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jueves, 21 de diciembre de 2023

EL PEOR MIURA DE LA HISTORIA

Ese miura tendrá que ser muy malvado para encabezar la larga lista de toros con mala idea de esta vacada. Si preguntáramos a Pepete de quién vamos a hablar, nos diría que de Jocinero. Si a Posadas, que de Agujeto. Si a Dominguín, que de Desertor. Si a El Espartero, que de Perdigón, recuerden aquí. Si a Manolete, lógicamente que de Islero, pulsen aquí. También podríamos preguntar a Pedro Carreño y nos diría que de Cabañero, el novillo que lo mató en 1930. Así nos sacaría de dudas ya que su nombre no supieron darlo en casa de Miura cuando años después se les preguntó.

En los tiempos recientes, y sin llegar a la tragedia, Rafaelillo nunca olvidará las malísimas intenciones de aquel Maquilero de Castellón que comentábamos aquí en el inicio de la singladura de nuestro modesto blog, hace ya diez años. Pesó 662 kilos y era un sardo cinqueño. Se quedó en la manga avanzando y retrocediendo. Asomaba el morro y se volvía. Así estuvo quince minutos mientras le echaban capotes sin que hiciera caso. Cuando por fin salió, lo hizo dando pasitos y husmeando el ruedo, ahí lo tienen:



Luego nos enteramos de que en la finca nunca comía con los demás y un día se llevaron un susto morrocotudo cuando lo encontraron junto a la pared del cortijo porque había saltado la cerca. Observen el arreón que pegó mientras Rafaelillo acertaba a meter el brazo:



Pues el peor no es ninguno de los miuras citados sino Gorrete, lidiado en Málaga el 31 de agosto de 1887. Fue el causante de siete cogidas aunque en algún sitio ponen ocho seguramente contando que envió a Badila a la enfermería. Atención porque estuvo a punto de matar en el mismo festejo a Lagartijo, a El Espartero y a don Luis, ahí es nada. No hay ningún miura con un historial como éste de tantas cogidas en tan poco tiempo y a toreros de tanta categoría. Gorrete fue el ejemplo máximo de las tres características básicas de lo miureño elevadas al cuadrado: desarrollo de sentido, ligereza de cuello y dureza de patas. El cóctel fue explosivo y no hubo forma de meterle mano.



La corrida conmemoraba en Málaga el aniversario de su reconquista por los Reyes Católicos:



Fueron toros de Miura para Lagartijo, El Espartero y Mazzantini. Los dos últimos cortaron sendas orejas a quinto y sexto. 

Gorrete era colorado ojo de perdiz y se lidió en cuarto lugar. Tuvo que corresponder al califa. Los picadores a quienes volteó de salida eran de máxima categoría: Badila y Agujetas. Ambos sumaron cincuenta y nueve años picando ¡y sin peto! Han sido de los más grandes, junto a Zurito, Camero y Calderón. 

En una reseña dicen que 'si cogió a Lagartijo es que sabía más que él'. No falta razón al revistero aunque anotaremos que al califa otro miura de nombre Bonito estuvo a punto de darle el pasaporte al otro barrio doce años antes en Madrid cuando lo cogió tres veces. 


Estos miuras están todavía en la finca de El Cuarto. La foto es de 1897

La cuestión es que, como decimos, salió Gorrete y arrolló a Agujetas enviándolo al suelo. Acto seguido se fue por Badila e hizo lo propio con él. Volvió con  Agujetas y lo volvió a descabalgar. De los dieciocho caballos que mataron los miuras en Málaga aquel día, Gorrete se cargó él solo a ocho. Agujetas resultó cogido en el suelo sin consecuencias pero Badila se llevó una fuerte conmoción por el porrazo y fue retirado a talleres.


Salvo error, el picador derribado es Badila y la del quite es la Chiquilla de Cádiz

En los quites El Espartero sufrió dos volteretas. Juan Molina, que es uno de los diestros que más ha sabido de toros en la historia de la tauromaquia cobró una cornada en un brazo (en otro sitio hablan de puntazo). Después fue su hermano Rafael quien fue volteado recibiendo un fuerte varetazo en el muslo aunque Gorrete no llegó a hacer carne. Sí la hizo en el brazo de Torerito ya que le atravesó la mano con un gañafón que fue igual que una puñalada (pulsen aquí para recordar algo parecido en Pamplona en la feria de 1960). Rafael Bejarano, Torerito estaba entonces en la cuadrilladeLagartijo y luego tomaría la alternativa pars demostrar buen oficio y una espada letal.

Paseó por la atmósfera al banderillero Manene. Era un buen banderillero que entró en la cuadrilla del cordobés porque era cuñado de su hermano Juan. Un año después de esta corrida lo mató un toro al hacer un quite al picador en Córdoba.  Finalmente Gorrete también pegó una voltereta sin consecuencias a don Luis.

