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lunes, 31 de agosto de 2020

EL INGENIERO TOREÓ DE SALÓN EN LINARES

Cuando salen perritoros, la única esperanza que te queda es que por lo menos se vea toreo bien dibujado y no el fuera de cacho habitual de nuestras figuras retorciéndose además de manera grotesca. Afortunadamente en Linares estaba Juan Ortega dispuesto a hacer un trabajo de delineante ante unos enemigos que fueron auténticos amiguetes.



Hubo tres de Algarra, otros tres de Parladé incluido un sobrero y uno de Juan Pedro. Todos  tuvieron su trapío y sus caras 'bonitas' (o sea, corniapretados de los que sí que caben en la muleta según los trileros taurinos). Colaboraron hasta decir basta pero la condición que mostraron fue la de perritoros sin poder y recibiendo un puyazo o incluso menos.

JUAN ORTEGA. Su primero era muy agradable de cara, ya nos entienden. Carioca trasera como se aprecia en la imagen. Era totalmente innecesaria dada la menguada fuerza del torete:



Después de ese desastre bendecido por el maestro, vino un buen par de Perico, el mejor banderillero de toda la tarde sin discusión.

Se echó la muleta a la izquierda Ortega pero la babosa no podía con su alma y se quedaba a medio viaje. Los comentaristas televisivos destacaban la buena colocación del ingeniero, cosa que hemos explicado en nuestro modesto blog muchas veces (recuerden aquí y también aquí, aunque los fanáticos de Perera mejor no vayan a este segundo enlace).



¿Por qué esos mismos comentaristas no destacan la mala colocación de nuestras queridas figuras? Si saben cómo es la buena quiere decir que conocen perfectamente cómo es la perfilera y fuera de cacho, ¿no les parece? Lo que un marciano no entendería es cómo alaban lo de Ortega y a la vez lo de Juli, Castella, Roca, Manzanares y tutti quanti. Incoherencia total o peloteo absoluto. Seguramente, ambas cosas.

No tapa la cara al matar pero pincha atrás por llevar la mano alta (vean la imagen ya que esa mano debería estar en el pecho y recuerden lo explicado aquí). Dos más que escupe y se echa.



Su segundo perdió media funda del pitón al tocar la arena y fue devuelto:



El sobrero era Nardito, de 525 kilos. Dicen que los cinqueños son más listos pero éste era más tonto que Abundio. Por cierto, era colorado ojo de perdiz y no castaño como se anunciaba. 



El sueño del ingeniero es cuajar un toro a la verónica en la Maestranza, donde aún tiene pendiente debutar tras seis años de alternativa. En Linares dejó una muy buena, ésta:



Su amigo Juanpa, el mayoral de Jacinto Ortega (recuerden aquí), no picó trasero, cosa noticiable no por él sino porque es lo tristemente habitual cada tarde. 



En el peto el tal Nardito convirtió su pitón izquierdo en un puro mordido por un epiléptico y encima se pegó media voltereta que lo dejó para el tinte:



Pues con el tercio cambiado, va Ortega y le hace un quite rematado con dos medias verónicas, ¡dos!



Como si el toro no estuviera ya bastante quebrantado, va el maestro y lo trata con desprecio haciéndole crujir las vértebras de la columna. ¡Muy mal, Juanito!

Nuevo gran par de Perico aunque el público prefirió aplaudir más a Revuelta, igual que los de televisión.

El toro se veía que era franco por ambos pitones e ideal para torear de salón. Tenía más peligro citar en casa a una mesa camilla que a éste de Parladé. Demasiados pases en el inicio de faena y la primera tanda de derechazos que nos desagrada porque nosotros queríamos ver toreo al natural. No obstante, Ortega anduvo siempre bien colocado y rematando atrás pero insistimos en que ese toreo derechista sobraba.



Por fin muleta a la izquierda con dos tandas marca de la casa que desataron los elogios de los comentaristas:



Se deshacían de gusto ante 'tanta naturalidad, rematando atrás todos los pases y siempre bien colocado'. Exactamente, señores, eso es TODO LO CONTRARIO a lo que perpetran cada tarde tanto las figuritas como sus tristes imitadores mientras los mismos comentaristas los jalean. ¿Por qué no hablan claro en televisión y dejan de dárnosla con queso?







El choto desmochado embestía empalagosamente y Ortega le permitía respirar entre pases de manera inteligente, no fuera a ser que se ahogase. Buen final con ayudados por alto mil veces preferibles a las insoportables manoletinas.

