Veníamos de la infumable tarde anterior, con los toreros volviendo al hotel sin necesidad de ducharse, y cambió el panorama con la corrida de Victoriano del Río. El Juli y Manzanares sudaron la gota gorda en sus segundos toros y Roca además del sudor se llevó una buena paliza de la que sacó un triunfo incontestable.
La corrida de Victoriano salió variada aunque sin demasiado poder. Primero y segundo fueron insignificantes, quizá los actuantes esperaban que los seis hubieran sido como estos dos. Pero resultó que tercero y cuarto sacaron casta. Por último, el quinto y el sexto tuvieron ideas, no del todo malas pero sin ser nada tontos. Como ven, al menos cuatro ejemplares marcaron distancias con el borreguismo imperante en este tipo de festejos. En el caballo fueron todos menos que discretos. Los pitones que se veían en los corrales eran de diseño:
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| FOTO: BMF-Toros |
No nos cabe ninguna duda de que esos cuatro toros que hicieron sudar a nuestras figuras, a otros toreros les hubieran ganado el partido por goleada. Hubo casi lleno al reclamo del peruano y los asistentes no salieron defraudados:
EL JULI. Su primero era un castaño oscuro y listón, muy alto:
Hizo un intento de saltar la barrera nada más salir y se pegó un buen porrazo al ser incapaz de emular a Fosbury:
Ya iba suavecito en el capote de Juli. Confirmó su poca fuerza derrumbándose tras el primer puyazo y su poca raza huyendo tras la segunda entrada.
Lo único que el toro llevaba dentro era una gran dosis de sosería que enfadó al maestro. Julián sabía que viniendo Roca por detrás con la escoba no le favorecía un norit de inicio.
Aburrimiento total y media trasera perdiendo la muleta, tras saltar y pegar el telonazo habitual:
Bonita muerte del toro con el diestro aplaudiéndolo para ahogar los pitos que se oían por no querer descabellar.
Su segundo era un toro ofensivo por delante y aleonado:
Huye coceando en el primero y en el segundo se deja pegar tocando música. Matías acepta cambiar el tercio, cosa que no había hecho en el anterior cuando obligó a una tercera entrada contraviniendo el deseo de Roca.
El toro había quedado ideal para que Julián demostrase su mando porque embestia descompuesto y pegaba algún tornillazo de aúpa. Se echó la mano a la izquierda para empezar pero los naturales que dio no sometieron del todo al animal, que seguía chulesco.
Además gazapeaba y no dejaba colocar al maestro, que insistió con la mano izquierda. Los sudores los disimulaba el aguacero. Nosotros no terminábamos de apreciar que el toro se entregase pero los tres naturales que le sacó al final dentro de su peculiar estilo nos hacen otorgar al maestro la victoria a los puntos. A los puntos, ¿eh?, no por K.O. Éste fue uno de ellos:
Pinchazo nefasto saliéndose de la suerte, estocada corta trasera y dos descabellos. Llevando el brazo por la andanada es lógico que todos sus espadazos se vayan traseros, recuerden lo que contábamos aquí; ya ven que al toro se le ha hecho de noche:
Ovación inconcebible al toro tras su paupérrimo juego en varas. Al maestro lo vimos mejor que en su tan alabada faena al de La Quinta en San Isidro. Este de Victoriano era más complicado en la muleta según nuestra humilde opinión.
MANZANARES. Su primero era un toro negro, cornilevantado y astifino, con poco cuello y de 506 kilos. Venía bien picado del campo:
Penoso simulacro en varas y acto seguido todos los capotes volando al cielo bilbaíno dado que se había arrastrado por el suelo en tres ocasiones antes del cambio de tercio.
Cinco veces había rodado ya por el barro cuando Manzanares empezó su faena. El toro sacó cierta casta, no sabemos de dónde, para aguantarse de pie y Manzanares incluso se permitió el lujo de bajarle la mano sin que claudicase. Nos frió a derechazos, eso sí:
Pinchazo hondo y casi entera pasada, cegando al toro y saliéndose de la suerte. Ya conocen nuestra teoría de que este diestro es bueno recibiendo pero muy mediocre al volapié (recuerden lo explicado aquí):
El quinto era un castaño carinegro, albardado y cornilevantado:
Estuvo a punto de derribar pero se fue suelto en ambas entradas y sólo empujó en el primer puyazo, incluso con un leve romaneo. Fue el único momento de categoría de la vacada en el caballo durante toda la tarde:
Manzanares aplicó al toro su típica faena hotelera con su muleta XXXL. No nos aburrió del todo porque el toro no era una perita en dulce aunque tampoco un marrajo. Aun así, se veía el sudor y se leía en sus labios como lo calificaba de hij...
Acabó su labor con esta entera tendida y pasada:
ROCA. Su primero era negro y con la encornadura que gusta a las figuras pero salió con un cuerno bailando y fue al corral:
El sobrero pesaba 631 kilos, castaño muy oscuro, fino de cabos y un tanto justito de cara para Bilbao:
Se fue al relance y puso en apuros al picador pero lo hizo a base de cabecear y no de empujar. En el segundo manseó a su sabor. Matías insistió en que fuera una tercera vez para que lo señalasen cuando el diestro había solicitado el cambio. Sigue sin recordar el reglamento vasco esta vez en su artículo 70.8, lean:
Las reses recibirán, a criterio del espada de turno, los puyazos apropiados en cada caso, de acuerdo con la bravura y fuerza del animal. A tal fin, después del primer puyazo, el espada podrá solicitar el cambio de tercio a la Presidencia, que le será concedido por ésta. No obstante, en las plazas de toros de primera categoría cada res deberá recibir, al menos, dos puyazos.