¿Qué les parece? Recuerden ese nombre cuando se hable de Miura porque hay otros toros suyos más famosos pero ninguno que tenga un historial como el de este coloradico. Vayan ustedes a saber si llevaría la sangre navarra de aquel Murciélago. Recuerden que ocho años antes de esta corrida de MálagaLagartijo no quiso matarlo en Córdoba en medio de un escándalo contra ese indulto y se lo regaló a Antonio Miura Fernández. Hablamos de 1879. Murciélago llevaba el hierro de la P, de Pérez Laborda, a cuyos herederos había comprado las reses el carnicero zaragozano Joaquín del Val.

Decíamos al principio que Gorrete pudo ser un toro que pasase a la historia por haber matado en la misma corrida a tres toreros, entre ellos a Lagartijo. Se comentó que había sido el toro de más sentido que se había lidiado en muchos años y eso, en 1887, significaba bastante más peligro que hoy en día. En otra reseña ponen que Gorrete salió dispuesto a acabar con el mundo y casi lo consigue. Un último comentario dice: como salieran seis gorretes cada temporada, terminaban con los de a pie.

Nos despedimos aprovechando esta entrada para desear una feliz Navidad a nuestros selectos lectores, con la esperanza de seguir contando con su compañía al otro lado de la pantalla.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


domingo, 30 de enero de 2022

EL ESPARTERO: 2 ALTERNATIVAS Y 81 COGIDAS

De las cuales, treinta fueron graves en mayor o menor medida. Cúchares decía que no había que fiarse de esos torerillos jóvenes que arrasaban a base de valor y que con el paso del tiempo les iba entrando miedo. Según él terminaban por no ser ni chicha ni limoná. En cambio Fernando el Gallo, quien confirmó la alternativa a El Espartero, se admiraba de que tenía el mismo valor cuando empezó que cuando llevaba más de 7 años de profesión. Para él resultaba algo inconcebible.



Su padre lo tenía amenazado de muerte para que no se dedicase a los toros. Nos recuerda al señor Lalanda enfadándose con su hijo, pulsen aquí. Pero el joven Manolillo no obedecía y seguía escapándose a hacer la luna.


En una espartería

llora un chiquillo,

quién iba a decir 

que sería otro Hillo.


El apodo se lo puso el aficionado Carlos García cuando debutó como novillero en Sevilla en julio de 1885:

- Tú ¿qué haces? ¿Trabajas en algún sitio?
- Sí, en el esparto, soy espartero, como mi padre

Esa presentación fue un triunfo y se lo llevaron a hombros tras matar su último novillo, de Anastasio Martín, que se llamaba Bailador

Antonio Miura y Manuel Domínguez se erigen en sus protectores. El diestro lo llama a su casa y le regala un estoque: 'ahí lo tienes, en prueba de cariño, rómpelo mejor en los huesos de los toros antes de que uno se te quede vivo'.

Le siguen éxitos por muchos pueblos de la provincia y decide tomar la alternativa de manos de Gordito ¿con cuántos años? En algunos sitios pone que nació en 1860. El Cossío lo deja en 1865 pero creemos que lo correcto sería 1866, que parece ser el año en que fue bautizado en San Marcos de Sevilla.

Sí hemos leído que su casa éstaba aquí, en la plaza de la Alfalfa, donde su padre regentaba la espartería en el número 8:


Su primera alternativa la tomó con diecinueve años, el 13 de septiembre de 1885, de manos de Gordito y con toros de la Viuda de Saltillo. Se llevaron cuarenta y cinco varas y dejaron ocho caballos muertos.

El problema fue que días después mató una novillada en Zalamea la Real y se le obligó a repetir la ceremonia. Por cierto, miren lo que pasó en Zalamea. Tras el segundo tercio, el toro se amorcilló en la puerta de chiqueros. Salió Manuel a intentar pasarlo de muleta pero era una labor de titanes porque el toro seguía con la grupa pegada a la barrera. Desde el callejón le pincharon con varias banderillas en los cuartos traseros y, como parecía un toro de Guisando, optaron por clavarle una garrocha. Ni por ésas. Volvió El Espartero a la cara ante los gestos preocupados del público, que preveía un arreón y la cornada. Muchos pedían la muerte a tiros del animal pero lo que hizo el maestro fue tirarse encima del toro para matarlo mientras éste continuaba aculado en tablas. El matador no tenía salida como no fuera tirar los avíos y tomar el olivo, cosa impensable en él, de manera que el toro le pegó el gañafón y se llevó la cornada en el tercio inferior del muslo derecho. Eso fue lo último que hizo el toro porque el espadazo fue letal.


