FIRMA INVITADA: José Luis García García
Decano de los Presidentes de Plazas de Toros de España
LA TAUROMAQUIA MODERNA
Este grandioso y sin par espectáculo que es el toreo, nacido del pueblo y para el pueblo, siempre fue superando cuantos trances se le fueron presentando, ya fueran las prohibiciones papales o el problema acuciante del afeitado aunque, lamentablemente, este no se erradicó nunca por completo y el espectáculo, por tanto, tampoco fue íntegro.
Pero hablemos del momento actual. A pesar de que se diga por activa y por pasiva que los toros gozan de buena salud, que ahora se torea mejor que nunca y que sale el toro más bravo de la historia, no estamos de acuerdo con ello por los motivos que a continuación expondremos.
Qué gran verdad brotó de la voz del torero segoviano Víctor Barrio cuando dijo que “los toros no hay que defenderlos, sino que hay que enseñarlos”. Es que no es cierto el inveterado axioma de que los toros se defienden solos.
En la actualidad los toros no tienen fuerza suficiente para defenderse solos, como hubiera podido suceder en otra época; son muchas las aves de rapiña que revolotean sobre ellos como para que se puedan defender por sí mismos.
Lo que hay que hacer es enseñar, educar en la cultura taurina a estas nuevas generaciones que, a diferencia de las nuestras, las de los aficionados antiguos, no han tenido la suerte de recibir las enseñanzas de sus progenitores. En este momento se dice que está acudiendo en número muy importante de jóvenes a las plazas de toros. Es cierto pero hay que enseñarles lo que es la tauromaquia, lo que es el arte del toreo, cómo se realiza, dónde ha de colocarse el espada, la forma de ejecutar las suertes, dónde deben estar situados en el ruedo los protagonistas, cómo y por qué embiste el toro, cuál es su conformación zootécnica y, en fin, de qué manera el torero debe acoplarse a las condiciones del toro y a los cambios que vaya experimentado éste.
Quienes se dedican a la comunicación desde los distintos medios deberían realizar una labor didáctica, no equivocando a los oyentes o lectores con comentarios erróneos. Un matador que no está en activo y es comentarista de una cadena de televisión dice que los banderilleros “tienen que hacer dos pasadas”, cuando lo que dice el reglamento es que “actuarán de dos en dos según orden de antigüedad, pero el que realizase tres salidas en falso, perderá el turno y será sustituido por el tercer compañero”. También ha afirmado que “durante el mes que las reses cumplen los años se podrán lidiar como toros o como novillos”, entre otras lindezas. ¡Que desconocimiento más supino de la normativa taurina!
Hay que transmitir la realidad de lo que ocurre en el ruedo, cómo está ejecutando las suertes el torero, si en el sitio o fuera de él, si torea sin trazar un arco (toreo en línea), o trazando el mismo (toreo en redondo), si remata en el primer caso por delante de la cadera llevando al toro sometido o al final de la cadera en el segundo de los casos. Muchas veces en las corridas televisadas parece que el único que tiene la culpa de todo es el toro, que es el que no puede defenderse.
Se dice también que los festejos gozan de buena salud porque acude la gente en masa y nada más lejos de la realidad. Al margen de cuatro grandes ferias, la de San Isidro y la de Otoño en Madrid y la de Abril y San Miguel en Sevilla, más la de Pamplona la afluencia de público no es para estar muy satisfechos.
En el resto de ferias de capitales de provincia, dejando al margen la de Albacete, que aún continúa con buenas asistencias de público, las afluencias no son ilusionantes precisamente. Si vemos las retransmisiones que realizan tanto Canal Sur como el canal de Castilla-la Mancha, en muchas plazas de tercera categoría, e incluso de segunda, la cantidad de público que asiste a los festejos es irrisoria.
