Eso era parte de lo que debían gritar tres veces los chinos durante los años de la Revolución Cultural mientras agitaban con la mano el Libro Rojo de Mao. La consigna completa era: '¡Gran Líder, Maestro, Timonel, presidente Mao, ojalá vivas diez mil años!' Cambien Mao por Morante y sirve lo mismo para ilustrar lo vivido con la faena de la silla.
No vimos aquella tarde la corrida, ni siquiera secuencias posteriores excepto el par de la silla que un amigo del blog nos envió por privado. Tampoco hemos leído, ni mucho menos escuchado, nada sobre ella pero como el próximo fin de semana nos veremos las caras con muchos aficionados de este modesto blog que son morantistas, dejaremos nuestra opinión sobre el evento y así queda negro sobre blanco. Un lector nos remitió la lidia completa del tal Colchonero, lo único que hemos visto (es esto, pulsen aquí).
El animal es un colorado ojo de perdiz, anteado y corniapretado, de 511 kilos y cuatro años cumplidos en enero pasado. Curiosamente es alto de agujas, nada que ver con esas zapatillas hechas cuesta abajo que nos dicen los taurinos que son las que embisten al gusto de los toreros, especialmente si son figuras.
De todas formas, la anatomía da igual en esta vacada. La factoría de Álvaro Núñez ha conseguido alquitarar la condición lacayuna de sus toros hasta límites que harían enrojecer a los ganaderos de hace sesenta años. Sus reses no causan respeto sino que más bien dan pena y eso es lo peor que puede suceder con un toro de lidia.
Sale distraidillo mientras los televisivos dicen que esa tarde han salido todos igual porque hay que tener en cuenta que 'este ruedo es muy grande' (sic). Le pega tres o cuatro largas de poco mérito pero con las que ya menudean los oles. Morante es muy listo y se acuerda de que el año pasado desató la locura con estos lances tan facilones donde el toro nunca va toreado.
Siguen siete verónicas, alguna de paso atrás, otra enganchada y el resto sin llevar al toro en la panza. Esto último les parecerá una exigencia excesiva por nuestra parte pero dado que el torillo viene picado del campo sí se podría pedir al maestro que lo torease más 'rebozado'. Observen lo que decimos en estas capturas:
Remata con una media rodilla en tierra echando la pierna atrás seguida por una serpentina con la cual inicia su homenaje a Rafael El Gallo:
El público ya está en pie, suena la música y los de la televisión enloquecen. Atención porque el pobre choto enseña un palmo de lengua antes de ponerlo al caballo. Y ya que estamos, fíjense en esa condición zancuda que comentábamos más arriba (un televisivo lo calificó en este momento de la imagen como 'manilargo', vocablo que no habíamos oído nunca):
La responsabilidad del picador González era grande porque cuando a una figura le ha gustado un torillo como este hay que ir con mucho cuidado para no malmeterlo con la puya. Morante lo quiere dejar en suerte con una larga cordobesa pero el animal no está por la labor y se va distraído. El peón lo recoge pero lo coloca al caballo de manera nefasta. Bah, todo da igual.
Se deja pegar sin que lo aprieten, encerrado en tablas, con la cara alta y empujando con las costillas. Quite con un par de tijerillas un tanto embarulladas y picotazo en la segunda entrada. Lo del caballo ha sido prácticamente un simulacro pero esto tanto a su criador como al 95% de los aficionados les importa un pimiento:
Los televisivos se aperciben en ese momento de que el toro va con la boca abierta pero ustedes han visto igual que nosotros que la llevaba así ya tras el recibo capotero.
Ovación de gala cuando el maestro coge los palos. El detalle tiene mérito por su sobrepeso y porque no le sobran facultades. El primer par es habilidoso ya que da ese pasito de más para no cuadrar con excesivo riesgo en la cara pero sin pasarse de listo tanto como otros. Las banderillas quedan un poco caídas:
Bronca del maestro a sus peones porque han sido incapaces de cortar al toro cuando ha hecho hilo con él. Mal su subalterno después poniendo el toro en suerte con un par de capotazos por fuera en lugar de por dentro. Luego no se tapan ya que quieren estar muy pendientes del quite pero sólo consiguen descolocarlo. Ante su supina incompetencia, Morante tiene que ponerse al sesgo. Este segundo par es bueno, con los pies en el suelo.
