Mostrando entradas con la etiqueta Murube. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Murube. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de marzo de 2025

PONGA MURUBE EN SU VIDA

Estaremos de acuerdo con Juan Pedro Domecq Solís en que la casta está reñida con la toreabilidad. Su frase histórica era:

'Todos sabemos que la casta y la fiereza, que son las que dan a la embestida esa sensación de riesgo, son algo contrario a la toreabilidad'

Para que el maestro construya su obra de arte, el toro tiene que venir lento, conforme más lento mejor. Es lo contrario a lo que Justo Hernández califica como embestir aborrascado. Se diría que el torito tiene que dejarse de borrascas y venirse anticiclónico, si caemos en la trampa de hablar usando esas ridiculeces de los taurinos, con su clase, su disparo, su descuelgue, su ritmo y sus memeces varias, que ni Belmonte ni Manolete entenderían.

La toreabilidad sería nobleza y temple, que sumadas nos dan la manida clase, palabra tan recurrente en el mundillo como odiosa al aplicarla a un toro de lidia. Ellos dicen que el toro tiene que embestir bien, con formalidad, porque si no, el diestro no puede acoplarse para expresar lo que lleva dentro. 

Lo que los maestros de principios de siglo XX preferían era Saltillo y Murube. Sobre este segundo encaste, ya saben lo que pontificaba Gallito. No cabe duda de que esta sangre aporta toreabilidad al guiso y si además te proporciona caja, se te abrirán las puertas de las grandes ferias e incluso se te puede apuntar alguna figurilla.

Se acordarán de esta entrada donde hablábamos de que en la Unión nunca iban a mover ni un dedo por los encastes minoritarios. '¡Métanse eso en la cabeza!' exclamaba uno de los santones del domecquismo. Criticábamos allí a algunos de los ganaderos minoritarios porque nunca han querido vender. Planteábamos la posibilidad, que jamás desearía Victorino, de que un fulano le comprase vacas para cubrirlas luego con un semental de Murube y así vender 'victorinos negros'. Resultarían menos revoltosos, más dóciles, menos borrascosos y, en definitiva, más toreables.

Esta introducción viene a cuento del reportaje que Torista de Francia ha hecho en la ganadería de Hijos de don Ignacio Pérez-Tabernero, lo que hasta hace poco fuera Hoyo de la Gitana. Pulsen aquí y vayan al 2'50'', donde uno de los hermanos informa de que han metido Murube en sus santacolomas:



No es nada descabellado, por supuesto. Ya saben que lo suyo era Graciliano refrescado o mezclado con Buendía aunque ya veríamos si lo que empezó siendo Graciliano se ha mantenido con una pureza digamos que notable o aceptable. 

Dice Ignacio que actualmente mantienen dos líneas: la de Santa Coloma, con cuatro sementales suyos, y otra con vacas santacolomeñas a las que están cubriendo dos sementales murubeños de Ángel Sánchez y Sánchez.



Entendemos que harán lo lógico si metes sangre de Murube, que es incorporar sementales y no vacas para ser cubiertas por santacolomas. En el campo charro se sabe que no resulta poner vacas de Murube con sementales de Atanasio, por ejemplo. Tiene que ser al revés, por eso decimos que los hermanos de Galleguillos deberían hacer lo teóricamente correcto en esa nueva línea: toros de Murube que cubran las vacas de Santa Coloma. José Manuel Sánchez, de Castillejo de Huebra, se lo decía a Viard:

'Si las becerras de Murube te salen con mucha clase, muy sositas, acabas con el toro manso perdido'

¿Es sosito lo de Murube? Nos responde José Murube Ricart:

'El toro que sueño hoy debe galopar largo tiempo en la muleta, humillando, viniéndose de lejos y, a ser posible, dando muestras de suavidad. Además, los toros alegres duran menos. Los sositos se crecen y duran más... Yo busco clase, calidad, humillación y que duren'

Ahí lo tienen. Suavidad, humillación, galope y duración, el póquer del toro posmoderno. Si encima son sositos, la miel en la sopa. ¿Estarán buscando eso los hermanos Pérez-Tabernero? Si no es así, lo parece. 



Esos toros nobles y templados de Murube son los que criaba Félix Cameno. Que pregunten a Antoñete aquel verano de 1965. Paco Parejo le dijo que lo de Cameno no podía fallar y así fue. Tras aquel festejo el maestro recuperó la moral. Lo bueno es que lo de Murube es tan boyante y/o pastueño que se sobrepone a las intenciones del propio ganadero. Esto decía don Félix:

'Yo no estoy de acuerdo con esa teoría de que los toros se parecen a su dueño. Yo tengo fama de ser un ganadero con mala leche y lo cierto es que mis toros embisten siempre con mucha nobleza...'

