jueves, 2 de junio de 2022

FERIA DE SAN ISIDRO, 2022 (21). ALCURRUCÉN: RESPONDA A LA PREGUNTA

Antiguamente esta corrida era verdaderamente de beneficencia, se hacía después de San Isidro y actuaban los triunfadores. Los tiempos han cambiado creemos que para peor y actualmente no se cumple ninguna de estas tres condiciones.

Se añade a ello que el listón estaba muy alto porque veníamos de ver anteayer una auténtica corrida de toros. Íbamos a pasar, en cuestión de horas, de una corrida seria al festejo del clavel por antonomasia.

Los de Alcurrucén salieron sin ganas de pelea, manseando en el caballo pero sin plantear después problemas a los diestros. Tres no diremos que llevaban cortijos en los pitones pero sí que eran desorejables casi sin bajar del autobús. ¡Y uno para cada diestro!

Por una cosa o por otra, lo que podría haber sido una exhibición de casquería se quedó en una simple oreja para Morante. Fue un mundo de color de rosa comparado con el mundo gris, el de verdad, de los escolares.



Y precisamente por ahí va nuestra pregunta del titular: díganos qué prefiere usted, si los dos naturales que pegó Gómez del Pilar al toro de Escolar que lo había cogido un par de veces o toda la faena de Morante al colorado de Alcurrucén. Y no nos referimos a la épica del madrileño sino a cómo los dibujó tras lograr arrancarlos. Le damos tiempo para pensar su respuesta hasta el final de la entrada porque no tiene derecho a guardar silencio.


MORANTE. Su primero era un negro bragado, meano, listón, chorreado en morcillo, barrigudo y justito de presencia aunque con la moña de lujo (como cada día contamos con la colaboración del maestro Moore):



Lo recibió con unas verónicas de manos altas como defiende él que tienen que ser. Las cuatro únicas que dio en toda la tarde:



El toro escarbaba y tardó dos minutos en acudir al peto porque había visto que el jinete era Aurelio Cruz. Como el propio toro se temía, recibió una lanzada en el lomo mientras tocaba música en el primero y se repuchaba comprensiblemente en el segundo.

En banderillas reculaba, escarbaba, se dolía y no quería embestir, con lo cual augurábamos la espantada del maestro, quien brindó al rey:

Es un honor para mí brindarle la muerte de este toro y le deseo lo mejor a usted y a su familia, ¡viva España y viva el rey!

Se oyeron pitos cuando los más avispados se apercibieron de que el diestro salía con la espada de verdad. Como era previsible hizo una faena menos que de aliño y acabó con tres pinchazos sin soltar, estocada corta que escupe y media ladeada, siempre cuarteando. Ahí lo tienen entrando de cualquier manera. Tiene más delito porque es un torero que, cuando quiere, ejecuta la suerte con pureza:



Tras un doble descabello, no debió de quedar muy satisfecho Su Majestad con lo que vio, ni del toro ni del torero.

Su segundo era un colorado ojo de perdiz, bociblanco, con la corona de las manos blanca y acaramelado de pitones:



Para que vean lo que son las cosas en la suerte de varas: el toro en el primero se estaba dejando pegar viendo que no tenía ningún futuro pero en seco enganchó al caballo por la mano derecha y al darse cuenta de que podía con el monstruo acorazado, lo volteó y lo derribó. Si los toros viesen una mínima oportunidad frente al caballo, estamos convencidos de que el primer tercio cambiaría completamente para mejor. En el segundo puyazo el maestro ordenó machacarlo pero el toro fue más listo y salió suelto rápidamente.



El tal Pelucón había quedado más vivo de lo que quería el de La Puebla de forma que hizo un inicio por once ayudados obligándolo mucho. Los enlazó con cuatro naturales y el de pecho sin permitir respirar al toro ni un momento y dejándolo bien cansado. Acto seguido, se montó en el tiovivo entre oles.