El quite esta vez sí es inmediato:
En el tercer par llega su segundo homenaje a El Gallo cuando decide poner banderillas sentado en una silla. Tiene el mérito de que aguanta hasta el final la embestida del toro antes de hacer el quiebro y así el animal se lleva por delante la silla, como tiene que ser:
Pero no nos vamos a volver locos, ¿eh? Es que el par queda muy desigualado como han visto más arriba y además la actitud de su peón desde la barrera desluce la suerte. Es lo mismo que hacen a Escribano cuando quiebra por dentro: le tiran a veces dos capotes y hasta toallas desde el callejón. Aquí pueden observar desde otro ángulo cómo el peón distrae escandalosamente al animal para que el diestro no se vea apurado en tablas:
Los televisivos se deshacen en alabanzas como si fuera la primera vez que ven poner banderillas en silla. Sánchez-Vara lo ha hecho muchas veces saliendo apurado por dentro cuando el animal se le ha frenado y encima sin ayuda extra desde el callejón. Aquí lo tienen en Vic-Fezensac, además ante un toro en puntas, bajo la lluvia y con un palmo de barro en el ruedo:
El locutor no se enteró pero a nosotros no nos pasó desapercibido que mientras se coreaba lo de '¡José Antonio Morante de la Puebla!' Delgado de la Cámara apuntaba que 'ese mismo nombre se coreó en otros tiempos a otra persona importante en la historia de España':
Tercer homenaje al divino calvo al iniciar la faena sentado en la misma silla de antes:
La ternera da muestra de su codicia cuando más que cornear empuja la silla a un lado para que no moleste al maestro:
El tal Colchonero no puede ni con el rabo a pesar de haber sido tratado con guante blanco hasta ahora y dobla las manos... ¡pero tras un remate por alto! Muleta por consiguiente a media altura y primera tanda con la derecha haciendo el tiovivo:
Cambio de mano para rematar, posterior molinete y más derechazos echando la pierna atrás. El borreguillo está muerto en vida y el maestro se da cuenta de que no puede rematar los pases atrás porque se va a morir sin entrarlo a matar. ¿Recuerdan lo que decíamos antes del malestar que sentimos cuando un toro supuestamente de lidia da pena? Pues este era el caso flagrante.
Se le queda debajo porque está asfixiado. Lleva cuatro tandas y en ninguna ha adelantado la pierna para cargar suavemente la suerte, todo ha sido de perfil. Por fin coge la muleta al natural pero nuestro gozo se va al pozo de cabeza: únicamente un pase por alto de tanteo y este posterior citando con el trasero para hilar un natural transformado en redondo y rematado con un adorno por la espalda jaleadísimo:
Siguen tres naturales a pies juntos con el toro tardeando por estar completamente aplomado. El cuarto es el mejor pase de la faena, éste, por fin con la pierna levemente adelantada intentando torear con pureza:
Toma la espada de verdad y vuelve a la cara del toro para volver a ponerse con la derecha, de perfil y picando...
Se cambia la muleta de mano y de nuevo cita con la cadera, total, lo van a aplaudir igual:
Viene un abaniqueo normal y corriente que es ensalzado sin medida por los turiferarios televisivos. Aquí se corta el vídeo que nos han pasado, con lo cual no podemos comentarles lo que sucedió cuando entró a matar.
Creemos que queda claro que esta faena a la babosa colorada no tiene absolutamente nada que ver con la del rabo a Ligerito que comentábamos aquí. En esta que nos ocupa no hemos visto nada del otro mundo. Agradeceremos, eso sí, la disposición del diestro en banderillas dada su forma física y reconoceremos que un natural nos ha gustado, punto. Lo que tiene delante no es ni el medio toro, es un animal que causa vergüenza ajena, algo despreciable, nada que ver con ese Ligerito que, siendo como fue de extrema docilidad, no llegó al indignante nivel de este norit moribundo de Benjumea.