Cuando se suicidió, los Lozano se quedaron una parte de sus murubes, que son los que terminarían en Castillejo de Huebra. Hace poco un amigo lector nos decía que las figuras no se salen de sus preferencias domecquistas ni para matar murubes del hierro de Zamarril. Hombre, es que aquello igual no es puro Murube, ¿eh? Todos conocemos a los Lozano. El citado José Manuel Sánchez contaba también esto a Viard:

'Un día que fui a su finca para ver los murubes me veo un toro de Núñez con las vacas. Pregunté a Pablo Lozano qué hacía ahí y me dijo: 'no, nada, que se me habrá escapado y ha saltado la cerca y no sé qué y no sé cuántos...' Él era muy partidario de cruzar. Pues vuelvo a los veinte días ¡y el toro seguía allí con las vacas! Querían colocarme ganado de Alcurrucén pero teniendo cuatrocientas vacas estaba claro que me iban a endiñar el desecho. De lo de Urquijo había unas  doscientas vacas que se vinieron conmigo en 1987 aunque me escondieron quince o veinte porque son bastante golfos... Estaban todas flacas y tenían mucha clase pero muy poca fuerza...'



Volviendo a los hermanos Pérez-Tabernero, ¿a qué viene esto de meter Murube que, por cierto, también ha incorporado a su vacada otro conocidísimo ganadero salmantino presente en grandes ferias? Pues primero a buscar tamaño para entrar en las plazas de primera y, segundo, docilidad, esto es, a eliminar o atenuar el picante que pudiera tener lo que crían de Santa Coloma. Si estas dos no son las razones, que nos lo desmientan. En el caso del otro ganadero conocido, no necesita tamaño pero sí esa toreabilidad murubeña que ya gustaba tanto a Gallito hace más de cien años.

Así está el patio ganadero. Casi todos remando en la misma dirección, la de la toreabilidad, o sea, la de la poquita casta y que el toro no se mueva, para que así el diestro de turno nos atosigue el alma pegando pases sin piedad. Son esos toros que los taurinos dicen que van dormidos. Es una somnolencia que se transmite al espectador, como si fuese un picotazo de la mosca tsé-tsé, aunque los del mundillo se llenen la boca diciendo lo de '¡qué toro más güeno!'

Lo comentaba Dávila Miura en una retransmisión hablando de un ejemplar de encaste Domecq de 619 kilos y muy ofensivo por delante:

'el toro tiene una gran docilidad... es que parece mentira que un toro con esos pitones y sus más de seiscientos kilos sea tan dócil... ¡hay que ver dónde ha llegado la selección!' 

Hombre, maestro, cambie usted el verbo y diga que hay que ver cómo ha degenerado la selección. Y otra cosa: ¿usted cree que a ese toro que pasa con el picotazo y luego embiste al paso, empapado en la tela, se le puede aplicar el calificativo de bravo?



Pero la reflexión es la que planteaba Domingo Hernández: aclaremos quién debería ser el consumidor del toro. ¿Lo es el torero, junto a su mariachi de críticos paniaguados, o el público orejil, que es quien mantiene el tinglado? Aunque quizá van todos en el mismo barco... ¿Alguien piensa que los clientes son los cuatro aficionados de la portátil que forman la escasa parroquia de nuestro modesto blog? A ver qué dice El Capea, ganadero murubeño:

'Es indudable que la mayoría de ferias se mantienen con el festejo entendido como divertimento pero la subsistencia de una ganadería pasa por la casta y la bravura y la única manera de calibrar eso es el caballo. Tendría que ser así aunque luego en la plaza el primer tercio sea un trámite. Y lo que está claro es que después, ya sabemos todos que el negocio y el dinero están en la muleta.'

Parece claro, ¿no creen? Los ganaderos de Galleguillos se apuntan al carro de aguar el vino. Ya escucharán en el citado vídeo que Ignacio no para de insistir en que:

'Queremos un toro del siglo XXI, que dé emoción pero que, sobre todo, tenga algo fundamental para nosotros: la buena clase en la muleta para que triunfen los toreros'

Blanco en vasija, leche fija. Probablemente cada vez será más difícil ver imágenes como ésta de un toro suyo en Vic-Fezensac:



La pregunta que haríamos a los hermanos es si para ese viaje hace falta alforjas. Lo decimos porque igual se quedan en terreno de nadie: ni pedirán sus toros los toristas, ni los querrán ver los toreristas. Y entonces, ¿qué?