El 11 de octubre volvería a Sevilla, de nuevo con Gordito, para repetir la alternativa. Esta segunda vez fueron toros de Miura. Tomaron cuarenta y seis varas y liquidaron diecisiete arenques. Se empieza a hablar de que es un fenómeno con valor a prueba de bombas:  


En Madrid están con la mosca tras la oreja pensando que los sevillanos se han inventado otro fenómeno más. Se anuncia en la capital mano a mano con Fernando El Gallo y toros de Núñez de Prado. Es el 14 de octubre de ese mismo año y la prensa madrileña echa el freno a tanto ditirambo: 


No niegan que tiene lo principal, el valor. Su desprecio por el toro sólo lo vemos en Matías Lara, Larita, recuerden que lo calificábamos aquí como el torero más valiente de todos los tiempos. En La Lidia dejan claro que El Espartero 'ignora el peligro porque para él el toro no es más que una masa que se mueve y cornea y se trata de demostrar que el hombre es tan animal como el toro o más'.

Manolillo es un niño ignorante pero un niño valiente, que pisa unos terrenos cerca del toro que no ha pisado nunca nadie. Años antes de morir reconocerá a un amigo que se ponía ahí encima porque es un sitio donde 'el toro te pega pero no te mata'.


Es limitado con la muleta. No domina los toros y eso le acarrea problemas después porque además no sabe matar pero todo lo suple con un arrojo y una temeridad que van más allá de la valentía. Recuerden que nuestra teoría siempre fue que la temeridad es la gamberrada del valiente, lo contábamos aquí. El bueno de Manolo sería el más gamberro de los toreros. Se comentaba con sorna que era inconcebible pensar tanto que a Lagartijo podía cogerle un toro como que a El Espartero podía dejar de cogerle.

Bleu, siempre tan certero como despiadado en sus juicios, lo deja claro:

'tenía un juego de muleta infantil y una estocada llena de defectos, de zambullida, llevando el brazo en la oreja, arqueándolo e hiriendo siempre perpendicular y atravesado'

A un toro de la viuda de Concha y Sierra en Barcelona que se llamaba Carretero le propinó un espadazo tan perpendicular que la punta del estoque asomó entre los brazuelos.


Hombre, y respecto a lo de la zambullida, lo de llevar el brazo alto y el arquearlo al entrar, eso lo firman hoy muchos maestros de la parte alta del escalafón empezando por Juli, Perera, Ureña, Escribano, Leal, Cayetano, Simón y un tan largo como lamentable etcétera.

Muchas de las decenas de cogidas que sufrió fueron en el momento supremo. Decíamos que no sabía matar ya que, además de lo dicho, cuarteaba al entrar y no cruzaba. Así sufrió graves cornadas por ejemplo en El Puerto (Surga), Cabra (Anastasio Linares), Sevilla (Anastasio Martín), Valencia... Así hasta la fatal de Madrid con el Perdigón de Miura, en que las dos veces que entró resultó cogido por el animal, la segunda de ellas fue la mortal.

Oyó los tres avisos más de una y más de dos veces, remarcable la de la Beneficencia madrileña de 1888 cuando se le fue vivo uno de Veragua. Al tercer aviso dobló el toro justo cuando se abría el portón para dar salida a los bueyes. Nos recuerda a lo que le pasó a Gallito cuando no pudo matar a Platero, lo contábamos aquí.


Trasteaba con una muleta que llamaba la atención por sus pequeñas dimensiones. Se decía que con una de un diestro de la época se hacían tres para El Espartero (pues con la de Manzanares, Juli o Escribano tendría para seis). Sólo puso banderillas en dos ocasiones. Se negaba diciendo que él era matador de toros, no banderillero: '¿se le pide a un zapatero que toque el acordeón? Pues el matador está para matar, que no es poco'.

Sus dos mayores éxitos fueron en Barcelona y en Madrid. En la ciudad condal mata tres toros del conde de Espoz y Mina (antes Carriquiri) y corta sendas orejas tras sendas estocadas. En Madrid, bajo una tormenta de mil demonios, pasa la mano por la cara a Mazzantini frente a 'unos pavos de Solís' (Bleu). Iba de azul y oro. Su faena triunfal fue al cuarto, Grajito, que tomó nueve varas y mató tres caballos: 12 pases y un volapié hasta la tela sin puntilla. Todo en dos minutos y con los pies descalzos hundidos en un barro que le tapaba los tobillos. Lo de descalzarse lo anotan en los periódicos como noticia. Ya saben que nuestra teoría es que un diestro no debería quitarse las zapatillas jamás pero estamos tan chapados a la antigua como estas crónicas de hace ciento treinta años.

