Antes de comentarles lo que nos pareció la corrida diremos algo que quizá soliviante a la feligresía morantista. Tal como han ido las cosas desde que en Madrid se quitase la castañeta, pensamos que lo que debería haber hecho el diestro una vez que anunció que no se retiraba es pedir perdón.
Además ese perdón tendría que solicitarlo doblemente. En primer lugar, a la afición por haber liado al personal con aquel número que protagonizó en Las Ventas tras la muerte de su segundo toro el pasado doce de octubre. En segundo lugar, a Robleño por razones obvias. Salvo error, no ha hecho ninguno de estos dos actos de contrición aunque lo cierto es que no lo podemos asegurar ya que no seguimos mucho la actualidad taurina.
Recordarán pulsando aquí nuestra crónica de aquella corrida del Día de la Hispanidad que titulábamos MORANTE, ¿ADIÓS? Recién terminado el festejo ya nos poníamos la venda antes de la herida porque lo veíamos venir. Disculpen que nos autocitemos:
¿Escuchará los inevitables cantos de sirena para que vuelva a torear? Hombre, tras tanto homenaje a Antoñete por su parte, con el de Osborne en el festival y el vestido lila por la tarde, si vuelve terminaría por emularlo al cien por cien. Curro Romero siempre tuvo la cabeza mucho mejor amueblada que Morante. El camero fue coherente y nunca ha vuelto a ponerse delante, ni siquiera en un simple tentadero. El cigarrero, ya veremos.
Ayer lo tuvimos de nuevo compartiendo paseíllo con Roca. Recordarán su última tarde maestrante con ambos firmando la paz tras sus desavenencias en El Puerto. También se acordarán del torito Juguetón de Cuvillo que dejó en evidencia al peruano aquel día de la feria de San Miguel. Ese toro de 598 kilos y carita sevillana tomó dos puyazos de bravo y podría contar como uno de los cuatro mejores toros de la temporada pero es sabido que la parroquia torista desprecia todo lo que lleve ese hierro.
Ayer Justo Hernández trajo una corrida anovillada, sin gas, sin casta, que abría la boca ya en el segundo tercio y que peleó sin ninguna bravura en el caballo. En la muleta, tonta y desfondada. Jamás apretaron para afuera, toretes sin poder y sin enjundia. Y las puntas de los pitones... sin comentarios.
Su juego fue el siguiente: primero, una lamentable babosilla; segundo, sin fuerza y sin maldad; tercero, mansurrón sin raza; cuarto, noble y colaborador aunque sin fondo; quinto, noblón y repetidor y sexto, muy descastado.
MORANTE. Su primero era un colorado, ojo de perdiz de 510 kilos pero regordío, de respeto justo, sin fuelle y blando de manos:
Se dejó pegar confirmando su blandura a la salida. Cobró tres agujeros diferentes en dos entradas. Posterior brega de enfermero con capotes al cielo.
El torete estaba asfixiado y encima tardeaba pero se veía al público deseoso de jalear cualquier cosa. Ante ese animal, que daba pena, ningún interés. Estocada habilidosa con el brazo elástico y saliéndose de la suerte, como se comprueba en sus pies. Quedó trasera y caída:
El cuarto era negro zaíno, rabicorto, un poco zancudo y cornilevantado aunque sin dar miedo:
Verónicas casi todas de paso atrás que no nos impresionaron tanto como al público. Anda que Morante no las ha dado mejores. En un intervalo el toro se quedó parado ahí delante sin embestir y el diestro tragó durante unos segundos con el capote desplegado para vergüenza eterna de Justo Hernández. ¿Habrá ordenado apuntillar a la madre? Sí nos gustó su media:
Por cierto, eso de morder la esclavina no es cosa de toreo antiguo como dijeron los televisivos sino que es una costumbre 'de chalaos' (no es cosa nuestra sino del hermano de Frascuelo, recuerden esta entrada). Si alguno de ustedes conoce al maestro, se lo dice de nuestra parte:
Este toro se fue a la grupa sin pelear y recibió el túrmix de Rivas. Quite por mas verónicas pero todas en línea, sin rematarlas enroscándose el toro, como debe ser.
Brindó al público, que ya estaba entregado antes del primer pase. Toreó bien en redondo, con empaque y temple, especialmente en la primera tanda pero el toro protestaba al tercer pase por no ir sobrado de gasolina:
Al natural, nada, siempre perfilero con el toro ya quedado. Remató con pases de castigo muy toreros, mirando al tendido como en las fotos de Gallito.
Muy buena estocada, arriba pero un pelín pasada aunque mirando el morrillo. Dos orejas sobrando totalmente la segunda:
Lo de no cerrar los ojos al entrar a matar lo entendemos como uno de los mayores ejemplos de valentía en un torero. La mayoría los cierra y algunos incluso giran la cara hacia afuera (Lamelas, Fonseca...)