Se tiró bien para dejar media un poco pasada y contraria, por eso tuvo que descabellar. 



Dos orejas mientras seguían las muestras de euforia entre los televisivos: 'ha sido un oasis de naturalidad, qué sabor, qué torería, sin brusquedades, con las yemas de los dedos...' Terminaron pidiendo a la empresa sevillana un cartel con Morante, Ortega y Aguado. No anunciaron la ganadería pero obligatoriamente tendrán que ser perritoros (y no de Garcigrande, que a Pablito no le gustan).

ÁLVARO LORENZO. Su primero de Algarra era cornigacho y corniapretado, o sea, muy agradable. Lorenzo coge el capote cortito, como tiene que ser, y de salida ya vio que el toro iba a ser bueno.



Puyacito sin que Francisco Javier Sánchez le tape la salida, otra noticia inesperada:



Tercio de banderillas innecesario. ¿No son los garapullos unos alegradores del toro tras el quebranto en varas? Si no ha habido ningún quebranto, sobra el segundo tercio, ¿no creen? Podrían haber ensayado con este bichito la corrida sin picadores como con Ordóñez en Nimes (recuerden aquí).

Lorenzo vio que allí delante tenía un perrillo faldero y se echó de rodillas sin ninguna probatura. No había nada que probar, simplemente ponerse allí a pegar pases a ese caniche que iba y venía:



Trasteo a 50 pulsaciones en el maestro y a muchas menos en los espectadores que, como nosotros, no concebimos el toreo si delante no hay un toro. Final de fiesta con unas bernadinas escondidas:




Casi entera tendida saliéndose de la suerte y dos orejas de pueblo.

Cuando iba a empezar la faena del quinto le gritaban desde el callejón '¡no aprietes, eh!' Se referían a que no apretase al toro. Es que era otro perritoro que, a pesar de sus cinco años pasados, tenía más de lo primero que de lo segundo.



Se esforzó al natural pero el problema es que veníamos de ver a Ortega y lo de Lorenzo fue café americano en lugar del expreso italiano que habíamos saboreado antes.



Entera tendida, pasada y desprendida alargando el brazo con tranquillo y oreja del dadivoso y festivo presidente.



DANIEL CRESPO. Su cuarta corrida tras la alternativa. Su primero también era corniapretado aunque bizco del derecho. A Crespo no le han dicho que para pedir el cambio de tercio hay que destocarse pero como al presidente le dio igual, pues ¡adelante con los faroles de la mala educación!



Crespo venía lesionado en su muñeca derecha, como Manolete tras su accidente de coche que puso de moda la comedia del estoque simulado. El torete había bravuconeado en varas y se orientaba en banderillas echando la cara al cielo linarense. Pues el diestro lo trató muy bien de inicio por abajo para que no se enfadase y cesara en su actitud.



Hizo parecer el toro mejor de lo que era, cosa de mérito porque embestía desangelado y sin fe, lo que en televisión llamaban 'desclasao'. Cinco pinchazos sin cruzar y tapando la cara.

El último era de Juan Pedro, el más feo de todos por alto y un poco cariavacado. Era cinqueño y astifino:



Embistió al capote aborregado. Recuerden la frase histórica: 'el toro comercial por borreguismo puede degenerar en mansedumbre'. Lo dijo un sabio, Juan Pedro Domecq y Díez, lo contábamos aquí. Mucho nos tememos que en Lo Álvaro han olvidado este axioma. No obstante, en el caballo metió los riñones con ganas padeciendo un asqueroso monopuyazo carioco con el maestro ausente, despreciando al toro y al público:



En la muleta siguió con su desplazamiento borreguil. En el haber de Crespo, que no dejó que le tocase la tela y no citó con la muleta retrasada. En el debe, perfilerías abundantes que, tras lo de Ortega, sabían a cuerno quemado.



Media desprendida que basta y el presidente, seguramente perteneciente a alguna orden caritativa, que le regala una oreja.

La sorpresa para nosotros no fue ver torear bien al ingeniero porque ya conocemos su concepto, que es el del poeta Pepe Luis Vargas. Lo sorprendente fue constatar la euforia de los comentaristas de televisión ante lo que estaban viendo. No puede ser que se vuelvan locos con este toreo y también con el de las figuritas del Belén aunque en ambos casos tengan delante la babosilla. O con Ortega o con las figuras nos están dando gato por liebre en sus comentarios. Está claro con quién, ¿verdad?

