Y además sin fundas que les hagan perder la sensación de las distancias. Un toro no enfundado y en puntas, como te cale, va a herirte sin remisión. ¿Verdad que sí, Manuel?
Todos los profesionales son conocedores de esto que decimos pero hay un ignominioso velo de silencio con el cual ocultan esta cuestión. Hablábamos hace poco con un profesional que se había enfrentado a una corrida grotescamente afeitada y cuando se lo decíamos nos comentaba: 'sí, sí... yo no sabía que la habían tocado y me quedé acoj... viendo cómo estaban cuando salían al ruedo'.
Sin embargo, nadie del mundillo dirá nada, ni siquiera el propio Escribano, herido en Málaga, levantará la liebre en público ya que es muy probable que la próxima corrida que toree en cualquier plaza de por ahí esté aplatanada. Por supuesto que en los medios taurinos comprados todo esto que estamos comentando es tabú.
La corrida de Victorino en Málaga tuvo su interés. Nos alegró ver que no tardeó en el caballo como nos tenía acostumbrados últimamente. Además se cayeron menos de lo habitual, un total de doce veces 'solamente'. Ya saben que de las ganaderías punteras es la que más se caen los toros.
Vino muy bien presentada y nos llamó la atención la badana que tenían algunos, cosa muy rara en el encaste. Su comportamiento fue este: primero, humillador y listo; segundo, pegajoso; tercero, noble y suave; cuarto, bravito en el caballo pero con poco poder, se fue sin torear; quinto, blando, no se sintió toreado y se vino arriba y sexto, un minusválido escarbador.
Los paniaguados televisivos volvieron a demostrar su amor por Escribano a quien pusieron por las nubes en todo momento. Suele ser algo recurrente en estos de Canal Sur pero es que en Málaga se superaron al llegar a gritarle en directo cuando pasaba cerca de su localidad: '¡bien Manuel!, ¡muy bien!, ¡cumbre!' Eso no sucede en ningún otro tipo de espectáculo retransmitido por televisión y a nosotros nos causa una sensación de gran vergüenza ajena. A este cuarteto cómico le da igual provocar el sonrojo del espectador.
ESCRIBANO. Recibió a su primero a porta gayola. Era un cárdeno muy oscuro, casi negro entrepelado, ojalado, bragado, meano, con llamativa papada y muy bien encornado. Con ese pitón derecho pincharía después al diestro en la pierna:
Lanzada trasera que hace dimitir al toro de su empuje inicial. Luego se fue al reserva para empujar sin conseguir mover un caballo que teóricamente pesaba solamente sesenta kilos más que él.
En el segundo tercio el maestro nos castigó con su exasperante exhibición de pares a toro pasadísimo:
Se equivocó cambiando por la espalda de inicio, como si estuviese ante un torillo comercial al uso. Lo único que consiguió fue que al resolverse el animal se enterara rápidamente de dónde estaba el muñeco. Toreó con la izquierda comprobando la buena humillación del toro hasta que en la segunda tanda se le acabó la gasolina:
Pero ya dijimos que se equivocó en aquel inicio y el toro, que nos era tonto, en un momento dado le echó mano y le dejó una cornada de cinco centímetros en la espinilla.
Es muy probable que un toro enfundado que ha perdido las distancias no acierte a clavar el pitón tan certeramente en la pierna del torero. Y si le han quitado el veneno en el mueco no lo cala, eso ténganlo por seguro.
A la hora de cuadrar el victorino le demostró que no estaba toreado. Estocada trasera y caidilla, con agonía muy bonita, caminando hacia los medios y tragándose la muerte:
Pidió que su segundo toro saliese a continuación ya que si entraba en la enfermería veía que no podría salir (de hecho, sería operado con anestesia total). Probablemente habría hablado con Victorino en el sorteo y sabía que el padre de su segundo era Cobradiezmos. Era cárdeno, bragado, meano, axiblanco, nevado y con una cara corniabierta que no tenía nada que ver con la de su padre. Recuérdenlo aquí cuando lo visitábamos en la finca:
No tardea y empuja fijo pero le levantan al instante. En el segundo cobra trasero e intenta el romaneo de un caballo que teóricamente pesaba lo mismo que él, qué risa...
El maestro no pudo banderillear y estaba nervioso viendo que había exceso de capotazos con un toro que no parecía tener muy lleno el depósito.
El animal se parecía a su padre en su condición de escarbador pero a eso dicen que ya no hay que dar ninguna importancia. Resultó ser bastante bondadoso y Escribano... pues dejémoslo en que pegó pases fuera de cacho. Como estaba mermado físicamente no haremos sangre:
El toro terminó yendo a su aire porque en ningún momento se sintió toreado. El diestro arrojó al final con violencia el estoque de mentira porque veía exactamente esto mismo que acabamos de escribir. Entera pasada alargando el brazo y tapando la cara pero entrando con mucha fe:
Oreja sentimental. Observen que Escribano es de los toreros valientes, de los que no cierran los ojos en el momento de clavar la espada. Eso, contrariamente a lo que podrían ustedes suponer, es la excepción:
DE JUSTO. Su primero pesaba 586 kilos y era cárdeno, bragado, meano, con rizos, cornivuelto, rabicorto y un poco ensillado:
Estuvo bien el maestro con la capa encelando un toro que salió con la codicia de los victorinos de toda la vida.
El caballo pesaba según los de Equigarce 570 kilos, dieciséis menos que el toro. Carioca vergonzosa ordenada por el maestro, barrenando y recargando, mientras el pobre toro quería pero no podía mover semejante mole. En el segundo le volvieron a zurrar cuando el pobre ya estaba totalmente afligido. Vean esa mano izquierda asesina tapando la salida. Comparen en la imagen el peso del toro, que nos lo creemos, y el absolutamente increíble del equipánzer de nombre Juli. ¡Cómo nos la dan con queso!