Y en cuanto a que sale el toro más bravo de la historia, habría que matizar muchas cosas. En la actualidad sí sale el toro más borreguil de la historia, criado para aguantar infinidad de pases y no para realizar el toreo de verdad con él. Es de una nobleza bobalicona carente de riesgo. Aquel ganadero que dijo que él criaba el toro “artista” y con “toreabilidad” quizás se equivocó de palabra y tenía que haber dicho con “docilidad”. No obstante, tengamos siempre en cuenta que ponerse delante de una res de lidia entraña un riesgo (no olvidemos que don Antonio Bienvenida, denunciante en su momento del afeitado imperante en los años cincuenta, aunque él mismo entonara el mea culpa por haber toreado también toros afeitados, murió a consecuencia del golpe que le propinó una vaquilla).
En el toreo ha de haber una emoción que llegue al tendido. En el ruedo tiene que haber un toro encastado y bravo, que con codicia se quiera comer los engaños persiguiéndolos por abajo, y que pelee hasta su muerte. Debe ser un toro que, como siempre se ha dicho, se crezca al castigo, no un toro acobardado que llegue a echarse antes de la hora de la suerte suprema por falta de casta. Y para que un toro tenga casta hay que buscarla en los tentaderos.
Hoy los ganaderos, o al menos una inmensa mayoría de ellos, seleccionan sólo la nobleza, cualidad que en la realidad resulta borreguil. Es la de ese animal que persigue los engaños sin generar emoción. Porque el toro puede ser noble y bravo pero por encima de todo tiene que ser encastado y con fuerza.
No podemos olvidar, tampoco, la presentación del toro de lidia en la actualidad. De un tiempo a esta parte, se ha generalizado otra lacra, diríamos que casi en la totalidad de las plazas, cual es la finalización del pitón en esas puntas redondeadas. Son las llamadas “bolitas”, que no dejan de ser una manipulación del cuerno en toda regla, prohibido tajantemente tanto en la Ley Taurina 10/1991 de potestades administrativas en materia de espectáculos taurinos, como en todos los reglamentos existentes. Solamente los presidentes podrían erradicarla demostrando exigencias rigurosas en los reconocimientos en vivo de las reses.
En ocasiones, muchas más de las deseadas, se ven puntas de pitones en corridas de toros que parecen para festejos de rejones y eso en plazas importantes. Tampoco están exentos de responsabilidad los veterinarios, que han de realizar los reconocimientos ante mortem de los toros e informar de su resultado al presidente.
Un aspecto fundamental en la lidia es que impere el orden, del cual debe cuidar cada matador en sus toros como director de lidia que es de los mismos. A la salida de chiqueros deben estar situados en los burladeros de la primera y segunda suertes dos subalternos, uno en cada uno, y el espada con su peón de confianza en el burladero de matadores. Pues bien, esto no suele ser así y por sistema vemos cómo hay dos peones en un mismo burladero.
Otro aspecto importante es el lugar donde se debe colocar el picador, y cómo se debe llevar el toro hasta el mismo para ser colocado en suerte. La forma de hacer la suerte de varas debiera ser uno de los parámetros esenciales para medir la bravura del toro. Pero, claro, es muy difícil con ese caballo mastodóntico. Resulta curioso que en un festejo de la pasada feria de San Isidro, en pantalla figuraba el peso del caballo, que era de “614 kilos” (recordemos que el máximo reglamentario es de 650 kilos). El toro que en esos momentos estaba en el ruedo pesaba “602 kilos”. Como vemos, la diferencia era mínima pero es que el toro debajo del caballo parecía una mona a su lado. Es un aspecto, este del peso de los caballos y los petos, que los Presidentes y Delegados gubernativos debieran vigilar concienzudamente, al igual que se hace con el peso de las reses, así como reglamentar una altura mínima del peto desde el piso de plaza.