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


domingo, 28 de enero de 2024

UN RABO DE IDA Y VUELTA

Todo aficionado se acuerda de la primera corrida de toros a la que asistió. Lalanda siempre recordaba que la suya fue la de la despedida de Bombita, cuando se lo llevaban en hombros agradeciéndole lo del Montepío.

El niño Rafael Vega fue a los toros por primera vez el día del Corpus de 1925, tenía diez años. El cartel lo tienen aquí abajo. Reaparecía Belmonte en Sevilla en medio de gran expectación, con casi lleno y ovación de gala al diestro al acceder al ruedo. Además daba la alternativa al Niño de la Palma:



A su primero, que fue lidiado en tercer lugar, le cortó el rabo. En el ABC titularon: 'Belmonte no tiene piernas', destacando la inmovilidad con que había trasteado al santacoloma de Félix Suárez, con divisa roja, blanca y celeste. Rafael nunca olvidará esa corrida y en esos momentos ni se imaginaba que algún día sería él quien cortase un rabo alternando con Terremoto. Éste es el momento de la alternativa del Niño aquella tarde. Lo del testigo es una moda posterior:



Rafaelito ya sabía lo que era torear porque sus hermanos Francisco y José se dedicaban. Minuto llevaba una escuela taurina y fue quien lo vio un día en un tentadero y pensó que el gitano estaba hecho de la misma madera que su hermano mayor en cuanto a arte pero del segundo en cuanto a valor. Adoptará idéntico apodo y por ese motivo en las crónicas de la época se refieren a él como Gitanillo III.



Será torero artista y medroso o, como escribía Carlos Abella, de ánimo frágil. Bastantes veces escuchó los tres avisos. Como todos los artistas, necesita que salga su toro pero ojo porque Antonio Bienvenida  lo pone entre sus favoritos junto a Armillita, Pepe Luis, Lalanda, Nicanor, Fernando Domínguez, Barrera y, por encima de todos, Domingo Ortega. 

Hay una cosa indiscutible: Rafael Vega de los Reyes no habrá sido el más valiente pero sí el mejor bailaor entre todos los toreros. Lo certifica el citado Bienvenida con ocasión de un viaje que hacían a América varios diestros en el mismo barco, el Cabo de Buena Esperanza. Gitanillo dio un recital secundado en el escenario por Cagancho mientras Pepe Luis y Rafael Ortega Gallito cantaban.



Ya retirado tuvo un célebre tablao flamenco en Madrid, El Duende, otro en Marbella y después también un bar en la capital, Gitanillo's. En el primer local fue donde cantó Antonio Mairena por primera vez en Madrid sin más compañía que la del guitarrista 'y sentado, como mandan los cánones',  decía. Pulsen aquí los aficionados a este arte.

Volvemos a los ruedos. Han pasado nueve años desde aquel rabo de Belmonte en Sevilla y el niño Rafael tiene ahora diecinueve. La única corrida de la feria de Vitoria anuncia seis toros nuevamente de doña Carmen. El cartel no puede ser más artístico y encima los toros colaboraron con sus embestidas, especialmente el tercero, Campanero:



El pobre Manolito sí fue un torero verdaderamente malogrado, no como Gallito. Belmonte había sido obligado a saludar tras el paseíllo. Aquí lo ven en una imagen de aquella tarde al natural, con las zapatillas apuntando al toro:



Aquel año de su reaparición Belmonte había firmado una exclusiva con Pagés donde se aseguraba un mínimo de 25.000 pesetas por corrida, cantidad que aumentaba considerablemente en función de la asistencia de público. Toreó diecinueve festejos, con lo que se iría al medio millón de pesetas de la época, tirando muy por lo bajo. 

1934 se recuerda por su triunfo en Madrid en la segunda inauguración de Las Ventas el 21 de octubre. Fueron otra vez murubes de Carmen de Federico, los mismos con los que había compartido cartel en la capital en aquella última corrida de Gallito en Madrid donde le arrojaron almohadillas y salió muy dolido (recuerden esta entrada). Aquí tienen al de la calle Feria en una estocada ese 21 de octubre. Llama la atención la posición del toro, como si se le hubiera echado encima en el último momento o el diestro no se hubiera perfilado correctamente (?):

Pero volviendo a Vitoria, aquella tarde será Gitanillo quien se lleve el gato al agua. Salió ese Campanero que decíamos antes y en la primera entrada mandó a caballo y caballero al callejón. Lo aseguran tanto la crónica del diario Ahora como la de Fiesta Brava, o sea que será verdad. Después se ve que Rafael le hizo una faena que se siguió en pie desde el tendido, con el respetable enloquecido. Lo había brindado a Belmonte y a tal señor, tal honor. 



