Pues no se divirtieron tanto ni Ponce ni, mucho menos, Ureña.
El de Ponce no era 'Jaquetón' pero tenía esa guasa de los Hernández que, en otras manos, mucho nos tememos que acaba subiéndose a las barbas de cualquiera y haciendo sudar tinta. En cuanto a trapío, de 'Precioso' sólo tenía el nombre. Pueden seguir toda la lidia en este vídeo.
De salida no lo quiso ni ver. Ensayó sin ganas unas verónicas echándoselo afuera para que se fuese abanto y esperar que sonase el clarín. Saltaba a la vista que el toro no le gustaba.
En el caballo fue el típico garcigrande manso y díscolo: un primero trasero en que se va, vuelve al pecho, echa la cara alta, cabecea y se marcha suelto; en el segundo, Manuel Quinta le clava en el lomo con total desvergüenza, empuja con el costillar de trámite y vuelve a desentenderse.
En el quite, Ponce lo lleva con suavidad por delantales, sin castigarlo ni obligarlo, simplemente dejándolo pasar con temple y ahí se da cuenta de que el toro puede tragar:
Recital en banderillas también típico de esta ganadería porque 'Precioso' es gazapón, distraído y escarbador. Los subalternos no lo quieren ni ver y el espectador se queda con la duda entre los delantales y los rehiletes de si el toro al final va a tener guasa o no.
En lo de escarbar, llega a superar el récord de 'Cobradiezmos': dieciséis veces por trece del de Victorino (pero ya saben que desde aquel día, lo de escarbar ya no hay que tenerlo en cuenta):
De inicio Ponce lo llevará con mano firme sin que el toro le toque la tela. Le pega varios molinetes que no vienen a cuento cuando lo más lógico sería rematar por abajo. No obstante, consigue que el toro trague y se permite confiarse al final con esos circulares rodilla en tierra que a nosotros no nos terminan de convencer:
La faena acaba en chiqueros, donde quería el toro dada su condición de manso (o de menos bravo). Allí se echa Ponce de rodillas como un novillero ¡y a favor de querencia!
Cuadra el toro en cinco segundos, nada que ver con lo de Roca que comentábamos en la entrada anterior. Suerte contraria, obviamente, y pinchazo en los bajos. A la segunda, cobra una entera trasera, caída, atravesada, perdiendo la muleta y con degüello. Para estar en una plaza de primera, le valdrá unas sorprendentes dos orejas:
Escucharán en el vídeo que la ausencia de Emilio Muñoz en los comentarios hace que se destaquen cosas que él tapa (los puyazos traseros, las estocadas también traseras o caídas, los pinchazos bajos...). No hay tanto triunfalismo barato como el que él siembra.
Los que niegan el pan y la sal a Ponce nos dirán que esta faena no fue para tanto y que el toro ni mucho menos es un asesino, que fue peor el de Ureña.
El del murciano se llamaba 'Treinta y uno', con hierro de Domingo Hernández. Terciado, silleto y feo. Se frenaba en seco ante los burladeros ¿será por las fundas?
Lo picó mal Iturralde, seguimos sin explicarnos la buena fama que tiene. Primer puyazo trasero, donde el toro empuja pero le levanta el palo, y segundo puyazo de cárcel porque marra y, al rectificar, clava en el lomo y contrario. Ahí lo tienen:
El toro no pelea, se quita el palo y sale suelto. Mucho nos tememos que en un tercero hubiera cantado la gallina escandalosamente:
En banderillas ya se veía que galopaba descompuesto. Nunca sabremos si Iturralde propició o acentuó este defecto al picarlo tan mal. Igual que el de Ponce, gazapeaba, se distraía y no embestía con la fijeza marca de la casa. Además, apretaba mucho hacia adentro, cosa que Justo Hernández no quiere ver ni en pintura. Y encima Ureña no contó en ningún momento con que rebañaba por el derecho. La faena la pueden seguir pulsando aquí a partir del 9'45''.
En la segunda tanda se come al murciano, que ha sacado la faena del hotel. Pero entre que el bueno de Ureña no posee la muñeca de Ponce y que el toro tenía más guasa que el del valenciano, el animal se fue poniendo gallito sin sentirse dominado en ningún momento.
Vean en el 12'58'' cómo le da una distancia peligrosa por lo rebrincado de la embestida. Antes de arrancarse, el toro ya hace un amago de rajarse e irse a tablas -por manso, no por estar dominado-. Cuando va, casi lo arrolla:
Conociendo a Ureña, mucho nos temíamos que la cogida iba a llegar por algún error suyo como presentar mal la muleta:
Pues no es así. Creemos que él no tiene ninguna culpa. El toro lo engancha sin que se haya equivocado porque vean a partir del 13'54'' que da distancia al toro en el primer pase:
Y en el segundo, aunque esté mal colocado, da la impresión de que el toro sigue el engaño sin novedad:
Pero cuando está debajo lo engancha con el pitón derecho, como se veía venir desde el principio, y tiene suerte de que no hace carne:
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| FOTO: Alberto de Jesús |
Cuatro capotes no son suficientes para quitar el toro y aún vuelve por él de una manera que nos recordó al pobre Fandiño. Es raro que aquí no le hiciera daño cuando debería ser un toro certero por cornicorto:
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| FOTO: Alberto de Jesús |
Claramente conmocionado retorna a la cara del toro porque Ureña más que valiente es temerario. Afortunadamente, el toro no quiere pelea y se raja yéndose a tablas. En el 16'39'' pueden ver un gravísimo error del diestro: remata con un pase de la firma mirando al tendido e insiste en volver a rematar con uno de pecho ¡y por el derecho! Casi le cuesta el hospital, como mínimo (el mismo error que cometió Rafaelillo aquí con el de Miura en san Isidro):
A esas alturas, el diestro ya no sabía dónde tenía el toro ni el pitón derecho ni el izquierdo. Estocada trasera y atravesada con la mano alta y tirando la muleta.
El comentarista se admira de que 'será una casualidad pero las estocadas traseras han sido la tónica de toda la feria'. No, amigo, no es una casualidad sino que son producto de matar mal llevando el brazo alto como una forma más de alivio (lo explicábamos aquí).
Ureña terminó noqueado, igual que la última vez que estuvo en Valencia (pulsen aquí y vean que aquel día salvó la vida de auténtico milagro):
¿Ustedes creen que el toro de Ponce tenía problemas parecidos a los del de Ureña? ¿Colaboraron los picadores con su nefasta labor a que los dos animales resultaran más complicados en la muleta? ¿Hubiera dominado Ponce el toro de Ureña y lo habría hecho parecer menos malo de lo que era? ¿El murciano tiene el problema de recetar la misma faena a todos los toros? ¿Estaba mejor Ureña en las corridas donde lo anunciaban antes que acompañando a las figuras? ¿Los garcigrandes malos tienen mucho más interés que los que son desorejados habitualmente por nuestras queridas figuras?
Nuestra respuesta es 'sí' a todas las preguntas. A la última, 'sí, sin ninguna duda'.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.






















































