Antes de la crónica les informaremos de una cosa de anteayer. El veterinario Julio Fernández, que ha examinado las heridas de centenares de toros en los desolladeros nos ha dicho esto:
Las lesiones por puya del sexto superan todos los hallazgos que había encontrado hasta ahora en un desolladero.
Lo de la suerte de varas en la que denominan primera plaza del mundo es ignominioso. ¿Qué hace la autoridad? Pues dejadez de funciones ya que no les pasa por los bigotes aplicar el artículo 72.4:
Cuando la res acuda al caballo, el picador efectuará la suerte por la derecha, quedando prohibido barrenar, tapar la salida de la res, girar alrededor de la misma, insistir o mantener el castigo incorrectamente aplicado
Si los turistas del palco venteño, mal llamados presidentes, tuviesen un mínimo de afición, cada tarde se saldaría por lo menos con tres o cuatro propuestas para sanción a picadores. Y en muchos festejos serían seis. Si les molesta lo de turistas, tienen a su disposición la sección de comentarios para contradecirnos aportando la lista de sanciones que han propuesto en lo que va de feria.
Yendo ya con Adolfo, nos llamó la atención la forma de las encornaduras. Le salen recientemente y son diferentes de las típicas asaltilladas. Además casi todos fueron acarnerados, otra circunstancia llamativa.
FERRERA. Su primero era cárdeno claro, curiosamente acarnerado, enmorrillado y con esa arboladura que comentábamos antes, cerrándose. Se aprecia perfectamente en la foto del maestro Moore:
La primera vara de la tarde fue esta carioca trasera. Ahí abajo está el carnicero completando los 360º. En la segunda le pegó en el espinazo.
El toro estaba extrañamente adormilado y blandeaba de remos. Entre eso y la sangre que le caía por detrás del brazuelo como se ve en la imagen, el pobre animal movía a compasión.
Pero...¿era todo culpa suya? Otra pregunta. Pinchazo y puñalada horrorosa de Ferrera por trasera y baja.
El cuarto era un cárdeno oscuro, bragado y cornivuelto. Éste sí tenía más hocico de rata:
Carioca trasera aunque sin recargar, algo es algo. Lo pone largo en el segundo y no quiere ir, lógico porque cuando acudió cobró en la medula espinal. Salió del primer tercio ya aplomado.
Bien Otero, lo habitual en la familia:
Al tercer pase se derrumbó. Ferrera recurrió al teatro para ver si alguien daba importancia a un trasteo insulso.
Con nosotros no tuvo ningún éxito. Con Caballero, sí. Dos pinchazos sin fe y estocada desprendida más tres descabellos.
ESCRIBANO. A su primero lo recibió en chiqueros, un cárdeno oscuro, veleto, con cuello y con morrillo, que lo obligó a tirar el capote:
Carioca de Peña en el primero y recargada canallesca en el segundo, como ven. El toro sólo se dejó pegar y salió de la picadora con los cuartos traseros hechos fosfatina:
Escribano puso un par al sesgo, otro al cuarteo y otro por dentro. En éste último se alivió con vista ya que el toro lo apretó a favor de querencia. Vean:
El de Adolfo arrastraba los pies sin culminar el viaje porque no podía desplazarse. Escribano, mi alma, te dan una sola corrida en San Isidro y matas el toro en el caballo. Después, ¿qué quieres?
Total, nada. Estocada delantera y desprendida, letal pero con el toro cortándole y poniéndole el pitón derecho en el pecho:
El quinto era un Aviador. Teníamos la duda de si sería el listo de Angel Sánchez, recuerden aquí, o el atontolinado de Robleño, este otro.
Fue el de Robleño, ¡lástima! Era un cárdeno cornipaso al que volvió a recibir de rodillas. En un comentario a la entrada anterior aclarábamos la diferencia entre cornilevantado, veleto, cornivuelto y cornipaso. Tragó con valentía el parón del toro bajo la supervisión de Abellán:
Quiso pelear en el caballo pero enseguida pasó a dejarse pegar, contradiciendo con su actitud las incomprensibles alabanzas de los televisivos. Observen la desbandada en los tendidos a causa de la tormenta:
Puso un segundo par de mucho mérito, cambiando el viaje del toro de fuera adentro y clavando a favor de querencia. Muy bien, maestro, eso tuvo mucho mérito:
Bajo un gran aguacero Escribano le puso ganas pero el torillo tenía las patitas de hojaldre:
Cuando la siesta nos asaltaba el toro lo enganchó y lo derribó pero en el suelo simplemente lo husmeó. Recuerden que con Victorino decíamos que estos cuernos asustan más al público que a los toreros porque no son certeros:
Estas cogidas al sentimental público matritense lo vuelven medio loco. Estocada trasera y desprendida dándose ventaja alargando el brazo. Bien Sanjuán por no conceder una oreja que no parecía pedida mayoritariamente y que hubiera sido únicamente un premio a la buena actitud de Escribano. Enfado monumental con el palco de los cuatro televisivos:
GARRIDO. El tercero era cárdeno ojalado, cornigacho, que levantaba cornivuelto pero a la vez cerrando un poco:
Carioca desordenada y segunda vara trasera con mano izquierda asesina, ahí la tienen:
Salió gripado del caballo sin razón aparente dado que su pelea no había sido memorable. Bien Valdeoro al cuadrar y sin clavar trasero:
Vamos a ver, Garrido, ¿por qué nos brindaste esto? Desarme en el tercer pase y después... nada. Por cierto, lo de las buenas hechuras volvió a fallar por enésima vez. Estocada baja perdiendo los avíos y tres descabellos.
El sexto era un cárdeno franciscano, largo, cornalón, de 602 kilos. Delgado lo criticó a gusto: es un toro grandón, alto, feo, con hechuras muy bastas... Hombre, pensamos que no es para tanto, juzguen ustedes:
Verónicas de paso atrás con doblamiento de manos del toro que reitera al salir del caballo. Y el piquero le zurró igualmente sin piedad ya que Garrido no se preocupó de nada. Luego van por ahí quejándose...
Pegapasismo con un animalillo que era un domecq de los malos. Nuestro inmerecido castigo con esta insufrible corrida terminó con un sablazo infumable, trasero y en los bajos. Menos mal porque si no, hasta corta una oreja.
Adolfo quiso en su día que las figuras se apuntasen a sus toros y por ese motivo echó hectólitros de agua al vino. Sin embargo, quizá no tuvo la habilidad de Victorino para guardar en un cercado una provisión de casta. De ahí que su ganadería se haya ido por el desagüe con el paso de los años. Es una pena pero ya nos dirán ustedes cómo remonta eso.
¿Y el titular que hemos puesto? Resulta que un lector del blog nos preguntó por privado a qué corrida de las tres de Albaserrada le recomendábamos asistir. Nos avisaba de que tuviéramos en cuenta que sólo podía ser una y que tenía que tragarse 800 kms. de viaje. No les ponemos toda nuestra respuesta, solamente las cuatro primeras palabras que le escribimos: 'la de Adolfo, descartada'.
Ojalá acertáramos en todo con tanta facilidad.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.











































