Fíjense hasta qué punto llegó la locura que lo mató de 'excelente pinchazo, estocada atravesada y cuatro descabellos' y, a pesar de ello, ¡le dieron el rabo!

Esto sería inconcebible hoy en día incluso en una plaza de pueblo. Sirva para desmitificar algunos de los triunfos que se magnifican con el paso del tiempo y que hoy nos llaman bastante la atención. Lo mismo sucede con las varas que tomaban los toros antiguos, como hemos comentado por aquí muchas veces.

Probablemente la de Vitoria fue la mejor actuación de Gitanillo de Triana en toda su carrera y por ende lo hizo ante Belmonte a quien, de manera figurada, devolvía aquel rabo que siendo un niño había visto cómo cortaba el maestro.



Cuando se iba Belmonte, Rafael lo abordó para pedirle que hablase con Pagés y que lo anunciase en alguna corrida. Juan le contestó: 'si haces muchas veces lo de esta tarde, no necesitarás ninguna recomendación'.

Ya saben que Rafael abrió el ínclito cartel de Linares dado que era muy amigo de Manolete, quien en muchas ocasiones lo imponía para abrir plaza. Años después confirmaba que el maestro acertó entrando en la suerte contraria para matar a Islero.

Ese mismo año de 1947 toreó Gitanillo en Sevilla la de Miura y brindó un toro suyo al califa, que estaba presente de espectador con gafas oscuras. Sepan que durante la breve ceremonia la plaza se dividió entre aplausos y pitos al cordobés. Minutos después ese mismo toro enviaba al gitano a la enfermería. La foto es de la cogida, con cornada en el muslo izquierdo, a pesar de la cual permaneció en el ruedo hasta matar el toro:




Unos días después de la tragedia de Linares, inauguraba nuestro protagonista la plaza de toros de Melilla, especialmente querida por un buen amigo del blog (pulsen aquí). Tenía que haber estado Manolo pero lógicamente no pudo ser. También causó baja Pepín por su cornalón en Valdepeñas (recuerden aquí, hablando de la corrida de los tres pepes). Al final, el cartel de ocho toros de Buendía lo completaron Luis Miguel, Domingo Ortega y Parrita.

Ortega cortó una pata y Luis Miguel un rabo antes de ser corneado de gravedad en el muslo izquierdo por el séptimo toro.



En esta bonita foto de abajo coincide toda la gitanería en la alternativa del que ven en el centro: son Gitanillo, Albaicín y Cagancho. Los toros, de Trespalacios:



El triste final de la historia de Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, nacido en la trianera calle Pagés del Corro, número 120, ya lo conocen ustedes:



Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



lunes, 29 de marzo de 2021

CON UN MIURA, NADIE SABE DE TOROS

Vaya por delante que alabamos el esfuerzo de la empresa al organizar esta corrida. Hubo lleno de no hay billetes, lo cual consistió en 1000 personas por culpa de las restricciones.

Se anunciaron seis toros de diferentes ganaderías para un mano a mano entre Luque y Marín.

Las ganaderías tenían la condición de ser sevillanas. Nosotros echamos en falta la presencia de Isaías y de Aguirre pero entonces habría que haber buscado otros diestros. Los dos citados sabían que sólo tenían que tragar con un miura y un resina cada uno. El resto iba a ser coser y cantar.



Los toros estuvieron bien presentados, con trapío y en el tipo de su encaste. Eran todos cinqueños pero la listeza que dicen que da esa edad no la demostraron en ningún momento. Excepto el de Miura, los demás se mostraron lelos de comportamiento y ayunos de poder. Un puyazo a cada uno fue el triste balance del desolador tercio de varas. Estamos en España, no lo olviden.

El ambiente en el tendido era de frialdad. Los comentaristas se extrañaban: 'parece que estemos en el campo con este silencio, quizás sea la distancia entre espectadores'. Quizás, aunque no se les pasó por la cabeza que probablemente la clave era la falta de casta de los toros.

Haremos nuestro comentario siguiendo el orden de salida de las reses.