Como es nuestra costumbre, no hemos leído nada de lo escrito sobre esta corrida pero mucho nos tememos que los críticos sobrecogedores irán por el mismo camino. Tampoco puede ser que nos vendan como toreo puro lo de Ortega y a la vez lo de Roca, por ejemplo. Es comparar la plata con la hojalata. Sin ir más lejos en el tiempo, nada tiene que ver la forma de torear del ingeniero con la de Manzanares el otro día en ese cómico indulto de Mérida.

Ellos saben perfectamente que Pepe Luis Vargas, el mentor de Juan Ortega, dice las verdades del barquero cuando afirma esto:

'El toreo de hoy se basa en el compás atrasado, en echárselo afuera y en pasárselo a medio metro del cuerpo; además está eso moderno de 'empujar al toro' y doblan el cuerpo para llevarlo largo'

Pero ellos viven del cuento y tienen que hacernos comulgar con ruedas de molino cuando ven a las figuras fuera de cacho, abriendo la puerta, retorciéndose sin naturalidad y con las zapatillas apuntando a Antequera. Conocen perfectamente que eso es toreo falso, de todo a cien, mas lo jalean porque tienen que salvar sus lentejas. Pero como saben de toros, cuando están ante el toreo como Dios manda, claudican y reconocen lo que todos estamos viendo... aunque sea delante de perritoros.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

Setenta y tres años y un día después de la muerte de Manolete en esta misma ciudad







viernes, 28 de agosto de 2020

MANOLETE: '¡DESPACIO, DESPACITO! ME DUELE MUCHO LA PIERNA'

Eso iba diciendo Manolete cuando atravesaba la plaza de toros de Linares en una camilla portada por cuatro personas. Lo sacaban de allí para trasladarlo al hospital un día de san Agustín igual que hoy. 



Había entrado en la enfermería a las 18:40 donde él mismo se había quitado las dos medallas que llevaba siempre: la de San Rafael, patrón de Córdoba, y la de la Virgen de los Dolores. 

El doctor Garrido y sus ayudantes le habían hecho las primeras curas y también la primera transfusión de un total de cinco. Se hablaba de estado grave, nunca gravísimo. Es la noticia que llega a doña Angustias, quien veraneaba en esos momentos en San Sebastián. Es lo mismo que dicen a Lupe Sino, alojada en el balneario de Marmolejo y no en el de Lanjarón como afirma Clarito creemos que equivocadamente. Es lo que va llegando a Madrid sin que nadie tema por su vida.

En Linares Luis Miguel ha dado la vuelta al ruedo en el sexto toro y ya está con el herido. Se han olvidado las discusiones frecuentes entre ambos como aquélla en que dijo a Manolete 'tú lo que eres es un muerto de hambre'. Ha dado aviso de que venga desde Madrid su médico personal, el padre de Ramón Tamames. También han avisado al doctor de confianza de Manolo, Giménez Guinea. 

El parte dice que la herida por asta de toro es en el triángulo de Scarpa y tiene veinte centímetros de longitud (en unos sitios, quince y en otros, veinticinco). Afecta a la safena y a la femoral, con destrozos en los músculos sartorio y recto y con fuerte shock traumático. No es una cornada peor que la de Pepín Martín Vázquez en Valdepeñas, que comentábamos aquí  con uno de Concha y Sierra y en presencia del propio Manolete.



El trayecto en camilla hasta el hospital de Linares son veinte minutos de traqueteo durante los cuales el maestro repite aquellas palabras:

'¡Despacio, despacito! Me duele mucho la pierna...'

Ya en el hospital, la pareja formada por Pepe Camará y Álvaro Domecq han hecho venir al sacerdote Antonio de la Torre. Quieren que confiese al maestro pero antes de que éste hable, el cura le ha dicho 'no hace falta, te voy a dar la absolución'. Manolete no ha perdido el conocimiento en ningún momento y escucha a la pareja y al sacerdote entonando a coro el Señor mío Jesucristo. 

Cuando acaban, pide de beber y llega a fumarse algún pitillo, de tabaco rubio, como siempre. Habla muy poco pero la mirada aún es viva.

Al poco, nueva operación quirúrgica. Se plantean los médicos amputarle la pierna pero la pareja se niega en redondo. Otros médicos aficionados al toro han asegurado pasado el tiempo que a cualquiera con esa herida y en esas condiciones se la hubieran amputado. 

