Dudábamos entre dedicar el titular a los toros o al torero. Hemos optado por Serrano a quien además adjudicamos el Don por la lección de pundonor y valor que dio ante dos victorinos de los del abuelo.
Sólo hubo un garcía, que fue el primero y al que Moreno desorejó. El resto fueron victorinos, todos bien presentados, astifinos y en tipo a pesar de lo acarnerado de un par de ellos. Peleas no memorables en el caballo yendo nueve veces al peto los cinco que se lidiaron. El cuarto se partió un cuerno por la cepa al topar contra un burladero. La imagen es de su remate anterior al del accidente:
Gesto claro de amargura en Morenito porque en la capa había visto que este cárdeno claro era otro garcía. Cuidado porque con lo que apuntaba el toro, el de Aranda podría haber cortado cuatro orejas perfectamente. Y mayor amargura aún en el ganadero, que se lamentaba del capote que quedó fuera del burladero y que propició la rotura. Le diríamos que es algo que vemos cada tarde y que el reglamento censura y castiga con multa en su artículo 71.3. ¿Cuántas multas se ponen por ello en cada festejo? Cero o ninguna. La Fundación podría exigir la severa aplicación de sanciones económicas a todo lo que en el citado artículo se enumera. No caerá esa breva...
Trece veces claudicaron entre los cuatro primeros. El único que no se arrodilló fue el sexto. Antiguamente criticaban al abuelo los ganaderos comerciales diciendo que sus toros no se caían porque no humillaban. Éstos de El Casar humillaron y exhibieron flojera de remos pero demostraron a la vez que tenían mucho de Victorino y poco de García, afortunadamente para el aficionado.
Corrida cinqueña e interesantísima en nuestra modesta opinión. Además, el sobrero de Guerrero y Carpintero no fue una ternera ni mucho menos. En absoluto desmereció respecto a los de la A coronada.
MORENITO DE ARANDA. Su primero fue Melonero, un toro corniabierto y cornivuelto con un morrillo notable:
Dos puyazos empujando con fijeza pero cobrando trasero, ninguna novedad esto segundo. Bien con las banderillas Zamorano y Sánchez. Moreno hizo antes de la faena un quite con los palos puestos. Fueron tres verónicas de pasito atrás y una media en la que es el mejor de la actualidad como hemos repetido muchas veces:
Apuntamos en nuestras notas que era un animal flojete y noblón. El torero dijo después que tenía 'clase y con fondo' y César Jiménez afirmó que su embestida era 'cadenciosa y despaciosa'. O sea, un garcía de nacimiento.
Moreno pudo sentirse y le agradecemos que ante tanta bondad como tenía delante, se esforzase por rematar bien los naturales. Hemos dicho por aquí que es uno que sabe torear pero sólo cuando quiere:
Rinconera sin puntilla y dos orejas de las que sobra una.
Su segundo era el que se partió el cuerno. Salió el sobrero de Guerrero y Carpintero, procedencia Marqués de Domecq y nada menos que con el número 605. Saltó sin divisa. Era colorado ojo de perdiz y cornalón:
Tomó un puyazo de bravo levantando las patas traseras espectacularmente al empujar. Jiménez dijo que romaneaba (?). Si eso lo hace un toro de cualquiera de las idolatradas ganaderías toristas, circula por las redes hasta la náusea. Observen:
Fernando Sánchez se pasó de listo cuadrando a toro tan pasado que sólo clavó una banderilla. Muy mal, con la agravante de que él sabe que se alivió.
El toro embestía la muleta con ganas pero tirando algún derrote creemos que sin maldad. Ya dijimos que no era la ternera al uso pero tampoco un tiburón blanco. La prueba es que llegó a clavar tres veces los pitones en la arena al humillar. En la imagen, Moreno está fuera de cacho, con las zapatillas apuntando a Sigüenza:
A uno como él Dudoso no consiguió chulearlo pero a más de dos se les sube a las barbas con celeridad. Bajonazo con telonazo, pinchazo y se echa.
SERGIO SERRANO. Fue el héroe de la jornada. Su primero era negro entrepelado, veleto y degollado. Esta pinta abundaba en la vacada pero la fueron arrinconando para dar preferencia a lo cárdeno.
Se deja pegar simplemente en un único puyazo. Luego Victorino dijo: 'ha sido un toro bravo'.
'¿Desde cuándo se puede calificar como bravo un toro que ha ido una sola vez al caballo? ¡Al primer puyazo va una vaca mansa! Un toro bravo dice... ¡y a nadie le da vergüenza!'
Vaya, se nos ha colado el abuelo en la crónica para recordarnos lo que él siempre repetía y nosotros le oímos tantas veces. No nos lo han contado.
Serrano pidió el cambio viendo que no parecía andar sobrado de aire. Se dolió del excelente par que le puso Valladar, el mejor de la tarde.