1. OSBORNE.  Se llamaba Cuco, de 475 kilos. En televisión dijeron que era burraco pero para nosotros era berrendo en negro, mosqueado, botinero y carinegro.



Aquí lo ven de cuerpo entero. Nos recreamos en la imagen porque lo único bueno que tuvo el toro fue la lámina:



En su único puyazo sufrió la barrena y salió suelto lógicamente. Era un torillo de mazapán, sin fuerza ni poder y tan soso como los garbanzos con bacalao que algunos de ustedes comerán el próximo Viernes Santo.



Lo de Luque no tuvo ningún interés. Acabó con una entera trasera, tapando la cara y sin puntilla.


2. PALLARÉS. Se llamaba Campanillero, de 520 kilos. Era cárdeno casi franciscano y cornigacho. 



Llegó bien picadito del campo, razón por la cual en el caballo no existió. Luego rodó por el suelo hasta cuatro veces.

Marín no se alivió tanto como otras veces pero es que el animalillo tenía menos vida que Walt Disney congelado.



 Lo mató de una entera fácil, muy trasera por llevar la mano alta.


3. PARTIDO DE RESINA. Se llamaba Relampaguito, de 480 kilos. Estaba perfectamente en tipo y tenía mucho trapío a pesar de su aspecto vareado:




En el único puyazo le taparon la salida como ven en la imagen y salió suelto:



Era el primer resina que mataba Luque y será el último. Salió con la muleta desconfiado y medroso. Desde fuera no nos pareció ni por asomo que fuera un barrabás. Creemos que la propia desconfianza del diestro hizo que el toro pareciera mucho peor de lo que era:



'¡Háblale!' le decían desde el callejón pero Luque no quiso hablar con nadie ni fajarse con Relampaguito.

Cuando lo estaba cuadrando, el resina le pegó un arreón formidable. En el segundo lo desarmó y por último se le quedó mirando con la cabeza por las nubes. Ahí lo tienen:



Todo esto no fue por casualidad sino para demostrar al maestro que no lo había toreado. Dos pinchazos huyendo y entera desprendida escupiéndose, sin puntilla. En televisión hablaban de la gran solvencia del diestro, de su oficio y de la buena lidia que había protagonizado (?).


4. MIURA. Se llamaba Bilbaíno, de 530 kilos. Era negro entrepelado, bragado, ojalado, cornialto y cornidelantero. Fue el toro de más interés por su desconcertante prestación.



Tomó un buen puyazo, empujando con fe y durmiéndose en el peto. Qué lástima no haberlo puesto más veces aunque fuera para señalar.



En el segundo tercio se enteró perfectamente de lo que estaba pasando. Recortó por el derecho escandalosamente, caminaba cruzado, esperaba... Se hizo el amo yendo de unos a otros mientras le clavaban las banderillas de una en una a como diese lugar. Con un último par a la media vuelta totalmente lícito en aquellas circunstancias, el presidente dio por terminado el calvario de la cuadrilla.

Bilbaíno esperaba a Marín para pedirle el carnet. Eso es lo que nosotros suponíamos tras el herradero en banderillas. Lo lógico era castigar al toro de primeras por bajo para enseñarle quién mandaba y quitarle de su cerebro cualquier veleidad que le recordase el hierro que llevaba.

Pero si vuelven al título verán que con Miura nadie sabe de toros. Resultó que Marín le dio de inicio cuatro pases suaves y muy templados, tratándolo con la misma dulzura que a una novia:



Ni siquiera le dio la salida por abajo para quebrarle la cerviz. Pues héteme aquí que el toro lo agradeció y a partir de esa suavidad aterciopelada, se olvidó de su origen y siguió la muleta con gran bondad. Vivir para ver. Suponemos que Morante, presente en el tendido, quedó tan desconcertado como nosotros. No sabemos si esa medicina le servirá de cara a su corrida sevillana con esta misma vacada.

Muy bien el maestro al echarse la muleta a la izquierda porque había visto que el derecho era peligroso. El Miura se tragó todos los pases sin novedad, observen cómo se venía:



Además Marín no permitió que el toro le puntease la tela en ningún momento. Con el animal ya sin fuerza, se echó la muleta a la derecha para demostrarnos que el toro había olvidado su condición de navajero por ese lado.

