Antiguamente esta corrida era verdaderamente de beneficencia, se hacía después de San Isidro y actuaban los triunfadores. Los tiempos han cambiado creemos que para peor y actualmente no se cumple ninguna de estas tres condiciones.
Se añade a ello que el listón estaba muy alto porque veníamos de ver anteayer una auténtica corrida de toros. Íbamos a pasar, en cuestión de horas, de una corrida seria al festejo del clavel por antonomasia.
Los de Alcurrucén salieron sin ganas de pelea, manseando en el caballo pero sin plantear después problemas a los diestros. Tres no diremos que llevaban cortijos en los pitones pero sí que eran desorejables casi sin bajar del autobús. ¡Y uno para cada diestro!
Por una cosa o por otra, lo que podría haber sido una exhibición de casquería se quedó en una simple oreja para Morante. Fue un mundo de color de rosa comparado con el mundo gris, el de verdad, de los escolares.
Y precisamente por ahí va nuestra pregunta del titular: díganos qué prefiere usted, si los dos naturales que pegó Gómez del Pilar al toro de Escolar que lo había cogido un par de veces o toda la faena de Morante al colorado de Alcurrucén. Y no nos referimos a la épica del madrileño sino a cómo los dibujó tras lograr arrancarlos. Le damos tiempo para pensar su respuesta hasta el final de la entrada porque no tiene derecho a guardar silencio.
MORANTE. Su primero era un negro bragado, meano, listón, chorreado en morcillo, barrigudo y justito de presencia aunque con la moña de lujo (como cada día contamos con la colaboración del maestro Moore):
Lo recibió con unas verónicas de manos altas como defiende él que tienen que ser. Las cuatro únicas que dio en toda la tarde:
El toro escarbaba y tardó dos minutos en acudir al peto porque había visto que el jinete era Aurelio Cruz. Como el propio toro se temía, recibió una lanzada en el lomo mientras tocaba música en el primero y se repuchaba comprensiblemente en el segundo.
En banderillas reculaba, escarbaba, se dolía y no quería embestir, con lo cual augurábamos la espantada del maestro, quien brindó al rey:
Es un honor para mí brindarle la muerte de este toro y le deseo lo mejor a usted y a su familia, ¡viva España y viva el rey!
Se oyeron pitos cuando los más avispados se apercibieron de que el diestro salía con la espada de verdad. Como era previsible hizo una faena menos que de aliño y acabó con tres pinchazos sin soltar, estocada corta que escupe y media ladeada, siempre cuarteando. Ahí lo tienen entrando de cualquier manera. Tiene más delito porque es un torero que, cuando quiere, ejecuta la suerte con pureza:
Tras un doble descabello, no debió de quedar muy satisfecho Su Majestad con lo que vio, ni del toro ni del torero.
Su segundo era un colorado ojo de perdiz, bociblanco, con la corona de las manos blanca y acaramelado de pitones:
Para que vean lo que son las cosas en la suerte de varas: el toro en el primero se estaba dejando pegar viendo que no tenía ningún futuro pero en seco enganchó al caballo por la mano derecha y al darse cuenta de que podía con el monstruo acorazado, lo volteó y lo derribó. Si los toros viesen una mínima oportunidad frente al caballo, estamos convencidos de que el primer tercio cambiaría completamente para mejor. En el segundo puyazo el maestro ordenó machacarlo pero el toro fue más listo y salió suelto rápidamente.
El tal Pelucón había quedado más vivo de lo que quería el de La Puebla de forma que hizo un inicio por once ayudados obligándolo mucho. Los enlazó con cuatro naturales y el de pecho sin permitir respirar al toro ni un momento y dejándolo bien cansado. Acto seguido, se montó en el tiovivo entre oles.
Todos los pases fueron escondiendo la pierna y a pesar de las ovaciones, nosotros no vimos hondura en ninguno. Seguro que él sabe perfectamente que se alivió sobremanera pero mientras te vayan ovacionando no hay motivo para arriesgar. Ahí lo tienen:
Quiso matar bien al toro porque veía que tenía al público entregado y esta vez no cuarteó sino que entró por derecho dejando una casi entera tendida, trasera y desprendida, perdiendo la muleta y recibiendo un topetazo en el vientre:
La deficiente colocación de la espada hizo que el toro no doblase y tuvo que dar dos golpes de verduguillo. Por supuesto que cayó la oreja ¿que se habían creído? ¡Estamos en Madrid!
Ni Téllez el otro día nos pareció Belmonte como nos hicieron creer, ni Morante ayer Chicuelo como seguro que dirán en todos los panegíricos que se publicarán hoy.
EL JULI. Su primero era uno de los de colorines, que en teoría son los que mejor embisten en esta vacada. Era berrendo en negro lombardo, aparejado, calzado de pies, careto, rabicano y gargantillo:
El picador no podía dominar el caballo castaño. Con tantos días de feria, los caballazos de Madrid están ya muy resabiados. Aun así aprovechó que el toro se dejaba pegar para taparle la salida y barrenar a gusto.