El caso es que son las once de la noche y el herido está ya en la cama de la habitación número 18 preguntando si el toro murió de la estocada y si 'me han dado algo'. Sí, Manolo, la estocada valió y te dieron las dos orejas y el rabo que ha cortado para ti Bernardo (Carnicerito de Málaga).

Poco después, el recuerdo del maestro va para su madre:

'¡Cuánto sufrirá cuando se entere!'



Cuando llega del balneario Antoñita, como llamaba siempre Manolo a Lupe, la extraña pareja no deja que entre a verlo. Esgrimen la peregrina excusa de que si entra, pondrá al maestro en pecado mortal. La situación es violenta por momentos, coinciden en ello varios testigos presenciales, entre ellos Luis Miguel y su padre. 

Dentro, Manolete pide agua mineral. Le traen Insalus y dice que no, que quiere Mondáriz. Se pone incluso a bromear:

'Me queréis envenenar, ¿o qué?'

A las tres de la madrugada llega el doctor Tamames con sus ayudantes y entra a la habitación. Las pupilas las ve muy dilatadas y el pulso es débil:

'Estaba desnudo de cintura para arriba y bastante moreno. En su mano derecha tenía un pitillo recién encendido...'

El hombre que apestaba a torero, empieza a oler a cuerpo presente. Ese olor a torero que se respiraba al paso de Manolete, sólo es comparable al que desprendían Lagartijo y Guerrita en el XIX y Rafael El Gallo en el XX. Incluso Orson Welles cuenta que se notaba su peste a torero hasta en California:

'Una vez entramos a un restaurante de Los Ángeles donde nadie había oído hablar ni del toreo ni de Manolete; él iba unos pasos por delante y nadie reparó en mí, que ya era una estrella de cine. Todo el mundo lo miraba a él sin tener ni idea de quién era'



Pasadas las cuatro hace acto de presencia el doctor Guinea a quien habian localizado veraneando en El Escorial. Cuando Manolo lo ve, sus antepenúltimas palabras son:

'¡Métame mano pronto, don Luis!'

El maestro no es capaz de apreciar la cara de preocupación del doctor cuando tiene delante al herido:

'Su faz era cadavérica y su pulso imperceptible. El sistema vascular no respondía y el colapso se aproximaba'

Empiezan la última transfusión, que será fatal para el maestro. A poco de iniciarla, musita:

'¡Que me quiten esto! Me duelen los riñones... Me voy a morir...'

Parece ser que la transfusión que traía preparada el doctor Guinea y que era de origen noruego no estaba en buenas condiciones. Le quitan el gotero justo para escuchar sus últimas palabras:

'¿Tengo los ojos cerrados? Es que no veo... no veo...'

Manolete se le ha hecho de noche. Se repite la historia de cien años antes cuando Goethe moribundo pedía más luz. 

El doctor Guinea le dice que cierre los ojos, que se sentirá mejor. El diestro obedece y eso hará que muera con ellos cerrados. Dicen que aún se oyó de sus labios la palabra 'David', quizás un recuerdo al que fuera su subalterno de confianza, Alfredo David Puchades, con quien compartía algunas supersticiones. David acompañó en su día a Varelito, Granero, Fortuna, Marcial y Barrera. Con el monstruo formó de 1941 a 1946, o sea que en Linares ya no estaba.



De pronto, el doctor Tamames, que era quien controlaba el pulso, avisa de que ha muerto. No ha hecho ningún gesto de dolor ni ha tenido ninguna contracción, simplemente se ha apagado. Son las cinco y siete de la madrugada del 29 de agosto de 1947.

El cadáver llegará a Córdoba a las dos de la tarde, un par de horas antes que su madre.

Tal día como hoy se produjo la cornada de Linares. Se discutió después si Islero era de suerte natural o no. El caso es que Manolete, excelente estoqueador, entró en la contraria. Algunos como Clarito dicen que acertó pero que se equivocó al colocarlo tan lejos de las tablas. No da esa impresión en esta instantánea:



El toro es el que le había tocado en el sorteo porque fue su primero el que Camará cambió a Gitanillo. Al comenzar la faena, el apoderado le había hecho la típica señal de que aliñase con brevedad, era un sutil abaniqueo de izquierda a derecha con la palma de la mano. Pero el maestro no hizo caso. Por dos veces se negó a coger el estoque de verdad que le ofrecían. Alargar demasiado la faena es otra cosa que se le recriminará a toro pasado.