Ya que les escribimos a veinte metros de la plaza de toros de Tarragona, les diremos que aquí también triunfó en 1887 con toros de Ripamilán. Toreó en solitario destacando contra el quinto, Provincial. Era colorado y tomó veinte puyazos, muriendo siete caballos en el ruedo y otro en la cuadra. Cuando se cambió el tercio hubo protestas y lanzamiento de objetos porque el personal quería seguir viendo varas. En Tarragona el público siempre fue bastante caliente, ya les contaremos lo que pasó con Mazzantini. El Espartero salió a hombros por esa puerta verde, delante de nuestra casa:


Para su desgracia, los lagartijistas lo erigen en estandarte contra Guerrita. Alguno escribe que 'Espartero torea más que mata y Guerrita mata más que torea'. A ver, eso no hay por dónde cogerlo ya que la competencia entre ambos era imposible. El bueno de Manolillo tiene que suplir sus carencias a base de pisar ese terreno que preocupa hasta al califa. Le preocupa porque se ve presionado y obligado a quitarse la mandanga de muchas tardes dado que el público prefiere ver al sevillano que al cordobés. Y es que su popularidad llegó a ser inmensa.

Tras recortar al toro con una media capote al brazo, se adorna con el teléfono mirando a Rafael. Pero lo hace siempre sin mala intención, con una sonrisa simpática y amistosa, como la persona humilde que fue. Lean lo que escribía de su rival, con muy buena letra, por cierto:


Villalón sostiene que el famoso 'déjalo que enganche' de Guerrita a sus picadores era para castigar a los toros despiadadamente y así intentar pisar el terreno donde se ponía el Espartero, que era hacia quien se inclinaba el favor del público.

Pero Lagartijo se retira y sus partidarios se van también a llorar, olvidándose de El Espartero. En esa tesitura, con nuestro protagonista ya rico pero sintiéndose un tanto humillado porque los mismos que lo encumbraron lo abandonan, es cuando se presenta en Madrid en 1894 para demostrar 'quién soy yo'.

Es el 27 de mayo y Manolo va de verde y oro con cabos negros. Toros de Miura para él junto a dos diestros noveles, El Zocato, que sustituía a Reverte, y Fuentes: 


El primero de la tarde es Perdigón, un colorado ojo de perdiz, huesudo y escurrido pero astifino y cornidelantero. Se muestra quedado y a la defensiva aunque toma siete varas y mata tres caballos ( en otros sitios, cinco y dos respectivamente, ya saben que no se aclaraban contando). El Espartero, a base de insistencia y pundonor, le arranca doce pases y se perfila para matar. Pincha, el toro lo engancha, lo levanta hasta una altura considerable y sufre un fuerte porrazo cuando aterriza, al cual se suma el varetazo en el pecho. El peón Valencia le hace el quite evitando que el toro haga por él.

Ni se miró Manolo, ¿cómo se iba a mirar sólo por un trompazo? Una vez un toro le arrancó la piel de la mano al entrar a matar dejándole a la vista el hueso. Pidió una venda, se la aplicó de mala manera y volvió para matarlo. En otra ocasión fue herido de gravedad también al pinchar en la suerte suprema. Todos vieron que la cosa era muy seria pero el maestro quería volver arrastrándose a la cara del animal para matarlo. No le dejaron porque saltaron al ruedo unos guardias con orden estricta del presidente de llevarlo a la enfermería.


Volviendo a Perdigón, del que han visto arriba un descendiente, le pegó siete pases más y el toro quedó cuadrado a favor de su querencia hacia un caballo muerto. Espartero se colocó entre el toro y el jaco. Cobró una estocada delantera y contraria pero el de Miura le dejó a su vez una puñalada en el vientre. Cayó el diestro al suelo y se contrajo en posición fetal, juntando las rodillas con la cabeza. El toro lo volvió a cornear sin llegar a herirle de nuevo. 

Mientras El Espartero daba su último estertor estirando el brazo en el callejón camino de la enfermería, Zocato terminaba con el miura. Entró en estado de colapso, igual que Gallito en Talavera, y ni la respiración artificial que le aplicaron ni una sangría que le hicieron consiguieron nada. Jocinero había matado a Pepete al hacer un quite en la plaza vieja de Madrid y Perdigón a Manolo en la plaza nueva.

Lámina idealizada de Le Petit Journal
donde equivocan el terno del maestro.

¿Qué nos ha dejado este hombre valiente hasta la temeridad? Tres cosas. La primera, su vergüenza torera, que le permitió alternar sin hacer el ridículo con Lagartijo, Frascuelo, El Gallo, Guerrita, Mazzantini, Fuentes, Cara-Ancha... La segunda, su célebre frase cuando quería ser torero y le avisaban de que tendría un percance grave: 'más cornás da el hambre'. Y la tercera, que pisó unos terrenos que nadie había pisado antes y que no se volverán a pisar hasta Belmonte. Ahí radicaba la emoción de su toreo.