Empezó Roca con un celeste imperio combinado con cambiados por la espalda mirando al tendido. Con ellos se metió al público en el bolsillo nada más empezar.
Luego le dio mucha distancia y nos ofreció un recital de su toreo de puerta abierta, torso forzado y pierna retrasada pero con el valor que nunca negaremos de quedarse ahí quieto.
El toro no era nada tonto y notaba que lo estaban engañando. Llegó a desarmar al maestro pero su condición geniuda era ideal para uno como Roca.
En una bilbaína el toro se quedó debajo y le tocó la taleguilla con muy mala idea golpeándole en la rodilla. Tras unas manoletinas se puso a hacer el péndulo y el toro ya no aguantó la monería.
Se arrancó por sorpresa llevándoselo por delante y pisoteándole la espalda y la cabeza:
Claramente conmocionado pegó una buena estocada un poco desprendida. Oreja con el presidente aguantando el chaparrón sin dar la segunda. A ver si habrá leído nuestra crónica de ayer... Lógicamente los televisivos lo pusieron a caer de un burro.
Se empeñó en matar infiltrado al sexto cuando la empresa había anunciado ya que no iba a salir. Además de la paliza con sus múltiples golpes, tenía una muy dolorosa rotura fibrilar en la zona lumbar, que es precisamente donde lo infiltraron.
Ese sexto era astifino y cornidelantero:
El toro tuvo la consideración con el magullado diestro de tomar el capote de forma pastueña:
Quinta le clavó casi en el lomo pero el maestro ordenó las dos veces levantar rápidamente el palo. Otro lo mata en el caballo sabiendo que una oreja la tenía ya segura sólo por volver de la enfermería. Bravo por Roca.
Antonio Chacón puso los dos mejores pares de la tarde:
Se puso de rodillas para hacer un cambiado al toro pero con visibles gestos de dolor. El problema fue que el toro le arrancó la muleta de la mano y cuando se levantó para poner pies en polvorosa, no podía moverse. Algaba recibirá de él un jamón en Navidad por el quite providencial que le hizo cuando estaba a merced del animal sin los avíos para defenderse:
Volvió a los medios esta vez de pie para hacerle una chicharrina. Ahora sí le salió perfecta y la distracción del toro al final le permitió retirarse airoso.
El toro no era tonto pero tampoco muy listo, ideal para que lo pudiese torear Roca con su notoria merma de facultades.
De todas maneras, aunque hubiera sido un borreguillo insistimos en que tenía una oreja ganada desde que salió de la enfermería. En un momento dado le hizo la zancadilla y lo tuvo a placer en el suelo pero Nuestra Señora de Begoña intervino en su favor:
Acabó entre oles con el público en pie:
Se equivoca entrando en la suerte contraria y deja esta estocada arriba, sin tapar la cara y descubriendo bien la muerte, como es habitual en él (nada que ver con lo que hacen siempre sus dos compañeros de terna):
Fíjense en que el toro no está pendiente de la mano izquierda del maestro sino que va a saltar hacia su querencia natural. Como era de esperar, no le permitió cruzar por su equivocación y se fue por él:
Era el cuarto susto que sufría en la tarde y en cualquiera de ellos podría haber salido gravemente herido.
Matías enseñó los dos pañuelos a la vez y no lo vamos a discutir. Si por televisión la labor de Roca en ambos toros se siguió con interés cuando no con emoción, lo que se debió de vivir en el intangible del tendido tuvo que ser memorable.
El peruano vino al Bocho a dar un golpe en la mesa y lo dio tan fuerte que casi se rompe la mano. El único que podía aguantar el tirón era El Juli, que bastante hizo con plantar cara a ese segundo tan malaje. Ya hemos dicho que lo vimos mejor que con el celebrado toro de La Quinta en San Isidro. Si lo llega a matar con un mandoble de los suyos, corta una oreja pero hubiera sido insuficiente para amortiguar el golpe de Roca. Recuerden lo que sucedió en Valencia en 2019 pulsando aquí. ¿Qué estarían comentando estos dos?
Desengañémonos: hoy en día Roca es el único que puede llegar a llenar una plaza de toros. No hay ningún otro diestro o ganadería que lo consigan, ni de lejos. Además, parece ser que tiene muchos seguidores en redes. Varias decenas saltaron al ruedo a acompañarlo en hombros para contarlo mañana por internet.
Ya ni nos planteamos si torea bien o mal aunque mate muy bien. Lo que pensamos es si podría llegar a ser el revulsivo que necesita esta mortecina fiesta de toros con su monotonía dentro del ruedo y sus golferías en los despachos.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




































