Clarito escribirá una necrológica que terminaba diciendo:

'No acierto a condensar la hondura de mi pena. De mi pensamiento aniquilado por el golpe se han ido las ideas. Mis labios sólo encuentran palabras para rezar...'


Su hijo César, de dieciocho años, es quien le dio la noticia fatal la mañana del 29 porque él se había ido a dormir con la idea de que la cornada era grave pero no mortal. A sus dos hijas se las había encontrado un día Manolete paseando con un amigo por San Sebastián. Las saludó muy educadamente cosa que sorprendió al amigo. Al preguntarle que por qué les dirigía la palabra, obtuvo esta seca respuesta:

'Ellas ni entran ni salen en los asuntos de su padre, no tienen nada que ver'

Resulta que Clarito había pedido en su día a Manolo un sobre de 150.000 pesetas por temporada con objeto de hablar bien de él. Para que se hagan una idea, Manolete y Arruza iban cobrar cada uno ese dinero por la corrida de la Asociación de la Prensa de 1945. Si nuestras figuras actuales cobran entre 100 y 200.000 euros por corrida, ya ven la magnitud del sablazo que pretendía el crítico César Jalón. Ay, Clarito, ¡pinchaste en hueso!



¿Y qué me dicen de la extraña pareja? Camará era un ferviente católico, casado con Carmela y con cuatro hijos. No obstante, tenía más de una amante fija, entre ellas una hija natural de Machaquito. Y sobre los turbios manejos monetarios de Flores, a Manolo lo previnieron más de una vez pero él zanjaba la discusión diciendo 'a ver si me encontráis otro mejor...' 

Y del pecado de Camarácon sus sogas y sus serruchos, mejor no hablar. Por cierto, esos miuras no eran para Linares. Él sabrá por qué insistió en que se lidiaran allí cuando estaban destinados a otra plaza. 



Álvaro Domecq era un opusdeísta de los de visita diaria al Santísimo. Había pasado las últimas navidades en Nueva York junto a su mujer, con Manolo y con Lupe Sino. En el último trance del maestro debió de intuir la posibilidad de que hubiera una boda in articulo mortis. ¿Sería ésa la razón de evitar que Lupe viese al torero todavía vivo en el hospital?



Nombrado albacea del finado por parte de la madre, es curioso que obligó a la novia del maestro a declarar ante notario si se había quedado algo de Manolete. Todo lo que ella guardaba en su ático de Hilarión Eslava, 28, eran tres o cuatro vestidos de torear, dos más de campo, un cuadro y varias fotografías. En cambio, Alvarito no pidió ningún juramento a Camará, que sí guardaba muchas cosas de su pupilo en su casa de Amador de los Ríos (entre ellas, la carta de Churchill que reproducíamos en esta entrada).

Por cierto, recordaremos al albacea que las monjas del hospital de Linares no vieron ni una peseta por la atención al torero, a pesar de reclamarlo discretamente tiempo después. 

Con todo lo que habrán rezado estos dos, si vamos al Cielo y nos los encontramos, igual pedimos a Dios una hoja de reclamaciones.

Al final, resultará que la más honrada de esta historia va a ser Antoñita. Los dominguines insisten en que Manolete pidió casarse con ella en la habitación del hospital pero que la extraña pareja lo evitó aduciendo que 'no sabe lo que se dice...' 

Aquí abajo la ven a lomos de un borriquillo. Es célebre la actuación de los censores en esta foto. La hizo José María Lara en Fuentelencina, provincia de Guadalajara:



La censura eliminó a la hermana y tapó las piernas de Antoñita:



En la foto anterior se aprecian los finos tobillos de la señorita. Manolo siempre decía en plan de broma 'es un poco floja de remos...' 

Esta otra foto también de Lara indignó muchísimo a la madre del diestro:



Cuando Manolo estaba molesto con su novia, la llamaba Antonia. Por contra, doña Angustias siempre se refirió a ella de igual modo: 'la p... ésa de Madrid'.

Si van ustedes a darse un paseo por Segovia, entren en una de las librerías más bonitas de España. Se llama El Torreón de Rueda, en la calle Grabador Espinosa:



Allí tienen expuesta esta puya:



Pone que es la que usó Ramón Atienza en los dos puyazos que pegó a Islero, que se sumaron al que había recibido del reserva. Atienza recargó tanto que lo multaron. Manolete puso mala cara cuando sonaron los clarines porque pensaba que el toro necesitaba más castigo...