Fernando Villalón, gran admirador de El Espartero, decía que fue el San Juan Bautista de la tauromaquia moderna como precursor de Juan Belmonte. La diferencia es que el toro de Belmonte ya no tenía tanta importancia como el de El Espartero. Villalón lo despreciaba:

'el toro de Belmonte no es más que el cuatreño mal criado de becerro y cebado cuando es toro, de lo cual resulta un animal torpón de movimiento, fácil tanto de desangrar con las puyas como de cansar con los capotes hasta conseguir que embista cuando quiere el torero y no cuando quiere el toro'

¿Qué diría don Fernando Villalón-Daoiz y Halcón de nuestro toro posmoderno del siglo XXI? Por cierto, el poeta ganadero apunta en este delicioso librito la larga lista con los nombres de todos los toros que cogieron a El Espartero:


Nos vamos despidiendo para no aburrirles más. ¿Saben de quién se enamoró Manuel? De una viuda, doña Celsa Fontfrede, la ganadera de Concha y Sierra. Se ve que la cosa fue recíproca y que tuvo una hija con ella. 

Llanto a la muerte de El Espartero, lienzo de Jesús Helguera

La idea del maestro era retirarse tras la temporada de 1894 e irse a vivir con ella. Perdigón truncó esos planes con aquella cornada encima del ombligo, tan parecida a la de Gallito. Sus últimas palabras en brazos de su banderillero de confianza Malaver fueron '¡Ay! ¡Vaya por Dios...!'

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.










lunes, 7 de junio de 2021

MANUEL PERERA PAGÓ CON SANGRE EL NO HACER TRAMPAS

La formidable cornada que se llevó Manuel Perera en Vistalegre fue el precio carísimo que pagó por no hacer trampas a la hora de entrar a matar.

En nuestro modesto blog estamos cansados de denunciar las candongas y ratimagos de los toreros en el instante supremo de la estocada. Insistimos no por una especial inquina contra los tramposos, que también, sino por hacer un poco de justicia respecto a los que se juegan la vida haciendo la suerte como los matadores de verdad. Y hacerla bien supone arriesgar esa vida que, en el caso de los diecinueve años de Perera,  pudo acabarse abruptamente hace unos días en Madrid.


FOTO: Guillermo Navarro

La cornada que le pegó el tal Rebujino nos recordó a la de Gallito en Talavera o a la de El Espartero. Del primero tenemos el parte médico que comentábamos en esta entrada, lean:



Si miramos el parte de Perera, se repiten las palabras intestinos, peritoneo, epiplón y shock traumático:

'Herida por cuerno de toro en fosa ilíaca izquierda con un trayecto ascendente de 30 cms. que desgarra musculatura de pared abdominal; otro trayecto hacia arriba y adentro que penetra en cavidad peritoneal con evisceración de asas intestinales y arrancamiento de epiplón, alcanzando una extensión de 40 cms. Pronóstico, muy grave'

El médico añadió después que:

'sufrió un shock traumático al verse las tripas fuera'

Recuerden pulsando aquí cuando contábamos que Gallito en el suelo grita a Blanquet, que fue el primero en llegar:

'¡Me ha sacado las tripas!'

Perera decía en Vistalegre a Padilla: '¡me muero!'


El parte de El Espartero habla también de:

'Colapso tras herida penetrante en región hipogástrica con hernia visceral'

¿Por qué decimos que Perera pagó muy caro el no hacer trampas? Pues porque no perpetró el telonazo vergonzoso al toro sino que apuntó con el estaquillador al morro, como hacen los toreros valientes y no los mindundis. Observen la secuencia de imágenes que hemos captado de este vídeo:





Como no ha dejado ciego al toro con el infame telonazo, éste lo ve y lo empitona:



Para que luego no se valore al maestro que se arriesga y a los que nos engañan cada tarde por muy figuritas que digan ser. Además, no se escupe y por eso el toro hace carne con su pitón como si un cuchillo entrase en mantequilla:

FOTO: Aplausos

FOTO: Julián López

Y, por si todo esto fuera poco, la estocada queda contraria, vuelvan a ver la foto anterior. Eso es señal de que no hubo ni el más mínimo alivio buscando lo blando para dejar esas estocadas bajas que en televisión califican siempre como 'ligeramente desprendida'. Fíjense en el estoque:

FOTO: Julián López

Mientras tanto, Rufo se aliviaba escandalosamente y ello le servía para ser loado y premiado con dos orejas. Ahí tienen cómo tapa la cara del toro, alarga el brazo para clavar antes de llegar a jurisdicción y la flecha del suelo indica que se saldrá de la suerte:


Todo esto que decimos da igual. El público orejil no sabe de qué estamos hablando. Los críticos paniaguados sí pero callan con su desfachatez habitual para asegurarse sus lentejas y no dar la nota. Los novilleros y toreros que intentan hacer las cosas bien se dan cuenta de que no vale la pena arriesgar, total, ¿para qué?