Importantísimo para el resultado de la lidia es que la suerte de varas se realice como debe ser, colocado el caballo en el lugar adecuado, yendo el picador hacia el toro por derecho y cuarteando cuando se arranca el mismo, echar la vara para cogerlo antes de que llegue al peto y marcar el puyazo para después no cometer fallos. No puede ser que administre un lanzazo, en muchas ocasiones trasero, caído o en el pico de la paletilla, con el daño tan horrible que ello ocasiona al animal y que tiene una incidencia muy negativa en la lidia.
Lo mismo ocurre en el tercio de banderillas con esos pares que quedan clavados traseros o caídos, en los que a veces llegan los arpones a los pulmones de los toros. Después nos sorprendemos de que los animales se paren en el último tercio de la lidia.
Respecto a que ahora se torea mejor que nunca, pienso que el toreo que se realiza actualmente es un toreo distinto, que va en función de las condiciones del toro actual. Voy a aceptar que hoy se toree con más técnica, aunque con menos verdad y pureza, pero que nadie dude de que aquella extensa baraja de toreros que hubo entre los años sesenta y ochenta hoy serían igualmente figuras del toreo.
Cómo se puede decir que se torea ahora mejor que nunca, cuando vemos la realización de las suertes descargando la mayoría de las veces la misma; colocándose fuera de cacho los toreros por sistema; practicando un toreo perfilero, dejando la muleta retrasada y aliviándose con el pico; tirando líneas y echando el toro para fuera quedándose descolocados. El toreo es todo lo contrario, es trazar curvas y rematar el pase detrás de la cadera, liarse el toro atrás, pero, claro, esto entraña más peligro. Por eso vemos que a partir del primer pase de muleta la pierna de salida del torero está retrasada, con lo que se está realizando un toreo de mentira y menos peligroso. Pocos son los toreros que cargan la suerte y se embraguetan con el toro.
Y no hablemos de la suerte suprema. Cómo se mata el toro en la actualidad, en multitud de veces de manera horrible, porque no se realiza la suerte acorde a los cánones; dónde se coloca el torero y cómo avanza hacia el toro, si en rectitud o yéndose de la suerte; si en vez de echarle la muleta a las pezuñas despliega la misma en horizontal a la altura de los ojos del toro; cómo muchas veces pegan un brinco para meter la espada yéndose de la suerte, con lo que también disminuye el peligro. Generalmente el resultado son estocadas defectuosas pero no importa nada porque el público pedirá las orejas igualmente.
Que el toreo en la actualidad ha de evolucionar en su conjunto es indudable pero esa evolución debe ser a mejor, no a peor, y medios hay. Se han ideado por el veterinario y gran conocedor del toro de lidia Julio Fernández Sanz, juntamente con el matador de toros retirado Manolo Sales, unos útiles (divisas, puyas, banderillas, estoques y descabellos, entre otros) que algunos son mucho menos lacerantes y otros de efectividad más rápida. De todos ellos han tenido cumplida información en este blog (recuerden aquí). Estamos totalmente de acuerdo con la aseveración de que la fiesta de toros tiene que cambiar ya que ha cambiado la sociedad. Por ejemplo, podríamos comenzar por legalizar el afeitado pero que se haga constar así en los carteles, que se anuncien corridas de toros cuyas defensas estén mermadas, afeitadas o manipuladas, con los espadas que actúen. Y después ya podremos hablar de los cambios procedentes.
No podemos concluir nuestra opinión sin referirnos al indulto del toro, a esa indultitis generalizada que se ha apoderado de la fiesta en los momentos actuales. Como dato informativo diremos que desde 1992, año en el que se reglamentó y legalizó el indulto, hasta el final de la temporada 2025, se han indultado en las plazas de toros españolas de primera, segunda y tercera categoría, nada más y nada menos que quinientos sesenta y dos toros y novillos. Es una cifra a nuestro entender astronómica que hace pensar que la mayoría de ellos fueron indultos que particularmente conceptúo como publicitarios. Probablemente muchas de aquellas reses no quedaron para padrear en las ganaderías, no fueron indultos ajustados a la finalidad para la que fueron reglamentados. No olvidemos que el indulto no es ningún premio al ganadero, el premio al ganadero es la vuelta al ruedo de sus toros. La finalidad del indulto no es otra, como así se recoge en el artículo específico dedicado al mismo en los distintos reglamentos, que la de procrear, que queden como sementales en la ganadería. Los trofeos, saludos, vueltas al ruedo de los toreros, orejas, rabos y la vuelta al ruedo de las reses, están contenidos en otro artículo concreto y distinto.