Ese ultimo instante de la vida de Manolete cuando dice que no ve nos recuerda al pobre Gitanillo, a quien llegaba también su última hora tras dos meses de atroz agonía gritando '¡ya no veo!'

El poeta D.H. Lawrence describió esto que puede recordar a la oscuridad de la muerte. Pertenece a un poema del que nos hemos atrevido a cambiar la última palabra con permiso de Octavio Paz, autor de la traducción:


Una invisible oscuridad abrazada a la profundidad negra,
atravesada por la pasión de una densa niebla,
bajo el esplendor de las negras antorchas
que derraman sombra sobre la novia perdida y su torero.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

lunes, 24 de agosto de 2020

MIURA EN SANLÚCAR: LUQUE CORTA CUATRO OREJAS

El titular era obligado porque ¿cuánto hace que no veían ustedes a un diestro cortar cuatro orejas en una corrida de Miura? De las cuatro nos sobran por lo menos tres. Ignoramos si el presidente es familia de Luque.

La corrida no llegó al récord de la del año pasado, que pueden recordar pulsando aquí, con sus ocho orejas, un rabo, un indulto y todos a hombros al final incluyendo al ganadero y al empresario. 

Los miuras tuvieron presencia, movilidad, ganas de embestir, alegría en sus arrancadas al caballo y ausencia de malas ideas. Pero siempre sin síntomas de borreguismo, ¿qué más se puede pedir? Ya se sabe que si lo de Miura sale marrajo es que hay que enviarlo todo al matadero y si sale bueno, es que ya no es lo que era porque lo han cruzado con... y aquí pongan las tres o cuatro ganaderías que se repiten desde hace décadas.

Los tres primeros se astillaron los pitones de salida. La media fue de 615 kilos, algo digno de Pamplona (las tres últimas en San Fermín han dado en la báscula 615, 584 y 599). Recibieron quince puyazos. No hubo ninguna pelea sobresaliente aunque tampoco mansa. Todos con el hierro arriba excepto cuarto y sexto, que vendrían de Cabrera.



Se guardaron las distancias en el tendido aunque si no llega a ser por la televisión mucho nos tememos que no salen las cuentas de ninguna manera. Ya saben ustedes que el único sitio de España donde hay que mantener las distancias a rajatabla es en las plazas de toros, los demás tienen patente de corso incluidos los maestros del Congreso de Diputados, que son quienes han decidido el decreto ley al respecto que ellos no respetan: 






ESCRIBANO. Su primero pesó 640 kilos y era este Bocarrubia afectado de ese trastorno en la pigmentación de origen desconocido que se denomina vitiligo (ojo, lean abajo el primer comentario):



Es un caso similar a aquel de Victorino que saltó en Tafalla hace siete años, recuerden aquí:



El de Miura se dejó pegar en el peto y Escribano nos sorprendió luciéndolo en varas:



Pero Sanlúcar lo picó como ven en la foto a pesar de que Muñoz en televisión decía 'perfectamente señalado el puyazo, en la misma cruz, muy bien el picador, ha estado perfecto'. ¿Qué me dicen?



El toro se venía incierto y rebrincado tras dolerse en banderillas y berrear. Se terciaba de inicio un castigo por abajo para demostrarle que tenía que obedecer:



Escribano prefirió sacar la faena hotelera a la que el animal no quiso entregarse, lógicamente. Lo mejor fue constatar la fortaleza y agilidad de piernas del maestro a pesar de la inactividad:



Lo cazó de tendida trasera con el brazo alto porque era previsible que el toro echara la cara al cielo sanluqueño. Los comentaristas calificaron al toro como encastado, cosa con la que discrepamos.

A su segundo lo recibió con una larga en tablas para calentar el ambiente dado que venía de ver cómo sus colegas habían cortado ya tres orejas. Lo picó Peña dándole tres puyazos tapándole siempre la salida. En el tercero no tardeó, fue alegre pero cantó la gallina porque decidió no pelear e irse suelto, ahí lo tienen:



El segundo tercio se convirtió en un desastre que condicionó todo lo que vino después. Decidió parear el maestro pero se alivió tanto que el segundo par lo clavó en el suelo porque se quedó sin toro de tan pasado que fue. Hasta seis veces entró a clavar entre una cosa y otra. Eso tiene mucho mérito ante un miura pero es que deben añadir los doscientos capotazos que le dieron entre Sierra y Robles. 

