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lunes, 29 de marzo de 2021

CON UN MIURA, NADIE SABE DE TOROS

Vaya por delante que alabamos el esfuerzo de la empresa al organizar esta corrida. Hubo lleno de no hay billetes, lo cual consistió en 1000 personas por culpa de las restricciones.

Se anunciaron seis toros de diferentes ganaderías para un mano a mano entre Luque y Marín.

Las ganaderías tenían la condición de ser sevillanas. Nosotros echamos en falta la presencia de Isaías y de Aguirre pero entonces habría que haber buscado otros diestros. Los dos citados sabían que sólo tenían que tragar con un miura y un resina cada uno. El resto iba a ser coser y cantar.



Los toros estuvieron bien presentados, con trapío y en el tipo de su encaste. Eran todos cinqueños pero la listeza que dicen que da esa edad no la demostraron en ningún momento. Excepto el de Miura, los demás se mostraron lelos de comportamiento y ayunos de poder. Un puyazo a cada uno fue el triste balance del desolador tercio de varas. Estamos en España, no lo olviden.

El ambiente en el tendido era de frialdad. Los comentaristas se extrañaban: 'parece que estemos en el campo con este silencio, quizás sea la distancia entre espectadores'. Quizás, aunque no se les pasó por la cabeza que probablemente la clave era la falta de casta de los toros.

Haremos nuestro comentario siguiendo el orden de salida de las reses.


1. OSBORNE.  Se llamaba Cuco, de 475 kilos. En televisión dijeron que era burraco pero para nosotros era berrendo en negro, mosqueado, botinero y carinegro.



Aquí lo ven de cuerpo entero. Nos recreamos en la imagen porque lo único bueno que tuvo el toro fue la lámina:



En su único puyazo sufrió la barrena y salió suelto lógicamente. Era un torillo de mazapán, sin fuerza ni poder y tan soso como los garbanzos con bacalao que algunos de ustedes comerán el próximo Viernes Santo.



Lo de Luque no tuvo ningún interés. Acabó con una entera trasera, tapando la cara y sin puntilla.


2. PALLARÉS. Se llamaba Campanillero, de 520 kilos. Era cárdeno casi franciscano y cornigacho. 



Llegó bien picadito del campo, razón por la cual en el caballo no existió. Luego rodó por el suelo hasta cuatro veces.

Marín no se alivió tanto como otras veces pero es que el animalillo tenía menos vida que Walt Disney congelado.



 Lo mató de una entera fácil, muy trasera por llevar la mano alta.


3. PARTIDO DE RESINA. Se llamaba Relampaguito, de 480 kilos. Estaba perfectamente en tipo y tenía mucho trapío a pesar de su aspecto vareado:




En el único puyazo le taparon la salida como ven en la imagen y salió suelto:



Era el primer resina que mataba Luque y será el último. Salió con la muleta desconfiado y medroso. Desde fuera no nos pareció ni por asomo que fuera un barrabás. Creemos que la propia desconfianza del diestro hizo que el toro pareciera mucho peor de lo que era:



'¡Háblale!' le decían desde el callejón pero Luque no quiso hablar con nadie ni fajarse con Relampaguito.

Cuando lo estaba cuadrando, el resina le pegó un arreón formidable. En el segundo lo desarmó y por último se le quedó mirando con la cabeza por las nubes. Ahí lo tienen:



Todo esto no fue por casualidad sino para demostrar al maestro que no lo había toreado. Dos pinchazos huyendo y entera desprendida escupiéndose, sin puntilla. En televisión hablaban de la gran solvencia del diestro, de su oficio y de la buena lidia que había protagonizado (?).


4. MIURA. Se llamaba Bilbaíno, de 530 kilos. Era negro entrepelado, bragado, ojalado, cornialto y cornidelantero. Fue el toro de más interés por su desconcertante prestación.



Tomó un buen puyazo, empujando con fe y durmiéndose en el peto. Qué lástima no haberlo puesto más veces aunque fuera para señalar.



En el segundo tercio se enteró perfectamente de lo que estaba pasando. Recortó por el derecho escandalosamente, caminaba cruzado, esperaba... Se hizo el amo yendo de unos a otros mientras le clavaban las banderillas de una en una a como diese lugar. Con un último par a la media vuelta totalmente lícito en aquellas circunstancias, el presidente dio por terminado el calvario de la cuadrilla.