Pues ya tienen nuestra opinión sin haber leído ni escuchado nada al respecto y guiándonos solamente por el vídeo que les hemos enlazado. Bueno, sí, les diremos que hemos leído tres o cuatro alabanzas verdaderamente estomagantes que nos enviaron aquel día por guasap y que eran sonrojantes.
En los tiempos de Mao a quien no comulgaba con ruedas de molino se lo humillaba públicamente con lo de 'traidor, criminal, agente enemigo, esquirol al servicio del imperialismo, revisionista moderno y reaccionario'.
Los morantistas lectores del blog que vendrán a 3Puyazos este fin de semana, y que son muchos, tendrán ocasión de agitarnos en la cara su Libro Rojo de Morante y acusarnos en persona de todo esto. Asumiremos que quizá deberíamos formular una autocrítica pública e ingresar en un campo de reeducación taurina.
El diestro volvió a La Maestranza el lunes con toros de Matilla. Pues saltó la sorpresa cuando no cayeron las dos orejas por su labor ante el primero, un torete de dulce que se llamaba Pelifino.
Fue el animalico soñado por cualquier torero: nobleza tontuna sin un mal gesto, colaborador hasta la extenuación, con embestida franca de las que no molesta, sin galope pero tampoco tan lenta y cansina como el de Núñez... Solamente había que ponerse ahí, correr la mano con temple y no retorcerse.
Eso es precisamente lo que hizo Morante, y estuvo para nuestro gusto muy por encima de la faena de la silla. Cuando sale un chivo así, la situación únicamente es soportable si delante están dos o tres toreros de los actuales y uno es él. Además ofreció chicuelinas, verónicas, medias, largas cordobesas y lances de frente por detrás. Observen en uno de éstos cómo traga ante el torete, que se le para ahí delante con el vientre al descubierto, pero sabía que no había ningún peligro ya que era un amigo:
Hablando de la capa, el maestro sigue con su manía de morder la esclavina y eso no es arqueología taurina sino una ordinariez erradicable a la que nunca nos acostumbraremos:
Pero esperen: a lo relatado hay que añadir esta magnífica estocada, que cae arriba aunque un poquitín pasada. No pregunten en los comentarios si para nosotros vale por sí sola la oreja porque la respuesta es afirmativa. Observen que no ha alargado el brazo para pegar la puñalada sino que lo tiene al lado de su cabeza:
Pues con todo lo dicho, siendo Morante, siendo Sevilla, con el terreno abonado por ese público festivo, con los televisivos de Canal Sur babeando de gusto y con el insistente flamear de pañuelos, el presidente Rey no dio la segunda oreja. Sorprendente asimismo la manera como se calló y se conformó ese bondadoso público hispalense. No dábamos crédito.