Lo que no hay es voluntad de que así sea. Si la hubiera la solución es factible. En mi época de presidente de la plaza de toros de Segovia, desde el susodicho año de 1992, antes de comenzar la corrida siempre hacía saber a los diestros lo siguiente: cuando exista petición de indulto, el torero también la solicite y el ganadero otorgue su consentimiento, el presidente paralizará el tiempo de muleta y hará salir nuevamente el picador con su caballo al ruedo. Con una vara con puya de tentar, si se dispone de ella, o si no con una vara reglamentaria de picar, el matador, sólo en el ruedo, colocará el toro en suerte a contraquerencia. El picador hará la suerte de picar comprobando que el toro haya acudido al caballo hasta en un mínimo de tres ocasiones, teniendo en cuenta las que lo hizo durante la realización de la suerte de varas. A la vista de lo que haya acontecido, el presidente decidirá si el toro será merecedor o no del indulto.
Desde luego que todo se comunicaría a los espectadores a través de la megafonía de la plaza antes de que el picador saliera nuevamente al ruedo.
Todo esto que antecede, lo relacionado con el trapío de los toros, la integridad de los cuernos, el peso de los caballos de picar y la forma de llevar la lidia en las suertes de varas y de banderillas, el presidente lo debería tener en cuenta para, llegado el momento, conceder los trofeos, en especial cuando se trate de la segunda oreja. Lo mismo vale para acceder o no a la petición del público, del torero y del ganadero en caso de indulto.
Lamentablemente, en la actualidad vemos concesiones de orejas que no vienen a cuento, ya sean primeras o segundas, Ahí están los ejemplos de plazas como la de Sevilla, cuando con tres descabellos y, al parecer, sin petición mayoritaria, el presidente concedió una oreja a un matador que le abría la Puerta del Príncipe. Vemos otras negadas o concedidas sin motivo en Las Ventas. Ya no hablemos de aquellas nueve orejas y dos rabos otorgados en la plaza de Jaén o de aquel indulto acaecido en la plaza de Tarifa. Allí, por no reunir las condiciones necesarias en sus instalaciones al carecer de callejón o de corrales, tuvimos que asistir el penoso y nada agradable espectáculo de aguantar más de una hora en televisión y más de dos horas in situ hasta que el toro pudo ser reembarcado.
Actualmente y por lo general, las presidencias dejan muy mucho que desear en sus actuaciones. Entre ellas destaquemos la aprobación de toros con falta de presencia o trapío en todas las plazas incluidas las más importantes; toros aprobados, en general, sin excepción, presentando en las puntas de los pitones las desdichadas “bolitas”, que constituyen una manipulación en toda regla; caballos de picar aparentemente pasados de peso cuando hoy existen básculas portátiles para poder hacer las comprobaciones; realización de los reconocimientos post mortem; envío de cuernos para análisis, etc. Según información publicada hace poco tiempo, en la presente temporada solamente habían enviado astas al laboratorio de Canillas las plazas de Valladolid y Guadalajara. De todo lo que hemos enumerado hay un único responsable: los presidentes de los festejos.