Todos los pases fueron escondiendo la pierna y a pesar de las ovaciones, nosotros no vimos hondura en ninguno. Seguro que él sabe perfectamente que se alivió sobremanera pero mientras te vayan ovacionando no hay motivo para arriesgar. Ahí lo tienen:



Quiso matar bien al toro porque veía que tenía al público entregado y esta vez no cuarteó sino que entró por derecho dejando una casi entera tendida, trasera y desprendida, perdiendo la muleta y recibiendo un topetazo en el vientre:



La deficiente colocación de la espada hizo que el toro no doblase y tuvo que dar dos golpes de verduguillo. Por supuesto que cayó la oreja ¿que se habían creído? ¡Estamos en Madrid!



Ni Téllez el otro día nos pareció Belmonte como nos hicieron creer, ni Morante ayer Chicuelo como seguro que dirán en todos los panegíricos que se publicarán hoy.

EL JULI. Su primero era uno de los de colorines, que en teoría son los que mejor embisten en esta vacada. Era berrendo en negro lombardo, aparejado, calzado de pies, careto, rabicano y gargantillo:



El picador no podía dominar el caballo castaño. Con tantos días de feria, los caballazos de Madrid están ya muy resabiados. Aun así aprovechó que el toro se dejaba pegar para taparle la salida y barrenar a gusto.

El brindis del maestro al rey fue éste:

Como siempre, es un orgullo y un agradecimiento que apoye la fiesta, ¡va por usted y por España!

El Juli no tenía ni para empezar con este torete que iba y venía de aquí para allá. Únicamente mostraba el problemilla de revolverse antes de la cuenta. Conste que los pases más jaleados fueron todos al hilo del pitón.



Se equivoca entrando en la suerte contraria y pincha en su estilo tan grosero. Cambia a la natural y deja esta casi entera traserísima y desprendida recibida con justos pitos de los cabales. 



Dos descabellos fueron la desgracia de los del clavel, que tuvieron que mantener el pañuelo en el bolsillo.

El quinto era un colorado anteado y listón con una cornamenta perfectamente simétrica:



Recibió un par de puyazos traseros con El Juli gritando ¡vale, vale! sin que el picador hiciera el menor caso, incluso recargaba más. No entendemos cómo el gran maestro se hace respetar tan poco:



Brindó a De Justo. El de Alcurrucén no iba a durar mucho pero seguro que haría todo lo posible para regalar sus orejas al diestro. El maestro no dejó que le tocase la tela y le bajó mucho la mano. Su toreo fue marca de la casa: tan tosco como mandón.


 

Dio un gran sainete con la espada: pinchazo arriba que escupe, corta trasera saltando, espadazo absolutamente horroroso por trasero, caído y atravesado, pinchazo malo y estocada pasada y desprendida con descabello. 




3. MARÍN. Su primero se llamaba Carasucia y era un toro negro zaíno, ensillado y bien encornado, sin ninguna exageración:



Se estiró Marín a la verónica y la noticia es que lo hizo ganando terreno al toro sin echar la pierna atrás, lo cual es una novedad en los veintiún festejos que llevamos. Fue lo mejor que hizo en toda la tarde:



En el caballo, el picador no le tapó la salida. Se dejó pegar un poco y se fue suelto. Se pudo comprobar así que no iba sobrado de bravura cosa que si se le hace la carioca siempre queda en la duda porque no le dejan salir de la trampa.

Su brindis al rey:

Majestad, con todo mi cariño y mi respeto: va por usted y por España

Doblones de inicio para comprobar que el toro ofrecía las orejas en bandeja de plata. Marín se olvidó de la máxima de Chenel con aquello de pronto y en la mano y no consiguió nada más que demasiados enganchones ubicándose fuera de cacho.



Cuando el toro estaba ya frito, quiso calentar al personal con un arrimón pero ya era tarde. Había dejado escapar una muy buena oportunidad. Menos mal que los toros no hablan. Pegó esta estocada muy tendida y trasera, tapando la cara, más doble descabello:



El último era ensabanado, mosqueado, botinero, ligeramente capirote, bocinegro, ojalado y caribello:


Hacemos esta descripción para entendernos todos y no desde el punto de vista genético. En ese caso diríamos que era un negro salpicado, mosqueado, ojalado y botinero. Sea como fuere, una lámina preciosa:


No nos pareció mal que fuese su peón Punta quien buscase al toro en los medios para cerrarlo a base de capotazos aunque la verdad es que no esperábamos una actitud tan pasiva en Marín.