ROCA. Su primero era negro zaíno, badanudo, de balano muy peludo y cómodo de cara, y no nos referimos solamente a la conformación. Venía bien picado del campo:
Verónicas aplaudidas pero sin rematarlas bien. Lo pone en suerte fatal y se aplaude por no picar. La verdad es que si lo pican se echa ahí mismo.
A las saltilleras de De Miranda respondió equivocadamente Roca. Lo suyo eran tres delantales y una larga para mimar al torillo. Pues al contrario: lo machacó con un quite de la escoba y dos medias que lo tiraron al albero. Demostró con ello muy poca perspicacia en la lidia.
Inicio roquista con cambiados de hinojos pero ante esa ternera, qué quieren que les digamos. Luego iba y venía distrayéndose a la salida pero empapado en la tela cuando la tenía ante los ojos. Fíjense, ¡cuánta codicia!
Toreo muy vulgar del maestro abriendo siempre la puerta. Buen pinchazo sin soltar y estocada bien ejecutada pero que se le fue trasera y desprendida:
El quinto era colorado, ojo de perdiz, listón, bociblanco, anteado, rabicano y lavado de remos. Otro picado del campo, todo lo contrario a lo que necesita Roca:
Carioca con dos agujeros de la que se va el toro. Suelto también en el segundo. Viruta salió airoso cuando el toro lo apretó.
Pareció que se venía arriba y lo brindó a Gerardo Ortega, quien prefiere sacar más dinero vendiendo sus toros para las calles que en los ruedos.
Tras los derechazos de Morante, los del peruano todavía parecieron mas estajanovistas que en su primero. Encima el torete gazapeaba aunque cuando embistió lo hizo sin amontonarse, como gusta a su criador. Ultraderechismo muy aplaudido que a nosotros nos dejó fríos:
Busca muy bien la suerte natural y le pega una buena estocada un poco trasera y desprendida. Oreja con negativa del presidente Fernández a conceder la segunda. La condición de la res no era para dar la segunda oreja pero tampoco lo había sido la del de Morante y sí se la dio:
DE MIRANDA. Su primero era negro azabache, terciado y aleonado, con carita torera. El cuerno izquierdo era de lujo ya en el recibo aunque por el derecho se vencía:
Se arranca como ven pero pega un regate al pecho marca de la casa. Pelea mediocre siendo bien zurrado por orden del triguereño. Ya se fijarán en que De Miranda es uno que quiere siempre que el toro salga bien cocido del primer tercio:
Otra marca de la casa fue su guasa en banderillas. Sólo nosotros teníamos fe en el pitón izquierdo del toro. Pero la faena fue hotelera perdiendo el tiempo por el derecho. Se puso una tanda al natural pero el animal ya estaba rajado. Nada.
Media caída y muy atravesada por escupirse más cuatro descabellos. Vean que ha clavado desde Morón:
El sexto era un negro anovillado. Para los festivos televisivos lo que pasaba es que era 'más fino'. Los venidos de Trigueros estaban protestando su comportamiento distraído justo cuando se rompió el pitón y fue al corral.
El sobrero era negro mulato, alto de agujas y cornidelantero, que también venía picado de Salamanca:
Marronazo con pelea vulgar en el primero y derribo engañoso, sin castigo por irse al pecho, en el segundo. Absurdo el presidente obligando a un tercer puyazo pegado de cualquier manera.
El toro se rebrincaba en el segundo tercio con una embestida poco clara. No se debió de fijar en eso el diestro ya que decidió un inicio tomasista en el que el animal se fue por él y lo volteó a la primera de cambio:
Se libró de una buena. Curiosamente el tal Chungo se rajó tras la cogida, como si se hubiese asustado, lo cual es sinónimo de falta total de casta. Porfió con valentía el maestro para justificarse ante un toro que no valía nada.
Estocada contraria y pasada, con telonazo y saltito. Oreja de pueblo:
Si Garcigrande trae norits, malo y si lo que embarca son toros anovillados y con tan poca raza como éstos, igual de mal o peor. Sea como fuere, creemos que Justo Hernández ni de broma puede estar contento con la prestación de los seis que vimos ayer.
Y Morante sigue gozando de crédito, primordialmente como estupendo estoqueador... aunque sólo cuando quiere. Con la muleta, si se alinean los astros y encima él tiene ganas de torear, pone a los demás a llevarle las maletas.
Eso sí, tiene que ser ante el medio toro ayuno de casta, que es lo que le van a poner delante en este retorno rodeado de hosannas y algodones. Roca no puede competir con él lidiando este ganado ovejuno ya que su toreo tendrá siempre las de perder a pesar de que sus corifeos y los críticos paniaguados lo engañen.
Pero siendo positivos, lo más destacable en nuestra maniática opinión fue que ayer vimos tres estocadas casi de sobresaliente y eso, en los tiempos que corren, cuando a los toros no se los mata sino que se los asesina, es digno de elogio.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




