El brindis del maestro al rey fue éste:
Como siempre, es un orgullo y un agradecimiento que apoye la fiesta, ¡va por usted y por España!
El Juli no tenía ni para empezar con este torete que iba y venía de aquí para allá. Únicamente mostraba el problemilla de revolverse antes de la cuenta. Conste que los pases más jaleados fueron todos al hilo del pitón.
Se equivoca entrando en la suerte contraria y pincha en su estilo tan grosero. Cambia a la natural y deja esta casi entera traserísima y desprendida recibida con justos pitos de los cabales.
Dos descabellos fueron la desgracia de los del clavel, que tuvieron que mantener el pañuelo en el bolsillo.
El quinto era un colorado anteado y listón con una cornamenta perfectamente simétrica:
Recibió un par de puyazos traseros con El Juli gritando ¡vale, vale! sin que el picador hiciera el menor caso, incluso recargaba más. No entendemos cómo el gran maestro se hace respetar tan poco:
Brindó a De Justo. El de Alcurrucén no iba a durar mucho pero seguro que haría todo lo posible para regalar sus orejas al diestro. El maestro no dejó que le tocase la tela y le bajó mucho la mano. Su toreo fue marca de la casa: tan tosco como mandón.
Dio un gran sainete con la espada: pinchazo arriba que escupe, corta trasera saltando, espadazo absolutamente horroroso por trasero, caído y atravesado, pinchazo malo y estocada pasada y desprendida con descabello.
3. MARÍN. Su primero se llamaba Carasucia y era un toro negro zaíno, ensillado y bien encornado, sin ninguna exageración:
Se estiró Marín a la verónica y la noticia es que lo hizo ganando terreno al toro sin echar la pierna atrás, lo cual es una novedad en los veintiún festejos que llevamos. Fue lo mejor que hizo en toda la tarde:
En el caballo, el picador no le tapó la salida. Se dejó pegar un poco y se fue suelto. Se pudo comprobar así que no iba sobrado de bravura cosa que si se le hace la carioca siempre queda en la duda porque no le dejan salir de la trampa.
Su brindis al rey:
Majestad, con todo mi cariño y mi respeto: va por usted y por España
Doblones de inicio para comprobar que el toro ofrecía las orejas en bandeja de plata. Marín se olvidó de la máxima de Chenel con aquello de pronto y en la mano y no consiguió nada más que demasiados enganchones ubicándose fuera de cacho.
Cuando el toro estaba ya frito, quiso calentar al personal con un arrimón pero ya era tarde. Había dejado escapar una muy buena oportunidad. Menos mal que los toros no hablan. Pegó esta estocada muy tendida y trasera, tapando la cara, más doble descabello:
No nos pareció mal que fuese su peón Punta quien buscase al toro en los medios para cerrarlo a base de capotazos aunque la verdad es que no esperábamos una actitud tan pasiva en Marín.
Como su padre vio que a su hijo el toro no le había gustado, le pegó en el caballo una barrenada trasera, contraria y caída verdaderamente abyecta:
El toro se vino a chiqueros completamente rajado y allí lo siguió Marín para dar un recital de pegapasismo, al cual cada día lo vemos más aficionado. Fue una tabarra de consideración que no terminaba nunca. Al final, espadazo trasero con escandaloso telonazo:
Lo bueno del toro, aparte de su pinta ya referida, fue cómo se tragó la muerte con el diestro escuchando impasible los dos avisos porque se negó a descabellarlo. Se ha corrido la voz entre el vacuno de lidia de que en Madrid se regalan las orejas y se ve que han decidido tardar en morir para enfriar al público.
Aquí se acabó lo que se daba. Fíjense en que si éste de Marín y el de Morante doblan rápidamente como era su obligación, hablaríamos de una oreja más para cada uno y si Juli pega dos estoconasos de los suyos, otras dos. O sea que perfectamente se hablaría de acontecimiento histórico con cinco orejas y dos toreros a hombros en esta plaza que ya no parece tanto de Las Ventas como de Las Talanqueras
¿Tiene usted ya su respuesta a nuestra pregunta? ¿Gómez del Pilar o Morante de la Puebla? Dejando la épica aparte, insistimos.
Si prefiere los dos naturales de Gómez del Pilar es uno de los nuestros. En cambio, si sus gustos van por lo que hizo Morante al torito coloradito de Alcurrucén, es posible que se haya equivocado de bloc.
Bueno, es casi seguro. De todas formas nos alegramos de haberle visto por aquí aunque sólo haya sido por un día.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.






















