Como su padre vio que a su hijo el toro no le había gustado, le pegó en el caballo una barrenada trasera, contraria y caída verdaderamente abyecta:



El toro se vino a chiqueros completamente rajado y allí lo siguió Marín para dar un recital de pegapasismo, al cual cada día lo vemos más aficionado. Fue una tabarra de consideración que no terminaba nunca. Al final, espadazo trasero con escandaloso telonazo: 



Lo bueno del toro, aparte de su pinta ya referida, fue cómo se tragó la muerte con el diestro escuchando impasible los dos avisos porque se negó a descabellarlo. Se ha corrido la voz entre el vacuno de lidia de que en Madrid se regalan las orejas y se ve que han decidido tardar en morir para enfriar al público.

Aquí se acabó lo que se daba. Fíjense en que si éste de Marín y el de Morante doblan rápidamente como era su obligación, hablaríamos de una oreja más para cada uno y si Juli pega dos estoconasos de los suyos, otras dos. O sea que perfectamente se hablaría de acontecimiento histórico con cinco orejas y dos toreros a hombros en esta plaza que ya no parece tanto de Las Ventas como de Las Talanqueras

¿Tiene usted ya su respuesta a nuestra pregunta? ¿Gómez del Pilar o Morante de la Puebla? Dejando la épica aparte, insistimos.



Si prefiere los dos naturales de Gómez del Pilar es uno de los nuestros. En cambio, si sus gustos van por lo que hizo Morante al torito coloradito de Alcurrucén, es posible que se haya equivocado de bloc.



Bueno, es casi seguro. De todas formas nos alegramos de haberle visto por aquí aunque sólo haya sido por un día.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




















miércoles, 1 de junio de 2022

FERIA DE SAN ISIDRO, 2022 (20). ESCOLAR: ¡POR FIN, UNA CORRIDA DE TOROS!

Ya estamos deseando que llegue el próximo lunes para el que tenemos entrada en la plaza de toros de Vic-Fezensac donde asistiremos a otra corrida de don José Escolar. Por aquí se lo contaremos si Dios quiere.

El problema es que tenía que hacer el paseíllo Gómez del Pilar, quien resultó herido por el sexto como contaremos después. La cornada le afectó al nervio ciático y eso puede ser lo que impida su pronta recuperación.

El diestro madrileño, que estaba anunciado en la localidad francesa junto a Octavio Chacón, iba a matar igual que el gaditano cuatro toros de Escolar en menos de una semana. Eso son más que los que han matado todas nuestras queridas figuras en sus muchos lustros de alternativa.

Gómez del Pilar cortó una oreja que, si la comparamos con las otras que hemos visto en la feria, equivale a dos y el rabo. Que conste que se desentendió del primer tercio, que no ganó la batalla al toro y que lo mató a capón y perdiendo la muleta. Son cosas que en condiciones normales dejarían su labor en una vuelta al ruedo de muchísimo valor. Pero, claro, delante tenía un toro de verdad, nada que ver con todas las orejas de chichinabo que se han regalado en esta isidrada pueblerina. Por consiguiente, ni se nos ocurre discutirla.



La corrida fue probablemente la más pesada de Escolar en Las Ventas con 566 kilos de media. Fueron toros serios, listos, en los antípodas de lo que hemos venido sufriendo tarde tras tarde en este serial. De ello se deduce que el interés no decayó ni un momento, que es lo que debería suceder en cada festejo. Peleas vulgares en el caballo, ningún animal bravo pero todos con casta, para los taurinos de la mala, faltaría más, pero que convierte este espectáculo, o fiesta, o rito en lo más serio del mundo.



CHACÓN. Su primero era un cárdeno muy oscuro, veleto, corto de cuello, acarnerado y blando de remos nada más salir (gracias al maestro Moore, ¡ya queda poco!):



Muy bien el galleo de Chacón y la puesta en suerte del toro pero la pelea fue sosa y reincidió en el blandeo.