Pues nosotros desde aquí sí nos damos cuenta de quiénes le echan verdad y quiénes son unos trileros que nos dan gato por liebre cada tarde con la connivencia del taurineo oficial en el que situamos en vanguardia a los tiralevitas de la crítica.

Señores, no puede ser que en la enfermería un chaval tuviese su vida pendiendo de un hilo por jugársela haciendo las cosas bien y otros corten orejas trampeando con el beneplácito de los indocumentados en el tendido y los caraduras en los medios de comunicación taurina.

Vaya desde aquí nuestro homenaje y nuestro agradecimiento a Manuel Perera por su honradez en el instante supremo. Esperemos que se recupere pronto y que, si por una casualidad remotísima lee estas líneas, se dé cuenta de que no cayó en saco roto su esfuerzo por matar a ley. Aunque el precio que ha pagado haya sido altísimo. 

Por cierto, si un toro de una ganadería de encaste minoritario pega este cornalón a cualquier diestro, la condenarían al ostracismo durante lustros. ¿Pondrán los taurinos a El Juli en la lista negra? 

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

domingo, 21 de junio de 2020

LA TEMERIDAD ES LA GAMBERRADA DEL VALIENTE

En una de las entradas que dedicábamos el año pasado al novillero Montero, decíamos que en invierno nos ocuparíamos de divagar sobre la temeridad en el toreo. Como este invierno está siendo largo, ha llegado el momento de apuntar algunas cosas al respecto.



Un día preguntaron a El Fundi en qué consistía el valor de un torero. Respondió que 'en manejar el miedo'. Nos parece perfecto. No le preguntaron qué era la temeridad pero responderemos nosotros por él a cuenta de su definición del valor. La temeridad consiste 'en despreciar el miedo'. El torero valiente lo maneja mientras que el torero temerario lo desprecia. Lo primero implica cerebro, lo segundo, sólo corazón... o tripas.

Un testimonio que avala esta idea es el de Leopoldo Vázquez en su Tauromaquia de 1895:
                     

Manejar el miedo es muy difícil, no está al alcance de cualquiera. Para ello hay que tener cabeza fría, serenidad de ánimo y dominio de una técnica. Despreciarlo, en cambio, es fácil. Cualquiera de nosotros podría despreciarlo ante una vaca en un tentadero y salir volteado.  Por ese motivo, nosotros censuraremos siempre al torero temerario.

Lo hicimos aquí cuando Gonzalo Caballero se tiró a matar de novillero sin muleta en Madrid. Lo mismo vale para Ángel Jiménez el día de su alternativa en Sevilla:


FOTO: Juan Carlos Muñoz

O para Solera aquí. En el caso de Jiménez, un amigo lector nos decía que era el recurso del 'pobre' para conseguir eco mientras al 'rico' le ofrecen contratos sin hacer méritos. En el caso de Solera, otro amigo nos intentaba convencer de que no había sido temerario porque había estudiado muy bien la suerte y como prueba nos decía que había caído de pie tras la voltereta. Los dos pueden tener su punto de razón pero no nos apean del burro.

¿Cómo distinguir en qué circunstancias podemos hablar de valor y en cuáles de temeridad? Tuvimos un caso polémico a cuenta del citado Montero en Arnedo. Salió el tercero y lo recibió de rodillas. Dio primero dos faroles, uno por el izquierdo y otro por el derecho. Aquí los tienen:





Cuando el toro se revolvía, intentó en tercer lugar un lance de frente por detrás ¡también de rodillas! El toro se le fue a la cabeza y no lo mató de milagro. Observen la instantánea y fíjense en que tiene cogido el capote por la espalda de manera temeraria:



¿A quién se le ocurre dar una gaonera de rodillas a un toro de salida? Bueno, ni de salida, ni nunca. Nos pareció una temeridad, o sea, algo censurable. Pero cambiamos de opinión cuando tras la corrida, escuchamos la explicación del diestro. Resulta que él había observado que los dos primeros resinas salían muy sueltos de los lances de recibo. Lo confirmó con el suyo cuando, después del segundo farol, le da tiempo a colocarse el capote por detrás. El problema es que el toro hizo por él en lugar de por el percal. Aquí pueden repasar nuestra crónica.



Llegamos entonces a la conclusión de que el arriesgado lance no fue tan temerario porque obedecía a algo pensado cuyo fin no era resultar cogido por el toro. Ésa es la clave a nuestro modesto entender. El temerario va a que lo coja el toro. El valiente, en principio, no. Zabala padre lo veía igual:



La diferencia para Federico Alcázar, en su biografía de Sánchez Mejías, está tan clara que llega a decir que 'la valentía es un acto esencialmente humano mientras que la temeridad obedece a un impulso animal'. Aquí profundiza en esa afirmación:



Ordóñez hablaba de las dos leyes fundamentales del toreo:

'El toro no te debe coger pero, para que haya pureza, tú tienes que colocarte donde te pueda coger ya que la pureza consiste en que el toro tenga sus ventajas'

Quiere esto decir que el toro te puede coger pero tu inteligencia, tu técnica, tu cerebro y  tu oficio harán que no te coja aunque pueda. Al torero temerario, el toro lo puede coger y lo coge, inexorablemente.