El único borrón fueron unas manoletinas al final totalmente fuera de lugar. Tuvo que enmendarse en las tres porque el toro no estaba para florituras y escarbaba mientras miraba al diestro:



Buena estocada pasada, ejecutada con lentitud y dejándose ver. El bondadoso público le otorgó una oreja que no nos molesta porque si hubiéramos estado presentes le tocamos las palmas sin ningún inconveniente. 



Este Marín sí que nos interesa, el de la ternera no. La duda que nos queda es qué hubiera pasado si el miura se pasa aquella dulzura de comienzo de faena por donde están pensando ustedes. Pero la cuestión es que tragó. A ver si resultará que si te pones ante un miura como ante un choto al uso, se rinde y colabora sin problemas. Ya nos lo explicará Morante.



5. MURUBE.  Se llamaba Maletilla, de 505 kilos. Era negro zaíno y cornigacho.



Hizo una vulgar pelea en el caballo mientras Quinta le pinchaba dónde ven ustedes. Para los de televisión, lógicamente, 'un buen puyazo en el sitio que ven'. Pues nosotros lo vemos en un sitio nefasto:



El toro saco un trotecillo que ni de broma recordaba al ínclito tranco murubeño. Luque lo llevó a media altura haciendo de enfermero.

Muñoz lo clavó en televisión cuando calificó al toro como 'justo de fuerza pero muy enclasado'. Traducido quiere decir toro de siesta con pijama y orinal.



Se sucedían las alabanzas sin cuento por parte de sus compañeros comentaristas mientras a nosotros nos costaba mantener los ojos abiertos. Telonazo al matar, dejando una entera trasera y perdiendo la muleta por no liarla bien. Dos orejas del bondadoso público moronero.


6. JUAN PEDRO. Se llamaba Revolera, de 485 kilos. Era colorado ojo de perdiz y bien encornado. Muñoz dijo que tenía las puntas acarameladas, cosa que no entendemos porque el calificativo de acaramelado hace referencia siempre al color de los cuernos y no a su disposición.



Acudió al caballo con mucha alegría pero no recibió ningún castigo. Se fue al suelo cuando salió dejándonos con la duda de si se había lesionado.

La verdad es que el torete no habría desentonado en un convento de ursulinas. Nada de lo que hizo Marín tuvo ningún interés excepto la estocada.

Y es que tras un buen pinchazo hondo vino lo mejor de la tarde: una magnífica entera mojándose la mano aunque llevándola demasiado alta para lo que mandan los cánones. Ya ven que nunca estamos contentos del todo.



El miura y esta estocada constarán como lo único que recordaremos de la corrida. Esperemos que a Garzón le hayan salido los números y no tenga que recordarla mientras un sudor frío le recorre la espalda.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

jueves, 5 de noviembre de 2020

CENTENARIO DE LA MUERTE DE GALLITO (13): EL TORO MEJOR LIDIADO

Sucedió en Sevilla la tarde del 24 de junio de 1917 (no agosto como se indica erróneamente en la por otro lado excelente obra taurina de Carlos Orellana). Gallito se encerró con seis toros de Carmen de Federico. El séptimo lo mató Pacorro. Un jurado compuesto por los maestros Emilio Torres Bombita, Joaquín Navarro Quinito y Joselito García El Algabeño decidiría al final del festejo cuál había sido el toro mejor lidiado y su cabeza se rifaría entre los asistentes.




Era la corrida de la Prensa, cuando ésta se celebraba en diferentes ciudades. Un mes antes había tenido lugar la de Madrid con toros de Pablo Romero para José, Juan, Rafael y Curro Martín Vázquez. Una semana después de la que nos ocupa sería la de Barcelona con toros de Veragua para Gaona y la pareja de fenómenos. Éste es el cartel de Sevilla:




Lo de premiar la mejor lidia nos va a dar pie para dividir la entrada en dos partes. En la primera les contaremos lo que pasó aquel día y en la segunda nos quejaremos a gusto de lo mal que se lidia actualmente. Las imágenes que ponemos de Gallito son todas de ese festejo.




