miércoles, 14 de enero de 2026

VALLE-INCLÁN: 'SI NO HAY TRAGEDIA, NO HAY ARTE'

El gran don Ramón de las barbas de chivo, como lo denominaba Rubén Darío, se llamaba Ramón Valle Peña, nada de aquello tan rimbombante de don Ramón María del Valle-Inclán y Montenegro. Con su fervor por la estética no sorprende que le interesase la fiesta de toros. Ya saben que se identificaba como carlista 'por estética ya que el carlismo tiene el encanto de las catedrales góticas'.


                     

Fue amigo de Belmonte. Aquí tienen a ambos en una foto que ya vieron en esta entrada que dedicábamos al instante en que interrumpían su partida de póker para anunciarle la muerte de Gallito:


                                   

La partida se jugaba en esta mesa de su casa de Madrid:



En esa casa que han visto tenía el maestro una escultura de Valle-Inclán que había realizado su común amigo Sebastián Miranda. Es célebre la respuesta del diestro con lo de 'se hará lo que se pueda' a aquella boutade del escritor diciéndole que lo único que faltaba es que le matase un toro en la plaza. Pero aquí vamos a arrimar el ascua a la sardina de nuestro modesto blog con unas opiniones del gallego sobre lo que debería ser la tauromaquia así como de la consideración del torero como héroe.

Nos remitimos al número del 26 de abril de 1915 de la revista La Lidia. La portada es una foto coloreada de un lance de Juan recortando un toro de Santa Coloma en la primera de feria en Sevilla ese año. De fotos como ésa sacó Morante la inspiración para los suyos, comparen:




Hace cien años este recorte generaba mucha emoción en el tendido. Pasaba lo mismo con el molinete, hoy bastante desacreditado. Era porque por un instante el diestro perdía de vista la cara del toro cuando se daba la vuelta. Con aquellos animales,  mucho más vivos, más salvajes y con más pies que los actuales, la cosa sí que tenía cierta emoción. Es lo que ha sucedido en la siguiente imagen con Gallito realizando un recorte similar. Observen cómo se ha revuelto el toro. Lo mismo con Gaona recortando un miura rodilla en tierra. El tercero de abajo vuelve a ser el trianero:




                           

A lo que íbamos: preguntan en la entrevista a Valle-Inclán si hay arte en los toros. Antes de leer su respuesta no olviden que su opinión está fechada hace más de cien años. Dijo esto:

'Naturalmente que sí y mucho. La mayor manifestación del arte es la tragedia. El autor que escribe una tragedia crea un héroe y pide al público que lo ame. Y para que sea amado lo rodea de peligros, de amenazas, de presagios... Cuanto más cerca está de la muerte, más se ama al héroe porque el hombre quiere más a su semejante cuando lo ve en peligro'

Curiosamente la visión artística que nos explica el ilustre escritor sobre la tauromaquia no tiene nada que ver con el arte que nos venden en el siglo XXI. Sigue:

'En los toros la tragedia es real. Allí el torero es autor y actor, puede crear en esos momentos una tragedia, una comedia o una farsa. Cuanto mayor sea el peligro, mayor será la amenaza de tragedia y por tanto, mayor la manifestación de arte'

A continuación pone como ejemplo a su amigo:

'Hay toreros como Belmonte que crean la tragedia, la sienten, y cuando ejecutan las suertes del toreo se entregan al toro borrachos de arte. Cuando los cuernos rozan la seda y el oro de sus trajes, la tragedia se aproxima y el público, sin saberlo, se pone en pie, se emociona, se entusiasma... ¿Por qué? Por el arte'



La imagen anterior es de una estocada de Belmonte en Madrid en 1915. No sólo no ha pegado el telonazo sino que la muleta casi ha desaparecido de la foto. El maestro jamás entró a matar recibiendo: 'hay que traer el toro aquí, debajo de la tripa, y eso es demasiado temerario; además hay que marcarle la salida y entonces la espada tiene que entrar forzosamente atravesada... ¡Yo no sé cómo se las arreglaban los antiguos!'

Eso que decía antes el escritor de que la tragedia se aproximaba cuando toreaba Belmonte  cobra sentido si recordamos el aviso de Guerrita diciendo que a Belmonte había que darse prisa a verlo. Pero fíjense en que Valle-Inclán pone la clave del arte en la tragedia, que viene dada por el peligro que supone el toro. Llegaríamos a la conclusión de que si el toro no pone la emoción de su peligro, no habría arte. Pero eso hoy en día no sirve ya que nos han convencido de que es otra la definición del arte taurómaco según la cual el toro debe colaborar con el torero para que éste pueda construir.

Pulsen aquí para recordar cómo definía Luis Bollaín un toro encastado: 'es aquél que cuando lo ves, aunque tenga nobleza, sientes que en los cuernos lleva la muerte'. Se entiende que en los años diez se sintiese ese peligro mucho más que ahora. Ya saben que Pepe Luis decía que esa sensación había desaparecido con el peto ya que el público antes quedaba atemorizado intuyendo lo que un toro podía hacer con el diestro después de haber visto lo que había hecho con el caballo.