El toro galopaba de aquí para allá con entusiasmo y mostrando un tranco murubeño. Se tragaba los capotazos sin rechistar pero todo eso iba a ir en detrimento de la faena de muleta, estaba clarísimo. 

Escribano le pegó tres cambiados en el platillo demostrando un valor que nadie en su sano juicio se atreverá a discutir: 



El toro seguía sin parar quieto pero no quería nada por arriba sin que Escribano se apercibiera de esa circunstancia. Había que estar muy firme y bajarle la mano para intentar hacerse con él. 



Pero el lamentable correcalles del segundo tercio pasó factura al bueno de Acedero, que enseguida se fue parando y sacando sosería porque había agotado sus fuerzas. Lo fácil era echar la culpa al pobre toro tras haberlo lidiado fatal en banderillas. 

Tras un pequeño susto sin consecuencias al perderle la cara, lo mató despues de un largo gazapeo que el toro dedicó al maestro y a su cuadrilla por haberlo lidiado tan mal. Estocada pasada clavando con habilidad y descabello.

No tuvo mala suerte Escribano en el sorteo sino que la mala suerte fue la de este toro con la lidia que sufrió. 

LUQUE. Fue el triunfador gracias a la generosidad sin límites del palco. Su primero era un precioso colorado ojo de perdiz llamado Africano y de 630 kilos. Este toro era de Pamplona, Bilbao o Madrid sin problemas en el reconocimiento.

Le echó bien el capote Luque y remató con esta buena media:




En el primero se deja pegar y le levantan mientras que en el segundo acude alegre de largo pero cabecea y toca música. Nos sorprendió el diestro poniendo el toro larguísimo en un tercer encuentro, que es el importante, ¡gracias, maestro!



De nuevo se viene al galope sin tardear, le señalan pero entonces se repucha, ¡qué pena! Ovación de gala para Quinta, ¿por qué no se hace así el primer tercio cada tarde? Pues habrá que preguntar al propio Luque, que en su segundo se comportó en varas con la vulgaridad habitual.

El toro imponía mucho y Juan Contreras, a quien consideramos uno de los tres mejores banderilleros actuales cuando quiere, no quiso ni verlo.

Luque suele hacer buenos inicios de faena a la ternera bobalicona pero al miura le pegó cuatro mantazos inadecuados para un animal revoltoso que tenía bastante que torear. Había que tragar saliva y echar la muleta adelante. Luque sólo hizo lo primero, vean cómo citaba:



Como positivo, destacar que echó la pierna adelante ya que no se encontraba ante el choto domesticado que te permite destorear porque aunque te vea, nunca va por ti. No obstante, recurría al pico dado que seguía sin confiarse:



Es que no vimos que se confiase en ningún momento a pesar de que lo jaleaban. Toreó bastante despegado y fue al final cuando se dio cuenta de que el toro hubiera tragado mucho antes si se olvida del hierro. Entonces le sacó tres naturales buenos:



Pero tempus fugit y ya era tarde para confirmar que el tal Africano era un miura bravucón, encastado y con trapío pero sin malas ideas. Cuando se perfiló tuvo que oírse el '¡no lo mates!' de alguno del PACMA. Rinconera mojándose los dedos pero pegando el telonazo (para Muñoz, un estoconazo, por supuesto). Observen que la espada está en el rincón:



Descabello y dos orejas de las cuales sobraba una como mínimo.

El quinto tenía menos trapío que su anterior, no entendemos por qué salieron en ese orden. Lo enceló bien con la capa de salida. Por lo menos sólo remató con una media y no con cuatro consecutivas como hizo este año en Valdemorillo de manera indignante:



En varas se deja pegar una carioca infame de El Patilla mientras el maestro asistía al despropósito con un autismo preocupante. Bah, total ya tenía dos orejas regaladas:



En el segundo encuentro no quiso lucirlo y permitió que su picador siguiera aplicando la batidora. Vean cómo barrena mientras nos intenta engañar levantando el palo pero tapando la salida para seguir haciéndole picadillo la musculatura. No tienen vergüenza:



Contreras nos enseñó que el pitón izquierdo era el bueno, con humillación y recorrido. El hermano de Mota sólo recetó siete capotazos en todo el segundo tercio mientras Caricol ponía dos pares excelentes. Entre ambos dieron una soberana lección a Escribano y su cuadrilla de cómo es la lidia correcta de un toro en banderillas:



Esperábamos que Luque hubiera visto ese pitón izquierdo pero se echó la muleta a la derecha y pegó tres tandas que sumaron diecisiete pases por ese pitón.