Bilbaíno esperaba a Marín para pedirle el carnet. Eso es lo que nosotros suponíamos tras el herradero en banderillas. Lo lógico era castigar al toro de primeras por bajo para enseñarle quién mandaba y quitarle de su cerebro cualquier veleidad que le recordase el hierro que llevaba.

Pero si vuelven al título verán que con Miura nadie sabe de toros. Resultó que Marín le dio de inicio cuatro pases suaves y muy templados, tratándolo con la misma dulzura que a una novia:



Ni siquiera le dio la salida por abajo para quebrarle la cerviz. Pues héteme aquí que el toro lo agradeció y a partir de esa suavidad aterciopelada, se olvidó de su origen y siguió la muleta con gran bondad. Vivir para ver. Suponemos que Morante, presente en el tendido, quedó tan desconcertado como nosotros. No sabemos si esa medicina le servirá de cara a su corrida sevillana con esta misma vacada.

Muy bien el maestro al echarse la muleta a la izquierda porque había visto que el derecho era peligroso. El Miura se tragó todos los pases sin novedad, observen cómo se venía:



Además Marín no permitió que el toro le puntease la tela en ningún momento. Con el animal ya sin fuerza, se echó la muleta a la derecha para demostrarnos que el toro había olvidado su condición de navajero por ese lado.

El único borrón fueron unas manoletinas al final totalmente fuera de lugar. Tuvo que enmendarse en las tres porque el toro no estaba para florituras y escarbaba mientras miraba al diestro:



Buena estocada pasada, ejecutada con lentitud y dejándose ver. El bondadoso público le otorgó una oreja que no nos molesta porque si hubiéramos estado presentes le tocamos las palmas sin ningún inconveniente. 



Este Marín sí que nos interesa, el de la ternera no. La duda que nos queda es qué hubiera pasado si el miura se pasa aquella dulzura de comienzo de faena por donde están pensando ustedes. Pero la cuestión es que tragó. A ver si resultará que si te pones ante un miura como ante un choto al uso, se rinde y colabora sin problemas. Ya nos lo explicará Morante.



5. MURUBE.  Se llamaba Maletilla, de 505 kilos. Era negro zaíno y cornigacho.



Hizo una vulgar pelea en el caballo mientras Quinta le pinchaba dónde ven ustedes. Para los de televisión, lógicamente, 'un buen puyazo en el sitio que ven'. Pues nosotros lo vemos en un sitio nefasto:



El toro saco un trotecillo que ni de broma recordaba al ínclito tranco murubeño. Luque lo llevó a media altura haciendo de enfermero.

Muñoz lo clavó en televisión cuando calificó al toro como 'justo de fuerza pero muy enclasado'. Traducido quiere decir toro de siesta con pijama y orinal.



Se sucedían las alabanzas sin cuento por parte de sus compañeros comentaristas mientras a nosotros nos costaba mantener los ojos abiertos. Telonazo al matar, dejando una entera trasera y perdiendo la muleta por no liarla bien. Dos orejas del bondadoso público moronero.


6. JUAN PEDRO. Se llamaba Revolera, de 485 kilos. Era colorado ojo de perdiz y bien encornado. Muñoz dijo que tenía las puntas acarameladas, cosa que no entendemos porque el calificativo de acaramelado hace referencia siempre al color de los cuernos y no a su disposición.



Acudió al caballo con mucha alegría pero no recibió ningún castigo. Se fue al suelo cuando salió dejándonos con la duda de si se había lesionado.

La verdad es que el torete no habría desentonado en un convento de ursulinas. Nada de lo que hizo Marín tuvo ningún interés excepto la estocada.

Y es que tras un buen pinchazo hondo vino lo mejor de la tarde: una magnífica entera mojándose la mano aunque llevándola demasiado alta para lo que mandan los cánones. Ya ven que nunca estamos contentos del todo.



El miura y esta estocada constarán como lo único que recordaremos de la corrida. Esperemos que a Garzón le hayan salido los números y no tenga que recordarla mientras un sudor frío le recorre la espalda.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

martes, 23 de marzo de 2021

TOREROS PARA UN AIRE DE CAMBIO

Este artículo es sólo para consumo interno. Nos referimos a que se van identificar con él únicamente los lectores de nuestro modesto blog... y no todos. Fuera de este reducido foro de amigos, no se va a entender y, lo que es peor, se considerará poco menos que una memez, esto es, la obra de un memo. 