Pues resultó que en la muleta se vino arriba y sacó la guadaña por el izquierdo. Era tremendo ver cómo rebañaba mientras Serrano no se amilanaba e intentaba capear el temporal.
Le plantó cara por el derecho, naturalmente, aunque al final tuvo los arrestos encomiables de arrancarle una tanda por ese pitón izquierdo pérfido. Lo hizo para que el toro no pensase que había ganado la batalla.
La cosa quedó en unas honrosísimas tablas tras una casi entera, tendida y muy trasera que no le hizo daño, más pinchazo y estocada entera sin puntilla.
Destaquemos el valor del maestro al volver a entrar a matar cuando lo fácil era taparse y descabellar, otra muestra de merecer sin duda el titular de nuestra crónica.
Él pensaba que ya no le quedaba saliva por tragar pero salió Portero. Era otro entrepelado, largo y acarnerado, humillador de salida pero no parecía sólido de remos.
Salió suelto y cabeceó en dos entradas vulgares. De nuevo dio una lección Valladar ante un animal que se venía arriba por la casta y arreaba con frenesí.
Salió el bueno de Serrano habiendo preparado dos litros más de saliva para tragar. Era un victorino de verdad, de los que dieron fama al abuelo ayudado por Navalón en el papel y los Vázquez y Ruiz Miguel en el ruedo. La duda que todavía tenemos es si estos dos habrían sacado más petróleo de este Portero que el que extrajo Serrano. Creemos que no. Era un animal encastado y listo. Lo desarmó de inicio:
Luego le pegó un par de sustos como exigiéndole castigo pero el maestro lo trató digamos que excesivamente bien.
Intentó el toreo 'güeno' a un victorino que difícilmente iba a tragar, como así fue. No obstante estuvo siempre firme y valeroso, la verdad es que no tenemos queja aunque los más exigentes la puedan tener. Al final será que cada día nos volvemos más blandos como nos echa en cara algún selecto lector que, además, es amigo de este diestro.
Estocada corta trasera y de nuevo opta por no descabellar y deja una entera atrás. Oreja merecida, de las más merecidas que hemos visto este año.
CURRO DE LA CASA. Debutaba con victorinos. Su primero era cornilevantado y corniabierto además de curiosamente acarnerado:
En el recibo se cayó en la cara y su propia capa lo salvó:
Nada en el peto y hasta seis veces claudicó con sus patitas de cristal. El poco fuelle que tenía hacía que se quedara debajo y de ahí los dos sobresaltos que sufrió el diestro:
Si la babosa habitual no tiene fuerza y se queda debajo no pasa nada porque te husmea y no sabe cornearte. En cambio, si se te queda uno de Las Tiesas, por muy garcía que sea te levantará del suelo seguro.
Faltó mando en la muñeca de Curro, la mostró demasiado blanda. Perdió la partida con claridad. Se perfiló lejísimos, ¿dónde se ha visto eso aparte de en López Simón? Fijense en que el toro no tiene nada de hocico de rata:
Pinchazo horroroso, bajonazo con caponazo y casi entera tendida atrás.
El último era cornipaso, muy en tipo:
Quizás era una rúbrica que puso desde el cielo el viejo Victorino a una corrida que nos recordó más a él que a su hijo (lo cual para nosotros es bueno).
Tres veces lo pusieron ante Sangüesa para que éste desatase toda su furia infernal haciéndole varios agujeros, recargando y tapándole la salida. El pobre bicho cabeceaba a lo loco más como protesta ante semejante carnicería que por mansedumbre.
Llegó a la muleta listo, mirón y revoltoso (no digan la memez de tobillero como los taurinos, recuerden lo que contábamos aquí). De la Casa se esforzó por que no le puntease la muleta como había hecho el otro. Conste que le enseñó el muslo con valor, no nos pasó desapercibido el detalle. Le dio un primer aviso y en el segundo le llegó una fea voltereta al rematar un pase por alto. Cayó a plomo:
Se levantó y volvió a la cara del toro sin variar un ápice ese rictus de seriedad que ostenta siempre. Ya saben que preferimos que los toreros no se rían pero es una manía nuestra, una más.
Dos pinchazos malos, otro hondo y seis descabellos después de que el puntillero levantase el toro por no ir por detrás, que es lo que deberían hacer siempre pero no hay manera de meterlo en sus cabezas.
Gran sabor de boca nos dejó la corrida, pensamos que ha quedado claro en nuestro comentario.
'La fiesta necesita que los toreros seamos honrados'. Con esta afirmación indiscutible e irrefutable de Don Sergio Serrano les dejamos. Lo hacemos sin más comentarios al respecto porque pudiera ser que se nos fuera el buen sabor de boca si entramos a hablar de honradez y golfería en los toros.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

