Nosotros nos mordíamos los puños porque estábamos convencidos de que el bueno era el izquierdo pero cuando por fin intentó torear por naturales resulta que no lo veía nada claro. Empieza ayudándose:



Y continúa despegado enseñando el pico:



Ustedes nos discutirán diciendo que el toro por ese pitón era complicado. Sí,  quizás, pero nunca sabremos quién llevaba razón. Juan Contreras podría hacer de juez de paz. El caso es que el toro a esas alturas ya había agotado el depósito y se quedaba debajo. Pero nos da en la nariz que Luque es derechista, de los que no están cómodos sin la ayuda de la espada.

Se equivoca entrando en la suerte contraria y pincha. Cambia a la natural, se perfila en la pala como ven en la imagen y deja una media caída que basta:



Dos orejas del dadivoso presidente que nos sobran totalmente como creemos que ha quedado claro desde la actitud lamentable del maestro en el primer tercio hasta su defectuosa forma de entrar a matar, siempre tapando la cara. 

MORAL. Su primero nos pareció muy en tipo. Era blandito de remos y vareado a pesar de sus 608 kilos que no aparentaba ni de broma:



Fue tres veces al caballo pero peleó con la cara arriba:



Lo trató con mimo Siro en la brega demostrando a Pepe que por el derecho era un toro muy formal:



Había que abrirlo un poco porque se revolvía pero embestía siempre con nobleza. Recuerden que decíamos al principio que estos miuras no tuvieron ni una mala idea en toda la tarde:



Por el izquierdo era topón y desaborío pero por el derecho volvía a demostrar muy buena educación, nadie diría que venía del colegio, o reformatorio, de Zahariche:



Buena estocada contraria. No hay duda de que Moral es el mejor estoqueador de los tres con diferencia pero sólo cuando quiere. Vean en estas dos imágenes de la misma acción que no tapa la cara del toro ni alarga el brazo para pegar la puñalada:




El toro dobla en los medios y oreja al canto.

El último se llamaba Berenjena, un cinqueño de 626 kilos. Fue el que metió mejor los riñones en el caballo. Carbonell le pegó como si le debiera dinero y encima en el lomo. Perpetró una carioca de tres vueltas y media que fue para ponerle a pan y agua hasta Navidad:



Ya se habrán fijado en que el toro empuja con desesperación mientras es masacrado por el siniestro piquero de manera abyecta e indigna.

Conste que en los dos puyazos salió suelto. Además se dolió en banderillas y escarbó una vez, cosa que no le tendremos en cuenta porque fue el único de toda la corrida que tuvo ese feo detalle.

En la muleta era pronto, noble y repetidor pero no regalaba nada y hacía hilo. Moral no estuvo a gusto desde el primer pase y lo peor es que se le notó al vuelo.



El primero que lo notó fue el toro, que dijo 'éste no va a poder conmigo porque no sabe cómo meterme mano'. Así fue y el tal Berenjena se le subió a las barbas porque nunca se sintió toreado. Moral estaba loco por finiquitar el trasteo. 

Esta vez no quiso matar bien y se alivió con escándalo pegando el telonazo y saliéndose de la suerte para dejar dos medias tendidas muy defectuosas que escupe. Vean una de ellas y confirmen el hierro abajo de Cabrera:



Por fin, media en el rincón con los mismos alivios, rueda de peones y descabello.



Corrida muy interesante, ya firmaríamos todas como ésta con tantas cosas para comentar. Perfectamente podríamos haber visto dieciocho entradas al caballo pero en los tiempos que corren, las quince que hubo son para darnos con un canto en los dientes. Comportamiento variado de los miuras, ninguno bravo pero ninguno manso. Y con una movilidad que desmiente a los que dicen que en Pamplona se paran por sus kilos. 

Nos sobró el verbenero presidente pero los libros no se acordarán de él sino que registrarán el récord de un torero como Daniel Luque que cortó cuatro orejas a dos miuras en la misma tarde. Así se escribe la historia.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.