Presidentes que por otro lado no vemos el motivo por el cual no están sometidos a un régimen sancionador administrativo, no económico, por supuesto, pero sí de inhabilitación. Con los medios electrónicos de que se dispone en estos momentos, se podría obligar a los presidentes a remitir a la autoridad competente un resumen de su actuación. Debería constar la razón de su negativa a conceder una primera oreja cuya petición hubiera sido unánime, el motivo fundamentado de por qué se concedieron dos orejas en un mismo toro, la razón objetiva y fundamentada reglamentariamente de un indulto otorgado o las propuestas de incoación de expediente sancionador por los motivos reglamentarios que procedan. Y, ¿por qué no?, todo esto darlo a conocer al finalizar el festejo a los medios de comunicación interesados. En este sentido, creo que ANPTE tendría una labor importante que hacer entre sus asociados, por el bien de la Fiesta.
La labor del presidente es fundamental, no en vano es la autoridad que dirige el espectáculo según recogen los diferentes reglamentos, y tiene una carga de responsabilidad muy importante que, sin embargo, tarde sí y tarde también vemos que deja bastante que desear. Lejos quedan aquellos magníficos presidentes de los años 70, 80 y 90, de los que no voy a nombrar a ninguno, pues, además de ser un listado extenso, correría el peligro de dejarme alguno en el olvido.
El momento actual del espectáculo taurino no es bueno digan lo que digan, ni en integridad y presentación del toro, ni en el peso de los caballos de picar, ni en la ejecución de la suerte de varas, ni en el desarrollo de la lidia, ni en la colocación de los profesionales en el ruedo. De todo esto solamente los presidentes tienen en su mano las medidas para solucionarlo, aplicando el Reglamento de Espectáculos Taurinos, NO SU REGLAMENTO PERSONAL O PARTICULAR, que en ocasiones así parece que hacen.
Un buen presidente debe velar por dos cometidos fundamentales: la integridad del toro de lidia y la del espectáculo en general, que incluye la defensa de los espectadores.
Y cuanto hago constar anteriormente, no solo lo digo yo sino que también lo hacen otras voces autorizadas, autorizadísimas diríamos, por su categoría, profesionalidad y conocimientos del toro y el toreo. Veamos algunos ejemplos en los que se han pronunciado sobre alguno de los aspectos objeto de este análisis.
Don Santiago Martín “El Viti”, nada más y nada menos, sentenció en su momento que “el toro debe ser auténtico y el día que no lo parezca, adiós Fiesta. Porque ésta es toro, toro y TORO y, luego, toreros, que se benefician de la res, pero siempre los últimos e indirectamente”. (La Razón 10-05-2012).
O que “el toro de entonces era más fuerte. Ahora se ha purificado el animal, se ha seleccionado el toro más bien para el torero y no para el público”. (ABC 08-10-2015).
Curro Vázquez, a quien no podemos olvidar cuando dijo: “No es verdad que ahora se toree mejor que nunca; hay más técnica, pero falta torería. Las faenas tan largas no tienen lógica. Todo tiene que tener su sentido. Hay momentos cuando la gente está contigo y el toro pidiendo la muerte… Personalmente, no me gustan nada las faenas largas. El toreo que llega y emociona a la gente tiene que tener tres cosas: la entrega, dar el pecho al toro y cargar la suerte”. (Mundotoro 07-11-2025)
Emilio Muñoz decía que "hoy hay ciertas cosas que están salidas de los cánones establecidos por Belmonte. Viene a colación de esa frase hecha de que hoy se torea mejor que nunca. A mí, sinceramente, me molesta que haya quien diga, con todos mis respetos y mi admiración a todos los toreros que hay, que hoy se torea mejor que nunca, que hoy se le hacen al toro más cosas que nunca... por supuesto que sí, pero porque también el toro lo permite”. (Sevilla Taurina 30-05-2012).
Desde luego ciertas pero a la vez curiosas manifestaciones del torero, que en su época de comentarista taurino en televisión hablaba de otra manera muy diferente.
José Luis Lozano afirmaba que “sin toro no hay espectáculo y eso es un hecho real, no un tópico. El resto son tertulias de taberna en los despachos”. (Mundotoro 13-02-2014).