Relacionado con esto, nuestro escritor afirma lo siguiente, teniendo en cuenta que Bollaín contaba seis años a la sazón:

'Quitemos a los toros la facultad de matar y ya no hay fiesta. Entonces no habrá tragedia y si no hay tragedia, no hay arte. Supongamos que en diez años no muere un torero: se acabó el interés por las corridas de toros. Un torero que no tenga el peligro de ser cogido por el toro acabará por aburrir al público. Es lo que pasó con el Guerra'

Siendo Valle amigo de Belmonte y sosteniendo esta teoría, ya ven por dónde va a continuar, ¿verdad? No gustará a los selectos lectores que pertenecen al partido gallináceo:

'Es lo que pasa con Joselito. Él es quien tiene más conocimientos y más facultades físicas. Sin embargo, Joselito cansará a los públicos. Es el primer actor de la tauromaquia pero como en este arte autor y actor van juntos, el Joselito-autor no quiere crear tragedia porque no siente el arte de la tragedia. A pesar de sus faenas asombrosas, de sus facultades y de sus maravillas, el público nota que ahí falta algo, algo que no sabe lo que es pero que será la causa de que se aburra un día'



¿Qué les parece? ¿Se habían aburrido en Madrid de José especialmente cuando lo veían enfrentándose a toros sin respeto? Pueden entretenerse recordando aquí nuestra reseña sobre lo que sucedió la última tarde que Gallito toreó en la capital. Le tiraron dos o tres almohadillas en medio de un enfado general. Esto escribió Corrochano en su crónica, que va relacionado con la esencia de lo que pontifica el escritor acerca del peligro del toro y de la sensación de tragedia:



Si Valle-Inclán defiende a Belmonte porque se respira la tragedia ya pueden deducir que hará lo propio con otro maestro:

'Su hermano Rafael es otra cosa. Sabe menos que él y tiene menos facultades pero cuando sale un toro que lo inspira se transfigura como Belmonte y esa transfiguración es teología'



Insiste como estrambote en su teoría:

'Los toros, para ser tal como deben ser, precisan de la parte trágica: la muerte del toro, la del caballo y, de vez en cuando, la del torero. El torero que toreando se acerque más a la muerte será el mayor artista porque será quien mejor interprete la tragedia taurina aunque el otro, el que torea mejor que él, sea quien quede mejor más veces'

Por eso Gallito se lamentaba siempre diciendo que Belmonte solamente con que estuviese bien una vez, borraba las diez anteriores en que había estado bien él.

Pero Valle-Inclán no se va sin buscar la provocación, algo innato en él:



Y ustedes deben saber que, en contra de lo que piensan muchos, a Belmonte lo que le gustaba era el toro encastado. Cuando tuvo una ganadería, vacas suyas acabarán en las manos de Celestino Cuadri, quien quedó encantado con la bravura que tenían. Muchos dicen que eliminó todo lo que venía de Belmonte pero no es verdad. Contábamos aquí que aquellas vacas tenían un fondo de casta que hizo decir a Celestino esto en 1970:

"Hoy se ha impuesto en mi ganadería lo que trae origen de Belmonte; las reatas de esa procedencia van manteniendo la auténtica bravura y gran parte de mis toros que brillan en las plazas llevan sangre de Belmonte...aunque sólo por parte de madre. En la bravura de los toros que son hijos de un semental de Santa Coloma y de una vaca de Belmonte, predomina acusadamente el carácter de la madre"

Observen esta curiosa foto del maestro poniendo banderillas en una becerrada celebrada el 27 de abril de 1915 en Carabanchel. 'Yo sólo banderilleo en las encerronas porque para poner banderillas hay que correr y yo no corro', decía. Las encerronas en aquella época eran las capeas o las becerradas como ésta. Hoy se le da otro sentido:



Y ya que hemos dedicado esta entrada a lo que pensaba Valle-Inclán sobre la tauromaquia, recordemos a su vez la deriva que veía Belmonte en la fiesta cuando ya retirado decía esto a Chaves Nogales:

'Pueden llegar a hacer del toro una pobre bestia vencida sin ningún interés; por este camino la fiesta se convertirá fatalmente en un espectáculo de circo donde subsistirá la belleza pero sin el elemento dramático y emocionante. El toro ha ido evolucionando, ha aprendido a ser toreado, se fabrica el toro tal como los públicos lo demandan; no se le ha quitado bravura, sigue siendo una fiera potente y bien armada pero sí se le ha quitado nervio porque el público quiere ver el toro toreable'

¿Qué dirían Valle-Inclán y Belmonte viendo el  extremo de toreabilidad al cual hemos llegado en el siglo XXI con la selección de los ganaderos? ¿Se refugiarían como muchos seguidores de nuestro cuadernillo en las corridas duras intentando buscar el arte a través de la tragedia bien entendida? ¿Se apuntarían a las corridas de Reta? ¿Qué pensarían de toros tan bobalicones como muchos de los actuales,  que se dedican a husmear porque no saben dónde está el enemigo? Son toros con esa bondad imbécil de la cual hablaba Sureda y que los convierte en semitoros a los cuales se ha llegado no por selección sino por degeneración.


                        

                        

Como decía Néstor Luján,  'sin toros menguados no se podrían cumplir las apetencias estéticas del público actual'.

Muchos aficionados dirán que todo esto que comenta Valle-Inclán son teorías afortunadamente periclitadas que no tienen ninguna cabida en el toreo tal y como lo entendemos hoy en día. Puede ser pero eso no quita que cuando se respira aire de tragedia en la plaza porque el toro impone su ley, la emoción que embarga al tendido sea inefable. 

¿Será verdad que a más sensación de tragedia, más arte? 

Para el autor de las Comedias Bárbaras, sin duda. Y en lo que le otorgamos totalmente la razón es en lo de que conforme se respire menos aire de tragedia, hay más deriva de la tauromaquia hacia la comedia y la farsa. Cuando dijo eso nuestro eximio escritor dio en el clavo e hizo bueno aquello de que 'el que más vale no vale tanto como vale Valle'.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



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