Embistió a los capotes topando y no sabemos qué vio Chacón para brindar al público. Empezó al natural y enseguida se vio que el toro apenas podía con su alma. Todos los pases resultaron deslucidos. Alargó exageradamente la faena pero el público estuvo muy paciente con él porque es otro de los bien mirados en Las Ventas.



Tres pinchazos sin soltar y una estocada corta siempre saliéndose y con telonazo marca de la casa más siete descabellos:



Su segundo era un cárdeno de 572 kilos, bien armado y enmorrillado:



Recibo chaconero controlando perfectamente al animal:



Pero luego el maestro fue incapaz de colocar bien al toro en suerte y permitió que el picador lo masacrase vilmente, ¡muy mal!

Había una psicosis en banderillas de que el toro era demasiado listo. Chacón volvió a empezar al natural mientras el toro lo miraba más a él que al engaño. El maestro no perdió la serenidad y le sacó más pases que lo que merecía la embestida cada vez más desangelada del animal.



La serenidad con que anduvo ante su enemigo la perdió a la hora de entrar a matar ya que pegaba el telonazo para salirse de la suerte con avaricia. Así, pinchó y dejó una estocada honda, desprendida y lógicamente atravesada al escupirse. Dos descabellos y teórico fin de fiesta para él aunque en ese momento ignoraba que tendría que matar una alimaña antes de irse:



LAMELAS. Su primero pesaba 601 kilos y era un cárdeno oscuro cornilevantado. De los pocos toros que ha rematado de salida en los burladeros en toda la feria:



Prados lo picó de manera nefasta, primero en el lomo y después casi en la penca del rabo. En el primero empezó cabeceando pero terminó empujando y en el segundo fue de largo pero cabeceó y se fue lógicamente suelto al notar la lanzada criminal del carnicero con castoreño. Además tapando la salida como ven. ¿Ha habido alguna multa en esta feria?



El toro era pronto, espabilado y movidito y no había que dejarle que se te subiese a las barbas, con lo cual necesitaba delante mano firme y estarse quieto. Eran dos cosas fáciles de decir desde el salón de casa.

Lamelas demostró agilidad de piernas pero poco mando en la muleta. El toro notaba que podía cogerla y lo ponía en apuros, de ahí que la cosa quedase en tablas siendo generosos con el diestro:



Estocada delantera y caída volviendo la cara y con vergonzosa rueda de peones:



El quinto era Palomito, un cárdeno muy serio y también rematador en los burladeros. Llamaba la atención su morrillo:



Tenía un aire a Pablo Romero. Si en la foto anterior levanta un poco el morro, comparen:



Puyazo inevitablemente trasero en el cual se deja pegar y sale suelto antes de un segundo en que acude de largo pero empuja cabeceando con un solo pitón.

Buena brega de González, en su línea habitual, pero mal sus compañeros con los palos. Después Lamelas se dedicó a pegar pases sin ton ni son que consiguieron enfadar al toro.



Si en el anterior le concedíamos generosamente el empate, aquí no lo salvamos: resultó derrotado por el de Escolar. Añadan la agravante de ponerse muy pesado. Estocada corta ladeada, pinchazo hondo que escupe y otra corta, siempre con su vicio de girar la cara en el embroque. Seis descabellos y dos avisos.



GÓMEZ DEL PILAR. Se fue a porta gayola en su primero. El toro hizo honor a su nombre porque se frenó ante el maestro y éste salvó la vida de milagro:



Se llamaba Milagroso y era cárdeno, corniabierto y levemente cornipaso:



Primer tercio donde Gómez del Pilar no se enteró seguramente porque aún estaba recuperando el resuello tras el tremendo susto. El toro fue a su aire al caballo dos veces y después una tercera más ordenada pero siempre peleando de manera muy sosa.