Su segundo se llamaba Clandestino, un castaño con las coronas claras. Era un torito sevillano a más no poder: 512 kilos, terciado, cuatro años recién cumplidos hacía sólo unos días y con carita torera:
Salió díscolo, desoyendo las llamadas y correteando abanto. El Morante indolente que hemos sufrido durante tantos años hubiera esperado el cambio de tercio sin inmutarse. En cambio, este de ahora decidió echarle ganas y se fue a los medios a ver si lo centraba en la capa:
El animal, cansado de ir de aquí para allá, empezó a embestir al paso, como si llevase ya un puyazo. El susto vino cuando, en seco, se fue al bulto, sin obedecer al capote y derribando al maestro:
Lo corneó en la zona anal, donde el forro del traje de luces no tiene el grosor de la taleguilla (ya nos entendemos, ¿verdad?):
Con el sobrepeso del diestro, si lo llega a enganchar bien por el recto le hace un destrozo que lo marca para el resto de su vida. Recuerden que contábamos aquí aquella gravísima cornada de Rafael Ortega en Pamplona cuando el toro lo derribó de manera muy similar. Le dieron la extrema unción. Comparen:
En nuestra ingenuidad, pensábamos que la voltereta sufrida en Madrid el 12 de octubre haría reflexionar a Morante pensando en el fantasma de una silla de ruedas (pulsen aquí). Esta cogida de Sevilla, que le ha afectado el esfínter y un poco el recto, ¿lo condicionará a partir de ahora si sigue toreando? Por mucho que actualmente el robot Da Vinci haga milagros en cirugías de este tipo, una cornada en ese sitio por fuerza tendría que hacerle pensar.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



































Cuando me llego la noticia de la cornada pensé que habría sido con el capote como así fue. Tengo la impresión de que la forma de torear que tiene en los últimos tiempos, con el capote tan lacio las manos altas, a veces tan cerrado en tablas y sirviendose de manera tan sutil del vuelo del capote para pasar al toro… me parece insostenible.
ResponderEliminarPor otro lado las circunstancias de su retirada y posterior reaparición, una losa sobre sus hombros por demostrar algo que ya esta demostrado y que cuando pasen unos pocos años será patente e inequívoco que Morante de la Puebla tiene su nombre en la historia del toreo grabado.
Sin mas, creo que aunque vuelva a torear debe de soltar ese lastre. No creo que otro rabo en la Maestranza le fuesen a aportar gran cosa. Que se recuperé y se olvide un poco de todo que el tiempo hará su trabajo. Un saludo
Efectivamente, no tenía nada que demostrar con este retorno pero sí mucho dinero que ganar, en sitios escogidos y con todo a favor de obra, empezando por el ganado.
EliminarLo que comenta de la capa es precisamente por esos norits con que se anuncia. Se confía, los trata como borregos, que es lo que son, y de ahí vino el susto.
Recuerde que el otro día tragó un parón a la verónica y con el de Matilla el otro que pongo en la entrada. Si entonces lo hubieran arrollado, habríamos tenido el percance antes pero es que el exceso de confianza ante el choto hace eso...
Saludos
Aparte del exceso de confianza yo lo que vi es que no le sacó los brazos y se lo echa encima el, más que el toro fuera a por el bulto....
ResponderEliminarDe acuerdo en todo. El día de la “faena histórica” importaron el quién y el qué, pero no el cómo. La silla, daba igual cómo fuese el par; la ligazón también, aunque estuviera descargada… y así con todo.
ResponderEliminarAñadiría que, aunque hemos visto decenas de faenas de Morante de la Puebla muchísimo mejores (y menos horteras), tuvo escenas de toreo añejo preciosas: esa forma de sentarse en la silla era el Gordito. Ya lo dije aquí después de Resurrección: veía a Morante más pendiente de los remates —bellísimos todos— que del toreo fundamental.
Y una maldad: ese pasecito hortera de nalgas yo lo he bautizado como el “cunnilingus”: Morante pone el culo y los morantistas (2.0) la lengua.
Sobre la primera faena al Matilla, también de acuerdo. Y digo, sin que sirva de excusa, que si adelanta la pierna lo deja para el tinte en dos pases (aunque yo lo prefiero así, y a otra cosa mariposa).
Respecto a la cogida, ya lo puse en Twitter en las chicuelinas de recibo al primero —en clave, porque soy supersticioso—: la cornada estaba al caer. Una cosa es que te coja un toro por arrimarte, por cruzar la línea; y otra, por faltarle el respeto al toro. Eso, unido a la falta de facultades de Morante, es una ecuación que da hule.
Ah, y creo que Morante tiene firmadas un par de corridas con toros de Matilla. No sé si las matará. Pero entre la cornada y, si ve el quinto, yo digo que no mata ni una más. Lo que no perdonan en un toro los toreros que se mueven en el nivel de Morante es la violencia.