Mucho calor y mucho público en Sevilla, prácticamente lleno, con abundantes aficionados foráneos. Se esperaba al maestro, que había quedado fuera de la feria se ve que por desavenencias con la empresa. Aquí se aprecia cómo estaba el tendido:




Algunos sostienen que quizás fue la tarde más triunfal de Gallito junto a la encerrona de Martínez, aquélla en que escupió en el pitón del toro y lo limpió luego con un pañuelo (anécdota que seguro que Morante conoce y quiso emular, recuerden aquí):




El coloso de Gelves saldó la corrida con oreja, oreja, palmitas, oreja, dos orejas y palmas. En alguna crónica resaltan los momentos en que sonó la música, concretamente durante los trasteos de cuarto y quinto. Pacorro cortó una oreja al séptimo, ahí lo tienen:




Era la primera vez que se anunciaba ganado a nombre de Carmen de Federico, la esposa de Juan Manuel de Urquijo y Ussía, quien había comprado los murubes a la señora Escribano. La adquisición se hizo a sugerencia de Joselito, quien se ofreció a retentar el ganado y ayudarle en la selección. La verdad es que lo de Murube atravesaba muy mal momento. Lean lo que se decía un año después de la venta:




Estos toros acompañarán a Maravilla en una de las dos tardes más amargas de su vida, la última que toreó en Madrid. Contábamos aquí con bastante detalle el monumental enfado del público aquel día por las condiciones de aquellos toros y, de paso, con el diestro. Si tienen curiosidad por saber cuál fue la otra tarde en que José lo pasó fatal, pulsen aquí.

Los de la señora de Federico salieron en Sevilla terciados y con poco armamento, como se puede apreciar en éste que hizo cuarto. Se llamaba Laminito y en El País ponen 'más pequeño que el anterior y sin pitones'




Si alguna de nuestras figuras se encerrase con animales tan discretamente presentados, ¿qué diríamos hoy? Son éstos que ven en el campo:




Se reunió el jurado al acabar y decidió que la mejor lidia fue la del quinto, cuya cabeza se sorteó como decíamos al principio. Se llamaba Estudiante, negro y cornicorto como todos sus hermanos. Gallito lanceó con garbo de inicio. Hizo dos quites y dejó a Pacorro hacer un tercero:




En banderillas, el maestro puso el primer par y luego fueron Almendro y Perdigón quienes completaron el tercio. 




Brindó a Pío Sánchez Mejías y la faena consistió en tres pases de recibo y siete naturales que causaron sensación porque fueron siete y porque fueron consecutivos.

Pinchazo arriba y estocada sin puntilla. El animal tuvo malas condiciones aunque su buena lidia propició que tragase con esos siete naturales seguidos. El jurado destacó esta circunstancia así como la estocada. Llama la atención lo de que el diestro pudiera con las malas ideas de la res cuando actualmente lo que se ovaciona en el ruedo y se jalea después en los medios es pegar pases a un animal salido de un laboratorio de terneras (véanse si no, los últimos tres indultos de este 2020). 

En lo de la estocada, seguro que se impuso el criterio del Algabeño (recuerden aquí). Esperemos que fuese mejor que la que recetó al cuarto tras pinchar en el primer intento. Aquí abajo la tienen: tapa la cara, se escupe y se da ventaja alargando el brazo. Recuerden que en esta entrada contábamos que la espada nunca fue lo suyo:




Si en nuestro siglo XXI hubiera que sortear cualquier tarde la cabeza del toro mejor lidiado, no se celebraría nunca la rifa porque el premio quedaría permanentemente desierto. Hagamos un somero repaso a las trapacerías que vemos hogaño durante la lidia. El drama es que no son algo extraordinario sino el pan nuestro de cada día.


Primer tercio:

Cuando sale el toro, los subalternos intentarán estrellarlo contra los burladeros más pronto que tarde. Curiosamente, muchos de los animales han llevado fundas y dicen que eso hace que se frenen antes de llegar a la madera. Vean en la foto cómo aún asoma el capote por el burladero para provocar el topetazo (los toros de Raso de Portillo no llevan fundas):




Por cierto, ¿cuánto hace que no ven correr un toro a una mano de salida? ¿Lustros o décadas? Bien es verdad que el toro actual, tan justo de casta, permite que el maestro se estire de inicio porque además viene picado del campo.

Tito de San Bernardo decía que el mejor corriendo toros a una mano había sido el abuelo de El Boni. Cuando Diego Puerta empezó a salir con el cuchillo en la boca estirándose sin que le enseñasen el toro, se terminó la labor de los peones a una mano. Curro también decía que al toro de antes había que verlo mientras que el de ahora se lancea sin necesidad de que nadie te enseñe previamente cómo va.



 

Sigamos con la lidia actual porque el maestro lancea con el capote y es frecuente el vicio de rematar con dos, tres y hasta cuatro medias verónicas consecutivas para que crujan a base de bien todas las vértebras del pobre animal.