Miren esta estocada de Bolívar en 2018. Se tiró encima del toro de manera temeraria y, por consiguiente, totalmente vituperable:



Recuerden aquí nuestro comentario criticando amargamente al diestro mientras los críticos confundían al aficionado hablando de que 'se tiró a matar o morir de veras, tremendo' (Patricia Navarro), 'estocada espectacular' (Amorós), 'se precipitó en el morrillo dejando una gran estocada' (Madueño), 'Bolívar se la jugó con mucha verdad a la hora de matar' (Ilián), 'una de las mejores estocadas de la feria' (Emilio Martínez),   'tirándose de verdad sobre el morrillo' (Lorca)... Y así, todos.

Nadie criticó este monumental atropello a la razón. No sólo eso sino que al final de ese san Isidro de 2018 le otorgaron el premio a la mejor estocada. Vean la secuencia en este vídeo en el 2'12''. Nos sigue pareciendo un disparate monumental:


FOTO: Agencia EFE

Lo mismo vale para Ureña o Cayetano. Ambos se tiran encima del toro al matar de manera temeraria, nunca valiente. Resultarán siempre cogidos o trompicados porque jamás tienen la intención de cruzar. En el caso de Ureña, lo vemos especialmente cuando intuye la posibilidad de cortar oreja. Recuerden aquí cuando contábamos lo suyo en Bilbao. Salvó la vida  por ensalmo. Dijimos que cortó cuatro orejas matando de manera grotesca y lo mantenemos:




FOTO: Arjona

Vean aquí abajo, ¿qué me dicen de esta forma de despreciar tanto el miedo como la técnica? También es una estocada de san Isidro de 2018. Los del jurado dudarían entre dar el premio a Bolívar o a Ureña discutiendo cuál de las dos estocadas había sido más demencial.



FOTO: Julián López

De momento, el murciano va teniendo muchísima suerte. La misma que Leal, otro que tal baila. Como lo conocemos, en Céret estábamos atentos con la cámara:





En Bilbao siguió tirándose temerariamente, recuerden aquí:



Y la Virgen de Begoña le hizo el quite... por esta vez:


FOTO: Manu de Alba

Cerramos la sucinta serie de temerarios con el citado Caballero, recuerden aquí su formidable cornada en Madrid. Se tira encima:



Y el toro lo prende para dejarle sendas cornadas de 25 y 30 cms. Vayan a este vídeo para ver la secuencia. Fíjense en la siguiente foto en un detalle que no pasó desapercibido a un amigo lector del blog, médico de profesión:



Efectivamente, la cornada fue en la pierna izquierda, no en la derecha, como sería lo lógico. Con eso, está dicho todo. Pero es que llueve sobre mojado porque entró a matar uno de El Pilar en san Isidro y observen:


FOTO: Antonio Heredia

A Román, Santanero I lo apuñaló en la pierna derecha. Ahí no hubo temeridad sino mala suerte, pulsen aquí para leer nuestra explicación:


FOTO: Sean Boyle

Y ojo porque al maestro milennial lo hemos criticado mil veces por temerario. Recuerden en esta entrada que en Valencia el año pasado se echó de rodillas en el platillo ante uno de Fuente Ymbro que se venía como el Tyrrell seis ruedas de Patrick Depailler:



Pues no se le ocurrió otra temeridad mayor que cambiarlo por la espalda. Ahí vas a que te coja seguro porque el porcentaje de que eso ocurra es altísimo:



Así fue. En esta ocasión la Virgen de los Desamparados le echó un capote:



Pero las Vírgenes no pueden estar todo el día con su manto para echárselo a los toreros temerarios. Como decimos, podríamos reducirlo a una cuestión de porcentaje. El maestro deberá evaluar el porcentaje de posibilidades que hay de salir cogido al efectuar cualquier suerte. Si el porcentaje es superior al 80%, temeridad al canto.

En todos los casos que hemos descrito, el porcentaje supera el 90% y en alguno, el 100%. José Tomás también era temerario cuando insistía en pisar los terrenos del toro hasta que éste le levantaba los pies del suelo. Eso tendría mucha emoción pero no es la tauromaquia tal como la entendemos nosotros. 

Otro tanto ocurre con Mad Max Solera cuando se va a porta gayola sin dominar la suerte. Sale vivo de milagro, véanlo aquí con Universal pasándole por encima:


FOTO: Christophe Moratello

Y aquí en Andorra, más de lo mismo:



Aparte de la evaluación del porcentaje, la otra condición para distinguir entre lo valiente y lo temerario sería que el torero valiente ha pensado antes de ejecutar la suerte que va a salir ileso. En otras palabras, no quiere que lo coja el toro. Al temerario le da igual, al valiente no. 

