Los japoneses debieron de quedar sorprendidos con que sólo uno de los toros lidiados fuera negro, y eso que lo era entrepelado. Ojalá hubieran sido seis de Sobral y así no habríamos tenido que aguantar tres resinas de una vulgaridad y una blandura alarmantes.
Decimos que los toros portugueses fueron de Madrid porque los tres representaron el tipo de toro que hay que dominar, que transmite emoción, que otorga interés a todo lo que se hace ahí delante y que, en resumen, gusta en esta plaza (y debería gustar en cualquier otra pero en general por ahí se prefiere al norit para que el torero exprese lo que lleva dentro). Otra cosa es que los diestros puedan con toros tan duros pero con reses así labraron su fama en este coso diestros como Ruiz Miguel o Manili ganándose el respeto de todo el mundo.
CHACÓN. Se presentó con el vestido riojano en la que sumaba su sexta corrida del año cuando nosotros hubiéramos apostado por que eran incluso menos. Su primero era un sardo claro de Sobral, zarco, botinero, capirote y mosqueado (no alunarado). Aclararemos que los sardos pueden ser de tres tipos: claros, ordinarios u oscuros pero de ninguna manera existe el sardo ensabanado como dijo Delgado (recuerden esta entrada y disfruten con las fotos de algunos ejemplares). Es posible que forzaran la báscula porque se anunciaban sólo 501 kilos pero tenía una presencia imponente:
Las fotos de cada toro son del maestro Moore. Muy bien Chacón colocando al toro en suerte caminando hacia atrás sin pegar un capotazo pero muy mal su picador demostrando cómo no hay que picar. En el segundo se deja pegar con fijeza pero cobra una lanzada trasera sin que lo aprieten.
Tras ser tan mal picado el toro se enfadó y empezó a ponerse tonto en banderillas. Había que estar con los cinco sentidos porque era probón y punteaba la muleta con violencia. Era un animal de los que gustan en Las Ventas porque si los acobardas, pueden tragar.
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| FOTO: Luis Sánchez Olmedo |
Pero el problema fue que enseguida adoleció de casta para plantearle una pelea como Dios manda. Empezó a pararse y a mirar pero ¿hubiera hecho lo mismo en caso de haber sido bien tratado en el caballo? Chacón estuvo valiente y por encima de él.
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| FOTO: Luis Sánchez Olmedo |
Se perfila sin liar la muleta porque entra con el delantal y deja una media malísima por atravesadísima. Después clava una honda muy tendida con el toro enviándole un gañafón al pecho. Sonó el segundo aviso con el toro en los medios y llevando la cara por las nubes. Le salvó la campana al cuarto descabello.
Su segundo era un resina acapachado de pitones, cárdeno, caribello, bragado, meano, axiblanco y finito de cabos:
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| FOTO: Luis Sánchez Olmedo |
Horripilante agujero casi en el brazuelo y rectificación para clavarle trasero con sevicia. El toro se arranca de largo en el segundo para volver a cabecear con mal estilo. Creemos que Chacón se equivocó ya que tendría que haber ordenado a su picador pegarle dos picotazos vista la experiencia habida con los otros dos resinas ya lidiados anteriormente.
El toro en la muleta se paró y cuando embestía pegaba el arreón y gazapeaba. El gaditano necesitaba un triunfo en Madrid y para eso el toro tenía que haber estado crudo, cosa que quizá se hubiese conseguido de no ordenar ese primer puyazo criminal. Quizá en el pecado llevó la penitencia en sus dos toros por haber sido picados de manera tan nefasta.
Honda atravesada con su habitual telonazo, ya lo ven. Siete descabellos y muerte del toro en la segunda raya.
JUAN DE CASTILLA. Confirmó la alternativa. Su primero era un resina bajito, chato, con cara y perfectamente en tipo. Nada que ver con los novilletes que sufrimos en Cuéllar (recuerden aquí):
Al relance en el primero sin pelear y blandeando. Túrmix en el segundo y de nuevo al suelo con el pitón izquierdo notablemente astillado.
El animal provocaba pena ya que no podía con el rabo. Ningún interés. Pincha dos veces equivocándose en la suerte contraria. Dos pinchazos más, estocada corta que escupe y silbidos cuando en vez de volver a entrar descabella a la segunda rondando el tercer aviso. Tras los dos primeros toros iban cuatro avisos.