Estamos todos de acuerdo en que la deriva de la tauromaquia va hacia el colapso más pronto que tarde. O se le da un aire renovado a la cosa o el camino por el que transita está condenado al desamparo. Las figuras no llenan, las faenas son fotocopias unas de otras, el medio-toro comercial aburre a las ovejas y los halagos de los críticos y comentaristas paniaguados resultan nauseabundos.



Algún despistado dirá: '¿cómo es que usted ningunea a las figuras?, ¿qué es eso de las fotocopias si hoy se torea mejor que nunca? Lo del toro comercial es una más de sus manías porque el toro de hoy es más bravo que nunca. Y respecto a los críticos, cuando alaban la tauromaquia actual es porque son los que saben'

Ya, pero oiga, en el primer párrafo hemos dejado claro que este escrito no es para usted sino para los lectores de nuestro humilde cuadernillo. Si usted piensa lo que acaba de exponer, salta a la vista que pertenece al público orejil entre el que nunca verá mezclado a ninguno de nuestros selectos lectores.

A lo que íbamos: pensemos en los toreros que podrían interesar a quienes están leyendo, aquéllos que pudieran dar aire fresco a esto velando por un espectáculo íntegro. De hecho, los que enumeraremos son los que interesan a quien esto firma. La cuestión será si ustedes se identifican con lo que aquí vamos a exponer. Intentaremos hacer una lista de esos maestros cuyo anuncio en los carteles haría que cualquiera de nosotros tuviera ganas de asistir al festejo. Dejamos los toros aparte ya que las ganaderías favoritas de nuestro blog ya sabemos todos cuáles son.



El amigo lector nos dirá que no mira nunca el cartel de toreros, sólo la ganadería anunciada. Lo comprendemos perfectamente porque usted es uno de los nuestros. Hemos confesado por aquí que más dos y tres veces nos hemos encontrado sentados en el tendido al inicio de un paseíllo ¡y no sabíamos la terna que actuaba! Estábamos allí al reclamo de los toros y teníamos que echar mano precipitadamente de los prismáticos para ver las caras de los actuantes cuando accedían al ruedo.

Hecha esta salvedad respecto a las reses, vamos con los diestros y los liquidamos con un breve comentario agrupándolos según nuestro libre y muy discutible albedrío.

1. ¿Qué toreros nos interesaría ver con un ganado que no fuese el choto bobalicón pero tampoco la fiera corrupia?

Esta primera lista es para que nadie nos acuse de querer volver al siglo XIX. Pero antes, dos observaciones.

En primer lugar, que quede claro que ante la ternera domesticada no nos interesa ver a nadie.

En segundo lugar, pedir que según qué toreros se anuncien con según qué ganaderías es pedir uvas a la higuera. 

Sentadas estas dos premisas, ahí van los que no tendríamos inconveniente en pagar por ver. 

JUAN ORTEGA. Es un torero que siempre quiere torear bien. Sigue las indicaciones de Pepe Luis Vargas, uno que ha denunciado más de una vez los ratimagos del destoreo moderno. Lo vimos torear de lujo en Linares pero fue a un torete desmochado de Juan Pedro (recuerden aquí). Se coloca bien, da el medio pecho, no esconde la pierna y es muy buen capotero.



PABLO AGUADO.  Lo acabamos de ver frente a esos torillos de Jandilla en Ubrique, recuerden. En esa tesitura no nos interesa lo más mínimo. No obstante, lo seguimos esperando frente a animales de más enjundia aunque no necesariamente saltillos. Guarda el secreto de la naturalidad, tiene empaque, temple y una verónica muy buena. La pena es que no sabe matar.

DIEGO URDIALES. Otro torero con empaque y naturalidad. Cuando quiere, también sabe destorear, en ese caso no queremos verlo ni en pintura. Sabe templar pero no le gusta el pase de pecho y suele escupirse a la hora de matar.


FOTO: Paloma Aguilar

PACO UREÑA. Actualmente es el niño bonito de Madrid, todo lo que haga es aplaudido. Intenta siempre colocarse bien. A veces pega esa cuchillada al final del pase que no nos termina de convencer. Es valiente hasta caer en la temeridad, circunstancia que se aprecia cuando al matar se tira encima del toro con inconsciencia total. De momento va teniendo suerte... hasta que se le acabe. El detalle de que siempre termine las faenas con el vestido embadurnado de sangre como un matarife no nos gusta nada.


