa última vara fue extraordinaria. Luego cortó una oreja y se dio la vuelta al ruedo al toro
Efectivamente, así fue y la cuarta vara provocó un estallido de euforia en la plaza muy similar a lo del Provechito de Ibán. Además, tengan en cuenta que Encabo colocó el toro lo más lejos posible seguramente para que no se arrancase y así dejar en evidencia al presidente. Ahí tienen a su picador dando cera a Velonero. Es el portugués Rafael Da Silva, con quien daría la vuelta al ruedo después:
Por supuesto que este presidente está de acuerdo con nosotros en que en la pasada feria faltó generosidad en el palco con Colombo ya que él la había tenido con el toro y con el público solicitando ese cuarto puyazo. Con una petición de oreja que rondaba el 50% mostrarse tan cicatero no sólo no era lo más adecuado sino que pareció una vendetta por haber quedado la presidencia en evidencia. Añade a su explicación una cosa que resulta incomprensible en las plazas españolas:
Yo siempre he insistido a los toreros antes de la corrida en que si piden el cambio de tercio lo hagan desmonterándose para que no haya dudas. Es que si lo hacen girando el dedo índice queda la duda de si piden otro puyazo o están pidiendo el cambio. Aquel día Encabo pedía el cambio y fui yo quien insistió en ponerlo una cuarta vara. Muchos salieron pensando que era el diestro el que con su gesto quería seguir con el tercio de varas ¡pero había sido todo lo contrario!
Señores, decimos que esto es incomprensible en España porque ¿cuántas veces se da el caso por estos lares de que un maestro gire el dedo para solicitar otra entrada al caballo? Es todo lo contrario, lo mueven para cortar el tercio, tal como hizo Gómez del Pilar en la última concurso en Madrid con el de Pedraza, recuerden aquí. Luego montó el numerito de medio pedir otra vara al ver el descontento del respetable ¡cuando Sangüesa estaba ya en el callejón! Venga, hombre, a otro perro con ese hueso. Ahí tienen el dedito bobalicón de Gómez aquella tarde tras la segunda entrada, ¡y de espaldas al palco!
El Cordobés fue sancionado en 1966 en Zaragoza por solicitar el cambio de tercio directamente a la presidencia prescindiendo del delegado de la autoridad (sic, en el acta). Eso fue en virtud del artículo 77 del antiguo reglamento. En el actual, el artículo 72.6 no especifica la forma de solicitar el cambio, cosa que habría que cambiar urgentemente para que fuese obligatorio desmonterarse y mirar al palco. Si nosotros presidiéramos una corrida lo dejaríamos bien claro a los tres diestros antes de empezar.
No nos duelen prendas en decir que aquella tarde vicoise fuimos de los muchos engañados en el tendido con el de Charro de Llen porque el gesto de Encabo y el braceo del presidente lo interpretamos justo al revés, como si fuera el diestro quien solicitaba otra vara cuando lo que quería era acabar allí para que el toro no se agotase.
Pero es que no sólo no se agotó sino que embistió incansable siendo uno de los toros más completos que hemos visto en nuestra vida. Aquel año se llevó todos los premios en Francia. El hijo de José Ignacio Charro nos decía meses después que ellos fueron los primeros sorprendidos de que el toro durase tanto después de lo que se le había exigido en su brava pelea en varas.
Por eso a estas alturas de la explicación ya han entendido el titular. Los intereses de un torero y un ganadero son diferentes y el Encabo que puso a Velonero a regañadientes en una cuarta entrada no tiene nada que ver con el que disfrutó diecisiete años después en esa misma plaza viendo que el diestro enmendaba la plana al presidente con el de Ibán y el toro provocaba un rugido de alegría en el tendido cuando nos dio aquel espectáculo memorable.
No nos vamos sin recordar que con este presidente de Vic que nos ha aclarado lo que sucedió tuvimos un desencuentro ya que él estaba de asesor en la famosa tarde de Lamelas con Cantinillo cuando el palco le negó la oreja. A nuestras críticas respondió con una amarga carta que publicamos aquí y nos desafió a que aclarásemos las cosas en persona. Ni cortos ni perezosos cogimos el coche y nos hicimos los 700 km que hay desde Tarragona hasta su casa. Pueden recordar que lo comentábamos en esta entrada.
Aquello fue el inicio de una amistad que hace más de nueve años que dura.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



