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| FOTO: Luis Sánchez Olmedo |
El quinto fue de Sobral y era un negro salpicado, listón, de 590 kilos, con buen morrillo:
A pesar de que se lo dejaron debajo, el piquero clavó trasero para variar. El toro puso interés pero notando que su pelea contra el T-34 no tenía ningún futuro. García dejó caer la vara estilo Acosta pero le cayó en el lomo y a pesar de ello escuchó unas palmas que calificaríamos tranquilamente como demenciales. El toro peleó con más fiereza contra la capa de Chacón que contra el peto de Equigarce:
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| FOTO: Luis Sánchez Olmedo |
Castilla salió muy decidido y se puso a torear en redondo en el platillo a un animal que era bronco y poco claro. Pero de nuevo estábamos ante un toro de Madrid. En la imagen se aprecia que no embiste de forma borreguil:
Pero el diestro quiso tratarlo como si fuese una ternera al uso y eso no podía ser. Había que bajar bien la mano y pegar el zapatillazo para intentar que se entregase obligándolo a repetir. Como no lo hizo, el de Sobral no se sintió toreado en ningún momento y se puso cada vez más violento.
Dejaremos la cosa en tablas siendo generosos con el maestro a cuenta de su buena disposición. Acierta en la suerte natural y entra con mucha lentitud para dejar una casi entera arriba, pasada pero perdiendo la muleta por no liarla bien.
Conociendo al presidente Sanjuán sabíamos que no iba a dar la oreja. Los televisivos se subían por las paredes: '¡Hay que ser sensible! Es que veo al presidente muy apalancado... Hombre, por favor, ¡no hay derecho!, ¡no puede ser! Si este hombre supiera lo que es estar ahí abajo en el ruedo... ¡Qué injusticia!´
Cuando se regalan trofeos con petición minoritaria o segundas orejas de chichinabo nunca les oímos decir que es una injusticia... A nosotros el premio al colombiano nos parecía excesivo pero se regalan tantas en esta plaza por destorear chotos que el agravio comparativo con el pobre Castilla es un poco sangrante.
ÁNGEL SÁNCHEZ. Su primero era un resina negro entrepelado, bragado, meano, carifosco y de mazorca blanca y gruesa:
Fue al corral por Ironside. El sobrero era un toro de Hermanos Collado Ruiz, el camión de la carne. Castaño oscuro, listón, lavado de cara, con casi seis años y 620 kilos:
Marcial demostró a caballo que no es el más grande, castigando al toro muy trasero y barrenando en los dos puyazos, en los cuales el toro no peleó.
Si era verdad que estaba muy corraleado, empezó a demostrarlo cuando se paraba ante los capotes y miraba lo que había detrás. En la muleta se vio que era desaborío y que tenía el viaje cortito. Buena voluntad de Sánchez pero no pudo poner en práctica el '¡intenta que no pare!' que le gritaba Molina desde la barrera.
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| FOTO: Luis Sánchez Olmedo |
Pinchazo y estocada entera que caen atrás por llevar la mano muy alta y además tapando la cara del toro. Ovación a la citada ejecución, cosa que no terminamos de entender.
El último era un toro entre cenizo y carbonero, carinevado, bragado, meano, badanudo y un poco salpicado por las nalgas:
Vergonzoso Prieto, capitaneando la banda del castoreño con una lanzada contraria y caída y dando una vuelta completa en carioca asquerosa. En las tres entradas el toro se fue de allí con urgencia y con lógica ante semejante matarife. Con desvergüenza Molina lo dejó otra vez al hilo de las tablas para que volviese a cobrar ya que tras la experiencia de los otros dos sobrales, cundía el pánico con este sexto.
Gran primer par de Rey que pasó bastante desapercibido tanto para el público como para los televisivos, el mejor de la tarde.
El toro tenía una embestida rebrincadita pero con cierta codicia. Además era pronto y estaba pendiente de la tela. Los pases que le pego Sánchez parecían acuarelas cuando lo que exigía el de Sobral era un óleo bien empastado.
No terminamos de entender por qué llevó la muleta a media altura en lugar de bajarle la mano. Con esa actitud el toro no cesó de regalarle la tarascada al final del viaje. Se equivocó en la suerte contraria y el portugués se fue a por él cortándole y volteándolo pero sin calarlo:
Vuelve a equivocarse y recibe otra violenta tarascada al pecho. Nuevo error pero esta vez se sale de la suerte y alarga el brazo para dejar una casi entera trasera y ladeada, con las patas al cielo.
Dos horas y media de largo festejo que nos dejó tres cosas: el valor de Chacón en su muy difícil primero, la decisión de Castilla en su segundo y el interés por volver a ver los toros de Sobral. No tuvieron nada que ver con la mala corrida de Sangüesa (no hagan caso a lo que dijo Dávila) ni con las dos corridas suyas que hemos visto en Tafalla y que dieron buenas oportunidades a los toreros. Aquí pidieron la documentación y los diestros sólo tuvieron los papeles en regla en el apartado del valor, que no es poco aunque no suficiente para haber podido con ellos.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.
