FOTO: Julián López

ROCA REY. De él podríamos decir lo mismo que Manolete de Pepe Luis: si quisiera... Pero no quiere y no va a querer mientras su entorno siga haciéndose rico a su costa. Se anunció con los adolfos en San Isidro y salió más que airoso tal como preveíamos, dado que esos toros ya no son tales. Lo normal es que se apunte al choto pero por lo menos tiene el detalle de dejarlo crudo en el caballo, con lo cual nos hurta el primer tercio pero los bichejos tienen algo de gas ante su muleta. La pregunta es si querrá salir algún día del sota, caballo y rey. No apostamos ni un duro por ello pero la ilusión es lo último que se pierde.

MORENITO DE ARANDA Y CAYETANO. Son dos que saben torear pero solo cuando quieren, que es muy pocas veces. No deberíamos incluirlos en esta lista por su indignante tendencia a darnos gato por liebre. El primero tiene la mejor media verónica de la actualidad. El segundo es un suicida a la hora de matar. Pasan los años y no aprende. Para él vale lo mismo que hemos dicho de Ureña. La diferencia entre Morenito y Cayetano es que éste se ha enfrentado siempre a escarabajos, salvo que alguno de ustedes nos refresque la memoria.



2. ¿Qué toreros queremos ver anunciados con el toro que nos interesa?

Éstas serían nuestras corridas favoritas fundamentalmente porque ahí veríamos las ganaderías del toro que presuntamente embiste con casta y con poder (aunque todo esto es mucho suponer).

EMILIO DE JUSTO. Hay que verlo frente al toro de verdad porque si le sale la babosilla, sabe destorear como el peor. Lo consideramos un buen lidiador porque le hemos visto sujetar con muñeca firme toros díscolos. Además es muy buen estoqueador con esa espada que les presentábamos aquí.



OCTAVIO CHACÓN. Ha quedado demostrado que es un torero para corridas duras. Ahí es donde tiene que apuntarse. Le hemos visto algunos defectos en la lidia a pesar de que se le suele alabar por ella. Es tramposo a la hora de matar pero también lo son otros que cobran mucho más que él. Tiene afición y deseos de contentar al público. Es torero honrado y valeroso, nunca nos molestará verlo anunciado.



SÁNCHEZ-VARA. El hombre que mató a Cazarrata, así es como debería figurar para siempre en los carteles. Señoras y señores, un respeto muy grande. Otro torero honrado cuyo nombre es garantía de que ese día vamos a ver toros y no chivos.



GÓMEZ DEL PILAR. Otro torero con afición y ganas de salir adelante. El valor le sobra: es el único a quien hemos visto irse a porta gayola en Vic-Fezensac y frente a uno de Dolores Aguirre que no quería salir. En Madrid, lo mismo. El año pasado se iba a convertir en el hijo adoptivo de Céret pero la cosa quedó aplazada para éste. El día que no permita pensar tanto a los toros y se eche encima de ellos para hacer que traguen cortará orejas de muchos quilates.



LÓPEZ CHAVES. Es otro que está pendiente del aficionado y no nos roba el primer tercio. Tiene oficio para dar y tomar pero esa experiencia hace que algunas veces intente aliviarse más de lo reglamentario.



ROMÁN. Después de lo que hizo ante Santanero II entra aquí por derecho propio y sin que aceptemos ninguna oposición. Su valentía cae a veces en la temeridad pero jamás le hemos visto volver la cara ante ningún toro.


FOTO: Ballesteros para la agencia EFE

ANTONIO FERRERA. Es un maestro a quien hay que ver ante toros y no ante gnomos. Cuando se siente a gusto y se rompe por dentro, su cursilería nos resulta insufrible pero cuando es capaz de demostrar su oficio y su seriedad, no tenemos ningún inconveniente en apuntarnos a sus actuaciones. El problema es que para verlo en serio tiene que luchar contra el toro serio. Y sería una buena idea que pidiese prestado a Curro uno de sus capotillos y jubilase ese coreano que lleva.



RAFAELILLO. Tiene la mala costumbre de matar sus toros en el caballo pero al igual que Sánchez-Vara ofrece la garantía de que lo vamos a encontrar siempre enfrentándose a toros de verdad. Es un gran estoqueador aunque falló el día que más lo necesitaba, cuando lloró en Las Ventas con aquel miura de nombre Injuriado.