El tal Milagroso seguía haciéndose el amo en banderillas pero se tragó sendos buenos pares de Candelas y Cebadera. Nos parecía un toro ideal para el maestro y nos las prometíamos felices ante el duelo. Por fin podríamos asistir a algo serio de verdad tras tantas tardes insulsas. Éste fue el par de Candelas:



Había que hacerlo embestir sin dejarlo pensar pero se levantó un aire que obligaba al diestro a pararse para que la muleta estuviese plana. Se repetía su historia con esta misma vacada en el último San Isidro, recuerden aquí. Como era lógico, el toro se fue orientando cada vez más a pesar de que desde el callejón le gritaban siempre tras el primer pase: ¡vamos, vamos, vamos! Era para que repitiese enseñando la muleta de nuevo con rapidez porque veían lo mismo que nosotros.

Al final se engañó al ver que el toro tragaba con un par de naturales, ahí lo tienen:



Decimos que se engañó ya que se confió en el cuarto y resultó cogido de manera muy fea, pegándose un porrazo de consideración al caer al suelo:



Se levantó, le dio tres pases más y fue bonito el detalle de ver cómo su enemigo se rajaba en seco y se iba a las tablas pero no crean que reconocía su derrota.

Suerte contraria en un toro de los que hace dudar pero este maestro nunca duda porque ha reconocido públicamente que lo único que mira es que las patas estén cuadradas. Dejó esta entera a capón en buen sitio pero perdiendo la muleta:



Cortó la oreja de más peso de toda la feria porque lo hizo ante un toro de verdad.  A pesar de ello, ya dijimos al principio que nuestro veredicto para la partida fue de tablas. No obstante, ha sido lo mejor de la feria sin duda alguna. Ni Rufos, ni Julis, ni Télleces, ni Rocas ni nada por el estilo.

A pesar de tener ya una oreja cortada volvió a irse en el sexto a la puerta de chiqueros en lo que es la máxima demostración de valor de un torero. Esperó hasta el último instante para largar la tela ¿quizá esperó demasiado porque se le frenó? La cuestión es que el toro esta vez lo hirió:



Se llevó una cornada en el glúteo de veinte centímetros:


El tal Vinatero era un cárdeno cornilevantado de 588 kilos y con más mala idea que Falconetti:



Se encargó de él Chacón. Era Caín en la piel de un toro. No paraba de gazapear, se reservó en el caballo y miraba constantemente a Chacón como diciendo: ¿eres tú el que me quiere matar?, ¿de verdad?

Se protestó precipitadamente que doblase las manos al salir del peto pero  estábamos seguros de que su falta de entrega iba a hacer que no claudicase más. Empezó a demostrar en banderillas su aviesa intención porque esperaba sibilinamente. Por el izquierdo fue imposible clavarle nada pero por el derecho no pudo reírse de Ángel Otero:



Chacón brindó a la enfermería, siendo consciente del papelón que tenía ante esa tintorera. El albaserrada lo esperaba sabiendo positivamente que detrás de la tela estaba el muñeco. Había que estar con los cinco sentidos. Cuando a los aficionados más jóvenes les hablemos de las alimañas de Victorino, que se acuerden de este toro y entenderán a qué nos referimos:



Creemos que sólo un Ruiz Miguel en plenitud hubiera podido con él. Ah, y recordar a los protestantes que por supuesto que no volvió a doblar las manos ni de broma.

Chacón se fue por la espada y a paso de banderillas pinchó para dejar después una corta arriba. Nos sorprendió la poca fe que puso en descabellar y más después del mal rato que el toro le había hecho pasar. La última burla del escolar fue que al décimosegundo golpe de verduguillo, saltó sobre el maestro desarmándolo. Cuando vio que lo había puesto en fuga, dobló.

Allí se acabó el festejo más interesante de toda la isidrada. Hemos tenido que tragarnos veinte para asistir a una verdadera corrida de toros. No se les podía perder la cara en ningún instante. No deambulaban somnolientos como en tantas otras tardes.

Los escolares no fueron bravos ni los toreros artistas pero ni falta que hace para que una corrida de toros tenga la seriedad que nunca debió perder.

Otra cosa es que los críticos paniaguados salgan hoy a decir que si todas las corridas fuesen como ésta los tendidos acabarían vacíos. Pues si para llenarlos hay que tirar de la ternera domesticada y del artista que nos abre su alma para expresar lo que lleva dentro, con su pan se lo coman.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.