Puede darse el caso de un maestro que haga una barbaridad temeraria pensando que va a salir ileso. Sí, claro, pero ahí estamos ante una preocupante falta de oficio en el diestro. No menos culpables son los que aconsejan a ese torero. Es como si nosotros aunque tengamos el carnet de conducir nos ponemos al volante de un fórmula-1. Todo el mundo coincidirá en que es una temeridad,  ¿no? Pues en los toros, lo mismo. 

Ustedes me recordarán a don Alonso Quijano, quien suele aparecer por nuestro cuaderno con cierta frecuencia. Él decía que 'en cuestión de cortesías vale más perder por carta de más que de menos'. Hay verdad en ello si lo aplicamos al valor, pero con la condición de no caer en la afectación, ni respecto a la cortesía ni al valor. La afectación del valor del torero sería su cualidad de temerario.

Temerarios de hace mas de cien años fueron, según los testigos presenciales, Bocanegra, Espartero, Julio Aparici Fabrilo, Frascuelo, Bombita, Machaco y Matías Lara Larita (de quien hablábamos aquí diciendo que más que temerario era casi suicida). 

Vean este cartel donde se anunciaba El Espartero en la hoy abandonada plaza de Figueres:




FOTO: Miguel A. Puertas

Respecto al pobre Fabrilo, fue celebérrimo su pique en quites con Villita y El Algabeño. Ambos remataron sus intervenciones precedentes haciendo sendos desplantes de rodillas y él quiso superarlos con éste:


Cuadro de Francisco Legua

Lagartijo también se tumbó así alguna vez. Pero el padre de todos los temerarios que en el mundo han sido fue Martincho. Ahí lo tienen con los grilletes, el sombrero, la silla de mimbre... ¡y sin estirar el brazo para darse ventaja!



Recuerden que Paquiro habla de la temeridad en su Tauromaquia y lo hace en la primera página:

'Es preciso que el valor no se adelante hasta la temeridad ni se atrase hasta la cobardía; tanto uno como otro extremo podrán acarrear al torero muchas desgracias y quizá la muerte'

El crítico Don Jerónimo escribió un bonito artículo en La Lidia titulado 'El imperio del hule'. Criticaba en ese número 18 de 1895 el afán de los novilleros de entonces por atropellar la razón:



Dice esto sobre los aficionados cabales:



Pero hay otro tipo de aficionado que él censura:



El mismo que Sánchez de Neira critica (los chisperos eran los que vivían en los barrios más populares de Madrid):



Para llegar a esta amarga conclusión:



A El Guerra uno le dijo una vez que lo admiraba porque para ser torero había que tener bastante de suicida. El maestro lo miró muy serio y le dijo:

'Mire usted, el torero no es ningún suicida porque el valor no consiste en esa ciega temeridad de que algunos alardean sino en saber conservar ante el toro la presencia de ánimo que se requiere para ejecutar las suertes superando el peligro que implica el toro'

Efectivamente, así es. Se trata, simplemente, de mantener la misma serenidad que tendríamos si el toro no estuviera presente. Eso es imprescindible para poder pensar en la cara del toro. El temerario va a lo irracional, que es todo lo contrario a lo que hay que hacer ante un animal que te puede matar.

Resumiendo nuestra tesis: temerario es, en primer lugar, quien actúa ante el toro con un porcentaje de posibilidades de resultar cogido superior al 80% y, en segundo lugar, el que no piensa en salir ileso del trance sino que le da igual. En estos dos aspectos radica para nosotros la diferencia entre el torero valiente y el temerario. 

Volviendo al caso inicial de la gaonera genuflexa de Montero, estaríamos en mitad y mitad. Él se fijó en el comportamiento de los toros precedentes y pensó con la cabeza que saldría ileso pero no valoró que había más de un 80% de posibilidades de que el toro lo cogiese. Y conste en su descargo que ya había ensayado antes esa suerte con éxito. 

Pues ya han visto que las alusiones contra la temeridad de los toreros menudean desde 1836, en esas diez primeras líneas de la Tauromaquia de Paquiro. Hoy los críticos que viven de esto la ensalzan en lugar de vituperarla. Su problema, y el del aficionado, es que la crítica antes era farol y norte del conocimiento taurino y hoy se dedica a confundir, despistar, desorientar e incluso engañar al lector de toros.

Alguien dijo que el miedo que siente el torero son cosquillas en el alma. El temerario no siente esas cosquillas. El temerario es un gamberro. Vuelvan al titular de la entrada y confiemos en haberlo justificado con esta exposición de motivos.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.