PEPE MORAL. Lo vemos desde hace tiempo sumido en un bache. Algunos lectores, o lectoras, pueden pensar que le tenemos manía porque hemos sido duros con él en algunas crónicas. Quizás hacemos bueno el refrán de 'quien bien te quiere te hará llorar'. Es un magnífico estoqueador sólo cuando quiere. Tiene una afición excesiva al destoreo y su capote parece la lona de un circo. Pues a pesar de todo lo seguimos esperando.

DANIEL LUQUE. No es santo de nuestra devoción pero lo incluimos en esta serie de toreros que pueden dar un aire nuevo. Lo mejor que tiene son sus inicios de faena. Lo peor son esas medias verónicas seguidas que perpetra para destroncar a los toros. Además es un diestro de ultraderecha pero también lo son algunas de nuestras queridas figuras y se han hecho millonarias sin torear al natural como Dios manda.

MIGUEL ÁNGEL PACHECO Y ALBERTO LAMELAS. Ambos se jugaron la vida contra sendos rufianes de Dolores Aguirre, cosa que no olvidaremos nunca. El de Pacheco fue Voluntario (aquí) y el de Lamelas, Cantinillo (aquí). Sólo por eso tienen carta blanca para figurar en esta entrada.



NUNO CASQUINHA, JOSELILLO, GONZALO CABALLERO Y JAVIER CASTAÑO.  El portugués tiene oficio para enfrentarse a cualquier ganadería. Joselillo es otro torero honrado a carta cabal que siempre veremos ante toros de verdad. Caballero tiene el problema de que atropella la razón porque su temeridad le ofusca pero a pesar de ello lo incluimos en la lista. Y Javier Castaño siempre ha estado pendiente de agradar al aficionado permitiendo el lucimiento de sus toros y de sus subalternos. A él tenemos que agradecer que el segundo tercio sea hoy el más brillante de los últimos 40 años. Lástima que el de varas continúe siendo una deleznable carnicería.

Completaríamos carteles sin problemas con David de Miranda, Pérez Mota, Robleño, Sergio Serrano e Imanol Sánchez.



Hasta aquí hemos llegado. ¿Y el resto? 



Ya ven que las figuras, tal como las vemos de acomodadas y tramposas, no nos interesan en absoluto excepto el caso de Roca Rey, a quien otorgamos un voto de confianza (sigue dando gusto ver cómo maneja su mano izquierda para descubrir la muerte, está a la altura de los mejores de todos los tiempos, recuerden que lo explicábamos aquí).



Los otros toreros que no aparecen es porque la lista al fin y al cabo es cuestión de gusto personal. Podríamos justificar su ausencia pero no creemos que sea preciso destacar lo negativo.

Si han seguido leyendo hasta aquí, convendrán con nosotros en que cualquier aficionado orejero, empresario desahogado, comentarista televisivo o crítico paniaguado dirá que si la fiesta de toros tiene que ir por el camino que marcamos en este comentario, desaparecerá mucho antes de lo previsto.

Puede ser, probablemente lleven razón, y más si los que viven de esto quieren perpetuar el sistema con el único objetivo de defender sus lentejas.


 

Para que hubiera un cambio de verdad tendría que suceder lo mismo que Azaña reclamaba desde Barcelona al ver el desbarajuste de su bando republicano durante la guerra:

'la gente común suspira por un general que con un escobazo se lleve todo por delante'

Aunque si el futuro de los toros pasa únicamente por el camino de la estética buenista como reclamaba Morante aquí, no hay nada que hacer.

No obstante, como no va a haber ningún escobazo que borre del mapa el actual taurineo golfo y corrupto, lo nuestro queda en un brindis al sol. La cosa no tiene mayor relevancia que haber echado un rato hablando de toreros con todos ustedes.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



miércoles, 17 de marzo de 2021

PABLITO, TAN A GUSTITO

Parece que Pablito Aguado va a encontrar feliz acomodo en el pesebre de nuestras queridas figuras. Tiene toda la pinta. En cuestión de ganaderías, ellas no salen del sota, caballo y rey pero es que Pablito igual no pasa ni de la sota. Eso sí, será la sota de oros porque da la impresión de que el objetivo de su entorno es que se enfrente al torito pequeño y luego se lleve el billete grande.