“El toreo tiene que evolucionar -el toro, el empresario y el torero-, aunque se deben mantener los cánones fundamentales. Se torea más bonito, aunque no más profundo, que es distinto. Y se parecen mucho todos los toreros”. (El País 16-12-2022).
Juan Luis Fraile: “Ahora casi todo es Domecq y dicen que embisten más… Yo no lo niego, pero veo menos emoción. También dicen que los toreros torean mejor que nunca… pero hay menos sensación de seriedad y peligro” (Tribuna de Salamanca 09-10-2010).
Pablo Lozano, expresaba que “el espectáculo taurino está muy mal en la actualidad. La Fiesta está en un declive muy grande y como no se tomen medidas fuertes e inmediatas, en cinco o seis años habrá una sorpresa desagradable muy grande”.
Respecto al toro, su opinión es que “se mueve muy poco y este hecho resta mucha emoción a los espectadores. En la ganadería actual sólo existe un encaste único. El ochenta por ciento de las ganaderías son del mismo encaste y, unos más altos otros más bajos, se parecen todos. Es muy monótono el nivel ganadero. Si no hay variedad faltará emoción. Es lo que está ocurriendo lamentablemente, hecho que en un futuro también pagaremos”. (ambas declaraciones en Taurología, agosto 2022).
“Hoy se torea más bonito, no mejor. Torear es pegarle a un toro veinticinco pases bien pegados. Que a los veinticinco pases el toro esté dominado y en ese momento pegarle una estocada por el hoyo de las agujas. Eso es torear y ahora veo yo que los toreros escuchan muchos avisos. Ello demuestra que se puede poco con los toros. Si tú a un toro lo toreas bien de verdad, no hay toro que te aguante más de esos veinte o veinticinco pases. Ahora bien, si lo que haces es andar por allí… de esa manera le puedes pegar setenta, ochenta o los que quieras pero eso no es lo mismo”. (Aplausos 30-10-2020).
Alfonso Navalón, con sus formas más o menos deseables, pero que de toros sabía como nadie, llegó a decir: “a los ganaderos nos han prohibido criar el toro 'de lidia', para torearlo. Nos obligan a criar un toro para darle pases. Ahora casi todos los toros admiten docenas de pases. Pero casi ninguno sirve para torearlo. Al toro bravo que embiste con entrega, cuando se lo torea en curva, adelantando la pierna y metiendo la cadera, a los treinta pases pide la muerte.
“Al poner los toros de uniforme también los toreros se han contagiado de la monotonía y ahí tenemos a la mayoría de las figuras que para cuajar una faena necesitan sobrepasar el tiempo del aviso. Los avisos... El Guerra decidió retirarse el día que le tocaron el primer aviso de su vida en Madrid. Estaba en la plenitud de su poderío, pero pasó tanta vergüenza que decidió no volver a vestirse de luces en cuanto terminara esa temporada.
“En las tientas se toreaba para el ganadero y en la plaza, para ganar dinero. No tenía nada que ver una cosa con la otra. Ahora se torea en el campo lo mismo que en las plazas.
“En el campo pena da ver una vaca tras otra manseando en el caballo y luego dejándose pegar cientos de pases siguiendo la muleta como un perro. Para colmo ya no se torea en el campo. Los picadores hacen lo mismo que en la plaza. Agarran la vara muy atrás. Ya no saben echar el palo y reunirse.
“El toro bravo y el torero auténtico, treinta pases”.
En fin, será el devenir del tiempo el que dará o quitará la razón. Es el mejor juez.
Segovia, 23 de Septiembre de 2026









No hay comentarios:
Publicar un comentario
LOS USUARIOS DE IPHONE PUEDEN ENVIAR SUS COMENTARIOS SIN PROBLEMAS IGUAL QUE LOS DE ANDROID.