Ya nos perdonarán pero estábamos deseando que el toro se le subiese a las barbas por el vil maltrato que había ordenado en ese primer tercio. Al pobre animal le caía la sangre por el costillar.
Buen inicio doblándose rodilla en tierra. Cuando nos daba la impresión de que el toro se quedaba mucho más corto por el pitón derecho, el extremeño sacó la faena hotelera:
Se colocó de perfil, presentó la muleta retrasada, anduvo bastante despegado y le dio al pico. No enseñó el muslo ni por equivocación. Por el izquierdo también tenía el viaje cortito pero era noble y miraba siempre la tela aunque sabía lo que dejaba atrás.
¿Lo que hizo fue cuajar el toro? No lo sabemos pero su toreo no nos gustó un pelo, ya han visto la imagen anterior. Lo mejor fue una excelente estocada, entrando con lentitud aunque se le fuese muy trasera y muy tendida. Pero fíjense en que apunta con el palillo al morro sin pegar el telonazo. Bien el presidente aguantando sin conceder la oreja, de lo que luego se lamentó Victorino:
El quinto era un cárdeno, bien encornado, bajo de agujas, con hocico de rata y en tipo si no fuese por una badana muy patente:
Esta vez el maestro paró la paliza del piquero pero el animal se llevó tres agujeros diferentes. Antonio Chacón puso el mejor par de la tarde:
Necesitaba mano firme y hacérselo todo por abajo. De Justo se volvió a colocar al hilo del pitón sin fiarse nada y picando a base de bien. Es el De Justo de después del accidente de 2022 en Madrid, quien además se da cuenta de que el público lo aplaude igual y los televisivos lo jalean sin parar. Entonces, ¿para qué arriesgar?
De nuevo no adelantó el muslo ni una sola vez y el de Victorino se murió sin saber donde está la femoral de un torero. Terminó embistiendo peor que al principio, o sea que ustedes mismos. Observen qué forma de torear:
Estocada trasera y desprendida haciendo el arco iris y pegando ese saltito que ha cogido de vicio hace dos o tres años. Un par de orejas festivas:
FORTES. Su primero era hijo de un toro indultado vergonzosamente por Pinar y del que les hablábamos aquí. El titular lo decía todo. Este era cárdeno oscuro, nevado y veleto y pesaba 587 kilos:
El caballo pesaba 580, ¡chúpate esa! Fortes ordenó no pegarle porque había visto su flojera. Se soltó al notar mucho dolor en el espinazo por sendas lanzadas criminales.
Hizo hilo en banderillas, lo cual es siempre una buena señal. De primeras ya transportaba arena en el hocico y encima no parecía tan listo como sus hermanos. Tan era así que Fortes se permitió echar la pierna atrás como si estuviese ante un torete comercial al uso. Eso es lo que fue este Borracho, un victorino ful que recordó mucho a su padre.
Los paniaguados televisivos se relamían de gusto y no paraban de dar la tabarra con sus ridículos '¡bieeen!' en lugar de óle. Estocada caída y pasada, a capón y perdiendo la muleta. El presidente sacó toda la ropa al tendedor. A nosotros nos sobraron como mínimo dos de los tres pañuelos, empezando por el azul:
El sexto era un cárdeno cornilevantado, alto, que llegó picado del campo y blandeando de remos. Arrastraba el morro por la arena como un oso hormiguero:
Simulacro en varas del que se repucha. Hizo un leve intento de romaneo pero sin que el hijo del recientemente fallecido Manolo Muñoz lo apretase, como pueden comprobar. Es que si lo hace, se echa ahí mismo y Fortes se queda sin enemigo:
Había protestas en el tendido por la manifiesta flojera del animal y su descoordinación de remos. Los televisivos lo tapaban sin parar de insistir en que el toro gateaba, utilizando ese insufrible vocabulario de los taurinos. El dicharachero tampoco perdía la ocasión de meterse bastantes veces con el público protestante, mientras ocultaba con su incontinente verborrea tanto la invalidez del toro como la inoperancia del maestro, que no se aclaró y encima se puso pesadísimo.
Pinchazo sin soltar, otro que escupe y esta casi entera, muy defectuosa por trasera y tan atravesada como ven ya que siempre entró a matar saliéndose de la suerte. Dos descabellos:
Si trabajáramos para un portal comercial y nos pidiesen la reseña de la corrida les enviaríamos esto:
'En plaza de primera, un azul de chichinabo y casquería a cascoporro. De Justo anduvo medrosillo, Fortes está sobrevalorado y Escribano demostró vergüenza torera a la vez que un toreo insuficiente. El ganado estuvo bien presentado y mostró un comportamiento variado dejando a su criador encantado de la vida'
Nos hizo gracia escuchar que Victorino habla de que ahora tiene un semental que lo da todo dulce. Si su padre escuchase esto mandaba sacrificar al semental dulzón y después obligaba a su hijo a beber aceite de ricino por meter merengue.
El cuarteto cómico de Canal Sur estuvo más cómico que nunca. Es mejor tomarlos a risa aunque viendo al pobre Ruiz Miguel ahí en medio la cosa sea para llorar.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.































Me aburrí soberanamente. Hubo algunas embestidas fantásticas, pero sin torero delante.
ResponderEliminarSe muestra usted totalmente contrario a lo que nos vendieron los televisivos. Entraría dentro de aquellos a los que el dicharachero no paraba de criticar durante la lidia del sexto. No he olvidado su frase literal:
Eliminar"no entiendo qué protestan... llevamos toda la vida viendo toros y resulta que hay algunos que parece que saben más que nadie"
Saludos