En Ubrique lo vimos ante unos jandillitas agradables de carita, justitos de casta y tontitos de ideas. Todos venían picaditos del campo. Observen la presencia del que desorejó Aguado al que dieron una irrisoria vuelta al ruedo:

 


AGUADO. Su primero fue un medio-torito ante el que corrió la mano a placer. En el haber, su naturalidad, que deberían copiar todos los novilleros dado que los matadores de alternativa, que se retuercen grotescamente cada tarde, ya no están a tiempo. En el debe, su ubicación permanentemente de perfil, el abuso del pico y el cite con la muleta retrasada dando medios pases.



Además tuvo el baldón de ser desarmado dos veces por la formidable fiera. Los comentaristas se esforzaron en echar la culpa al toro diciendo que había embestido 'de manera irregular, cabeceando en exceso'. Ya ven que para los de televisión la culpa siempre es del toro, sobre todo cuando no exhibe la formalidad que se exige para que un torero como Pablito esté a gusto.



Nos sorprendió la buena entera desprendida con que terminó la faena, dejando bien la mano y saliendo por el costillar. Será que ha entrenado durante estos meses de inactividad. Esperemos que no sea flor de un día. Pero conste que se perfiló fuera de la suerte sin pensar que la televisión lo iba a delatar, observen la raya:



Su segundo fue ese novillete brocho que veíamos antes. Los de televisión querían taparlo diciendo que era corniapretado. El realizador está bien aleccionado porque ni una sola vez enfocaron un primer plano de la cara del bicho. Debió de ser para que los espectadores no pasaran vergüenza ajena. En esto, los de Castilla-La Mancha son más honrados y te muestran siempre los pitones aunque estén claramente afeitados. Al pobre lo destroncó el maestro con dos medias letales:

 


Los siete pases de inicio de faena fueron excelentes pero obligando demasiado al pobre torito, que los acusó de inmediato. Así, embestía a paso de burra y se iba al suelo si le bajabas la mano. Este pase fue muy jaleado por los comentaristas aunque se observa tanto la defectuosa colocación del maestro como el picoteo:

  


En su haber, el temple  y el empaque con que el diestro trató al michino, así como unos bonitos naturales a pies juntos al final:

  


En el debe, la ausencia de enemigo a pesar de que los comentaristas televisivos quedaron encantados con él. 'Un gran toro', decían, 'qué buen toro de Jandilla', 'cuánta nobleza y entrega, cada vez embiste mejor' . Nosotros no dábamos crédito a semejantes halagos. Pero no hay que molestarse, simplemente el concepto que tienen ellos de lo que debe ser un toro de lidia no tiene absolutamente nada que ver con el nuestro. Eso es todo, no nos vamos a pelear por ello.

Esta vez Aguado volvió a las andadas al matar: sin cruzar bien, pegando su saltito tras el que se queda en la cara y dejando una media perpendicular y caída que necesitó descabello. 


RAFAEL SERNA. Empezó mal, desentendiéndose del monopuyazo infamante que ordenó a su picador. El toro se venía rebrincadito pero sin ninguna mala intención. Serna sufrió algunos enganchones pero estuvo muy correcto dado el tiempo que lleva sin torear. Lógicamente no vamos a exigir lo mismo a Rafael que a Pablito.



Dejó una entera tendida con derrame, dándose ventaja alargando el brazo, vean:



El último jandillita daba pena porque no se tenía en pie. Antonio Chacón hizo de enfermero para que no devolviesen el torillo ¿Se acuerdan ustedes de la canción aquella de 'la cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar...'? Pues eso se puede aplicar a este coleóptero jandillesco. Ningún interés tuvo lo que hizo Serna ante él. 



Con lo fácil que hubiera sido que Chacón le echase el capote abajo y hubiera salido el sobrero pero aquí todos van a lo fácil, los de arriba y los de abajo. Tres pinchazos y entera tramposa perdiendo la muleta.

No sabemos si los mentores de Aguado dejarán que el maestro pase de Pablito a don Pablo. A nosotros el primero no nos interesa en absoluto. Al segundo lo esperamos frente a toros de verdad, no como estos jandillitas de Ubrique. Pero si los billetes le van cayendo sin salirse del gato, nunca lo veremos ya no frente un tigre sino ni siquiera ante un ocelote. Dame pan y dime tonto...

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.