Decepción monumental con el encierro de Fuente-Ymbro. El listón estaba alto con la corrida del año pasado pero ayer faltó bravura, fuerza y casta, que no es poco. Es el problema de tenernos mal acostumbrados. Es que falló incluso la presentación porque más de uno se tapaba por la cara. Los dos sobreros de Chamaco fueron interesantes para el aficionado pero muy preocupantes para su criador.
PERERA. Su primero era negro y veleto pero se lesionó de salida al embestir al capote y fue devuelto. Las fotos de las reses son del maestro Moore. Fíjense que en ésta ha captado el brillo en los ojos, es buenísima:
El sobrero era un cinqueño de Chamaco, castaño claro, bragado, ojinegro, rabicorto, ajamonado por atrás, astifinísimo y bajo de agujas. Tenía las coronas blancas, fíjense:
Empuja con genio y Rivas recarga tras mirar a su jefe. Huye en el segundo y queda aparentemente entero.
Perera nos interesa sólo ante toros díscolos como éste, que estaba loco por la madera y embestía aguantándose las ganas. Tuvo que irse adentro con él y allí sacó petróleo del animal, soportando parones y miradas.
No tenemos queja, para que luego digan que somos anti Perera. Bien en la suerte contraria pero mal clavando trasero y a capón como se aprecia, con la mano viniendo de la andanada. Cuatro descabellos y dos avisos:
El cuarto era negro lombardo, lustroso de piel, gordo, astifino y flojo. Sobre lo de lombardo recuerden lo que explicábamos aquí:
Simulacro en varas, con dos señales en el lomo, sin apretar nada por orden del maestro. Con los palos Duarte se pasó de listo, como Fini, Rus, Espartinas... todos dándola con queso al aficionado sin que nadie diga nada. Al contrario, ¡los aplauden!
Inicio novilleril de hinojos. Después, trasteo pererista en estado puro, con mano baja, ultraderechismo y pierna retrasada. Este Perera no nos interesa:
Una sola tanda al natural de gran vulgaridad. Los toros quedaron marcados desagradablemente por la pintura de los burladeros, como cada tarde:
Pinchazo, media trasera a capón y puñalada final en el lomo más descabello:
UREÑA. Su primero era negro listón, veleto casi cornivuelto, se tapaba mucho por la cara, con poco cuello:
Se aflige claramente en el primero, con el catafracto tumbándose encima. Luego galopa, le señalan y se va. Melgar no picó trasero como soportamos cada tarde, albricias. Vean al piquero recto en la montura y mientras el T-34 se tumba sobre el toro:
No estaba el animal para quitar de frente por detrás pero Ureña suele atropellar la razón. Aquí le salió bien. En el segundo tercio el toro se puso un poco tonto, lo cual siempre es interesante para el aficionado. Vean la sangre que confirma que Melgar picó bien:
Mal inicio de faena de Ureña, por cuentos chinos en los medios, que no es lo que pedía el toro. Luego despreció el aire y toreó abriendo la puerta pero bien colocado, sin esconder la pierna. Al natural ya no se fio tanto y pegó mantazos enganchados, con la atenuante del aire. El toro, cada vez más escarbador y descompuesto. Otro con la cara marcada por la pintura:
Pinchazo, honda atravesada, barbeo, vómito y dobla:
El quinto era negro zaíno, despeinado, de 587 kilos, blandito:
Fue triste ver que el toro quería mover el monstruo equigárcico pero no podía. Y encima, herido en el lomo las dos veces. El presidente enseñó el blanco y nada más guardarlo sacó el verde (?).
El segundo sobrero era de Chamaco, otro cinqueño, negro mulato, bragado, meano, bajo, badanudo, ensillado, astifino y apretado pero siendo ofensivo:
Primera entrada sin castigo por marrar, segunda en el lomo coceando; el presidente no concede el cambio que pide Ureña y en la tercera huye al hierro. Aprovecharemos ese tercio de manso para aclarar lo del peto. Observen que ni de broma la altura del faldón es la que sería adecuada. Decimos adecuada, no reglamentaria:
El reglamento vigente simplemente dice que el peto 'no entorpecerá el movimiento del caballo' (art. 65). En el 67.2 del de 1992 hablaba de 'altura no inferior a 65 centímetros'. Lógicamente lo ponen tan bajo para favorecer a la cuadra ya que el toro no puede coger al caballo por abajo y será más difícil el batacazo. Además, habrá muchas posibilidades de que se aflija contra el muro y encima recibirá más castigo, con lo cual sale beneficiado también el torero. ¿Los perjudicados? Pues los de siempre: el toro y el aficionado. Victorino padre siempre insistía en dar una oportunidad al toro poniendo alto ese faldón. Hoy nadie defiende al toro... ¡ni al aficionado!
Arreones tan esperados como violentos y tornillazos a discreción. Parecía un toro de rodeo americano. Ureña insistió con ganas pero sin futuro. Tres pinchazos, esta perpendicular pasada y dos avisos.
MARÍN. Su primero era un negro listón, aleonado, astiblanco y cornilevantado:
Estuvo a punto de derribar y cuando no lo consiguió, Marín padre, que había marrado, lo tenía ahí debajo a placer y le clavó trasero. Luego dicen que es muy difícil acertar porque el toro viene en movimiento. Ya... En el segundo le acertó en el brazuelo. Es que estamos ante el Luca Brasi de La Puya Nostra. Vean el espantoso orificio:
¡Puesta!, le decían con buen criterio desde el callejón. El toro tenía tres tandas de oreja en Madrid pero el diestro las desaprovechó. A toro ya parado dio la tabarra escuchando protestas muy adecuadas. No duden de que el pobre animal se paró en seco por culpa de Luca Brasi.
Pinchazo al volapié y estocada caída sin puntilla, perdiendo muleta, pegando el telonazo y con la mano alta. Siempre hemos discrepado abiertamente con los que lo consideran un estoqueador muy puro. Estamos convencidos de que Ostos, Camino o Rafael Ortega nos darían la razón, no hay más que ver la imagen:
El sexto no tenía demasiada presencia a pesar de su espectacular musculatura en el lomo, se le veía una cara adolescente:
Comportamiento extraño en el caballo: mete bien la cabeza abajo pero enseguida la levanta y se suelta. En el segundo ya cornea directamente el estribo y recibe un pinchazo en la paletilla. Llegados hasta aquí han podido comprobar que el juego en varas de los ymbros fue de gran mediocridad.
Víctor del Pozo fue el único que se justificó aunque le hemos visto pares mucho mejores:
Sacó genio el toro pero siempre pendiente de la tela. Merecía mano dura y no blanda como le aplicó Marín. Estocada arriba aunque trasera que basta.
A un japonés que acudiera a Las Ventas por primera vez y cae en esta corrida se le podría haber dicho durante el paseíllo que era un hombre afortunado. Entre los tres diestros sumaban nueve salidas en hombros y la ganadería de Gallardo había propiciado seis puertas grandes. Pero luego hubiéramos tenido que darle codazos para despertarlo porque ya han visto que el festejo provocó una inevitable somnolencia. Eso, en uno como Gallardo, con lo que habla, es especialmente censurable.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.
















