Luque pegó cuatro a este pobre toro de Montalvo en Valdemorillo, recuerden aquí. Tras semejante castigo, no haría falta que saliera el caballo. Ésta fue la cuarta, que nos dolió tanto como al desgraciado bicho Observen su espinazo completamente retorcido:




Sale el caballo y será un milagro que lo coloquen bien en suerte. El piquero sólo dará el pecho del caballo por equivocación. Cuando llegue la res a jurisdicción, lo normal será clavarle trasero o directamente en el lomo. 




Este puyazo que ven abajo ha caído entre la séptima y la octava vértebra cuando debería estar antes de la tercera. Y la carnicería culmina tapando la salida de manera abyecta:




Aparte de tapar la salida, se le barrenará a conciencia y se le dejará adecuadamente descompuesto y maltrecho para la faena de muleta. La lidia en el caballo es siempre penosa porque el maestro se desentiende totalmente y no se preocupa ni de dosificar el castigo ni de sacar rápidamente el toro del peto. 




Con esta labor tan infame es imposible calibrar la bravura del toro en el caballo ya que la cosa se saldará con un monopuyazo asesino gracias a una carioca de cárcel. Insistimos en que esto, que debería ser una lamentable excepción, es la norma en cada corrida ¡y en los seis toros!


Segundo tercio:

Suele abundar el exceso de capotazos que van resabiando al toro. Durante el brindis, el peón que retiene al toro acostumbra a enseñarle el capote para que se quebrante rematando contra la madera. Se aprovecha de que la atención está puesta en el diestro pero ya saben ustedes que no hay que perder de vista jamás al toro. 

Una vez tuvimos que amonestar a un banderillero tocayo de Gallito porque delante de nuestra localidad estrelló por dos veces al animal durante el brindis. Su alevosía fue tal que no pudimos por menos que encararnos:

- ¡Vale ya de estrellar al toro, hombre!

- (Se gira y nos mira chulesco porque estábamos ahí mismo) ¿Qué pasa?

- ¡Que tenéis muy poca vergüenza! ¡Un poco de respeto al toro...!

- (Se calla)


Tercio de muerte:

Muchas faenas comienzan con un trincherazo demoledor contra un torillo que apenas puede con el rabo, señal, una más, de lidia vergonzosa. No entraremos en los detalles del destoreo posterior aunque, en el fondo, también serían ejemplo de mala lidia.

Es tristemente habitual que el diestro confunda los terrenos al entrar a matar (recuerden lo comentado aquí). La estocada se ha convertido en un despropósito total: se pega el telonazo, se entra con la mano alta, se clava atrás, muchos se quedan en la cara y otros pegan su atrabiliario y grotesco salto que aprovechan para salirse de la suerte.




Añadan a lo dicho la rueda de peones, prohibida por el reglamento pero habitual cada tarde. 

Por último, el puntillero seguro que irá por delante y no por detrás como aconsejaría la lidia correcta del toro en este último trance. En una de Saltillo cuya crónica está en el blog, salió uno bastante díscolo. Cuando dobló, el puntillero pasó a cinco metros de nuestra posición. Le gritamos: '¡cuidado, vete por detrás aunque protesten!' Como pueden suponer, no nos hizo ni caso. Pues al primer cachetazo el toro se levantó pegándole un tremendo gañafón que le dejó la cara más blanca que la del payaso listo.





¿Qué me dicen de todo lo relatado? Es imposible ver en una corrida actual la lidia de un toro donde no aparezcan algunas de las circunstancias indignantes que hemos relatado. Lo peor del caso es que no aparecen algunas sino casi todas las citadas ¡y en un mismo toro!

La solución debería venir por la afición del torero, el conocimiento del aficionado, las multas de los presidentes y los buenos consejos de los taurinos que rodean al maestro. Lamentablemente, la afición de la mayoría de toreros brilla por su ausencia. El conocimiento de los aficionados se sustituye por querer pasárselo bien a cualquier precio. Los presidentes no desean problemas y su facultad de poner multas no la usan a fin de no molestar a nadie. Y los taurinos que rodean a los maestros son unos gangueros. Se dedican a enseñar desde novilleros todas las martingalas y picardías que han ido transmitiéndose de padres a hijos.

Futuro negro en esto de lidiar bien un toro, como ven. Hoy, cien años después, deberíamos cambiar el sentido de la rifa. En lugar de sortear la cabeza del toro mejor lidiado como hacían en 1917, tendríamos que rifar la del peor lidiado para que hubiera algún aliciente. En las corridas actuales entrarían en el sorteo las seis cabezas.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.